Hallan un féretro con las iniciales M. C. en la iglesia donde buscan a Cervantes


El Mundo

  • Se analizarán los restos para comprobar si se corresponden con los del escritor
  • Los investigadores dicen que ‘está todo abierto’ y que no hay ‘conclusiones’ definitorias
    Féretro en mal estado y con las iniciales M.C encontrado en un nicho en la iglesia de las Trinitarias de Madrid.EFE

Féretro en mal estado y con las iniciales M.C encontrado en un nicho en la iglesia de las Trinitarias de Madrid.EFE

Entre los trozos de un ataúd de madera carcomida por el paso de los siglos, el equipo de investigadores que busca a Miguel de Cervantes ha encontrado una prueba que podría resultar concluyente: las iniciales M. C., remachadas en hierro, están incrustadas en uno de los laterales del féretro, en cuyo interior además se han encontrado varios huesos. Será el análisis de los mismos, que está previsto que se realice en las próximas horas, lo que confirmará si se trata o no de los restos del autor del Quijote, fallecido en 1616.

Nueve meses han sido necesarios para que una treintena de expertos haya accedido por fin a las entrañas de la iglesia del Convento de las Trinitarias de Madrid, en el barrio de Las Letras, el lugar en el que según las referencias documentales de la época se cree que fue enterrado el escritor. Los trabajos de exploración de las sepulturas que atesora la cripta comenzaron este sábado en medio de una gran expectación mediática. Un portavoz del Ayuntamiento de la capital ha confirmado el hallazgo en el nicho número uno.

El hueco en cuestión parece haber sido rellenado con escombros como tejas y restos de ladrillos, lo que hace suponer que “allí se hayan colocado restos de otros enterramientos anteriores”. De hecho, aparte del retazo con las iniciales M. C., en su interior también se han hallado “maderas que parecen tener otro origen y desechos de más féretros”, lo que hace pensar a los investigadores que en ese mismo dentro hay restos óseos de varios individuos.

Pese al hallazgo, los investigadores consideran que “está todo abierto” y que no hay “conclusiones” definitorias, aunque uno de los directores del proyecto ha dicho estar convencido de que se trata de un avance “muy importante, que indica lo que indica”.

A falta del análisis de los huesos asociados a este enterramiento, parece probable que sea aquí es donde descansaban desde hace 400 años los restos mortales de Cervantes. En la búsqueda han participado arqueólogos, forenses, técnicos e historiadores.

Un proyecto ‘ambicioso’ y ‘de relevancia’

El pasado mes de abril el Ayuntamiento de Madrid impulsó «uno de los proyectos más ambiciosos y de mayor relevancia de la historia de la capital» para tratar de encontrar la tumba del escritor. El foco se puso en el Convento de las Trinitarias a partir de «un sólido estudio científico e histórico».

El primer paso fue explorar con georadar la iglesia, cuyos resultados delimitaron cinco zonas claras con posibles enterramientos. A partir de ahí el equipo multidisciplinar de investigadores, con el forense Francisco Etxeberría a la cabeza, diseñó una hoja de ruta para continuar con la búsqueda.

El lugar en el que se decidió actuar inicialmente fue en la cripta, donde hay una treintena de nichos, y cuyo acondicionamiento había permitido la instalación de un laboratorio para poder analizar ‘in situ’ los huesos encontrados. Ataviados con monos blancos y un silencio sobrecogedor, los expertos comenzaron el sábado las labores de búsqueda de esta segunda fase.

Previamente, los pasados 17 y 18 de enero, se había realizado un nuevo estudio tecnológico. Los trabajos efectuados por la empresa Falcon High Tech consistieron en «una prospección geofísica mediante georadar (GPR) y antena de alta resolución de 400 Mhz en el suelo del habitáculo y termografía infrarroja (TIR) y fotografía infrarroja (IR) en los paramentos verticales y horizontales», según explicó el viernes el Área de Las Artes del Ayuntamiento de Madrid.

En este análisis se detectaron entre cuatro y ocho nuevos enterramientos en el suelo. También se fotografiaron con espectro infrarrojo todos los dibujos e inscripciones de las paredes de la cripta.

La principal hipótesis

La hipótesis con la que se trabajaba es que el escritor fue enterrado inicialmente en una tumba y que después, en una de las reformas de la iglesia, habría sido trasladado a uno de los nichos de la pared, donde presuntamente ha sido encontrado.

En estos dos días de trabajo que comenzaron el sábado, y que en un principio se había previsto que duraran 10 días, se han realizado inspecciones por endoscopia en los enterramientos, practicando perforaciones de unos 20 mm de diámetro. Si se consideraba necesario, como en este caso, se procedía a extraer los restos óseos para examinar cuestiones relativas al perfil antropológico de los restos (morfología, edad, estatura…).

Aún no han trascendido los detalles del hallazgo en el interior de la caja de madera desportillada, pero es probable que los investigadores a estas alturas hayan podido detectar en esos huesos algunos de los rasgos característicos del autor alcalaíno: su mano izquierda estaba inutilizada (aunque no era manco) y tenía tres disparos de arcabuz en el pecho tras su participación en la Batalla de Lepanto.

El Ayuntamiento de Madrid ha subvencionado la prospección en el Convento de las Trinitarias para localizar los restos de Cervantes, que en conjunto ha costado unos 62.000 euros. Se trata de una inversión mínima si se tiene en cuenta la repercusión económica que se espera que tenga el hallazgo, de confirmarse finalmente: sólo el anuncio de la búsqueda supuso un impacto mediático de 16 millones de euros.

Los fragmentos de Evangelio más antiguos del mundo


ABC.es

  • El anunciado hallazgo de un papiro en una máscara de momia egipcia «sería muy importante si proporcionara un texto mucho más antiguo de Marcos», dice un experto
Los fragmentos de Evangelio más antiguos del mundo

wikipedia Papiro 66, también llamado Papiro Magdalena, conservado en el Magdalen College de Oxford

Algunos de los papiros más antiguos con textos del Nuevo Testamento habían sido encontrados en vertederos de papel en el desierto, o comprados a comerciantes de antigüedades, pero nunca hasta ahora se había dado con uno de ellos en una momia egipcia, entre los cientos de documentos utilizados como papel maché para crear su máscara. Un grupo de expertos de la Universidad evangelista de Acadia (Canadá) lo encontró hace tres años y ha logrado identificar el texto como un fragmento del evangelio de San Marcos datado entre el año 80 y el 90 después de Cristo. De confirmarse, sería el primer manuscrito del Nuevo Testamento que se conoce.

Los científicos creen que el papiro en el que se escribió esta copia del evangelio de San Marcos habría sido reciclado después por otras personas para elaborar la máscara funeraria, una práctica común entre las clases humildes egipcias que tenían que conformarse con papiro o lino, pegamento y pintura, según señaló el doctor en Estudios Bíblicos Craig Evans el pasado 18 de enero a Live Science.

«Si lo que dicen es cierto, el hallazgo sería de gran importancia, pues el papiro más antiguo que tenemos de Marcos es relativamente tardío: el P45, que contiene los cuatro evangelios, aunque en otro orden (Mateo, Juan, Lucas y Marcos. Data de mediados del siglo III», señala Santiago Guijarro, catedrático de Nuevo Testamento de la Universidad Pontificia de Salamanca y director de la Asociación Bíblica Española.

Aunque Craig Evans «es un profesor de reconocido prestigio», «totalmente confiable» y que «ha publicado mucho y con gran rigor», los expertos han acogido estas noticias «con cierto escepticismo» al no tener los datos de la investigación, afirma Guijarro. Evans y los demás expertos de este proyecto han firmado un protocolo para no revelar datos antes de publicar sus descubrimientos en una revista especializada a finales de año. Entonces se sabrá cuáles son las líneas del evangelio escondidas en la máscara.

Los fragmentos de Evangelio más antiguos del mundo

ABC La máscara de la momia donde se ha hallado el papiro

Para el prestigioso biblista español, «este descubrimiento sería muy importante si nos proporcionara un texto (en realidad sería un pequeño fragmento) mucho más antiguo de Marcos». La transmisión de este evangelio «es muy particular» ya que «una vez que Mateo y Lucas lo incorporaron en sus respectivos evangelios, casi dejó de copiarse», explica Guijarro.

«Por eso no nos han llegado papiros con el texto de Marcos, mientras de los otros evangelios tenemos bastantes», añade el autor del libro «Los cuatro evangelios» (Salamanca, 2012). Existen unos 5.000 manuscritos, bastantes de ellos de la época preconstantiniana (después de Constantino los textos se copiaron en grandes códices y se difundieron mucho), explica Guijarro.

«Uno se hace una idea de lo que esto significa cuando cae en la cuenta de que las obras los autores clásicos, por ejemplo de Homero, nos han llegado en manuscritos copiados ocho o diez siglos después de que fueran compuestas», subraya el catedrático de la Universidad Pontificia. En el caso del Nuevo Testamento y en especial de los evangelios, «no es así» porque «tenemos papiros copiados veinte o treinta años después de que fueran compuestos, y tenemos muchos». El Nuevo Testamento «es, con mucho, el texto mejor atestiguado de toda la literatura antigua», asegura.

Los fragmentos de Evangelio más antiguos del mundo

wikimedia Papiro 52

El fragmento de evangelio canónico más antiguo admitido hasta ahora es el recogido en el Papiro 52 que se conserva en la biblioteca John Rylands, en Manchester. Contiene un pequeño texto del evangelio de San Juan y se cree que data del siglo II.

El papiro hallado en la máscara egipcia sería anterior, pues se remonta, según los expertos canadienses, entre el año 80 y 90 después de Cristo. En opinión de Guijarro, «el principal problema que presenta este hallazgo es que no han explicado aún por qué lo datan con tanta precisión en la década de los 80».

El biblista imagina que habrán podido datar la tumba y la momia, de cuya máscara han obtenido el papiro que sería lógicamente anterior. Habría que contar además con un tiempo para que el papiro fuera desechado, puesto que un cristiano nunca hubiera utilizado un texto bíblico como papel maché. La datación del papiro «es el punto que hay que aclarar en primer lugar», ya que es «un asunto complejo y ahí se va a jugar todo», asegura Guijarro.

Aún en el supuesto de que pudiera datarse en la década de los 80, el director de la Asociación Bíblica Española cree que «ninguna de las dos hipótesis que hoy se barajan para situar la composición de Marcos (Roma o Siria) se vería afectada». Existe bastante acuerdo entre los expertos en que este evangelio se compuso en torno al año 70 y resulta factible, a juicio de Guijarro, que una copia llegara a Egipto, ya fuera desde Roma o desde Siria, puesto que «las comunicaciones por mar eran muy buenas entonces al ser el Mediterráneo un mar interno sin piratas».

En este punto coincide con Evans, que resaltó cómo «en el Imperio Romano el correo se movía casi a la misma velocidad con la que lo hace ahora» y «una carta escrita en Roma podía ser leída en Egipto en unas semanas». Aunque en opinión de Guijarro, «el Evangelio de Marcos no se compuso en Roma, sino en Palestina» y hay indicios para afirmar que «llegó muy pronto a Roma y que desde allí se difundió».

Papiros antiguos importantes

Hasta la fecha, el documento más antiguo conservado de San Marcos es el Papiro 45, de mediados del siglo III, que fue adquirido en Egipto por el coleccionista Alfred Chester Beatty (1875-1968) y que se conserva en la biblioteca de su mismo nombre en Dublín (Irlanda). «Es muy importante» porque «es el primer códice que contiene los cuatro evangelios», destaca Santiago Guijarro.

Los fragmentos de Evangelio más antiguos del mundo

Papiro Chester Beatty

Del Evangelio de San Juan hay fragmentos anteriores, como en el Papiro 52 antes mencionado que contiene líneas de Juan 18:31-33 y en su parte posterior de los versículos 37-38 escritos en griego. Fue adquirido por Bernard Grenfell en 1920 en el mercado egipcio junto a otros documentos procedentes de un vertedero, aunque su estudio y catalogación la realizó Colin H. Roberts en 1934.

El Papiro 66, de comienzos del siglo III, contiene casi completo el Evangelio de Juan. Hallado en Egipto en 1952, forma parte de la colección de los papiros Bodmer que se conservan en la Biblioteca Bodmeriana, en Cologny.

Medio siglo antes, el reverendo Charles Bousfield Huleatt adquirió en 1901 en Luxor (Egipto) y donó al Magdalen College de Oxford el Papiro 64, también llamado «Papiro Magdalena». Se cree que estos fragmentos y los del P67 o «Papiro Barcelona», de la colección de Ramón Roca-Puig que conserva la Abadía de Montserrat, pertenecieron a un mismo códice del Evangelio de San Mateo.

Otro de los papiros más antiguos e importantes que destaca Santiago Guijarro es el P4 o Papiro de París, con fragmentos del Evangelio de Lucas y datado en el siglo III. El documento, que se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia, fue encontrado a orillas del Nilo en 1889 por Vincent Scheil, que publicó su texto en 1892.

Estos y otros más «no son reproducciones del texto del Nuevo Testamento sino sólo fragmentos pequeños de texto», remarca Jesús Peláez del Rosal, catedrático de Filología Griega de la Universidad de Córdoba. El texto mejor transmitido y completo del Nuevo Testamento, señala Peláez, «se encuentra en los códices Vaticano y Sinaítico».

El polémico papiro 7Q5 de Qumrán

La misteriosa muerte de Lucky Luciano, el gran «Don» de la Mafia italiana


ABC.es

  • El 26 de enero de 1962 fallecía en extrañas circunstancias el padre del crimen organizado moderno. Poco después de estrecharse la mano con un productor interesado en llevar su vida al cine, el italiano cayó fulminado en el aeropuerto
La misteriosa muerte de Lucky Luciano, el gran «Don» de la Mafia italiana

ABC Ficha policial de Lucky Luciano en Nueva York

«Ha muerto un gánster de película cuando iban a rodar su vida», con este elocuente resumen titulaba la revista Blanco y Negro la noticia sobre el repentino fallecimiento de Charles «Lucky» Luciano en el aeropuerto de Nápoles. Después de conseguir su libertad tras cumplir solo 9 años de una condena de más de 30 años en EE.UU, Luciano se refugió en Nápoles, donde fue recibido como una celebridad especialmente entre los turistas y los marineros norteamericanos. El que fuera cerebro del boom del tráfico de heroína a nivel mundial se enfrascó, quizás animado por su popularidad, en la empresa de hacer una superproducción sobre su vida. Sin embargo, pocos minutos después de estrecharle la mano al productor de cine, el mafioso italiano se echó la mano al pecho y falleció de un supuesto infarto. Inmediatamente, el productor fue acusado por la opinión pública italiana de ser un agente del FBI y el envenenamiento elevado a la causa más probable de su muerte.

Desde luego la carrera delictiva de Luciano no abandonó nunca los focos del FBI, ni siquiera cuando se trasladó a Italia. Nacido como Salvatore Lucania en la ciudad siciliana de Lercara Friddi, el italiano asumió su nuevo nombre cuando su familia emigró a los Estados Unidos en 1907. No en vano, a su llegada a la Isla de Ellis, punto de recepción de los emigrantes, las autoridades sanitarias le diagnosticaron viruela, enfermedad que le dejaría marcado el rostro de por vida, y tuvo que pasar la preceptiva cuarentena antes de poner pie en Nueva York. Como si de la vida cinematográfica de Vito Corleone se tratara, la familia de Luciano buscaba en EE.UU. la vida honrada y tranquila que la mafia niega a las poblaciones rurales de Sicilia, y se encontró con que ésta también había cruzado el charco.

Charles «Lucky» Luciano desarrolló su talento en el mundo del crimen de forma muy temprana. En 1915, con 18 años de edad, ya tenía su propia banda en East Harlem y recibió su primera sentencia como adulto por vender heroína y morfina. Por entonces, el joven mafioso se relacionaba con familiaridad con otros capos como Frank Costello –que sería llamado «El primer ministro de la mafia italiana»–, con Arnold Rothstein, o con el célebre Al Capone, a los que intentó persuadir de que el futuro estaba en el negocio de la heroína. No en vano, su presente, en los años de la Ley Seca, era el contrabando de alcohol, donde se concentraban los ojos de los grandes capos de la época.

La heronía y la prostitución: sus pilares

Aunque también se dedicaba al contrabando de alcohol y al negocio del juego, la actividad que sentó las bases de su imperio criminal fueron los locales de prostitución, que administraba con el empleó de la narcoprostitución, es decir hacía a las prostitutas adictas a la heroína y las pagaba con droga. Su éxito llamó la atención de la banda de Joe Masseria, que era por entonces el «Don» más poderoso de Nueva York, a la que se unió Luciano por un breve periodo de tiempo. La forma de entender el negocio criminal del joven siciliano, que priorizaban ganar dinero por encima de preservar los viejos valores ideales de la mafia (el «honor», la «tradición», el «respeto» y la «dignidad») terminó enfrentándole con el veterano Masseria.

Luciano, que debía su imperio a la ayuda del ruso Meyer Lansky y al calabrés Frank Costello, encabezó unas lucha contra el orden establecido que despreciaba a cualquiera que no fuese siciliano o, al menos, italiano. Para Luciano, sin embargo, lo importante era ganar dinero sin que importasen los orígenes de sus socios. Así lo había hecho desde su jueventud, como Al Capone en Chicago, para enojo de la vieja guardia, profundamente racista.

En 1929, fue víctima de un ataque ordenado por Salvatore Maranzano –enemigo de Masseria– que le causó una grave herida de arma blanca en la cara. Pese a esta marca y las ocasionada por la viruela, el joven gánster estaba considerado un hombre muy atractivo por las mujeres. Y eso que, también en su juventud, una paliza propiciada por un agente de policía, con cuya hija el italiano mantenía una relación, le dejó maltrecho un ojo (razón por la que en la mayoría de fotografías que se conservan aparece con gafas de sol).

La tímida respuesta de su banda frente a la agresión de Maranzano convenció al capo siciliano de que era el momento de tomar el control. La llamada guerra de Castellammarese, que transcurrió entre 1929 y 1931, involucró al resto de familias italianas y finalizó con la muerte de Masseria en un restaurante de Coney Island a manos de hombres de Luciano. Tras la guerra, asumió el control de la banda y se alió paradójicamente con Maranzano, quien convocó a las cinco familias de Nueva York para garantizar la paz. Durante la reunión se autoproclamó «capo di tutti i capi», lo que significaba que cada «Don» habría de compartir los beneficios con él. Pero como suele ocurrir en temas mafiosos, la paz no trajo la calma sino nuevas conspiraciones subterráneas. Advertido por su mano derecha, Lansky, de que Maranzano tramaba asesinarle, Luciano se adelantó a la jugada de su aliado y ordenó la muerte del «capo di tutti i capi».

La victoria de Luciano vino acompañada de una reforma del máximo órgano mafioso, la Comisión –formada por los jefes de las Cinco Familias de Nueva York y el jefe del Chicago Outfit, «la oficina» de Nueva Jersey y de las familias criminales de Kansas, Los Ángeles y Detroit–, donde todos los jefes tenían el mismo voto, pero el siciliano se designó como el primero entre iguales. Al mismo tiempo, reorganizó su propia familia, la Genovese, nombrando a Vito Genovese como su segundo y a Frank Costello su consiglieri.

La década de los años 30 fue la del crecimiento del tráfico de heroína, cuyo entramado internacional vertebraba la organización de Luciano, pero también fue la de la caída del capo. El Fiscal Especial Thomas E. Dewey consiguió en 1936 lo que nadie siquiera había rozado: una acusación en firmel contra Luciano por proxenetismo. El fiscal realizó redadas generalizadas en un buen número de burdeles del italiano hasta encontrar a alguna prostituta que, no sujetas a los mismos códigos de lealtad que los miembros de las familias mafiosas, estuviera dispuesta a implicar a Luciano como jefe supremo del entramado de burdeles a cambio de una rebaja de su pena.

Desde la prisión, Luciano continuó al mando de los negocios de la familia a través de su segundo Vito Genovese, quien, en 1937, también tuvo que huir a Nápoles para evitar ser encausado por asesinato, ocupando Costello su lugar. Condenado a más de 30 años de condena, la entrada de EE.UU en la II Guerra Mundial dio una oportunidad a Charles «Lucky» Luciano para salir de prisión. En 1943, la Inteligencia Naval americana reclamó su ayuda para desmontar la red de espionaje alemana en Sicilia. El poderoso gánster movilizó en solo dos meses a toda la mafia siciliana, que posteriormente colaboró con la invasión aliada de la isla.

En compensación, Luciano fue liberado, para ser deportado a Roma. Años después, como prueba de que nunca abandonó la dirección de sus negocios, el italiano fue expulsado de nuevo a Italia por las autoridades estadounidense tras ser identificado en La Habana, probablemente con motivo de la gran conferencia mafiosa que tuvo lugar en esta ciudad en 1947. Un histórico encuentro de la mafia estadounidense y líderes de la Cosa Nostra que sirvió para discutir asuntos políticos y el establecimiento de una red internacional de narcotráfico.

La Cosa Nostra, molesta con la película

Luciano se refugió en Nápoles, donde, a pesar de procurar no llamar mucho la atención, atrajo las miradas de los turistas americanos que le trataban como una celebridad de Hollywood. Tras tantos años fuera de su tierra de nacimiento, el mafioso anhelaba su vida en Nueva York –país que consideraba como su verdadero hogar–, sin dejar pasar las ventajas que le ofrecía su nueva residencia. Aunque en Italia estaba sometido a una constante persecución policial, fue capaz de poner en marcha una red para importar heroína desde el norte de África a través de Italia y Cuba hacia los EE.UU. y Canadá. Sus conexiones durante la Segunda Guerra Mundial con grandes jefes de Sicilia como Don Calogero «Calo» Vizzini, le facilitaron el negocio criminal y abrieron una nueva línea: «The French Connection». La asociación entre los sicilianos, la mafia de Córcega y la de Marsella, que suministraba heroína de alta calidad de grado farmacéutico, inauguró una edad de oro en el tráfico de esta droga.

La muerte de Luciano, sin embargo, llegó cuando sus negocios empezaban a decaer. Tratando de emular la popularidad de Al Capone, del que se había filmado una decena de películas, el siciliano contactó con el productor americano Martin Gosch para rodar una cinta sobre su vida. El 26 de enero de 1962, Gosch fue recibido en el aeropuerto de Nápoles por «Lucky», que poco después de estrecharle la mano lanzó su mirada al infinito y perdió la estabilidad. Asustado, el productor le preguntó: «¿Estás enfermo, Charlie? ¿Qué te ocurre?». Luciano respondió con un escueto «nada» antes de caer muerto en el suelo. Gosch declaró posteriormente que desde el primer vistazo percibió que el capo no se encontraba bien y parecía bajo los efectos de algún tipo de droga. Aunque nunca se supo con certeza la causa y los sucesivos informes médicos se contradijeron entre sí, la prensa de la época vio claros indicios de que el italiano pudo ser objeto de un envenenamiento y estimó la presencia de veneno en sus vísceras. Todavía hoy la causa oficial de su muerte es un infarto.

Además del FBI y de otras organizaciones policiales, incapaces de levantar un caso en Europa contra Luciano, las sospechan recayeron directamente sobre la propia mafia siciliana. Aun sabiendo perfectamente que la discreción y el silencio eran reglas sagradas en la Cosa Nostra, el capo siguió adelante con sus intenciones de rodar una película autobiográfica. Con sesenta y cuatro años de edad, «Lucky» creía tener poco que perder y autorizó el proyecto, frente al creciente malestar en la cúpula de la Cosa Nostra. Su repentina muerte zanjó los temores a ver los secretos de la organización convertidos en un espectáculo.

La historia de Don Carlos, el sádico hijo de Felipe II que la leyenda negra convirtió en un mártir


ABC.es

  • El heredero a la Monarquía Hispánica fue prendido en enero de 1568 acusado de conspirar contra su padre. A causa de una arriesgada trepanación cuando era adolescente, el príncipe sufrió graves daños cerebrales y desarrolló un carácter muy agresivo
La historia de Don Carlos, el sádico hijo de Felipe II que la leyenda negra convirtió en un mártir

Museo del Prado Retrato del Príncipe de Asturias por Alonso Sánchez Coello

Hasta sus últimos días, Felipe II recordaría con la mayor de las penas la noche del 18 de enero de 1568. Vestido con la armadura real, el Monarca más poderoso de su tiempo condujo a un grupo de cortesanos y hombres armados por los oscuros pasillos del Alcázar de Madrid «sin antorchas ni velas» al aposento del Príncipe Carlos, el hijo del Rey y su único heredero. Al despertarse y hallarse rodeado de hombres armados, Don Carlos exclamó: «¿Qué quiere Vuestra Majestad? ¿Quiéreme matar o prender?». «Ni lo uno ni lo otro, hijo», contestó Felipe II instantes antes de que el Príncipe se llevara la mano a la pistola cargada de pólvora que guardaba siempre en la cabecera de su cama.

El joven heredero fue arrestado, sin que nadie llegara a apretar el gatillo, y acusado de conspirar contra la vida de su padre. Días antes, uno de sus mejores amigos, Don Juan de Austria –hermano bastardo del Rey y a la postre héroe de Lepanto–, se había visto obligado a desvelar los planes de su sobrino al percatarse de la gravedad de su locura. El cautiverio de seis meses, lejos de calmar a Don Carlos, empeoró su salud mental y terminó costándole la vida en un arranque de demencia a los 23 años de edad. En medio de una huelga de hambre, el heredero de la Monarquía Hispánica se acostumbró a calmar sus calenturas volcando nieve en su cama y bebiendo agua helada, lo cual terminó consumiendo su quebradiza salud. Por supuesto, la propaganda holandesa acusó directamente al Rey de ordenar el asesinato de su hijo y argumentó que lo único que quería Don Carlos era acabar con la tiranía de su padre en los Países Bajos. El melancólico y misterioso carácter del Monarca, a su vez, prestó los ingredientes para que Giuseppe Verdi, recogiendo la leyenda negra, compusiera siglos después una de sus óperas más famosas: «Don Carlo».

Endogamia, malaria y una caída: las culpables

La propaganda holandesa, sin embargo, no podía estar más equivocada en este caso. Felipe II fue excesivamente permisivo con la actitud de Don Carlos, el cual arrastraba problemas mentales desde que era niño. Del Príncipe maldito se ha dicho, sin excesivo rigor, que siendo solo un infante gozaba asando liebres vivas y cegando a los caballos en el establo real. A los once años hizo azotar a una muchacha de la Corte para su sádica diversión: un exceso por el que hubo que pagar compensaciones al padre de la niña. No en vano, junto a su sobrino biznieto Carlos II «el Hechizado», el primer hijo de Felipe II es el máximo exponente de las consecuencias de la endogamia practicada por la Casa de los Habsburgo.

Hijo de Felipe II y María Manuela de Avis, los cuales eran primos hermanos por parte de padre y madre, Don Carlos solo tenía cuatro bisabuelos, cuando lo normal es tener ocho. Según estudios recientes (Álvarez G, Ceballos FC, Quinteiro C, «The Role of Inbreeding in the Extinction of a European Royal Dynasty»), la sangre de Don Carlos portaba un coeficiente de consanguinidad de 0,211 –casi el mismo que resulta de una unión entre hermanos y solo por debajo de Carlos II, un 0,254 –. No obstante, los trabajos históricos actuales consideran que los genes no estaban directamente relacionados con la locura del Príncipe. Así, según el hispanista Geoffrey Parker en su biografía sobre Felipe II, el heredero a la Corona fue un niño relativamente normal, de inteligencia media-baja, que no sufrió graves episodios de demencia hasta la edad madura.

Bien es cierto que, como le ocurrió a Felipe II, el Príncipe heredero se crió lejos de sus padres. Huérfano de madre a los cuatro días de nacer, Carlos quedó bajo la custodia de sus tías, las hijas de Carlos V que todavía no tenían compromisos matrimoniales, puesto que su padre estuvo ausente de España en los primeros años de su reinado. Con 11 años, una plaga de malaria asoló la Corte y afectó al joven, quizás más vulnerable que el resto por sus deficientes genes. La enfermedad provocó en el Príncipe un desarrollo físico anómalo en sus piernas y en su columna vertebral, que, a su vez, pudo estar detrás de la grave caída que sufrió a los 18 años de edad mientras perseguía por el palacio a una cortesana. Los médicos llegaron a desahuciar al joven, dándole apenas cuatro horas de vida, y un grupo de franciscanos trasladaron los huesos de San Diego de Alcalá a los pies de su cama solo a la espera de un milagro. Contra todo pronóstico, una arriesgada trepanación pudo salvar la vida del Príncipe Carlos; no obstante, pronto se evidenciaría que los daños cerebrales se presumían irreparables.

En los años previos a aquella caída, Don Carlos vivió su periodo más feliz en la Universidad de Alcalá de Henares, donde estudió junto a su tío, Don Juan de Austria, y Alejandro Farnesio, que contaban prácticamente sus misma edad. Sin destacar en los estudios sino todo los contrario, el hijo del Rey al menos se contagió del ambiente juvenil y saludable del lugar. En 1560, Felipe II –juzgando aceptable su comportamiento– le reconoció como heredero al trono por las Cortes de Castilla.

Pero tras su caída nunca volvió a ser el mismo. Las fiebres que le afectaban periódicamente, recuerdo de la malaria, empezaron a repetirse con demasiada frecuencia. «Tiene un temperamento impulsivo y violento. A menudo pierde los estribos y dice lo primero que se le pasa por la cabeza», apuntó el embajador imperial en España designado en 1564 sobre el otro síntoma preocupante: sus radicales cambios de humor. En palabras del neurocirujano pediátrico Donald Simpson que ha estudiado el caso, «mostraba la desinhibida malicia de un chico con un daño frontal en el cerebro».

Fugarse a Flandes para proclamarse Rey

Por el miedo de los embajadores a que se interceptaran sus informes y el Rey pudiera ofenderse, muchas de las actuaciones contra el joven no han podido ser documentadas y se basan en testimonios indirectos. Pero consta, por la correspondencia del embajador Nobili, que el hijo del Rey frecuentaba «con poca dignidad y mucha arrogancia» los burdeles madrileños y trataba con violencia al servicio. En una ocasión, Don Carlos arrojó por una ventana a un paje cuya conducta le molestó, e intentó, en otra jornada, lanzar a su guarda de joyas y ropa. También trascendió por aquellas fechas su intento público de acuchillar al Gran Duque de Alba, al que acusaba de inmiscuirse en los asuntos de Flandes.

Los conflictos entre padre e hijo no tardaron en llegar. Tras su recuperación, Felipe II le nombró miembro del Consejo de Estado en 1564, en un último intento por fingir normalidad, y barajó la posibilidad de casarlo con María Estuardo o con Ana de Austria, la cual sería posteriormente la cuarta esposa del Rey. Pero dentro de su mente enferma, sus prioridades eran otras. Obsesionado con los Países Bajos –en ese momento en rebeldía contra Felipe II–, contactó con varios de esos líderes rebeldes, como el moderado Conde de Egmont o el Barón de Montigny, para organizar su viaje a Bruselas, donde pretendía proclamarse su soberano. En efecto, el Rey en el pasado había sopesado la posibilidad de que su hijo gobernara allí, pero las actuales circunstancias políticas y la mala salud mental del Príncipe descartaban por completo esta opción.

En una reunión mantenida con Don Juan de Austria, al que pidió ayuda para fugarse a Italia, el Príncipe le comunicó sus planes. El general español le reclamó veinticuatro horas a su sobrino para tomar una decisión, e inmediatamente salió a informar al Rey. Advertido de la traición –según varios informadores–, Don Carlos cargó una pistola y pidió a su tío que regresara a sus aposentos. La pistola no pudo efectuar el disparo que habría matado al futuro héroe de Lepanto, puesto que fue descargada previamente por un cortesano, pero Don Carlos se abalanzó daga en mano contra Don Juan de Austria, que, superior en fuerza y habilidad en el combate, redujo a su sobrino. «¡Qué vuestra Majestad no dé un paso más», gritó, apuntándole con su propia daga.

Un adalid de la rebelión de los holandeses

Las noticias de esta agresión precipitaron los acontecimientos. Felipe II mandó el 18 de enero de 1568 encerrar a su hijo en sus aposentos. En los siguientes días, licenció a los servidores de su hijo y trasladó a éste a la torre del Alcázar de Madrid que Carlos V usó como alojamiento para otro ditinguido cautivo: Francisco I de Francia, capturado tras la batalla de Pavía. La lectura de la correspondencia privada del joven sacó a la luz una conspiración, más bien el amago de una puesto que ningún noble le prestó mucha atención, para acabar con la vida de Felipe II. Y precisamente porque las cartas descubiertas cada vez elevaban más la gravedad de sus crímenes, el Monarca decretó su cautiverio indefinido en el Castillo de Arévalo.

Durante los seis meses que el Príncipe permaneció cautivo, en el mismo régimen que había padecido Juana «la Loca», fue perdiendo los pocos hilos de cordura que quedaban sobre su cabeza. Acorde a los síntomas clásicos de las personas que han padecido malaria, sufría súbitos cambios de temperatura, cuya mente enferma convirtió en peligrosos y mortales hábitos. Cada vez que padecía uno de estos ataques, ordenaba llenar su cama de nieve así como ingerir agua helada en grandes cantidades. En medio de sospechas infundadas sobre su posible envenenamiento, falleció el joven a los 23 años el 28 de julio de 1568, probablemente a causa de inanición (se había declarado en huelga de hambre como protesta).

Las vagas explicaciones de Felipe II y su empeño por destruir las cartas que incriminaban a su hijo –quizás buscando ocultar las miserias de su heredero– situaron su muerte en el terreno predilecto para alimentar la leyenda negra que los holandeses, franceses e ingleses usaban en perjuicio del Imperio español. La ópera «Don Carlo» escrita por Giuseppe Verdi siglos después y un drama del poeta alemán Schiller tomaron por referencia el ensayo «Apología», de Guillermo de Orange, que presenta la vida del Príncipe de forma muy distorsionada. El holandés inventó una relación amorosa entre Don Carlos y la esposa de su padre, Isabel de Valois, y colocó al joven como adalid de la independencia holandesa y al malvado Rey como el asesino de ambos. Más allá de una inocente literatura, este episodio se convirtió en el más importante pilar de la leyenda negra contra los españoles.