El mito de «El Dorado», la locura y la perdición de los conquistadores españoles


ABC.es

  • Los ataques de los nativos, las luchas internas, la falta de comida y las duras condiciones del terreno causaron la muerte de cientos de españoles durante la búsqueda de una laguna inundada de oro
El mito de «El Dorado», la locura y la perdición de los conquistadores españoles

Wikipedia Balsa muisca que evidencia las ceremonias sagradas que dieron origen a la leyenda de «El Dorado»

Pocas veces se habría visto un brillo más codicioso en los ojos de un hombre. Tras la conquista de Quito (Ecuador), que se suponía más rica que Cuzco pero no lo era, el cordobés Sebastián de Belalcázar tuvo noticia de una tierra más al norte llamada Cundinamarca, donde los reyes eran cubiertos con oro en polvo a su muerte para ofrendarlo a los dioses, naciendo allí la actual leyenda de «El Dorado». «Desnudaban al heredero y lo untaban con una liga pegajosa, y lo rociaban con oro en polvo, de manera que iba todo cubierto de este metal. Metíanlo en la balsa, en la cual iba de pie, y a su alrededor depositaban un gran montón de oro y esmeraldas para que ofreciese a su dios», escribió muchos años después el cronista Juan Rodríguez Freyle sobre el mito que corrió febril entre los conquistadores españoles.

En la mayoría de los casos, los conquistadores eran aventureros que habían costeado su viaje con la venta de sus bienes en España. Viajaban al Nuevo Continente con la única ambición de hacerse ricos. El propio Cristóbal Colón, el primero de esta horda de buscadores de oro, menciona en su diario de a bordo 139 veces la palabra oro y tan solo cita a Dios 51 veces. Pocos tenían intención de regresar a España: «Elegir ser pobres en Panamá o ricos en Perú», que citó Francisco Pizarro antes de encaminarse a la aventura de su vida. No obstante, las promesas de ciudades talladas en oro y cubiertas de esmeraldas no pasaban en ocasiones de ser las mentiras que la población local arrojaba para librarse del acoso español. «El Dorado» fue el cuento que cobró más popularidad de todos aquellos.

El mito de «El Dorado», la locura y la perdición de los conquistadores españoles

Wikipedia Retrato de Sebastián de Belalcázar

En 1539, Sebastián de Belalcázar fue el primero en lanzarse a la búsqueda de la mítica ciudad del oro en el valle del río Cauca. Los planes de Belalcázar eran conquistar aquellas tierras y alcanzar el mar de las Antillas, que se suponía cercano a Quito, para embarcarse directamente rumbo a España con el supuesto botín, sin dar cuenta a Francisco Pizarro, el conquistador del Perú. Todavía sin hallar rastro de las ingentes cantidades de metales brillantes que prometían la leyenda, el cordobés descubrió que Gonzalo Jiménez de Quesada, el enviado de Pizarro, se había adelantado a sus pasos. Durante años, ambos conquistadores y el alemán Nicolás de Federmán, procedente de Coro (Venezuela), se disputaron los derechos sobre aquellas tierras que, no en vano, permanecían pálidas de oro.

Ambas expediciones no consiguieron sus propósitos, pero los intentos por encontrar «El Dorado» no cesaron y comenzaron a entremezclarse con otros mitos. Como castigo a la deslealtad de Belalcázar, Francisco Pizarro nombró a su hermano Gonzalo Gobernador de Quito y Capitán General de una expedición destinada a encontrar el «País de la Canela» –una leyenda que data de los primeros viajes de Cristóbal Colón–. El grupo partió en diciembre de 1540 en busca de valiosas especias que pudieran rivalizar con el monopolio que mantenía el Imperio portugués. Pese a que la canela encontrada era de inferior calidad que la de las Indias Orientales, Gonzalo Pizarro no desistió y siguió el curso del río Coca (Ecuador) hasta que sus provisiones lo permitieron. Cuando el hambre cundió entre las filas españolas (habían perdido 140 de los 220 españoles y 3.000 de los 4.000 indios que componían el grupo original), Francisco de Orellana se ofreció a continuar con un bergantín para conseguir comida y luego regresar con el resto de la expedición. No en vano, los planes de Orellana y los 57 hombres que le acompañaron no pasaban por volver sobre sus huellas.

La traición de Orellana; la locura de Aguirre

Orellana partió el día siguiente a Navidad de 1541, continuando río abajo por el Coca y luego por el Napo en un viaje de 4.800 kilómetros. Una vez encontrados los ansiados alimentos, el extremeño continuó su curso hasta el río Grande, el que luego sería conocido como río de las Amazonas o de Orellana. Para cuando Pizarro conoció la deserción –y decidió emprender el duro regreso a Quito–, Orellana se encontraba atrapado en el corazón del Amazonas. El 24 de junio de 1542 la expedición fue atacada por feroces indias guerreras, que les hicieron recordar a las mitológicas mujeres «amazonas», particularidad que terminó marcando el nombre de aquel río. A causa de las duras condiciones de las pantanosas tierras, fue perdiendo hombres hasta que la aventura se transformó en una huida.

Pese a todo, el conquistador extremeño logró alcanzar la costa Atlántica con algo de oro y partió rumbo a España antes de que terminara el año 1542 con el fin de conseguir ser nombrado conquistador del País de las Amazonas. En virtud del importante descubrimiento realizado, el Consejo de Indias, restó importancia a la traición a Gonzalo Pizarro y le extendió la capitulación. Sin embargo, en febrero de 1546 Orellana falleció víctima de las fiebres en la desembocadura del río Amazonas tras sufrir el ataque de unos nativos caribes en su fatídico regreso.

El mito de «El Dorado», la locura y la perdición de los conquistadores españoles

Wikipedia Busto de Francisco de Orellana en Trujillo

Si bien Orellana no tenía un objetivo claro y lo suyo era una aventura hacia lo desconocido –donde terminó engullido–, la expedición de Pedro de Ursúa en 1560 perseguía un objetivo nítido: alcanzar «El Dorado». Los cuatrocientos soldados que componían la misión de Ursúa habían sido reclutados en base a su valentía y experiencia en campañas anteriores, sin tener en cuenta su moral o su apego a la autoridad, lo que marcaría el inesperado futuro de la expedición. Los primeros meses de viaje por el río Amazonas no arrojaron resultado alguno, sembrando la locura entre los soldados. Ursúa finalmente fue asesinado a puñaladas la noche del 1 de enero de 1561, en un pueblo de indios de la provincia de Machífaro. El ideólogo de la conspiración fue el soldado Lope de Aguirre, quien ya tenía numerosos antecedentes en levantamientos e insurrecciones.

Una cadena de asesinatos y sabotajes terminó entregando el poder a Lope de Aguirre, que, contrario al plan original de buscar «El Dorado», encabezó una rebelión contra la Corona. No obstante, sus propios hombres, tan crueles y feroces como su líder, le traicionaron y le dieron muerte en Barquisimeto (actual Venezuela). Sin leer la letra pequeña, Simón Bolívar dejó escrito que la rebelión de Lope de Aguirre fue la primera declaración de independencia de una región de América.

En 1570, Hernan Pérez de Quesada, hermano de Gonzalo Jiménez de Quesada (el enviado de Pizarro), financió un viaje con el único fin de capturar, vivo o muerto, el mito de «El Dorado». Salió al frente de la criatura con 300 españoles, 1.500 indios, 300 caballos y 800 cerdos. Dos años después a causa de las deserciones, el hambre y las luchas internas, regresó con los bolsillos vacíos y acompañado solo de 64 españoles, cuatro indios y 18 caballos. La expedición fue uno de los más caros desastres registrados; y luego de un breve período de servicio en el comando de la frontera, Quesada se retiró a Suesca (Colombia) con lo que pudo salvar a duras penas su fortuna.

Pero como si fuera una herencia familiar maldita, Antonio de Berrio –casado con una sobrina de Quesada– también emprendió la búsqueda del valle del oro. Lo hizo durante tres expediciones, cada una más desastrosa que la anterior. No obstante, los aportes de Berrio en su primer viaje permitieron conocer mejor la geografía del inexplorado escudo guayanés, y sirvieron para plasmar en los mapas el mito geográfico: el gran lago de la Ciudad de Manoa (actualmente en el estado brasileño de Roraima). Un valle inundado, rodeado por altas montañas, ubicado entre las cuencas de los ríos Orinoco y Amazonas. Sus mapas sentaron la base teórica de la leyenda.

En su tercera expedición fallida, cuando Berrio embarcó a sus tropas en el río Orinoco para retirarse, la escuadra fue interceptada por el pirata inglés Walter Raleigh. Leyendo las cartas de Berrio, el inglés creyó que los españoles estaban realmente cerca de alcanzar «El Dorado». Esta noticia impulsó a Raleigh a desembarcar en Trinidad, donde Berrio había fundado San José de Oruña, y llevarse prisionero al español. Su expedición también fracasó con estrepito y, tras liberar a su valioso cautivo, regresó a Inglaterra.

Años después el pirata volvería a las cercanías del Amazonas, con el empeño enfermizo de encontrar el tesoro. Lo cual le costó ser ejecutado, entre otras causas, por hostigar los territorios españoles cuando permanecía en pie la paz entre España e Inglaterra.

¿Existió «El Dorado», en la realidad?

La leyenda de «El Dorado» y las acometidas por encontrar el tesoro no cesaron hasta avanzado el siglo XVIII, cuando los estudios cartográficos cercaron el mito y lo redujeron a una realidad menos fabulosa y lucrativa.

La base histórica del mito de «El Dorado» tiene probablemente su origen en la ceremonia para investir a los nuevos caciques en la laguna de Guatavita (Colombia). Según los cronistas, cuando moría el cacique de Guatavita, su sucesor era ungido con una masa pegajosa de tierra mezclada con oro en polvo y trasladado al centro de la laguna, donde debía arrojar piezas de oro y esmeraldas como ofrenda. Sin embargo, este ritual ya se había dejado de efectuar en la época de la Conquista, tras la pérdida de autonomía que sufrió Guatavita a manos de otras tribus de la región. La creencia de que la laguna estaba llena de oro debido a las ofrendas motivó a muchos colonizadores, empezando por los españoles, a intentar vaciar el agua de la laguna.

También la Ciudad de Manoa, en el estado brasileño de Roraima, que citó Antonio de Berrio en sus mapas, se baraja como otro posible origen del mito. Al menos, con gran seguridad, el que persiguió Orellana en su travesía interminable.

Así iban equipados los soldados nazis que invadieron Europa


ABC.es

  • Desde sus armas, hasta su uniforme. Descubre cómo acudían a la contienda los miembros de la «Wehrmacht» al comienzo de la guerra

Introducción: el nacimiento del soldado alemán

Así iban equipados los soldados nazis que invadieron Europa

ARCHIVO ABC Tropas alemanas, en 1939

A partir de 1939, los alemanes dominaron una buena parte de Europa gracias a su arrojo, su superioridad militar y su novedosa forma de hacer la guerra. Sin embargo, y además de contar entre sus filas con todo tipo de imponentes carros de combate, Hitler y sus oficiales también podían presumir de disponer de miles y miles de combatientes pertrechados con un material bélico que les dio decenas de victorias durante la primera fase de la Segunda Guerra Mundial.

Desde el fusil Kar 98 K hasta la máscara antigás reglamentaria, todo estaba pensado para que el infante pudiera sobrevivir durante días en el frente sin contar con más apoyo que el de sus compañeros y el equipo que llevaba a sus espaldas.

Para entender qué pasaba por la «kartoffel» de un soldado alemán durante la Segunda Guerra Mundial es necesario remontarse en el tiempo hasta el año 1933. Por entonces, en Alemania ya había tomado el poder Adolf Hitler aupado por una crisis económica y nacional (pues hierieron el orgullo alemán) producida tras el tratado de Versalles.

Al final convenció a los ciudadanos alemanes, pues no sólo le votaron, sino que le dieron su apoyo para que, en 1934, el «Reichwehr» alemán (las Fuerzas Armadas del país) le juraran fidelidad a él. Toda una revolución para la época que le convirtió en líder indiscutible de los ejércitos de tierra, la armada y las fuerzas aéreas.

«En el año 34, el ejército tuvo que jurar lealtad a Hitler. No tuvieron más opción. Si no lo hacían, les obligarían a disolverse y sus funciones las adquirirían los seguidores del líder. Esa fue la base del ejército que posteriormente invadió Polonia: militares que no eran nazis pero que, al final de la contienda, se afiliaron en muchos casos al partido. El problema es que al final el nazismo imbuyó el ejército hasta tal punto que Hitler cambió el saludo militar por el fascista. Muchos militares estaban en contra de ello y sólo querían salir adelante, pero les tocó vivir aquello», explica, en declaraciones a ABC, Santos Rodríguez, miembro de la «Asociación cultural albaceteña de recreación histórica».

Aquella jornada, los soldados alemanes que habían estado a las órdenes de la República de Weimar pasaron a depender directamente del Führer en base al siguiente juramento. «Juro por Dios que deberé prestar obediencia absoluta al jefe del imperio y del pueblo alemán, Adolf Hitler -comandante en jefe de las fuerzas armadas-, y que, como un soldado valeroso, deberé estar siempre preparado para dar mi vida por este juramento».

Posteriormente, el ejército fue renombrado como la «Wehrmacht», organización que incluía el «Heer» (ejército de tierra), la «Kriegsmarine» (la marina) y las fuerzas aéreas («Luftwaffe»). El equipo del soldado de infantería previo a la guerra y que, con posterioridad, participó en las primeras contiendas de 1939 en Polonia, es el que será analizado en las siguientes páginas.


Recreando a la «Wehrmacht». Cuatro preguntas a Santos Rodríguez

El uniforme de la infantería de la «Wehrmacht»

Así iban equipados los soldados nazis que invadieron Europa

Asociación CULTURAL albaceteña de recreación histórica Uniforme alemán

 

El equipo de un soldado alemán de 1939 empezaba en su uniforme, el cual comenzó a ser producido por el gobierno entre 1935 y 1936 -cuatro años antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial-. Sin embargo, y como señala a ABC Santos Rodríguez (quien lo porta en muchas recreaciones históricas y es todo un experto en lo que a él se refiere), su antigüedad no impidió que fuera uno de los más utilizados durante la contienda y conocidos a nivel internacional.

Concretamente, el uniforme de la «Wehrmacht» era conocido como el M-36. «Una de las características de este uniforme es que había sido elaborado por Hugo Boss, quien –cuando Hitler subió al poder en 1933- fue contratado para diseñar toda la ropa del ejército. La M venía de modelo (en alemán) y el 36, del año en que se había empezado a producir. Posteriormente hubo también un modelo 40 y 42. Además, los uniformes se fabricaban en lana para el clima europeo y en HPT (un tejido a base de algodón) para climas tropicales en los que el calor fuera más fuerte –África, Grecia etc.-», explica a este diario Javier Bosch Martínez (regente de «La Garita Militaria», una tienda especializada en coleccionismo militar ubicada en Barcelona).

Guerrera

«La guerrera tenía cuatro bolsillos y contaba con carterilla (un fuelle para dar más amplitud a la prenda). También era característica porque tenía solapas apuntadas para los bolsillos que se cerraban con botones. El color era llamado “Feldgrau”, que es un gris-verde o gris campo. El color del cuello era verde esmeralda y las hombreras también. Con el paso de los años se dejó de usar el cuello verde esmeralda por la tropa. En el caso de los oficiales, como eran tan remilgados, lo siguieron utilizando como una forma de distinción. Se abrochaba mediante cinco botones de un color similar», explica el miembro de la «Asociación albaceteña de recreación histórica».

Así iban equipados los soldados nazis que invadieron Europa

Uniforme M-36 (a la derecha) Asociación CULTURAL albaceteña de recreación histórica

Sobre el bolsillo derecho, y por encima de la solapa, se colocaba el emblema nacional (un águila con las alas extendidas bajo la cual había una esvástica). Por su parte, los afortunados con alguna (o algunas) condecoraciones las ubicaban encima del izquierdo. Todas, salvo una: «La condecoración de segunda clase se colocaba en el segundo ojal de la guerrera empezando por arriba, es la única que no iba encima o alrededor del bolsillo». La graduación del militar se cosía en el antebrazo izquierdo, a media altura.

Con todo, Bosch añade que la importancia que tenían para los soldados las medallas hacía que algunos buscaran todo tipo de triquiñuelas para no llevarlas a la contienda: «Muchos soldados, cuando les concedían una medalla y la querían portar en el uniforme de campaña sin perderla, se cosían la cinta de la medalla en el uniforme quitando la parte metálica. De esta forma, Se sabía que habían sido merecedores de ellas sin peligro».

Pantalones, botas y prendas de cabeza

«Los pantalones eran rectos y no tenían ninguna forma (como por ejemplo los pantalones de montar, que eran bombachos). Otra característica es que las botas eran de media caña negras o amarronadas -que luego tenían que teñir en negro-. Eran las “Stiefel”, que traducido son “botas altas”. Posteriormente, y según avanzaba la guerra, las botas altas se sustituyeron por bajas que se acompañaban de polainas. Esto se hizo para ahorrar costes», determina el recreador histórico.

Así iban equipados los soldados nazis que invadieron Europa

Uniforme M-36 (a la izquierda) Asociación CULTURAL Albaceteña de recreación histórica

Finalmente, acompañando a este uniforme iba una gorra de plato (al menos, antes de la guerra). Ésta contaba en su parte frontal con el emblema nacional, además de hojas de roble y una bandera. El rango se distinguía por el cordón que portaban. Si era trenzado y de color plata, era de un oficial. Si era una tira de cuero negro, era de un suboficial o de tropa.

Otros uniformes complementarios

Al que acabamos de hacer referencia era el uniforme de combate, pero este no era el único que se podía hallar en el armario de un soldado alemán. «Este es el uniforme básico, de campaña. Luego estaba también el de diario (igual, pero el soldado iba sin equipo, sin trinchas y vestía un gorrillo) el de guardia (similar, pero se acompañaba de un abrigo sobre el cual se ponían las trinchas) y el de parada (era para desfilar y contaba con unas mangas rematadas con adornos). En este último se solían colgar las medallas», destaca el regente de la tienda barcelonesa.

Correajes y objetos de uso cotidiano

Así iban equipados los soldados nazis que invadieron Europa

Asociación CULTURAL Albaceteña de recreación histórica Miembro de la asociación, junto a un teléfono de campaña

Por encima del uniforme, el soldado alemán portaba sus pertrechos (los cuales solía usar en el día a día) mediante diferentes correas. Las principales eran el cinturón (o ceñidor) y las trinchas (tiras de cuero similares a los tirantes que eran utilizadas para enganchar diferentes elementos del equipo.

Cinturón

El elemento básico de los correajes era el cinturón. Éste era de cuero y contaba con una hebilla metálica sobre la que había impresa un águila imperial. «Llevaba también una leyenda que decía: “Dios está con nosotros”. Esta correa aguantaba parte del equipo e iba ubicada por encima de la chaqueta, sobre unos ojales a la altura de la cintura», determina Rodríguez.

Así iban equipados los soldados nazis que invadieron Europa

Diferentes correajes de un soldado alemán Asociación CULTURAL Albaceteña de recreación histórica

Del cinturón colgaban los portacargadores o portamuniciónes,, seis pequeñas cartucheras de cuero en las que se guardaban las balas. «Si el soldado estaba armado con un fusil llevaba los portamuniciones, que eran más pequeños y albergaban los peines de cinco balas. Si por el contrario iba armado con un fusil ametrallador o subfusil, llevaba los portacargadores. En cualquier caso había dos grupos de tres en cada lado del cinturón. Los portamuniciones admitían dos peines, lo que permitía llevar doce en total. Los portacargadores sólo uno por cartuchera», añade el recreador.

No sucedía lo mismo con aquellos que portaban las ametralladoras pesadas. Y es que, en este caso llevaban un portacargador grande de cuero que albergaba los útiles de limpieza del arma. Aquel soldado que acompañaba al tirador para darle balas (el amunicionador) llevaba hasta cuatro cajas de munición cargadas a la espalda (cada una, aproximadamente, de 10 kilogramos de peso).

Trinchas

Las trinchas, como ya hemos comentado, eran una especie de tirantes en forma de Y que se abrochaban al cinturón. De ellos se colgaban los siguientes objetos:

1-Mochila.

Así iban equipados los soldados nazis que invadieron Europa

Equipo de un soldado alemán Asociación cultural albaceteña de recreación histórica

2-La «A de combate» o «Trapecio de asalto». «Era una estructura en forma de A que iba sujeta a las trinchas. De ella se colgaban la marmita que se usaba para comer, el poncho o “zeltbahn” para protegerse de la lluvia y una mochila blanda que se podía llevar enrollada o desplegada», añade Rodríguez. Curiosamente, los soldados solían juntar tres de estas prendas impermeables para hacer una tienda de campaña.

3-«En la parte frontal llevaban también un paquete con una capa química», añade, en este caso, Bosch.

Otros útiles

A su vez, el soldado portaba en la parte posterior de las trinchas y el cinturón lo siguiente:

1-Una pala de tres kilos de peso.

2-Una panera. Era un trozo de tela en el que se metía desde carne seca, hasta comida enlatada. Cuando estaba vacía, se solía cargar con la marmita.

3-La cantimplora. La clásica con el cacillo grande. Sujeta con una correa de cuero.

4-La bayoneta en un costado. Dependiendo de si el soldado era zurdo o diestro iba en su correspondiente lado (a la inversa)

5-La máscara antigás con su bote (portamáscaras). «La máscara antigás iba dentro de un tubo cilíndrico de metal con una apertura superior. Arriba llevaba una especie de cajón para portar las lentes de recambio. En la parte inferior contaba con un muelle con un trapo enganchado para limpiar los cristales. La máscara, como tal, era de goma y tenía un filtro metálico con carbón en el interior», completa, en este caso, el regente de «La Garita Militaria».

6-Casco. «El casco que se usaba en esta época era el M35. Era un casco metálico con visera que se ajustaba muy bien a la cabeza. Lo hacía, de hecho, mejor que otros como el americano. Contaba con un ala alrededor que, a su vez, tenía un reborde hecho del mismo material hacia dentro para evitar cortes. Pesaba aproximadamente kilo y medio y tenía el interior de cuero. Se ataba, finalmente, a la altura del cuello», completa Rodríguez.

El color del casco era algo diferente al del resto del uniforme, lo que le hacía destacar sobre el resto. «El tono del casco M-35 era verde manzana. Era el único casco que, curiosamente, llevaba “doble calca”, es decir, que tenía en un lado un escudo con los colores de bandera de Alemania (negro, blanco y rojo) y, en el otro, el águila con la esvástica», completa Bosch.

Las armas básicas del soldado alemán

Así iban equipados los soldados nazis que invadieron Europa

WIKIMEDIA Varios soldados, armados con granadas y fusiles Kar 98 K

Las armas básicas del soldado alemán eran principalmente cuatro (algunas de ells, diseñadas al final de la contienda)

Kar 98 K

El fusil «Mauser Karabiner 98 Kurz» fue el arma más famosa del ejército alemán durante toda la Segunda Guerra Mundial. También fue el fusil de cerrojo (es decir, que se carga manualmente mediante una mecanismo) básico de la «Wehrmacht». Contaba con una recámara que podía albergar hasta cinco cartuchos y era famoso por su precisión. No obstante, su lenta velocidad de recarga hacía que no fuera el arma idónea para enfrentarse a un enemigo con un fusil ametrallador (al menos en las distancias cortas).

Así iban equipados los soldados nazis que invadieron Europa

Kar 98 K, modelo de francotirador WIKIMEDIA

«El modelo K es una evolución de un fusil de la Primera Guerra Mundial, pero modificado para que fuera más corto. La traducción de su nombre es “carabina reglamentaria Modelo 98”. Era muy eficiente y preciso, pero poco funcional para la guerra moderna por su lentitud. La mayoría de los francotiradores usaban este fusil, pues los cañones del Kar 98 K tenían tanta precisión que no hubo que hacer especiales para tiradores de élite. Tenía un calibre de 7,92 mm, el mismo que otras tantas armas usadas por los alemanes (lo que lo hacía muy versátil y permitía reciclar su munición)», afirma Rodríguez.

MP40

La «Maschinenpistole 40» era otra de las armas básicas del soldado alemán. Era un subfusil con gran cadencia de fuego que disparaba hasta 600 balas por minuto, pero contaba a sus espaldas metálicas con una ingente cantidad de contratiempos.

Así iban equipados los soldados nazis que invadieron Europa

MP-40 WIKIMEDIA

«No era nada precisa. Además, entre sus problemas estaba que en Alemania hubo escasez de hierro durante la guerra y la punta de las balas se cambió por plomo. Este componente dañaba el estriado interior de esta arma y, por lo tanto, su precisión. Cuando disparaban 20 ráfagas se podía dar el caso de que, aunque apuntaran a la barriga del enemigo, el primer disparo fuera al pie y el segundo a la cabeza», destaca el recreador a ABC.

La MP-40 estaba basada en el diseño de una versión anterior, la MP-38, un arma que -como señala Rodríguez-, fue sustituida para abaratar costes. «La MP40 daba mucha capacidad de fuego y gastaba mucha munición, cosa que al ejército no le gusta demasiado. Tenía cartuchos de 9 mm parabellum, que eran más económicos. Parecía que se abarataban costes, pero al final se aumentaban por la cantidad de disparos que tenían que hacer para dar en el blanco», finaliza el experto.

G-43

El «Gewehr 43» fue una auténtica revolución dentro de las armas alemanas, ya que ofrecía una precisión similar a la del Kar 98 K, pero no era necesario accionar manualmente una palanca por cada disparo.

Así iban equipados los soldados nazis que invadieron Europa

G43 WIKIMEDIA

«Era un fusil muy bueno, daba una gran potencia de fuego por ser semi automático. El cargador era de 10 disparos. Se podía amunicionar con peines, con lo que era más fácil de cargar. Era mucho más rápido de disparar y cargar, pero se hicieron pocas unidades», añade Rodríguez.

STG-44

La «Maschinenpistole 44» fue un arma revolucionaria para la época. Considerado por muchos como la precursora de los fusiles de asalto modernos, destacaba porque podía disparar en tiro automático y semiautomático. A su vez, tenía una gran potencia de fuego y un considerable alcance (aunque no tanto como el Kar).

Así iban equipados los soldados nazis que invadieron Europa

STG-44 ARCHIVO

«Con él se podía luchar en campo abierto, no como con la MP-40, que era imposible. Se probó por primera vez en Rusia y su uso fue determinante. Después de la guerra, de hecho, se siguió utilizando en los países del Este», añade el recreador.

Armas cortas y de apoyo

Así iban equipados los soldados nazis que invadieron Europa

Asociación Cultural albaceteña de recreación histórica Diferentes soldados precedidos de un combatiente armado con una ametralladora pesada

En pistolas destacaban la Luger y la Walther. En armas pesadas, la MG34 y MG42.

Pistolas

1-Luger P08. Fue el arma de dotación para los suboficiales alemanes. A día de hoy, su característico cañón en forma de tubo le ha granjeado fama mundial. Al igual que tantas otras, contaba con un calibre de 9 mm. «A los oficiales les gustaba mucho (sobre todo a los oficiales de la «Waffen SS»). Pero era más estética que útil. Era del año 1908, por lo que cuando comenzó la guerra era un arma antigua. Además era muy cara de fabricar debido a que sus piezas eran mecanizadas. En el campo de tiro era preciosa, pero su fiabilidad era mala», destaca Rodríguez. Fue sustituida por la P38, un arma que cargaba más munición y era más fiable.

Así iban equipados los soldados nazis que invadieron Europa

Luger P-08 WIKIMEDIA

2-Walther PPK. La «Polizeipistole Kriminalmodel» era el arma tipo de un oficial. Tenía un calibre de 7,65 o 8 mm y, curiosamente, poca capacidad en el cargador. Pequeña y fácil de esconder, terminó haciéndose famosa gracias a las películas de James Bond (pues era portada por el protagonista).

Armas de apoyo

1-MG34. La «Maschinengewehr 34» fue toda una revolución para la infantería alemana de la Segunda Guerra Mundial, pues permitió a los soldados disponer de una ametralladora que podía ser utilizada tanto para apoyar unidades de forma ligera, como para ofrecer fuego apoyada desde un trípode o un bípode. Con un peso de más de 10 kilos, destacaba por ser relativamente ligera para la época (a pesar de que, en la actualidad, sería un armatoste difícil de portar).

Así iban equipados los soldados nazis que invadieron Europa

MG-34, portada por un soldado alemán WIKIMEDIA

«Cuando los demás ejércitos tenían todavía armas de la Primera Guerra Mundial como las Maxim soviéticas, que estaban algo obsoletas, Alemania revolucionó la guerra con estas ametralladoras. Disparaba entre 800 y 1.000 cartuchos por minuto dependiendo del cañón. Aquello era una pared de proyectiles arrolladora. El problema radicó en que era cara y no había muchas unidades en un principio. Como era tan costosa de fabricar, en el año 42 un policía creó la MG42, más económica», destaca Rodríguez.

2-MG42. La «Maschinengewehr 42» fue conocida como la «segadora» del ejército nazi. Nació como una evolución de la MG-34 debido a su alto coste de producción y, como demostró en múltiples casos, significó todo un avance con respecto a su antecesora. Y es que, disparaba nada menos que de 1.200 a 1.800 cartuchos por minuto. Toda una muralla de munición ante la que los soldados aliados poco podían hacer. Con todo, y como ninguna arma es perfecta, el alto número de disparos que hacía provocaba que su cañón se recalentara e, incluso, que su munición de 7,92 mm Mauser se acabara con celeridad.

Así iban equipados los soldados nazis que invadieron Europa

MG42 WIKIMEDIA

«Era algo increíble. Estaba hecha en chapa estampada, sus costes eran menores y pesaba menos que la MG-34. Además era más versátil porque se podía usar como arma ligera o pesada e, incluso, como arma antiaérea. Se podía municionar con cintas o tambores y usaba el mismo calibre que el Kar 98 K, lo que lo hacía todo más versátil. Pesaba 10 kilos aproximadamente», destaca el recreador español.

 

El fraude de los fontaneros en la Antigua Roma


Interesante información.
Un saludo

En un post anterior hablamos de la Cloaca Máxima y de las impresionantes obras de ingeniería  que construyeron los romanos para evacuar las aguas residuales. Hoy me gustaría hacer una mención a los no menos faraónicos sistemas de abastecimiento de agua en las ciudades y de quienes los mantenían, los aquarii  o fontaneros.

Ver la entrada original 532 palabras más

Giordano Bruno


web

Hoy hace 415 años que murío este personaje y por si no lo conoceis os queremos contar su historia.

Giordano Bruno, de nacimiento Filippo Bruno (Nola, Nápoles, 1548-Roma, 17 de febrero de 1600), fue un astrónomo, filósofo y poeta italiano.

Sus teorías cosmológicas superaron el modelo copernicano, pues propuso que el Sol era simplemente una estrella; que el universo había de contener un infinito número de mundos habitados por animales y seres inteligentes. Miembro de la Orden de los Dominicos, propuso en el campo teológico una forma particular de panteísmo, lo cual difería considerablemente de la visión cosmológica sostenida por la Iglesia católica. Pero no fueron estos razonamientos la causa de su condena sino sus afirmaciones teológicas, que lo llevaron a ser condenado por las autoridades civiles de Roma después de que la Inquisición romana lo encontrara culpable de herejía. Fue quemado en la hoguera. Tras su muerte, su nombre ganó fama considerable, particularmente en el siglo XIX y principios del XX.

Datos biográficos y académicos

Nació en Nola, entonces bajo el dominio español. Estudió en Nápoles desde los diez años, en 1565 ingresó a la Orden de los Dominicos, donde se dedicó al estudio de la filosofía aristotélica y a la teología de Santo Tomás de Aquino (tomismo). Ese mismo año cambió su nombre de pila, Felipe, por el de Giordano. En 1575 fue trasladado al convento de la Minerva en Roma y se ordenó sacerdote.1

Expresó en escritos y conferencias sus ideas científicas acerca de la pluralidad de los mundos y sistemas solares, el heliocentrismo, la infinitud del espacio y el Universo y el movimiento de los astros, lo cual escandalizaba a la cristiandad de la época, pero fueron sus teorías teológicas las que le traerán una persecución en su contra por parte de la Iglesia católica y la Inquisición. Sus opiniones suscitaron un escándalo, y se formularon 130 artículos de acusación contra él. Por temor a la Inquisición, a los veintiocho años abandonó la “prisión angosta y negra del convento” y huyó de Roma en 1576, comenzando una vida errante y aventurera. Desde entonces pudo decir con razón, que “toda la tierra es patria para un filósofo“. Viajó por el norte de Italia: Génova, Savona, Turín, Venecia, Padua, enseñando gramática y cosmogonía a los niños para ganarse la vida. Al mismo tiempo estudió intensamente las obras de Nicolás de Cusa, Telesio y adoptó el sistema de Nicolás Copérnico, lo que le valió ser combatido tanto por los católicos como por los protestantes. Se trasladó luego otras regiones, como Ginebra 1579 y Lyon. En la Universidad de Toulouse se doctoró en teología y enseñó dos años (1580-1581). Escribió la Clavis magna (lulista) y explicó el tratado De Anima de Aristóteles. Tras recorrer otras regiones y realizar diversos escritos, regresa a Italia, fijando su residencia en Venecia, donde la Inquisición veneciana, lo encarcela el 23 de mayo de 1592 y es reclamado por Roma el 12 de septiembre de 1592, pasando otros siete años en prisión, acusado de blasfemia, herejía e inmoralidad, para finalmente ser condenado, por herético, impenitente, pertinaz y obstinado, a la hoguera, en la que murió el 17 de febrero de 1600 en Campo dei Fiori, Roma. Murió estoicamente, sin exhalar un grito. Rechazó al sacerdote que quería darle a besar el crucifijo. En 9 de junio de 1889 se erigió por suscripción internacional una estatua en el lugar de su muerte, exaltando su figura como mártir de la libertad de pensamiento y de los nuevos ideales.

Según la Enciclopedia de filosofía de la Universidad de Stanford, «en 1600 no había una postura oficial de la Iglesia Católica sobre el sistema copernicano, y ciertamente no era una herejía. Cuando Giordano Bruno fue quemado en la hoguera como hereje, no tuvo nada que ver con sus escritos en apoyo de la cosmología copernicana.» Entre sus afirmaciones teológicas que se consideraron heréticas estaban las siguientes: que Cristo no era Dios, sino meramente un mago excepcionalmente hábil, que el diablo se salvará y otras.

Según Isaac Asimov, su muerte tuvo un efecto disuasorio en el avance científico de la civilización, particularmente en las naciones católicas pero, a pesar de esto, sus observaciones científicas continuaron influyendo en otros pensadores, y se le considera uno de los precursores de la revolución científica.

El comienzo de la controversia

Sus problemas comenzaron durante su adoctrinamiento, al rechazar tener imágenes de santos, aceptó sólo el crucifijo. En 1566 tuvo lugar el primer procedimiento en su contra por sospechas de herejía. Dicho proceso no prosperó, y en 1572 fue ordenado como sacerdote dominico en Salerno y pasó al estudio de Santo Domingo Mayor, donde recibió en 1575 el título de Doctor en Teología de la Orden.

En 1576 fue acusado de desviarse en la doctrina religiosa y tuvo que abandonar la orden y huyó a Roma, donde consiguió asilo en el Convento de Santa María en Minerva.

Después de viajar por Italia y Francia llegó a Ginebra. Allí abandonó los hábitos.

Sus primeros pasos

En Ginebra, Juan Calvino había instaurado una república protestante, doctrina a la que se adhirió Bruno, pero con la cual también se pronunció en disconformidad. En una ocasión publicó y distribuyó un panfleto donde acusaba a Calvino de cometer veinte errores en una lectura. Por este motivo fue hecho prisionero hasta que se retractó y abandonó el calvinismo bajo la acusación de coartar la libertad intelectual. Se trasladó a Francia donde, luego de varios tropiezos por la guerra religiosa, fue aceptado por Enrique III como profesor de la Universidad de París en 1581.

En esa etapa de su vida publicó sus dos primeras obras: Las sombras de las ideas y El canto de Circe.

En 1583 viajó a Inglaterra, tras ser nombrado secretario del embajador francés Michel de Castelnau. Allí se convirtió en asiduo concurrente a las reuniones del poeta Philip Sidney. Enseñó en la Universidad de Oxford la nueva cosmología copernicana atacando las ideas tradicionales. Después de varias discusiones abandonó Oxford. Sus escritos más importantes son De umbris idearum, de 1582; La cena de las cenizas, Del universo infinito y los mundos y Sobre la causa, el principio y el uno, las tres últimas escritas en 1584. En 1585 escribió Los furores heroicos donde, en un estilo de diálogo platónico, describe el camino hacia Dios a través de la sabiduría. Ese mismo año regresó a París con el embajador, para luego dirigirse a Marburgo, donde dio a la prensa las obras escritas en Londres. En Marburgo retó a los seguidores del aristotelismo a un debate público en el College de Cambrai, donde fue ridiculizado, atacado físicamente y expulsado del país.

Durante los siguientes cinco años vivió en diversos países protestantes, donde escribió muchos trabajos en latín sobre cosmología, física, magia y el arte de la memoria (fue uno de los grandes representantes de la tradición hermética). Llegó a demostrar, aunque por métodos falaces, que el Sol es más grande que la Tierra. En 1586 expuso sus ideas en la Sorbona y en el Colegio de Cambrai y enseñó filosofía en la Universidad de Wittenberg.En 1588 viajó a Praga, donde escribió artículos dedicados al embajador de España y a Rodolfo II.

Pasó a servir brevemente como profesor de matemáticas en la Universidad de Helmstedt, pero tuvo que huir otra vez cuando fue excomulgado por los luteranos. En 1590 se dirigió al convento de las Carmelitas en Fráncfort y Zúrich. Ahí escribió sus poemas.

Cosmología

Bruno creía que la tierra gira alrededor del sol, y que la rotación diurna aparente de los cielos es una ilusión causada por la rotación de la tierra alrededor de su eje de rotación. Bruno también sostuvo que porque Dios es infinito el universo podría reflejar este hecho.

el universo es uno, infinito, inmóvil… No es capaz de comprensión y por lo tanto es interminable y sin límites y a ese grado infinito e indeterminable y por consecuencia inmóvil.

Bruno también afirmó que las estrellas en el cielo eran otros soles como el nuestro, a las que orbitan otros planetas. Indicó que el apoyo de esas creencias en ninguna manera contradijo las Escrituras o la verdadera religión. Bruno también afirmó que el universo era homogéneo, compuesta por los cuatro elementos (agua, tierra, fuego y aire), en lugar de tener las estrellas se compone de una quintaesencia separado. Esencialmente, las mismas leyes físicas estaría operando en todas partes, aunque el uso de ese término es anacrónico. Espacio y tiempo eran ambos infinitos. No había lugar en su universo estable y permanente de las nociones cristianas de la creación divina y el juicio final.

La cosmología de Bruno está marcada por la infinitud, homogeneidad e isotropía, con sistemas planetarios con vida distribuidos uniformemente a lo largo.de todo el universo.

Física

Famosa es la evidencia dada por Giordano Bruno de la relatividad del movimiento. Bruno muestra que la tierra no es estática. Si cae una piedra desde la parte superior del mástil de un barco en movimiento, caerá aún al pie del mástil, sin importar el movimiento del barco. Demostrando que uno no puede considerar el movimiento de un cuerpo en términos absolutos solo con un sistema de referencia.

Todas las cosas que hay sobre la tierra se mueven con la tierra. Una piedra lanzada desde lo alto del mástil volverá al final de alguna manera aunque la nave se está moviendo. (“La Cena de le Ceneri “).

El comienzo del fin

El proceso de Giordano Bruno a cargo de la Inquisición romana. Relieve de bronce de Ettore Ferrari (1845-1929), Campo dei Fiori, Roma.

 A instancias de Giovanni Mocenigo, noble veneciano, regresó a Italia. Mocenigo se convirtió en su protector, para impartir cátedra particular.

El 21 de mayo de 1591, Mocenigo, «no satisfecho de la enseñanza y molestado por los discursos heréticos de su huésped», le denunció a la Inquisición. El 27 de enero de 1593 se ordenó el encierro de Giordano Bruno en el Palacio del Santo Oficio, en el Vaticano. Estuvo en la cárcel durante ocho años mientras se disponía el juicio –bajo el tribunal de Venecia–, en el que se le adjudicaban cargos por blasfemia, herejía e inmoralidad; principalmente por sus enseñanzas sobre los múltiples sistemas solares y sobre la infinitud del universo. Durante la ocupación napoleónica se perdieron la mayoría de los folios de ese juicio.

El proceso fue dirigido por Roberto Belarmino, quien posteriormente llevaría el similar proceso contra Galileo. En 1599 se expusieron los cargos en contra de Bruno. Las múltiples ofertas de retractación fueron desestimadas. Finalmente, sin que se tenga conocimiento del motivo, Giordano Bruno decidió reafirmarse en sus ideas y el 20 de enero de 1600 el papa Clemente VIII ordenó que fuera llevado ante las autoridades seculares.

El 8 de febrero fue leída la sentencia en donde se le declaraba herético, impenitente, pertinaz y obstinado. Es famosa la frase que dirigió a sus jueces: «Tembláis más vosotros al anunciar esta sentencia que yo al recibirla». Fue excomulgado y sus trabajos fueron quemados en la plaza pública.

Durante todo el proceso fue acompañado por monjes católicos. Antes de ser ejecutado en la hoguera uno de ellos le ofreció un crucifijo para que lo besara, pero Bruno lo rechazó y dijo que moriría como un mártir y que su alma subiría con el fuego al paraíso.

Fundamento procesal

Luigi Firpo lista estos cargos que fueron puestos contra Bruno por la Inquisición:

  • Tener opiniones en contra de la fe católica y hablar en contra de ella y sus ministros.
  • Tener opiniones contrarias a la fe católica sobre la Trinidad, la divinidad de Cristo y la encarnación.
  • Tener opiniones contrarias a la fe católica en relación a Jesús como Cristo.
  • Tener opiniones contrarias a la fe católica en relación a la virginidad de María, la madre de Jesús.
  • Tener opiniones contrarias a la fe católica en relación a la transubstanciación y la misa.
  • Decir que existen múltiples mundos.
  • Tener opiniones favorables de la transmigración del espíritu en otros seres humanos después de la muerte.
  • Brujerías.

Excepción

Lo habitual era matar al hereje y después quemar el cuerpo. En el caso de Giordano Bruno, tras una condena de más de 8 años, fue quemado vivo el 17 de febrero de 1600 en Campo dei Fiori, Roma.

Obras

Hay obras que aún no han sido publicadas en español, otras se consideran perdidas y alguna de cuya distribución se duda.

Sin fecha:

Datos anecdóticos

  • Giovanni Mocenigo –personaje que denunció a Giordano– fue acusado de herejía al descubrirse que intentaba dominar las mentes ajenas, cosa que Bruno se negó a enseñarle. Nunca fue apresado ni existió proceso en su contra.
  • El papa Clemente VIII dudó de la sentencia impuesta a Giordano antes de dictarla porque no deseaba convertir a Bruno en un mártir.
  • El cardenal Roberto Belarmino, santificado en 1930 por la Iglesia Católica, fue el encargado de llevar el proceso de acusación de herejía a Bruno; años después, en 1616, san Roberto Belarmino sería encargado de llevar el proceso de acusación de Galileo Galilei.

Honores

  • El crater de 22 km del lado oscuro de la luna y el asteroide 5148 llevan su nombre
  • El asteroide 13223 se llama Cenaceneri como su libro.