Así sufrirá España el deshielo del Ártico a finales de siglo


El Mundo

  • La asociación conservacionista ha recreado los efectos que tendría en ciudades españolas como Marbella, San Sebastián o Benidorm

A finales de siglo, las playas de Benidorm, de Marbella y de San Sebastián quedarán sumergidas bajo torrentes de agua, al igual que la mayor parte de las infraestructuras que se encuentren en las zonas costeras. El aumento de las temperaturas y el deshielo de los casquetes polares serán los principales causantes. Incluso los viñedos se verán gravemente afectados por las escasas precipitaciones y el posible cambio en las propiedades de la tierra que afectarían a la calidad de la uva.

Estas son algunas de las conclusiones a las que ha llegado la organización conservacionista Greenpeace, que ha decidido recrear con impactantes fotografías las posibles consecuencias que tendrá el cambio climático sobre el Ártico y, en consecuencia, en el resto del planeta. Unos efectos que se producirían en el año 2100 «si no se establecen acciones políticas que favorezcan la protección sobre la zona», afirman desde la organización.

Según los datos calculados por Polar Science Center, en los últimos 30 años se han perdido alrededor de tres cuartas partes del volumen del hielo en el Ártico. Y si para finales de siglo el hielo de Groenlandia se derrite, el nivel del mar subirá hasta siete metros y «acabará por devorar cientos de metros del litoral mediterráneo» afirma Pilar Marcos responsable de la campaña del Ártico.

«El Ártico es un asunto también de España», cuenta la responsable de la campaña de Cambio Climático, Tatiana Nuño, durante una rueda de prensa que ha tenido lugar en la mañana del martes. «El cambio climático está causado por el hombre y está afectando a los océanos debido al aumento de los gases de efecto invernadero», explica. «Sus impactos se están notando en todas las partes del Planeta».

Efectos sobre España

A pesar de la distancia que separa a España del Ártico, un cambio sobre el ecosistema de esta región polar encargada de refrigerar el planeta afectaría directamente sobre la Península Ibérica.

A medida que el deshielo aumente sobre el Ártico, los rayos solares dejarán de ser reflejados por las capas de hielo y, en su lugar, los océanos absorberán el calor. Además, tras las heladas capas existen gases de efecto invernadero (principalmente metano) cuya liberación por derretimiento agravaría el cambio climático.

Así una de las zonas que más sufrirá el impacto del cambio climático será el sur de Europa, donde el V informe generado por el IPCC (Panel Intergubernamental de Naciones Unidas para el Cambio Climático) prevé un aumento de las temperaturas, mayores olas de calor, una mayor dificultad para acceder al agua dulce, un aumento en el número y duración de los incendios y posiblemente el asentamiento de nuevos insectos que propaguen enfermedades.

Mónica San Martín Molina, bombera forestal de la Comunidad de Madrid, es testigo de cómo los incendios han ido cambiando a lo largo de los años «cada vez son más virulentos, más devastadores y en 10 minutos se ha convertido un pequeño fuego en un incendio descomunal». «Donde yo vivo, los montes están totalmente devastados, es como el Sáhara, no encuentras ni una sombra», cuenta. «Tan solo quedan esqueletos de árboles centenarios y piedras».

El Ártico, un santuario

La organización Greenpeace pide que el Ártico, cuyo contexto geopolítico se encuentra bajo el poder del «Consejo del Ártico» -formado por Canadá, Rusia, Noruega, Dinamarca, Islandia, Estados Unidos, Suecia y Finlandia-, se convierta en un ‘santuario’ para preservar su estado y evitar el tráfico marítimo, la pesca industrial y las explotaciones petrolíferas sobre el terreno.

Además, denuncia que Rusia haya comenzado con las primeras extracciones de hidrocarburos provenientes de la plataforma Prirazlomnaya. Así las primeras toneladas obtenidas en alta mar (70.000) están llegando a Europa «de manera ilegal», cuenta Pilar Marcos.

También, reclaman al Gobierno español que «se posicione» sobre lo que quiere hacer en el Ártico puesto que «tiene mayor capacidad de influir para incrementar la transparencia e igualdad en los temas relacionados con la región ártica al ser un país observador desde el 2006», concluye la organización.

El detective medieval que resolvió uno de los grandes crímenes de la Historia


El Confidencial

Grabado sobre el asesinato de Louis de Orléans realizado por Paul Lehugeur en el siglo XIX.

Grabado sobre el asesinato de Louis de Orléans realizado por Paul Lehugeur en el siglo XIX.

El 23 de noviembre de 1407, tres días después de escenificar su reconciliación con su primo Juan I de Borgoña (o, como es más conocido, Juan Sin Miedo), Louis I, duque de Orléans, encontraría su muerte en las calles de París en uno de los episodios más sangrientos de la historia francesa. Louis viajaba a lomos de su caballo cuando fue abordado por un grupo de hombres, que cortaron sus extremidades superiores antes de darle el definitivo toque de gracia.

El preboste de la ciudad Guillaume de Tignonville (es decir, el oficial real encargado de representar al rey en París) sería avisado apenas una hora después gracias a un apresurado mensajero. El panorama que Guillaume encontró en la vivienda de la calle Vieille du Temple en Marais donde habían sido depositados los restos de Louis I era dantesco. Una de sus manos había sido completamente seccionada, mientras que el otro brazo se encontraba rajado hasta el hueso. Como el propio capitán reflejaría en su informe, “su cabeza estaba tan dañadaEl informe realizado en el que se recoge el proceso de investigación del crimen en el que fue eliminado el Duque es uno de los documentos medievales más intrigantes de su época, y también, un involuntario precedente de la novela policiaca. Se trataba de un rollo de pergamino de 30 pies (unos 10 metros) que desapareció poco después de su elaboración, y que no volvería a ver la luz del día hasta que finalmente fue impreso a mediados del siglo XIX.

Blood Royal. A True Tale of Crime and Detection in Medieval Paris (Little, Brown and Company), un nuevo libro publicado por un profesor de literatura de UCLA, Eric Jager, se sumerge en los entresijos de la investigación de Tignonville, un detective avant la lettre, y en el turbulento París de la Guerra de los Cien Años.

Un duque, muchos enemigos

No eran pocos los que querían ver muerto a Louis I. Desde que su hermano mayor Carlos VI de Francia, apodado “El Loco”, fuese apartado de la toma de decisiones, el conde de Valois se vio obligado a disputar la regencia con Juan Sin Miedo. Se sucedería un período de inestabilidad agravado por la presunta relación amorosa entre Louis e Isabel de Baviera, así como por los secuestros sufridos por los hijos de Carlos VI hasta que finalmente Juan Sin Miedo se convirtió en su tutor.

Fue la intercesión de Juan de Valois, duque de Berry y tío de ambos, lo que pareció poner fin a la sangría económica y social del enfrentamiento entre los dos primos. Sin embargo, apenas tres jornadas después de esta reconciliación, Louis I vería su vida, sus brazos y su alma separados de su ser físico para la eternidad. Una importante tarea para Guillaume y sus tenientes, que rápidamente se pondrían manos a la obra para localizar a los culpables de uno de los crímenes más espeluznantes de la Francia medieval.

La primera medida tomada por el preboste fue cerrar las puertas de la ciudad, para que nadie escapara, y apostar guardas en todas las esquinas para evitar que el pánico cundiera entre los parisinos. Guillaume apenas durmió durante los días siguientes, y utilizó ese tiempo para recolectar todos los datos posibles. Tomó pruebas del lugar del crimen y examinó hasta el último rincón la guarida en la que, aparentemente, se habían cobijado los asesinos del rey.

Además, solicitó a todos los posaderos una relación de sus huéspedes, y como si de Rust Cohle se tratase, lo anotó todo en el célebre pergamino. Tignonville llevó a cabo la investigación desde el Châtelet de París, una fortaleza que contaba con su propia morgue, un gran número de celdas y donde las torturas eran relativamente habituales.

Una conspiración sin precedentes

Tignonville interrogó a decenas de testigos de ese París que ya contaba con más de 100.000 habitantes, entre los que se contaban barberos, amas de casa y tenderos. Los interrogatorios eran realizados en las habitaciones del Châtelet por grupos formados por dos personas. Uno de ellos realizaba las preguntas. El otro, las transcribía en documentos que pasarían a conformar el célebre pergamino.

El Châtelet fue construido en el siglo IX y derribado durante el siglo XIX. El Châtelet fue construido en el siglo IX y derribado durante el siglo XIX.

La primera conclusión a la que llegó Tignonville es que los agresores no fueron precisamente hábiles la noche de la agresión, quizá porque no tenían en cuenta que fuesen a ser objeto de una persecución tan minuciosa. Una de las testigos fue amenazada tras contemplar el asesinato y solicitar ayuda; otra tendera explicó cómo el grupo de agresores irrumpió en su tienda para apagar las luces antes de salir corriendo.

El asesinato de Louis daría el pistoletazo de salida a una sangrienta guerra que dividiría el país durante 70 años

La suerte de esos seis días de noviembre cambió cuando finalmente el preboste dio con el hombre que había alquilado su casa a los asesinos, así como a los vendedores que les habían proporcionado vituallas. Gracias a esa información, Tignonville comenzó a sentir el pálpito que finalmente le conduciría a la verdad. No se trataba de un simple ajuste de cuentas, sino de una conspiración en la que podía verse envuelto un gran número de los aristócratas de la época y que llegaría hasta el propio Juan Sin Miedo.

Por ello, y contraviniendo los procesos habituales, el oficial solicitó examinar algunos de los palacios de los lores más importantes de la ciudad. Ello provocó la confesión de uno de ellos que, durante el funeral de Louis I, había exclamado “¡no ha habido un asesinato más desleal que este!” La conspiración había sido organizada, bajo las órdenes de Juan Sin Miedo, por el valido del rey Thomas de Courteheuse (que fue quien hizo abandonar al duque la casa de su amante para reunirse con Carlos VI) y Raul de Anquetonville, el hombre que al mando de quince hombres acabaría con Louis I después de que este le advirtiese sobre quién era.

El asesinato de Louis daría el pistoletazo de salida a una sangrienta guerra civil en Francia entre los Armagnac y los borgoñones que dividiría el país durante 70 años, hasta la muerte de Carlos el Temerario, duque de Borgoña, en 1477. Juan Sin Miedo murió el 10 de septiembre de 1419 en una reunión con el futuro Carlos VII, el Vizconde de Narbona y Tanneguy du Chatel, En ella, estos dos últimos se refirieron a él de forma insultante, lo que derivó en una pelea donde el duque de Borgoña se despidió de su vida terrena sin que Carlos VII, sobrino de Louis I, hiciese nada por evitarlo.

El ilustrador que devolvió la carne a la Prehistoria


El Confidencial

Arturo Asensio Moruno es el ilustrador responsable de recrear la Prehistoria en el MAN, como la escena de canibalismo.

Arturo Asensio Moruno es el ilustrador responsable de recrear la Prehistoria en el MAN, como la escena de canibalismo.

La ciencia se hizo carne. Y ese relato imaginario basado en pruebas, llamado Historia, se volvió imagen. Y esos objetos mínimos, rotos en mil pedazos, encapsulados en vitrinas –expuestos como joyas artísticas más que como lo que realmente son, la basura de una comunidad de hace cientos de miles de años- cobraron vida. Entonces creímos en ella: el pasado era verdad. El presente todavía no lo sabemos.

Este arranque bíblico para introducir a Arturo Asensio Moruno, pintor de formación y aspiración, ilustrador de oficio. Es el responsable de haber hecho que la nueva Prehistoria del recién inaugurado Museo Arqueológico Nacional (MAN) se haya hecho carne. En el verano de 2012 recibió el encargo de montar cerca de treinta escenas, que fueran capaces de acabar con la invisibilidad de lo que el visitante tiene delante. Ayer terminaron los 21 días de gratuidad para celebrar la reapertura del museo y las fuentes de éste arrojan unas cifras increíbles: algo más de 100.000 visitantes.

Arturo Asensio, 52 años, ilustrador desde 1982, temía que la escena de los caníbales no fuera a ser aceptada por los especialistas del MAN, porque creía que para los niños podría ser algo duraCómo devolver a la vida todos esos objetos muertos, para que cobren forma y presente, y transmitan información. Cómo hacer para acabar con la separación entre el contexto vital y los restos. Él debía ser el pegamento que uniera estas partes, para reivindicar el uso, el valor y el significado de los objetos de la comunidad que los elaboró y que han perdido a simple vista. Se han hecho invisibles.

El buen ilustrador es el dibujante que mejor lee y Arturo Asensio ya había trabajado en la recreación del pasado del Museo Arqueológico Regional de Madrid, en Alcalá de Henares, donde se encargó de dar vida al asentamiento de Carpetos, en el yacimiento de Santorcaz. Allí trabajó junto a Gonzalo Ruiz Zapatero, catedrático en Prehistoria de la Universidad Complutense, que ha escrito sobre los valores que el conocimiento del pasado aporta al ciudadano del siglo XXI: “La Prehistoria es asomarnos a lo más profundo de la esencia humana y por eso contiene valores que deberían promoverse desde la escuela”.

Artes y oficios

La ilustración es la herramienta útil de las bellas artes, una contradicción en términos que le convierte en una parte insignificante con un poder de persuasión infinito. Asensio debía hacer inteligible nuestro pasado a quienes todavía tienen un pasado personal, y caminar hacia la infancia de la Humanidad para participar de su maduración. Un difícil papel que oscila entre la sorpresa y la comprensión. ¿Impactar o educar? Cómo hacer para que el barullo de piezas y la espectacularización de su muestra, sirva para algo más que para impresionar.

“Cuando presenté la escena de los caníbales no estaba muy seguro de que fueran a aceptarla, porque creía que para los niños podría ser algo dura”, explica Arturo a este periódico, unos pocos días más tarde de la inauguración, de la avalancha de visitantes y de los flashes que revolotean en la ambientación de los europeos primitivos, el cuadro más gore y verídica del recorrido prehistórico.

Evolución del trabajo de Arturo Asensio para una escena del MAN.

Evolución del trabajo de Arturo Asensio para una escena del MAN

¿Cuál es la clave de una ilustración de un museo? “Conectar muy bien con el mensaje de lo que te piden”. Antes de ponerse a dibujar, Arturo recibía un amplio dossier informativo sobre la escena que iba a recrear. Durante un año mantuvo una comunicación muy fluida con el departamento de Prehistoria del MAN hasta perfilar y concretar el imaginario que debía resolver las interrogantes. De hecho, fue la responsable del área, Carmen Cacho quien propuso su nombre a la empresa responsable de la reforma de la museografía.

Los ojos son la vida

“La aportación fundamental de las ilustraciones es vida. Siempre empiezo por los ojos. Mientras la figura no transmita vida, no avanzo. Sin ojos, no hay vida. Así que lo primero es la vida de los personajes, luego el resto”, cuenta sobre su trabajo. Esa mirada es el alma. Arturo se define como un pintor de la figura femenina, entre el expresionismo y el naturalismo, al que no le interesan ni los paisajes. Sólo la figura de la mujer. Arturo como ilustrador compone a partir de los gestos, la expresión y las posturas de sus personajes prehistóricos, pero también –esta vez sí- con los paisajes. Su pintura y su ilustración coinciden en pocas cosas, la básica: conmover al que mira, tener la habilidad para contar historias.

Conmoción y comunicación. Sus acrílicos tampoco son habituales en la divulgación más clásica, que hace desaparecer la autoría de aquellos que influyen de manera absoluta sobre la imaginación del que mira, del que quiere saber cómo vivían antes. No hay documentos gráficos que avalen su visión del pasado, sólo las pautas de los arqueólogos y una precisión: no debía saturar demasiado los colores para que los cuadros no pasen de moda y puedan mantenerse en sala, sin que pasen de moda, varias décadas.

El autor invisible 

Su trabajo es de pincelada mucho más suelta, menos definida y menos limpia. Pero más expresiva. Estas cosas parece que no importan en un trabajador de la imagen, porque su autoría no se considera. Lo que importa es el resultado. ¿Seguro? Hace cobrar vida a nuestros antepasados bajo su manera, no hay una forma estandarizada. No hay dos ilustradores iguales, aunque su meta sea la divulgación, no la expresión personal.

Arturo tiene 52 años, empezó en el año 1982, en la revista Quercus, reconoce que su huella queda, como la de otros compañeros, como la del reconocido Fernando Fueyo, el ilustrador de Atapuerca. Recuerda también su paso por los libros escolares de Anaya. “No tenían el mismo rigor científico que en el Museo”. En aquellos libros de bachillerato le pedían cuestiones más populares, una escena de cromañones. “Es algo tan visto, que no requiere tanta exigencia”, dice.

Nos da otra clave en su magisterio: cuando pinta nunca utiliza bocetos, porque “la pintura es impulso, es inmediatez, expresión, no se puede fabricar antes y si lo haces corres el riesgo de que el boceto se quede con todo el jugo y ya no lo puedas recuperar”. La pintura es impulso, la ilustración encargo.

El resultado del suyo en el MAN son paneles arriesgados y críticos, donde no han sido borradas las contradicciones sociales por pudor del presente. Muestran una vida muy poco uniforme, muy distinta a como la vivimos en la actualidad. Arturo juega con los primeros planos intensos, en los que aplica colores más fuertes imposible obviar, para crear espacios, ambientes, para dar profundidad. Es cine, es teatro, es fotografía, es pintura, es lo que sucede en la escenografía del yacimiento de Ambrona (Soria), con ese caballo que gira su cabeza y nos deja ver un maravilloso cuello. “Quiero situar al espectador allí, meterle en la escena, en aquel tiempo”, como si fueras uno de los antiguos europeos que arranca un pedazo de su pariente y se lo come.

El papiro del ‘Evangelio de la esposa de Jesús’ podría ser verdadero


La Vanguardia

  • Los científicos creen que la tinta y la composición muestran que no se trata de una falsificación moderna
El papiro del 'Evangelio de la esposa de Jesús' podría ser verdadero

Fragmento del papiro ‘Evangelio de la esposa de Jesús’ Harvard

Barcelona (Redacción). – El papiro conocido como Evangelio de la esposa de Jesús podría ser verdadero. Los científicos que lo han analizado creen que la tinta y la composición muestran que no se trata de una falsificación moderna.

Según explica The New York Times, el fragmento que se conserva, y que fue descubierto por Harvard en 2012, podría tener una procedencia “muy probablemente” antigua, pese al escepticismo del hallazgo. Sorprendía, sobre todo, la frase que se puede leer en él: “Jesús les dijo: Mi esposa …”.

El fragmento de papiro ahora ha sido analizado por profesores de ingeniería, química y biología de la Universidad de Columbia, de la Universidad de Harvard y del Instituto de Tecnología de Massachusetts.

Los resultados de las pruebas no demuestran que Jesús tuviera una esposa, o discípulos mujeres, sólo que es más probable que sea el fragmento de un manuscrito antiguo que una falsificación.

James T. Yardley, experto en ingeniería, afirma que el carbono negro es “perfectamente compatible” con otros manuscritos que datan del 400 aC al 800 dC.

Un asteroide gigantesco chocó con la Tierra hace 3.260 millones de años


El Pais

  • Afectaría a todo el planeta y cambiaría el entorno de los microorganismos primitivos

Tamaños del asteroide de los dinosaurios (izquierda), de 10 kilómetros; el de hace 3.260 millones de años (centro), de 37 kilómetros; y del Everest, de 8,9 kilómetros de altura. / AGU

Hace unos 3.260 millones de años debió chocar con nuestro planeta un asteroide gigantesco, entre tres y cinco veces mayor que el provocó extinciones masivas en la Tierra, incluida la de los dinosaurios, hace 65 millones de años. Era la época que los científicos denominan el período de bombardeo masivo tardío, hace entre 3.000 y 4.000 millones de años, y los primeros seres vivos, microorganismos, debieron ver afectado radicalmente su entorno. Unos investigadores estadounidenses, a raíz de sus estudios de una peculiar formación geológica en Sudáfrica, han reconstruido la colisión. El asteroide, de entre 37 y 58 kilómetros de diámetro, debió hacer un cráter de 500 kilómetros de diámetro (dos veces y media mayor que el de los dinosaurios), generaría un terremoto de magnitud superior a 10.8 y las ondas sísmicas se propagarían por todo el planeta desencadenando otros grandes seísmos; tsunamis mucho más grandes de los que conocemos barrerían todos los océanos…. La velocidad de impacto del asteroide sería de unos 20 kilómetros por segundo.

Las hipótesis de los científicos contaban ya con estos cataclismos gigantescos en el pasado remoto del planeta, pero hasta ahora no habían podido determinar su escala, afirman los investigadores, que presentan sus conclusiones en la revista Geochemistry, Geophysics, Geosysems, de la Unión Geofísica Americana (AGU) estadounidense. Los expertos, liderados por Norman H. Sleep, de la Universidad de Stanford, modelizan, por primera vez, el tamaño del asteroide y el efecto que tuvo la colisión en el planeta, resalta la AGU.

El cráter del asteroide de los dinosaurios (izquierda) de 150 kilómetros; del asteroide de hace 3.260 millones de años, de unos 500 kilómetros, y la isla de Hawai, de 122 kilómetros. / AGU

Se estima que el asteroide de los dinosaurios liberaría más de mil millones de veces más energía que las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki y el de hace 3.260 millones de años, muchísima más. Los científicos describen los efectos en todo el planeta: la atmósfera se llenaría de polvo y la superficie de los océanos herviría; el cielo se pondría rojo de puro calor y el impacto lanzaría al aire roca vaporizada que envolvería todo el planeta, que se condensaría en gotas que caerían al suelo ya solidificadas. Desde luego la vida primitiva se vería afectada por los efectos masivos en la corteza terrestre, e incluso la tectónica de placas. Los cambios ambientales, sugieren los investigadores, bien pudieron barrer muchos organismos microscópicos primitivos existentes en aquel momento dejando hueco a la evolución de otros que aprovecharían el vacío, como ha sucedido en otras extinciones masivas.

En un planeta tan dinámico como la Tierra, no cabe contar con la supervivencia, más de 3.000 millones de años después, del cráter de impacto tal cual. La erosión, la actividad de la corteza terrestre y otras fuerzas que configuran la superficie habrían destruido los lugares de choque de aquellos objetos celestes durante la era del gran bombardeo tardío. Pero el equipo de Sleep ha dado con las pistas del acontecimiento en el denominado cinturón de rocas verdes de Barberton, un área de unos cien kilómetros de longitud y 60 de ancho al este de Johannesburgo, con rocas que son de las más antiguas del planeta. El impacto no sería allí mismo sino a miles de kilómetros sin que estos expertos puedan indicar exactamente dónde, pero la formación geológica de Barberton y sus fracturas características encajan con los efectos del gran impacto de un asteroide que los investigadores reconstruyen ahora.

 

La Pirámide del Sol, en riesgo de hundimiento


El Mundo

  • MÉXICO Emblema arqueológico de México

    • La estructura de la parte sur del templo tiene un 20% menos de densidad
    • El cemento colocado hace 100 años en una restauración ha aumentado el riesgo
    • Estudian colocar un material más poroso en la cubierta para que el agua penetre

     

    La Pirámide del Sol, en Teotihuacán, emblema arqueológico de México está en riesgo de hundimiento, según han determinado científicos del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de México.

    Después de analizar durante años la estructura interna del templo azteca, el equipo de arqueólogos y físicos de la UNAM han determinado que su lado sur es más frágil ya que tiene una mayor exposición al sol provocando que los materiales están más secos. Esto hace que el agua de lluvia no consiga penetrar en la estructura humedeciendo la tierra.

    Los investigadores temen que todas estas condiciones puedan terminar causando la caída, como poco, de parte de la edificación de 65 metros de altura.

    “No es que vaya a caerse mañana, pero lo más probable es que pasadas decenas de años, esa cara podría comenzar a hundirse, un poco por falta de sustento”, advierte el investigador Arturo Menchaca Rocha, del Instituto de Física de la UNAM.

    Según los primeros datos conocidos, la densidad de la estructura es alrededor de un 20% menor en la parte sur (zona seca), mientras que en el lado norte se mantiene húmeda.

    Creen que aparte de la situación de la pirámide — al estar situada en el norte las trayectorias del sol son siempre en el sur — lo que pudo haber aumentado el riesgo de derrumbe es el cemento y las piedras que se colocaron hace 100 años, durante los trabajos de restauración. “El cemento no deja paso a la lluvia y podría estar provocando desecación”, explica Menchaca.

    Estos investigadores apuntan que una de las soluciones para revertir la sequedad de la estructura consistiría en colocar un material más poroso en la cubierta para que el agua penetre mejor y humedezca la parte seca.

La edad de la Luna está escrita en la Tierra


El Mundo

El sistema Tierra-Luna

El sistema Tierra-Luna NASA

El astrónomo Rafael Bachiller nos descubre en esta serie los fenómenos más espectaculares del Cosmos. Temas de palpitante investigación, aventuras astronómicas y novedades científicas sobre el Universo analizadas en profundidad.

La Luna se formó después de la Tierra, pero ¿cuánto tiempo después exactamente? Se trata de un tema de gran interés geoquímico muy debatido por los planetólogos. Hasta ahora la idea dominante sostenía que nuestro satélite se habría formado unos 30 millones de años tras la formación del planeta, pero algunos investigadores estimaban este periodo de tiempo en 50 e incluso 100 millones de años. Un estudio reciente ha empleado un método innovador para fijar la formación de la Luna unos 95 millones años después de la formación de la Tierra.

Impacto colosal

Recreación del gran impacto NASA | JPL | CALTECH

Según una teoría ampliamente aceptada, la Luna se formó cuando un cuerpo celeste del tamaño de Marte colisionó con la joven Tierra hace ahora unos 4.500 millones de años. Como resultado del colosal impacto, se arrojaron al espacio numerosos escombros que, al aglomerarse y fusionarse, formaron nuestro satélite. Aunque a primera vista pueda parecer una teoría un tanto estrambótica, el caso es que en los instantes iniciales de la formación del Sistema Solar los impactos entre grandes cuerpos y asteroides debieron ser relativamente frecuentes. Además, esta teoría del gran impacto explica bien las características de la rotación del sistema Tierra-Luna y la gran similitud entre las composiciones de ambos cuerpos.

Naturalmente resulta interesante saber en qué momento, tras la formación de la Tierra, tuvo lugar el gran impacto que formó la Luna determinando entonces la composición de la corteza terrestre. Para tratar de estimar la fecha de la enorme colisión se venían utilizando, hasta ahora, métodos estándar de datación basados en los ritmos de desintegración de elementos radiactivos, como el uranio. Con estos métodos, se ha calculado que la Luna se formó unos 30 millones de años tras la formación de la Tierra, y esta era la idea más extendida actualmente. Sin embargo, utilizando otros elementos radiactivos se han obtenido valores diferentes, llegando a estimaciones que sitúan la formación de la Luna en 50, e incluso 100, millones de años tras la formación del planeta azul. Nos encontramos por tanto ante un dilema que merece más estudio.

Nuevo método

Un equipo internacional de planetólogos liderado por Seth Jacobson del Observatorio de la Costa Azul (Niza, Francia) acaba de publicar un nuevo método para calcular la edad de nuestro satélite. Con la ayuda de un potente ordenador, estos investigadores han simulado el crecimiento de los planetas rocosos (Mercurio, Venus, la Tierra y Marte) en el seno del disco protoplanetario que se formó junto con nuestro Sol. Se trataba de un disco de gas y polvo en el que la aglomeración de las partículas sólidas en rocas progresivamente mayores acabó dando lugar a la formación de los cuerpos del sistema solar tal y como los observamos hoy.

Escombros tras el gran impacto NASA

Estas simulaciones también se utilizaron para estudiar los efectos del gran impacto final que dio lugar a la formación de la Luna. Los investigadores encontraron una relación entre el momento del impacto y la cantidad de material que se incorporó a la Tierra tras la gran colisión. Gracias a esta relación, midiendo la masa que se acretó sobre nuestro planeta tras la colisión, se puede datar el momento del nacimiento de nuestro satélite.

¿Cómo medir la masa que cayó a la Tierra tras el gran impacto? Según estudios previos, esta masa puede estimarse a partir de la abundancia en la corteza terrestre de elementos altamente ‘siderófilos’ (literalmente ‘amantes del hierro’), esto es, elementos que tienen alta afinidad por el hierro en estado líquido. Son metales de alta densidad, como el oro, el platino, el rodio, el paladio y el iridio, que tienden a disolverse en el hierro líquido y a formar con él enlaces metálicos.

Reloj geoquímico

Los elementos siderófilos existían en la nebulosa presolar, pero no estaban presentes en la corteza de la Tierra primitiva, pues se precipitaron disueltos en el hierro hacia el interior del planeta en el momento de su formación, cuando la Tierra era un cuerpo hirviente, en estado de fusión. Estos elementos debieron terminar, ligados al hierro mediante enlaces metálicos, en una capa densa del núcleo terrestre.

Recreación de la formación de la Luna NASA | ESA | HST

Sin embargo, sorprendentemente, algunas pequeñas cantidades de elementos siderófilos se vuelven a encontrar hoy en la corteza terrestre. Sabemos que tales elementos son muy abundantes en algunos asteroides y ello lleva a pensar que los siderófilos presentes hoy en la superficie de la Tierra fueron aportados mediante caídas de meteoritos y todo tipo de colisiones de otros cuerpos del sistema solar con nuestro planeta. Naturalmente, la gran colisión que formó la Luna debió suponer el aporte más significativo de tales elementos a la corteza de la Tierra.

La abundancia de tales elementos en el manto terrestre puede servir para determinar la masa acretada por la Tierra en la gran colisión y esta masa, a su vez, como han mostrado Jacobson y colaboradores, determina el momento de la formación de la Luna. La abundancia de los elementos siderófilos puede ser por tanto considerada como una especie de reloj geoquímico que permite medir la edad de la Luna.

95 millones de años más joven que la Tierra

Midiendo la abundancia de tales elementos en el manto terrestre se puede tener, por tanto, una medida del momento de la colisión en la que nació la Luna. En otras palabras, en la abundancia de los elementos siderófilos del manto terrestre quedó escrita la edad de la Luna. Sólo necesitamos tener habilidad para saber leerla.

Siguiendo este método, Jacobson y sus colaboradores descartan, con un nivel de confianza del 99,9%, que la Luna se formase en el período de 40 millones de años que siguió a la formación de nuestro planeta, lo que rechaza completamente la idea más extendida hasta la fecha de que la Luna se había formado unos 30 millones de años después de la Tierra. En su lugar, el nuevo estudio sitúa el momento de formación de la Luna en unos 95 millones de años después de la formación de la Tierra.

La cara oculta de la LunaNASA | GSFC| LRO | UNIV. ARIZONA

Las nuevas simulaciones no solo tienen interés para el estudio del nacimiento de la Luna, también demuestran que Marte se formó muy rápidamente en el sistema protosolar, y en un tiempo relativamente corto, mientras que la Tierra se formó más tarde. Tales simulaciones pueden sin duda ayudar a comprender algunas propiedades sorprendentes de nuestro sistema planetario. Por ejemplo, las grandes diferencias existentes entre la Tierra y Venus, dos planetas rocosos llamados a ser gemelos por su masa y tamaño, pueden ser debidas a los momentos y lugares precisos de su formación.

También interesante

  • Un fuerte argumento a favor de la teoría del gran impacto está basado en las abundancias de los isótopos del oxígeno medidas en las rocas lunares recogidas por las misiones Apolo, pues tales abundancias son prácticamente iguales a las medidas en la Tierra. Sin embargo, esta teoría tiene dificultades para explicar algunas diferencias halladas entre la Tierra y la Luna para las abundancias de otros elementos y compuestos químicos.
  • El hipotético cuerpo del tamaño de Marte que colisionó con la Tierra para formar la Luna se denomina Tea. En la mitología griega, la diosa titánide Tea se casó con su hermano Hiperión y con él tuvo tres hijos, Helios, Selene y Eos: el Sol, la Luna y la aurora.
  • El estudio de Jacobson y colaboradores ha sido publicado en un número reciente de la revista Nature.

Rafael Bachiller es director del Observatorio Astronómico Nacional (Instituto Geográfico Nacional) y académico de la Real Academia de Doctores de España.

@RafaelBachiller

Un «anillo de diamantes» brilla en el cielo


ABC.es

  • Esta hermosa burbuja azul, aparecida a unos 1.500 años luz de la Tierra, sorprende por su perfecta forma circular

Un «anillo de diamantes» brilla en el cielo

ESO La nebulosa planetaria Abell 33, captada utilizando el telescopio VLT (Very Large Telescope) de ESO

Un equipo de astrónomos ha captado desde Chile una de esas preciosas imágenes cósmicas que, como ocurre a veces al mirar las nubes, parecen mostrarnos objetos imposibles en el cielo. Se trata de una fotografía de la nebulosa planetaria PN A66 33, más conocida como Abell 33, una hermosa burbuja azul situada a unos 1.500 años luz de la Tierra y creada durante el proceso de envejecimiento de una estrella. Resulta que, de forma casual, la nebulosa está ahora alineada con una estrella (en la imagen, en primer plano), lo que da como resultado un parecido asombroso con un anillo de diamantes. Esta joya cósmica es inusualmente simétrica, con una perfecta forma circular.

La mayor parte de las estrellas con masas similares a la de nuestro Sol acaban sus vidas como enanas blancas, cuerpos pequeños, calientes y muy densos que se enfrían muy despacio a lo largo de miles de millones de años. En el camino hacia la fase final de sus vidas, las estrellas lanzan al espacio sus atmósferas y crean nebulosas planetarias, coloridas nubes brillantes de gas que envuelven a las pequeñas y refulgentes reliquias estelares, explican desde el Observatorio Europeo Austral (ESO).

En esta imagen, captada por el telescopio VLT (Very Large Telescope) de ESO, la nebulosa planetaria Abell 33 aparece asombrosamente redonda, algo muy poco común en estos objetos, ya que normalmente algo perturba la simetría y acaban adquiriendo formas irregulares.

Un compromiso casual

La refulgente estrella situada en el borde de la nebulosa crea el efecto final del diamante, como si se tratara de un anillo de compromiso centelleante. Se trata tan solo de un alineamiento casual: la estrella, llamada HD 83535, se encuentra en primer plano, frente a la nebulosa, a medio camino entre la Tierra y Abell 33, justo en el lugar adecuado para embellecer aún más la imagen.

En el interior de la nebulosa, visible como una diminuta perla blanca y ligeramente descentrada, puede observarse el remanente de la estrella progenitora de Abell 33 en el proceso de transformarse en una enana blanca. Aún brilla más que nuestro Sol y emite la suficiente cantidad de radiación ultravioleta como para hacer que resplandezca la burbuja de atmósferas expulsadas al espacio.

Abell 33 es uno de los 86 objetos incluidos en el Catálogo Abell de Nebulosas Planetarias creado por George Abell en 1966. Abell también rastreó el cielo en busca de cúmulos de galaxias, recopilando el Catálogo Abell, con unos 4.000 cúmulos, tanto en el hemisferio norte como en el hemisferio sur del cielo.

Impacto inevitable en la Luna


El Pais

  • La sonda ‘LADEE’ se estrellará en un par de semanas en la cara oculta del satélite natural de la Tierra. Antes afrontará el frío del eclipse del viernes

Ilustración de la nave automática `LADEE´, en órbita baja sobre la superficie de la Luna y en trayectoria de impacto allí. / NASA

En cualquier momento, de aquí a un par de semanas, la sonda espacial LADEE se estrellará en la superficie de la Luna haciendo un nuevo cráter en la cara oculta del satélite. La fecha más probable estimada por los expertos es el 21 de abril, pero el artefacto está ya volando muy bajo, a dos o tres kilómetros sobre el suelo lunar, y no se descarta que se estrelle antes en alguna elevación del terreno, como la cresta de algún un cráter. Además, tiene una dura prueba dentro de unos días: el eclipse del próximo día 15, cuando la Tierra ensombrecerá la Luna, pondrá la LADEE al límite de su resistencia, sobre todo por el frío extremo que sufrirá durante cuatro horas y que puede estropear sus sistemas de a bordo y propulsores. De momento, los científicos siguen tomando datos, arañando las últimas horas útiles que le quedan a esta sonda de la NASA de estudio de la tenue atmósfera lunar.

Con 383 kilos de masa y el tamaño de una máquina expendedora de bebidas, los trozos de la LADEE se sumarán a los de otras misiones lunares, pero se ha elegido en esta ocasión —dentro de lo que la difícil maniobrabilidad de la nave permite al final de su operación— la cara oculta para evitar el riesgo de dañar los restos de las misiones Apolo. Aparte de la basura espacial, a la Luna no le pasará nada por un choque más (la velocidad de impacto en este caso será de 1.600 metros por segundo), apunta la NASA. Al fin y al cabo, la superficie de ese cuerpo celeste ha soportado infinidad de choques mucho mayores y a más velocidad de meteoritos. “La Luna recibe cada mes, como media, un impacto de un objeto celeste del tamaño de esta sonda”, señalan los responsables de la misión. En el momento final, la nave habrá consumido todo su combustible, sus materiales se recalentarán hasta varios centenares de grados y muchas piezas saldrán despedidas alrededor del cráter de impacto. El choque no será visible desde la Tierra, pero otra nave de la NASA en órbita lunar, la Lunar Reconnaissance Orbiter, intentará fotografiar el lugar en los próximos meses.

No es la primera vez que una nave se destruye en la Luna, e incluso en alguna ocasión se ha elegido una trayectoria de impacto controlado, como la Lunar Prospector. En 1999, esta sonda fue dirigida al final de su misión hacia el cráter Shoemaker, cerca del polo Sur, para intentar ver si se liberaba en el choque vapor de agua de supuestos depósitos de hielo allí. No se detectó tal efecto.

La nave lleva unas cenizas del científico Eugene Shoemaker

La LADEE fue lanzada el pasado septiembre y se puso en órbita lunar el 6 de octubre. Desde el 10 de noviembre, acercándose hasta 20 kilómetros del suelo y alejándose hasta 150, ha estado tomando medidas de la estructura y composición de la tenue atmósfera allí, tomando más de 700.000 datos. Su final está condicionado al agotamiento del combustible, lo que impide sacarla de la órbita lunar, y tiene que acabar estrellada. “Si sobrevive al eclipse, tendremos casi una semana más de datos científicos tomadas a baja altura antes del impacto”, explicó la semana pasada Rick Elphic, científico jefe de la LADEE. “Para una misión corta como esta, incluso unos pocos días cuentan mucho”. El coste del programa es de 204 millones de euros.

Desde hace unos días, los responsables del control de la nave están enviando órdenes de maniobras para mantenerla en órbita a poca altura. “El campo gravitatorio de la Luna es tan irregular y el terreno tan accidentado, con cráteres y valles, que hay que hacer frecuentes maniobras o la LADEE puede chocar en cualquier momento; incluso si se hacen esas maniobras perfectamente hay alguna probabilidad de que choque antes del 21 de abril”, ha explicado Butler Hine, responsable del proyecto.

La NASA convoca una ‘porra’ sobre el día y la hora de la colisión

Ante tal incertidumbre, y para dar emoción popular a este final de misión, la NASA ha convocado una especie de porra por Internet para que la gente se arriesgue a determinar fecha, hora y minuto en que se estrellará la LADEE. El ganador recibirá un certificado conmemorativo. Las apuestas se pueden hacer hasta el próximo viernes.

En los últimos días de la misión los científicos intentan aclarar un misterio: ¿qué produjo el resplandor que vieron varios astronautas del programa Apolo sobre el horizonte antes del amanecer? La hipótesis es que se trataba de polvo lunar. Pero, hasta ahora, la LADEE, en su órbita de trabajo, no ha registrado concentraciones de polvo que pudieran generar ese resplandor. Ahora se aprovecha su baja altura final para hacer un último experimento. “Vamos a intentar replicar la observación del astronauta Gene Cernan [Apolo 17] apuntando la cámara de seguimiento hacia el cielo exactamente con la misma configuración, esperando la salida del Sol y observando qué pasa al producirse el amanecer orbital”, ha explicado Elphic.

Cuando se estrelle la LADEE, además de los restos esparcidos como chatarra alrededor del punto de impacto, se depositará en la Luna una pequeña cantidad de cenizas de Eugene Shoemaker (fallecido en 1997) que se cargaron en la sonda espacial como homenaje. “Fue un científico planetario que hizo grandes contribuciones a nuestra comprensión de la Luna”, recalca la NASA.

El principio del fin de Cartago fue en Santo Tomé (Jaén)


ABC.es

  • Científicos españoles identifican el lugar exacto de la batalla de Baecula, librada hace más de 2.000 años entre romanos y cartagineses en la provincia andaluza
El principio del fin de Cartago fue en Santo Tomé (Jaén)

universidad de jaén Recreción artística de la batalla de Baecula

 

Tras largos años de trabajo, un equipo de investigadores españoles de la Universidad de Jaén ha conseguido toda una hazaña arqueológica: identificar el lugar exacto de la batalla de Baecula, librada hace más de 2.000 años entre romanos y cartagineses en la provincia de Jaén. Gracias a un Sistema de Información Geográfica (SIG), los arqueólogos han logrado reconstruir paso a paso la batalla, los avances de las tropas, las escaramuzas cuerpo a cuerpo y la situación de los campamentos de ambos bandos.

“Entonces Escipión da orden a los vencedores de lanzarse sobre el centro de la formación, reparte con Lelio las tropas restantes y le manda rodear la colina por el lado derecho hasta encontrar un camino de subida menos pendiente; él describiendo un pequeño arco por la izquierda, se lanza sobre el flanco enemigo”.

De esta forma tan gráfica, el historiador romano Tito Livio describe la estrategia de combate de Publio Cornelio Escipión, el Africano, durante la cruenta batalla de Baecula, librada contra un ejército cartaginés de más de 20.000 hombres comandado por Asdrúbal Barca, hermano del mismísimo Anibal. Estamos en el año 208 Antes de Cristo y esa batalla supone, precisamente, el primer gran enfrentamiento de Escipión contra los cartagineses después de tomar el mando del ejército de Roma en la Península Ibérica. La batalla forma parte de la Segunda Guerra Púnica y resultó clave para el dominio del Mediterráneo hace ya más de 2.200 años.

Gracias a una estrategia envolvente, y a pesar de que el enemigo se había instalado en lo alto de una meseta protegida por dos escarpados riscos en sus flancos y un río en la retaguardia, Escipión logró vencer a Asdrúbal, que tras su derrota no tuvo más remedio que huir al norte, hacia los Pirineos, para desde allí penetrar en las Galias y preparar después un ataque contra Roma. Fue el principio del fin del dominio cartaginés sobre la Península Ibérica.

El lugar de la batalla

Pero, ¿dónde se celebró exactamente esta importante batalla? ¿Y dónde están sus restos? Basándose en las prolijas descripciones de Tito Livio y Polibio (ver recuadro adjunto), se pensaba hasta ahora que el escenario se encontraba muy cerca de Bailén, pero un equipo del Instituto Andaluz de Arqueología Ibérica (CAAI), de la Universidad de Jaén, dirigido por Arturo Ruiz y Juan Pedro Bellón ha conseguido, tras largos años de investigación y la ayuda de las más modernas tecnologías, determinar que el escenario exacto de la batalla fue el Cerro de las Albahacas, en el término municipal de Santo Tomé (Jaen). La revista Archaeology acaba de publicar un extenso artículo sobre la investigación.

Ha sido un esfuerzo titánico. En palabras de Arturo Ruiz, “una labor de detectives que nos ha llevado largos años de búsqueda y para la cual no teníamos más que los textos históricos”. Amplias zonas del valle del Guadalquivir tuvieron que ser rastreadas en busca de coincidencias con las descripciones de Tito Livio y Polibio. “Utilizamos incluso Google Maps para buscar las zonas que mejor encajaban con lo que andábamos buscando”. Hubo que descartar por lo menos una docena de localizaciones hasta encontrar un lugar (el cerro de las Albahacas) que coincidía punto por punto con las descripciones históricas y que parecía ser el candidato perfecto para ser el tan buscado campo de batalla. Pero había que demostrarlo.

El principio del fin de Cartago fue en Santo Tomé (Jaén)

Sandalias romanas

Para completar el estudio, los arqueólogos del CAAI barrieron el cerro (una superficie de 40 hectáreas) durante cinco años más (entre 2006 y 2010) con detectores de metales y referenciaron la posición de cada objeto individual con GPS. Al final de la quinta campaña de prospección, el equipo de la Universidad de Jaén había recopilado 6.123 restos metálicos. Entre ellos, puntas de flecha y de lanza, diversos utensilios y, lo que sería más importante para la investigación posterior, un gran número de las tachuelas metálicas con las que los soldados romanos reforzaban sus sandalias.

Los romanos, en efecto, llevaban remaches de hierro incrustados en las suelas de cuero, para mejorar el agarre y limitar el deterioro del calzado durante las largas marchas. Pero esas pequeñas piezas, llamadas clavi caligarii, se desprendían con facilidad y quedaban sembradas por los campos que el ejército cruzaba. Al no tener un gran valor material, los remaches han permanecido in situ durante largos siglos y han podido ser localizados ahora por los detectores de metales de los arqueólogos. Son precisamente esas pequeñas piezas las que indican la localización de los campamentos, las rutas seguidas por los soldados y, lo que es más importante, los lugares donde tuvieron lugar las batallas.

El equipo tenía ahora una enorme cantidad de material recopilado, y cada una de las piezas encontradas localizada con precisión en un mapa. “Fue entonces -explica a ABC Arturo Ruiz- cuando tuvimos la idea de recoger toda esa información en un Sistema de Información Geográfica (SIG), lo que nos proporcionó una visión de conjunto que antes no teníamos, y la posibilidad de hacerles preguntas concretas a los datos”.

El software elegido fue Geomedia Professional, de Intergraph, compañía que inmediatamente se interesó por el proyecto y prestó todo el apoyo técnico y logístico necesario para su realización. Se creó una completa base de datos con cada una de las piezas debidamente georeferenciada y comenzó la que puede considerarse la fase decisiva de la investigación.

Resultó que la zona con mayor concentración de restos estaba, precisamente, en la parte más alta de la colina, y rodeada, como dicen los antiguos textos, por un ribazo muy abrupto. Era el campamento de Asdrúbal. Segmentando la información en el SIG, los investigadores comprobaron que era precisamente aquí donde se concentraba la mayor parte de los clavos y otros utensilios usados para el montaje de las tiendas.

El principio del fin de Cartago fue en Santo Tomé (Jaén)

Movimientos del ejército romano

De la misma forma, los arqueólogos pudieron determinar, a partir del número y la distribución de las tachuelas sobre el terreno, cuáles fueron los movimientos de las tropas romanas durante el ataque, dónde se concentró el grueso del ejército de Escipión e, incluso, dónde tuvieron lugar los combates cuerpo a cuerpo. De pronto, como si se superpusiera una transparencia sobre un mapa, todo coincidía a la perfección y los ecos de la batalla de Baecula, más de 2.200 años después, volvía a resonar en el cerro de las Albahacas.

El principio del fin de Cartago fue en Santo Tomé (Jaén)

Trabajo de campo

El equipo de Arturo Ruiz ha podido así reconstruir paso a paso los acontecimientos. Las tachuelas de las sandalias, los dardos, las fíbulas y las bullas revelaron la situación del campamento romano. La cerámica, las monedas y los restos de empalizada del campamento cartaginés, así como el lugar exacto, en lo alto de la colina, al que Asdrúbal trasladó a sus tropas para defenderse de la amenaza. Las tachuelas de las sandalias romanas y su distribución han permitido reconstruir con detalle el avance de las tropas y ponen de relieve la estrategia de “tenaza” utilizada por Escipión el Africano para rodear a su enemigo.

El “proyecto Baecula”, sin embargo, no está cerrado. “Seguimos trabajando -explica Ruiz-, buscando más restos, más datos de campo y profundizando en los pormenores de la batalla. Quedan aún algunos interrogantes por resolver, y mucho trabajo por delante”.

Así fue la batalla de Baecula