Alemania devuelve a Italia originales de Galileo Galilei y Copérnico


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  • La mayor parte de las 200 obras, valoradas en unos 2,5 millones de euros, fueron robadas entre 2011 y 2012 de la histórica biblioteca de los Jerónimos de Nápoles
Alemania devuelve a Italia originales de Galileo Galilei y Copérnico

ABC La biblioteca de los Jerónimos de Nápoles

Las autoridades del estado de Baviera (sur de Alemania) devolverán a Italia unos quinientos libros, entre ellos obras originales de Galileo Galilei, Nicolás Copérnico o Johannes Kepler, robados la mayoría entre 2011 y 2012 de la histórica biblioteca de los Jerónimos de Nápoles.

Según informó la fiscalía de Múnich en un comunicado, se trata de 543 libros de los siglos XVI y XVII valorados en unos 2,5 millones de euros, que fueron confiscados en mayo de 2012 en una casa de subastas de la capital bávara.

El expolio continuado de la biblioteca de los Jerónimos de Nápoles fue detectado en 2012, cuando se descubrió la desaparición de un centenar de libros y fue detenido, entre otros, el director de la institución, Massimo Marino de Caro.

En los registros policiales realizados en un depósito de Verona -ciudad en la que residía De Caro- se encontraron 257 valiosos ejemplares de la biblioteca napolitana y en su residencia se hallaron otros 237 libros antiguos, aunque desde un principio se sospechó de que muchos podían encontrarse ya en el extranjero.

De Caro fue acusado de dirigir la red que saqueó durante meses la biblioteca y fue condenado a siete años de privación de libertad. En Múnich, según recuerda la fiscalía, se hallaron más de 500 ejemplares procedentes de distintas bibliotecas italianas en una casa de subastas, un «destacado patrimonio cultural» originario en su mayor parte de la institución napolitana.

Los libros han estado bajo custodia en Alemania hasta ahora y el viernes responsables de la fiscalía muniquesa entregarán a funcionarios de justicia italianos todos los ejemplares salvo uno, cuyo origen no ha podido ser aclarado todavía.

Hallan una estela de granito de hace 2.200 años en Egipto


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  • Su importancia radica en que tiene la misma forma de las escrituras de la Piedra de Rosetta, que fue tallada en el periodo de Ptolomeo V

Un equipo de expertos de la República Dominicana ha descubierto una estela de piedra caliza que data del periodo ptolomaico (350-30 a.C.) en la costa mediterránea egipcia, informó el ministro egipcio de Antigüedades, Mamdouh al Damati.

En un comunicado, el ministro explicó que la pieza fue hallada por arqueólogos de la Universidad Católica de Santo Domingo, con la colaboración del Consejo Supremo de Antigüedades, en la zona arqueológica de Tabuziris Magna.

La estela está ornamentada en su parte superior con inscripciones de veinte líneas de alfabeto jeroglífico, que constituyen cartuchos con los nombres del rey Ptolomeo IV Filopator, que reinó en Egipto entre los años 221 y 204 a.C., y de su hijo Ptolomeo V (203-181a.C.). La pieza fue esculpida durante el séptimo año del reinado de este último monarca, según la nota.

Asimismo, aparecen inscritos los nombres de sus respectivas esposas y el de una hermana de Ptolomeo V. Mientras, la parte inferior de la pieza destaca por tener cinco líneas en alfabeto demótico que, al parecer, es una copia traducida de la versión esculpida en jeroglífico. La estela tiene un largo de 105 centímetros, un ancho de 65 y un espesor de 18.

Al Damati destacó que la importancia de esta estela radica en que tiene la misma forma de las escrituras de la Piedra de Rosetta, que fue tallada en el periodo de Ptolomeo V, en el noveno año de su reinado. Asimismo, recordó que esta pieza es una copia exacta de la hallada en el templo de Filae, en la meridional provincia de Asuán, que también data de la época de Ptolomeo V, aproximadamente del séptimo año de su reinado.

Por su lado, la jefa de los expertos dominicanos, Kathleen Martínez, destacó que su equipo trabaja desde hace seis años en la zona de Tabuziris Magna. Durante las excavaciones han descubierto importantes hallazgos de la historia de la ciudad costera de Alejandría, entre ellas tumbas pertenecientes a importantes funcionarios y nobles, además de estatuas de la diosa Isis y monedas de bronce, algunas de ellas del periodo de la reina Cleopatra, concluyó la arqueóloga.

Así son de verdad las marismas del Guadalquivir de «La isla mínima»


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  • La película ganadora de los Goya ha descubierto al público las marismas del Guadalquivir, el mayor arrozal de Europa
Así son de verdad las marismas del Guadalquivir de «La isla mínima»

Héctor Garrido/EBD-CSIC Fotografía aérea de las estructuras fractales de las marismas andaluzas, una de las imágenes que forman parte de la cabecera de créditos de la película «La Isla Mínima»

La película«La Isla Mínima» ha descubierto al público las marismas del Guadalquivir, una de las zonas más inhóspitas de la Península hasta hace apenas medio siglo, pero que tras titánicas décadas de trabajo humano para desecarlas y roturarlas se han consolidado como el mayor arrozal de Europa.

Los sedimentos arrastrados por el Guadalquivir hacia el mar durante siglos colmataron el golfo conocido en la época romana como Lago Ligustino, que llegaba desde el Atlántico hasta Sevilla, y crearon una enorme marisma de unos dos mil kilómetros cuadrados, penetrada por el Guadalquivir y sus dos brazos más importantes: el Brazo del Este y el Brazo de la Torre.

Así son de verdad las marismas del Guadalquivir de «La isla mínima»

Soto Grande, Almonte, Huelva Héctor Garrido/EBD-CSIC

Entre estos tres cauces se conformaron las denominadas islas Mayor y Menor, y ésta última fue seccionada por la Corta de los Jerónimos, una de las ejecutadas desde el siglo XVIII entre meandros del Guadalquivir para facilitar la navegación, creando la ínsula conocida desde entonces como la Isla Mínima, el paisaje argumental de la película del mismo nombre, galardona con diez Goyas.

El filme de Alberto Rodríguez no se ha rodado sólo en las 2.300 hectáreas de Isla Mínima, sino también en Isla Mayor, principal población de estos arrozales; la finca Veta la Palma y la intrincada red de caminos y de canales que conforman las 30.000 hectáreas de este arrozal de la margen derecha del estuario del Guadalquivir, que contrasta con la izquierda, poco alterada ya que desde mediados del pasado siglo alberga el Parque Nacional de Doñana.

El paisaje de los arrozales es radicalmente plano, inundado medio año, polvoriento el otro, en el que solo sobresalen los rectilíneos muros de los canales de agua que delimitan las tablas de arroz y alguna construcción o árbol singulares que sirven de referencia en decenas de kilómetros cuadrados.

Así son de verdad las marismas del Guadalquivir de «La isla mínima»

Isla de Enmedio. Huelva Héctor Garrido/EBD-CSIC

Las geométricas tablas de arroz contrastan con la enrevesada red hídrica del estuario del Guadalquivir, como reflejan las fotos aéreas que cada mes realiza, desde hace décadas, el fotógrafo de la Estación Biológica de Doñana (CSIC) Héctor Garrido, algunas de cuyas imágenes de esta «armonía fractal de Doñana» ilustran «La Isla Mínima».

Las bandadas de miles de aves que viven en los arrozales conforman uno de los espectáculos más singulares de estas marismas, inalteradas durante siglos, aisladas por periódicas inundaciones y por la malaria y con un uso ganadero y cinegético marginal.

Fue en 1926 cuando buena parte de la margen derecha del estuario del Guadalquivir fue vendida por el marqués de Casa Riera a la sociedad británico-suiza Sociedad de las Islas del Guadalquivir, que comenzó su desecación y roturación para cultivar algodón y arroz.

Así son de verdad las marismas del Guadalquivir de «La isla mínima»

Marisma de San Fernando, Cádiz Héctor Garrido/EBD-CSIC

Al fracaso de esta gran empresa, que ejecutó proyectos de infraestructuras desconocidos hasta la fecha en Andalucía, como kilómetros de canales, carreteras, vías ferroviarias y estaciones de bombeo, siguió el de la Compañía Hispalense de la Valoración de las Marismas y, posteriormente, ISMAGSA que también intentaron, con poco éxito, el cultivo del arroz durante la Segunda República.

Fue el general Gonzalo Queipo de Llano quien a partir de 1937 impulsó definitivamente el cultivo del arroz en esta zona, estratégico para abastecer al bando franquista, pues los otros arrozales españoles, la Albufera de Valencia y el delta del Ebro, permanecían bajo soberanía republicana.

Las condiciones en las que miles de braceros -muchos de ellos republicanos huidos de las matanzas de la Baja Andalucía y Extremadura- domeñaron la marisma para transformarla en un límpido arrozal se asemejaron a las penurias de los campos de trabajo forzado.

Numerosos presos de guerra y políticos también fueron empleados en la construcción de las obras para el riego de estos cultivos.

Así son de verdad las marismas del Guadalquivir de «La isla mínima»

Sancti Petri-La Barrosa. Chiclana. Cádiz Héctor Garrido/EBD-CSIC

La posterior llegada de agricultores valencianos expandió los arrozales por el Bajo Guadalquivir hasta consolidarlos como unos de los principales de Europa, con una cosecha de más de 300.000 hectáreas, casi la mitad de la producción española.

Al ignoto poblado de Alfonso XIII, denominado así al ser el puesto avanzado para las batidas de caza del monarca en estas marismas, le superó a mediados del siglo XX El Puntal, primigenio establecimiento de los braceros del arroz que luego se transformaría en la pedanía de Villafranco del Guadalquivir y, ya en democracia, en la actual Isla Mayor.

La Isla Mínima comenzó su transformación en la primera década del pasado siglo, cuando su propietario, Luis de Olaso, impulsó los regadíos agrícolas y el aprovechamiento ganadero en esta finca, en la que construyó un poblado con este nombre.

El aislamiento geográfico de estas marismas y el silencio forzado de miles de braceros que las transformaron la marisma en condiciones de semi-esclavitud, envolvieron a estas tierras en un halo de misterio desvelado en parte en la película de Alberto Rodríguez.

Medio siglo antes, Alfonso Grosso y Armando López Salinas ya advirtieron la singularidad de esta zona, que recorrieron en agosto de 1960 en un viaje antropológico plasmado en su obra «Por el río abajo», editada en París en 1966 y que no pudo ser publicada en España hasta 1977.

Atín Aya, fotógrafo prematuramente desaparecido en 2007, reflejó en blanco y negro el dramatismo de la vida en la marisma, también reflejado en algunas escenas de «La Isla Mínima».


Héctor Garrido