La ESA comienza el plan de reactivación de Philae


El Confidencial

  • El módulo Philae lleva en silencio desde el pasado mes de noviembre, cuando aterrizó sobre el cometa 67P. Los científicos esperan que el Sol cargue sus baterías y lo despierte, pero siguen a la espera

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La sonda Rosetta de la Agencia Espacial Europea sigue sin contacto con Philae horas después de encender este jueves el receptor con el que espera contactar con el módulo, que hizo historia hace cuatro meses al aterrizar sobre un cometa.

Según informaron a Efe fuentes del centro de control de operaciones de la ESA en Darmstadt (Alemania), el receptor fue encendido a la 01.00 GMT y todavía no se ha recibido ninguna señal del módulo Philae, que entró en hibernación por falta de energía 57 horas después de posarse sobre el cometa 67/P Churyumov-Gerasimenko.

La línea de comunicación quedará abierta hasta el próximo 20 de marzo, aunque las esperanzas de entablar comunicación con el módulo no son grandes. “Es todavía demasiado pronto. La posibilidades de recibir una señal de Philae en junio o julio son mucho mayores y entonces se volverá a intentar”, explicó a Efe Gerhard Schwehm, exdirector de la misión Rosetta.

Philae se posó sobre el cometa el pasado 12 de noviembre tras tres aterrizajes y dos rebotes, lo que hizo que no cayera en el punto programado y que quedara en una zona oscura y rocosa, sin la luz necesaria para cargar las baterías y trabajar de forma autónoma.

Más de 45 grados bajo cero y 5,5 vatios

Según la información facilitada por el Centro Aeroespacial Alemán (DLR), a cargo de Philae, en estos momentos el módulo recibe el doble de energía solar que el pasado noviembre. El cometa se encuentra ahora a “solo 300 millones de kilómetros del sol” y, aunque puede ser que Philae no tenga todavía la suficiente energía, merece la pena intentar el contacto.

Philae sobre el cometa 67P (Foto: Agencia Espacial Europea)

Para que comience a funcionar sobre el cometa, el interior del módulo debe superar los 45 grados celsius bajo cero y debe ser capaz de generar al menos 5,5 vatios a partir de sus paneles solares. En cuanto Philae constate que está recibiendo más de esos 5,5 vatios y que su temperatura supera el límite se encenderá para intentar recargar sus baterías. Cuando lo logre, encenderá sus receptores cada 30 minutos a la espera de una señal de Rosetta.

En estos momentos los responsables del programa todavía no saben si Philae sigue dormido, ha despertado o incluso si ha conseguido encender sus receptores, pero Rosetta ha comenzado a enviarle señales con la esperanza de obtener una respuesta.

“La probabilidad es muy pequeña”

“Las probabilidad es muy pequeña”, insistió Schwehm, quien apostó por la paciencia a pesar de comprender la expectación del mundo científico. Él tiene puestas sus esperanzas en los meses de junio y julio, cuando el cometa se encontrará más cerca del sol y cuando se prevé que el módulo, cuya localización exacta no se conoce, reciba de forma más directa los rayos solares.

Los primeros datos que se esperan de Philae estarán relacionados con su “estado de salud”, cómo se encuentran sus baterías recargables, cuál es su temperatura o cuánta energía está recibiendo, explica el Centro Aeroespacial Alemán. De esos datos dependerá los trabajos científicos y los experimentos con los diez instrumentos que lleva a bordo el módulo; si las baterías no pueden acumular la suficiente energía, la luz solar que reciba durante el día determinará si es necesario limitar las mediciones previstas en el cometa.

Un día en el cometa 67/P Churyumov-Gerasimenko dura 12,4 horas y los científicos creen que en estos momentos Philae se encuentra expuesto a la luz solar durante 1,3 horas.

Los humanos ocuparon las selvas tropicales hace 20.000 años


ABC.es

  • El análisis de dientes fosilizados hallados en Sri Lanka adelanta en más de 12.000 años la entrada del hombre en ese ecosistema
Patrick Roberts El equipo de investigadores en las selvas de Sri Lanka

Patrick Roberts
El equipo de investigadores en las selvas de Sri Lanka

Los humanos empezaron a ocupar las selvas tropicales hace unos 20.000 años. Hasta ahora se creía que los primeros humanos modernos se adaptaron a vivir en la selva durante largos periodos de tiempo hace unos 8.000 años, en el Holoceno temprano. Para datar con precisión la presencia del hombre en esos bosques tropicales hasta ese momento vírgenes, los investigadores han analizado fósiles de dientes pertenecientes a 26 individuos que habitaron Sri Lanka, según cuenta la revista «Science».

Los investigadores de la Universidad de Oxford, en colaboración con un equipo de Sri Lanka y la Universidad de Bradford, analizaron los isótopos de carbono y oxígeno en las muestras de dientes -todos ellos excavados en tres sitios arqueológicos en Sri Lanka-, de las cuales las más antiguas se remontan a 20.000 años y las más recientes a 3.000 años atrás. Y encontraron que casi todos los dientes analizados sugieren una dieta en gran parte procedente de la selva tropical.

El análisis de los dientes mostró que todos los individuos tenían una dieta procedente de entornos ligeramente abiertos, o sea, selva tropical intermedia, mientras que sólo dos de ellos mostraron claramente la huella reconocible de una dieta basada en los pastizales abiertos. Precisamente estos dos dientes son los más recientes, datados hace unos 3.000 años, al inicio de la Edad de Hierro, cuando la agricultura empezó a desarrollarse en la región.

Adaptación a ambientes extremos

Patrick Roberts, del Laboratorio de Investigación de Arqueología e Historia del Arte de la Universidad de Oxford, y autor principal del estudio, explica que «este es el primer estudio que prueba hasta qué punto los humanos primitivos dependían de la selva para su dieta. Los resultados son significativos en tanto que revelan que los primeros humanos en Sri Lanka eran capaces de vivir casi en su totalidad de la comida que se encuentra en la selva sin la necesidad de moverse a otros lugares. Y demuestran también que nuestros primeros antepasados humanos fueron claramente capaces de adaptarse con éxito a diferentes ambientes extremos».

Asimismo, la investigación arqueológica sitúa mucho antes de lo que se creía el momento en que las selvas tropicales dejaron de ser lugares prístinos y vírgenes. En este sentido, el estudio apunta también a que hay indicios de la posibilidad de que los humanos ocuparan incluso antes estos bosques húmedos, hace alrededor de unos 45.000 años, pero en este caso se trataría de incursiones por periodos limitados de tiempo o para alguna actividad en concreto.


Julia Lee-Thorp, de la Universidad de Oxford y coautora del estudio, explica que «la metodología isotópica aplicada en nuestro estudio ya se ha utilizado con éxito para estudiar cómo los primates, incluidos los grandes simios africanos, se adaptan a su entorno forestal. Sin embargo, esta es la primera vez que los científicos han investigado antiguos fósiles humanos en un contexto de selva tropical para ver cómo sobrevivieron nuestros primeros ancestros en un hábitat así». Ahora, falta saber si ocurrió igual en otras zonas del planeta. «Nuestra investigación proporciona un calendario claro que muestra el profundo nivel de interacción que los primeros humanos tenían con la selva tropical en el sur de Asia. Necesitamos más investigación para ver si este patrón también fue seguido en otros ambientes similares en el sudeste de Asia, Melanesia, Australasia y África», matiza Mike Petraglia, profesor en la Universidad de Oxford.

Hércules, el héroe «que más hechos señalados hizo en España» según Alfonso X el Sabio


ABC.es

  • Uno de los doce trabajos condujo al hijo de Zeus hasta la Península, donde dejó una huella aún visible en el escudo de Andalucía o en La Coruña
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efe La Torre de Hércules, en La Coruña

¿Qué hace un héroe mitológico como Hércules en el escudo de Andalucía? ¿Y en el de la ciudad de Cádiz? ¿Por qué sus famosas columnas figuran en el escudo de España? ¿Y por qué da nombre a la Torre patrimonio de la humanidad de La Coruña? El vínculo del legendario Hércules (el Heracles de los griegos) con la Península Ibérica es tan antiguo como la «Teogonía» escrita por Hesíodo en el siglo VII o VIII a. C. En aquella obra poética sobre el origen de los dioses ya se ubicaba uno de los famosos trabajos de Hércules en la isla de Eritia o Eritea, «rodeada de corrientes», en el extremo occidental del Mediterráneo.

Hasta esa isla «más allá de las aguas inagotables, de raíces de plata, del río Tarteso», según la situaba la Gerioneida un siglo después, el héroe llegó para cumplir su décimo trabajo. Hércules debía robar las «vacas rojas» de Gerión, un ser monstruoso de tres cuerpos. «¿Son bueyes o son vacas? En realidad, las fuentes utilizan el término bóes, sustantivo masculino tanto como femenino», explica Francisco Sánchez Jiménez.

El profesor de Historia Antigua de la Universidad de Málaga señala que «desde la perspectiva de la geografía mítica, los griegos establecieron una serie de tópicos relativos a Tarteso y luego a Iberia, según los cuales era un territorio de proverbial riqueza y de antiquísima cultura. De otra parte, es la Península el escenario privilegiado para los grandiosos trabajos de los héroes en tanto que límite extremo del mundo conocido».

Una vez llegado al punto en el que África y Europa se unían, cuenta la leyenda que el hijo de Zeus abrió un estrecho para comunicar el mar con el gran océano y acceder así con mayor facilidad a la isla de Eritia (que algunos identifican con la actual Sancti Petri), próxima a Cádiz. A ambos lados del estrecho erigió dos columnas, las famosas Columnas de Hércules, que servirían de límite y separación de dos continentes y del Mediterráneo y el Océano Atlántico. Otras versiones señalan que las columnas son en realidad dos montes a cada lado del estrecho. «El mito de la fijación de las Columnas es un tema riquísimo que nace de la necesidad de delimitar la esfera del mundo conocido así como de señalar la frontera de lo humanamente posible», señala Francisco Sánchez que cita a Píndaro como fuente principal.

En Cádiz existió un santuario en Sancti Petri dedicado a Melkart, el dios protector fenicio de origen cananeo, con dos altas columnas, que sufrió un proceso de fuerte helenización ya desde finales del siglo IV a.C.. El profesor de la Universidad de Málaga señala cómo este proceso se constató con la introducción de elementos como la decoración de las puertas con los trabajos de Hércules y con «transformaciones importantes en el culto del dios que quizás desembocaron ya en época romana en un completo sincretismo». Melkart pasó a identificarse con Hércules y el lugar se convirtió en el Heracleion gaditano, donde, según la «Chorographia» de Pomponio Mela, existía una tumba de Hércules.

¿La tumba de un dios? «La presencia de un sepulcro heroico, como epicentro de un espacio sagrado, un “herôon”, no repugna a la religiosidad griega; ni la ambigüedad siempre presente en la figura de Heracles, su doble naturaleza divina y humana. Su muerte en la pira del Eta y su también divinización y entrada de pleno derecho en el Olimpo no debió crear rechazo alguno entre los visitantes griegos y romanos del santuario», afirma el profesor de Historia Antigua.

Tras robar el ganado a Gedión, la leyenda cuenta que el héroe se adentró por el Guadalquivir hasta llegar al lugar donde hoy se encuentra Sevilla y allí levantó seis altos pilares para deliminar la ciudad que después construiría Julio César.

Andalucía aún hoy recuerda estas leyendas de las que fue escenario en el escudo de la comunidad, que aún esconde el «Hercules fundator dominatorque», y en el propio de la ciudad de Cádiz, así como en otros elementos como la Alameda de Hércules en Sevilla.

La fundación de La Coruña

En el otro extremo del país, la Torre de Hérculesde La Coruña también hace honor en su nombre a otra leyenda que lleva las andanzas del héroe a tierras gallegas. Hasta allí habría perseguido el hijo de Zeus al tirano Gerión para darle muerte. Para conmemorar su victoria, levantó una gran torre donde «fizo meter la cabeça de Gerion en el cimiento», según la «Estoria de Espanna» de Alfonso X el Sabio. El héroe mandó que en el lugar se levantara una ciudad a la que llamó «Crunna» (Coruña) por ser éste el nombre de su primera pobladora.

No fue la única ciudad cuyos orígenes míticos se achacan al fornido Hércules. Además de Heraclea, un topónimo bastante común en la Antigüedad con el que se denominó a Carteia, en la bahía de Algeciras, según cita Estrabón, «la historiografía española, desde sus inicios, se preocupó por destacar, como vehículo de propaganda, la fundación hercúlea de una serie de ciudades entre las que destacan Sevilla (Híspalis), Cádiz y La Coruña, pero podríamos mencionar otras como Tarazona, Seo de Urgel y Barcelona», explica Sánchez. Todas ellas aparecen citadas en las crónicas alfonsinas, que continúan y amplían las hazañas de Hércules en la Península relatadas por Rodrigo Jiménez de Rada en «De rebus Hispaniae».

«Al menos desde el siglo XIII, la monarquía castellana demuestra un singular interés por dotar al territorio hispano de unos orígenes míticos y, por lo tanto, de una vinculación firme con el mundo antiguo y en especial grecorromano», asegura el experto en Historia Antigua.

Son muchos los factores que convierten a Hércules en protagonista idóneo de los mitos fundacionales de la historia de España, según Sánchez. Paradigma de héroe griego, la importancia de su figura le permite permanecer en el imaginario histórico rescatado por las monarquías medievales y renacentistas. Además, se ve como un famoso general que al frente de su poderoso ejército va extendiendo el ámbito de la civilización hasta los más lejanos extremos del mundo. Este tratamiento de su mitología, apunta el profesor, «se adapta muy convenientemente a las necesidades del mensaje integrador de nuestros monarcas». Y a todo ello se suma «la ubicación en nuestras costas meridionales, universalmente aceptada, de las Columnas y la importancia “real” de su culto en el santuario a él dedicado en las cercanías de Cádiz», añade.

En la Historia de Alfonso X el Sabio, se señala que Hércules fue «el hombre que más hechos señalados hizo en España», desarrollando una conquista y repoblación, espejo del esfuerzo emprendido por la monarquía castellana en el siglo XIII, explica Sánchez. Establece además una conexión «genealógica» de transmisión del poder («y puso en cada lugar hombres de su linaje»), que culmina con la cesión del territorio a su sobrino Espan, «por quien la Península mudó su nombre de Esperia a Espanna», apunta el experto malagueño.

«Más que de “creencias”, debemos pensar en clave de propaganda institucional y de utilización a su libre albedrío de la tradición mítica», añade Sánchez.

¿Estaba el jardín de las Hespérides en España?

El origen del temor a los viernes 13: La maldición de los templarios


ABC.es

  • En una fecha así, 13 de octubre de 1307, el Rey de Francia inició la persecución de los templarios que terminó con su último gran maestre lanzando una amenaza profética antes de ser quemado vivo: «No tardará en venir una inmensa calamidad para aquellos que nos han condenado sin respetar la auténtica justicia». Un año después fallecieron el Monarca galo y el Papa que lo toleró
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wikipedia | Ilustración medieval que muestra la quema de dos templarios

La aversión al número 13 está fuertemente arraigada en la cultura occidental. En la Última Cena había trece personas (doce apóstoles y Jesús), siendo Judas el traidor, el número 13. En el Apocalipsis, el capítulo 13 corresponde al anticristo y a la bestia. A su vez, la Cábala –una disciplina de pensamiento esotérico relacionada con el judaísmo– enumera a 13 espíritus malignos; al igual que las leyendas nórdicas, donde Loki, el dios de las travesuras, aparece en ocasiones citado como el invitado número 13. Por su parte, el viernes según la tradición cristiana es el día que Jesucristo de Nazaret fue crucificado. Además, algunos estudiosos de la Biblia creen que Eva tentó a Adán con la fruta prohibida un viernes y que Abel fue asesinado por su hermano Caín el quinto día de la semana. Cabe recordar que los siete días de la semana –establecidos en función del tiempo en el que transcurre un ciclo lunar– son definidos por las religiones judeo-cristianas y musulmanas como el tiempo que tardó Dios en crear los cielos y la tierra, y todo lo que hay en ellos.

El viernes, considerado por las razones anteriores un día aciago por la tradición cristiana, coincide entre 1 y 3 veces por año con el número de la mala suerte, el 13, dando lugar a la fecha más «maldita», de la que cine y literatura han dado buena cuenta. No en vano, el miedo por los viernes 13 tiene su epicentro histórico en una fecha que quedó marcada por el misterio y la traición: el viernes 13 de octubre de 1307. En la madrugada de este día, el Rey francés Felipe IV inició una brutal persecución contra la Orden de los Caballeros Templarios que provocó el arresto masivo de sus miembros.

Felipe IV persuadió al Papa Clemente V para que iniciase un proceso contra los templarios acusándolos de sacrilegio a la cruz, herejía, sodomía y adoración a ídolos paganos a través de la práctica de ritos heréticos. Especialmente humillante –bajo el prisma de la época– era la acusación de practicar actos homosexuales entre los caballeros de la Orden del Temple, que vivían a medio camino entre la austeridad de un monje y las exigencias de un guerrero. No obstante, se trataban de falsedades sin base alguna para ocultar las verdaderas causas de carácter económico. El Rey de Francia –donde los templarios vertebraban la mayor parte de la influencia y el patrimonio adquiridos durante las Cruzadas– coaligado con el papado y los dominicos ambicionaban acabar con la poderosa y acaudalada orden militar, convertida en el principal prestamista de la Corona francesa y de otros países europeos.

Las calumnias se convierten en acusaciones

Clemente V, pese a ser francés y antiguo arzobispo de Burdeos, mostró inicialmente su oposición a la guerra que Felipe IV pretendía desencadenar contra los templarios, puesto que necesitaba de su ayuda militar para iniciar una nueva cruzada en la zona de Palestina. Sin embargo, la negativa del último gran maestre, Jacques de Molay al proyecto Rex Bellator –impulsado por la Corona de Aragón para fusionar todas las órdenes militares bajo un único rey soltero o viudo– predispuso al Papa en contra de la Orden.

En 1307, Jacobo de Molay, último maestre del Temple, secundando los deseos papales de Cruzada, llegó a Francia para reclutar tropas y abastecerse de vituallas. A su paso por el país escuchó las calumnias propagadas contra su Orden por el Monarca francés. Para ello se sirvió de las acusaciones de Esquieu de Floyran, un espía al que Jaime II de Aragón había expulsado de su corte por verter falsedades contra los templarios pero que fue recibido con los brazos abiertos por el Rey galo, deseoso de provocar su caída a cualquier precio.

Ofendido por la campañade desprestigio contra la Orden del Temple, Jacobo de Molay acudió ante el Papa solicitando un examen formal para desacreditar las burdas calumnias. Accedió Clemente V a sus deseos y así se lo comunicó al Monarca francés por carta del 24 de agosto de 1307. Pero Felipe IV, quien había intentado entrar sin éxito entre las filas templarías cuando se quedó viudo, no estaba dispuesto a dilatar el asunto y cerró el puño sobre su presa. Aconsejado por su ministro Guillermo de Nogaret, Felipe IV despachó correos a todos los lugares de su reino con órdenes estrictas de que nadie los abriera hasta la noche previa a la operación: el jueves, 12 de octubre de 1307. Los pliegos ordenaban la captura de todos los templarios y la requisa de sus bienes.

El 12 de octubre de 1307, a la salida de los funerales de la condesa de Valois, el maestre Molay y su séquito fueron arrestados y encarcelados. Y durante la madrugada del viernes 13, la mayoría de los templarios franceses fueron apresados y sus bienes confiscados bajo pretexto de la Inquisición. La resistencia militar fue mínima a causa de la avanzada edad de los guerreros que permanecían en Francia. Los jóvenes se encontraban preparando la inminente cruzada en la base de Chipre.

Para mitigar el escándalo, el Rey publicó un manifiesto donde involucraba al Papa en la decisión. Cuando Clemente V se enteró de la detención, reprendió al Monarca y envió dos cardenales, Berenguer de Frédol y Esteban de Suisy, para reclamar las personas y bienes de los encausados. Tras pactar con el Papa las condiciones del proceso, Felipe IV consiguió la facultad de juzgar a los miembros franceses de la Orden del Temple y administrar la mayoría de sus bienes. No obstante, el proceso fue del todo irregular. Sin ir más lejos, los templarios habían de ser juzgados con respecto al Derecho canónico y no por la justicia ordinaria de Francia. Asimismo, Guillermo de Nogaret –mano ejecutora del Rey– estuvo bajo la excomunión formal de la Iglesia desde el principio hasta el fin de los procesos.

Una amenaza, que resultó ser una profecía

Por medio de la tortura, la Inquisición obtuvo las declaraciones que deseaba, incluso del Gran Maestre, pero estas confesiones fueron revocadas por la mayoría de los acusados posteriormente. Mientras el Papa tomaba una decisión definitiva sobre la Orden y el futuro del Gran Maestre y el resto de cargos superiores, un goteo de templarios fue pasando por la hoguera en medio de un sinfín de irregularidades y el recelo del pueblo llano. En 1314, Jacobo de Molay, Godofredo de Charney, maestre en Normandía, Hugo de Peraud, visitador de Francia, y Godofredo de Goneville, maestre de Aquitania, fueron condenados a cadena perpetua, gracias a la interferencia del Papa y de importantes nobles europeos. No en vano, encima de un patíbulo alzado delante de Notre-Dame, donde se les comunicó la pena, los máximos representantes de la orden renegaron de sus confesiones: «¡Nos consideramos culpables, pero no de los delitos que se nos imputan, sino de nuestra cobardía al haber cometido la infamia de traicionar al Temple por salvar nuestras miserables vidas!». El desafío de los líderes templarios, rompiendo lo pactado, les condenó a muerte.

Aquel mismo día, se alzó una enorme pira en un islote del Sena, denominado Isla de los Judíos, donde los cuatro dirigentes fueron llevados a la hoguera. Según se cuenta entre el mito y la realidad, antes de ser consumido por las llamas, Jacobo de Molay se dirigió a los hombres que habían perpetrado la caída de los templarios: «Dios conoce que se nos ha traído al umbral de la muerte con gran injusticia. No tardará en venir una inmensa calamidad para aquellos que nos han condenado sin respetar la auténtica justicia. Dios se encargará de tomar represalias por nuestra muerte. Yo pereceré con esta seguridad». Fuera real la frase o un adorno literario añadido posteriormente por los cronistas, la verdad es que antes de un año fallecieron tanto Felipe IV como Clemente V.

En el resto de Europa, la persecución templaria no fue tan violenta y sus miembros fueron absueltos en la mayor parte de los casos. Sus bienes, no en vano, fueron repartidos entre la nobleza o integrados en otras órdenes militares como la de los Hospitalarios.

Ganímedes, la mayor luna de Júpiter, alberga más agua líquida que la Tierra


El Mundo

  • Ganímedes, la mayor luna de Júpiter, alberga más agua líquida que la Tierra
  • El telescopio espacial ‘Hubble’ detecta la presencia de un gran océano subterráneo bajo la corteza de la mayor luna del Sistema Solar
  • El hallazgo se hizo de forma indirecta, observando la actividad de sus auroras y a través de ellas, de su campo magnético
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Recreación artística de la luna Ganímedes, con las auroras detectadas, orbitando Júpiter, al fondo.NASA

Ganímedes es la mayor luna de Júpiter y también del Sistema Solar. Y según sugieren las observaciones realizadas con el telescopio espacial Hubble, alberga un gran océano subterráneo que contiene más agua líquida que la que hay en la Tierra. La conclusión fue presentada ayer durante una rueda de prensa de la NASA en la que participaron los principales científicos que han llevado a cabo esta investigación, publicada en Journal of Geophysical Research: Space Physics.

Según sus cálculos, esta gran masa de agua salada tendría unos 100 kilómetros de profundidad (aproximadamente diez veces más que los océanos más profundos de la Tierra) y se encontraría bajo una corteza de 150 kilómetros de espesor, compuesta en su mayor parte por hielo.

Descubierta por Galileo en el año 1610, la luna gigante Ganímedes tiene un tamaño comparable al planeta Mercurio y cuenta con un campo magnético propio (es el único satélite del Sistema Solar que lo tiene) y una frágil atmósfera, muy distinta a la de la Tierra, en la cual el telescopio Hubble ya había encontrado indicios de oxígeno.

Basándose en los modelos teóricos que usan para sus investigaciones, desde los años 70 del siglo pasado los científicos ya pensaban que este satélite podía tener un gran océano. La misión de la NASA Galileo midió en el año 2002 su campo magnético, reforzando con sus resultados esas sospechas. Ahora, han encontrado una nueva prueba.

El telescopio Hubble fue utilizado para observar en Ganímedes las auroras, un fenómeno vinculado al campo magnético del satélite. Debido a que los telescopios no pueden ver lo que hay en el interior de los planetas, los satélites o cualquier objeto celeste, rastrear el campo magnético a través de las auroras les permite de forma indirecta averiguar lo que hay dentro. Además de tener un campo magnético propio, al orbitar muy cerca de Júpiter, Ganímedes también se ve influida por el campo magnético de ese planeta gigante.

Los científicos observaron el comportamiento de las dos auroras para determinar que debajo de la corteza de Ganímedes hay una gran masa de agua salada que influye en su campo magnético. «Siempre le di vueltas a la idea de cómo podíamos usar un telescopio de manera distinta. ¿Es posible emplearlo para mirar lo que hay en el interior de un cuerpo planetario? Entonces pensé en las auroras, porque están controladas por el campo magnético. Si observas una aurora de la forma adecuada, puedes obtener información sobre el campo magnético. Y si sabes cómo es el campo magnético, obtienes información sobre el interior de esa luna», explicó durante la rueda de prensa telefónica Joachim Saur, investigador de la Universidad de Colonia (Alemania) y autor principal de este trabajo.

«Los nuevos datos encajan muy bien con lo que se sabía. Se trata de un resultado importante porque afianza la idea de que ese océano de agua líquida existe, pues contamos con evidencias indirectas», señala a EL MUNDO Olga Prieto, geóloga planetaria del Centro de Astrobiología (CAB-CSIC-INTA).

Prieto es una de las investigadoras que ha planificado la ambiciosa misión JUICE (Jupiter Icy moons Explorer) que la Agencia Espacial Europea (ESA) tiene previsto lanzar al sistema de Júpiter en el año 2022, adonde llegaría en 2030.

Uno de los principales objetivos de esta sonda será precisamente estudiar Ganímedes e indagar sobre la presencia de este gran océano de agua líquida. Io, Europa y Calisto son otros de los satélites que hacen que el estudio del sistema de Júpiter tenga gran interés.

«Este descubrimiento supone un hito y pone de manifiesto lo que el Hubble puede conseguir», afirmó John Grunsfeld, uno de los responsables del departamento científico de la NASA, que el próximo 24 abril celebrará un cuarto de siglo de observaciones y descubrimientos de su telescopio espacial, que también es operado por la ESA. En su opinión, «un océano profundo bajo la corteza helada de la luna Ganímedes abre la fascinante posibilidad de que haya vida más allá de la Tierra».

Twitter: @teresaguerrerof


 

TRES REQUISITOS PARA QUE PUEDA HABER VIDA

Detectar la presencia de agua líquida como la que parece haber en Ganímedes, el mayor satélite de Júpiter, afirma la NASA, «es crucial» en la búsqueda de mundos habitables y de la presencia de vida como la conocemos en nuestro planeta. No obstante, matiza Olga Prieto, investigadora del Centro de Astrobiología, «haber detectado agua líquida implica simplemente que se da uno de los requisitos para poder decir que el ambiente es habitable, pero no nos dice nada sobre la existencia de vida como la que conocemos en la Tierra. Una cosa es la habitabilidad y otra la existencia de vida», señala. Tres son los requisitos que los científicos dedicados a la astrobiología consideran necesarios para determinar que un ambiente es habitable, como recuerda Prieto.«El primero es que haya agua líquida. El segundo, que haya energía para poder mantener el metabolismo de los organismos que pudieran vivir en ese ambiente. En la Tierra, por ejemplo, sabemos que hay organismos que usan la luz solar y otros que utilizan energía química. Por último, debe haber elementos químicos esenciales para la vida, como el carbono, el nitrógeno, el oxígeno, el hidrógeno, el fósforo y el azufre», resume la investigadora en conversación telefónica. Lo que parece evidente es que en la superficie de este mundo helado, argumenta Prieto, no es posible que exista vida como la que se da en la Tierra: «La temperatura en la superficie de este satélite es de unos -173ºC, así que no puede haber agua líquida. Y si hay hielo, no hay vida. Pero en el interior de Ganímedes hay decenas de kilómetros de agua líquida. Es sorprendente la cantidad de agua que puede tener un satélite de hielo», añade la científica española. Por otro lado, la sonda ‘Cassini’ de la ESA ha detectado esta semana diminutos granos de roca en Encélado, una de las lunas heladas de Saturno, que sugieren que se dan procesos hidrotermales en su lecho marino.

La NASA lanza con éxito una misión que estudiará el campo magnético de la Tierra


El Mundo

  • El Sistema Multiescala Magnetosférico (MMS) consta de cuatro observatorios espaciales
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Atlas V equipado con el Sistema Multiescala Magnetosférico (MMS), en Cabo Cañaveral antes del lanzamiento | AFP

La agencia espacial estadounidense (NASA) lanzó hoy con éxito una misión pionera para estudiar la interacción del campo magnético de la Tierra con el de otros cuerpos celestes, como el Sol, que permitirá estudiar con mayor precisión cómo actúan estos intercambios de energía en el universo.

El lanzamiento se llevó a cabo a las 22.44 hora local (02.44 GMT del viernes) desde las instalaciones de la NASA en la base de Cabo Cañaveral, en Florida.

Los cuatro observatorios espaciales idénticos que componen el Sistema Multiescala Magnetosférico (MMS) partieron a bordo de un cohete Atlas V.

“Los responsables de la misión esperan recibir la confirmación del despliegue exitoso de los cuatro artefactos espaciales alrededor de las 00:29 hora local (04:44 hora GMT del viernes)”, explicó la NASA en una nota. La misión comenzará a enviar datos a la tierra, en septiembre, y está previsto que esté en funcionamiento durante dos años, aunque la NASA no descarta ampliar su vida útil.

La misión proporcionará la primera vista tridimensional de la reconexión magnética de la Tierra con el Sol, un proceso que ayudará a entender cómo se conectan y desconectan los campos magnéticos en el universo. Los científicos esperan obtener datos sobre la estructura y dinámica de la energía que intercambian los campos magnéticos cuando se encuentran, momento en el que se produce una liberación explosiva de energía.

Los cuatro artefactos espaciales, equipados con sensores de alta precisión, volarán simultáneamente en formación, a una distancia de unos 10 kilómetros unas de otras, para que la combinación de sus datos permita tener esa visión tridimensional.

La misión MMS utilizará la magnetosfera de la Tierra como un laboratorio para estudiar, además de la reconexión magnética, otros dos procesos fundamentales como la aceleración de partículas energéticas y la turbulencia.

Esta misión también será clave para entender cómo afecta este intercambio energético a los fenómenos meteorológicos espaciales y su efecto sobre los sistemas tecnológicos modernos como las redes de comunicaciones, de navegación GPS y las redes de energía eléctrica.

La reconexión magnética produce fenómenos como las auroras que se ven en los polos cuando el viento solar penetra en nuestro “escudo protector” y las partículas de energía liberadas entran en el campo magnético de la Tierra.

Viaje por las entrañas de los genios de la historia de la música


El Mundo

  • Xavier Güell, alumno de Bernstein, recorre en su debut literario la partitura interior de los grandes fenómenos musicales que forjaron la historia. Una novela diferente porque habla en nombre de ellos. De Beethoven, Schubert, Schumann, Brahms,Mahler, Liszt, Wagner..
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Arriba, de izquierda a derecha, Beethoven y Wagner. Abajo, Mahler y Liszt.

La primera novela de Xavier Güell (Barcelona, 1956) se titula ‘La música de la memoria’ (Galaxia Gutenberg) como podría titularse ‘Momentos estelares de la Humanidad’, precisamente porque el polifacético agitador catalán -director de orquesta, alumno de Bernstein, obsesivo valedor de la vanguardia- se recrea en momentos decisivos de la creación humana y demuestra la misma empatía que Stefan Zweig al tratarlos, pero se diferencia del autor austriaco porque asume la primera persona y se circunscribe al dolor del Romanticismo, desde su patriarca, Beethoven, hasta la agonía de Mahler. Habla en nombre de ellos. Se multiplica con osadía Xavier Güell en Schubert, Schumann, Brahms, Liszt, Wagner, aunque la mayor audacia del enfoque consiste en la ucronía. Contar lo que pudo haber pasado. O lo que realmente sucedió y no ha podido probarse, de forma que el itinerario por las entrañas de la música -del arte- suscita cuestiones sensacionales y sensacionalistas, de la homosexualidad de Schubert a la vocación religiosa de Liszt, enfatizando la convulsión cultural de Wagner y el momento en que Mahler quiso quemar la ‘Décima sinfonía’ porque la partitura alojaba los presagios y los fantasmas de la destrucción occidental. No es una mera especulación literaria. Menos aún cuando el mérito de Güell respecto a otros autores o novelistas consiste en dominar profundamente la música de la que habla. La vincula inevitablemente a sus autores. La música son ellos y dicen más de ellos de cuanto lo hacen los documentos históricos con que suelen conformarse las biografías, estableciéndose una distancia entre el autor y la obra. Güell interrumpe el cortocircuito. Y se vale de un aforismo de Oscar Wilde para justificar el título de un libro incandescente, escrito con musicalidad, resuelto con el hilo invisible de la intensidad: “La música es el arte más cercano a las lágrimas y a la memoria”.


EL AULLIDO DE BEETHOVEN
Beethoven agoniza a la vera de Franz Schubert. Es una escena de sucesión. El delfín pregunta. Pregunta qué sintió Beethoven cuando estrenó la ‘Novena sinfonía’ y cuando sobrevino el trance del himno de Schiller. Y Beethoven, víctima de la sordera, evoca los “martillazos estridentes” de su cerebro y el latido de un corazón extenuado que acelera el rumbo de la música. “No podía percibir nada, ni siquiera los tonos graves, que en general me resultan más fáciles de distinguir. Sólo escuchaba la vibración desordenada de mi interior, como olas que me revolcaban en un caos huracanado. Miraba fijamente a los músicos para darles el coraje y conseguir que mantuvieran la concentración requerida”. (…) “Tendría el presentimiento de que perdería la conciencia y caería al escenario antes de concluir la obra. De repente, la orquesta dejó de tocar. Los músicos aplaudían. Yo estaba en otro mundo; las ráfagas de calor seguían golpeando mis oídos. Permanecí sentado, inmóvil. Sin sentir nada más que mis aullidos interiores. Observé acercarse a Caroline Unger, la contralto solista. Llegó a mi lado y me ayudó a levantarme; me giré y por primera vez vi al público”. (…) “Vi sus caras. Sólo sus caras. ¡Habían comprendido, Franz! ¡Habían comprendido! ¡Habían conseguido arrancar las estrellas del cielo y, comiéndoselas, explotaban incendiados por su luz”.

RICHARD WAGNER, YO CONFIESO
Puede que no exista mayor actitud temeraria que hablar en boca de Wagner, con más razón cuando el coloso germano habló tanto de sí explícitamente -la autobiografía, los ensayos- y tanto de sí implícitamente y de sus aspiraciones en su propia música. Güell se atreve a hacerlo. Y escoge un introito categórico: “No tengo miedo, jamás lo he tenido. Cuanto más he sufrido, más he amado. El peligro constante que siempre asumí, ha servido para acrecentar mi amor por la vida. Acompañado por él abandonaré este mundo más hermoso de como lo encontré. Nunca me arrepentí de mis errores; gracias a ellos pude levantarme con renovada energía y seguir persiguiendo, de forma compulsiva, la ambición de transformar la música y la sociedad de mi tiempo. Formé parte de una estirpe de valientes jacobinos; juntos avanzamos propagando la revolución, convencidos de que sólo sobre los escombros de una sociedad marchita, corrompida, podía construirse un Estado más perfecto, en el que la naturaleza humana, infinitamente acrecentada por el fuego de la regeneración, alcanzase sus anhelos de amor y bien común”.

GUSTAV MAHLER, EL APOCALIPSIS
Tenía Gustav Mahler que haber agonizado como agoniza el ‘Adagio’ de la ‘Novena sinfonía’. Una muerte resignada, mecida por los estertores del violonchelo, resuelta en el pianísimo de una expiración, pero entonces sobrevino el antídoto desgarrado de la ‘Décima’, como si Gustav Mahler (Kaliste, República Checa) quisiera anunciarnos el fin del mundo. No pudo hacerlo porque la muerte truncó la obra en su génesis, pero Xavier Güell la ha terminado en su nombre. Y sitúa al compositor en la duda de arrojarla al fuego, para consumir con ella los presagios de las guerras que iban a descoyuntar Occidente. Así escribe Xavier Güell /Gustav Mahler en el volumen ‘La música de la memoria’ (Galaxia Gutenberg), que acaba de editarse: “Encerrada con llave en un cajón de mi dormitorio, por las noches oía en sueños sus gritos desgarradores, pidiendo que la liberara, que le diera forma definitiva, preguntando por qué tenía que ser menos que mis otras sinfonías. ¿No era ella la más personal de todas? ¿No reflejaba cada uno de los truenos de mi alma? ¿No era yo el profeta del dolor trascendido, el que había defendido que sólo el sufrimiento es verdadero, que todo lo demás es levedad inconsistente en un mundo sin valor? ¿Por qué entonces no la dejaba vivir y la mostraba al mundo como verdadero testamento, último testimonio de un hombre que ha sufrido más allá de todo límite desde la borrachera de su dolor transfigurado por la gracia del amor?”. “La respuesta es patética, mi pobre Gustav, padre miserable y cruel que arranca de su vientre a su criatura más perfecta, incapaz de soportar su propio dolor (…). Yo soy, Gustav, tu espejo de plata. En mí ves lo que en realidad eres. Un cobarde que no sabe resistir su suplicio”.

SCHUBERT Y CHOBER
Güell sostiene la homosexualidad de Franz Schubert, pero no es una hipótesis temeraria, sino la conclusión implícita a la que han concedido valor histórico estudios biográficos, enfocados al atractivo y literario aspecto corruptor -¿Lord Henry en ‘El retrato de Dorian Gray’?- que supuso la figura casi homónima de Franz von Chober, poeta, actor y libretista del propio Schubert en la ópera Alfonso y Estrella, compañero de sufrimiento al diagnosticarse la sífilis. “Todavía hoy, desde la húmeda habitación de la casa de mi hermano Ferdinand, en la que postrado, rotas ya las esperanzas de recuperar una vida que como el agua clara se me escapa de los dedos entumecidos de mi mano, soy incapaz de recordar sin un estremecimiento, el golpe terrible de saber que había contraído sífilis”. “En nuestras visitas a los burdeles, Franz y yo evitábamos repetir con el mismo amante. Era nuestra manera de decir que nos amábamos, que a pesar de los temblores desatados por una carne deseada a la que no sabíamos renunciar, permanecíamos fieles en nuestra amistad. En el encuentro con Beethoven confesé la verdad con una única excepción: la niña de ojos sobresaltados a la que pedía mientras hacíamos el amor que me sonriera, era un muchacho, bello como un dios del que me enamoré perdidamente. El tiempo me paró de golpe; mi música se convirtió en una sombra pálida apenas recordada. (…) La sórdida historia se repite en mi memoria con la angustia intacta de la primera vez (…) El diagnóstico brutal, escupido con el sabor de cereza amarga: sífilis en fase secundaria, ingreso en el Hospital General”.

LOS CELOS DE SCHUMANN…
¿Por qué Schumann aceptó el amor de su mujer Clara por Johannes Brahms? Xavier Güell invoca al compositor germano. Lo cita en primera persona. Evoca el desgarro sentimental, el desquiciamiento psicológico, cuando la ciencia no había enunciado la esquizofrenia. Y cuando Schumann apreció y despreció a la vez la aparición tumultuosa de Brahms. “El 30 de septiembre [de 1853], cuando Brahms irrumpió en nuestras vidas como un verdadero ángel exterminador -bello como el día e insólitamente dotado-, pasaron dos cosas; yo me entusiasmé como un niño y Clara se enamoró de él. Había vivido otras veces el infierno de la rivalidad, en especial con Mendelssohn; fui siempre muy celoso. Pero esta vez me afectaba de una manera distinta. Consideraba hasta cierto punto normal, no podía evitarlo, que Clara amase a mi heredero, a mi auténtico continuador. Me sentía muy mermado en mis facultades, fuera de control, y la súbita aparición de Brahms me conmovió en lo más profundo. El descubrimiento de un genio desconocido que presentaba tantas afinidades conmigo, por un lado me producía una gran alegría, me hacía pensar que dejaba mi arte en buenas manos, que por fin podía descansar, abandonar la tortura de mis nervios, dejar de resistir, abdicar frente al destino; pero, por otro lado, me inquietaba de forma obsesiva y me producía unos celos espantosos”.

… Y LA VERSIÓN DE BRAHMS
“Me enamoré de Clara. Al principio pensé que podía dominarme y hacía lo posible para que ella no lo notara. Me costaba un esfuerzo inmenso no arrojarme sobre ella y besarla. A veces la descubría mirándome de una manera especial. Su mirada, ya lo he dicho muchas veces, era turbadora; pero ahora notaba algo distinto, como si me quisiera decir algo que con palabras no era posible. Me horrorizaba pensar, aunque no era muy consciente todavía, que estaba traicionando a Schumann, me parecía repulsivo aprovecharme de su enfermedad para intentar seducir a Clara; pero no podía evitarlo y todo en mi ser vibraba como nunca había sentido”(…) “Desde el primer día de nuestro viaje -se refiere Güell a un tiempo después, estando Schumann aún vivo- hicimos el amor. Clara era muy sensual. Me había permitido leer su diario íntimo en el que, en clave, explicaba las relaciones con su marido. En la mayor parte de sus trece años de vida conyugal hacían el amor a diario, a veces incluso más, pero no podía imaginar hasta qué punto era maravillosa en este sentido. Se entregaba con una pasión sincera, desinhibida. Hacía el amor de la misma manera que hacía música, con naturalidad, con entrega absoluta, sin ninguna afectación, sin ninguna limitación. Todo su ser se transformaba, vibraba con tal inspiración que transmitía una energía intensa, poderosísima”.

EL ASCETISMO DE LISZT
Brahms y Liszt se enfrentaron como pesos pesados en la Guerra de los románticos, definición hiperbólica de una contienda que dirimía la legitimidad de Beethoven -¿quién era el sucesor más digno?- y que proporcionó una beligerancia dialéctica entre la tradición y la vanguardia. El apasionamiento de la contienda se añadió a las tribulaciones sentimentales de Liszt, perturbadoramente enamorado de una aristócrata casada, Carolyne Sayn-Wittgenstein, de la que tuvo que distanciarse por imperativos geopolíticos y eclesiásticos: el compositor terminó como abad en Roma. “Son las cuatro de la madrugada, está a punto de amanecer. En el monte Mario el canto de los últimos gallos se derrite en las primeras luces del alba. Es tiempo de abandonar mi retiro. Reconfortado, rebosante de Dios, mi corazón está lleno más que nunca de amor, un amor que inspirado por Él es el verdadero motor de mi alegría; desde ella debo ahora salir al mundo” (…) “En mi vida como compositor hay tres carpetas: en la primera están las obras de mi juventud, la he cerrado para siempre y he tirado la llave al mar. En la segunda se encuentran las composiciones con las que perseguí la gloria de llevar a cabo una revolución musical (…), pero el estruendoso camino elegido estaba equivocado. La tercera contendrá mi auténtica obra. Una música basada en el silencio. He aprendido a escuchar el silencio (…) La voz del silencio es la voz de Dios”.