El pasado de Segovia se revela a partir de nuevos hallazgos en su Muralla


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  La concejala Claudia de Santos y la jefa del Servicio de Cultura (dch.) posan con Ricardo de Cáceres, Luciano Municio (izqd) y Clara Martín (centro) junto a los restos celtíberos. / Kamarero

Las últimas actuaciones municipales en la Muralla han sacado a la luz restos de una antigua fortificación celtíbera que, junto a otros elementos localizados en la misma zona, suponen “uno de los hallazgos arqueológicos más importantes que se han producido en los últimos años en la ciudad”, según el arqueólogo territorial, Luciano Municio.
Este técnico acompañó ayer a la jefa del Servicio Territorial de Cultura, Ruth Llorente, a la concejala de Patrimonio Histórico y Turismo, Claudia de Santos, y al equipo de arqueólogos que ha trabajado en el estudio y excavación de un tramo—entre la Puerta de Santiago y las escaleras de la Cueva de la Zorra— durante la presentación pública de descubrimientos que revelan nuevos datos sobre el pasado de Segovia, desde el siglo II antes de Cristo a la época contemporánea.
“A primera vista, cinco o seis metros de piedras gordas manchadas de verde no parece algo muy espectacular”, admitía el arqueólogo territorial, pero insistía en que, aunque se conocía el pasado celtíbero de Segovia, y se sabe que los castros de estas poblaciones prerromanas estaban fortificados, hasta ahora no se había dado con restos en la ciudad, debido, entre otros motivos, a que no se había excavado en esta zona del paño norte de la Muralla — “un vacío dentro de la arqueología de Segovia”, señaló— y a que el casco antiguo es “una zona muy complicada para la excavación arqueológica por sus propias características”.

Otros descubrimientos

Así mismo, Municio destacó que también se habían descubierto el corte del foso celtibérico, primera barrera defensiva; un acceso tallado en la roca, “que con toda probabilidad se correspondería con una entrada al castro” y, por encima, una construcción romana altoimperial, primera que se localiza también en esta zona. Para este técnico de la Junta, no menos importante es la propia Puerta de Santiago, “donde con bastante probabilidad tenemos una edificación de corte árabe que puede ser el resto más claro de esa fortificación en teoría árabe que tuvo que tener Segovia entre el siglo VIII y principios del siglo XI”.
Así mismo, en el mismo lugar se conservan restos de una cantera con un sistema de extracción de bloques exactamente igual que el de la cantera romana de la Playa de los Capellanes de Salou, en la provincia de Tarragona.

Clara Martín ha dirigido los trabajos arqueológicos, dentro del proyecto de consolidación de la Muralla, entre los cubos 59 y 61, y al frente de un equipo que completaban otros dos arqueólogos, Ricardo de Cáceres y José Miguel Labrador. En total, el Ayuntamiento ha invertido 15.000 euros, en dos fases. Martín explicó que se han vaciado niveles de más de cinco metros de altura, retirando toda la estratigrafía que había sobre los restos celtíberos hoy visitables. La arqueóloga explicó que el análisis de los restos recuperados “ha demostrado que tenemos una secuencia que abarca principalmente desde el siglo II antes de Cristo hasta los siglos XVII, XVII y época contemporánea”.

Población continuada

En este sentido, lo que ha llamado la atención de este equipo de especialistas es “el hallazgo de materiales de cronología visigoda, dado que en esta zona de la ciudad todavía no se habían recuperado restos de este tipo, lo que viene a confirmar que Segovia estuvo poblada durante los siglos V, VI y VII, que era una de las incógnitas que ha quedado resuelta”.
Por otra parte, han recuperado la fosa de cimentación de la Muralla, sin documentar hasta el momento en todo el recorrido por la ciudad. “Se pensaba que iba apoyada directamente sobre el nivel de roca pero en este punto debieron darse cuenta de que los rellenos de tierra eran muy importantes y no les compensaba deshacer todo el desmonte; directamente hacen una fosa y asientan la muralla”, explicó Martín, quien comentó que en este punto, además, termina la defensa natural y, por lo tanto, era de acceso más fácil, motivo por el que es comprensible esa cimentación para dificultar la subida al castro o poblado.