Un telescopio de agujeros negros capta el Sol en rayos x de alta energía


El Pais

Las emisiones en rayos X de alta energía en el Sol se aprecian en esta imagen compuesta que sobrepone los datos del telescopio NuSTAR a los del SDO, ambos de la NASA. / NASA/JPL-Caltech/GSFC

Un telescopio de la NASA, el NuSTAR, diseñado y lanzado al espacio para observar agujeros negros, restos de supernova y otros fenómenos extremos en el universo, ha sido apuntado hacia un objeto mucho más corriente y cercano a la Tierra: el Sol. Se ha obtenido así la primera imagen de la estrella del Sistema Solar en rayos X de alta energía. Se trata de una foto sobrepuesta a otra tomada por el telescopio solar SDO, y en ella se aprecian emisiones de gas que superan los tres millones de grados centígrados.

Imagen de dos telescopios

La nueva foto del Sol, con datos del telescopio NuSTAR combinados con una imagen tomada por el  observatorio solar SDO, muestra en verde y azul las emisiones solares de alta energía (el verde corresponde a energías de entre 2 y 3 kiloelectronvoltios y el azul, entre 3 y 5 kiloelectronvoltios). El rojo corresponde a la luz ultravioleta captada por el SDO y desvela la presencia de material a baja temperatura en la atmósfera solar que está a un millón de grados, explica Caltech. Esta imagen desvela que parte de la emisiones más caliente captadas por el NuSTAR procede de localizaciones diferentes en las regiones activas de la corona de las de emisión más fría que capta el SDO.

“El NuSTAR nos dará una visión única del Sol, desde las partes más profundas hasta su atmósfera”, afirma David Smith, físico solar miembro del equipo del telescopio en la Universidad de California en Santa Cruz. Los científicos creen que con este observatorio podrían captar hipotéticas nanollamaradas solares.

La idea de apuntar el NuSTAR hacia el Sol surgió hace unos siete años, antes incluso de que el telescopio fuera lanzado al espacio (en junio de 2012), pero entonces pareció una propuesta descabellada, informa la NASA en un comunicado. “Al principio pensé que era una idea loca”, comenta Fiona Harrison, del Instituto de Tecnología de California (Caltech). “¿Por qué íbamos a apuntar hacia algo que está en nuestro patio trasero el telescopio de rayos X de alta energía más sensible que se ha construido jamás, diseñado para observar el universo profundo?”. Pero la idea fue ganando adeptos y acabó aprobándose.

No todo telescopio de rayos X puede permitirse mirar al Sol, que es demasiado brillante, por ejemplo, para el observatorio espacial Chandra, cuyos detectores resultarían afectados si lo intentara. Pero el NuSTAR (Nuclear Spectroscopic Telescope Array) no corre ese riesgo porque el Sol no es tan brillante en el rango de alta energía de rayos X para el que están diseñados sus detectores, y eso depende de la temperatura de la atmósfera solar, explican los expertos.

La temperatura de la capa más externa de la atmósfera solar desconcierta a los científicos. Su media está en torno al millón de grados centígrados, mientras que la superficie de la estrella ronda los 6.000 grados. No hay una explicación definitiva sobre este fenómeno. Es como si salieran llamas de cubitos de hielo, dicen los expertos del Jet Propulsion Laboratory (JPL), institución dependiente de Caltech que gestiona la misión NuSTAR para la NASA. Y este observatorio puede ayudar a resolver el enigma si llega a captar unas hipotéticas nanollamaradas que, de existir y en combinación con las llamaradas normales, podrían ser la fuente de ese alto calor en la corona. Las nanollamaradas serían versiones pequeñas de las bien conocidas llamaradas, que se generan en gigantescas erupciones de partículas cargadas y radiación de alta energía asociadas a las manchas solares. “El NuSTAR será muy sensible a la más leve actividad en rayos X que se produzca en la atmósfera solar, y eso incluye posibles nanollamaradas”, señala Smith.

Ilustración del telescopio NuSTAR, con el mástil desplegado de 10 metros de longitud para separar los modulo ópticos de los detectores. / NASA/JPL-Caltech

El Sol está ahora en su pico de actividad del actual ciclo de manchas (de unos 11 años de duración), que es el número 24 desde que comenzó su registro sistemático en 1755. Por ellos los especialistas confían en que obtendrán mejores datos en futuras imágenes, cuando la estrella se calme, señala Smith.

El NuSTAR, una misión pequeña de la NASA y de bajo coste (unos 140 millones de euros) en la que participan varias universidades e institutos de investigación estadounidenses, la Universidad Técnica de Dinamarca y la Agencia Italiana del Espacio (ASI), está en órbita casi ecuatorial alrededor de la Tierra, a poco más de 600 kilómetros de altura. Sus objetivos científicos esenciales son hacer un censo de estrellas colapsadas y agujeros negros de diferentes tamaños mediante la observación de regiones alrededor del centro de la Vía Láctea, pero asomándose también al cielo extragaláctico; cartografiar el material sintetizado en remanentes de supernovas jóvenes para comprender cómo se crean elementos químicos; y ayudar a desvelar qué alimenta los chorros relativistas de partículas que emergen de las galaxias activas más extremas que alojan agujeros negros supermasivos.

Enterramos a nuestros difuntos igual que en la antigua Grecia


web

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Imagen: GETTYIMAGES

No hace demasiado tiempo tuve que pasar por el doloroso trance de enterrar a un abuelo y a una abuela, con la particularidad de que ambos fueron enterrados en el pueblo, tal y como mandan los cánones etnográficos. Hasta ese momento solo había acudido a entierros muy metropolitanos, igualmente dolorosos, pero cargados, si cabe, de menos dramatismo. El caso es que andando junto a mi padre detrás del coche que portaba el féretro, de camino al cementerio, me di cuenta de que entre los griegos y nosotros, los contemporáneos, a pesar de separarnos entre alrededor de 2000 y 3000 años, seguíamos haciendo prácticamente lo mismo. Es más, los primeros entierros a los que asistieron mis abuelos, seguro que se parecían aún más a los de las gentes de la antigua Grecia. Cada generación tendría sus dioses, pero los rituales son dos auténticos calcos. Eso sí, salvando las distancias y ciertos conceptos puntuales en cuanto al tránsito del cuerpo hacia ese otro lugar que muchos llaman “más allá”.

Fuentes

Sabemos las diferentes fases del ritual funerario gracias, por un lado, a la panoplia de imágenes que nos proporciona la cerámica griega, por otro lado, las fuentes literarias clásicas, entre ellas obras de Heródoto o la Ilíada de Homero entre otras. Y, por otro lado, aunque de forma un tanto distorsionada -tanto por la interpretación que hay que hacer como por los trabajos arqueológicos no del todo bien hechos en épocas anteriores- la arqueología de la muerte.

En la mentalidad de los griegos estaba muy presente que a la ahora de su muerte debían tener una ceremonia digna. Además, el hecho de poder ser enterrados en su tierra, en el caso concreto de los atenienses, era muy importante. En este sentido, uno de los peores castigos consistía en que no pudieran enterrarse en su tierra. Por otro lado, la presencia y la participación de la familia y los amigos era algo primordial. De hecho, no había sacerdotes que de una forma profesional dirigieran el ritual. Tal y como dejó establecido en sus estudios el prestigioso arqueólogo Fernando Quesada Sanz, el ritual está compuesto de las siguientes fases:

Ritos pre-deposicionales

1. Prothesis: el cuerpo del difunto era expuesto, permitiendo comprobar que realmente había fallecido, y sus seres cercanos iniciaban el duelo así como la honra. Para los griegos, la psyché -espíritu del difunto- aún no había alcanzado su destino sino que estaba en pleno tránsito, entre medias del mundo terrenal y el Hades. La preparación del cuerpo la realizaban las mujeres de la familia y consistía en lavar el cuerpo y vestirlo con ropas de carácter funerario. Así mismo, se le cerraban los ojos y se le sujetaba la barbilla. Una vez preparado el cuerpo, se le tendía en una sala de la casa, con la particularidad de que los pies debían estar mirando hacia la puerta. Fuera de la casa había recipientes con agua que servía de elemento purificador para todos aquellos que acudían a mostrar condolencias. Por otro lado, dentro de esta primera fase ritual también se expresaba el dolor mediante cantos y gestos de lamento, entre las que destacaban, en ciertas ocasiones, las famosas plañideras que hasta hace bien poco estaban presentes en los entierros de los pueblos. En cuanto a la duración, no está del todo claro. Las fuentes literarias nos hablan desde dos días hasta diecisiete. Obviamente, en el caso de de que tuviera dicha duración, debían de tratar el cuerpo, embalsamándolo para evitar que comenzara el proceso de descomposición.

2. Ekphora: se trata del traslado del difunto al lugar de enterramiento. Dicho traslado se hacía con el cuerpo a hombros o mediante un carruaje, a la par que se escuchaba música. La hora elegida era la oscuridad de la noche. Los hombres estaban ubicados delante del fallecido y las mujeres detrás.

Ritos deposicionales

Desafortunadamente, sobre esta fase casi no disponemos de información, pues casi no ha sido representada en las cerámicas. Tal y como destaca Fernando Quesada, muy probablemente, en el momento de echar la tierra se llevasen a cabo libaciones sobre le ataúd si se trataba de inhumación y sobre la urna si había sido cremación. En este segundo caso, gracias a los textos de Homero se sabe que se utilizaba vino para apagar las últimas ascuas. Seguidamente, uno de los familiares metía las cenizas en una urna. Por último, tanto en un caso como en el otro, se colocaba el ajuar junto a los restos mortales.

Ritos post-deposicionales de carácter inmediato

1. En el cementerio:
Se han hallado restos de sacrificios animales como ofrenda. Éstos eran quemados -que no cocinados- y se ha documentado en los llamados depósitos de ofrendas. Es decir, que no hacían un banquete en honor del difunto, sino que simplemente quemaban los cuerpos de los animales.

2. Fuera del cementerio:
Este punto es probablemente el que más difiere de nuestro rito actual, a excepción de los funerales, por ejemplo, estadounidenses. Tras el enterramiento propiamente dicho, tenía lugar el perideipnon, es decir, el banquete funerario. Se celebraba en la casa familiar y servía para unir a la comunidad ante el dolor y seguir honrando al difunto con la recitación de elegías entre otras cosas. Así mismo, los griegos sentían que el difunto estaba presente en el banquete entre ellos. Al igual que ocurría durante la exposición del cadáver, el agua también adquiría un papel relevante y los asistentes se bañaban como símbolo de purificación. Este banquete era el cierre del funeral que duraba tres días.

Una vez transcurridos treinta días de deceso tenía lugar un curioso rito llamado triakostia, en el que sobre la tumba ponían la parte de la basura generada en el banquete que habían celebrado tras el entierro. A esto se sumaba un último banquete, con el que se daba por finalizado el duelo.

Ritos posteriores: visita a la tumba

Al igual que ocurre ahora -en unas familias más, en otras menos- las visitas a la tumba del difunto se efectuaban al menos durante una generación, llegando en casos muy raros hasta tres generaciones. Lo más curioso de esto es que era la obligatoriedad de mantener y cuidar la tumba de los antepasados. Tan importante era, que si alguien quería acceder a un cargo público o mantener los derechos de herencia, debía probar que había cumplido sus obligaciones respecto a sus seres fallecidos.

En las visitas, los familiares decoraban las estelas funerarias con flores, depositaban ofrendas no alimenticias, hacían libaciones con leche, vino, agua y otras sustancias, rompían los vasos utilizados para la libación, incluso se han hallado algunos sacrificios de animales. De forma excepcional, en honor al difunto, se celebraban juegos atléticos o se llevaban a cabo sacrificios humanos.

Más parecidos de lo que pensamos

Es cierto que los rituales difieren en pequeños detalles como los sacrificios y la concepción de la muerte y el tránsito, pero los realizados por los griegos difieren poco de los nuestros. Sobre todo, si el entierro al que asistimos es en un pueblo que conserva este tipo de tradiciones. Nos separan varios siglos de Solón, Sócrates, Platón y otros tantos… Pero, en este sentido, estamos muy cercanos a ellos, ¿o no?

Las Geishas, misteriosas mujeres rodeadas de mitos


ABC.es

  • Ni son prostitutas ni venden su virginidad. Así es este curioso icono japonés
Las Geishas, misteriosas mujeres rodeadas de mitos

EDUARDO SAN BERNARDO Zona de Gion. Un Geisha ejecuta la ceremonia del te antes del Miyako Odori. Foto: De San Bernardo

La popular novela que Arthur Golden publicó en 1997, «Memorias de una Geisha», y que en 2005 llevaría al cine Rob Marshal despertó en mucha gente la curiosidad sobre las misteriosas geishas japonesas.

Estas mujeres, cuya apariencia evoca debilidad y sensualidad casi a partes iguales, no han dejado casi desde su existencia de estar rodeadas de mitos, mucho de ellos inciertos. La geisha es, sin duda alguna, uno de los más bellos iconos de cuantos dispone Japón. Definidas en la mayoría de los casos como «artistas tradicionales», el concepto se queda corto para explicar todo lo que las geishas esconden tras sus altas alzas y caras pintadas de blanco.

La palabra Geisha proviene de los fonemas chinos «Gei» —arte— y «Sha» —persona— y resulta curioso saber que, al comienzo de su existencia, eran hombres en su mayoría. Artistas que mostraban sus habilidades cantando, bailando, recitando, entreteniendo… Con el paso del tiempo, las mujeres comenzaron a ganar protagonismo y allá por 1800 ya gozaban de cierta importancia, hasta llegar a desplazar por completo al género masculino en el bello arte de la distracción.

La formación de una geisha se inicia en la niñez. Muchas, de hecho, son vendidas para aprender la labor al comienzo de sus vidas. Es en ese momento cuando estas tempranas geishas comienzan a aprender el trabajo desde el primer peldaño: limpian la casa, sirven como criadas y cuidan el hogar. Todas, además, contarán después con una mentora que las ayudará a desarrollar sus talentos, las denominadas hermanas. Aunque el tiempo de aprendizaje puede durar varios años, normalmente a partir de los 21 una geisha es considerada experta o veterana y abandona su condición de Maiko en una ceremonia llamada Erikae, donde el cuello de su kimono pasa de color rojo a blanco.

Falsos mitos

El de la prostitución es uno de los mitos que más ha perseguido a las geishas casi desde su existencia. No es cierto que se dediquen a ello pues cabe destacar que, aunque flirtear entra entre sus muchas funciones, nunca hay sexo entre sus actividades. No obstante, también es cierto que pueden mantener relaciones sexuales con un cliente si así lo desean, aunque siempre fuera de su papel como geishas. Tampoco es cierto que se especule con su virginidad, que en ningún caso se vende a cambio de dinero, otro rumor erróneamente extendido.

Así son

Vestuario y maquillaje son fundamentales para toda geisha, pues son grandes indicativos de en qué fase de su carrera se encuentran. El color de su cara, de hecho, varía en función de si la geisha es aprendiz o veterana. La aprendiz de geisha utilizará una base blanca y color rojo en los labios, pero tras sus primeros tres años de experiencia, modificará el maquillaje para transmitir madurez y veteranía, apagando el tono de su rostro.

En cuanto a su forma de vida, las geishas viven juntas y en comunidad. Basan su vida en la humildad, motivo por el cual perciben una pequeña paga y entregan el resto a la denominada geisha madre, encargada de su educación. Hay, sin embargo, geishas independientes cuyo sustento económico es financiado por clientes que incluso, en algunos casos, deciden casarse con ellas.

Hoy, debido sobre todo a la crisis económica y determinados acontecimientos de nuestra historia, el número de geishas ha disminuido de forma notable y la cifra ronda solamente las 1000, concentradas en su mayoría en Kioto, donde la tradición sigue más arraigada.

Los chinos vendedores de collares de perlas que inundaron Madrid en los años 20


ABC.es

  • Llegaron hasta la capital atravesando Asia y Europa, donde hicieron negocio vendiendo estas falsas alhajas a los madrileños
Los chinos vendedores de collares de perlas que inundaron Madrid en los años 20

ARCHIVO DE ABC Reportaje sobre los chinos vendedores de collares de Madrid, en Blanco y Negro en 1925

Eran «hombres misteriosos, de rostros impenetrables y sonrientes» que inundaron Madrid con collares de bisutería. De repente, de un día para otro, en los años 20, se multiplicaron por las calles más céntricas de la capital para hacer negocio. Fue todo un acontecimiento. «¿De dónde vienen? ¿quiénes son? ¿cuál es el secreto de sus perlas, que las madrileñas se disputan como si fueran procedentes de los criaderos naturales de la mismísima isla de Ormuz?», se preguntaba Juan M. Mata en su reportaje de Blanco y Negro del 20 de septiembre de 1925.

Los chinos vendedores de collares de perlas recorrían la calle de Alcalá, las terrazas de los cafés céntricos, en los puntos más concurridos de Madrid. Con el objetivo de averiguar la procedencia y calidad de los objetos, el reportero intentó entrevistar a uno de ellos con el siguiente resultado: «¿Cuánto vale este collar? -Nueve “peletas” (pesetas). -Muy bien. Y dígame: estas perlas, ¿son extranjeras? A esta nueva pregunta, el chino interrogado acentúa la sonrisa que ya brillaba en su rostro, y con acento apagado contesta: -Ocho peletas. -No; pregunto de dónde proceden estas perlas. Nueva sonrisa, y la contestación: ¡Siete peletas! Desistimos del español. Comment vous appelez-vous? Pequeña pausa y el chino que responde con misterio: Seis y media peletas», reproducía en su reportaje el periodista.

Y proseguía: «Después, como quien prueba llaves para una cerradura, acudimos al inglés y hasta al alemán, auxiliados por un amigo; pero cuando observamos, alarmados, que era preciso desistir de entenderse con el vendedor, y que, además, estábamos a punto de quedarnos, dada la rebaja progresiva, con un collar de perlas que no necesitábamos para nada, comprendimos las dificultades de la empresa iniciada. Hacemos gracia al lector de nuestra huida, al final de la fracasada interviú, ante el asedio del chino: -Seis peletas… Cinco peletas… Cuatro peletas…».

Largo viaje por Asia y Europa

La “divertida” escena se repetía en cada esquina de Madrid. En total, identificaron a 26 chinos. «Proceden todos de la provincia china de Kuang- Tung», explicaba. «Salieron de su país en marzo, dirigiéndose a Europa, por la India inglesa y Egipto, hasta Grecia e Italia, pasando después a Alemania y Francia. Desde Burdeos, y siempre con su mercancía de perlas falsas, vinieron a Madrid, donde agotarán el mercado, porque piensan permanecer aún bastantes días», apuntaba en las páginas del semanario de ABC.

El éxito de su negocio fue «rotundo». Vendieron miles de collares, pipas y brazaletes sin más problema que pagar cada día el impuesto de dos pesetas por venta ambulante que le exigían los guardias municipales. Pese a lo que la mayoría de la gente pensaba, las perlas no eran verdaderas, ni venían de China o Japón. Venían de mucho más cerca… concretamente de un despacho de bisutería de la calle Toledo, donde algunos días los chinos hacían cola hasta agotar la mercancía del almacén para seguir estafando a los madrileños.

«En población alguna europea realizaron, sin duda, los chinos, negocio tan pingüe como en este Madrid acogedor», decía el reportero. Un negocio que, en virtud de la hemeroteca, continuaron durante años en las calles de la capital para disgusto de los comerciantes. Algunos volvieron con un “capitalito de 50.000 pesetas” de la época a China.