Recuperan textos de un pergamino calcinado por la erupción del Vesubio


El Pais

  • Los investigadores usaron una técnica de rayos X para detectar el relieve de las letras escritas a carbón sobre el papiro carbonizado por el volcán en el siglo I

La erupción del volcán sometió al pergamino ‘PHerc.Paris. 4’ a temperaturas de 320º. Cualquier intento de desenrollarlo lo rompería. / E. Brun

La imagen de la izquierda no es un trozo de carbón, sino un pergamino del siglo I escrito en griego, con un texto, posiblemente, del filósofo epicúreo Filodemo de Gadara. Esos son algunos de los secretos que han descifrado un grupo de investigadores. Usando una avanzada técnica de imagen por rayos X, pudieron localizar letras y palabras escritas sobre un papiro completamente carbonizado.

El 24 de agosto del siglo I de esta era, una tremenda erupción del Vesubio enterró, bajo toneladas de rocas volcánicas y cenizas, varias ciudades romanas como Pompeya y Herculano. La tragedia, sin embargo, sirvió para conservar algunas de las maravillas del Imperio Romano, como los frescos de los palacios pompeyanos. En el siglo XVIII se descubrió también la llamada desde entonces Villa dei Papiri.

En la ladera del volcán, en una villa que había pertenecido al suegro de Julio César, se encontraron bajo metros de ceniza solidificada casi 1.800 rollos de papiro. Solo unos cuantos se han podido desenrollar. La gran mayoría han esperado carbonizados a que la tecnología permitiera leerlos sin destruirlos.

Es lo que, al menos en parte, han conseguido un grupo de investigadores italianos y franceses. La tarea no era sencilla. El papiro, el material vegetal del que están hechos los pergaminos, tuvo que soportar el castigo de una ola de fuego de unos 320º, ennegreciéndose y compactándose. Para complicarlo, los escribas usaban carbón vegetal para transcribir los textos. Así que, negro sobre negro.

Las letras y sílabas detectadas permiten determinar el estilo del escriba y apuntan a un texto filosófico

“La tinta a base de carbón no penetra en las fibras del papiro, sino que agarra sobre ellas”, explican los investigadores en su trabajo, publicado por la revista Nature Communications. Y ese detalle ha sido clave para el éxito de su investigación. El texto escrito en un pergamino queda en relieve. Son solo unas pocas micras (la millonésima parte de un metro) pero suficientes para, con la tecnología apropiada, diferenciar entre el carbón de lo escrito y el carbón del papiro chamuscado.

Los investigadores del Istituto per la Microelettronica e Microsistemi del Consiglio Nazionale Delle Ricerche (CNR, una especie de CSIC italiano) contaron con la colaboración de colegas del Laboratorio Europeo de Radiación Sincrotrón, situado en Grenoble (Francia) para analizar el pergamino denominado PHerc.Paris. 4, uno de los dos rollos que Napoleón recibió como regalo del Reino de Nápoles en 1802.

Esta imagen por tomografía computarizada permite leer a los ojos expertos la secuencia de letras en alfabeto griego PIPTOIE (arriba) y EIPOI (abajo). / Mocella et al. Nature Communications

En las instalaciones del sincrotón, los científicos pudieron escanear el pergamino usando una versión de la tomografía computarizada de rayos X (XCT). Muy usada en medicina, esta técnica de imagen se aprovecha de que los materiales muestran ratios diferentes de absorción de los rayos X. Pero aunque su contraste vale para diferenciar entre material duro (huesos) y blando (tejidos), no basta para distinguir un carbón de otro.

“La tinta del carboncillo y el papiro carbonizado tienen una composición muy similar y no pueden ser diferenciados usando la XCT”, explica el investigador del CNR y principal autor de la investigación, Vito Mocella. Usaron otra técnica (XPCT, por sus siglas en inglés) que aprovecha las variaciones en la capacidad refractiva (es decir, el cambio de fase de los rayos X) entre las estructuras de un material compuesto que absorben casi igual. Consiguieron así lograr un aumento del contraste de la imagen suficiente para leer el pergamino sin desenrollarlo.

Con esas imágenes de rayos X, los investigadores pudieron localizar letras y hasta palabras en distintos puntos del pergamino. Escrito en griego, la lengua culta y de la filosofía de entonces, algunas de las letras son evidentes, en especial para el ojo experto. Otras sin embargo, pueden confundir su trazo con las líneas de las fibras del papiro.

“Después de varios ensayos, seleccionamos las muestras más legibles de las imágenes escaneadas”, dice en una nota el investigador del CNRS francés y coautor del trabajo, Daniel Delattre. “No había lugar a más dudas, las curvas oscuras no podían ser confundidas con la red de fibras del papiro. ¡Podemos ver letras, deformadas y retorcidas letras griegas!”, añade exultante.

Los investigadores recuperaron casi todas las letras del alfabeto griego. / Mocella et al. Nature Communications

Aunque las sílabas recuperadas desde el interior del pergamino aún no permiten leer su contenido, sí han dado varias pistas sobre él. Los científicos aprovecharon la lectura con la misma técnica de imagen los fragmentos del papiro PHerc.Paris. 1, uno de los que se intentaron desenrollar en los años 80 del siglo pasado y acabó destrozado, para hacer comparaciones entre ambos.

De esta manera, pudieron determinar con cierto grado de certeza que fueron escritos por el mismo escriba. El estilo de las letras de uno y otro es idéntico. En cuanto al contenido, aunque su apuesta es algo arriesgada, creen que es un texto filosófico. Su autor podría ser Filodemo de Gadara, un seguidor de las enseñanzas de Epicuro. Aunque todavía queda margen de mejora, los investigadores creen que se ha abierto la puerta a la mayor biblioteca de la antigüedad que, aún carbonizada, ha llegado hasta hoy.

Científicos encuentran el evangelio en papiro más antiguo dentro de una momia egipcia


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  • Los científicos creen que su origen se remonta al primer siglo de nuestra era.
  • Lo que supone una gran novedad pues, hasta ahora, las copias más antiguas de los evangelios databan del siglo segundo después de Cristo.
  • Este evangelio es uno de los cientos de documentos hallados que analiza el equipo de Evans, compuesto por más de tres decenas de expertos.

Un grupo de científicos encontró la copia más antigua que se conoce hasta ahora de un evangelio en un papiro que fue reutilizado para crear la máscara de una momia egipcia, según explicó Craig Evans, doctor en Estudios Bíblicos y uno de los responsables del descubrimiento. Se trata de un fragmento del evangelio de San Marcos, encontrado hace tres años y que, ahora, un grupo de expertos de la Universidad evangelista de Acadia (Canadá) sitúa como el primer manuscrito del Nuevo Testamento de la Biblia del que se tiene conocimiento. Los científicos creen que su origen se remonta al primer siglo de nuestra era, entre el año 80 y el 90 D.C., lo que supone una gran novedad pues, hasta ahora, las copias más antiguas de los evangelios databan del siglo segundo después de Cristo.

Los expertos creen que alguien escribió un fragmento del evangelio en el papiro y que, luego, otras personas reciclaron este material, muy caro en la época, para elaborar la máscara funeraria.

Este tipo de “máscaras de papel maché” solían utilizarlas las clases humildes y no tenían nada que ver con las máscaras de oro y joyas que cubrían los rostros de los grandes faraones, detalló Evans. Se cree que San Marcos escribió su evangelio en Roma, a donde había acompañado a San Pedro, pero, ¿cómo viajó la copia desde Roma a Egipto? El experto afirma que el camino no es tan largo.

“En el Imperio Romano el correo se movía casi a la misma velocidad con la que lo hace ahora. Una carta escrita en Roma podía ser leída en Egipto en unas semanas. Marcos escribió su evangelio al final de la década de los 60 después de Cristo, así que era posible encontrar una copia en Egipto en la década de los 80”, argumenta. Para conseguir saber la fecha de los papiros, los científicos se valieron de una técnica que permite deshacer el pegamento que une los papiros de las máscaras sin dañar la tinta, de forma que los textos se pueden seguir leyendo con la misma claridad. Este evangelio es uno de los cientos de documentos que analiza el equipo de Evans, compuesto por más de tres decenas de expertos. “Estamos recuperando antiguos documentos del primero, del segundo y del tercer siglo después de Cristo.

No solo documentos bíblicos, sino también textos griegos clásicos o cartas personales”, explicó Evans, que detalló que algunos de los documentos que analizan son del poeta griego, Homero, autor de grandes obras clásicas como La Odisea. En el caso del fragmento del evangelio de San Marcos, las pistas las dieron el resto de papiros que formaba la máscara, su diseño y decoración, así como el estilo de la escritura y la datación del material mediante el isótopo carbono-14. A finales de año, los científicos darán a conocer en una revista especializada sus descubrimientos y solo entonces el público sabrá cuáles son las líneas del evangelio de San Marcos que se escondía entre los papiros de una máscara egipcia.