El día de hoy durará un segundo más


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  • Esta madrugada se tardará un instante más en pasar al día 1 de julio. El ajuste corrige un desfase entre el tiempo medido en relojes atómicos y el medido en función de la rotación terrestre

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Ni siquiera el tiempo se libra de la autoridad de los técnicos y sabios. Y es que, el Servicio Internacional de Rotación de la Tierra y Sistemas de Referencia (IERS), una de los organismos responsables de la medición y la distribución del tiempo, ha decidido que el año 2015 debe ser un segundo más largo para compensar las «imperfecciones» de la rotación terrestre.

Este segundo extra se añadirá justo antes de la medianoche de hoy, 30 de junio, cuando los calendarios estén a punto de cambiar al 1 de julio. Y el objetivo es, según dicen, mantener a los precisos relojes atómicos «en hora», en relación con la rotación de la Tierra, ya que la escala de tiempo de estos artilugios es más estable y fiable que la basada en el movimiento de nuestro planeta.

El segundo adicional se agregará al Tiempo Universal Coordinado (UTC) y permitirá evitar que las escalas de tiempo de los relojes atómicos y del tiempo medido en función de la rotación terrestre se separen cada vez más.

Problemas en internet

Existe un continuo debate sobre si se debe abolir o no el segundo intercalar y permitir que la hora atómica se separe poco a poco de la hora solar. Algunos países han propuesto eliminar esta medida por las dificultades que suponen para los sistemas que dependen de la sincronización exacta, como los sistemas informáticos e internet, y el tiempo y el esfuerzo necesarios para programar los equipos de forma manual, con el consiguiente riesgo del error humano.

Durante el último salto de un segundo en 2012, algunos sitios web, como Reddit, LinkedIn o Yelp experimentaron problemas. Para que este año no ocurra ningún incidente, Google ha estado preparándose, según explican en «The Verge». La solución del famoso buscador es cortar el segundo extra en milisegundos y luego repartir estas pequeñas porciones de tiempo en el sistema de manera imperceptible a lo largo del día.

El tiempo atómico

Para crear el UTC se genera primero una escala de tiempo secundaria, conocida como «tiempo atómico internacional» (TAI): el UTC sin segundos añadidos o quitados. Cuando se instituyó el sistema en 1972 se determinó que la diferencia entre el TAI y el tiempo real de rotación de la Tierra era de 10 segundos. Desde entonces se han añadido segundos en intervalos que van de seis meses a siete años, y el más reciente se agregó el 30 de junio de 2012.

Los relojes atómicos, basados en las vibraciones dentro de los átomos, son los más exactos que existen. En 2013, un par de relojes atómicos experimentales basados en átomos de iterbio establecieron un nuevo récord por su precisión. Diseñados en el estadounidense «National Institute of Standards and Technology» (NIST), funcionan como péndulos o metrónomos que podrían dar la hora de forma adecuada desde los últimos 21 siglos. Los físicos del NIST han explicado que es «más estable que cualquier otro reloj atómico». De hecho, su actividad es unas 10 veces mejor que cualquiera de los resultados presentados para otros relojes de estas características.

Salamanca, el barrio rico que arruinó a su fundador


El Mundo

  • Un burgués con olfato para los ‘pelotazos’ se apresuró a poner ladrillos en la calle Serrano
  • La operación especulativa no le salió bien y acabó muriendo en la bancarrota total
  • Un libro recoge los detalles del origen de la zona ‘bien’ por antonomasia de la capital
Litografía del siglo XIX en la que aparece la antigua plaza de toros, derribada en 1860, junto a la puerta de Alcalá.

Litografía del siglo XIX en la que aparece la antigua plaza de toros, derribada en 1860, junto a la puerta de Alcalá.

A la ciudad de Madrid se le suele olvidar su origen musulmán aunque lo lleve grabado en el nombre. Aquella fundación medieval dejó impronta en el abigarrado e irregular callejero de la zona más antigua de la capital, donde se le da esquinazo a los ángulos rectos. Hubo que esperar hasta el siglo XIX para que los urbanistas cogieran la escuadra y el cartabón.

Tras el Ensanche de Barcelona, en 1860 Carlos María de Castro dibujó en cuadrícula las afueras de Madrid para que la ciudad pegara el estirón. Uno de los primeros en edificar siguiendo aquel plan en damero fue José de Salamanca, burgués que acabó siendo marqués y que acumuló la mayor fortuna española de la época por su olfato para los ‘pelotazos’. En el Ensanche de Madrid vio una oportunidad para los negocios, y se apresuró en poner ladrillos en los solares de la calle Serrano.

La jugada no salió bien y el marqués de Salamanca falleció en bancarrota. Sin embargo, esa operación especulativa que le llevó a la ruina supuso la fundación del barrio rico por antonomasia de Madrid.

No siempre fue así: sobre el plano, el urbanista De Castro lo diseñó como zona de residencia de la clase media, con grandes espacios ajardinados que el propio marqués de Salamanca hizo desaparecer para ganar edificabilidad. Cuando el promotor y magnate murió, en 1883, medio barrio quedaba por hacer, y no culminaría hasta la década de 1930.

Entonces el lujo no había convertido todavía en ‘milla de oro’ a la calle Serrano, donde se concentraban establecimientos humildes como carnicerías o tiendas de ultramarinos. Lo revela el historiador Francisco Juez Juarros en su libro ‘Barrio de Salamanca’ (Flashback Ediciones), el primero dedicado a la historia del barrio bien de Madrid e ilustrado con decenas de imágenes históricas.

«El barrio de Salamanca no fue absolutamente elitista, ni mucho menos, y desde su origen hay una presencia de distintas clases sociales, no solo aristocracia y alta burguesía, hay más diversidad de lo que el tópico nos dice», explica el investigador.

Entre el vecindario había incluso vacas hasta hace pocas décadas, y también toros: frente a El Retiro, al lado de la Puerta de Alcalá, existió una plaza de toros que inspiró a Goya sus grabados de la serie Tauromaquia. Casualmente, después se construyó un nuevo coso en el barrio (donde ahora se encuentra el Palacio de Deportes) bautizado con el nombre del pintor. El barrio fue el primero en alojar un fenómeno propio del siglo XX como el fútbol: tanto el Real Madrid como el Atlético dieron sus primeras patadas al balón en terrenos de juego en los descampados que existían al sur de la calle O’Donnell.

Calles con solera

El libro de Juez Juarros también rescata edificios desaparecidos, como los elegantes palacios levantados entre La Castellana y Serrano que acabaron condenados a la piqueta. El historiador también ha querido recuperar «las pequeñas historias» que conformaban «la vida de barrio» en calles donde hoy el precio del metro cuadrado es prohibitivo.

«Hay una nostalgia de esa ciudad más amable, humana y de proximidad que ha sido hasta hace no muchas décadas», reflexiona el historiador. Aunque el barrio de Salamanca también ha tenido episodios trágicos, algunos casi olvidados. Por ejemplo, el derrumbe de un edificio en 1944 que sepultó a más de un centenar de trabajadores, o el estallido de un polvorín en la estación de Lista durante la Guerra Civil, que dejó decenas de muertos. Y eso que el ejército de Franco evitaba bombardear el barrio de Salamanca porque sabía que allí vivían los suyos.

«Por esa razón, los partidos de izquierdas y sindicatos se instalaron en el barrio durante la guerra para resguardarse de los bombardeos. Poca gente sabe, por ejemplo, que el Ayuntamiento de Madrid se trasladó entonces al palacio de Amboage, la actual embajada de Italia», apunta el historiador.

El Caballero de Olmedo al «que de noche mataron»


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  • Juan de Vivero fue asesinado a su regreso de Medina del Campo, aunque no por los motivos que imaginó Lope de Vega
Palacio Caballero de Olmedo Despacho de Lope de Vega, en el Palacio Caballero de Olmedo

Palacio Caballero de Olmedo
Despacho de Lope de Vega, en el Palacio Caballero de Olmedo

«Amor no te llame amor, el que no te corresponde». Los primeros versos que Lope de Vega puso en boca de don Alonso ya anticipaban la causa por la que moriría asesinado «El Caballero de Olmedo» en la célebre tragicomedia que dio a conocer universalmente a la Villa de los Siete sietes vallisoletana.

Don Alonso Manrique, como así llamó Lope al noble de Olmedo, regresaba de ver a su amada doña Inés en Medina cuando en lo alto de la llamada Cuesta del Caballero fue atacado a traición por don Rodrigo, el prometido de la joven al que corroían los celos. De nada sirvieron las advertencias en el camino («Sombras le avisaron / que no saliese / y le aconsejaron que no se fuese»). Don Alonso se encaminó solo hacia su terrible destino en esta famosa obra que se estrenó en 1620 y que tantas veces ha sido llevada a los escenarios.

Lope de Vega escribió «El Caballero de Olmedo» a partir de una seguidilla popular que por aquel entonces era muy conocida: «Que de noche le mataron, al Caballero, la gala de Medina, la flor de Olmedo».

La cantinela había alcanzado gran éxito en el primer cuarto del s. XVII, pero aludía en su origen a Juan de Vivero, un caballero de la Orden de Santiago asesinado el 6 de noviembre de 1521. Señor de Castronuño y Alcaraz, Vivero «fue muerto viniendo de Medina del Campo de unos toros, por Miguel Ruiz, vecino de Olmedo, saliéndole al encuentro», escribió Alonso López de Haro en su «Nobiliario genealógico de los Reyes y Títulos de España» (1622).

Juan Antonio de Montalvo daba más detalles en su «Memorial histórico de Medina del Campo» (1633) de «aquel suceso tan celebrado del caballero de Olmedo», fechando el crimen en «un día cerca de Todos los Santos» de 1521, durante el reinado de Carlos I ( y no de Juan II como en la obra de Lope). Tras el asesinato, Miguel Ruiz se refugió en el convento de religiosos jerónimos de la Mejorada, donde los frailes le protegieron del cerco de caballeros, amigos y deudos del muerto, según Montalvo. Vestido de fraile, Ruiz logró escapar de sus perseguidores y acabó embarcándose para las Indias, donde tomó el hábito de Santo Domingo en México, «fue lego y vivió casi sesenta años».

Joseph Pérez descubrió en 1966 varios documentos del Archivo Histórico de Simancas que probaron la historia real de «El Caballero de Olmedo». Estos escritos, que recogió en «La muerte del Caballero de Olmedo. La leyenda y la historia», dan cuenta de las detenciones llevadas a cabo tras la muerte de Vivero, de las acciones judiciales emprendidas por la viuda de don Juan, Doña Beatriz de Guzmán, y de cómo fueron confiscados los bienes de Miguel Ruiz, aunque sus huellas se perdieron. «La fecha (6 de noviembre de 1521), la identidad de la víctima, del asesino, el lugar y las circunstancias del crimen, están bien establecidas. Los motivos, por el contrario, continúan siendo oscuros», señalaba Pérez.

Francisco Rico resaltó en su estudio de la obra cómo «los móviles de Miguel Ruiz nunca quedaron establecidos satisfactoriamente, o eran, si acaso, demasiado prosaicos para impresionar a nadie», pero «sí era impresionante de suyo el asesinato sangriento de un noble joven y aureolado del prestigio de don Juan: caballero de Santiago, triunfador en Tordesillas (1520) y Villalar (1521) al servicio de Carlos V, recién electo regidor de Olmedo».

Un ajuste de cuentas

El móvil del crimen más verosímil sería precisamente «un ajuste de cuentas tras la batalla de Villalar», señala Benjamín Sevilla, citando el estudio «Sobre la realidad histórica de ‘El caballero de Olmedo’» de Antonio Blanco y desechando las versiones sobre una disputa a cuenta de unos galgos. «Juan de Vivero fue partidario de los comuneros y luego realista», explica el gerente del Palacio del Caballero de Olmedo.

Adelaida Sagarra Magazo, doctora en Historia de la Universidad de Burgos, relata cómo el conflicto fue muy virulento en Olmedo, ya que «parte de la ciudad se declaró comunera y fue capitaneada por don Juan de Vivero». Los Vivero eran una poderosa familia enfrentada tradicionalmente con los Troches, a los que apoyaba Antonio Fonseca. «Juan de Vivero, en el último momento, cuando los acontecimientos se decantaron definitivamente, cambió de bando. Además, Vivero aprovechó la huida a Flandes de Antonio de Fonseca tras el incendio de Medina, del que fue principal responsable, para adueñarse de la situación política local», señala Sagarra.

«Pero los Fonseca no se resignaron», añade la historiadora recordando los versos «que de noche mataron…» y la muerte del caballero el 6 de noviembre de 1521.

La estancia de la Corte en Valladolid de 1601 a 1606 «contribuyó de forma decisiva a que reviviera, se recreara y se divulgara la vieja leyenda del Caballero de Olmedo», según Francisco Rico.

La leyenda llegó a Lope sin referencias cronológicas ni móvil claro del crimen. De ahí que imaginara una intriga más sugerente para el espectador, convirtiendo a Olmedo en «uno de los espacios literarios universales» con «una de las historias de amor y muerte mejor contadas, capaz de que sus espectadores o lectores, no importa de qué tiempo o lugar, puedan de alguna manera reconocerse en sus protagonistas y conmoverse con su suerte», señalan desde el Palacio del Caballero de Olmedo. «Y todo esto sin que deje de resonar en ella el eco de un suceso ocurrido en algún momento de la historia real y mínima del camino de Medina a Olmedo».

La realidad histórica del caballero de Olmedo «ya no puede anular las consecuencias desprendidas de la tragicomedia de Lope. Ni en la Ciudad del Caballero, ni en la Ciudad del Caballero, ni en Castilla y León, tampoco en España, ni en el universo literario», decía Zenón García Alonso. Es Don Alonso Manrique, más que don Juan de Vivero, quien después de muerto vive «en las lenguas de la fama». El Caballero de Olmedo.


Olmedo Clásico 2015

La maldición de la tumba de Hernán Cortés: el padre olvidado por México


ABC.es

  • Los Reyes de España viajan a México esta semana pero, como es habitual y para evitar la controversia, no tienen previsto visitar la remota iglesia donde permanece enterrado el español más importante en la historia del país americano
ABC Retrato de Hernán Cortés en su vejez

ABC | Retrato de Hernán Cortés en su vejez

No se trata de ninguna clase de maldición azteca. No hubo como en el sarcófago egipcio de Tutankamon una inexplicable cadena de muertes. La maldición de Hernán Cortés es la un país que no sabe cómo tratar a un personaje histórico que participó decisivamente en la fundación de lo que hoy es México, pero que es recordado como uno de los mayores villanos de su historia. Y mientras el país sigue debatiendo qué hacer con su legado, la tumba del conquistador español permanece semioculta tras ser víctima de una intensa persecución en el pasado.

Tras sus éxitos militares en el nuevo continente, Hernán Cortés se cuidó de regresar a Castilla a dar cuenta de sus éxitos a Carlos I de España. La relación fue durante un tiempo cordial con el Rey, pero con el tiempo Cortés pasó a engrosar contra su voluntad la lista de nobles que merodeaban la Corte mendigando por cargos y prebendas. El extremeño, no obstante, se consideraba merecedor de reconocimientos sin necesidad de estar reclamando favores. «¿Es que su Majestad no tiene noticia de ello o es que no tiene memoria?», escribió Hernán Cortés, sin pelos en la lengua, ante las promesas incumplidas del Monarca. Para los europeos, los méritos en América sonaban a poca cosa y no requerían tanta atención. Así y todo, le concedió un botín considerable –extensas tierras, el cargo de capitán y el hábito de la Orden de Santiago–, acaso insuficiente a ojos de Cortés.

La muerte le alcanza cuando su fortuna decaía

El empeoramiento de su relación con Carlos I no evitó que en 1541 el conquistar español fuera uno de los primeros en acudir a la llamada del Rey para realizar una incursión contra Argel, un importante nido de la piratería berberisca. Sin embargo, Cortés fue ninguneado por el Rey y el resto de mandos y la campaña resultó un completo desastre. El repliegue no fue menos desastroso. Hubo que echar al agua a los caballos para hacer sitio a toda la gente naufragada en el proceso, entre ellos a Cortés y a sus hijos. Agotado y enfermo por el viaje, Hernán Cortés nunca recuperó completamente las fuerzas perdidas en la que fue su última expedición guerrera. Además, el extremeño extravió la enorme fortuna que portaba en su barco naufragado, 100.000 ducados en oro y esmeraldas. En los siguientes años se estableció en Valladolid, donde retomó su actividad empresarial y se arropó de un ambiente humanista. Allí observó impotente como sus protestas al Emperador eran sepultadas una y otra vez por las intrigas de la Corte. A finales de 1545, el conquistador se trasladó a Sevilla con la intención de viajar una vez más a México, quizás con el sueño de acabar sus días allí.

Hasta el final, Cortés reclamó sin éxito al Emperador nuevas ventajas por sus méritos militares, pero a esas alturas los tesoros de Pizarro eclipsaban a los traídos por el conquistador de México en el pasado. La fama de Cortés estaba en caída libre cuando, tras dos años en Sevilla planeando su regreso a la Nueva España, murió víctima de la disentería. El extremeño falleció en Castilleja de la Cuesta, provincia de Sevilla, el 2 de diciembre de 1547 de un ataque de pleuresía a la edad de 62 años. Su testamento estipulaba que fuera enterrado en México, aunque de forma provisional quedó en el panteón familiar de los duques de Medina-Sidonia, que habían velado por su bienestar en su etapa final.

En 1562, dos de los hijos de Cortés, Martín –nuevo marqués del Valle, y Martín –el hijo que tuvo con la interprete nativa doña Marina– llevaron los restos de su padre a México y le dieron sepultura en San Francisco de Texcoco. Comenzó entonces el largo peregrinaje de sus restos por la geografía mexicana. En 1629, quedó en una iglesia de Ciudad de México y luego, en 1794, en una fundación religiosa de la misma ciudad. Este nuevo traslado obedecía al interés del virrey, Conde de Revillagigedo, por dar un mausoleo más pudiente al héroe hispánico a costa del dinero de personajes influyentes de la ciudad.

Pero la independencia de México cambió radicalmente la imagen que tenía el país sobre Cortés. El extremeño tornó a ser el representante de la crueldad y la represión que destruyó la civilización azteca, e incluso fue tildado como genocida. A diferencia de otros países como Colombia que sí conservó el culto a Benalcázar o Ecuador con Orellana –en un intento de dar sentido histórico a sus países–, la oposición a Cortés se mantuvo firmemente enraizada hasta el punto de que en la actualidad no hay ninguna estatua de cuerpo entero del conquistador en todo el país. No en vano, los murales del artista mexicano Diego Rivera, pintados entre 1923 y 1928, recogen el sentimiento dominante sobre la figura del conquistador. Así, Cortés es una criatura encorvada y llena de deformidades que tiene el oro como única motivación.

La ubicación fue desconocida durante 110 años

Poco después de la independencia, empezaron a correr pasquines que incitaban al pueblo a destruir el sepulcro. Previniendo la inminente profanación, las autoridades eclesiásticas decidieron desmontar el mausoleo y ocultar los huesos. En la noche del 15 de septiembre de 1823, los huesos fueron trasladados de forma clandestina a la tarima del altar del Hospital de Jesús y el busto y escudo que decoraban el mausoleo fueron enviados a la ciudad siciliana de Palermo. Trece años después, los restos cambiaron su ubicación a un nicho todavía más oculto, donde permanecieron en el olvido durante 110 años. Su ubicación exacta fue remitida a la Embajada de España a través de un documento que fue perdido y luego recuperado en 1946 por investigadores del Colegio de México, quienes asumieron la aventura de buscar los restos ocultos. El domingo 24 de noviembre de 1946 hallaron los huesos y los confiaron al Instituto Nacional de Antropología e Historia.

El 9 de julio de 1947, tras un estudio de los huesos, Cortés fue enterrado de nuevo en la iglesia Hospital de Jesús con una placa de bronce y el escudo de armas de su linaje. La única estatua de Cortés erigida en territorio mexicano permanece junto a esta humilde tumba, cuya existencia se guarda de forma discreta en un país que, en su mayor parte, sigue sin asumir el papel que jugó el conquistador en su fundación. Tampoco su otro país, el que le vio nacer, hace mucho por defender su figura.

Felipe II y su «lucha» contra la Inquisición para salvar los libros prohibidos de El Escorial


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  • La biblioteca del monasterio fue la mayor colección privada de títulos de Europa en el siglo XVI. Entre ellos había ejemplares perseguidos por la Iglesia sobre ciencia, magia o religión
ABC Felipe II y la biblioteca del Real Monasterio de El Escorial

ABC | Felipe II y la biblioteca del Real Monasterio de El Escorial

Si de algo pecó Felipe II (1527-1598), el «rey prudente» y el más poderoso de su tiempo, fue de querer saberlo todo. Formado en Filosofía, Matemáticas y Ciencias, el monarca español acumuló desde joven una cantidad ingente de libros que acabaron conformando la real biblioteca del Monasterio de El Escorial. Una colección de títulos, la mayor parte de ellos religiosos, que alcanzó los 14.000 volúmenes a su muerte. Dejaba así la mayor colección privada de libros de Europa en su época que, más allá de su extenso número de ejemplares, era única por preservar alguno de los libros perseguidos por la Inquisición.

Felipe II se sentía fascinado por la ciencia y la magia a partes iguales. Creía en la astrología y muchas de las fechas clave de su trono las hizo coincidir con los pronósticos favorables de su horóscopo. De hecho, hasta el día de su muerte, el rey guardó junto a su cama el «Pronosticon», una predicción personal realizada para él por el mago alemán Matthias Hacus en 1550. Entre su colección privada había más de 200 libros relacionados con la magia, la alquimia y la cábala. La Inquisición no fue ajena a los intereses «herméticos» del poderoso monarca español.

Su biblioteca, la del Real Monasterio de El Escorial, fue objeto de especial interés por parte del Santo Oficio. Sin embargo, Felipe II supo mantener alejados a los censores de la Inquisición de sus preciados volúmenes. Para acallar cualquier insinuación de que el rey eludía los dictámenes eclesiásticos nombró, incluso, a su propio censor especial en El Escorial.

Felipe II fue, a tenor de los historiadores, un «ferviente católico» que, sin embargo, no quiso renunciar a ver y estudiar todo cuanto caía en sus manos. Se sabe que leyó la Arquitectura de Vitrubio, la Cosmografía de Apiano, los tratados de Arquímedes en griego y latín, y a Hipócrates, Galeno y a Aristóles, entre muchos otros autores capitales. También acumuló miles de manuscritos en griego y hebreo y medio millar de códices árabes.

Los libros «más raros y exquisitos»

Su intención al crear la biblioteca de El Escorial fue convertir el Real Sitio en un centro de eruditos y científicos. El rey quiso traer hasta Madrid los libros más «raros y exquisitos» del mundo, como dejó constancia en una carta enviada al embajador francés en 1567 presumiendo de su colección. Según los historiadores, en un listado elaborado en 1634 –36 años después de la muerte de Felipe II– por el bibliotecario del monasterio, El Escorial tenía cerca de 400 libros prohibidos en sus armarios. De ellos, según recoge en un estudio el historiador y académico José Manuel Sánchez Ron, 74 eran científicos.

La Inquisición quiso expurgar los libros prohibidos de Felipe II desde 1584. El rey consiguió eludir los mandatos eclesiásticos durante más de una década impidiendo que el Santo Oficio «limpiara» los fondos de su biblioteca y controlara el incesante ingreso de nuevos títulos. En 1597, solo un año después de que Felipe II le nombrara inquisidor general, Pedro Portocarrero se enfrentó al rey para pedirle que dejara a la Inquisición hacer su expurga en El Escorial.

Un año más tarde su «católica majestad» murió logrando su objetivo de mantener sana y salva su biblioteca. Su hijo y sucesor Felipe III preservó los deseos de su padre y, en 1613, logró el permiso de la Inquisición para tener libros prohibidos con la condición de que solo el prior, el bibliotecario y los catedráticos pudieran leerlos. Una lucha que ha permitido conservar, a lo largo de cuatro siglos, parte del gran tesoro bibliográfico de Felipe II.

El pacto político que pudo hacer que Cleopatra viviera en España


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  • Las alianzas no han nacido en el S.XX, se llevan practicando durante siglos y, algunas, con trágicos resultados. Una de las más famosas de la Historia vino del amor entre la reina de Egipto y Marco Antonio

    wIKIMEDIA Su pacto político pretendía unir Roma y Egipto, pero acabó en tragedia para ambos

    wIKIMEDIA | Su pacto político pretendía unir Roma y Egipto, pero acabó en tragedia para ambos

Hace meses que estamos inmersos en una vorágine de pactos. Desde Andalucía, hasta Madrid y, todo ello, haciendo un pequeño desvío a través de regiones como Valencia. Cualquier zona es susceptible de caer bajo el yugo de las conversaciones, los acuerdos de gobierno y, en definitiva, la alta política. La práctica como tal parece sumamente moderna de tan habituados que estamos a verla a diario (elecciones mediante), pero la realidad es bien distinta, pues las alianzas entre partidos, asociaciones y personalidades de la clase dirigente se encuentran en nuestra Historia desde que el hombre empezó a caminar sobre dos patas. Algunas de ellas, como la de Marco Antonio y Cleopatra, prometían acabar con Roma, hacer resurgir a Egipto como capital de un nuevo imperio e, incluso, pudieron terminar con la reina viviendo en Hispania (lugar al que la reina barajó huir cuando su imperio empezó a tambalearse)

Sin embargo, aquel pacto político acabó como tantos otros que se han firmado a lo largo de la Historia: en absoluto desastre. De hecho, terminó con sus dos firmantes bajo tierra al más puro estilo Romeo y Julieta. Es decir, por un doble suicidio que perpetraron cuando sus enemigos (Octavio y sus legiones) les dieron de bofetadas en la batalla de Actium. Y es que, sabedores de que habían sido derrotados por Roma y que poco podían hacer para recuperar su antigua gloria, decidieron acabar con sus vidas para evitar la vergüenza de la derrota y las consecuencias de sus actos. En la actualidad –y por suerte- las asociaciones entre partidos no concluyen con sus firmantes muertos, pero sí suelen finalizar con alguna que otra «torta» política llena de rencor (y si no, solo hay que ver lo sucedido en Andalucía entre el PSOE e IU).

Odio, triunvirato y Cleopatra

Para encontrar el origen del pacto que pudo acabar con Roma y dar con los huesos de Cleopatra en Hispania es necesario viajar en el tiempo hasta el 15 de marzo del año 44 A.C. Fue entonces cuando Julio César fue asesinado a las puertas del Senado en una conspiración en la que, según el historiador Suetonio, participaron más de sesenta personas. Entre ellas destacaban Cayo Casio y Marco Bruto, perpetradores de un plan que se saldó con una muerte «anunciada» que se llevó a cabo mediante una veintena de sangrientas puñaladas. Después del entierro del líder (a manos de la 13ª Legión, sumamente dolorida por su cercanía con el dictador) comenzó un curioso «juego de tronos» que marcó la Historia.

Tras esta muerte se produjo el caos en Roma. Cada general inició el camino que más le interesaba seguir sin tener en cuenta ninguna lealtad. Uno de los primeros en armarse fue Marco Antonio quien, haciendo valer sus años al servicio de César, tomó el mando de varias legiones y exigió a uno de los asesinos de su mentor que le entregase la región que administraba en nombre del pueblo romano. Tampoco se quedó atrás Cayo Octavio (sobrino nieto de César y elegido heredero legítimo por él). Y es que, al saber que su enemigo natural para acceder a la poltrona se había marchado de Roma, se decidió a combatir y obtener por su «pilum» el poder que estaba ejerciendo, de facto, Antonio. La guerra civil estaba asegurada, y duró varios meses en los que las tropas de ambos se repartieron flechas y estocadas de «gladius» en plena contienda. Los dos luchaban por heredar un imperio.

Sin embargo, parece que la cordura (o el interés político, tan patente en Roma por cierto) acabó imperando entre los contendientes. Así pues, Octavio y Marco Antonio decidieron que eran mucho mejor aguantarse mutuamente y dirigir su odio contra los asesinos de César. Y es que, estos andaban armándose para, llegado el momento, saltar sobre los «cesarianos», como eran conocidos los valedores del dictador. De esta forma nació el Triunvirato, un pacto político mediante el que estos dos líderes y el banquero Lépido –otra de las personalidades de entonces- formaron un gobierno dictatorial sobre Roma. Se convirtieron, en definitiva, en los amos del mundo conocido.

«En este Triunvirato, Marco Antonio, Octavio y Lépido se aliaron con el objetivo de encontrar y capturar a los asesinos de César. Como necesitaban ayuda para perpetrar esta venganza, Egipto buscó acercarse a ellos en su propio beneficio. A los romanos tampoco les vino mal porque se querían acercar a las provincias orientales, así que llegaron rápidamente a un acuerdo. Cleopatra, reina de Egipto, se comprometió a ofrecerles apoyo económico a cambio de que Cesarión (el hijo que había tenido con César) fuera considerado el heredero de su trono en Egipto. La jugada fue astuta, pues así no entraba en conflictos con Octavio (el heredero legal de César) que quería tomar el poder en Roma», explica, en declaraciones a ABC Aroa Velasco, historiadora especializada en el Antiguo Egipto y autora de la página Web «Papiros perdidos».

Antonio y Cleopatra: amor, y orgías

El Triunvirato dio cierta tranquilidad a los romanos, pero lo cierto es que era difícil que un mero pacto político acabase con el odio entre Marco Antonio y Octavio, ambos dignos valedores de suceder a César. Por ello comenzaron a abundar las «puñaladas traperas» -que podríamos decir hoy en día- entre ambos. «Octavio siempre había querido gobernar solo y, para lograrlo, envió a Marco Antonio a luchar contra los partos en los territorios romanos de Siria y Oriente. La idea era sencilla: ponerle en peligro para que muriese en batalla», explica Velasco. Con todo, el oficial romano podía ser muchas cosas, pero no estúpido, por lo que -cuando vio la difícil situación militar que se le presentaba- corrió bajo las faldas de Cleopatra a solicitarle ayuda militar en un encuentro privado.

La reina de Egipto aceptó el encuentro, aunque solicitó que se hiciese en su navío con el objetivo de impresionar al romano. «Cleopatra fue al encuentro de Marco Antonio en un barco majestuoso con remos de plata. Quiso demostrar la riqueza de su pueblo, para lo que decidió regalar los cubiertos de oro a los soldados e invitados tras cada comida. La leyenda negra dice que estuvieron rodeados de orgías, explica Velasco. De la misma opinión es Pilar Rivero, de la Universidad de Zaragoza, quien, en su dossier «La política exterior de Cleopatra VII Filópator», remarca la forma en que la reina de Egipto se presentó ante Antonio: «Cleopatra llegó con una gran pompa, remontando el rio como si de la diosa Isis y su cortejo se tratara».

Lo cierto es que la majestuosidad de Cleopatra pareció funcionar, pues Marco Antonio (quien ya se sentía bastante atraído por Oriente) se quedó encandilado con ella y no ofreció demasiadas reticencias a las condiciones de su pacto. Se dice que tal fue el despliegue de los egipcios, que entre banquete y banquete se dieron las negociaciones. Aunque no se sabe a ciencia cierta, lo cierto es que no tardaron en llegar a un acuerdo. «Marco Antonio propuso a Cleopatra que le diese su apoyo militar contra los partos a cambio de eliminar a Sione IV (la hermana de Cleopatra, que quería acceder al trono). Ella acepto», añade la experta.

Además de aquel pacto político, en el barco también se vivió una historia de amor, pues ambos se encapricharon del otro y comenzaron una relación muy criticada desde Roma y que aprovechó, entre otros, el sobrino nieto de César. «Con el acercamiento entre ambos, Octavio vio una oportunidad para acabar con la credibilidad de Antonio. Por ello inició una campaña con la que buscó minar su imagen entre los romanos, le acusó de adorar la cultura oriental, de pedir ayuda a Cleopatra y de dejarse hechizar por sus extrañas artes. Todo ello fue incentivado por el filósofo Plutarco, contrario también a Antonio», completa Velasco. La treta funcionó y, a pesar de que el Triunvirato siguió activo, Marco Antonio se fue ganando, poco a poco, el odio de sus conciudadanos. Lo cierto es que tampoco ayudó que el romano trasladase su residencia a Alejandría y pasase las horas muertas con su nueva «novia».

Comienza la guerra

En los meses siguientes, Marco Antonio, el que en su día fue el primer general de César y el hijo predilecto de Roma, siguió viendo a Cleopatra y probó las miles de las riquezas y los lujos de Egipto. Eso sí, dando de lado a sus conciudadanos y al Triunvirato. Octavio, por su parte, supo usar desde cada comilona que su enemigo se daba en Alejandría, hasta las relaciones sexuales que este tenía con la reina de Egipto (con quien tuvo tres hijos, Alejandro Helios, Cleopatra Selene II y Ptolomeo Filadelfo) para que el pueblo le viese como un adorador de Oriente. El sobrino nieto de César no podía estar más feliz, pues –poco a poco- estaba acercándose a su plan: acceder al gobierno en solitario y no tener que rendir cuentas de ello a nadie.

El de Octavio no era un plan para tomar el poder rápidamente, sino eliminando, poco a poco, el poder de sus competidores. Hubo que esperar hasta el año 37 A.C. para que –con la renovación del Triunvirato- el sobrino nieto de César pusiera la última piedra para lograr acabar con su enemigo. Fue ese año cuando, a cambio de que el grupo siguiese gobernando en terna, exigió a Marco Antonio que se casase con su hermana Octavia. Oficialmente dijo que era para buscar un acercamiento entre ambos, pero la realidad era que diferente: buscaba poder cargar contra él cuando engañase a su nueva esposa con Cleopatra. «Marco Antonio, por su parte, pidió a Octavio que le enviase tropas para combatir contra los partos, con los que seguía en guerra. Este aceptó, pero nunca llegaron a su destino», añade la experta.

Casado con Octavia y al verse traicionado por Octavio, Marco Antonio se marchó desesperado a los brazos de Cleopatra. La reina de Egipto no dudó y aprovechó la desesperación de su amante. Podían ser compañeros de cama, pero el poder, era el poder (debió pensar). «Cleopatra aceptó el trato y le dio dinero, provisiones, tropas y barcos. A cambio, sin embargo, le solicitó que otorgara posesiones a los tres hijos que ambos tenían en común. Así pues, debía nombrar a Alejandro Elios rey de Armenia y Partia, a Cleopatra Selene, de Cirenaica y Lidia y, finalmente, a Ptolomeo Filadelfo de Siria y Ciricia. Además de todo ello, Cleopatra debía ser nombrada reina de reyes y reina de Egipto y Cesarión su heredero. El tratado fue conocido como las “Donaciones de Alejandría”», completa Velasco. A su vez, ambos contrajeron matrimonio según las costumbres egipcias. Un nuevo varapalo (y una nueva excusa) para Octavio.

Octavio, al fin, tenía una excusa para iniciar la contienda. De esta forma, y tras quitarse de encima a Lépido, cargó política y dialécticamente contra su enemigo hasta que consiguió tener de su parte al pueblo. Tras ello, nombró enemigo de Roma a Marco Antonio y declaró la guerra a la pareja. «Curiosamente no se la declaró a Marco Antonio, pues sabía que, de ser así, provocaría recelos entre sus legionarios, que luchaban más contra Cleopatra y el imperio oriental. Sin embargo, sabía que Antonio ayudaría a la reina», destaca la experta a ABC. Había comenzado la contienda, una lucha a muerte que llevaba tejiéndose y fraguándose años.

El plan para exiliarse a España

El enfrentamiento entre ambos se terminó decidiendo en el año 31 A.C. en la batalla de Actium (una región ubicada en la costa oeste de Grecia). En principio, Marco Antonio quería combatir en Italia, pero Cleopatra volvió a manipular al romano afirmando que sus tropas sólo acompañarían a las legiones de Oriente (las que se habían mantenido fieles a su amante) si se luchaba en la costa griega. No hubo más que hablar para el romano, que aceptó sin rechistar. El 2 de septiembre se combatió. Sin embargo, no fue en tierra, sino en el mar (donde el general romano no tenía ninguna experiencia). La contienda no había comenzado y la ventaja ya era para Octavio y sus buques.

En la contienda, los buques de Marco Antonio se pusieron en vanguardia; tras ellos se destacaron como reserva, los de Cleopatra. En total, los amantes sumaban unos 400 navíos. En frente suya se ubicaron imponentes los 400 de Octavio al mando de Marco Agripa. Los dos contenientes habían decidió usar estrategias similares. «Antonio, mediante un movimiento envolvente, trataría de desbordar el flanco siniestro enemigo (Agripa). De este modo quedaría abierto un hueco entre las naves que conformaban el centro de la línea octaviana y las que se situaban a su izquierda. Ese vacío sería rápidamente cubierto por las galeras de Cleopatra, que avanzarían desde la retaguardia, partiendo en dos la flota rival. Por su parte, Octavio buscaría hacer lo propio en el ala derecha de la armada contraria (Antonio)», explica el doctor en geografía Antonio García Palacios en su dossier «Octavio frente a Marco Antonio».

La victoria parecía plausible para los amantes, pero, según el Plutarco, la maniobrabilidad de los buques de Agripa y el arrojo de sus legiones terminaron siendo letales. Aun así, fueron necesarias varias horas de batalla para poder doblegar a Antonio y Cleopatra. «La batalla adquirió el carácter de un combate en tierra firme o, para ser exactos, el de un ataque a una ciudad fortificada. Tres o cuatro barcos de Octavio se agruparon en torno a cada uno de los de Antonio, y la lucha se llevó a cabo con escudos de mimbre, lanzas, palos y proyectiles incendiarios, mientras que los soldados de Antonio también disparaban con catapultas desde torres de madera», señaló el historiador romano.

Cuando Marco Antonio se vio desbordado y la batalla empezó a tornarse del lado de Agripa, Cleopatra inició la retirada con su flota hacia mar abierto, dejando sin apoyo a su esposo. Al parecer, ver huir a la mujer más poderosa de Oriente hizo acobardarse al romano, que giró su barcaza y siguió, como alma que lleva el diablo, a la egipcia. Sin su líder natural, solo fue cuestión de horas que las legiones aliadas se retirasen de forma pactada. Por su parte, marido y mujer decidieron cobijarse en Egipto. «Cuando Marco Antonio llegó a Alejandría, se refugió en una pequeña casa junto con dos criados, situada en el pequeño puerto de Paretorio; quizá pensaba en la posibilidad de una recuperación y de otro posible ataque a Octavio. La reina se fue a su palacio y se dedicó a planear la estrategia a seguir en el encuentro seguro, pero que se hizo esperar con Octavio», explica Rosa María Cid López, del departamento de Historia de la Universidad de Oviedo, en su obra «Cleopatra: Mito, leyenda e historia».

¿Cuál era su plan? En principio, reclutar todos los hombres que pudiese para poder plantar cara al romano. Sin embargo, si eso no daba resultado, tenía pensada una curiosa serie de alternativas. «Por si acaso era preciso huir, mandó mensajeros a sus aliados de Media y Partia, preparó embarcaciones para pasar el mar Rojo en dirección a Arabia e, incluso, estableció la posibilidad de huir a Hispania», explica, en este caso, Rivero. Lo cierto es que esta opción la habría permitido hacerse fuerte en la Península para iniciar un contraataque contra Octavio con ayuda de Antonio. Desde allí, también podría haber iniciado los preparativos para marcharse hacia otra parte de Europa. Sin embargo, nada de eso pudo suceder, pues la pareja acabó muerta (ambos se suicidaron) y su enemigo tomó el poder. Su pacto político, por lo tanto, terminó en desastre.

Tres preguntas a Aroa Velasco

Descubiertos todos los grandes cráteres de impacto de la Tierra


ABC.es

  • Un estudio afirma que ya no será posible encontrar en nuestro planeta ni un solo cráter de más de seis km.
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En Marte podemos encontrar más de 300.000 cráteres creados por impacto de asteroides. La Luna está cubierta por varios millones más, demasiados para contarlos. Pero la superficie de la Tierra, bajo la acción constante de la erosión, la lluvia y el viento, oculta su historia a los ojos de los científicos. De hecho, apenas si se han descubierto 128 cráteres de impacto en su superficie. El resto se han borrado para siempre.

Sin embargo, un nuevo estudio que se publicará el 1 de septiembre en Earth and Planetary Science Letters sugiere que ese número tan bajo no se debe a una búsqueda perezosa. Al contrario, todos los grandes cráteres de impacto que existen aún sobre la superficie de la Tierra han sido ya localizados. No queda ni uno más por descubrir.

“Estoy realmente sorprendido -afirma Brandon Johnson, científico planetario del Instituto de Tecnología de Massachussets- “Es la primera vez que alguien hace esta clase de trabajo teniendo en cuenta los efectos de la erosión”.

Johnson, que no ha participado en este estudio, llevó a cabo en 2014 una investigación similar, y llegó a la conclusión de que, para los cráteres de 85 y más kilómetros de ancho, el registro geológico debería estar completo. Basándose en la tasa de impactos y en la edad de la corteza, el equipo de Johnson predijo ocho cráteres de este tamaño, de los que siete ya han sido confirmados.

Todos estos cráteres gigantes han sobrevivido porque estaban lo suficientemente enterrados como para resistir los efectos de la erosión, aunque también pueden quedar destruidos a causa de la tectónica de placas, que divide la corteza terrestre en fragmentos que chocan, se superponen o se deslizan unos contra otros.

Ahora, sin embargo, Stefan Hergarten y Thomas Kenkmann, dos geofísicos de la Universidad alemana de Friburgo, han llevado el análisis más allá y han hallado que los registros están completos, también, para los cráteres de mucho menos tamaño.

Para llegar a esa conclusión, combinaron las tasas de impacto estimadas de asteroides contra la Tierra con las tasas de erosión correspondientes, y compararon después la distribución teórica resultante de los cráteres con la que los geólogos pueden ver en la realidad. La coincidencia resultó ser asombrosa.

Pero el resultado más espectacular fue que para los 70 cráteres mayores de 6 km. el registro está completo. Según los investigadores, de hecho, no existe en la Tierra ni un solo crater más de ese tamaño por descubrir.

Por otra parte, según Hergaten, el resultado es tranquilizador. “De hecho -asegura- nos dice que si no encontramos nuevos cráteres no es porque seamos estúpidos”. Más bien, Hergaten cree que los investigadores deberían cambiar sus objetivos.

Los cazadores de cráteres deberían renunciar a la búsqueda de los más grandes y centrarse en encontrar los más pequeños. Tal vez, en efecto, unos 350 cráteres de entre 250 metros y 6 Km. de diámetro están aún por descubrir.

El buevo trabajo es consistente con el descenso del número de descubrimientos de nuevos grandes cráteres de impacto. Y ello a pesar de que hoy los investigadores cuentan con tecnologías que permiten buscar y localizar remotamente cualquier estructura circular sobre la superficie del planeta.

El «melómano» de Chamberí


ABC.es

  • El ladrón de melones cazado con las manos en la calva

Virgilio Muro Recreación del momento en el que el Calandria es reducido por Jacinto

Virgilio Muro | Recreación del momento en el que el Calandria es reducido por Jacinto

Madrid, septiembre de 1933. Los actores Luis Ballester y Enrique Suñer, del teatro Fuencarral, representan para ABC el momento en el que es detenido un ladrón de melones, en un puesto del barrio de Chamberí.

La historia que hay detrás de esta fotografía, es tan impactante como sorprendente. Los hechos ya fueron relatados, tal y como sucedieron, en las páginas de Blanco y Negro del 1 de octubre de 1933. De igual manera serán relatados hoy aquí, sin restar un ápice de crudeza.

El señor Jeromo era un honrado melonero, cuyo puesto se hallaba en la calle de Santa Engracia. Una triste mañana de septiembre de 1933, en esta zona del madrileño barrio de Chamberí se oyó un escalofriante grito, que seguro muchos tardarían años en olvidar: «¡Que me falta un melón!» -según se contó, quizás fruto de la exageración propia del pueblo, este alarido llegó a abrir varias sandias-. A así es, a este honrado comerciante le habían robado una de sus frutas. Doña Sidora, la portera del bloque de la acera de enfrente, que apareció entre asustada y ensordecida, intentaba justificar el acto porque sus melones eran muy caros -2 pesetas nada más y nada menos-. El robo se convirtió en costumbre durante los días siguientes, algo que cada vez desquiciaba más al bueno de Jeromo y acrecentaba día a día la sordera de los vecinos. El problema aumentó cuando de una pieza diaria, el caco pasó a dos y así fue aumentando el número hasta el día en el que doce melones fueron robados en una sola noche. Ante la desesperación del comerciante, la señora Sidora recordó que su cuñado tenía una escopeta y un trabajo como guarda de seguridad. Aunque una huelga le privó de su empleo, afortunadamente aún conservaba el arma. Así pues, Jeromo terminó recurriendo a la vigilancia privada nocturna. Tal y como decía su cuñada, no era: «un Sherlock Holmes», pero tenía voluntad y sería capaz de realizar el trabajo. Jacinto –nombre que tenía el vigilante-, era un hombre recio y bien plantado, con una cabeza, eso sí, muy peculiar que estaba coronada por la más absoluta de las calvicies. La primera noche de faena, apenas una hora después de haber empezado la jornada, el guardián de los melones perdió su particular batalla con el sueño y recostó su calva encima del género. Avanzada la noche, a eso de las 3 de la mañana, Jaime Vázquez Ordoñez, el Calandria, un conocido ladrón de poca monta, se dispuso a sustraer -como llevaba haciendo desde hacía días-, una nueva tanda de melones. Al parecer este caco tenía buen paladar y no se llevaba lo primero que cogía. Al estar el puesto en la más completa oscuridad, la manera que tenía de diferenciar las buenas piezas era con el tacto, y así fue como en el intento de tentar la fruta, termino dando un capón en pleno centro de la calva a Jacinto que, gracias a su adiestramiento casi militar, irguió su melón de un salto y, escopeta en mano, al grito de: «¡Manos arriba!» detuvo al ladrón. Y así terminó la historia del Calandria, que siempre lamentó su suerte por no diferenciar una calva de una fruta en la oscuridad.

El Museo ABC ilustra la aventura de la aeronáutica desde su edad dorada


ABC.es

  • Una retrospectiva de la aviación a través de fotos, dibujos e ilustraciones, desde los pioneros al turismo de masas

    M.Brager Raid del aviador francés Védrines

    M.Brager | Raid del aviador francés Védrines

Hubo un tiempo en que volar quedaba para estrellas de Hollywood, políticos, magnates, artistas patrios o señoras de la jet-set. Por entonces, las líneas comerciales llevaban a sus pasajeros en cómodas y ligeras sillas de mimbre o en butacones más propios de un selecto club inglés. Viajar en avión era un acontecimiento social.

El Museo ABC inauguró ayer la exposición «Pasión por volar», una muestra de los inicios y evolución de la aeronáutica en España a través de ilustraciones, pósters, dibujos y fotografías. Se divide en cuatro capítulos: «La vida en el aire», sobre los pioneros; «Más alto, más rápido, más lejos… más cómodos», aborda la época en que se inician los vuelos comerciales; «El lujo de volar», que enseña la exclusividad de mediados del siglo XX, y «El boom aéreo», que refleja la conversión en fenómeno de masas. La directora del centro, Inma Corcho, señala que se hace «un recorrido por el modo en que viajaba la gente, una retrospectiva de la aviación civil». Todo parte de una propuesta que el museo hace a Iberia y AENA como compañías nacionales de referencia. En su elaboración participaron documentalistas de estas dos instituciones, así como del Museo ABC, del archivo de este diario y del Museo de Aeropuertos, Navegación y Transporte Aéreo de AENA. Ambas compañías patrocinan la muestra.

Carteles de altos vuelos

«Pasión por volar» incluye una colección de carteles que sumergirá al visitante «en un viaje con múltiples escalas». Todos ellos forman parte de la historia de la ilustración española y representan una sociología del viaje: un cartel del año 1950 muestra a dos misioneras con su maleta rumbo a las misiones en algún remoto lugar de las selvas tropicales, mientras que otro de 1977 representa a un guepardo en las sabanas africanas como promesa de aventura para los turistas de Safari. También conforman la exposición 50 obras de los dibujos que integran la colección de ABC, ilustraciones firmadas por Xaudaró, Carlos Sáenz de Tejada, Gila o Chumy Chúmez.Dos maquetas reproducen la moderna Terminal 4 del aeropuerto de Barajas y el aeródromo de Málaga-Costa del Sol de 1948, con su pista de tierra. Eran los tiempos heroicos de la aviación.

Vida en el aire

Un 17 de diciembre de 1903 los hermanos Wilbur y Orville Wright lograron despegar por primera vez. Fueron unos segundos y unos pocos metros de vuelo monitorizado, el primero de la historia. Surgía la «Pasión por volar». La directora del Museo ABC indica que el capítulo «La vida en el aire» nace de un artículo que escribió Luis de Tapia en 1908 para Blanco y Negro. Plasmaba: «Los célebres aviadores hermanos Wrigth van a volver loca a media humanidad, si es que todavía hay media humanidad con juicio. La obsesión del aeroplano es actualmente una verdadera obsesión».

En la muestra se exhiben dibujos que preveían un idílico futuro con aeroplanos colgados del balcón de la casas. Pronto llegan los inventores españoles bajo el impulso de Alfonso XIII, principal promotor de la aviación en España. Si en Estados Unidos habían sido unos fabricantes de bicicletas, en España fue un modisto, Antonio Fernández Santillana, el primero en fabricar y pilotar un biplano. Otro de los precursores fue el asturiano Jesús Félix Fernández Duro, quien fundó el Real Aero Club de España y fue el primer europeo en construir un aeroplano.

En el recorrido de la exposición tiene un lugar destacado la máscara de vuelo del piloto Jorge Loring, un invento para evitar las quemaduras que se producían por las salpicaduras del aceite del motor. La aviación española evolucionó hasta alcanzar hitos como la invención de autogiro de Juan de la Cierva o el legendario viaje trasatlántico del Plus Ultra en 1926, en el que el capitán Ruiz de Alda y el comandante Ramón Franco, junto al mecánico Pablo Rada, despegaron de Palos de la Frontera para llegar a Buenos Aires.

Del lujo al turismo

Pasado el primer momento de aventura y experimentación, la aeronáutica se fue convirtiendo en negocio comercial. Las recién nacidas compañías aéreas se apresuraban a acomodar a los pasajeros. La aparición de los aviones a reacción facilitó el servicio a bordo y aumentó la sensación de bienestar al encontrarse la cabina presurizada. En los 50 y 60 el lujo se instaló en las aeronaves, mientras el cine y la literatura descubrían nuevos escenarios para sus narraciones. Como se ve en el Museo ABC, eran los mitos del cine quienes volaban y eran recibidos al pie de las escalerillas por los periodistas. Así lo atestiguan fotos de Sofía Loren o Grace Kelly. Se popularizaban las profesiones de piloto o azafata que era ejemplo de «glamour» y sofisticación. Pero con la globalización y la revolución tecnológica se abarataron los costes del pasaje, las compañías optaron por uniformar servicios. Era la era del turismo de masas. El mundo se hacia más pequeño y concurrido.

Indiana Jones, el mejor personaje de cine de todos los tiempos


ABC.es

  • Una encuesta entre 10.000 personas lo sitúa por encima de otros icónicos papeles como James Bond y «El Nota», en una lista en la que solo hay una mujer (Ellen Ripley, de «Alien»)

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El famoso arqueólogo Indiana Jones ha conquistado a los cinéfilos. Una encuesta entre 10.000 personas ha revelado que el personaje de Harrison Ford es para ellos el mejor de la historia del cine, por encima de otros icónicos papeles como James Bond, Batman o Han Solo.

La revista Empire ha preguntado a 10.000 lectores por los mejores personajes de todos los tiempos y el protagonista de las cuatro películas de Indiana Jones, «En busca del arca perdida», «La última cruzada», «El templo maldito» y «El reino de la calavera de cristal», lidera un ranking en el que reinan los personajes masculinos.

En el top tep solo hay un personaje femenino, la teniente Ellen Ripley de «Alien», que ocupa la quinta posición por encima de Tyler Durden, el personaje de Brad Pitt en «El club de la lucha», ‘El Nota’ de «El gran Lebowski» o el mismísimo «Darth Vader». El actor Harrison Ford tiene el honor de haber interpretado a dos de los mejores papeles, y es que el personaje de la saga Star Wars, Han-Solo, ocupa la tercera posición.

Tras conocer la noticia, George Lucas, creador de ambos papeles, ha agradecido el cariño al intrépido profesor de Arqueología. «Es maravilloso saber que Indiana es querido», ha afirmado, según recoge The Mirror.

El personaje de Indiana Jones es tan querido, que desde que Disney compró los derechos de la franquicia a Paramount, no cesan los rumores sobre su posible regreso a la gran pantalla. Pese a que oficialmente ni la factoría de los sueños ni LucasFilm se han pronunciado, las últimas especulaciones apuntan a que la quinta entrega llegaría en 2018 e incluso señalan a Chris Pratt (Jurassic World, Guardianes de la Galaxia) como sustituto de Ford en el papel del mítico aventurero.

Estos son los 10 mejores personajes de todos los tiempos:

1. Indiana Jones

2. James Bond

3. Han Solo («Star Wars»)

4. Batman

5. Ellen Ripley («Alien»)

6. El Joker

7. John MccLane («La jungla de cristal»)

8. Tyler Durden («El club de la lucha»)

9. Darth Vader («Star Wars»

10. El Nota («El Gran Lebowski»)