El Emplazado a morir


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  • Antes de ser ejecutados en Martos, los hermanos Carvajal emplazaron a Fernando IV a comparecer ante la justicia divina por su injusta sentencia. Historia o leyenda, el rey falleció 30 días después
Senado «Últimos momentos de don Fernando IV el Emplazado», pintado por José Casado del Alisal en 1860 y expuesto en el Senado

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«Últimos momentos de don Fernando IV el Emplazado», pintado por José Casado del Alisal en 1860 y expuesto en el Senado

¿Fue un infarto? ¿Una embolia? ¿Una apendicitis? ¿Sufría una enfermedad de tipo tuberculoso como apuntan algunos historiadores? Nadie sabe a ciencia cierta de qué murió Fernando IV, con sólo 26 años, el 7 de septiembre de 1312. Se había echado a dormir en su tienda y poco después lo encontraron en la cama, sin vida.

Su inesperado fallecimiento fue pronto relacionado con el ajusticiamiento de dos caballeros por orden del Rey apenas unas semanas antes. Así lo recogió la Crónica de Fernando IV, escrita en el mismo siglo XIV: «E otro día jueves, siete días de setiembre, víspera de Sancta María, echóse el Rey a dormir, e un poco después de medio día falláronle muerto en la cama, en guisa que ninguno lo vieron morir. E este jueves se cumplieron los treynta días del emplazamiento de los cavalleros que mandó matar en Martos».

En esta localidad jienense fueron apresados los hermanos Juan Alfonso y Pedro de Carvajal, de la Orden de Calatrava, acusados de haber asesinado en Palencia a don Juan Alonso de Benavides, privado del rey. Fernando IV, de camino al sitio de Alcaudete, se desplazó hasta Martos para condenar a muerte a los dos hermanos. «Era normal que el rey acudiera allí donde su presencia fuera necesaria. Por entonces la corte se encontraba donde estaba el monarca. Además, en este caso él se siente ofendido porque quien ha muerto asesinado es una persona muy cercana a él», explica el historiador José Calvo Poyato.

Aunque a los asesinos de Benavides no se les pudo identificar y los hermanos Carvajal siempre se declararon inocentes, fueron condenados a morir despeñados en Martos. «Fueron arrojados por la Peña de Martos en una jaula de hierro con púas afiladas en su interior», relata Calvo Poyato. Para este historiador, no era un medio tan inédito por aquel entonces. «El método que luego se conoció como la Dama de Nuremberg (un sarcófago de hierro con púas en su interior que al cerrarse dejaba clavada a la víctima) ya existía», afirma.

La Crónica de Fernando IV -y otras como la de Alfonso XI o las de Diego Rodríguez de Almela, Diego de Valera o Esteban de Garibay– recoge que los caballeros, viendo que iban a ser ejecutados injustamente, emplazaron al Rey a comparecer ante la justicia de Dios en un plazo de 30 días.

Cumplida la sentencia, el Rey continuó su camino. Estaba cerca de Alcaudete, a unos 20 kilómetros de Martos, cuando «tomóle una dolencia muy grave» y tuvo que dirigirse a Jaén aunque «no se queriendo guardar, comía carne cada día e bebía vino…». Murió el 7 de septiembre, víspera de Santa María, fecha en que se cumplía el emplazamiento de los hermanos Carvajal.

Similitudes con Jacques de Molay

Alguien debió decir que había oído a los hermanos Carvajal que habían emplazado al Rey. De ahí su nombre de El Emplazado con el que es llamado ya desde el siglo XIV. «Resulta muy fácil construir la leyenda después de que a un hecho que puede resultar controvertido le sigue un acontecimiento histórico en un plazo de tiempo corto», considera el catedrático de Historia y doctor por la Universidad de Granada en Historia Moderna.

Calvo Poyato, autor de «El Gran Capitán», recuerda que apenas dos años después, el 18 de marzo de 1314, fue sentenciado en París el último maestre de la orden del Temple. «Jacques de Molay fue ejecutado en una isla en medio del río Sena, para que los condenados no pudieran ser escuchados y seguramente había tamborileros para que no se oyese nada. ¿Quién pudo oír lo que gritó?», se pregunta el historiador.

Se dice, sin embargo, que también el maestre templario emplazó al rey Felipe IV de Francia y el Papa Clemente V a comparecer ante Dios para dar cuenta de su injusticia en el plazo de un año y, como ocurriera con Fernando IV, fallecieron en el plazo señalado.

Los huesos del sepulcro

Isaías Morales publicó un artículo en 1918 en la revista «Don Lope de Sosa» en el que describía «Lo que hay dentro del sepulcro de los Carvajales». Basándose en el testimonio del párroco Juan Francisco Páez, contaba cómo se sacaron los restos de la tumba, en presencia del médico de Martos, José López Luque, y del juez de instrucción Rafael de la Haba y Trujillo. López apreció «que todos ellos pertenecían solo a dos personas, por cierto de gran desarrollo (…) deduciendo la consecuencia de que serían dos hombres robustos y fornidos».

El médico de Martos no se explicaba, sin embargo, «cómo los huesos largos se encontraban íntegros y sin fracturas, cosa inverosímil, siendo arrojados los Carvajales desde el sitio “Mal Vecino”, en la cumbre de la Peña, altura muy respetable y bajando despeñada y dando golpes y sacudidas en las rocas, la jaula de hierro en que se les encerró, hasta caer en el sitio donde está emplazada “la Cruz del Lloro”».

El rudimentario análisis llevado a cabo por López Luque en la iglesia de Martos hace más de un siglo cuestionaría la forma en que murieron los caballeros calatravos, en el caso de que éstos fueran sus restos. Calvo Poyato tiene sus «dudas» de que los cadáveres fueran de los hermanos Carvajal. «Con las precauciones que se tienen hoy para atribuir los restos de Cervantes, ¿quién sabe quién está enterrado allí?», se pregunta.

De la mezquita de Córdoba a San Hipólito

A Fernando IV le dieron sepultura en Córdoba. «Hacía tanto calor en aquellas fechas de septiembre de 1312 que su mujer Constanza decidió enterrarlo en la mezquita», apunta el miembro de la Real Academia de Córdoba. A la Capilla Real de la Mezquita-catedral de Córdoba se trasladaron también los restos de su hijo Alfonso XI, que a su muerte en el sitio de Gibraltar en 1350 había sido enterrado en la catedral de Sevilla, puesto que dejó dicho en su testamento que deseaba ser sepultado junto a su padre.

En la mezquita de Córdoba permanecieron ambos monarcas hasta el reinado de Felipe V en siglo XVIII, cuando sus restos se trasladaron a la Real Colegiata de San Hipólito.

Wifredo «El Velloso», el fundador mítico de Cataluña para los nacionalistas


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  • Carlos «El Calvo» nombró en el año 878 conde de Barcelona a «El Velloso», siendo el último que fue designado por un Emperador franco. Pero los condados catalanes no adquirieron una entidad independiente ni unitaria tras su muerte, puesto que los hijos del conde se repartieron los títulos y siguieron rindiendo tributo a los francos
abc Escena legendario en que Carlos «El Calvo» crea con la sangre de Wifredo las 4 barras del condado de Barcelona

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Escena legendario en que Carlos «El Calvo» crea con la sangre de Wifredo las 4 barras del condado de Barcelona

La historia del noble Wifredo «El Velloso» ha sido retorcida por los nacionalistas catalanes para otorgarle un papel protagonista en la mitológica fundación de la nación catalana. Sin embargo, Wifredo «El Velloso», el último Conde de Barcelona designado por un Rey franco, simplemente se aprovechó de la crisis del imperio para concentrar el máximo número de títulos, pero desde luego no albergaba ningún sentimiento nacionalista ni siquiera buscó desvincularse del Imperio carolingio. De hecho, el título de conde de Barcelona cayó en sus manos precisamente por tomar partido a favor de Carlos «El Calvo» en contra de la nobleza local. Tampoco es cierto el relato de que la bandera de las cuatro barras rojas sobre fondo amarillo –hoy bandera vinculada a las regiones herederas de la Corona de Aragón– fuera creada por «El Velloso».

Tras el colapso de la Hispania Visigoda –que se extendía por prácticamente toda la Península Ibérica– y la invasión musulmana en el año 718, el Imperio carolingio estableció una marca defensiva como frontera meridional con Al-Ándalus. Esto supuso la ocupación por los francos durante el último cuarto del siglo VIII de las actuales comarcas pirenaicas, de Gerona y, en el 801, de Barcelona. Este antiguo territorio visigodo se organizó políticamente en diferentes condados dependientes directamente del rey franco.

Wifredo «El Velloso», un aliado de Carlos «El Calvo»

Conforme el poder central del Imperio se debilitaba en el siglo X, los condados catalanes, que estaban vertebrados por Barcelona, Gerona y Osona, fueron progresivamente desvinculándose del poder de los francos. En el año 987, el conde Borrell II fue el primero en no prestar juramento al monarca de la dinastía de los Capetos, pero se sometió en vasallaje al poderoso Califato de Córdoba. En este punto, las leyendas nacionalistas sitúan erróneamente al noble Wifredo «El Velloso» –el último conde de Barcelona designado por la monarquía franca– como el artífice, no ya de la independencia de los condados catalanes sino también del nacimiento de Cataluña y sus símbolos.

Como hicieron los cronistas castellanos con «El Cid Campeador», los nacionalistas catalanes recurrieron a un personaje real, que debió gozar de gran importancia en su tiempo pero del que se conocen pocos datos históricos, para moldear su biografía y cubrir los grandes huecos con datos legendarios. Wilfredo pertenecía a un linaje hispanogodo de la región de Carcasona (la mitología catalana fija su nacimiento en la inmediaciones de Prades, en el condado de Conflent, actualmente en el Rosellón francés). En el año 873 heredó el Condado de Urgel tradicionalmente en manos de su familia. Aprovechando la fallida rebelión del Conde de Barcelona Bernardo de Gothia contra Carlos «El Calvo», la fidelidad de Wilfredo hacia el monarca le hizo ganarse como premio el resto de condados. El noble fue el primero en aglutinar a la vez todos los títulos de los condados catalanes, siendo el fundador de la dinastía de la Casa de Barcelona.

Sin embargo, Wifredo «El Velloso», que había recibido los títulos por mediación de los francos, no buscó nunca la independencia de los condados y, por supuesto, no configuró ninguna nación catalana ni nada parecido. Fue con la Capitular de Quierz –promulgada el 14 de junio de 877 por Carlos «El Calvo»– cuando se sembró el auténtico germen de la separación de los condados catalanes del Imperio carolingio. Esta orden real estableció la heredabilidad de los honores otorgados por la corona. Es decir, que a la muerte de Wifredo «el Velloso» sus títulos pasaron a sus hijos sin que fuera necesario que el Emperador del declinante Imperio carolingio eligiera al sucesor.

Lo cual no significa que se pueda hablar desde ese momento de una entidad propia y unitaria en la región catalana. En 897, a la muerte de su padre, Wifredo II Borrell se hizo cargo conjuntamente con sus hermanos Sunifredo y Miró, de los condados paternos, reservándose para él el gobierno de los condados principales, Barcelona, Gerona y Osona. No en vano, llegado el momento Wifredo Borrell viajó a Francia para rendir tributo al nuevo rey, Carlos «El Simple», donde fue investido oficialmente como conde en 899. Hubo que esperar más de un siglo más para ver la completa desvinculación de los condes de Barcelona, que terminaron aglutinando todos los títulos nobiliarios catalanes bajo una misma persona, con respecto la Corona franca.

La falsa leyenda del origen de la bandera

La falsa idea de que Wifredo «El Velloso» fue el artífice no ya de la independencia de los condados catalanes sino del nacimiento de Cataluña fue popularizada durante «la Renaixença», en el siglo XIX, por el dramaturgo Serafí Pitarra, con su frase «Fills de Guifré el Pilós, això vol dir catalans» («Hijos de Wifredo el Velloso, esto quiere decir catalanes»). Una lectura con más literatura que historia, como suele ocurrir con los relatos nacidos al abrigo del romanticismo.

Otro mito vinculado a Wifredo es el origen de la bandera de las cuatro barras rojas sobre fondo amarillo, que, en realidad, no fue usada por los Condados hasta la unión con Aragón. Según una leyenda recogida por una crónica castellana de 1492, Wifredo «El Velloso» acudió a ayudar al emperador, posiblemente a Carlos «El Calvo», durante una batalla contra los normandos. El Emperador dibujó con la sangre del noble catalán, herido en combate, cuatro barras rojas en el escudo dorado, pronunciando las célebres palabras: «Estas serán vuestras armas, conde». La historia, sin embargo, está copiada de un pasaje de la toma de Córdoba por Fernando III, donde se dice que el Rey castellano quiso premiar la valentía de uno de los caballeros empapando los dedos en la sangre del herido y dibujando en su escudo tres fajas rojas.

En realidad, el escudo de las cuatro barras probablemente lo empezó a utilizar el conde Ramón Berenguer IV, después de la unión dinástica del condado de Barcelona con el reino de Aragón, siendo el símbolo oficial del linaje a partir de su hijo, el Rey Alfonso II de Aragón.

El sanguinario contrabandista y legendario militar que dio nombre a la calle Zurbano


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  • El New York Times compara esta vía con el «Park Avenue de Manhattan» y la considera uno de los doce mejores sitios de Europa para vivir
Martín Zurbano, el militar liberal progresista riojano que dio nombre a la calle

Martín Zurbano, el militar liberal progresista riojano que dio nombre a la calle

«El Park Avenue de Manhattan». Así define el New York Times a la calle Zurbano para ensalzarla como una de las mejores doce vías de Europa en la que vivir. Las casas palaciegas, hoteles cinco estrellas y los restaurantes de postín que riegan esta zona, además de su conexión con los principales ejes de interés de la capital lograron encandilar al corresponsal del diario norteamericano en España. «Es una de las pocas calles de Madrid donde te sientes como si estuvieras en una gran capital europea», destaca en su reportaje.

Menos señoriales fueron los orígenes del hombre al que le debe el nombre esta calle. Martín Zurbano –conocido como Martín Varea, por la pedanía riojana en la que nació en 1788– fue un agricultor y contrabandista que se labró una fama legendaria como militar liberal progresista. Comenzó su carrera luchando en la Guerra de Independecia contra las tropas de Napoleón en 1808. Después participó en la resistencia liberal contra los Cien Mil Hijos de San Luis, motivo por el que sufrió duras represalias.

Pidió el indulto, que le fue concedido con la condición de que regresara a su trabajo como agricultor. Una cláusula que cumplió hasta que se desató la Guerra Carlista. En verano de 1835 creó una tropa del bando isabelino conocida como el «Batallón de Voluntarios de La Rioja-alavesa». Su peculiar y sangrienta forma de asaltar a los comandos carlistas comenzó a forjar una leyenda fabulosa en torno a su figura.

Duro. Incansable. Pone en jaque a cuanta tropa carlista sale a su paso. Su táctica consiste en asaltar por sorpresa a pequeños grupos y pueblos opositores. Trae la esperanza al bando liberal cuando captura a numerosos oficiales , incluido el general Velastegui. Pronto es ascendido y alabado por el general Espartero. Cuando termina la contienda obtiene el grado de Mariscal de Campo, ya que su participación en la toma de Morella fue clave. También interviene en los sucesos previos al bombardeo de Barcelona de diciembre de 1842. Sitia al ejército sublevado de Prim en Reus y acaba por tomar la ciudad.

Mientras Espartero es regente de España, el renombre de Zurbano entre los altos mandos militares no deja de aumentar. Sin embargo, no goza de tal prestigio entre la tropa. Los soldados cansados de su despotismo deciden abandonarle antes de llegar a Madrid. Su tropa se une a la de Ramón María Narváez y con ello se da por finalizado el gobierno progresista de su protector.

Tras varios años en el exilio, en 1844 regresa a la Península para apoyar a Espartero en una nueva rebelión. Según pasan las horas se va percatando de que no conduce a nada aquel arrebato. Por ello, decide refugiarse en los montes de Cameros, en La Rioja. Finalmente lo encuentran escondido, según distintas fuentes, en la casa de un fiel amigo, en un corral a las afueras de un pueblo o en una cueva. El 21 de enero de 1845, junto a sus dos hijos, Benito y Feliciano, es fusilado en el muro del Monasterio de Balbuena, en Logroño.

La absurda tradición que provocaba el caos durante el 1 de mayo en Nueva York


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  • Durante el «día de la mudanza», miles de alquilados cambiaban de residencia a toda prisa destrozando todo aquello que entorpeciera su camino
Wikimedia El «moving day» era una tradición considerada «absurda» por muchos estadounidenses

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El «moving day» era una tradición considerada «absurda» por muchos estadounidenses

Las tradiciones son, en ocasiones, tan inexplicables como absurdas. Y si hay alguien que no crea esta afirmación, no tiene más que retrasar el calendario 200 años y observar cómo, cada uno de mayo, los estadounidenses provocaban el caos en Nueva York durante el «Moving Day». Más conocido en tierras españolas como el «Día de la mudanza», esta jornada generaba una incesante procesión de carros de caballos llenos de objetos debido a que finalizaba el contrato de aquellos inquilinos que vivían una casa alquilada. Por ello, todos esperaban a aquel momento para buscar una vivienda nueva en la que residir y a la que llevar todas sus pertenencias. El caos, en definitiva, estaba asegurado.

Para hallar el origen del «Moving Day» es necesario viajar en el tiempo hasta otro uno de mayo, aunque de 1526. Fue precisamente esa jornada cuando un grupo de colonos holandeses hicieron las maletas (literalmente) y partieron hacia Manhattan.

Apenas un mes después, tras de su llegada al lugar, usaron el desconocimiento de los nativos americanos para comprarles la isla a cambio de una miseria (dice la leyenda que 60 florines, unos 900 euros actuales) y asentarse en la región. La adquisición debió parecerles grata e hilarante, pues decidieron convertirla en tradición.

De esta forma nació, según afirma la web «The Moving Day» (creada para una exposición acaecida en 2006 sobre aquella jornada) el «Día de la mudanza». Sin embargo, la curiosa práctica (inocente cuando la ciudad no era demasiado grande) se terminó transformando en un auténtico vendaval de carros, objetos y personas un siglo después debido al aumento masivo de la población. A su vez, tampoco ayudó a la tranquilidad general el que los caseros eligieran por tradición ese día para que terminara el contrato de arrendamiento de sus inquilinos.

El caos hacía que esta práctica no fuese apreciada por todos. «Parece que los ciudadanos de Nueva York que no poseen domicilio se sienten obligados el uno de mayo, por alguna influencia misteriosa, a cambiar de residencia. Ese parece ser el caso de este año», señalaba en uno de sus reportajes el «The New York Times» en una de sus noticias del 30 de abril.

De la misma opinión era el alcalde la ciudad quien, apenas 12 meses después, no tuvo reparos en mostrar su disconformidad con esta tradición en una misiva. Aunque eso sí, debido a los destrozos producidos por la población. «La destrucción de las casas y tiendas bajas es horrible. Pedradas, vigas caídas… No hay seguridad en las aceras».

Esta visón de lo sucedido era compartida también por aquellos que residían fuera de la ciudad, quienes se sorprendían sobremanera con aquella práctica que no habían visto nunca en sus regiones de origen.

«Nunca supe de una ciudad en estado más caótico. Todas las calles han perdido su carácter de vías al estar ocupadas por largas procesiones de carros, carretas y vehículos homogéneos cargados de peligrosas pilas de objetos. No hemos avanzado nada en lo que se refiere a nuestra etapa nómada o migratoria», explicaba el conocido abogado George Templeton Strong en una artículo a principios del SXIX.

Un informe policial prueba el asesinato de Lorca por homosexual y masón


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  • Señala que «fue pasado por las armas» en Viznar (Granada) «después de haber confesado»
abc Federico García Lorca

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Federico García Lorca

Un informe de 1965 de la Jefatura Superior de Policía de Granada revela que Federico García Lorca fue asesinado junto a otra persona y define al poeta como «socialista y masón», a la vez que le atribuye «prácticas de homosexualismo».

El documento, al que han tenido acceso la Ser y eldiario.es, fue redactado por la tercera brigada regional de investigación social de dicha Jefatura y en su asunto se lee: «Antecedentes del poeta Federico García Lorca».

En el mismo, fechado en Granada el 9 de julio de 1965, se señala que Lorca era «un masón perteneciente a la logia ALHAMBRA en la que adoptó el nombre simbólico de HOMERO, desconociéndose el grado que alcanzó en la misma».

El texto asegura que el poeta «estaba conceptuado como socialista por la tendencia de sus manifestaciones y por lo vinculado que estaba a Fernando de los Ríos, como también por sus estrechas relaciones con otros jerifaltes de igual signo político».

Además, indica que «estaba tildado de prácticas de homosexualismo, aberración que llegó a ser voxpópuli, pero lo cierto es que no hay antecedentes de ningún caso concreto».

En el documento se asegura que Lorca fue detenido en la vivienda de sus amigos, los hermanos Rosales, donde se había refugiado, y que el lugar fue rodeado «con gran aparato por Milicias y Guardias de Asalto».

El informe policial afirma que el poeta «fue sacado del Gobierno Civil por fuerzas dependientes del mismo y conducido en un coche al término de Viznar (Granada) y en las inmediaciones del lugar conocido como “Fuente Grande”, en unión de otro detenido cuyas circunstancias personales se desconocen, fue pasado por las armas después de haber confesado».

También revela que fue «enterrado en aquel paraje, muy a flor de tierra, en un barranco situado a unos dos kilómetros a la derecha de dicha “Fuente Grande”, en un lugar que se hace muy difícil de localizar».

Fuentes del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte han señalado a Efe que no tienen constancia de este documento, pero están tratando de localizarlo, a raíz de las últimas informaciones aparecidas en los medios.

23 de abril – Dia Internacional del Libro


El día 23 de abril fue elegido como “Día Internacional del Libro”, pues coincide con el fallecimiento de Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega en la misma fecha en el año 1616. (Realmente no es tal fecha: Cervantes falleció el 22 y fue enterrado el 23, mientras que Shakespeare murió el 23 de abril del calendario juliano, que corresponde al 3 de mayo del calendario gregoriano). En esta fecha también fallecieron William Wordsworth (en 1850) y Josep Pla (en 1981).

La Unión Internacional de Editores propuso esta fecha a la Unesco, con el objetivo de fomentar la cultura y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor. La Conferencia General de la Unesco la aprobó en París el 15 de noviembre de 1995, por lo que a partir de dicha fecha el 23 de abril es el “Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor”.

Anexamos una interesante infografia sobre los libros

infografia-libro

10 anécdotas curiosas de escritores hispanos

(by Iberlibro.com)

Disfrutad con las siguientes anécdotas literarias, todas ellas protagonizadas por autores hispanos. ¡No les falta ingenio!

1. Jorge Luis Borges, mientras ejercía como profesor en la universidad, preguntó a una alumna su opinión sobre Shakespeare, a lo que ella contestó:

—Me aburre. Al menos lo que ha escrito hasta ahora.

—Tal vez Shakespeare todavía no escribió para vos. A lo mejor dentro de cinco años lo hace.

2. Camilo José Cela acababa de ser anunciado como ganador del Premio Nobel. Un periodista le preguntó:

—¿Le ha sorprendido ganar el premio Nobel de Literatura?

—Muchísimo, sobre todo porque me esperaba el de Física.

3. Jacinto Benavente recibió la visita de un conocido suyo, que no tenía gran éxito como dramaturgo. Durante el recorrido por la casa, el invitado quedó asombrado por la amplia biblioteca que poseía el escritor y exclamó:

—¡Vaya, Don Jacinto! Con tantos libros ya se pueden escribir buenas comedias.

—Pues adelante, amigo mío, están a su disposición.

4. Miguel de Unamuno conversaba con Alfonso XIII tras recibir de su mano la Gran Cruz.

—Me honra, Majestad, recibir esta cruz que tanto merezco.

—¡Qué curioso! La mayoría de los galardonados aseguran que no se la merecen.

—Señor, en el caso de los otros efectivamente no se la merecían.

5. Emilio Carrere acostumbraba a ser impuntual en su empleo en el Tribunal de cuentas, en Madrid. Un día, su jefe inmediato lo llamó y le dijo:

—Mire usted, Carrere, con esa manía de retrasarse, va a llegar un momento en el que se presentará usted todos los días al día siguiente.

6. Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán mantuvieron una relación amorosa pero, según se cuenta, tuvieron por lo menos un divertido roce al cruzarse en una escalera.

—¡Adiós, viejo chocho! —dijo ella.

—¡Adiós, chocho viejo!

7. Ramón de Campoamor concluyó de la siguiente manera su disculpa por no poder asistir a una invitación en casa de Antonio Cánovas del Castillo.

—Recuerdos a don Antonio, a quienes unos envidian el talento, otros la casa y todos la mujer.

8. Antonio Alcalá Galiano se encontró con una conocida que no veía hacía más de 20 años.

—Don Antonio, le encuentro muy viejo.

—Tampoco usted está más joven. Le ocurre lo que a los que se embarcan por vez primera: que cuando el barco comienza su singladura les parece que es la tierra la que se va de ellos, y que ellos no se mueven.

9. Jorge Luis Borges estaba siendo entrevistado en Roma por un periodista que trataba de provocarlo.

—¿En su país todavía hay caníbales?

—Ya no. Nos los comimos a todos.

10. Jacinto Benavente estaba elogiando la figura de Ramón del Valle-Inclán en una de sus habituales tertulias, cuando alguien le dijo:

—Pues Don Ramón no opina lo mismo de usted.

—A lo mejor estamos equivocados los dos.