Un toro moderno gigante de hace 700.000 años


El Mundo

  • Encuentran en un yacimiento de Túnez el cráneo de uro más antiguo hallado hasta ahora
  • Pesaba unos 1.400 kg. y sus cuernos medían más de un metro
  • El hallazgo muestra que estos animales han convivido desde siempre con los humanos y han formado parte de su dieta
  • Anatómicamente es similar a un toro de lidia, pero mucho mayor
Vista del cráneo y los cuernos del uro hallado en Túnez desde varias...

Vista del cráneo y los cuernos del uro hallado en Túnez desde varias perspectivas. B. Martínez-Navarro-S. Ros/IPHES

Vivió hace 700.000 años en el territorio que hoy es Túnez, pesaba unos 1.400 kilos y sus espectaculares cuernos superaban con creces el metro de longitud. Un equipo de paleontólogos ha encontrado el cráneo de un imponente uro (Bos primigenius), al que consideran el fósil de toro moderno más antiguo hallado hasta ahora. “Es un toro totalmente moderno. Anatómicamente podría parecer un toro de lidia actual pero de tamaño gigante”, explica a EL MUNDO Bienvenido Martínez-Navarro, autor principal del estudio.

Y es que, según asegura, este macho adulto es exageradamente grande, mayor que los individuos más grandes de esta especie encontrados en Europa. Por lo que respecta a su dieta, al igual que los toros modernos debía alimentarse de hierbas, probablemente de gramíneas.

La descripción completa de este animal se publica esta semana en la revista Quaternary Science Reviews en un artículo que encabeza Martínez-Navarro, paleontólogo del ICREA (Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats) en el IPHES (Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social), en Tarragona, y en el que también participa Eudald Carbonell.

Para Martínez-Navarro, este fósil tiene una gran importancia “pues confirma que los toros tienen un origen africano y que forman parte de la ecología humana desde el principio. Han formado parte de la dieta humana desde que se empezó a comer carne”, explica en conversación telefónica.

Fósil hallado en 2008

Aunque el fósil fue encontrado en 2008 por investigadores tunecinos, hasta que no fue restaurado por el equipo de paleontólogos españoles no pudieron estudiarlo en profundidad y concluir que se trataba de un uro. “El cráneo estaba muy fragmentado, así que hubo que hacer una importante inversión de tiempo para restaurarlo”, detalla el paleontólogo.

“Al principio los investigadores tunecinos pensaron que se trataba de un búfalo pero no sabían a qué especie pertenecía. Cuando nos mandaron las fotos a mí ya me pareció que podría tratarse de un toro”, señala Martínez-Navarro, que examinó por primera vez los restos en marzo de 2009. La restauración, realizada conjuntamente con Gala Gómez-Merino, se prolongó hasta junio de 2010.

Según precisan los investigadores, el cráneo “presenta unos núcleos óseos (cuernos sin la cubierta de queratina), con una longitud cada uno de ellos de más de un metro, 112 centímetros, y una circunferencia de 39 cm. en la base. La anchura del cráneo a la altura de las órbitas es de 30 cm. y la máxima entre los puntos más externos de la curva de los núcleos óseos es de 130 cm. La masa calculada para el individuo que portaba este cráneo sobrepasa ampliamente los 1.000 kg, pudiendo llegar hasta 1.300 o 1.400 kg“.

El búfalo africano

Los autores afirman que se trata del fósil más antiguo de Bos primigenius encontrado en el mundo. Un hallazgo que refuerza la teoría de que el origen de los toros se encuentra en África y no en Eurasia, como se suponía hasta hace pocos años. Según detalla el investigador, se pensaba que los toros y los bisontes evolucionaron a partir de una forma ancestra de estos animales de Eurasia. Pero ahora saben que los bisontes sí evolucionaron a partir de ese animal primitivo, mientras que los toros lo hicieron a partir del búfalo gigante africano de Olduvai (actual Tanzania), Pelorovis oldowayensis.

En 2010, Bienvenido Martínez-Navarro y Lorenzo Rook, de la Universidad de Florencia, encontraron en el yacimiento eritreo de Buia, junto al Mar Rojo, otro ancestro del toro de un millón de años de antigüedad al que denominaron Bos buiaensis.

Según proponen, estos animales dieron origen a los toros modernos de la especie Bos primigenius a la que pertenece el cráneo encontrado en Túnez.

Asimismo, creen que estos animales debieron dispersarse junto con nuestros antepasados hacia el norte de África y posteriormente a Eurasia. “No fue en la primera oleada que salió de África hace unos dos millones de años, sino hace unos 700.000 o 800.000 años”, añade.

En Europa, los fósiles de toro más antiguos que se han encontrado tienen entre 500.000 y 600.000 años y están en Italia. En España destacan los yacimientos de Ambrona (Soria), y el de la Solana de Zamborino (Granada), donde se han encontrado fósiles de toros de unos 400.000 años de antigüedad.

Un rico y extenso yacimiento

El hallazgo de este uro de gran tamaño se produjo en Oued Sarrat, un extenso y rico yacimiento tunecino del Pleistoceno medio que tiene una longitud superior a los cinco kilómetros y por el que discurre el río Sarrat. Además de toros, durante las dos campañas de excavación que han llevado a cabo los paleontólogos españoles han encontrado en el mismo nivel en el que apareció el toro otros grandes mamíferos como hipopótamos, antílopes, rinocerontes, así como abundantes roedores, peces, reptiles, aves y anfibios. También se han hallado otros fósiles de toros, aunque todavía no han podido estudiarlos.

Las excavaciones han sido acompañadas de prospecciones geológicas en el área, en la que también han aparecido abundantes herramientas de las industrias líticas.

En la actualidad, el cráneo de uro se exhibe en el Museo de la Oficina Nacional de Minas de Túnez (un organismo equivalente al Instituto Geológico y Minero de España, IGME).

En mayo, los paleontólogos regresarán a Túnez para emprender una corta excavación con fondos del Ministerio de Economía, pues los recortes presupuestarios han afectado a sus planes y amenazan la continuación de este proyecto. De los 90.000 euros que tenían aprobados para un proyecto de cuatro años, finalmente sólo han recibido unos 20.000 euros.

Detectan por primera vez ondas procedentes del ‘Big Bang’


El Confidencial

Astrónomos del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsoniano (CFA) han anunciado este lunes que se han detectado por primera vez las ondas gravitacionales que recorrieron el Universo primitivo, durante un período explosivo de crecimiento llamado inflacionario. Se trata de la confirmación más importante lograda hasta ahora acerca de las teorías de la inflación cósmica, según las cuales el cosmos se expandía por 100 billones de billones de veces, de manera vertiginosa.

Los hallazgos fueron realizados con la ayuda del BICEP2, un telescopio situado en el Polo Sur que escanea el cielo en frecuencias de microondas, donde recoge la energía fósil del Big Bang.

El Universo actual surgió tras un evento conocido como el Big Bang, que tuvo lugar hace 13.800 millones de años. Momentos más tarde, el propio espacio comenzó a expandirse de manera exponencial en un episodio conocido como inflación. Los signos reveladores de este capítulo en la historia temprana del Universo están impresos en el cielo, en un resplandor reliquia llamado el fondo cósmico de microondas.

Es ahí donde los investigadores han buscado durante mucho tiempo la evidencia más directa de esta inflación en forma de ondas gravitacionales, que aprietan y estiran el espacio, y que ahora han logrado detectar.

“Pequeñas fluctuaciones cuánticas fueron amplificadas a tamaños enormes por la expansión inflacionaria del Universo. Sabemos que esto produce otro tipo de ondas llamadas ondas de densidad, pero queríamos probar si también se producen ondas gravitacionales”, ha explicado uno de los responsables del trabajo, Jamie Bock.

Polarización en ‘modo B’

Las ondas gravitacionales están producidas por un modelo característico de luz polarizada, llamado polarización “en modo B”. La luz puede polarizarse por la dispersión de las superficies, en el caso del fondo cósmico de microondas, la luz es dispersada por electrones para convertirse en poco polarizada.

El equipo BICEP2 asumió el reto de detectar el modo B de polarización al reunir los mejores expertos en la materia, el desarrollo de una tecnología revolucionaria y el viaje al mejor sitio de observación de la Tierra: el Polo Sur.

Como resultado de los experimentos llevados a cabo desde 2006, el equipo ha sido capaz de producir pruebas concluyentes de esta señal en modo B, y con ella, la evidencia, hasta ahora, más fuerte que existe sobre la existencia de la inflación cósmica.

El nuevo rostro del 'Big Bang' ('New Scientist')El nuevo rostro del ‘Big Bang’ (‘New Scientist’)

Los expertos han indicado que la clave de su éxito ha sido el uso de detectores superconductores nuevos. Los superconductores son materiales que, cuando se enfrían, permiten que la corriente eléctrica fluya libremente, sin resistencia.

“Nuestra tecnología combina las propiedades de la superconductividad con estructuras pequeñas que sólo se pueden ver con un microscopio. Estos dispositivos se fabrican con el mismo proceso de micro-mecanizado que los sensores de los teléfonos móviles”, ha explicado el experto de la NASA Anthony Turner.

Una señal débil

La señal en modo B es “extremadamente débil”, según han señalado los científicos. Con el fin de obtener la sensibilidad necesaria para detectar la señal de polarización, el equipo ha desarrollado una gama única de detectores múltiples, similar a los píxeles de las cámaras digitales modernas, pero con la capacidad adicional de detectar la polarización. El sistema detector conjunto funciona a sólo 0,45ºC centígrados por encima de la temperatura más baja posible, el cero absoluto.

Los expertos han indicado que la clave de su éxito ha sido el uso de detectores superconductores nuevos. Los superconductores son materiales que, cuando se enfrían, permiten que la corriente eléctrica fluya libremente, sin resistencia.”Esta medida extremadamente desafiante requiere una arquitectura completamente nueva”, ha indicado el autor principal del hallazgo, John Kovac. “Nuestro enfoque es como tomar una cámara y la construcción de ésta en una placa de circuito impreso”, ha añadido.

El experimento BICEP2 utiliza 512 detectores, que aceleraron observaciones del fondo cósmico de microondas por 10 veces en mediciones anteriores del equipo. Su nuevo experimento, ya la realización de observaciones, utiliza 2.560 detectores.

El primer minuto de silencio de la historia lo pidió un periodista tras la Primera Guerra Mundial


ABC.es

  • A las 11 horas del 11 de noviembre de 1919 la Commonwealth al completo calló y recordó a los caídos
El primer minuto de silencio de la historia lo pidió un periodista tras la Primera Guerra Mundial

abc | Homenaje a los caídos en la Primera Guerra Mundial en Oxford Street

El primer minuto de silencio fueron en realidad dos. A las 11 de la mañana del día 11 del undécimo mes del año, la Commonwealth enmudeció por los caídos en la Primera Gran Guerra.

El ideólogo fue un viejo periodista que, en un gesto contrario a la profesión, vio en el silencio la esencia del respeto a los muertos. Edward Honey, nacido en Melbourne, había servido como soldado en el Ejército británico durante la Primera Guerra Mundial. Un año después de que el horror terminara observó con recelo y angustia como el fin de la Gran Guerra se celebraba con desfiles y festejos en las calles de Londres. Bajo el pseudónimo de Warren Foster, el 8 de mayo de 1919 el veterano de guerra escribió una misiva a un diario de la época, el «London Evening News», con la propuesta de un homenaje discreto: cinco minutos de silencio para honrar el sacrificio de aquellos que habían muerto por la patria.Poco tiempo después, en octubre del mismo año, Sir Percy Fitzpatrick, un político y empresario sudafricano sugirió la misma idea: un tiempo de mutismo colectivo en Cape Town para honrar a los muertos en batalla, que en el caso de Sudáfrica habían sido muchos. Sir Percy hizo llegar al rey Jorge V su deseo de que este homenaje se extendiera a todas las colonias británicas en el día del Armisticio.

La idea le gustó al Rey Jorge V, quien, según relata el portal del Ejército australiano, hizo llegar una misiva a todos los habitantes de la «Commonwealth» con el siguiente deseo: «Espero que mi gente, en todos los rincones del imperio, comparta el fervoroso deseo de recordar a aquellos que dieron sus vidas para que hoy seamos libres. Llamo a una suspensión completa de todas las actividades habituales durante dos minutos a la undécima hora del undécimo día del undécimo mes, para que en perfecta quietud de pensamientos, todo el mundo pueda concentrarse en el recuerdo reverencial a los difuntos».A las 11 horas del 11 de noviembre de 1919 la Commonwealth al completo calló. Nadie sabe por qué fueron dos minutos y no uno o cinco, ni si Sir Percy Fitzpatrick y Edward Honey llegaron a conocerse.

Pero la mayoría de los historiadores coinciden en que los derechos de autor corresponden al periodista australiano, antes que al político sudafricano. En Australia, la traidición sigue siendo guardar dos minutos en lugar de uno, como se hace en el resto del mundo.