El gran ojo cósmico cumple 25 años


El Mundo

«¿Estamos solos? Por primera vez en la Historia de la Humanidad tenemos al alcance una respuesta a esa pregunta». El astrofísico Mario Livio resume así en la revista Nature cómo las observaciones realizadas por los telescopios espaciales han revolucionado el conocimiento astronómico, sentando las bases para comenzar a buscar vida fuera de la Tierra.

Fue el telescopio Hubble el que, hace ahora 25 años, abrió una nueva ventana al Universo, observando desde el espacio como nunca antes se había hecho galaxias muy lejanas, planetas, asteroides, cometas o el nacimiento y muerte de estrellas. Imágenes que han transformado el conocimiento astronómico y han fascinado al público. Desde revistas y periódicos, a portadas de libros e incluso carátulas de discos, como Binaural, de Pearl Jam, las bellas fotografías tomadas por este telescopio pionero situado a unos 600 kilómetros de la Tierra se han ido haciendo un hueco en el imaginario colectivo. El crítico de arte británico Jonathan Jones ha llegado a definirlas como «las obras de arte más bellas de nuestra época».

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NASA

«Creo que el Hubble ha hecho más por la astronomía que ninguna otra misión. Y no sólo por su contribución a ese campo de la ciencia, sino por la percepción que el público tiene sobre la astronomía. Mucha gente se acercaba a hablar conmigo simplemente porque había visto una foto del Hubble en la prensa, y estaban fascinados por poder ver galaxias distantes, estrellas y planetas como los que el telescopio había medido», recuerda el astrónomo suizo Willy Benz, director del Instituto de Física de la Universidad de Berna. «Ha sido y todavía sigue siendo una gran misión», afirma durante una entrevista con EL MUNDO.

La NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA), que ha colaborado con EEUU en esta multimillonaria misión, celebran esta semana 25 años de fascinantes descubrimientos del Hubble, cuya construcción fue aprobada en 1977 por el Congreso de EEUU y completada en 1985. Desde hoy y hasta el domingo la emblemática Times Square de Nueva York proyectará cada hora en sus pantallas fotografías tomadas por el Hubble. Se celebrarán diversos actos conmemorativos y conferencias y el 23 de abril se dará a conocer una imagen inédita del Hubble elegida para festejar el aniversario.

«Para los científicos ha sido revolucionario porque ha contribuido en todas las áreas de la astronomía. Pero también ha conseguido cautivar a la gente, pues al ser el primer telescopio espacial que observaba en el óptico, es decir, la luz visible, como nuestros ojos, ha sido el más mediático», señala Pedro García Lario, astrónomo de la ESA. «La diferencia entre un telescopio espacial y uno terrestre es que conseguimos imágenes con mucha más nitidez, hasta diez veces más, que las que se obtienen desde tierra. Además, en el espacio no existe el problema de los cielos nublados, no hay contaminación lumínica ni hay que esperar a que sea de noche», añade. Además del rango visible, el Hubble también observa en ultravioleta e infrarrojo cercano.

Pero esta historia de éxito no tuvo un buen comienzo. En primer lugar, su lanzamiento, a bordo de un transbordador espacial (shuttle) fue pospuesto en 1986 tras el accidente mortal del Challenger, en el que fallecieron los siete astronautas que conformaban su tripulación. Todas las misiones programadas para el shuttle quedaron en espera por seguridad mientras se investigaban las causas del accidente. Por fin, el 24 de abril de 1990, el telescopio fue lanzado a bordo del transbordador Discovery. Pero apenas dos meses después, con las primeras fotografías que llegaban del Hubble llegó también la decepción: las imágenes que mandaba estaban borrosas debido a un error en el diseño de su óptica, que provocó que la forma del espejo principal fuera defectuosa.

La NASA se puso entonces manos a la obra para intentar solventar el problema del telescopio en el que, hasta ese momento, habían invertido ya unos 2.000 millones de dólares. La reparación fue posible gracias a la particular manera en la que había sido diseñada la misión: «El Hubble se concibió para que durara un mínimo de 15 años. La ventaja es que trabajaba en una órbita accesible para los transbordadores, de modo que estaba previsto que a lo largo de los años, los astronautas le hicieran visitas para llevar a cabo reparaciones y reemplazar sus instrumentos», recuerda García Lario. «Para corregir el problema óptico del espejo principal se diseñó una misión en la que los astronautas le colocarían una especie de gafas», señala.

«Se hizo en un tiempo récord. Hubo un concurso de ideas para seleccionar una misión, que fue muy complicada. Un proyecto así normalmente tarda 10 años, pero en sólo tres años y medio se fabricaron unas lentes especiales para recuperar la capacidad del telescopio, se lanzó un shuttle que subió el nuevo instrumento, se calibró y funcionó. Fue uno de los grandes éxitos tecnológicos del Hubble», explica J. Miguel Mas Hesse, investigador del Departamento de Astrofísica del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA). El 23 de abril, el científica repasará el legado de este observatorio durante una a conferencia en el Planetario de Madrid abierta al público.

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Los astronautas de la NASA, durante una misión

‘Bricolaje’ espacial

A lo largo de este cuarto de siglo, los astronautas de la NASA han completado un total de cinco misiones de servicio (en 1993, 1997, 1999, 2002 y 2009) para realizar tareas de mantenimiento o colocar nuevos instrumentos. Las imágenes de los astronautas fuera de la nave, flotando en el espacio mientras realizan sus paseos para hacer bricolaje en el Hubble -una complicada tarea para la que se necesita mucha preparación-, fascinaron también a los ciudadanos e inspiraron películas. ¿Ha visto Gravity? El telescopio que están reparando los astronautas interpretados por George Clooney y Sandra Bullock cuando se ven sorprendidos por una tormenta de basura espacial es el Hubble.

La historia de este observatorio ha estado muy ligada a la del transbordador. Por ello, con la jubilación de la flota, en 2011, se acabó la posibilidad de seguir ampliando su vida útil. Se decidió que seguiría en órbita hasta aproximadamente 2020 para que, al menos durante un par de años, trabajara conjuntamente con el telescopio que le sucederá, el James Webb, cuyo lanzamiento está previsto para 2018. Su espejo principal tendrá 6,5 metros de diámetro, frente a los 2,4 metros del Hubble.

Sus órbitas también son distintas: «James Webb estará en órbita alrededor de L2, que es un punto del sistema Sol-Tierra situado a un millón y medio de km de la Tierra en la dirección opuesta al Sol, mientras que Hubble orbita alrededor de la Tierra (una vez cada 97 minutos) a una altura de 600 km», compara García. Será lanzado desde la Guayana francesa a bordo del Ariane, un cohete europeo.

«El Hubble nos ha permitido vislumbrar las primeras estrellas del Universo. Gracias a él sabemos que existen, aunque las imágenes que ha tomado son de mala calidad. El James Webb va a permitir observarlas con mucha más nitidez», apunta Mas Hesse, que trabaja con sus datos desde 1994.

El Hubble fue bautizado con ese nombre en honor a Edwin Hubble (1889- 1953), el astrónomo que, entre otras contribuciones, determinó que la Vía Láctea no era la única galaxia en el Universo. Y con sus hallazgos, este telescopio ha cambiado nuestra visión del Universo. «Hemos podido observar galaxias muy lejanas y ver el Universo cuando sólo tenía 1.000 millones de años. Ahora, con James Webb vamos a dar un otro paso hacia atrás para ver galaxias cuando estaban formándose. También ha confirmado que en el corazón de muchas galaxias existen agujeros negros supermasivos», enumera García Lario.

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‘Los pilares de la Creación’ es una de sus fotos más famosas. Muestra la Nebulosa del Águila. NASA

La energía oscura

De entre todos sus descubrimientos, Mas Hesse destaca «sin duda, el de la energía oscura. Cuando se lanzó, ni siquiera se sabía que existía. Buscando otra cosa nos hemos encontrado con que la energía oscura está provocando que la expansión del Universo se acelere».

El Hubble también ha estudiado de qué está hecho el Universo (determinando que está compuesto en un 73% de energía oscura, un 23% de materia oscura y un 4% de materia ordinaria) y su edad. «La última estimación es que tiene 13.700 millones de años», señala García Lario, experto en evolución y muerte estelar o, como se define él «geriatra de estrellas», un campo al que también ha contribuido decisivamente.

«Con el Hubble hemos podido medir por primera vez las propiedades de las atmósferas de exoplanetas (planetas fuera del Sistema Solar) y tuvimos la primera imagen directa de uno de ellos [de Formalhaut b]. Antes de su lanzamiento, no sabíamos que existían», dice Mass. Y es que no fue hasta 1995 cuando los suizos Michel Mayor y Didier Queloz descubrieron el primer exoplaneta. En 2009 la NASA lanzó el telescopio espacial Kepler con la misión de buscar planetas fuera del Sistema Solar.

Según destaca García, la ESA aporta el 15% del presupuesto anual del Hubble. Del centenar de científicos que hay en la sede de Baltimore, 15 son europeos:«A cambio de esa contribución, los astrónomos europeos tenemos derecho al 15% del tiempo de observación, aunque debido a la calidad de las propuestas, hemos llegado al 25%», asegura.

Hay varios factores que explican el impacto de este observatorio, según los astrónomos que han trabajado con él: «La calidad de las observaciones es excelente y la NASA ha dedicado mucho esfuerzo, además, a sacar imágenes que también fueran atractivas. El presupuesto ha sido lo suficientemente alto como para que todos los datos estén archivados y puedan difundirse», dice Mas.

Una misión de 10.000 millones de dólares

Su longevidad, la rapidez con la que suministra los datos, su completo archivo, y los equipos de astronautas, científicos e ingenieros dedicados al telescopio figuran entre los factores que han contribuido al éxito de esta misión, según enumera Mario Livio en su artículo sobre «el legado y las lecciones» de este observatorio en el que él trabaja y cuya continuidad estuvo en peligro en varias ocasiones debido a su alto coste, que sobrepasó con creces la previsión inicial, alcanzando los 10.000 millones de dólares. La estimación para la misión del James Webb también se quedó corta y en la actualidad se calcula que ascenderá a 8.835 millones de dólares, según la NASA. Esta cifra incluye la construcción del telescopio, el lanzamiento, cinco años de operaciones y otros dos años adicionales de análisis de datos. No obstante, se espera que su misión dure más de cinco años, pues está preparado para operar, al menos, durante una década.

«El Hubble nos ha enseñado que para responder a las preguntas más fascinantes de astronomía debemos pensar en grande y colocar las ambiciones científicas por delante de las preocupaciones presupuestarias. Desde mi punto de vista, la siguiente prioridad debería ser buscar vida más allá del Sistema Solar», dice Livio.

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