Usos cotidianos de los elementos de la tabla periódica


La tabla periódica de los elementos clasifica, organiza y distribuye los distintos elementos químicos conforme a sus propiedades y características; su función principal es establecer un orden específico agrupando elementos.

Suele atribuirse la tabla a Dmitri Mendeléyev, quien ordenó los elementos basándose en sus propiedades químicas, si bien Julius Lothar Meyer, trabajando por separado, llevó a cabo un ordenamiento a partir de las propiedades físicas de los átomos. La estructura actual fue diseñada por Alfred Werner a partir de la versión de Mendeléyev. En 1952, el científico costarricense Gil Chaverri (1921-2005) presentó una nueva versión basada en la estructura electrónica de los elementos, la cual permite ubicar las series lantánidos y los actínidos en una secuencia lógica de acuerdo con su número atómico.

A continuación una tabla periodica con los usos mas cotidianos de los elementos (en inglés):

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El cardenal guerrero que dirigió a los Tercios españoles en la victoria de Nördlingen


ABC.es

  • «No es creíble cuan llenos y cuan sembrados estaban los campos de armas, banderas, cadáveres y caballos muertos, con horridíssimas heridas», escribió sobre la victoria católica el oficial español Aedo y Gallart. En 1636, el hermano de Felipe IV conquistó Corbie, a pocos kilómetros de París, donde la familia Real fue evacuada de la ciudad a casa de la amenaza española

    mUSEO DEL pRADO El Cardenal-Infante Fernando de Austria, en la batalla de Nördlingen

    Museo del Prado | El Cardenal-Infante Fernando de Austria, en la batalla de Nördlingen

Nacido hijo de reyes, Fernando de Austria alcanzó a ser uno de los militares más brillantes de Europa, pese a su aparente condición de pacífico eclesiástico, cuando las fuerzas del Imperio español empezaban precisamente a mostrar signos de flaqueza. Junto a una alianza de católicos, el Cardenal-Infante dirigió a los tercios en la victoria sobre el todopoderoso ejército sueco y los Príncipes protestantes alemanes que combatían en la Guerra de los 30 años. Pero si la batalla de Nördlingen ha quedado como una de las últimas hazañas de los tercios, el cardenal guerrero lo ha hecho como un héroe crepuscular fallecido cuando más iba a necesitar el Imperio de hombres con su talento para la guerra.

Don Fernando de Austria fue el tercer hijo varón del Rey Felipe III, quien, al contrario que su padre y de su abuelo, no tuvo ningún problema en asegurar una amplia descendencia. Por esta razón, se decidió que el Infante Fernando ingresara en el clero y dejara vía libre para que su hermano Felipe IV reinara sin la alargada sombra de un hermano que desde muy pequeño demostró gran inteligencia y una buena salud. Con solo 10 años, el Infante fue nombrado arzobispo de Toledo, la principal sede eclesiástica de España, y poco tiempo después fue designado cardenal. No en vano, ejerció de cardenal sin estar ordenado sacerdote, puesto que la Guerra de los 30 años limitó su vida exclusivamente a la faceta militar.

Un héroe de la Guerra de los 30 años

Felipe IV envió a su hermano a Flandes al fallecer Isabel Clara Eugenia, que había gobernado en nombre de España los Países Bajos meridionales hasta 1633. Apartado del mando el que hasta entonces había sido el mayor activo militar del Imperio durante el siglo XVII, Ambrosio Spínola, quien se encontraba enfrentado al Conde-Duque de Olivares, el Rey se vio obligado a recurrir a su hermano Fernando, un inexperto en tareas militares y políticas pero cuya sangre real bastaba para sosegar al revoltoso Flandes. No obstante, la apuesta de Felipe IV se reveló desde el principio un gran acierto.

Antes de asumir su cargo de gobernador de Flandes, el Cardenal-Infante se vio obligado a intervenir en la ofensiva más importante de las fuerzas españolas durante la Guerra de los 30 años. En 1633, el Conde-Duque de Olivares puso en marcha un plan para intervenir directamente en Alemania, pues, aunque España había asistido de forma intermitente al Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en su contienda contra los Príncipes protestantes, su intervención en la interminable guerra se había centrado sobre todo en su rivalidad con Holanda. La decisión de enfrentarse en territorio alemán obligaba a los Tercios españoles a demostrar que, frente a la irrupción del revolucionario Ejército sueco, todavía seguían ostentando la consideración de mejor infantería de su tiempo.

El plan acordado desde Madrid consistía en enviar al gobernador de Milán, el Duque de Feria, con el grueso del ejército –unos 12.500 hombres– hacia Alemania con las órdenes de unirse a las tropas del Duque de Baviera para librar Renania de la amenaza de los franceses. Mientras tanto, el Cardenal-Infante asumiría momentáneamente el control político de Milán y organizaría un segundo ejército para reforzar el de Feria más adelante. La brillante actuación del Duque de Feria consiguió su objetivo en Alemania y mantuvo abierto el célebre Camino español, pero las condiciones extremas del invierno europeo causaron la muerte del general español y la desintegración de sus tropas a principios de 1634. Solo cuando reunió un nuevo ejército casi desde cero, con muy pocas compañías de españoles, el Cardenal-Infante pudo partir hacia Alemania a continuar la campaña donde el Duque de Feria la había dejado.

La demostración de que los suecos sangraban

El 2 de septiembre de 1634, el Cardenal-Infante y su primo Fernando de Hungría, futuro emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, desmontaron y se dieron un abrazo a pocos kilómetros de Donawörth. Sabedores de la importancia de los 18.000 soldados, por su número y calidad, que traía consigo el Infante español, los católicos recibieron la llegada de refuerzos con vítores de «¡Viva España!». Ahora sí, los imperiales podían enfrentarse a las fuerzas suecas del duque Bernardo de Sajonia-Weimar y Gustaf Horn, que habían acudido a Nördlingen a romper el bloqueo católico. Los protestantes eran menos en número, pero sus temidas y revolucionarias tácticas ofensivas les convertían en unos enemigos muy difíciles de derrotar. Fue, por tanto, necesaria la más rocosa resistencia de las fuerzas católicas, sobre todo la protagonizada por los Tercios españoles en la colina de Allbuch, rechazando 15 cargas de los regimientos suecos, para contrarrestar las revolucionarias tácticas que había establecido en Suecia el Rey Gustavo Adolfo II, fallecido dos años antes de la batalla.

«No es creíble cuan llenos y cuan sembrados estaban los campos de armas, banderas, cadáveres y caballos muertos, con horridíssimas heridas», escribió el oficial español Diego de Aedo y Gallart sobre la victoria, que dejó sobre los campos de Nördlingen 8.000 muertos del ejército protestante. El triunfo católico, además, hizo enormemente popular al Cardenal-Infante, que el 4 de noviembre entró entre vítores en Bruselas y el 17 de abril hizo lo propio, con igual lustre, en Amberes. Los festejos culminaron con varias incursiones sobre el territorio holandés, las cuales convencieron al otro cardenal más famoso de Europa, el francés Richelieu, de que la única forma de frenar a España era con la intervención directa de su país.

Tras declarar la guerra a España, el Cardenal Richelieu ordenó a su ejército que descendiera el valle del Mosa para unir sus fuerzas a las holandesas con el propósito de poner bajo cerco la estratégica provincia de Brabante. Sin embargo, cuando el Cardenal-Infante parecía dispuesto a contestar con todas sus fuerzas contra la frontera holandesa, tomó una sorprendente decisión: inició una maniobra de diversión en la frontera con Francia. La ocurrencia del Infante Fernando permitió poner bajo asedio la plaza fuerte de Corbie, a pocos kilómetros de París, donde el pánico se extendió por sus calles y la familia Real, excepto el Rey, fue evacuada de la ciudad. Y pese a que la capital fue finalmente salvada, los franceses recordarían siempre 1636 como «el año de Corbie», la última humillación a manos del Imperio español antes de su derrumbe.

«El año de Corbie», no obstante, fue seguido por una serie de derrotas españolas que cavaron la tumba definitiva de la hegemonía militar del Imperio español. Además de la pérdida de ciudades tan importantes como Breda o Arras, fue la grave pérdida de poder naval en el norte de Europa (entre 1638 y 1639, la armada española perdió alrededor de 100 buques de guerra, según estimaciones de Henry Kamen en su libro «Poder y gloria: Héroes de la España Imperial») la que endosó el golpe mortal a las aspiraciones del hermano del Rey de recuperar la iniciativa en la guerra de Flandes.

En medio de malintencionadas acusaciones lanzadas en la Corte contra él y de la peligrosa rebelión de Portugal, Fernando cayó enfermo durante una batalla y falleció en Bruselas el 9 de noviembre de 1641. Se cree que su muerte fue provocada por una úlcera de estómago, pero hubo rumores que apuntaban a un posible envenenamiento como causa de un fallecimiento que dejó huérfano al Imperio español de su mejor general.

El impacto de un asteroide destruirá la civilización en septiembre de este año


ABC.es

  • Los teóricos del cataclismo final han predicho que, entre el 22 y el 28 de septiembre, una gran roca chocará contra la Tierra
NASA Dramatización de lo que sería el cataclismo final

NASA | Dramatización de lo que sería el cataclismo final

El cataclismo climático que destruirá la civilización se producirá dentro de algo más de tres meses según los teóricos de la conspiración que predicen, en diversos blogs y websites que el fin de los tiempos se acerca y tendrá lugar entre los días 22 y 28 de septiembre. Muchos son los teóricos de la Biblia que mantienen que ciertos sucesos llevarán al inicio de la «Gran Tribulación» de la que se habla en el Libro del Apocalipsis que llevará al «Armageddon».

Estas teorías, que sólo son seguidas por una minoría de iglesias y grupos, han sido descartadas por los científicos y afortunadamente para la Humanidad, casi todos los asteroides son destruidos por el enorme calor al que se ven sometidos al entrar en la Atmósfera y se descomponen en millones de esquirlas que se queman antes de tocar la tierra. Y, además, la NASA ha hecho de la detección de asteroides su gran prioridad.

Un portavoz de la NASA ha afirmado que no tienen conocimiento de «ningún asteroide o cometa en la trayectoria de la Tierra», por lo que las probabilidades de un choque es mínimo. «De hecho, -explica- y hasta donde sabemos, ningún objeto de grandes dimensiones es probable que choque contra la Tierra en los próximos cientos de años». Este organismo trabaja en desarrollar estrategias que ayuden a identificar asteroides que pudieran suponer un riesgo para nuestro planeta así como en elaborar sistemas de defensa ante tal situación.

Sin embargo, esto no ha conseguido frenar las teorías de la Conspiración que creen que un suceso natural provocará una catástrofe climática y los eventos llevarán al surgimiento del Nuevo Orden Mundial que proclaman los Illuminati. Muchos creen que ese suceso será un asteroide, del que los políticos ya están informados pero que esconden a la población.

Es Vedrà y el misterio del Triángulo del Silencio


ABC.es

  • Al imponente islote balear hay quien le atribuye extrañas energías y lo relaciona con avistamientos ovnis
abc El islote de Es Vedrá y el menor de Es Vedranell, al suroeste de Ibiza

ABC | El islote de Es Vedrá y el menor de Es Vedranell, al suroeste de Ibiza

«He tenido el privilegio de navegar entre los dos islotes y en ese lugar cuando pasábamos nos fuimos al puente de mandos a mirar los controles de navegación y allí observamos como todas las agujas se movían de un lado a otro sin control». Rossemarie Morinelli comentaba así el 24 de septiembre de 2013 en una publicación de viajes su experiencia junto al imponente islote de Es Vedrà y el menor de Es Vedranell, en el suroeste de Ibiza.

Isleños, pescadores e investigadores de sucesos paranormales también aseguran haber sido testigos de extraños sucesos en las aguas próximas a este islote de apenas 3,8 kilómetros de perímetro y una respetable altura de 382 metros, hoy reserva natural.

Hay quien cree que Es Vedrà adquirió propiedades de acumulación de energía cuando se separó de Ibiza y que forma con el peñón de Ifach, en Alicante, y la costa suroeste de Mallorca, una suerte de «Triángulo de las Bermudas». Le llaman el Triángulo del Silencio y lo asocian con el famoso «caso Manises».

El 11 de noviembre de 1979 (a las 11 p.m. del día 11 del mes 11) un avión Super-Caravelle de la compañía TAE que se dirigía desde Palma de Mallorca a Canarias con 109 pasajeros a bordo tomaba tierra precipitadamente en el aeropuerto de Valencia «a causa de un “ovni». «Los pilotos afirman que les persiguieron “varios puntos de luz roja, que subían y bajaban de una forma no convencional”», destacaba al día siguiente ABC.

«A las 23,08 (hora local) inicié una subida, según el plan de vuelo, de 23.000 a 33.000 pies de altitud. En pleno ascenso vi dos luces rojas, situadas en paralelo, de una intensidad tan enorme que ocultaban a la vista el aparato, o lo que fuese, en el que debían ir instaladas y que seguían una trayectoria de colisión con nosotros. Se desplazaban a una velocidad endiablada, desconocida en cualquier avión convencional y se detuvieron instantáneamente a muy poca distancia del Caravelle», afirmó días después a este periódico el comandante Francisco Javier Lerdo de Tejada, con quince años de experiencia y más de 8.000 horas de vuelo. Tejada aseguraba haber realizado el aterrizaje de emergencia en el aeropuerto de Manises «ante un riesgo real de colisión».

Una vez estuvo el avión en tierra, aún varias personas dijeron haber observado las extrañas luces desde la torre de control de Manises durante más de dos horas.

La tripulación del Caravelle detectó el supuesto ovni media hora después del despegue, entre Ibiza y Alicante, la misma zona donde un año antes un barco butanero afirmaba haber visto una «lluvia» de ovnis. «Sobre las nueve de la noche del pasado martes, cuando estábamos a unas quince millas de Formentera, aparecieron ante nosotros unas luces como de bengala que no permanecían estáticas. Unas luces de un color amarillento a menos de ocho millas de nosotros», señalaba José Luis González, capitán del buque Tamames, que afirmaba que más de cincuenta ovnis les habían cercado durante seis horas.

«Los “ovnis” de escombreras eran paraidistas con linternas» que intervenían en la grabación de un programa para Radio Nacional de España, informaba al día siguiente ABC.

El huésped de Es Vedrà

El gran responsable de las leyendas que circulan sobre Es Vedrà fue sin saberlo el beato Francisco Palau y Quer (1811-1872), fundador de los Carmelitas Terciarios de España, que se retiraba temporadas a orar en una cueva del islote. «Este monte es un islote al oeste de Ibiza, separado de la isla, que se levanta desde el profundo de las aguas hasta el cielo; no hay aquí más habitantes que yo. Tengo la ermita a dos leguas al mediodía de la isla y los hermanos que tienen en ella una barca pesquera, me traen aquí, me dejan solo y se vuelven. En la cima del monte hay una fuente, y las aberturas de las peñas son mis celdas. Aquí me retiro diez años ha y hallo cuanto un solitario puede desear», contaba el padre Palau (Cta 115,2).

En este islote «que en crestas acolumnadas se levanta sobre el profundo del mar Mediterráneo», se quedaba allí solo durante días «para unirme con Dios y su Iglesia», según sus propias palabras.

El padre Palau fue la persona que más tiempo ha pasado en la isla y sus experiencias místicas, en las que describe a «damas de luz» y «seres celestiales» han sido reinterpretadas por algunos, tras el «caso Manises», como avistamientos ovnis.

El beato describía cómo en Es Vedrà «sus columnas se levantan tan a plomo sobre las aguas, que no pueden subir a él sino los peritos del país». Unos alpinistas catalanes escalaron por primera vez el islote en agosto de 1950, desafiando otra antigua leyenda según la cual «nunca podrá ser escalado, ya que quien lo intentare y lograra cononar la cumbre cambiaría al instante de sexo». Francisco Martí Ferrando y Manuel Puig fueron los primeros en hollar la cresta. «La cima Sa Pastora es una explanada de 15 metros de largo, por cinco de ancho. Crece mucha vegetación en forma de mata, pero la mayoría estaba completamente seca. Se divisa muy poco la isla de Ibiza», recogieron en sus apuntes. Estuvieron tres cuartos de hora en la cima antes de descender. Vieron lagartos «de unos 10 o 15 centímetros de largo» y a Martí Ferrando le pareció advertir a una cabra salvaje, aunque Puig dudó de que lo fuera. Ni rastro de ovnis en 1950 y, por supuesto, siguieron siendo hombres tras su hazaña.