En busca de la casa subterránea perdida bajo la ciudad de Nueva York


El Confidencial

En el año 1964, la ciudad de Nueva York cumplía su tercer siglo y para celebrarlo acogió una feria mundial, en la que 140 pabellones ofrecían muestras de la cultura, la tecnología y la forma de vida de los países de todo el mundo, incluido el país anfitrión. Había que impresionar, así que el tamaño y la altura de cada pabellón y muestra intentaban superar al anterior.

Con una excepción. Situado en lo que hoy es un parque del distrito de Queens, se construyó lo que se bautizó como la Underground World Home o casa del mundo subterráneo. Esta construcción era en realidad un búnker de lujo, equipado para vivir bajo tierra con todas las comodidades. Diseñado en plena Guerra Fría, y poco después de la crisis de los misiles, este no era un asunto ni mucho menos menor para la sociedad norteamericana.

Y por ello, el despliegue tecnológico de este prototipo a escala real resultaba impresionante para la época, no solo en cuestiones de seguridad, sino también para proporcionar un hogar lo más cómodo posible. “Unos pocos centímetros bajo tierra pueden dar a un hombre una isla para sí mismo, un lugar donde controlar su mundo, un mundo de total facilidad y control, de seguridad y sobre todo de privacidad”, rezaba la explicación de la muestra.

Sistemas de ventilación, climatización y control de ruidos

Se trataba de una casa con diez estancias, incluido un patio cubierto y una terraza (ésta sí exterior y al nivel del suelo). Toda la construcción estaba contenida en un caparazón de acero y hormigón con una superficie de unos 5.600 pies cuadrados, a prueba de humedades y recorrido por canalones y caminos para facilitar posibles reparaciones.

Un sistema de ventilación conectaba el interior con el exterior a través de la sala de mantenimiento. Allí se controlaban los parámetros de humedad, presión y temperatura. Desde esa habitación, el aire entraba bajo el suelo, circulaba por todas las estancias y volvía a salir por el mismo sistema de ventilación. Además, un generador de emergencia aseguraba el suministro en caso de corte de electricidad en el exterior y un sistema de expulsión de basuras se encargaba de eliminar los desperdicios.

Según la descripción, esta casa subterránea permitía un control absoluto del clima interior, incluyendo temperatura, humedad y presión. “Bajo tierra somos libres del clima exterior, y nuestra salud no depende de él. Los pacientes de asma, alergias o sinusitis se sentirán aliviados.

El búnker contaba con una estructura de ventilación con la que todo el aire entraba por un solo punto, en el que se podía controlar todos los parámetros. “La brisa de una montaña o la vigorizante sensación de la alta presión un día de primavera se pueden crear a voluntad”, prometía este hogar del futuro.

Controlando el aire se podía por tanto controlar y evitar la entrada de contaminación. Se utilizaban filtros de fibras y electrostáticos para retener todas las partículas de humo, polvo o emisiones de los coches.

La brisa de una montaña o la vigorizante sensación de la alta presión un día de primavera se pueden crear a voluntadLo mismo ocurría con los molestos ruidos de la ciudad.

“Toneladas de acero, hormigón y tierra evitan que cualquier sonido entre en tu casa, a no ser que tú lo invites”. Un completo sistema de audio en estéreo instalado por toda la casa permitía ambientar el búnker con sonidos de la naturaleza o con música a la elección del habitante.

Pantallas a modo de ventanas

Pero eso no era todo. En un búnker concebido como una peculiar residencia de lujo, el ocio también se tuvo en cuenta. La casa estaba llena de murales de luz, que no eran otra cosa que pantallas usadas a mono de ventanas. “En cada habitación de la casa hay una vista de paisajes panorámicos con efectos especiales para simular la noche y el día. Los reguladores de intensidad y un sistema de control de luz de bajo voltaje permiten simular el efecto de la salida del sol en la cocina mientras un cielo estrellado cubre el patio”.

Y todo esto reduciendo el esfuerzo de mantenimiento de una casa, ya que obviamente no había ventanas que limpiar o reparar, no hacía falta repintar el exterior ni arreglar el tejado. “El purificador de aire basta con limpiarlo una vez al mes, y el filtro evita que el polvo y las partículas de suciedad afecten al equipamiento interior”.

A pesar del despliegue tecnológico que ofrecía esta casa subterránea, su impacto más allá de la Exposición fue limitado, por no decir nulo. Su diseñador, Jay Swayze, un constructor de Texas, aseguraba que fue un éxito de visitas, pero al final de la feria, no se había firmado la construcción de ninguna de estas viviendas para particulares. El motivo pudo estar en su precio: 80.000 dólares, que en 1964 equivalían a medio millón de hoy en día.

¿Sigue allí abajo?

Ha pasado justo medio siglo y las casas subterráneas siguen sin ser tan populares como Swayze esperaba. Pero algunos aún recuerdan aquel búnker de lujo construido en Nueva York y se preguntan ¿qué fue de él? ¿Sigue ahí debajo? Porque lo cierto es que no se sabe con seguridad. Según las autoridades, “hasta donde ellos saben”, la casa se demolió. Pero otros creen que no hay pruebas de ello y hay muchas probabilidades de que bajo ese parque de Queens siga estando aquella moderna vivienda ideada en los 60.

Cuando terminó la feria mundial, comenzó el trabajo para desmontar los pabellones. Sin embargo, según Narratively, Swayze quiso evitar los costes de demolición, de forma que retiró todo el equipamiento de la casa, pero dejó la estructura intacta, cubierta por varios metros de tierra. A partir de aquí, hay dos opiniones enfrentadas: muchos piensan que aún hay estancias de aquel búnker bajo el suelo de Nueva York, otros dudan que Swayze realmente dejase nada cuando se marchó.

Lori Walters quiere resolver el misterio. Puesto que tanto Swayze como su patrocinador en la feria han fallecido ya y no hay artículos de prensa donde se expliqué qué ocurrió exactamente con la casa, la profesora Walters de la Universidad Central de Florida ha decidido que no queda otro remedio que excavar.

En los últimos años, Walters ha trabajado junto con el Museo de Arte de Queens y el Salón de la Ciencia de Nueva York para desarrollar una simulación en 3D de aquella feria mundial. Al llegar al espacio de la casa subterránea surgió la duda ¿seguirá ahí debajo?

Cuando pensamos en arqueología, pensamos en Jordanía, en Egipto o en México, pero también hay muchas maravillas del siglo XX enterradas

Una pregunta para cuya respuesta Walters está buscando financiación. Cuando reúna los fondos, planea alquilar un radar del tipo que se usan en trabajos de arqueología y escanear el terreno en busca de algo inusual bajo tierra. Si detectan algo, el plan es excavar agujeros por los que pasar cámaras de vídeo endoscópicas que permitan estudiar si la casa sigue ahí, en qué estado está su estructura e incluso si aún queda algo del equipamiento original.

El objetivo es resolver una acuciante curiosidad, pero también utilizar la experiencia como herramienta educativa, para enseñar a los estudiantes a entender la arqueología en todo su potencial.

“Cuando pensamos en arqueología, pensamos en Jordanía, en Egipto o en México, pero también hay muchas maravillas del siglo XX enterradas”, señala. De momento, Walters está desarrollando una propuesta para el Departamento de Parques de la ciudad de Nueva York. Su intención es comenzar la investigación este verano, cuando se cumplan exactamente 50 años de la exposición mundial.

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