La historia de Canal+ en España, desde las emisiones codificadas a Telefónica


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Canal+ es sin ninguna duda una enseña de largo recorrido en España. Desde 1990, cuando el canal comenzó junto con Antena 3 y Telecinco sus primeras emisiones, la historia de esta marca ha pasado por muchas situaciones. Desde ese canal que algunos se creían que podían ver poniendo un papel cebolla frente al televisor, pasando por las plataformas por satélite y hasta hoy, que cae en manos de Movistar.

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Pero la historia de Canal+ también está directamente ligada a la historia del imperio de Prisa, cuya delicada situación económica actual ha provocado su venta. Repasemos ahora detenidamente como una marca tan conocida por todos nosotros, ha acabado en manos de quien en un día fue uno de los mayores rivales de sus dueños, Telefónica.

1988: el germen de Canal+
Seguramente muchos de los que estáis leyendo esto no habríais ni nacido, pero en 1988 comienza todo. Fue ese año en el que el gobierno de entonces, con Felipe Gonzalez a la cabeza, firmó la Ley de Televisión Privada. Con ella se crearían tres canales privados, ya que hasta entonces solo existían los canales de Televisión Española.

A ese concurso se presentaron seis ofertas para tres licencias. Los que parecía claro que iban a obtener la licencia, y así fue, fueron Antena 3 (respaldada por Antena 3 Radio, el Conde de Godó, ABC y El Correo) y Telecinco (con el apoyo de Berlusconi, Grupo Anaya y la ONCE). La tercera licencia parecía destinada a caer en manos Canal Uno Univisión (con Rupert Murdoch, el grupo Zeta y Mario Conde detrás) pero no fue así.

Además de una propuesta de empresarios catalanes, Jesús de Polanco presentó una propuesta de canal de pago, Canal+. La creación de un canal de pago no estaba entre las intenciones iniciales del gobierno, pero al parecer Polanco tenía una buena relación con Felipe Gonzalez, quien le otorgó esa tercera licencia en liza.

1990: comienzan las emisiones

Con la licencia para emitir un canal de pago las emisiones en pruebas de Canal+ comenzaron el 8 de junio de 1990, mientras que el 14 de septiembre el canal de Sogecable empezó a emitir de manera oficial. A pesar de que el gobierno aceptó la creación de un canal de pago estableció una condición, seis horas diarias de su programación se debían emitir en abierto.

Inicialmente la cuota mensual de Canal+ era de 3.000 pesetas al mes (“¡20 duros al día!” era el mensaje), aunque luego pasó a 4.000 pesetas. Pero ¿cómo ganarse a un público que hasta entonces no había pagado por ver la televisión? El canal construyó una programación que quería ofrecer una mayor calidad que los canales en abierto. Así llegaron a él emisiones exclusivas, como el fútbol, los toros, el boxeo, y por qué no, la película porno de los viernes a la noche.

Pero además de importantes derechos, también con cine americano de estreno, Canal+ tuvo programas que muchos añoramos. El Día Después (todavía en emisión), las Noticias de los Guiñoles, el magacín de sobremesa Lo+Plus, el programa semanal de cine Magacine, que se mezclaban con series tan míticas como Friends.

1997: la creación de Canal Satélite Digital

Pasados ya siete años de emisiones a través de señal analógica Prisa TV dio otro paso, con la creación de la plataforma de televisión por satélite Canal Satélite Digital. Se trataba del paso al digital de Canal Satélite, pero el cambio no solo supuso un cambio de tecnología, también llegaron más canales, y distintas versiones de Canal+.

Aprovechando la ley que permitía la emisión por satélite sin necesidad de licencias se crearon dos plataformas. Por un lado, la ya mencionada Canal Satélite Digital, y por otro Vía Digital, que contaba con el respaldo de Telefónica, pero también de otros grupos importantes como RTVE, Antena 3 o Televisa.

En esto Prisa fue mucho más inteligente. Su plataforma llegó en enero de 1997, mientras que Vía Digital no fue lanzada hasta septiembre de ese mismo año. Ese adelanto de ocho meses hizo que la plataforma de Prisa firmase acuerdos para hacerse con los derechos de gran parte de las majors americanas para emitir su cine, o con todos los espectáculos taurinos de la plaza de toros de Las Ventas.

Por entonces también se produjo la primera guerra del fútbol. Los clubes vendían individualmente los derechos a distintas empresas, lo que obligó a las compañías detrás de cada una de las plataformas a llegar a un acuerdo. Aquello se conoció como el Pacto de Nochebuena, que llevó a la creación de Audiovisual Sport (participada por el grupo Zeta, Sogecable y TV3) para la gestión de dichos derechos. Aquel pacto también provocó la creación de la Ley de Retransmisiones Deportivas, o Ley del Fútbol, que obligaba a la emisión en abierto de un partido por jornada de liga española, que comenzó a emitir Antena 3.

2003: la fusión con Vía Digital

Las empresas detrás de las dos plataformas por satélite creyeron que había hueco para ambas en España, pero con el paso de los años se demostró que no era así. Las dos contaban con una amplía diversidad de canales y distintos paquetes contratables, pero como ha ocurrido en más de una ocasión, el alto precio pagado por el fútbol llevo a problemas a una de ellas.

Vía Digital se hizo con los derechos del Mundial de Fútbol de Corea y Japón en 2002, soltando 27.000 millones de pesetas, una cantidad que jamás llegaría a rentabilizar. Por el cambio horario dicho torneo tenía un horario de mañana en nuestro país, por lo que pocos usuarios se lanzaron a contratar el canal dedicado al Mundial que ofrecía la plataforma. Tampoco fueron bien las negociaciones con otros canales y plataformas, siendo finalmente Antena 3 la encargada de retransmitir en abierto el Mundial.

La debilidad económica de Vía Digital, aunque tampoco es que Canal Satélite Digital fuese sobrada, llevó a sus principales accionistas a buscar la solución que nunca habrían querido, la fusión con su rival. Lo cierto es que fue más una absorción que una fusión y además Sogecable (de Prisa)se quedó con el 80% de Audiovisual Sport, la empresa que gestionaba los derechos del fútbol. El nombre de la nueva plataforma pasaría a ser Digital+ y contaría de inicio con más de dos millones de clientes (1.230.000 de Canal Satélite Digital y 806.379 de Vía Digital).

Pero esa fusión no estuvo exenta de polémica. España se quedaba con una sola plataforma de televisión por satélite, aunque en manos de cualquiera habría estado crear otra, por lo que fueron acusados de monopolio. Tras meses de contenciosos Competencia estableció 10 condiciones, que el gobierno finalmente amplió a 34. Entre esas condiciones estaban la de ceder los derechos de los partidos en pay per view a las cableras o la contención de precios, aunque, según varios rivales, algunas condiciones no se cumplieron desde el primer día.

2005: Adiós a las emisiones en abierto con Cuatro

Prisa ya era la reina de la televisión de pago en España. A pesar de la competencia de los operadores, más que nada las cableras, suyos eran la mayoría de los usuarios e ingresos que generaba el mercado de la televisión de pago en el país. Pero entonces se produjo un cambio de estrategia importante con Canal+.

El gobierno de entonces, con Zapatero a la cabeza, decidió que era hora de poner fin al límite de las tres cadenas privadas, lo que para algunos fue un favor a ciertas empresas. Por un lado otorgó una nueva licencia para emisiones digitales, con la que se creó laSexta, pero también autorizó a Prisa a reconvertir su licencia de canal de pago, Canal+, en un canal abierto, y así nació la que ahora conocemos como Cuatro.

Muchos pensaron que el paso de Canal+ a Cuatro llevaría los contenidos de la primera a la televisión en abierto, pero pronto se vio el nuevo canal no era una herencia directa del viejo. Cuatro era otra nueva cadena generalista, aunque con alguna otra cosa de Canal+ (como Friends) se quedó, y Canal+, como la conocíamos hasta entonces, pasó a ser un canal exclusivo de Digital+.

2009: crecen los canales, entra Telefónica

Los años pasan y los canales incluidos en Digital+ van creciendo. Fue en 2009, en plena nueva guerra del fútbol en la que laSexta llegó a emitir varios partidos de Primera División en directo por jornada, cuando Prisa creó Canal+ Liga. El fútbol siempre había sido uno de los mayores atractivos de cualquier oferta de pago y había que competir con Gol Televisión, de Mediapro.

Pero ese mismo año también entraron nuevos accionistas a la plataforma de televisión por satélite. La situación económica de Prisa empezaba a ser preocupante, por lo que para hacer caja se dio entrada a Telefónica (antiguo accionista mayoritario de Vía Digital) y a Telecinco, enmarcado dentro de la operación de fusión de la cadena con Cuatro.

2011: Digital+ se convierte en Canal+

Los operadores siguen sin ser una gran competencia y el mayor rival puede ser Gol Televisión, que por entonces estaba en su punto más álgido, con casi 400.000 suscriptores. A pesar de ello desde Prisa decidieron darle un giro a su estrategia de marca. Su plataforma, que desde la fusión con Vía Digital pasó a llamarse Digital+, cambiaría de nombre. Digital+ pasó a Canal+ y el canal pasaría a llamarse Canal+1.

Un movimiento que buscaba utilizar como marca principal el nombre con mayor recorrido y más conocido por todos. Lo cierto es que la plataforma ya estaba en un bache de usuarios. La crisis apretaba, y de los dos millones de usuarios que llegó a superar antes de 2009 por entonces ya se había perdido la cota de los 1.800.000 usuarios, y eso sin que los operadores apretasen.

2014: aceptada la oferta de compra de Telefónica

Ya cerca de perder la cota de los 1.600.000 usuarios, aunque la cifra de abonados se recuperó tímidamente a final de año, la situación financiera de Prisa seguía yendo a peor, lo que llevó a la empresa a desprenderse de otros negocios. Pero su niña bonita, Canal+, seguía perdiendo valor. Era el momento de vender si todavía querían sacar una importante tajada.

Entonces apareció el comprador perfecto, aunque antes rival, Telefónica. El operador puso sobre la mesa 725 millones de euros por el 56% de Canal+ en manos de Prisa, ya le pertenecía un 22% y el otro 22% seguía en manos de Mediaset, y la empresa del ya desaparecido Polanco no se lo pensó dos veces, aceptando la oferta de Telefónica.

2015: Y la CNMC permitió el adiós de Canal+

Obviamente la compra de Canal+ por parte del operador no iba a ser cosa de dos días. Bruselas dejó en manos de la CNMC el asunto, que pronto empezó a recibir las presiones de diversos afectados. Los más exigentes siempre han sido los grandes rivales de Movistar, Vodafone y Orange, pero también hemos visto como incluso los clubes de fútbol se pronunciaban en contra.

A pesar de dichas presiones y de la alta concentración que se dará en el mercado de la televisión de pago en España, Telefónica tendrá el 70% de los clientes y el 85% de los ingresos, el regulador aceptó la transacción con una única gran condición: Movistar tendrá que ofrecer un acceso mayorista al 50% de sus canales premium, incluido todo el fútbol.

A falta de conocer los primeros pasos que dará Telefónica, no hay dudas de que mantendrá la marca Canal+, por su largo recorrido y prestigio. A Movistar, le interesan tanto los clientes (y los ingresos que generan) como la posibilidad de ofrecer televisión mediante satélite y los derechos que tiene la plataforma. Pero la Canal+ que conocíamos hasta ahora ya no será la misma. Ahora nos toca esperar a ver que hace Movistar, y sus rivales, pero podemos decir adiós al Canal+ de toda la vida.

La guardiana nazi que entrenó a su perro para arrancar los genitales a los presos


ABC.es

  • Charlotte S. fue otra de las combatientes destinadas en Auschwitz que, en 2014, no había sido juzgada por sus crímenes
 BILD La historia de Charlotte S. salió a la luz el año pasado gracias a periódico alemán Bild

BILD | La historia de Charlotte S. salió a la luz el año pasado gracias a periódico alemán Bild

Desde Amon Göth, hasta Dorothea Binz. Los libros guardan un lugar específico para aquellos despreciables soldados nazis que -bajo la protección que les daba la esvástica y la Calavera de las SS- cometieron todo tipo de tropelías con los prisioneros que estaban a su cargo en los campos de concentración. Por desgracia, a la Historia también le falla la memoria y, en ocasiones, se olvida de otros tantos nombres que deberían haberse grabado a fuego en la conciencia colectiva con un único objetivo: que sus propietarios fuesen recordados siempre como los criminales que fueron.

Uno de estos personajes fue Charlotte S., una de las más de 3.700 mujeres que, durante la Segunda Guerra Mundial, se unieron a las filas de las SS (las tropas más ideologizadas del Tercer Reich) y terminaron trabajando en las decenas de campos de concentración como «guardianas». Su caso, sin embargo, es especialmente llamativo pues –a pesar de que durante la contienda se hizo famosa por entrenar a sus perros para que mordieran los genitales de los presos- el pasado 2014 seguía viva y sin ser juzgada por sus crímenes.

Su historia ha vuelto a salir estos días a la luz debido a que guarda ciertas imilitudes con la de Oskar Grönning, el anciano más conocido como el «Contable de Auschwitz» que, hace menos de una semana, fue juzgado en Alemania por sus presuntos crímenes. Por el contrario, y mientras que este alemán ha tenido que rendir cuentas debido a su posible relación con el asesinato de más de 300.000 personas, no ha sucedido lo mismo con Charlotte, cuya historia fue desvelado el pasado año por el diario alemán «Bild». Y es que, a pesar de que seguía viva el pasado mayo, se desconoce cuál es su paradero actual o si continúa aún con vida.

Una pequeña, pero cruel historia

Poco se sabe a día de hoy sobre Charlotte S. En palabras de «Bild», hay que recurrir a documentos de la «Stasi» (uno de los cuerpos de policía soviéticos más brutales de la República Democrática Alemana) para saber que esta germana comenzó su carrera, como tantas otras mujeres alistadas en las SS, en el campo de concentración de Ravensbrück, ubicado a menos de 100 kilómetros de Berlín. Allí fue donde las miles de «aufseherin» (un rango equiparable en las féminas al de soldado raso) fueron entrenadas en el arte del dolor.

«En Ravensbrück, en lugar de enseñarles como se debía administrar un campo (cómo limpiar las cocinas, hacer que funcionase de forma efectiva el lugar o cómo tratar a los prisioneros) aprendían las diferentes formas de pegar, apalear y asesinar a los presos, además de todo lo referente al tema de los hornos crematorios. Todas las alemanas que pasaban por allí estaban destinadas a maltratar, humillar y en última instancia matar a cualquier preso que pasara por el campo de concentración», explicaba a ABC hace unos meses Mónica González Álvarez (periodista y escritora y autora de «Guardianas nazis. El lado femenino del mal»).

En Ravensbrück (y siempre según las palabras del «Bild») Charlotte S. comenzó su carrera como guardia y, más específicamente, como adiestradora de perros. Su periplo por esta escuela de la maldad la tuvo entretenida desde septiembre de 1941 hasta marzo de 1942. Posteriormente fue enviada a Auschwitz, el campo de concentración ubicado en Polonia en el cual fueron asesinados más de un millón de presos. Allí, esta cruel germana se hizo famosa por andar siempre junto a su pastor alemán, al que había instruido para morder los genitales de los prisioneros a una orden suya.

Según recogió en el año 2014 por la versión digital del diario «Daily Mail», varios presos narraron posteriormente el sufrimiento que debían soportar para evitar que su temible mascota les atacase: «En el campo de concentración había una mujer con una sonrisa bondadosa que enmascaraba un carácter horrible. Solía ponerse erguida frente a nosotros mientras su perro gruñía. Lo había instruido para que nos odiase. Debíamos permanecer inmóviles durante horas y, si alguien se movía por el frío o por el calor, el animal enloquecía».

A finales de 1943, y según determina «Bild», Charlotte S. fue dada de baja como guardiana del campo de concentración por maternidad. Y es que, a pesar de su crueldad, quería cuidar del retoño que acababa de tener. El marcharse relativamente pronto del lugar no evitó que fuese condenada después de la Segunda Guerra Mundial a 15 meses de prisión por vejar a prisioneros.

Entre la realidad y la ficción

Charlotte S. era, en 2014, uno de los tres supervivientes que aún permanecían el libertad sin juicio a pesar de haber sometido a todo tipo de barbaridades a los prisioneros a su cargo. Su destino contrasta con el de Grönning, quien ha pasado por un juzgado alemán y, 70 años después del final de la guerra, ha pedido disculpas a los supervivientes del campo de concentración. Eso sí, señalando siempre que él no acabó nunca con la vida de un prisionero y que únicamente se dedicaba a las labores de contabilidad del lugar.

Con todo, hay expertos en España que consideran que este tipo de historias (principalmente la de Grönning) podrían haber sido exageradas o inventadas para, con el paso de los años, ganar notoriedad. «Creo que habría que investigar historias como la del “contable de Auschwitz”. Es muy extraño que, después de tantos años, se vuelva a desvelar esta noticia y que no se aporte documentación sobre su trabajo. Habría que hablar con los archiveros alemanes, consultar si es cierto y contrastar que estos soldados –aún vivos- participaron en las labores del campo y que no buscan lograr notoriedad pública tras su relación con el Reich», añade Mónica González Álvarez a ABC.