El misterioso empeño de Cristóbal Colón por ocultar sus orígenes


ABC.es

  • La teoría más aceptada considera que procedía de una familia humilde de Génova, con un posible vínculo judío. A causa de la fiebre nobiliaria que se vivía en la Corte española, el descubridor escondió el pobre lustre de sus antepasados
El misterioso empeño de Cristóbal Colón por ocultar sus orígenes

Wikipedia Llegada de Cristóbal Colón a las Indias Occidentales, por John Vanderlyn

Se trata de uno de los grandes misterios que esconde la historia: ¿Cuál era el lugar de nacimiento de Cristóbal Colón? La respuesta oficial sigue siendo Génova, pese a que cada año surge una nueva teoría que zarandea las pruebas en su provecho. Hay teorías a la carta sobre su procedencia: desde que era gallego, castellano (Guadalajara), extremeño (Plasencia), portugués, mallorquín, vasco, corso, catalán, hasta que era inglés. Pero ninguna ha obtenido nunca el consenso de los expertos. Como tampoco lo han hecho los estudios sobre la profesión que tenía el descubridor antes de enfrascarse en la empresa que dio sentido a su vida. Lo único transparente, entre todos estos enigmas, es que Colón se tomó muchas molestias en que no se resolviera el misterio.

«Cuan apta fue su persona y dotada de todo aquello que para tan grande cosa convenía, tanto más quiso que su patria y origen fuesen menos ciertos y conocidos», escribió su hijo don Hernando en «La Historia del Almirante». Hernando Colón conocía la respuesta al misterio pero, escudándose en las instrucciones de su padre, sembró todavía más dudas en el asunto. No obstante, su celo revela una pista fundamental: su procedencia era tan sensible –ya fuera por un asunto religioso (ser un judío converso), por uno político (tener enemistades abiertas con importantes nobles o monarcas en el pasado) o por uno social (orígenes humildes)– como para justificar aquellas precauciones. Y aunque mantuvo el secreto hasta sus últimos días, su testamento, otorgado en Sevilla el 3 de julio de 1539, no deja dudas: se identifica como «hijo de Cristóbal Colón, genovés, primer almirante que descubrió las Indias». La solemnidad de declarar ante notario arrojó el secreto, o quizás se limitó a seguir el hilo de la versión más aceptada cuando su padre vivía.

El misterioso empeño de Cristóbal Colón por ocultar sus orígenes

ABC Retrato de «Christopher Columbus»

Sus contemporáneos le consideraban «extranjero», lo que en aquel contexto significaba no nacido en Castilla (igualmente podría ser valenciano, mallorquín o catalán). Como prueba de ello, Ruy González de Puebla, embajador de los Reyes Católicos en Inglaterra, informa en una carta fechada en 1498 de que el Rey inglés envía cinco naos armadas «con otro genovés como Colón» al Nuevo Continente. Además consta que Colón, ya fuera por su nacionalidad o porque estuvo viviendo en Italia, se rodeó de amigos genoveses durante toda su vida. Así ocurrió con los Esbarroya en Córdoba, Francisco Pinelo, establecido en Sevilla, o Gaspar Gorricio, monje de la Cartuja de Santa María de las Cuevas, entre otros.

Un genovés, ¿hijo de tejedores?

Un documento, firmado por el mismo Colón el 22 de febrero de 1498 también ante notario, afirma que «siendo yo nacido en Génova, les vine a servir a los Reyes Católicos aquí en Castilla». Y en ese mismo texto, reclama a su hijo Diego que una vez fallecido él «tenga y sostenga siempre en la ciudad de Génova una persona de nuestro linaje que tenga allí casa y mujer… pues que de allí salí y en ella nací». Frente a esta contundente prueba documental, los defensores de que no nació en Italia, sin embargo, han argumentado que el texto es falso, o bien apócrifo, y fue redactado dentro del contexto de los Pleitos colombinos que mantuvieron sus descendientes con la Corona de Castilla.

Pero aun suponiendo que nació en Génova, como las pruebas parecen sostener, el resto de cuestiones siguen abiertas: ¿Por qué lo ocultó con tanta insistencia si todos sabían que no era castellano? ¿A qué se había dedicado antes de viajar a España? La historiadora Lourdes Díaz-Trechuelo en su libro «Cristóbal Colón: primer almirante del mar océano» (1991) apunta a que «el afán nobiliario de la época pudo empujar a Colón a ocultar el pasado de su familia».

El propio Hernando Colón –que calificó de mentiroso a un cronista genovés por decir que la familia de su padre era humilde– deja muestra en sus textos de la importancia de ser de noble cuna entonces, «porque suelen ser más estimados en España los que proceden de grandes ciudades y generosos ascendientes, quisieran algunos que yo me detuviese y ocupase en decir que el Almirante descendía de sangre ilustre, y que sus padres por mala fortuna habían llegado a la última estrechez y necesidad». Ser genovés, en efecto, no era un problema en la Corte española, pero el origen humilde de su familia sí suponía un obstáculo para sus pretensiones de ascenso social en una tierra donde, quien más quien menos, era «hijo de algo».

La versión más aceptada hoy en día es que Cristóbal Colón era nieto de Giovanni Colón, tejedor de lana en Quinto, un pueblecito a pocos kilómetros de Génova. A su vez, su padre, llamado Doménico, siguió el oficio familiar y se casó con la hija de otro tejedor, Susana Fontanarossa. La esposa aportó dos casas como dote, una en Quinto y otra en la ciudad de Génova, donde se trasladó el matrimonio. Allí nació el descubridor, el primogénito, en una fecha cercana a 1451. Esto significaría que cuando realizó su primer viaje a América Colón tenía unos 41 años, aunque según las crónicas de Bartolomé de Las Casas aparentaba más edad.

Colón no era de una familia pobre, pero si lo bastante humilde como para sentirse intimidado por la obsesión sanguinea de la Corte de los Reyes Católicos. Y lo que es más importante, sus padres se ganaban la vida con las manos. Puesto que todavía en muchos rincones de Europa los trabajos manuales eran despreciados como propios de gente de baja escala social, no es de extrañar que Colón ocultara sus orígenes e incluso se atreviera a fanfarronear, sin aportar nombre alguno, que «no soy el primer almirante en mi familia».

Un bisabuelo de orígen judío

También se ha especulado sobre la posible procedencia semítica de su familia. Salvador de Madariaga, en su famoso libro «Vida del Muy Magnífico Señor Don Cristóbal Colón» señala con toda contundencia que era de origen judío y que posiblemente practicaba esta religión. Otros autores han llegado a ver rasgos físicos propios de los judíos italianos en las descripciones que se conservan sobre el descubridor. A modo de réplica, Ballesteros Beretta concluye sin lugar a dudas que «era hijo de unos padres sinceramente católicos, que le transmitieron la fe católica, bien arraigada en él toda su vida, y también el franciscanismo tan extendido en Italia». Bartolomé de Las Casas, que conoció en profundidad a Colón, coincide en este asunto: «Era un católico de mucha devoción».

Aunque realmente no practicara el judaísmo ni procediera de una familia conversa, si es posible que un factor religioso influyera en que Colón no quisiera revelar datos de su vida. Según el americanista Ballestero Beretta, su rama paterna estaba libre de ascendencia judía, pero la materna estaba emparentada con Jacobo de Fontanarubea. Un nombre semítico y un apellido gentilicio, muy usados entre los hebreos, que hubiera servido a los enemigos de Colón como excusa para debilitar su influencia.

El misterioso empeño de Cristóbal Colón por ocultar sus orígenes

Wikipedia Posible tumba de Cristóbal Colón. Catedral de Sevilla

Pero incluso en esta teoría genovesa –la más aceptada– los investigadores siguen viendo enigmas abiertos en torno a la figura del marinero. Sin ir más lejos, se conocen muy pocos textos escritos en italiano por el descubridor, y las breves notas en este idioma cuentan con graves fallos de redacción. La mayor parte de sus escritos están en castellano, con giros lingüísticos procedentes de otras lenguas de la península Ibérica que, siguiendo las tesis de Menéndez Pidal, podrían ser portuguesismos o galleguismos.

Las teorías que lo vinculan a la Corona de Aragón (catalán, valenciano o mallorquín) también se sustentan en investigaciones lingüísticas. No obstante, en todos los casos, la crítica desde la comunidad académica es la misma. Hay demasiado empeño por desacreditar las pruebas conocidas –las que lo vinculan con Génova–, sin presentar documentos originales que vertebren nuevas teorías.

Actualmente, ha cobrado gran fuerza los estudios que vinculan el pasado de Colón con Pontevedra. A través de pruebas grafológicas se han identificado similitudes entre los textos del descubridor de América y los de un noble gallego nacido en Poio que a lo largo de su vida cambió de identidad en diversas ocasiones, llamado Pedro «Madruga».

¿Qué es la zona de habitabilidad de una estrella?


ABC.es

  • Una de las condiciones para que un planeta tenga alguna posibilidad de albergar vida es que se encuentre dentro de ella
¿Qué es la zona de habitabilidad de una estrella?

nasa Ilustración del planeta extrasolar Kepler-186f, en la zona de habitabilidad de su estrella

Una de las condiciones para que un planeta tenga alguna posibilidad de albergar vida, al menos tal y como la conocemos aquí en la Tierra, es que se encuentre en lo que se llama la «zona de habitabilidad» de su estrella. Es decir, a la distancia necesaria, ni demasiado cerca ni demasiado lejos, para que en su superficie pueda existir agua líquida. Por eso, a esa zona se la denomina también de «Ricitos de Oro», ya que, como las gachas que se comía la niña protagonista del cuento infantil, los mundos deben estar en su justa temperatura, ni demasiado fríos para una glaciación perpetua ni demasiado cálidos para un efecto invernadero infernal.

Además de la distancia, la zona de habitabilidad también depende de la masa y la edad de la estrella, ya que con el tiempo cambia su tipo espectral y su luminosidad. En una estrella de tipo M, las más numerosas en nuestra galaxia, de baja masa y luminosidad, la zona habitable se encontrará muy cerca de la estrella. Pero ese factor también podría influir en la existencia de vida, como la excentricidad de la órbita o la inclinación del eje de rotación… Mil factores influyen.

Los criterios para designar esta franja espacial fueron estipulados hace dos décadas por James Kasting, investigador de la Penn State University (EE.UU.) y uno de los líderes mundiales en esta área. Pero recientemente científicos de la misma institución han situado esa zona habitable algo más lejos del astro, lo que implica que muchos planetas que hasta ahora se creían bien situados en realidad no lo están, y que otros que estaban fuera se encuentran dentro de ella. El cambio puede tener consecuencias a la hora de plantearse la búsqueda de vida fuera de la Tierra.

Un equipo de la Universidad de Aberdeen en Escocia (Reino Unido) también cree que esas fronteras tradicionales deberían ampliarse, ya que, a su juicio, mundos rocosos y fríos que antes se consideraban inertes pueden ser capaces de soportar vida por debajo de su superficie.

Mundos habitables

En este sentido, un equipo de investigadores de la Universidad de Texas ha elaborado un Indice de Complejidad Biológica (BCI), diseñado especialmente para hacer una estimación de la probabilidad de que la vida orgánica compleja surja en otros mundos. Según los cálculos, solo en la Vía Láctea podría haber más de cien millones de planetas con vida compleja, algo absolutamente impresionante.

De momento, de los más de 1.800 planetas confirmados descubiertos fuera del Sistema Solar, apenas 21 muestran alguna similitud con la Tierra. De ellos, una decena se consideran «potencialmente habitables». La mayoría son mayores que nuestra bola azul. Entre estos prometedores nuevos mundos, la supertierra Gliese 667Cc, a 22 años luz de nosotros, o Kepler 283c, con un año de 93 días.

El sangriento general regente de Isabel II que dio nombre a la calle Príncipe de Vergara


ABC.es

  • Esta gran arteria de la capital fue el motor de la revalorización de Chamartín. Su longitud, anchura y facilidad de acceso la convirtieron en un velódromo e incluso en un manifestódromo

wimikedia Baldomero Espartero, en un retrato colgado en el Congreso de los Diputados y la parada de metro en su calle

Combatió en primera línea en la Guerra de Independencia y en las sucesivas Guerras Carlistas. Fue herido en ocho ocasiones. Su carácter altivo y exigente lo llevó a cometer excesos, en ocasiones muy sangrientos, en la disciplina militar. Convencido de que su destino era gobernar a los españoles, llego a ser dos veces presidente del Consejo de Ministros y asumió la Jefatura del Estado como regente durante la minoría de edad de Isabel II. El general Baldomero Espartero, Príncipe de Vergara –entro otros muchos títulos– fue el único militar español con tratamiento de Alteza Real.

A pesar de todas sus contradicciones, supo pasar desapercibido los últimos veintiocho años. Rechazó la Corona de España y fue tratado como una leyenda desde bien joven. Joaquín Baldomero Fernández-Espartero Álvarez de Toro (Granátula de Calatrava, 27 de febrero de 1793 – Logroño, 8 de enero de 1879) fue una figura clave en la historia militar y política del siglo XIX. Este general curtido en batallas fue el protagonista, junto a Maroto, del Abrazo de Vergara de 1839. Un gesto con el que se se selló la paz en la Primera Guerra Carlista.

Tras la contienda se volcó en la política. María Cristina le nombró presidente del Consejo de Ministros. Después fue él mismo el que la exigió que abdicara para que le nombrara regente en 1841.

Dos años más tarde se vio obligado a disolver las Cortes. Desde entonces, se mantuvo retirado. En 1868, Prim le ofreció que las Cortes lo eligieran rey constitucional de España, pero él lo rechazó. Amadeo de Saboya fue quien finalmente lo nombró Príncipe de Vergara con tratamiento de Alteza Real.

Cambio de nombre por los carlistas

Después de la Guerra Civil la calle cambió de nombre – un cambio impulsado por los Carlistas– y pasó a llamarse General Mola, muerto en accidente de avión durante batalla. En 1981, con Enrique Tierno Galván como alcalde socialista de Madrid, recuperó su nombre inicial.

Fue una vía abierta a finales del siglo XIX en el recién construido barrio de Salamanca. En su origen salía de los terrenos donde se encontraba el final de los llamados Campos Elíseos, lugar donde fueron fusilados después de los sucesos del 22 de junio de 1866 los 66 sargentos de Artillería del Cuartel de San Gil que apoyaban a Juan Prim.

Manifestódromo de Madrid

Más de un tercio de la línea 9 corre a todo lo largo de la calle, desde su nacimiento junto al metro de Príncipe de Vergara hasta la Estación de Pío XII. Esta gran arteria de la capital ha sido el auténtico motor de la revalorización de la parte del barrio de Chamartín, una zona despreciada hasta hace años como las afueras.

Debido a su longitud, anchura y facilidad de acceso, y a que en varios puntos de la calle se produjeron atentados terroristas de ETA, ha sido usada como manifestódromo en varias ocasiones. Las mismas cualidades la han convertido en el parte del recorrido de pruebas deportivas urbanas. También se intentó instalar un velódromo urbano los domingos por la mañana en la primera parte de la calle, pero el continuo incremento del tráfico dio al traste con los planes, permaneciendo sólo dos meses.