Ya es oficial: 2014 ha sido el año más cálido desde 1880


El Mundo

  • Los 10 más cálidos durante el periodo 1880-2014, con la excepción de 1998, se han registrado desde 2000
  • Después de 2014, los más calurosos fueron 2010 y 2005

2014 ha sido el año más cálido desde 1880

Ya es oficial: 2014 ha sido el año más cálido desde 1880, cuando empezaron a tomarse registros de las temperaturas. Así lo han confirmado este viernes científicos de dos organismos de EEUU: la NASA y el Instituto Nacional para el Océano y la Atmósfera (NOAA, por sus siglas en inglés).

Una vez analizados los datos de diciembre, se ha confirmado que 2014 encabeza la lista de los años más cálidos, un dato que no ha sorprendido debido a que los registros que se habían recabado durante los primeros 11 meses del año apuntaban ya a que sería el más caluroso.

Según ha destacado el Instituto de Estudios Espaciales Goddard de la NASA (GISS), con la excepción de 1998, los diez años más cálidos durante el periodo 1880-2014 se han registrado desde el año 2000.

Los tres años más calurosos serían 2014, 2010 y 2005, en ese orden.

Desde 1880, afirma la agencia espacial de EEUU, la temperatura media de la superficie terrestre ha aumentado aproximadamente 0,8º C, una tendencia que, argumentan los científicos de la NASA, “es en gran medida derivada del incremento del dióxido de carbono y otras emisiones a la atmósfera causadas por la actividad humana”. Así, subrayan que “la mayor parte del calentamiento se ha producido en las últimas tres décadas”.

La temperatura global terrestre en 2014 fue 0,68ºC más cálida que durante el periodo 1951-1980. En 2010, el segundo año más caluroso, fue 0,66ºC más cálida mientras que en 2005 la diferencia fue de 0,65º C.

Desde 1976, todos los años, incluido 2014, han tenido una temperatura media global más cálida que la media a largo plazo. A lo largo de estos 37 años, las temperaturas han aumentado a una media de 0,28ºC por década en la superficie terrestre, y 0,11ºC en el mar, detalla la NOAA en su página web.

La NOAA también subraya que el aumento de la temperatura global media por década durante la segunda mitad del siglo pasado (0,13ºC) fue casi el doble que 1900 a 1950 (0,07ºC). La previsión de los científicos para los próximos 20 años es que la temperatura global se incremente 0,2°C por década.

La recogida de datos

Los datos recabados por la NASA a través de su programa de observación terrestre, que comprende la recogida de información desde tierra, mar y aire, pueden consultarse aquí. La información que analizan los científicos del GISS procede de las mediciones tomadas por satélites desde el espacio, por una red de 6.300 estaciones meteorológicas, barcos que registran la temperatura del océano y estaciones en la Antártida.

“Éste ha sido el último de una serie de años cálidos a lo largo de una serie de décadas cálidas. Mientras que el ranking de años individuales puede verse afectado por patrones meteorológicos caóticos, las tendencias a largo plazo son atribuibles a los causantes del cambio climático”, sostiene el director del GISS, Gavin Schmidt, que menciona las “emisiones humanas de gases de efecto invernadero” como el principal factor.

En EEUU, destaca la NASA, ha habido grandes variaciones según las regiones. Por ejemplo, zonas de la costa Este y del Medio Oeste fueron inusualmente frías, mientras que Alaska, Carizona, Arizona y Nevada sufrieron altas temperaturas.

Por lo que respecta a la previsión para 2015, los científicos afirman que esperan ver fluctuaciones en la media global de temperaturas anuales causadas por fenómenos como El Niño o La Niña. Estos fenómenos meteorológicos, que cambian los patrones de movimiento de las corrientes marinas, calientan (en el caso de El Niño) o enfrían (si es La Niña) el Pacífico tropical y se cree que han influido en el calentamiento a largo plazo durante los últimos 15 años. 2014, sin embargo, no se ha visto influenciado por El Niño, aseguran.

Buscan desde el espacio la tumba maldita de Gengis Kan


ABC.es

  • Exploradores de National Geographic han empleado imágenes de satélite para seleccionar 55 posibles emplazamientos del sepulcro del emperador mongol
Buscan desde el espacio la tumba maldita de Gengis Kan

abc Retrato de Gengis Kan

Cuando murió el emperador mongol Gengis Kan, uno de los grandes conquistadores de la historia, el 18 de agosto de 1227, dejó instrucciones claras de que no quería ser hallado, el encargo de que nadie encontrase su tumba. Y sólo eso ya desató una matanza, nada nuevo para un guerrero que había sometido a sangre y fuego a cuantos señores e imperios se le pusieron por delante.

Por ello, los más fieles de sus soldados emprendieron un viaje sin retorno, que también fue una carnicería. Primero asesinaron a cuantos hombres y mujeres se cruzaron con ellos en el camino hacia el sepulcro. Después terminaron con los constructores del mausoleo, uno a uno. Finalmente, se suicidaron. Así se borró toda memoria, una vez que la tierra secó la sangre y ocultó el rastro de cadáveres. Se supone que la tumba del más temido emperador mongol se llenó con tesoros procedentes de todos los rincones de sus dominios, que abarcaban un tercio de la población muncial en el siglo XIII.

Si fuera cierta esa abundancia de objetos, el hallazgo de su tumba no solo sería un importante logro arqueológico, sino también una página que permitiría reescribir algunas líneas importantes de la historia. Y, por supuesto, algo que contravendría sus estrictas órdenes, aunque no se ha hablado de una maldición asociada a quien lo encuentre. De hecho ha habido muchos intentos, desde los arqueólogos que excavaron su palacio hasta ricachones obsesionados con el tema que viajan repetidamente a Mongolia pidiendo permisos para abrir viejas tumbas perdidas.

Desde hace años, tal y como informaba «The Washington Post» National Geographic lidera un proyecto en el que se está volcando la tecnología del siglo XXI, como se ve en el documental. El protagonista es Albert Lin, que trata de desvelar este gran misterio, solo comparable al de la tumba de Alejandro Magno, y que ahora ha dado un nuevo salto adelante gracias a una idea venida… del espacio. Porque se van a emplear satélites para mejorar la búsqueda.

Buscan desde el espacio la tumba maldita de Gengis KanLas imágenes de alta resolución tomadas por los satélites permiten un nuevo paradigma en la exploración global. Pero el territorio que debe cubrirse en este caso concreto es tan vasto que los arqueólogos liderados por Albert Lin, de la Universidad de California en San Diego, han decidido invocar al público general en la búsqueda. Lin ya es conocido como un moderno «Indiana Jones» porque ha sido fotografiado cabalgando por la estepa mongola.

«Reclutamos a un montón de voluntarios para estar a la altura del desafío, el hallazgo de la tumba de Gengis Kan, un enigma que se ha ocultado pero puede saltar a la luz gracias a la potente imaginería de los satélites», afirma Lin. El problema es el territorio, desde Mongolia y China hasta las puertas de la Europa Occidental. Aunque las sospechas se centran en las cercanías de su palacio, a algo más de 200 kilómetros de la actual capital mongola, Ulán-Bator.

Así funciona el proyecto de Lin: dividió los 6.000 kilómetros cuadrados en 84.000 cuadrantes, y les ha pedido a los participantes que rastreen en las fotos de satélite cualquier estructura que pueda hacer pensar en un objeto arqueológico, restos de construcciones o elementos de subsuelo que saltan a la vista desde el satélite. Pronto tuvieron un ejército de 10.000 voluntarios.

Más de tres años de trabajo que han producido 30.000 horas y generado dos millones de posibles objetivos a excavar. Ahora ese trabajo ha concluido y peinando todo ese material, el equipo de Lin ha reducido a 100 los posibles lugares que los satélites muestran y esa cifra se ha convertido ya en 55 anomalías arqueológicas.

Pero esta reducción que podría hacer pensar que ya están cerca del objetivo es falaz. Nada odian más los mongoles que los arqueólogos que acuden a excavar en su suelo lugares que se consideran sagrados. Ahora Lin, que ha podido ya estudiar lugares calificados como prohibidos por esa razón, está tratando de volver a comprobar algunas de las anomalías seleccionadas como posibles emplazamientos de la tumba que le ha obsesionado toda la vida.

Si los mongoles no permiten abrir tumbas ni si quiera realizar expediciones en las cercanías, las imágenes de satélite se han convertido en una nueva forma de saltarse la prohibición de Gengis Kan. Desde el espacio.

El insulto más violento que Cervantes y Quevedo manejaron con maestría


ABC.es

  • Es uno de los sintagmas insultantes más antiguos en cualquier lengua y además posee más de doscientas variantes. ¿Sabes a cuál nos estamos refiriendo?
El insulto más violento que Cervantes y Quevedo manejaron con maestría

JOSÉ RAMÓN LADRA Calle en honor de Miguel de Cervantes , en el barrio de las Letras de Madrid

Ante cualquier situación de bronca o trifulca, uno de los insultos clásicos que más sale a colación es el que va a centrar todas las miradas a lo largo de las siguientes líneas. Dado su alta carga ofensiva y chabacana, vamos a intentar reproducirlo las veces que sean estrictamente imprescindibles, intentando pedir disculpas al lector de antemano y evitando que quien suscribe este artículo sea considerado un «hijo de puta» por su lenguaje zafio y bravucón. Si era una pista demasiado evidente sabrá ya cual es el término investigado, y si no lo es, continúe leyendo.

Como bien remarca Pancracio Celdrán en el «El gran libro de los insultos», publicado por la editoria La Esfera, esta palabrota es uno de los sintagmas insultantes más antiguos en cualquier lengua. «El hideputa o hijoputa se pasea por los campos de nuestra literatura desde la alta edad media. Es uno de nuestros insultos clásicos con sus más de doscientas variantes. Su uso en castellano se remonta al siglo XI». Siguiendo con la tónica general de este tipo de palabras, también posee varios significados, «con el que se afrenta a quien de hecho es hijo ilegítimo o espurio, recordándosele sus orígenes para humillarle con algo que en el fondo no es responsabilidad suya; también se emplea como forma violenta de expresar el desprecio y la injuria, al margen de la realidad del contenido semántico».

Durante muchos años fue el más violento y soez de los agravios, amén de una ofensa que requería grandes dosis de satisfacción. Recuerda Celdrán que ya en el fuero de Madrid (1202) se castigaba severamente a todo aquel que osara afrentar a un vecino de la villa con este ‘verbo vedado’ o palabra prohibida, cuya importancia en la literatura española ha quedado de manifiesto, «las palabras gruesas, como ésta, tienen un tratamiento abundante en todos los grandes autores, desde el anónimo autor del Poema de Mío Çid, hasta nuestro tiempo, pasando por Cervantes y Francisco de Quevedo, grandes escritores que manejaron el insulto con maestría».

Además, gracias a esta disciplina, se tiene constancia de que el vocablo no siempre fue utilizado como punta de lanza, «en diversos pasajes de la literatura áurea, como en el Quijote, el término tendía a convertirse en exclamación ponderativa sin intención de injuria, en la línea en que hoy la utilizamos en el ámbito de la amistad o la familia en frases expresivas de asombro fingido». Sin embargo, este uso, a menudo festivo o en tono de broma, no evitó que dejara de ser un insulto serio, «sobre todo por las connotaciones sociales y la humillación pública que suponía».

Celdrán hace hincapié en las diferentes formas abreviadas que abarca, con la intención de quitar hierro a la expresión, «la propia violencia que desprende ha hecho necesaria la creación de paliativos eufemísticos que quitasen grosor a la injuria, tales como ‘ahijuna’ (hijo de una puta) o ‘juepucha’ (hijueputa argentino). En otros casos se prefiere crear un clima de distensión y cierto tono festivo, eludiéndose la voz puta y cargando la mano sobre la del hijo, que es a quien se quiere ofender, y de quien se ríe el insultante, dejándolo en ridículo y expuesto a la broma». Gracias a ello, debemos la existencias de otras formas coloquiales como ‘hijo de condón pinchado’, ‘hijo de la Gran Bretaña’, ‘hijo de la piedra’, hijo de la chingada’, o el más burdo de todos… ‘hijo de perra’.

La misteriosa esfera negra que surcó el cielo de Madrid durante el verano de 1955


ABC.es

  • Estados Unidos desclasifica miles de documentos secretos que informan de avistamientos OVNIs en el mundo, algunos de ellos en España
La misteriosa esfera negra que surcó el cielo de Madrid durante el verano de 1955

nieto Ilustración del OVNI descrito por los doctores West y Ellis en Madrid en 1955

El 14 de julio de 1955, a las 20:35 horas, apenas cinco minutos después de la puesta de sol, dos médicos norteamericanos, los doctores West y Ellis, se encontraban descansando en la terraza del Hotel Castellana Hilton, en pleno centro de Madrid. West estaba escribiendo una carta y Ellis, que además era un experimentado piloto, observaba el vuelo de los vencejos sobre el gran patio abierto del Hotel.

Fue entonces cuando el primero de ellos, el doctor West, centró su atención en un punto negro que se acercaba rápidamente por el oeste. Al principio pensó que se trataba de un águila o de alguna otra rapaz, pero a medida que el punto se acercaba su tamaño fue aumentando y sus contornos haciéndose más y más evidentes. No era un ave, sino una esfera perfecta, de color negro, que no reflejaba la luz del sol y que se movía rápidamente hacia el este.

El relato es uno de los más de 12.000 testimonios sobre avistamientos de OVNIs recién hechos públicos por la administración norteamericana. El Gobierno de los Estados Unidos acaba de publicar en internet 129.000 páginas relativas a los miles de casos estudiados entre los años 1947 y 1969, durante el llamado «Proyecto Libro Azul», con el que se trató de averiguar si los OVNIs podían constituir, o no, una amenaza nacional.

Entre los miles de casos publicados, varios hacen referencia a España. Valencia, Toledo, Zaragoza o Madrid constituyen buenos ejemplos. Pero el más significativo fue, sin duda, el protagonizado por los doctores West y Ellis, ambos residentes en Palm Beach, California, durante sus vacaciones en Madrid en julio de 1955.

Credibilidad

Mientras que otros casos fueron descartados por los militares por confirmarse que se trataba de globos, meteoros o aviones, este fue archivado sin que pudiera encontrarse una explicación plausible para lo observado por los dos médicos. El dossier consta de 26 páginas en las que se suceden formularios, declaraciones a mano, gráficos, cartas e informes técnicos con las principales conclusiones.

Debido a su formación académica, ambos testigos fueron calificados de «fiables» por los expertos de inteligencia aérea de la base de Colorado Springs que analizaron los testimonios. «Creemos que este incidente tiene alguna relevancia -puede leerse en uno de los documentos- en cuanto que los observadores son aparentemente fiables. Hasta ahora, este caso ha sido dejado en suspenso (…)».

«Recuerdo que estaba mirando cómo el sol se ponía por el horizonte justo después de terminar mi carta -explica el doctor West en su declaración-. El doctor Ellis también estaba en la terraza y observaba algunas aves (vencejos) que volaban alrededor del edificio. Cuando volví a mirar al cielo hacia el noroeste vi lo que en un primer momento interpreté como un ave grande alzando el vuelo, un halcón o un águila, planeando muy alto sobre todas las demás. Sentí curiosidad y según observaba esa cosa acercándose por el oeste me quedó más que claro que no era un pájaro, ni un avión, ni nada que yo haya visto antes, porque su silueta dibujada contra el cielo brillante era una esfera perfecta, parecida a las fotos que he visto del sol durante un eclipse total. Llamé la atención del doctor Ellis hacia el objeto, y ambos bromeamos diciendo que debía tratarse de uno de esos famosos platillos volantes. Pero a medida que los segundos pasaban se convirtió en cualquier cosa menos una broma».

«Un tercio de la luna llena»

Durante un minuto y medio, ambos observaron cómo el objeto, negro y sin ninguna luz distintiva, volaba lentamente sobre Madrid, adquiriendo más y más velocidad a medida que avanzaba hacia el este y desaparecía en el horizonte. Su tamaño, según el doctor West, «era un tercio de la luna llena».

West remitió su testimonio por carta al Air Force Technical Intelligence Center, que le contestó casi de inmediato solicitando más información y una entrevista personal, así como las fotografías que el otro doctor, Ellis, había logrado hacer a toda prisa con su cámara. El análisis de las tres imágenes aportadas, sin embargo, «no aportó ningún dato significativo».

El absurdo cuestionario aliado para «cazar» a los nazis ocultos entre los ciudadanos alemanes


ABC.es

  • Tras la contienda, los aliados cargaron contra los germanos obligándoles a pasar absurdos cuestionarios, matándoles de hambre, robando su arte y violando a la población femenina
El absurdo cuestionario aliado para «cazar» a los nazis ocultos entre los ciudadanos alemanes

WIKIMEDIA Soldados alemanes en el Frente Oriental (1942)

Mayo de 1945. Esa fue la época en la que -tras combatir en África, Europa y parte de Asia- los aliados consiguieron tomar Berlín y hacer que Alemania se rindiera sin condiciones. Días antes, los mandos de la coalición también habían recibido una gran noticia: el Führer había preferido meterse una bala de Luger en la mollera que enfrentarse a los soldados soviéticos (ansiosos, por cierto, de venganza por todas las vejaciones sufridas por parte de los nazis). Eran, por tanto, momentos de júbilo para británicos, estadounidenses, rusos y, sobre todo, para una gran parte de los germanos que, tras vivir bajo el yugo y las mentiras de Adolf Hitler, eran por fin «liberados».

Al menos, eso era lo que pensaba la población alemana. Pero la realidad fue bien distinta. Y es que, tras el punto y final de la Segunda Guerra Mundial, los aliados comenzaron en el país un proceso de «desnazificación» de la población civil mediante el que se pretendía procesar a todos aquellos que tuvieran relación con el Führer. Esta caza de brujas estuvo protagonizada por el llamado «fragebogen» -un absurdo test con decenas de preguntas mediante cuyas respuestas, presuntamente, se lograba adivinar si una persona había sido o no seguidora de Hitler-.

La venganza tras la guerra

Además de este esperpéntico cuestionario, los ciudadanos germanos sufrieron multitud de represalias por parte de americanos y rusos tras la contienda. Éstos, concretamente, se vanagloriaron durante años de haber dejado de aprovisionar en lo que a alimentos se refiere a una población sin capacidad económica. El resultado fue la sucesión de una serie de severas hambrunas que diezmaron a los ciudadanos germanos.

El patrimonio cultural tampoco evitó las represalias, pues cientos de obras de arte alemanas fueron transportadas a Estados Unidos y la Unión Soviética para ser exhibidas como un trofeo ante sus conciudadanos (siendo muchas, en el caso de los americanos, devueltas finalmente a sus legítimos dueños).

Por parte soviética, las tropas llegaron a violar a centenares a las mujeres alemanas después de la caída de Berlín. «Personalmente lo que más me ha llamado la atención por su barbarie es la violencia sexual que se produjo contra las alemanas tras la guerra, sobre todo en Berlín. El abuso sobre los débiles es incomprensible, el saqueo mal está –no lo justifico- pero en el caso de las violaciones no tiene nombre lo sucedido», », explica, en declaraciones a ABC, el escritor y periodista Alberto de Frutos (autor de «Tiempos y costumbres»).

Pero… ¿Por qué se permitieron todas estas vejaciones? Frutos lo tiene claro: «La situación se explica por el complejo de culpa colectiva de la sociedad alemana debido a que Hitler no llegó al poder por la violencia, sino a través de las urnas. Ese sentimiento de haber creado al monstruo es lo que provocó que los bombardeos de ciudades alemanas como Dresde (que fue destruida por los aliados casi en su totalidad) quedaran absolutamente silenciados. Es cierto que la historia la escriben los vencedores, pero en este caso se entiende aún más este silencio debido a la culpa». Todo ello llevó a la temida «desnazificación».

La crueldad de los libertadores americanos

¿En qué consistía el proceso de «desnazificación»? Para responder a esta pregunta es necesario viajar hasta el momento en que las SS de Hitler recorrían una buena parte de Europa haciendo la vida imposible a los aliados. Fue en ese momento cuando la Junta de Jefes de Estado Mayor estadounidense elaboró, con el beneplácito de Roosevelt (uno de los adalides de la democracia), un plan para acabar con la ideología nacionalsocialista. Este se basaba, principalmente, en directiva JCS 1067, en cuyo clausula nº 6 se especificaba que había que extirpar –una vez acabada la contienda- costara lo que costase estas ideas del pueblo alemán.

«Concebida con el deseo de imponer una paz punitiva, la JCS 1607 […] consistía en derribar más que en reconstruir, y en ayudar a los alemanes sólo cuando fuera necesario para evitar enfermedades o desórdenes. La directiva JCS 1607 fue responsable del inhumano planteamiento de los estadounidenses. […] No obstante, hubo modificaciones, pues permitió cierta actividad industrial dentro en la nación conquistada», señala el historiador Giles Macdonogh en su obra «Después del Reich». Así pues, los estadounidenses establecieron que desmilitarizarían, «desnazificarían» y eliminarían los recursos económicos de Alemania para evitar que un suceso como la Segunda Guerra Mundial volviera a acontecer.

El absurdo cuestionario aliado para «cazar» a los nazis ocultos entre los ciudadanos alemanes

Toma del Reichstag por los soviéticos AP

Todo ello, partiendo de la base de que el pueblo alemán era culpable de la irrupción del nazismo en Europa. «La JCS 1607, con base en los puntos de vista de, entre otros, Henry Morgenthau –el secretario del tesoro de los Estados Unidos- recomendaba que: “Debería dejar claro a los alemanes que ladespiadada ofensiva y la fanática resistencia nazi han destruido la economía alemana y han convertido el caos y el sufrimiento en inevitables, y que los alemanes no pueden escapar a la responsabilidad que ellos mismos se han buscado. Alemania no será ocupada con el propósito de la liberación, sino comouna nación enemiga derrotada”», explica, en este caso, el historiador británico Tony Judt en su obra «Postguerra. Una historia de Europa desde 1945».

«Fragebogen», el primer paso

Así pues, con la idea más de buscar revancha que de regenerar y ayudar a Alemania a olvidar a Hitler, Estados Unidos comenzó su «desnazificación». Como se estableció, el primer paso era encontrar y procesar a todo aquel que hubiese tenido algo que ver con el régimen nazi, algo extremadamente arduo. Sin embargo, varios expertos del país ofrecieron a los mandos militares una fórmula mágica para realizar esta tarea: podrían distinguir el grano alemán de la paja nazi haciendo pasar a todo aquel sospechoso un test o «fragebogen». Este documento era un cuestionario con decenas y decenas de extrañas preguntas (algunas muy sutiles y otras no tanto) que, según creían los expertos norteamericanos, desvelarían quiénes habían sido seguidores del Führer.

«Se imprimieron nada menos que trece millones de formularios, que fueron entregados a quienes tenían un pasado turbio o a alemanes que buscaban empleo. La cifra correspondía aproximadamente a la del número de Pg, los “miembros del Partido”. […]. Un alemán no podía entregarse a la vida normal mientras su cuestionario, debidamente cumplimentado, no hubiese sido entregado y comprobado. Hasta entonces se hallaba en una especie de purgatorio que lo dejaba fuera de la ley. Si uno quería seguir adelante, tenía que afrontar la inquisición y rellenar el formulario con sus preguntas “a veces estúpidas”», destaca Macdonogh.

De esta forma, no rellenarlo podía significar quedarse sin trabajo y sin los deseados cupones de racionamiento de comida entregados por los americanos (absolutamente necesarios en aquellos tiempos, pues la economía de Alemania había quedado tan mermada que era extremadamente difícil encontrar algo que llevarse al estómago). Por el contrario, si el afectado respondía de forma que los mandos aliados consideraran sospechosa, podía ser declarado prisionero de guerra o, incluso, enviado a uno de los nuevos campos de prisioneros establecidos por los libertadores.

Las preguntas

Como señala Macdonogh en su texto, el «fragebogen» constaba de 12 páginas y entre 133 y 150 preguntas (dependiendo de la fuente histórica a la que se acuda). Usualmente, era entregado a los sospechosos de haberse relacionado con el nazismo junto al siguiente mensaje: «La información falsa tendrá como consecuencia una acción procesal por parte de los tribunales del gobierno militar». De esta forma, y aunque los americanos no tenían ni pajolera idea de si lo que estaban respondiendo los alemanes era verdad o mentira, al menos creían infundir algo der miedo en los examinados para evitar que falsearan lo que escribían.

Entre sus primeras líneas, el «fragebogen» incluía cuestiones tan absurdas como cuál era el número de cuenta bancaria y postal del entrevistado, cuál era el color de sus ojos, cuánto pesaba o cuál era su religión. Aunque no eran las más extrañas que podían hallarse en sus páginas. «Los aliados deseaban saber también, por ejemplo, si los bombardeos habían afectado a la salud, el trabajo o el sueño del entrevistado. Se pedía información sobre reclamaciones a compañías de seguros y demandas de indemnización, junto con otras preguntas sobre alcantarillado, electricidad y desagües», determina el historiador en su obra.

Estas eran –entre otras- las más sutiles. Posteriormente, y cuando el examinado se había relajado, llegaban las cuestiones de importancia. Entre ellas, destacaban algunas como la que solicitaba información sobre el número de cicatrices que la persona tenía en el cuerpo. Con dicha cuestión, los estadounidenses pretendían hacerse una ligera idea de si el interfecto había combatido en el frente y tenía restos de alguna herida, contaba con un tatuaje de alguno de los cuerpos militares alemanes (los miembros de las SS, por ejemplo, llevaban grabado su grupo sanguíneo en el brazo) o si, finalmente, disponía de marcas o distintivos de los grupos de duelistas estudiantiles. En el último caso, los aliados no sabían que estas asociaciones habían sido prohibidos por Hitler, lo que hacía que no fuesen partidarias del régimen.

En este sentido, la cuestión número 25 también preguntaba sobre la afiliación a alguna fraternidad estudiantil cuando, realmente, Hitler había sentido gran odio hacia ellas y las había prohibido en 1935 después de un curioso suceso. «El primer clavo de su ataúd lo puso un estudiante borracho de Heidelberg que había llamado a casa del ayudante de Hitler para pedirle que preguntara al Führer cuál era la mejor manera de comer espárragos. Hitler no lo consideró divertido», destaca el autor en su obra.

Entre las más curiosas, finalmente, también se encontraba la siguiente: «¿En algún momento ha esperado la victoria alemana?». Algo totalmente absurdo pues, como bien señala el historiador en su obra, aquel alemán que afirmara que el ejército nazi podía ser derrotado solía ser encarcelado (una medida, que, de hecho, también estuvo en vigor en algunos países aliados durante la guerra).

El absurdo cuestionario aliado para «cazar» a los nazis ocultos entre los ciudadanos alemanes

El búnker de Hitler (Berlín) antes del fin de la guerra ARCHIVO ABC

Otras de las cuestiones (la número 18) era la que preguntaba si el examinado contaba con algún familiar dentro de la aristocracia alemana, la cual –según consideraban los americanos- había apoyado la subida de Adolf Hitler al poder. El test también solicitaba al interfecto quele facilitara el partido al que había votado en 1932(las elecciones en las que el Führer y su grupo político -el NSDAP- subieron al poder). «Muchos consideraron absurda la pregunta acerca de su voto; en primer lugar, porque era fácil mentir, y en segundo, porque los alemanes estaban oyendo cómo se les decía queel voto secretoera una de las claves de la democracia», añade Macdonogh.

En los primeros años después de la guerra fueron muchos los que pasaron el test. En principio, se pretendía que una gran parte de la población alemana se viera sometida a él, por lo que se hizo una selección mediante el sistema aleatorio Gallup. Esto provocaba, sin embargo, que se personaran en las oficinas aliadas todo tipo de sujetos. «En una casa […] se entrevistó a un adolescente de 13 años y a un anciano de 88 que estaba “bastante gagá”. Un hombre ciego llegó a la entrevista acompañado de su esposa casi completamente sorda, afección que compartía con su marido», destaca el experto. Tampoco evitaban el cuestionario las mujeres de altos oficiales del ejército nazi. Uno de los caos más destacados fue el de Emmy Goering (la esposa del jefe supremo de la fuerza aérea), quien tuvo que responder a pesar de de su cargo.

El hambre, la nueva venganza contra Alemania

Tras determinar que los alemanes eran culpables por haber aupado a Hitler hasta el gobierno y haberle seguido en tiempos de guerra, los estadounidenses establecieron que era necesario castigarles. Así pues, iniciaron una campaña para atacar donde, por entonces, más dolía a un país cuya economía había sido destrozada por la guerra: en el hambre. De esta forma, rechazaron las peticiones de la Cruz Roja para llevar provisiones hasta la región y devolvieron todas las donaciones que, desde el resto del mundo, se habían recogido para evitar que el pueblo germano muriera de inanición.

«Políticos y militares –como sir Bernard Montgomery- insistían en que no se enviara comida desde Gran Bretaña. La hambruna era un castigo. Montgomery llegó a decir que tres cuartas partes de los alemanes seguían siendo nazis, aunque no reveló la fuente de su información. Los alemanes sólo podían culparse a sí mismos, y debían continuar ocupando el último lugar de la cola», señala Macdonogh.

Sólo gracias a la intervención de algunos intelectuales como el judío Víctor Gollancz se consiguió que algunos alimentos llegaran hasta Alemania. En su caso, consiguió movilizar a la sociedad tras hacer un estudio que determinó que, mientras que eran necesarias 2.650 calorías para sobrevivir haciendo esfuerzo físico (trabajando), los germanos ingerían en marzo de 1946 entre 1.200 y 1.500 en la zona del país controlada por los británicos; 950 en la francesa y 1.270 en la Estadounidense. Destaca que, en palabras de este investigador, unas 1.500 calorías bastaban para sobrevivir acostado, pero no para realizar una vida diaría usual.

En ese tiempo comenzó a correr el rumor en Alemania de que las calles no eran zonas seguras para perros y gatos. No era para menos, pues los germanos tuvieron que recurrir a todo tipo de originales «recetas» para poder subsistir. «Las ratas y ranas, junto con los caracoles, permitían hacer una sopa que llenaba la barriga. El caballo era un plato relativamente común […] Se hacía harina de brotes, escaramujos, y enea. Las bellotas, los dientes de león y las raíces de altramuz se molían para hacer café. […] Las setas silvestres eran una bendición en la temporada: evitaban los gruñidos del estómago, pero más tarde torturaban a quien las consumía por su carácter indigesto», destaca el autor en su obra.

A la caza del arte

Pero el «fragebogen» y las hambrunas no fueron las únicas represalias de los ejércitos aliados sobre Alemania. De hecho, estos aprovecharon cada minuto de su estancia para–en muchos casos- saquear y robar todo aquello que podían. El mayor expolio se produjo en el mundo del arte donde, amparándose en la sustracción sistemática que los nazis habían realizado de pinturas y esculturas para Hitler, estadounidenses y soviéticos se llevaron a sus respectivos países todo aquello que consideraron digno de ser disfrutado por sus ciudadanos.

Concretamente, este saqueo comenzó cuando los soviéticos se encontraron casi por casualidad con varias obras de arte en una vivienda. Al discernir la ingente cantidad de cultura que albergaba Alemania, Stalin envió entonces a un grupo específico de expertos para que las recuperara. No obstante, este equipo llegaba en multitud de casos tarde y tenía que observar con sufrimiento como los soldados del Ejército Rojo eliminaban centenares de cuadros y esculturas por considerarlas contrarias al régimen comunista. A pesar de ello, lo cierto es que consiguieron llevarse un buen pellizco de ellas hacia las heladas tierras del este para que hicieran las veces de trofeos de guerra.

«La némesis de esta campaña rusa de obtención de trofeos era el departamento MFAA (Monuments, Fine Arts and Archives; Monumentos, Bellas Artes y Archivos) del ejército de los Estados Unidos, que también se llevó obras de arte, incluidos doscientos lienzos encontrados en Berlín, y las puso bajo “custodia”. Los americanos planearon en principio embarcar con destino a su país un gran porcentaje de los tesoros artísticos de Alemania», añade Macdonogh. La teoría era impecable, pero lo cierto es que hubo que esperar hasta la llegada del presidente Truman para que una buena parte de ellas fueran devueltas a Alemania.

Cinco preguntas a Alberto de Frutos