Descubren que España planeó invadir Australia con una gigantesca flota en 1793


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  • El investigador Chris Maxworthy afirma que Carlos IV ordenó construir más de 100 navíos para asaltar la región
Descubren que España planeó invadir Australia con una gigantesca flota en 1793

ARCHIVO ABC Carlos IV, el orfebre de esta curiosa estrategia planeada en 1793

Por tierra y mar y desde las Américas hasta las tierras del continente europeo. A lo largo de los siglos, los soldados españoles han combatido a lo largo y ancho del globo y contra todo tipo de enemigos (desde nativos en las Indias, hasta samuráis en Asia). Sin embargo, siempre ha existido una región que parecía olvidada por los libros de Historia de nuestro país: Australia.

Al menos eso es lo que se pensaba hasta la llegada del investigador Chris Maxworthy, perteneciente a la Asociación Australiana para la Historia Marítima. Y es que -según afirma la versión digital del diario «Daily Telegraph»-, este experto ha descubierto una serie de documentos en los archivos de la marina de nuestro país que atestiguan que, en 1793, Carlos IV ideó un plan para asaltar Australia con una armada de más de 100 navíos. ¿El objetivo? Arrebatársela a los presuntuosos lords británicos y conseguir «llevar la lucha contra los británicos al Pacífico», según se puede leer en los susodichos documentos.

A sangre y fuego

Este curioso plan tomó forma más una década después de que, en 1780, el capitán James Cook –de la Royal Navy– tomara posesión de la región en nombre de Gran Bretaña. A su vez, se planeó una vez que, en 1788, los británicos decidieran convertir la isla en una colonia penal a la que llevar los miles de presos que copaban las prisiones de su país.

«El plan era atacar Sydney desde las colonias españolas en América del Sur con una flota de 100 buques de tamaño medio», señala el investigador en declaraciones recogidas por el diario británico. La finalidad, como explica el propio Maxworthy, era luchar por la supremacía del Pacífco contra los ingleses invadiendo la región y lograr, de esta forma, que no fuese utilizada para causar daños a los intereses comerciales que nuestro país tenía en las Américas y Filipinas.

A su vez, los documentos hacen referencia a la recomendación de usar munición incendiaria para lograr minar la moral de los británicos (a base, nunca mejor dicho, de sangre y fuego). «El objetivo era que los británicos entregaran totalmente Australia y luego expulsarles de aquella tierra. La munición «al rojo» se iba a usar no sólo para destruir los objetivos enemigos situados en tierra, sino también para producir incendios en los múltiples edificios de madera y generar pánico», destaca el experto.

Un plan que no se llevó a cabo

El plan español para tomar esta región no fue el único con patente europea. De hecho, los holandeses y los franceses ya ansiaban por aquel entonces sentar sus posaderas en esa deseada tierra del Pacífico Sur. Sin embargo, abandonaron sus planes por ser extremadamente dificultosos y por considerar que Australia no era todo lo idónea que debía ser.

Descubren que España planeó invadir Australia con una gigantesca flota en 1793

José de Bustamante

El plan español, por el contrario, siguió activo durante varios años. Concretamente, se creó después de que el comandante italiano al servicio de España, Alejandro Malaspina, informara al Gobierno de que Gran Bretaña no sólo pretendía llenar Australia de convictos, sino que también buscaba utilizar la región con fines comerciales. A su vez, explicó al monarca español que la colonia podía ser utilizada como base para lanzar un ataque contra los territorios españoles.

Malaspina recibió el apoyo de su segundo en la expedición, José de Bustamante y Guerra, quien –según los documentos encontrados– fue el que propuso la invasión militar a Carlos IV. Al monarca debió gustarle la idea, pues envió a este marino a Montevideo para que comenzara a dar forma a una gigantesca flota con la que asaltar la región. «Bustamante fue el encargado de defender América del Sur de una invasión británica y llevar la lucha a los británicos en el Pacífico», añade el experto.

Tras la salida a la luz de estos documentos, algunos historiadores se han atrevido a afirmar que los españoles llegaron a conquistar la colonia durante un breve periodo de tiempo, hasta que volvió a ser retomada por los británicos. Fuera como fuese, lo único cierto es que el plan fue cayendo en el olvido hasta que, por una causa u otra, se abandonó.

El pirata Cabrón y la épica conquista castellana de las Islas Canarias


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  • En la invasión de Gran Canaria, un ejército castellano se impuso a una fuerza de miles de guanches. La superioridad de la caballería fue determinante, frente a una enconada resistencia que dejó sin dientes al mismísimo hombre que da nombre al insulto
El pirata Cabrón y la épica conquista castellana de las Islas Canarias

ABC Cuadro «La fundación de Santa Cruz de Tenerife»

Hubo un tiempo en el que las Islas Canarias, llamadas así por los romanos al hallar grandes mastines en sus tierras (algo que la arqueología no ha podido demostrar), era un lugar casi mitológico poblado por los guanches: nativos de gran altura, cabellos rubios, ojos claros y avanzadas técnicas de astronomía. Un paraíso cuya importancia geográfica –redescubierta con la apertura de las grandes rutas marítimas– lo convirtió en objeto de deseo de españoles, italianos, franceses y portugueses. Durante casi 100 años, Castilla acometió una hercúlea campaña militar para someter a su fiera población local, que llegó a su conclusión en 1496. Hasta entonces, ni siquiera las acciones militares del mítico pirata Pedro Fernández Cabrón, quien regresó a su Cádiz natal con la boca torcida a causa de una pedrada de un guanche, pudo amansar la resistencia local.

La larga duración de la conquista de las Canarias se explica por la dificultad de reducir a una población especialmente belicosa y por las distintas realidades de cada isla. Lo que allí pudieran encontrarse los europeos de finales de la Edad Media era un misterio, puesto que durante mil años, entre los siglos IV y XIV, las islas desaparecieron de la historia. Así, los primeros que renovaron el interés por unas tierras mencionadas por griegos y romanos fueron los navegantes mallorquines, portugueses y genoveses que empezaron a visitarlas con cierta frecuencia a partir del siglo XIV. No en vano, en 1402 comenzaron los intentos por establecer colonias permanentes. El barón normando Jean de Bethencourt desembarcó con 53 hombres en Lanzarote en busca de orchilla, un colorante natural para teñir tejidos (con las mismas propiedades de la cochinilla americana). Aunque sus esfuerzos corrían por iniciativa particular, la falta de recursos obligó al normando a entregar sus conquistas al Rey de Castilla.

Con el dominio de Lanzarote, Fuerteventura, el Hierro y la Gomera, los Reyes Católicos se plantearon en 1478 tomar posesión de las islas más grandes y peligrosas: Gran Canaria, La Palma y Tenerife. Comenzó entonces la fase más épica y sangrienta de la conquista de las Islas Afortunadas. Tras varias intentonas que fracasaron por la escasez de tropas, los Reyes designaron al capitán aragonés Juan Rejón para encabezar una expedición de 650 soldados castellanos con el objetivo de anexionar Gran Canaria –un territorio poblado por casi 40.000 habitantes– ya fuera de forma pacífica o militar. Poco después de desembarcar en la isla, 2.000 guerreros cayeron sobre Rejón en lo que parecía una masacre sin remedio. No obstante, los guanches cometieron el error de presentar un ataque campal, en vez de aprovechar su conocimiento de la geografía para hostigar a los castellanos. La caballería europea mató durante su carga a 300 nativos, que usaban como armamento piedras y lanzas de madera. La exitosa aventura de Rejón se completó meses después con el hundimiento de una flota portugués que trataba de establecer una colonia.

Fernández Cabrón da nombre al insulto

El carácter rudo y despótico de Rejón provocó una lucha interna que terminó en la expulsión del capitán aragonés con rumbo a España. Sin embargo, los Reyes Católicos tomaron parte por Rejón y le enviaron de vuelta a la isla junto a 400 soldados y el pirata Pedro Fernández Cabrón. Este oscuro personaje gaditano –cuyo nombre se empezó a utilizarse como término despectivo a raíz de sus maldades– fue destinado a abrir un nuevo frente al sur de Gran Canaria. Cabrón, al frente de 300 hombres, se internó hasta la caldera de Tirajana, donde sufrieron una emboscada a base de pedradas. Los guanches mataron así a más de 200 castellanos y dejaron con la boca torcida al pirata y esclavista gaditano, que perdió la mayor parte de los dientes.

Tras un nuevo complot contra Rejón que acabó con la ejecución de uno de los cabecillas, los Reyes Católicos se convencieron de enviar a un capitán que no fuera cuestionado con tanta frecuencia. El 18 de agosto de 1480 alcanzó la isla Pedro de Vera con un nuevo refuerzo de 170 hombres. Sus primeras acciones, sin embargo, acabaron en sonadas derrotas contra los nativos que, desde la escabechina que sufrió Cabrón y sus hombres, habían tomado la medida a los españoles.

Dispuesto a acabar con el espíritu guerrero de los guanches, Vera atacó a su líder, el fiero Doramás, en la zona de Arucas. En inferioridad numérica –los castellanos, como haría décadas después Hernán Cortés en la batalla de Otumba contra los aztecas– sabían que sus posibilidades de vencer pasaban por abatir al líder guanche al principio del combate. Las crónicas citan que un jinete llamado Juan de Flores le atacó con su lanza desde el caballo, pero Doramás desmontó al castellano con su espada de madera quemada y le abrió la cabeza. A continuación, el guanche desarmó también a un ballestero llamado Pedro López y se dirigió hacia el capitán Vera. Uno de sus hombres de confianza, Diego de Hoces, consiguió alcanzarle un tajo a Doramás, quien se revolvió y le partió la pierna al español. Finalmente, fue el propio Vera quien acometió una lanzada mortal en el pecho del líder nativo.

La muerte de Doramás abrió las puertas al avance castellano. Con el colapso de la resistencia guanche en 1483, una horda de 600 guerreros y 1.000 mujeres se internó en la isla en un desesperado éxodo. La dureza del terreno hizo que este grupo no tardara en dispersarse en busca de alimentos, dejando vía libre al dominio español.

La Palma y Tenerife: una guerra escarpada

El siguiente objetivo marcado por los Reyes Católicos fue la isla de La Palma y el capitán elegido para esta empresa Alonso Hernández de Lugo, quien había remplazado a Pedro de Vera tras los episodios de crueldad protagonizados por éste durante una sublevación en La Gomera. No en vano, la isla vecina presentaba, en principio, menos obstáculos: su población solo era de 2.000 personas y estaba fragmentada en 12 reinos. Así, salvo uno de estos reinos –el situado en la Caldera de Taburiente–, todos fueron derrotados o se rindieron al poco tiempo de desembarcar Hernández de Lugo en 1492. El último rey resistió con solo 100 hombres las acometidas castellanas, ayudado por lo escarpado del terreno. De hecho, el capitán español solo pudo vencer al nativo usando una treta. Lugo invitó al rey local a parlamentar, y cuando salió de su posición elevada lo prendió por sorpresa. Como era habitual entre estos jefes tribales, el preso se suicidó por inanición cuando viajaba a la península Ibérica.

El pirata Cabrón y la épica conquista castellana de las Islas Canarias

Wikipedia Estatua representativa de Bencomo en N.S. de Candelaria

Hacia 1493, todas las islas del archipiélago estaban ya bajo mando castellano, salvo la isla de Tenerife. Las tropas castellanas de Alonso Hernández de Lugo se encontraron con una resistencia mayor de la esperada en esta isla. Cuando los castellanos regresaban del barranco del Acentejo con un abundante ganado capturado a los guanches, un ejército nativo mandado por el jefe tribal Bencomo emboscó a los castellanos. El enfrentamiento contra los españoles –asistidos por aborígenes de Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria– comenzó con la estampida del ganado, sembrando el caos en las filas castellanas. La jornada se saldó con 900 bajas españolas y cientos de heridos, entre ellos el propio Lugo con la cara destrozada por una piedra.

Sin embargo, Alonso Hernández de Lugo supo rehacerse de la derrota en los siguientes meses y recuperó su fuerza original gracias a refuerzos. Al contrario, Bencomo se aferró a su superioridad numérica y comenzó a tomar riesgos excesivos. En noviembre de ese mismo año, el líder guanche presentó batalla campal en el llano de Aguere. La caballería castellana contuvo la habitual lluvia de piedras el tiempo suficiente como para que 600 canarios aliados de los españoles aparecieran por sorpresa en la retaguardia de los guanches. La derrota nativa quedó sellada tras esta batalla, la cual desató una epidemia de peste letal para la población local. La conquista finalizó oficialmente con la Paz de Los Realejos de 1496, aunque algunos indígenas mantuvieron focos de resistencia en las cumbres hasta avanzado el siglo XVI.

La maltratada fuente dedicada a Isabel II que dio nombre al Paseo de la Castellana


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  • La gran arteria de Madrid, que ha sido rebautizado hasta en cinco ocasiones en sus dos siglos de vida, acoge en sus orillas los rascacielos más altos y los palacetes decimonónicos más ilustres

Entre ejecutivos trajeados e imponentes edificios se vertebran los 5,8 kilómetros a lo largo de los que discurre el Paseo de la Castellana. Su nombre no lo hereda de una bella mujer que inspiró grandes hazañas, sino de una fuente ubicada en la plaza de Emilio Castelar y del arroyo homónimo que dibujó en su cauce el actual eje Castellana-Recoletos-Prado.

La maltratada fuente dedicada a Isabel II que dio nombre al Paseo de la Castellana

wikimedia El obelisco de la Fuente Castellana, ahora en Madrid Río

La Fuente Castellana es uno de los ejemplos más destacados de la arquitectura conmemorativa madrileña de la primera mitad del siglo XIX. Fue levantada por orden de Fernando VII que, en 1830, quiso dedicársela a su hija la futura Isabel II. Pese a ello, ha sido relegada a un rincón de Madrid Río. Hasta los años 70 permaneció un obelisco en la plaza para marcar el nacimiento del viejo riachuelo. Ahora, muy lejos de su primer emplazamiento se mantiene ya sin los elementos característicos de toda fuente como los vasos, los estanques o los juegos de agua.

Precisamente el Paseo de la Castellana, que ha sido rebautizado hasta en cinco ocasiones en sus dos siglos de vida, se nombró como la hija del Rey: el paseo de las Delicias de la Princesa. Con la entrada del nuevo siglo XX fue denominada avenida de la Libertad, como el resto del eje Prado-Recoletos. Tras la victoria del Frente Popular, en 1936, la vía pasó a llamarse Avenida de la Unión Proletaria. Un título que duró poco tiempo, ya que Franco, como hizo en la mayoría de ciudades, la designó Avenida del Generalísimo.

Vía infinita del arte

Su inclinación y rectitud la hacen parecer infinita. Sin embargo, se queda corta cuando se compara con los más de 10 kilómetros que forman la calle Alcalá y con los más de 320 portales de Bravo Murillo. En el ranking nacional se sitúa en el puesto 20 de las más largas.

La maltratada fuente dedicada a Isabel II que dio nombre al Paseo de la Castellana

wikimedia «Mujer con espejo», de Botero

No obstante, es la única que alberga obras al aire libre de escultores tan célebres como Chillida o Miró. Bajo el puente de Juan Bravo, construido en los años 70, se erige este Museo de Arte Público. Además, de las voluptuosas féminas del colombiano Fernando Botero en la Plaza de Colón y en la de San Juan de la Cruz.

Entre rascacielos y palacetes

Pero no solo los artistas quieren un hueco en esta arteria, también los escultores. Cuatro centros de negocios recalan a ambos lados de esta gran arteria: las torres gemelas de Colón, Azca –con la torre Picasso, la del BBVA y la de Europa–, las torres Kio y las recientes Cuatro Torres.

Entre tantas oficinas también resisten al embestir de la piqueta algunos palacios repartido de forma aleatoria por todo el paseo. Estos caserones burgueses sorprenden al caminante. Medio centenar de mansiones rivalizaban por ser las más bellas. Neogóticos, neoárabes, neoclásicos o modernistas… Hasta nuestros días solo han sobrevivido poco más de diez palacios. «No son los tiempos propicios a las residencias fastuosas». Con esta frase, que hoy podría tener significado pleno, evocaba ABC los palacios perdidos de la Castellana hace ya 55 años.

La necrópolis más antigua de la Península Ibérica está en Valencia


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  • Científicos del CSIC han analizado diez cuerpos del conjunto funerario de El Collado, de hace 9.500 años, aún más viejo que los famosos concheros portugueses
La necrópolis más antigua de la Península Ibérica está en Valencia

CSIC | Enterramientos en el cementerio de El Collado, Valencia

Un equipo liderado por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha demostrado que la necrópolis de El Collado, en Oliva (Valencia), es la más antigua de la Península Ibérica. La datación de los restos óseos de diez de los 15 individuos enterrados en este conjunto funerario, con una antigüedad comprendida entre los 9.500 y 8.500 años, rompe con la idea de que los primeros cementerios ibéricos fueron los asentados en los concheros portugueses, como los ubicados en los estuarios de los ríos Tajo y el Sado.

Los resultados, publicados en la revista PLOS ONE, demuestran que esta necrópolis, la más grande de España, situada en el extremo meridional del Golfo de Valencia, tuvo un uso intermitente durante unos 1.000 años. El empleo de este espacio con fines sepulcrales coincide, por tanto, con otros yacimientos mesolíticos en Europa, como los de Vedbaek (Dinamarca), Skateholm (Suecia) o Téviec y Hoëdic (ambos en Francia).

Hace unos 9.500 años, las últimas comunidades de cazadores-recolectores que ocupaban la Península Ibérica comenzaron a enterrar de forma sistemática a parte de sus congéneres en cementerios, un hábito que se vincula a la progresiva sedentarización de estas sociedades y a un cambio significativo en la relación de sus territorios con las actividades económicas.

Según las dataciones por carbono 14 mediante espectrometría de masas, los restos más antiguos fueron enterrados en el sector sur y los más recientes en la zona norte. “Es significativo que la mayor parte de estas sepulturas no se superpongan ni se corten unas a otras, lo que indica que posiblemente se empleó algún tipo de señalización para indicar las inhumaciones, que era reconocida y respetada mientras se mantuvo la función funeraria de este lugar”, el investigador del CSIC Juan Francisco Gibaja, de la Institución Milà i Fontanals.

En el yacimiento mesolítico de El Collado, excavado en 1987 y 1988, se documentaron 14 enterramientos a lo largo de una superficie de 143 metros cuadrados. Uno de ellos contiene restos de dos individuos. Los datos antropológicos apuntan a que cuatro son mujeres y siete hombres, otros dos probablemente hombres y los dos restantes un adolescente y un recién nacido de los que no se ha podido determinar el sexo. Las dislocaciones documentadas permiten inferir que algunos de ellos fueron enterrados en algún tipo de sudario, saco o con algunos de sus miembros atados.

“Hasta hace poco, las dataciones relativas a un conjunto funerario solían limitarse a unos pocos individuos en el mejor de los casos, ya que en muchas ocasiones se solían realizar dataciones indirectas, es decir, de elementos vinculados al individuo enterrado, pero cuya antigüedad podía no corresponderse necesariamente con el evento funerario. Por ello, nosotros hemos tomado muestras directamente de los huesos humanos de los 10 individuos”, señala Xavier Terradas, investigador del CSIC en la Institución Milà i Fontanals.

El yacimiento es además un depósito de conchas, relacionado con el consumo de moluscos por estas comunidades, que vivían a menudo cerca del mar o de los estuarios. “A veces inhumaban a sus muertos en estos mismos lugares. Por lo tanto, estos moluscos tenían una función de subsistencia, pese a que en algunas ocasiones se hayan utilizado especies concretas con fines ornamentales”, agrega el investigador del CSIC. Juan F. Gibaja.

El sistema solar con ‘Tierras’ más antiguo de la Vía Láctea


El Mundo

  • Hallan un sistema formado por cinco planetas con tamaños parecidos al nuestro que nació hace 11.200 millones de años, cuando el Universo sólo tenia el 20% de su edad actual
  • Está situado a una distancia de 117 años luz de nuestro planeta
Recreación de la estrella Kepler-444 y los cinco planetas que la...

Recreación de la estrella Kepler-444 y los cinco planetas que la orbitan.TIAGO CAMPANTE/PETER DEVINE

Se podría decir que son los arqueólogos del cosmos. Con la ayuda de telescopios espaciales como Kepler, escrutinan nuestra galaxia buscando los objetos celestes más antiguos para intentar entender cómo se formaron los planetas. Un equipo internacional de científicos acaba de anunciar un importante hallazgo arqueológico en la Vía Láctea: han encontrado el sistema solar más antiguo con planetas de un tamaño parecido a la Tierra de los que han sido descubiertos hasta ahora. Lo llaman Kepler-444.

Este sistema planetario, situado a unos 117 años luz de distancia de la Tierra, nació hace 11.200 millones de años, cuando el Universo era bastante joven, pues apenas tenía el 20% de su edad actual.

Alberga, al menos, cinco mundos con tamaños parecidos al de la Tierra, que orbitan alrededor de una estrella denominada también Kepler-444. Es un 25% más pequeña que nuestro sol, bastante más fría y muy luminosa. Una de las más brillantes que ha detectado el telescopio de la NASA Kepler.

Para realizar este estudio, en el que han participado instituciones de EEUU, Reino Unido, Dinamarca, Portugal, Australia, Alemania e Italia, usaron datos recabados por él durante cuatro años. Según los científicos que han descubierto este antiquísimo sistema, los tamaños de estos cinco planetas oscilarían entre los de Mercurio y Venus.

Describen sus características esta semana en la revista Astrophysical Journal, en un estudio que pone de manifiesto cómo la formación de planetas como la Tierra en nuestra galaxia, la Vía Láctea, comenzó mucho antes de que se originara nuestro sistema solar.

Vida en nuestra galaxia

Frente a los 11.200 millones de años que tiene la estrella Kepler-444, nuestro sol nació hace 4.500 millones de años, es decir, es casi dos veces y medio más joven. Kepler-444, aseguran los autores de este estudio, sería el sistema planetario más antiguo conocido que alberga mundos con tamaños parecidos al nuestro.

«Este descubrimiento tiene implicaciones de largo alcance. Ahora sabemos que planetas del tamaño de la Tierra han ido formándose a lo largo de la mayor parte de los 13.800 millones de años de historia que tiene el Universo», explica Tiago Campante, investigador de la Universidad de Birmingham y autor principal del estudio, en una nota de prensa del centro británico. Según afirma el estudio, este descubrimiento deja abierta la posibilidad de que hubiera existido vida antiguamente en nuestra galaxia.

Los cinco planetas que han detectado en torno a la estrella Kepler-444, sin embargo, no podrían albergar vida como la conocemos en la Tierra. Están tan cerca de ella que apenas tardan diez días en orbitarla, por lo que los científicos creen que se trata de mundos con temperaturas infernales, sin agua líquida y con altos niveles de radiación.

Este sistema se originó mucho antes que el nuestro: «Cuando la Tierra se formó, los planetas de ese sistema ya eran mas viejos de lo que la Tierra es en la actualidad. Este descubrimiento podría ayudarnos ahora a identificar el comienzo de lo que podríamos llamar ‘la era de la formación planetaria’», añade Tiago Campante.

«Éste es uno de los sistemas más antiguos que hay en nuestra galaxia. Kepler-444 pertenece a la primera generación de estrellas. Este sistema nos dice que ya había planetas formándose alrededor de estrellas 7.000 millones de años antes que nuestro sistema solar», señala Steve Kawaler, investigador de la Universidad del Estado de Iowa y coautor del estudio.

«Nunca habíamos visto algo así. El hecho de que se trate de una estrella tan antigua y con un gran número de planetas pequeños hace que sea un sistema muy especial», señala Daniel Huber, coautor del estudio e investigador de la Universidad de Sidney.

Una estrella más fría que nuestro sol

El sistema solar Kepler-444 se encuentra muy lejos del nuestro, a 117 años luz de distancia. Según detallan los descubridores de este sistema, han podido localizarlo gracias a una técnica denominada astrosismología, que se utiliza desde hace un par de décadas y consiste en estudiar las oscilaciones o vibraciones que periódicamente se van produciendo en una estrella. Sería algo así como escuchar las resonancias naturales de un astro que son causadas por el sonido atrapado en él. Estas oscilaciones provocan cambios minúsculos o pulsaciones en su brillo, que permite a los científicos calcular su diámetro, su masa y su edad.

Así, sostienen que la estrella Kepler-444 es un 25% mas pequeña que nuestro sol, y «sustancialmente mas fría». Por lo que respecta a los planetas, los localizan gracias a las variaciones en la intensidad de la luz que se producen cuando el planeta pasa delante de la estrella. Esa pérdida de intensidad en la luz que emite la estrella permite a los astrofísicos calcular el tamaño del planeta.

«Los sistemas planetarios en torno a estrellas han sido algo común en nuestra galaxia durante mucho, mucho tiempo», añade Kawaler. Los científicos aseguran que este descubrimiento les ayudará a conocer mejor la Vía Láctea. Según subrayan, es ahora cuando están empezando a vislumbrar la variedad de entornos en nuestra galaxia que han conducido a la formación de pequeños mundos como el nuestro.

El insultó que acabó con Cleopatra, la reina más bella de Egipto


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  • La mala prensa de la serpiente en general, y de la víbora en particular, tiene orígenes bíblicos
El insultó que acabó con Cleopatra, la reina más bella de Egipto

AP Elizabeth Taylor es una de las guapas actrices que ha desempeñado el papel de Cleopatra

En una sociedad donde la traición está a la orden del día, es casi imposible encontrar una persona que no haya sido golpeada por sus retazos. Ya sea en el papel de malo malísimo o en el de víctima, la mentira tiene pocos padres y demasiados peajes. En ocasiones ni siquiera se trata de nobleza, sino de responsabilidad. Asumir los errores forma parte del juego y saber perdonar también. Por muchos obstáculos que coloque la vida, la bondad siempre será el caballo de batalla de aquellos sujetos que nunca entendieron lo que aquí se está intentando explicar.

Así encontramos el calificativo de ‘víbora’, que evoca la nula empatía de quienes basan su comportamiento en hacer daño a los demás. En la obra «El gran libro de los insultos», publicado por la editorial La Esfera, Pancracio Celdrán expone que se llama así «al individuo que se anda con malas intenciones y aguarda cauteloso el momento de llevar a cabo su traición o venganza. Su empleo como insulto se basa en la pésima reputación de este reptil». En un pasaje de El Tesoro de la lengua castellana (1611), Sebastián de Covarrubias escribe:

Es comparada a ella la mujer que en lugar de regalar y acariciar a su marido, le mata. A la mujer que es brava de condición decimos que es una víbora.

Aunque con el significado último de ‘culebra’ el término procede de la palabra latina vipera, Celdrán explica que ya estaba impreso «con el valor semántico de persona que espera la ocasión para hacer daño» en algunas de las primeras creaciones literarias del castellano.

Orígenes bíblicos

El significado hiriente de víbora pone de manifiesto una vez más la relación del mundo animal con determinadas ofensas. El autor revela la razón por la que el insulto que nos atañe hace referencia a un reptil: la mala prensa de la serpiente en general, y de la víbora en particular, tiene orígenes bíblicos. «Eva fue engañada por una de estas criaturas; y en el mundo clásico, Cleopatra murió por la mordedura de otra representante de ese mundo de reptiles». Con estos históricos antecedentes resume Celdrán que llamar a alguien víbora «era hacerle agravio por coincidir en este reptil ingratitud, traición e hipocresía».

Entre las páginas de La Perimetra que escribió hacia la segunda mitad del siglo XVIII el dramaturgo Nicolás Fernández de Moratín se puede leer: «¡Es víbora enfurecida, despreciada, una mujer’.» Con esta expresión, Celdrán manifiesta la mayor carga de este insulto respecto a la mujer, «haciendo a las del género femenino destinatarias de hipocresía, perfidia y doble intención, con lo que la actitud injusta y cruel de cargar a la mujer con tan terribles palabras manifiesta un machismo exacerbado a lo largo de la historia».

La vida de película de Miguel de Cervantes, herido en Lepanto y apresado por piratas


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  • A su regreso a España tras la batalla, unos piratas asaltaron su barco. El escritor, en posesión de elogiosas cartas de don Juan de Austria y del nieto del Gran Capitán, fue tomado por un gran noble y se le puso un rescate desorbitado
La vida de película de Miguel de Cervantes, herido en Lepanto y apresado por piratas

ABC Ilustración que muestra a Miguel de Cervantes combatiendo en Lepanto

Apodado «el Manco de Lepanto», Miguel de Cervantes Saavedra quedó toda la vida sacudido por las consecuencias de dicha batalla. En ella perdió la movilidad de una mano, en ella se colmó de gloria y por ella fue capturado cuando regresaba a la península. Porque quizá solo alguien que ha sido privado de libertad puede hablar de ella con tanta lucidez, Cervantes dio forma durante su largo cautiverio a la más alta ocasión que los tiempos podrán leer: «El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha».

Hijo de un hidalgo arruinado, Cervantes nació probablemente en Alcalá de Henares, dado que allí fue bautizado y ejerció su padre el oficio de cirujano durante una temporada. Su familia, de la cual se ha afirmado sin muchas pruebas que era judeoconversa por ambas líneas, deambuló por Castilla en busca de trabajo como cirujano para su padre, cuya situación económica nunca fue buena. Sin estudios universitarios, pero dispuesto a no ser más una carga para su familia, Cervantes se trasladó a Madrid en 1566, donde escribió sin mucho éxito varios poemas y mostró vivo interés por el teatro. Una providencia de Felipe II de 1569 ordenó prender al castellano –que se había hecho discípulo de López de Hoyos– acusado de herir en un duelo al maestro de obras Antonio Sigura. Como haría Lope de Vega, Alonso de Contreras o Calderón de la Barca tiempo después, el hidalgo se alistó en los tercios de Flandes para prevenirse de la persecución del Rey, quien firmaba encantado sumar otro infante a su incansable maquinaria bélica.

Destinado en la eterna guerra de Flandes, el Tercio del capitán Lope de Figueroa, en el que servía y mucho después lo haría Lope de Vega, fue reclamado para tomar parte en la llamada Santa Liga, que se proponía presentar duelo al Imperio Otomano. La actuación de los tercios embarcados en esta lucha es bien conocida. A grandes rasgos, la infantería español sostuvo la victoria, en lo que se convirtió en una batalla terrestre sobre las cubiertas de las galeras; y en concreto, el Tercio de Figueroa jugó un papel determinante.

La compañía de Cervantes, dirigida por Diego de Urbina, que armaba una galera llamada «la Marquesa», soportó uno de los ataques de mayor crudeza que recibió la armada cristiana. Cuando la batalla parecía terminada, el almirante Uluch Alí –responsable del flanco izquierdo musulmán– dejó atrás a Juan Andrea Doria, con el que había protagonizado un alarde de maniobras en dirección al mar abierto, y cargó junto a sus galeras a todo bajel que encontró de costado. En realidad, el comandante turco no guardaba ya esperanzas de vencer en aquella jornada, pero buscaba un buen botín antes de acometer su retirada definitiva. Entre las seis galeras que se llevaron la peor parte, estaban la capitana de la Orden de Malta y «la Marquesa» donde combatía Cervantes.

«La Marquesa» fue víctima de una sangría de la cual solo Cervantes y unos pocos pudieron salir con vida. El joven escritor de Alcalá de Henares se encontraba con fiebre en la bodega del barco cuando fue informado de que el combate amenazaba con engullirlos. «Señores, ¿qué se diría de Miguel de Cervantes cuando hasta hoy he servido a Su Majestad en todas las ocasiones de guerra que se han ofrecido? Y así no haré menos en esta jornada, enfermo y con calentura», bramó según la leyenda el escritor de solo veintiún años, que, pese a las protestas de su capitán, fue puesto a cargo de 12 soldados y situado en la zona de proa, allí donde corría más sangre.

Cervantes fue herido por dos veces en el pecho y por una en el brazo. Aunque no fue necesario amputación, el escritor perdió la movilidad de la mano izquierdo «para gloria de la diestra». La estoica resistencia de Cervantes inspiró al resto de soldados a aguantar hasta la llegada de Álvaro de Bazán, quien desde la retaguardia se dedicó a reforzar los puntos críticos durante toda la batalla. Fue entonces cuando, aprovechando el viento a favor, Uluch Alí emprendió su huida del golfo de Lepanto, que a esas alturas era un rojizo reguero de muerte.

Preso durante 5 años: fugas y castigos

Tras la contienda, el aprendiz de poeta dejó la compañía de Urbina para pasar a la de Ponce de León. Con esta unidad, como soldado aventajado –tenía un complemento extra de sueldo por distinguirse en batalla–, participó en las conquistas de la isla de Navarín, Túnez, La Goleta y Corfú. En 1575, el soldado madrileño pidió licencia para regresar a España después de seis años de combatir en los ejércitos del Rey.

La bizarra actuación del «Manco de Lepanto» (llamado así aunque solo perdió la movilidad de la mano) no había pasado desapercibida para el almirante capitán don Juan de Austria, quien le dedicó una elogiosa carta que, por seguro, le hubiera garantizado patente de capitán en la corte de Felipe II. Es decir, el derecho a reclamar al Rey una compañía de soldados. Sin embargo, la galera en la que regresaba fue embestida por piratas berberiscos cerca de la costa catalana. El escritor –en posesión de la valiosa carta y otra en idénticos términos del duque de Sessa, nieto del Gran Capitán– fue tomado por un gran noble, y, en consecuencia, por un cautivo de enorme valor. Los corsarios pusieron un precio de quinientos ducados, más de dos kilos de oro, que por supuesto ninguno de sus familiares podía pagar.

Cervantes fue trasladado a Argel, donde se encontraban presos otros 30.000 cristianos. Un año después de su llegada, el joven madrileño encabezó una fuga con el propósito de llegar a la plaza española de Orán. No obstante, el puñado de españoles fugados fue capturado al poco tiempo, y su cabecilla castigado a llevar siempre grilletes de hierro. Lo cual no evitó que en 1577 volviera a escaparse y se escondiera durante cinco meses en una cueva hasta que un renegado reveló su posición. En 1578, Cervantes organizó una sublevación de cautivos que fue apagada antes de empezar, cuando se descubrió una carta suya pidiendo el apoyo del gobernador español de Orán. Y como si quisiera promediar una fuga por año, en 1579, estuvo detrás de una huida de sesenta españoles en barco que también se malogró por el chivatazo de un renegado.

La actitud de Cervantes y su alto precio llevaron al bajá de Argel a pedir su traslado a Constantinopla, donde jamás había escapado ningún cautivo. No en vano, días antes de ser enviado a la capital turca, unos sacerdotes trinitarios, la misma orden que rige el convento donde hoy reposan sus restos mortales, pagaron los quinientos ducados.

A su regreso a España en 1580, el Rey lo recibió en persona y le encomendó un último servicio militar: viajar a Orán como agente secreto para recabar información. Con 33 años, Cervantes dio por finalizada su etapa de soldado y se estableció en Castilla. En total había estado 5 años encerrado en Argel, pero todavía iba a pasar media docena de veces por prisiones españolas. En varias ocasiones por requisar grano perteneciente a la Iglesia para abastecer a la Armada Invencible, acción que también le causó dos excomuniones. Sus largas estancias en prisión, paradójicamente, le proporcionaron el tiempo y la perspectiva para desarrollar su prodigiosa obra literaria.

¿Cómo saber si son los huesos de Cervantes?

El fútbol que murió en Auschwitz


Sport

70 años de la liberación

  • Este 27 de enero se cumplen 70 años de la liberación de Auschwitz, uno de los campos de concentración más terroríficos de la Alemania Nazi en que perecieron tres personajes míticos del fútbol europeo
Hirsch, en el centro de la fila de abajo, fue un ídolo en Alemania antes de perderlo todo y morir por ser judio

Hirsch, en el centro de la fila de abajo, fue un ídolo en Alemania antes de perderlo todo y morir por ser judio

Entre el 20 de mayo de 1940 y el 26 de enero de 1945 se calcula que 1,2 millones de personas perdieron la vida en Auschwitz, el campo de concentración y exterminio construido por el régimen de la Alemania nazi tras la invasión de Polonia al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Entre las miles de historias personales que se produjeron en aquel lugar de horror hubo la de tres personajes ligados al fútbol, que pasaron de la consideración de héroes a simples desheredados por su condición de judios. Y que murieron olvidados entre las alambradas de aquel infierno helado.

Este 27 de enero se cumplen 70 años de la entrada en del ejército ruso en Auschwitz, donde los soldados, habituados a una guerra cruel, descubrieron con espanto las condiciones en que se hallaban los apenas 7.000 prisioneros que lograron rescatar con vida.

Entre ellos ya no se encontraba Julius Hirsch, alemán nacido en Achern en 1892 y que pasó de ser considerado un héroe futbolístico y nacional en Alemania a convertirse en un apestado. Procedente de una familia de clase media judia, Hirsch destacó muy pronto entre los jóvenes del club de su vida, el Karlsruher, con el que debutó a los 17 años. Delantero de escasa presencia física, su velocidad le convirtió en un extremo prodigioso que tomó parte en la selección alemana que disputó los Juegos Olímpicos de 1912 y cuya carrera se truncó por su decisión de alistarse en el ejército alemán en la Primera Guerra Mundial. En el campo de batalla murió su hermano y de allí regresó él con honores y la condecoración de la Cruz de Hierro.

Siendo el primer judio que había defendido la camiseta de la Mannschaft (la selección germana), en 1923 se retiró y pasó a entrenar a los juveniles del Karlsruher, siendo considerado como el personaje más destacado y amado del club en toda su historia… Hasta que diez años después comenzó su calvario. “El amor que le tenía a este equipo al que he pertenecido desde 1902 ha desaparecido radicalmente. Quiero que quede claro el daño que nos está haciendo la nación alemana a un conjunto de personas decentes que hemos demostrado nuestro cariño a este país, incluso dando nuestra sangre por él” escribió a modo de despedida, cuando el régimen de Adolf Hitler marcó y apartó a los judios.

Escapó con su familia a Francia y tras abandonar a su mujer e hijos saltando de un tren en marcha para evitar que fueran relacionados con su condición de judio fue apresado por la Gestapo y enviado a Auschwitz en 1943. El héroe ya era invisible. Y allí, en unas condiciones terribles, acabó su vida. En una fecha sin determinar. Su hija Esther, superviviente del Holocausto, encontró su nombre en la relación de personas muertas en aquel lugar y le devolvió el honor.

Al cabo de muchos años, en 2005, la Federación Alemana (DFB) otorga el premio Julius Hirsch a los aficionados germanos que se hayan destacado por su lucha contra el racismo y discriminación.

ARPAD WEISZ

El segundo personaje de esta historia es Arpad Weisz, nacido en Hungría en 1896. Su gran calidad futbolística le llevó a ser captado por el Alessandria italiano y tras retirarse en el Inter en 1926 pasó a convertirse en uno de los mejores entrenadores de la época. Fue él quien descubrió y dio forma al gran Giuseppe Meazza y quien revolucionó los sistemas de entrenamiento en la Italia de los años 30. Fue quien dirigió al Bolonia que una tarde de 1937, durante la Exposición Universal de París, goleó al Chelsea por 4-1 para convertirse en portada en toda Inglaterra y fue Benito Mussolini quien en 1938 ordenó su destitución y le apartó de toda actividad.

Judio y maldito en Italia, Weisz huyó con su familia a Holanda y convirtió a un modesto Dordrecht en la sensación del fútbol en el país, plantando cara al todopoderoso Feyenoord y recuperando una paz que acabó abruptamente el 15 de mayo de 1940, cuando el ejército alemán ocupó Holanda. Escondido en casas de familiares de sus futbolistas, su familia fue denunciada por un colaborador de los nazis en agosto de 1942 y trasladada al campo de Cosel dos meses después. Allí murieron su esposa Elena y sus hijos Roberto y Clara, en la cámara de gas, antes de que él fuera trasladado a Auschwitz.

Y el 31 de enero de 1944, el hombre que descubrió a Meazza, que implantó en Italia el sistema WM, que impuso la contratación de un jardinero para que cuidara el césped del estadio del Bolonia y que fue aclamado por todo el Calcio, fue encontrado muerto.

EDDY HAMMEL

El tercer protagonista nació en Nueva York en 1902 y fue el primer futbolista judio de la historia del Ajax, un club marcado por la herencia judía, puesto que Amsterdam fue el hogar de la mayoría de los 150.000 judíos que vivían en Holanda antes de la Segunda Guerra Mundial. Hammel se trasladó con su familia a Amsterdam siendo un niño y comenzó a jugar en las categorías inferiores del Ajax hasta que en 1922 debutó en el primer equipo.

Hasta su retirada en 1930 fue un destacado lateral o extremo derecho que se convirtió en ídolo de la hinchada, tanto por su condición como por su rendimiento. Personaje muy popular que jugaba con los veteranos del Ajax, su vida empezó a truncarse también con la ocupación nazi en mayo de 1940 y después de vivir cerca de tres años oculto, el 18 de enero de 1943 fue trasladado en un tren hacia Auschwitz. Y el 30 de abril perdió la vida en la cámara de gas del campo de exterminio polaco.

Este es un reportaje que recuerda la vida y tragedia de Hirsch

Hallan un féretro con las iniciales M. C. en la iglesia donde buscan a Cervantes


El Mundo

  • Se analizarán los restos para comprobar si se corresponden con los del escritor
  • Los investigadores dicen que ‘está todo abierto’ y que no hay ‘conclusiones’ definitorias
    Féretro en mal estado y con las iniciales M.C encontrado en un nicho en la iglesia de las Trinitarias de Madrid.EFE

Féretro en mal estado y con las iniciales M.C encontrado en un nicho en la iglesia de las Trinitarias de Madrid.EFE

Entre los trozos de un ataúd de madera carcomida por el paso de los siglos, el equipo de investigadores que busca a Miguel de Cervantes ha encontrado una prueba que podría resultar concluyente: las iniciales M. C., remachadas en hierro, están incrustadas en uno de los laterales del féretro, en cuyo interior además se han encontrado varios huesos. Será el análisis de los mismos, que está previsto que se realice en las próximas horas, lo que confirmará si se trata o no de los restos del autor del Quijote, fallecido en 1616.

Nueve meses han sido necesarios para que una treintena de expertos haya accedido por fin a las entrañas de la iglesia del Convento de las Trinitarias de Madrid, en el barrio de Las Letras, el lugar en el que según las referencias documentales de la época se cree que fue enterrado el escritor. Los trabajos de exploración de las sepulturas que atesora la cripta comenzaron este sábado en medio de una gran expectación mediática. Un portavoz del Ayuntamiento de la capital ha confirmado el hallazgo en el nicho número uno.

El hueco en cuestión parece haber sido rellenado con escombros como tejas y restos de ladrillos, lo que hace suponer que “allí se hayan colocado restos de otros enterramientos anteriores”. De hecho, aparte del retazo con las iniciales M. C., en su interior también se han hallado “maderas que parecen tener otro origen y desechos de más féretros”, lo que hace pensar a los investigadores que en ese mismo dentro hay restos óseos de varios individuos.

Pese al hallazgo, los investigadores consideran que “está todo abierto” y que no hay “conclusiones” definitorias, aunque uno de los directores del proyecto ha dicho estar convencido de que se trata de un avance “muy importante, que indica lo que indica”.

A falta del análisis de los huesos asociados a este enterramiento, parece probable que sea aquí es donde descansaban desde hace 400 años los restos mortales de Cervantes. En la búsqueda han participado arqueólogos, forenses, técnicos e historiadores.

Un proyecto ‘ambicioso’ y ‘de relevancia’

El pasado mes de abril el Ayuntamiento de Madrid impulsó «uno de los proyectos más ambiciosos y de mayor relevancia de la historia de la capital» para tratar de encontrar la tumba del escritor. El foco se puso en el Convento de las Trinitarias a partir de «un sólido estudio científico e histórico».

El primer paso fue explorar con georadar la iglesia, cuyos resultados delimitaron cinco zonas claras con posibles enterramientos. A partir de ahí el equipo multidisciplinar de investigadores, con el forense Francisco Etxeberría a la cabeza, diseñó una hoja de ruta para continuar con la búsqueda.

El lugar en el que se decidió actuar inicialmente fue en la cripta, donde hay una treintena de nichos, y cuyo acondicionamiento había permitido la instalación de un laboratorio para poder analizar ‘in situ’ los huesos encontrados. Ataviados con monos blancos y un silencio sobrecogedor, los expertos comenzaron el sábado las labores de búsqueda de esta segunda fase.

Previamente, los pasados 17 y 18 de enero, se había realizado un nuevo estudio tecnológico. Los trabajos efectuados por la empresa Falcon High Tech consistieron en «una prospección geofísica mediante georadar (GPR) y antena de alta resolución de 400 Mhz en el suelo del habitáculo y termografía infrarroja (TIR) y fotografía infrarroja (IR) en los paramentos verticales y horizontales», según explicó el viernes el Área de Las Artes del Ayuntamiento de Madrid.

En este análisis se detectaron entre cuatro y ocho nuevos enterramientos en el suelo. También se fotografiaron con espectro infrarrojo todos los dibujos e inscripciones de las paredes de la cripta.

La principal hipótesis

La hipótesis con la que se trabajaba es que el escritor fue enterrado inicialmente en una tumba y que después, en una de las reformas de la iglesia, habría sido trasladado a uno de los nichos de la pared, donde presuntamente ha sido encontrado.

En estos dos días de trabajo que comenzaron el sábado, y que en un principio se había previsto que duraran 10 días, se han realizado inspecciones por endoscopia en los enterramientos, practicando perforaciones de unos 20 mm de diámetro. Si se consideraba necesario, como en este caso, se procedía a extraer los restos óseos para examinar cuestiones relativas al perfil antropológico de los restos (morfología, edad, estatura…).

Aún no han trascendido los detalles del hallazgo en el interior de la caja de madera desportillada, pero es probable que los investigadores a estas alturas hayan podido detectar en esos huesos algunos de los rasgos característicos del autor alcalaíno: su mano izquierda estaba inutilizada (aunque no era manco) y tenía tres disparos de arcabuz en el pecho tras su participación en la Batalla de Lepanto.

El Ayuntamiento de Madrid ha subvencionado la prospección en el Convento de las Trinitarias para localizar los restos de Cervantes, que en conjunto ha costado unos 62.000 euros. Se trata de una inversión mínima si se tiene en cuenta la repercusión económica que se espera que tenga el hallazgo, de confirmarse finalmente: sólo el anuncio de la búsqueda supuso un impacto mediático de 16 millones de euros.

Los fragmentos de Evangelio más antiguos del mundo


ABC.es

  • El anunciado hallazgo de un papiro en una máscara de momia egipcia «sería muy importante si proporcionara un texto mucho más antiguo de Marcos», dice un experto
Los fragmentos de Evangelio más antiguos del mundo

wikipedia Papiro 66, también llamado Papiro Magdalena, conservado en el Magdalen College de Oxford

Algunos de los papiros más antiguos con textos del Nuevo Testamento habían sido encontrados en vertederos de papel en el desierto, o comprados a comerciantes de antigüedades, pero nunca hasta ahora se había dado con uno de ellos en una momia egipcia, entre los cientos de documentos utilizados como papel maché para crear su máscara. Un grupo de expertos de la Universidad evangelista de Acadia (Canadá) lo encontró hace tres años y ha logrado identificar el texto como un fragmento del evangelio de San Marcos datado entre el año 80 y el 90 después de Cristo. De confirmarse, sería el primer manuscrito del Nuevo Testamento que se conoce.

Los científicos creen que el papiro en el que se escribió esta copia del evangelio de San Marcos habría sido reciclado después por otras personas para elaborar la máscara funeraria, una práctica común entre las clases humildes egipcias que tenían que conformarse con papiro o lino, pegamento y pintura, según señaló el doctor en Estudios Bíblicos Craig Evans el pasado 18 de enero a Live Science.

«Si lo que dicen es cierto, el hallazgo sería de gran importancia, pues el papiro más antiguo que tenemos de Marcos es relativamente tardío: el P45, que contiene los cuatro evangelios, aunque en otro orden (Mateo, Juan, Lucas y Marcos. Data de mediados del siglo III», señala Santiago Guijarro, catedrático de Nuevo Testamento de la Universidad Pontificia de Salamanca y director de la Asociación Bíblica Española.

Aunque Craig Evans «es un profesor de reconocido prestigio», «totalmente confiable» y que «ha publicado mucho y con gran rigor», los expertos han acogido estas noticias «con cierto escepticismo» al no tener los datos de la investigación, afirma Guijarro. Evans y los demás expertos de este proyecto han firmado un protocolo para no revelar datos antes de publicar sus descubrimientos en una revista especializada a finales de año. Entonces se sabrá cuáles son las líneas del evangelio escondidas en la máscara.

Los fragmentos de Evangelio más antiguos del mundo

ABC La máscara de la momia donde se ha hallado el papiro

Para el prestigioso biblista español, «este descubrimiento sería muy importante si nos proporcionara un texto (en realidad sería un pequeño fragmento) mucho más antiguo de Marcos». La transmisión de este evangelio «es muy particular» ya que «una vez que Mateo y Lucas lo incorporaron en sus respectivos evangelios, casi dejó de copiarse», explica Guijarro.

«Por eso no nos han llegado papiros con el texto de Marcos, mientras de los otros evangelios tenemos bastantes», añade el autor del libro «Los cuatro evangelios» (Salamanca, 2012). Existen unos 5.000 manuscritos, bastantes de ellos de la época preconstantiniana (después de Constantino los textos se copiaron en grandes códices y se difundieron mucho), explica Guijarro.

«Uno se hace una idea de lo que esto significa cuando cae en la cuenta de que las obras los autores clásicos, por ejemplo de Homero, nos han llegado en manuscritos copiados ocho o diez siglos después de que fueran compuestas», subraya el catedrático de la Universidad Pontificia. En el caso del Nuevo Testamento y en especial de los evangelios, «no es así» porque «tenemos papiros copiados veinte o treinta años después de que fueran compuestos, y tenemos muchos». El Nuevo Testamento «es, con mucho, el texto mejor atestiguado de toda la literatura antigua», asegura.

Los fragmentos de Evangelio más antiguos del mundo

wikimedia Papiro 52

El fragmento de evangelio canónico más antiguo admitido hasta ahora es el recogido en el Papiro 52 que se conserva en la biblioteca John Rylands, en Manchester. Contiene un pequeño texto del evangelio de San Juan y se cree que data del siglo II.

El papiro hallado en la máscara egipcia sería anterior, pues se remonta, según los expertos canadienses, entre el año 80 y 90 después de Cristo. En opinión de Guijarro, «el principal problema que presenta este hallazgo es que no han explicado aún por qué lo datan con tanta precisión en la década de los 80».

El biblista imagina que habrán podido datar la tumba y la momia, de cuya máscara han obtenido el papiro que sería lógicamente anterior. Habría que contar además con un tiempo para que el papiro fuera desechado, puesto que un cristiano nunca hubiera utilizado un texto bíblico como papel maché. La datación del papiro «es el punto que hay que aclarar en primer lugar», ya que es «un asunto complejo y ahí se va a jugar todo», asegura Guijarro.

Aún en el supuesto de que pudiera datarse en la década de los 80, el director de la Asociación Bíblica Española cree que «ninguna de las dos hipótesis que hoy se barajan para situar la composición de Marcos (Roma o Siria) se vería afectada». Existe bastante acuerdo entre los expertos en que este evangelio se compuso en torno al año 70 y resulta factible, a juicio de Guijarro, que una copia llegara a Egipto, ya fuera desde Roma o desde Siria, puesto que «las comunicaciones por mar eran muy buenas entonces al ser el Mediterráneo un mar interno sin piratas».

En este punto coincide con Evans, que resaltó cómo «en el Imperio Romano el correo se movía casi a la misma velocidad con la que lo hace ahora» y «una carta escrita en Roma podía ser leída en Egipto en unas semanas». Aunque en opinión de Guijarro, «el Evangelio de Marcos no se compuso en Roma, sino en Palestina» y hay indicios para afirmar que «llegó muy pronto a Roma y que desde allí se difundió».

Papiros antiguos importantes

Hasta la fecha, el documento más antiguo conservado de San Marcos es el Papiro 45, de mediados del siglo III, que fue adquirido en Egipto por el coleccionista Alfred Chester Beatty (1875-1968) y que se conserva en la biblioteca de su mismo nombre en Dublín (Irlanda). «Es muy importante» porque «es el primer códice que contiene los cuatro evangelios», destaca Santiago Guijarro.

Los fragmentos de Evangelio más antiguos del mundo

Papiro Chester Beatty

Del Evangelio de San Juan hay fragmentos anteriores, como en el Papiro 52 antes mencionado que contiene líneas de Juan 18:31-33 y en su parte posterior de los versículos 37-38 escritos en griego. Fue adquirido por Bernard Grenfell en 1920 en el mercado egipcio junto a otros documentos procedentes de un vertedero, aunque su estudio y catalogación la realizó Colin H. Roberts en 1934.

El Papiro 66, de comienzos del siglo III, contiene casi completo el Evangelio de Juan. Hallado en Egipto en 1952, forma parte de la colección de los papiros Bodmer que se conservan en la Biblioteca Bodmeriana, en Cologny.

Medio siglo antes, el reverendo Charles Bousfield Huleatt adquirió en 1901 en Luxor (Egipto) y donó al Magdalen College de Oxford el Papiro 64, también llamado «Papiro Magdalena». Se cree que estos fragmentos y los del P67 o «Papiro Barcelona», de la colección de Ramón Roca-Puig que conserva la Abadía de Montserrat, pertenecieron a un mismo códice del Evangelio de San Mateo.

Otro de los papiros más antiguos e importantes que destaca Santiago Guijarro es el P4 o Papiro de París, con fragmentos del Evangelio de Lucas y datado en el siglo III. El documento, que se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia, fue encontrado a orillas del Nilo en 1889 por Vincent Scheil, que publicó su texto en 1892.

Estos y otros más «no son reproducciones del texto del Nuevo Testamento sino sólo fragmentos pequeños de texto», remarca Jesús Peláez del Rosal, catedrático de Filología Griega de la Universidad de Córdoba. El texto mejor transmitido y completo del Nuevo Testamento, señala Peláez, «se encuentra en los códices Vaticano y Sinaítico».

El polémico papiro 7Q5 de Qumrán