Reconstruyen una persecución de dinosaurios de hace 110 millones de años


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  • El modelo digital, realizado a partir de viejos mapas y fotos, reproduce cómo un terópodo carnívoro intentaba dar caza a un saurópodo en la actual Texas
Reconstruyen una persecución de dinosaurios de hace 110 millones de años

Falkingham PL, Bates KT, Farlow JO Reconstrucción en 3D de las huellas de los dinosaurios a partir de fotos y mapas de Roland Bird

Un equipo de científicos ha reconstruido digitalmente la escena de una persecución de dos dinosaurios ocurrida hace 110 millones de años a través de las fotografías de las huellas de un terópodo y un saurópodo excavadas hace 70 años en el río Paluxy, en Texas (EE.UU.), uno de los conjuntos paleontológicos más famosos del mundo.

El paleontólogo estadounidense Roland Bird excavó originalmente las huellas de dinosaurios extensas y bien conservadas en 1940, pero después de la excavación, los paleontólogos eliminaron las pistas de su ubicación original, al dividirlas en bloques y transportarlas a varios lugares alrededor del mundo. Antes de su eliminación, Bird documentó el sitio original con fotos y mapas, pero desde entonces se ha perdido parte de las huellas.

Para reconstruir digitalmente el sitio como estaba antes de la excavación, los científicos del Royal Veterinary College en Londres, escanearon 17 fotos, desarrollaron un modelo y compararon el modelo con los mapas dibujados por Bird. Según explican en la revista PLoS ONE, a pesar de la variación entre las fotos y los mapas dibujados a mano, fueron capaces de reconstruir y ver toda la secuencia de 45 m de largo en 3D por primera vez desde la excavación.

Al acecho de la presa

Las huellas pertenece a dos dinosaurios. Un gran saurópodo herbívoro y un terópodo carnívoro, el grupo de depredadores al que pertenecía el Tiranosaurio rex. Las huellas, algunas superpuestas, muestran cómo el terópodo iba detrás de su presa.

Reconstruyen una persecución de dinosaurios de hace 110 millones de años

Las huellas de los dos dinosaurios PLOS ONE



El modelo digital en 3D ayudó a los autores a corroborar los mapas dibujados por Bird cuando las huellas fueron descritas por primera vez. Los científicos esperan que este estudio ayude a otros a recrear digitalmente especímenes paleontológicos, geológicos o arqueológicos que se han perdido o deteriorado con el tiempo, pero para los que existe documentación fotográfica antigua.

«En los últimos años, la tecnología ha avanzado hasta un punto en el que los modelos 3D de alta precisión ya se pueden producir fácilmente a muy bajo coste solo a partir de fotos digitales, y esto ha revolucionado muchos campos diferentes. Que podamos aplicar esa tecnología a los especímenes, o incluso a sitios enteros que ya no existen pero que se registraron fotográficamente es muy emocionante», explica Peter Falkingham, autor del estudio.

Los caballeros y damas del Toisón


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  • El Rey ha concedido el Collar a 24 personas, siete de ellas han fallecido. Además, a Don Juan Carlos y al Infante Don Carlos se lo entregó el Conde de Barcelona
Los caballeros y damas del Toisón

de san bernardo Uno de los Collares de la Insigne Orden del Toisón de Oro

En estos momentos son 19 los caballeros y las damas que integran la Insigne Orden del Toisón de Oro, la más prestigiosa del mundo. A lo largo de su Reinado, Don Juan Carlos ha concedido la máxima condecoración a 24 personas, pero siete de ellas han fallecido, por lo que viven 17 «toisonados» por el actual Monarca. No obstante, a esta cifra hay que sumar otros dos caballeros que fueron condecorados por el Conde de Barcelona: el propio Don Juan Carlos, que recibió el Collar del Toisón en 1941, y su primo hermano, el Infante Don Carlos de Borbón Dos Sicilias, a quien se le otorgó en 1964.

La Orden del Toisón fue creada en 1430 por Felipe el Bueno, Duque de Borgoña, con motivo de su matrimonio con Isabel de Portugal. Como estaba vinculada a la Familia, y no al Ducado de Borgoña, pasó, por el matrimonio de su nieta la duquesa María con el Emperador Maximiliano de Austria, a su nieto Carlos I de España, el Emperador Carlos V.

Desde entonces, los Reyes de España son los Soberanos y Grandes Maestres de la Orden. Desde su fundación, se han otorgado unos 1.200 Collares, que son propiedad de la Orden y deben ser devueltos a la muerte de cada caballero. Cada Collar del Toisón está numerado y debería haber 60, aunque a lo largo de la historia algunos han desaparecido. El último se perdió en 1994 en un vuelo de Iberia.

Este Toisón pertenecía al Emperador del Japón, Akihito, a quien Don Juan Carlos se lo había entregado en 1985. Los Emperadores del Trono del Crisantemo realizaron una visita de Estado a España en 1994 y Akihito debía asistir a una cena de gala en el Palacio Real, donde tenía previsto lucir el Collar del Toisón. Dos días antes se dio cuenta de que se habían dejado olvidada la condecoración en Tokio y avisaron a unos funcionarios de la Casa Imperial para que se la hicieran llegar.

Los funcionarios llevaron el Toisón al mostrador de Iberia del aeropuerto de Tokio y pidieron que fuera llevado a Madrid en un lugar seguro de la cabina del piloto. Sin embargo, el avión salió con 18 horas de retraso e hizo escala en Moscú, donde cambió la tripulación, y el Toisón nunca llegó a Madrid. El Emperador se llevó un gran disgusto pero logró que se le prestara un Collar para esa noche.

Años después, en 1998, los Reyes realizaron otro viaje oficial a Japón y llevaron a Akihito un nuevo Toisón. Además, este Collar había pertenecido a su padre, el Emperador Hirohito. Curiosamente, a Hirohito también hubo que entregarle dos Toisones, pues el primero, que se lo concedió Alfonso XIII, desapareció durante la II Guerra Mundial.

Lema : Ante ferit quam flamma micet

(«Hiere antes de que se vea la llama»)

Los 24 caballeros y damas a los que Don Juan Carlos ha otorgado el Toisón, por orden de concesión, son los siguientes:

El Príncipe de Asturias

Nicolás de Cotoner y Cotoner, marqués de Mondéjar, fue jefe de la Casa del Rey (fallecido)

Torcuato Fernández-Miranda, duque de Fernández-Miranda (fallecido)

El escritor José María Pemán (fallecido)

El Rey Carlos XVI Gustavo de Suecia

El Gran Duque Juan de Luxemburgo

El Rey Olav de Noruega (fallecido)

El Emperador Akihito del Japón

El Rey Hussein de Jordania (fallecido)

La Reina Beatriz de los Países Bajos (que ahora ha vuelto a ser Princesa tras abdicar en su hijo)

La Reina Margarita de Dinamarca

La Reina Isabel de Inglaterra

El duque de Alburquerque, fue jefe de la Casa de Don Juan de Borbón, (fallecido)

El Rey Alberto II de los Belgas

El Rey Harald de Noruega

Simeón de Bulgaria

El Rey Bhumibhol de Tailandia

El Gran Duque Enrique de Luxemburgo

Adolfo Suárez, duque de Suárez, primer presidente de la democracia (fallecido)

El Rey Abdulá de Arabia Saudí

El político Javier Solana

Víctor García de la Concha, exdirector de la Real Academia Española y director del Instituto Cervantes

Nicolas Sarkozy, siendo presidente de Francia

Enrique Iglesias, exsecretario general iberoamericano

Los asesinos silenciosos de Hitler: así dominaron las aguas los submarinos nazis en la II GM


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  • Hemeroteca / La historia de las «Manadas de lobos» (I)
  • En 1939 y hasta 1941, los «U-Boote» alemanes iniciaron un bloqueo contra Inglaterra que llevó al fondo del mar a miles de buques aliados
Los asesinos silenciosos de Hitler: así dominaron las aguas los submarinos nazis en la II GM

FLICKR | Representación de un «U-Boot» en combate

Septiembre de 1939. La fría noche ciega a los tripulantes de un carguero británico. Sus luces están apagadas y navega en zigzag para evitar los posibles ataques enemigos. De repente, una estela corta el mar en línea recta minutos antes de que el capitán del buque ordene, en medio de un griterío generalizo, virar a estribor. «¡Torpedo!». Pero ya es tarde y, antes de que el pesado navío pueda girar, el explosivo impacta en su popa. Es otra víctima de los «U-Boote» nazis, los sumergibles de Hitler que, durante la Segunda Guerra Mundial, trataron de bloquear la llegada de suministros a Inglaterra enviando a cientos de mercantes al fondo del mar a costa de 28.000 marineros alemanes.

Corría por entonces una época convulsa para Europa, pues Adolf Hitler acababa de iniciar la Segunda Guerra Mundial atravesando la frontera de Polonia con sus unidades mecanizadas. Sin embargo, a la vez que soldados y más soldados alzaban la bandera del «Führer» en tierras centroeuropeas, había también una serie de «cascarones» metálicos que se dirigían a toda máquina hacia el Mar del Norte (entre Dinamarca y Gran Bretaña) portando la esvástica bajo las aguas. Eran los «U-boote», los submarinos alemanes que dieron el pistoletazo de salida a la llamada «Batalla del Atlántico», una contienda que no terminaría hasta 1945.

Los inicios del «U-Boot»

Para entender la «Batalla del Atlántico» es necesario retroceder en el tiempo hasta 1919, año en que Alemania, derrotada en la Primera Guerra Mundial, tuvo que bajarse los pantalones ante las potencias vencedoras y firmar el «Tratado de Versalles», un pacto que la señalaba como la principal culpable de iniciar la guerra. Pero la responsabilidad moral no era la única que pesó sobre el país germano, sino que se vio obligado a abrir la bolsa y pagar a los aliados las llamadas «reparaciones de guerra», una considerable cantidad de dinero en compensación por los daños sufridos.

A su vez, entre los más de 400 artículos del tratado, había varios que se acordaban de la marina alemana, una de las más grandes durante la Primera Guerra Mundial y cuya reducción podía evitar decenas de futuras bofetadas a los aliados en caso de iniciarse una contienda. «Por el Tratado de Versalles, se la condenaba a no disponer de otra cosa que una flota tan reducida como inútil. Sólo se le autorizaron unos efectivos máximos de 15.000 hombres. El material flotante sólo podía estar compuesto por seis antiguos y pequeños acorazados, otros tantos cruceros, doce destructores y algunos buques auxiliares. ¡Ni un solo submarino!» explica el historiador español Luis de Sierra en su obra «La guerra naval en el Atlántico». Y es que, los sumergibles alemanes habían destruido casi 7.000 navíos desde 1915 obteniendo una gran reputación.

Los asesinos silenciosos de Hitler: así dominaron las aguas los submarinos nazis en la II GM

WIKIMEDIA
Karl Dönitz

Por el contrario, Alemania no tardó en acabar hasta el chambergo de lo firmado en Versalles y terminó tomándose la justicia por su mano. Así, en 1922 inició un programa secreto para desarrollar nuevos submarinos y, poco después, creó la «Escuela de guerra antisubmarina» -cuya finalidad era entrenar discretamente a las tripulaciones alemanas para dominar los mares y océanos si se sucedía cualquier conflicto-. La llegada de Hitler en 1935 puso la piedra definitiva para la creación de una gran flota de sumergibles, pues logró que la «Kriegsmarine» (la «Marina de guerra» del país) recibiera el «sí» internacional para construir una armada mayor.

Craso error por parte del Reino Unido, pues, sin saberlo, acababa de dar rienda suelta a la fabricación de submarinos por parte de los nazis, unas máquinas que iban a provocar en un futuro no muy lejano más de un calentamiento de cabeza a Inglaterra. Después de obtener la luz verde, Hitler (asesino, pero no tonto) inició la construcción de los llamados «U-boot» (la abreviatura de «Unterseeboot» o, en español, «nave submarina»), pues sabía que, en caso de entrar en guerra, sería vital estrangular la economía de enemigos potenciales como Inglaterra a través del mar. Posteriormente, estos navíos se pusieron al mando de Karl Dönitz, un antiguo capitán de submarino que, durante la Primera Guerra Mundial, había repartido más de un mandoble entre las armadas aliadas.

Estrangularles hasta morir

El 1 de septiembre de 1939, cuando la «Kriegsmarine» aún no había logrado poner en funcionamiento más de una treintena de sumergibles, Hitler se calzó las botas y ordenó el ataque sobre Polonia. Acababa de comenzar la Segunda Guerra Mundial. Casi de forma paralela (apenas tres días después), el Reino Unido se declaró hostil al nazismo. Mala noticia para las fuerzas navales alemanas, pues, como informaron oficiales como Dönitz, hubiera hecho falta más tiempo para construir un mayor número de «U-Boote». Pero la batalla no esperó a nadie y la naviera nazi se enfrentaría ahora a la armada más grande del mundo: la «Royal Navy».

«Al comienzo de las hostilidades, el 1 de septiembre de 1939, Dönitz contaba con un total de 57 submarinos, pero sólo 27 tenían capacidad oceánica. Sus pretensiones iniciales habían sido de 300 unidades, que él consideraba necesarias para estrangular a Gran Bretaña. Realmente, sólo un tercio de las unidades disponibles podría estar operativa a la vez, pues otro tercio estaría yendo o volviendo del teatro de operaciones y el tercio restante realizando misiones de adiestramiento o reparaciones. Por ello, al comienzo de la guerra, apenas siete u ocho unidades estaban en funcionamiento», explica en declaraciones a ABC Juan Vázquez García, autor de «U-Boote. La leyenda de los “Lobos grises”».

Superados ante la imponente flota británica, los altos mandos de la «Kriegsmarine» sólo vieron una salida: no combatir contra la armada enemiga y atacar únicamente a los mercantes ingleses que viajaban hasta América para buscar provisiones. «No quedaba, pues, otra alternativa que atacar el tráfico enemigo (…) llevando la guerra al Atlántico y tratando de yugular allí un tráfico sin el cual Gran Bretaña se vería muy pronto reducida a la impotencia, no solo por falta de combustible líquido para mover sus mercantes y sus aviones, pues ni un solo litro de combustible se extraía en las Islas Británicas, sino por hambre, pues Inglaterra no producía en esos momentos ni el 20% de lo que su población necesitaba consumir», destaca Sierra.

Así pues, desde Alemania partieron regularmente los escasos «U-Boote» existentes con la intención de cañonear hasta hartarse a los mercantes británicos que viajaban hacia las Américas. Sin embargo, y como bien explica Vázquez a ABC, en los primeros años tuvieron una capacidad operativa escasa: «Al principio el bloqueo era más nominal que otro cosa porque no había sumergibles suficientes para llevarlo a cabo». Por ello, en los primeros años de la guerra los submarinos nazis únicamente atacaron cuando sabían que podían enviar a su presa fácilmente al fondo de las gélidas aguas.

La caza a bordo de un «U-Boot»

El inicio de la guerra fue la prueba de fuego para los capitanes de los «U-Boote», los cuales fueron pioneros en descubrir y tratar de solucionar las dificultades de combatir a bordo de un sumergible durante la Segunda Guerra Mundial. Unas de las limitaciones más acusadas eran las técnicas, ya que obligaban a los oficiales alemanes a mantener el submarino en la superficie durante casi toda la misión –algo que «Hollywood» ha distorsionado a lo largo de los años-.

«Realmente, un submarino de esa época estaba casi siembre en la superficie, de hecho, es más correcto llamarles sumergibles, porque sólo se sumergían de manera muy puntual. Para empezar, solo podían estar un tiempo limitado bajo el agua porque las reservas de aire eran limitadas. En segundo lugar, cuando no estaban en la superficie únicamente podían detectar enemigos a través del sonar pasivo y del hidrófono, lo que provocaba que el submarino estuviese casi ciego. Era totalmente diferente a lo que sucede en un submarino actual», explica Vázquez.

A su vez, no podían permanecer bajo el mar durante mucho tiempo debido a dificultades de propulsión. «Llevaban dos motores, uno diesel para cuando estaban en la superficie, y otro eléctrico que se alimentaba mediante baterías para cuando estaban sumergidos. Estos se recargaban fuera del agua, lo que limitaba su autonomía. Además, sumergidos sólo podían avanzar a 8 o 9 nudos como máximo, lo que correspondía a unos 3 o 4 nudos de velocidad media, es decir, muy lentamente», completa el experto español.

Por ello, los «U-Boote» solían perseguir a sus presas durante el día para «cazarlas» durante la noche. Concretamente, procuraban mantenerse al acecho y –en algunos casos- se sumergían para no ser detectados. Luego, salían a cielo abierto para dar de torpedazos a su enemigo. «Atacaban de noche y en superficie debido a que ofrecían un barco muy pequeño y podían navegar a una velocidad media de entre 17 y 18 nudos, casi lo mismo que un buque de escolta», añade el autor de «U-Boote. La leyenda de los “Lobos grises”».

En contra de lo que puede aparecer en las películas norteamericanas, los «U-Boote» tenían además muchas dificultades para encontrar objetivos incluso cuando se encontraban fuera del agua. Y es que, para hallar a los británicos solían necesitar el apoyo de aviones la fuerza aérea nazi («Luftwaffe») que realizaran labores de exploración, algo que no gustaba demasiado a Göring, jefe del ejército del aire alemán.

«Los submarinos alemanes tenían muchas limitaciones. Necesitaban que la aviación explorara los alrededores para informarles de los buques a los que podían atacar. Muchas veces no podían atraparles debido a que se encontraban, por ejemplo, a una distancia de 200 millas y cuando llegaban, después de 12 horas navegando, los enemigos ya se habían marchado. Además, cuando no estaban sumergidos también les costaba encontrar blancos. Si el mar estaba en calma, podían divisar un barco a 10 millas como máximo, pero si había oleaje la visibilidad se reducía hasta las 3 millas. Si hacía mal tiempo se quedaban casi ciegos y no podían avistar nada a menos de 500 metros. No era raro, en esos casos, que un buque pasara cerca suyo y no lo vieran», completa el experto español.

A pesar de todo, lo cierto es que los «U-Boote» se destacaron como una arma temible al haber logrado hundir a finales de 1939 más de 500 mercantes enemigos –lo que suponía un total de dos millones de tonelada de pesos-. Por su parte, y ante la dificultad de defender sus buques comerciales de los asesinos silenciosos de Hitler, los ingleses empezaron a instaurar el denominado «sistema de convoyes», mediante el cual varios navíos militares escoltaban a un gran número de barcos que carecían de armamento.

La llegada de las «Manadas de lobos» y los tiempos felices

El paso de los años trajo consigo buenas noticias para el líder de los «U-Boote» Karl Dönitz, quien vio aumentados sus efectivos en los primeros meses de 1940. A su vez, los nazis dieron un empujón a su guerra submarina gracias a la toma de Noruega y Francia, regiones más cercanas a Inglaterra y donde se construyeron bases acorazadas para que los sumergibles tuvieran una mayor autonomía. La situación pintaba, por entonces, muy bien para los hombres de la esvástica.

Los asesinos silenciosos de Hitler: así dominaron las aguas los submarinos nazis en la II GM

ABC
Submarino nazi

La llegada de esta nueva remesa de «U-Boote» permitió a Dönitz mejorar su estrategia de ataque contra los mercantes británicos creando las denominadas «Manadas de lobos». «El indudable éxito alcanzado por los sumergibles alemanes que atacaban a los convoyes aliados en superficie y durante la noche decidieron (…) al contralmirante Karl Dönitz a introducir en marzo de 1940 la táctica de ataque en grupo (…) que pronto sería conocida como la táctica de la “Manada de lobos”. Esquemáticamente consistía en lo siguiente: Toda la inteligencia referente a los convoyes aliados en el Atlántico Norte (…) se centralizaba (…). Tras estudiar la información, se daban órdenes por radio al jefe de la flotilla de submarinos más próxima (a algún) convoy factible de ser atacado. Dicho jefe transmitía sus órdenes a sus unidades que, cuando estuvieran concentradas en las proximidades del convoy, caerían sobre éste durante la noche y en superficie», destaca, en este caso, Sierra.

Esta forma de combatir trajo consigo multitud de victoria para los nazis. «A pesar de los reducidos efectivos alemanes disponibles, esta táctica tuvo (…) un éxito enorme –por ejemplo, en las noches comprendidas entre el 17 y el 19 de octubre de 1940, los seis submarinos británicos que atacaron al convoy británico “SC7” le hundieron sin pérdidas propias, 17 barcos; dos noches después, el “HX79” perdería, por el mismo sistema, 14 barcos», finaliza, nuevamente, el escritor. Tan buena era la situación que esta primera parte de la guerra fue conocida por los nazis como «el tiempo feliz»- Y es que, a finales de 1940 los «U-Boote» habían logrado hundir casi cuatro millones de toneladas de navíos enemigos. Toda cambiaría un año después con la entrada de EE.UU. en la guerra pero eso, como se suele decir, es otra historia.

La difícil vida en un submarino nazi