Una explosión estelar en otra galaxia, visible con unos simples prismáticos


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  • Tenemos la increíble oportunidad de observar una supernova a 12 millones de años luz cada vez más brillante y que admira a los astrónomos
Una explosión estelar en otra galaxia, visible con unos simples prismáticos

Moisés Sanz, Grupo Astronómico Portuense
La supernova en la galaxia M82

Una de las tres supernovas que son visibles en estas fechas en tres galaxias diferentes, concretamente la que estalló en la conocida galaxia M 82, está deslumbrando a los expertos y científicos del campo de la astronomía.

A fecha de hoy la supernova SN 2014J de la galaxia M 82, continua aumentando su brillo y ahora es tan brillante como todas las estrellas de esa galaxia. M 82 es conocida como una galaxia de brote estelar, en la que el nacimiento de estrellas es enorme, debido al contacto gravitatorio que tiene con la aún mayor galaxia y vecina M 81. El acercamiento entre las galaxias provoca que el gas y el polvo, entre ellas se remueva, de tal forma que comienzan a unirse por la gravedad, a hundirse y crear estrellas.

Multitud de telescopios observan cómo la supernova SN 2014J evoluciona en dicha galaxia, se trata de la supernova de tipo Ia más cercana que ha estallado desde que se observó en la Vía Láctea la supernova de 1604, también conocida como supernova de Kepler, por el astrónomo que incluso escribió un libro con referencia a tal acontecimiento.

Los vientos estelares que se expanden de la supernova de M 82 viajan a la escalofriante cifra de 20.000 km/s, una expansión de las capas exteriores de la estrella que se puede contemplar a 12 millones de años luz y ya es visible incluso con unos simples prismáticos.

Tenga en cuenta que solo los mayores telescopios del mundo pueden ver algunas estrellas en la galaxia M 82 que se encuentra a 12 millones x 9,6 billones de km de la Tierra, pero ahora cualquier persona con solo la ayuda de unos pequeños prismáticos puede ver a esta estrella en aquella galaxia que se nos antoja lejana, pero en términos astronómicos, es como nuestra vecina.

 

Una explosión estelar en otra galaxia, visible con unos simples prismáticos

Supernova SN 2014J
Moisés Sanz, Grupo Astronómico Portuense

La supernova de tipo Ia es una estrella enana blanca, del tamaño de la Tierra, pero muy densa. Así terminará nuestro Sol, pero hay una clara diferencia: esta supernova parece acompañada de otra estrella, normalmente gigante. La enana blanca “roba” y extrae las capas exteriores de la gigante. Cuando estas capas caen sobre la enana blanca, y debido a la temperatura extrema de ésta, estalla, en una gigantesca explosión, que es visible desde gran parte del Universo.

Descubierta el 21 de enero, la supernova sigue creciendo en brillo, lo que implica que se trata de un acontecimiento poco visto y es motivo de estudio por el tiempo que lleva aumentando de magnitud por los más grandes observatorios astronómicos, terrestres y espaciales, sin desmerecer los estudios que realizan los astrónomos aficionados de todo el mundo.

El hecho de poder estudiar a esta supernova nos conduce a perfeccionar las distancias a las galaxias. Es muy simple. Si sabemos cuánto luce una bombilla de 100 W a un metro de distancia y si la alejamos a 2 metros, la luz disminuye a razón del cuadrado de la distancia, de modo que lucirá 4 veces menos. Si conocemos la distancia de una supernova de tipo Ia y la luz que produce, por otros métodos, y la de M 82 luce tantas veces menos que ésta que hemos calculado, podemos descifrar la distancia a la que está.

Esta cuestión es importantísima para estimar cómo se expande el Universo y la distancia a las galaxias, que no es fácil. Las supernovas son acontecimientos tan brillantes, que podemos calcular distancias enormes. No hay otro patrón para grandes distancias y esta supernova nos viene muy bien para poder seguir calculando las distancias, las velocidades con las que se separan las galaxias, la expansión del Universo y su futuro.

Una galaxia extraña

En cualquier caso, M 82 es una galaxia extraña, con un agujero negro en su núcleo de 30 millones de masas solares, una galaxia que no para de crear estrellas, con un brote estelar de dimensiones desconocidas hace 500 millones de años, aunque dicho brote se paró hace 100 millones de años.

Todo un reto, todo un espectáculo que debemos aprovechar, ver una estrella en otra galaxia solo lo pueden hacer los observatorios astronómicos más importantes de la Tierra o los telescopios espaciales. Ahora podemos aprovecharnos del evento.

M 82 se encuentra en la constelación de la Osa Mayor, mirando hacia el norte y es visible durante gran parte de la noche. Vea una estrella que no es de nuestra galaxia, es una oportunidad única.

Miguel Gilarte Fernández es director del Observatorio Astronómico de Almadén de la Plata en Sevilla y presidente de la Asociación Astronómica de España.

Un hombre podría haber hallado el tesoro de los nibelungos que inspiró a Wagner


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  • Formado por importantes piezas de oro y plata, ha sido descubierto en pleno bosque en el estado alemán de Renania Palatinado
Un hombre podría haber hallado el tesoro de los nibelungos que inspiró a Wagner

GDKE | Una de las piezas halladas junto al Rin

Un cazatesoros aficionado, con un detector de metales, ha descubierto un tesoro de oro y plata en un bosque de Alemania que data de los tiempos de los romanos, lo que ha alimentado la especulación de que pueda ser el legendario tesoro nibelungo que inspiró las óperas de Richard Wagner.

El tesoro encontrado en el estado occidental de Renania Palatinado, que podría tener un valor aproximado de un millón de euros, contiene piezas importantes, como cuencos de plata, broches y otras piezas de joyería de vestidos ceremoniales y pequeñas estatuas que adornaban una gran silla, según explicaron los arqueólogos de la región.

«En términos de cronología y geografía, el descubrimiento encaja con la época de la leyenda de los nibelungos», dijo Axel von Berg, el arqueólogo jefe de la región, citado por medios alemanes. «Pero no podemos decir si pertenece realmente al tesoro nibelungo», dijo, añadiendo que quien lo poseyó «vivió bien» y pudo haber sido un príncipe.

El tesoro, encontrado cerca de Ruelzheim, en el sur del estado, se encuentra ahora en el departamento cultural estatal de Mainz, pero las autoridades sospechan que no tienen todo el tesoro.

Los fiscales han comenzado una investigación contra el hombre que lo descubrió porque sospechan que puede haber vendido una parte, posiblemente a un comprador extranjero, dijo el departamento. «El lugar en el que fue encontrado estaba completamente destrozado por una actuación inadecuada», dijo en un comunicado.

Tanto si el tesoro es el famoso «Rhinegold» o no, parece que fue enterrado apresuradamente por su propietario o ladrones alrededor del año 406-407 d.C., cuando el imperio romano se comenzaba a derrumbar en la zona a lo largo del Rin, dijo Von Berg en un comunicado.

Según la leyenda nibelunga, el guerrero Hagen mató a Sigfrido y enterró su tesoro en el río Rin. El Rin ha cambiado su curso muchas veces a lo largo de los siglos, de modo que el tesoro no tendría por qué estar bajo el agua.

Aunque es un mito, la historia está basada en la caída de los burgundios en el siglo V. Renania Palatinado se enorgullece de tener el tramo más largo del Rin, salpicado de castillos y anclado en la leyenda que ha inspirado a poetas, pintores y músicos alemanes.

¿De dónde viene el Oro del Rin?


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  • A raíz de hallazgo del supuesto tesoro de los nibelungos, la historiadora Rosa Sala reflexiona sobre lo que hay de real y de leyenda en torno a este codiciado icono de la cultura germánica
¿De dónde viene el Oro del Rin?

«El oro del Rin», lienzo de Hans Makart

Hagen, el asesino de Sigfrido, dejó caer el tesoro «junto al hoyo, en el Rin»: eso es todo lo que «El cantar de los nibelungos» nos cuenta sobre el fenomenal tesoro, aunque aún añade otro dato que todavía nos deslumbra: hicieron falta doce carretas yendo y viniendo durante cuatro días para acarrearlo.

En realidad el Rin siempre ha estado lleno de tesoros. Las tribus germánicas se aventuraban con frecuencia al otro lado de su frontera natural para saquear a sus vecinos romanos. Exquisitas vasijas finamente elaboradas por los mejores orfebres del Imperio eran aplastadas o partidas sin piedad para que pudieran repartirse el botín más fácilmente. Los bárbaros resultaban especialmente vulnerables cuando cruzaban el Rin en balsas sobrecargadas con el preciado metal, así que los romanos aprovechaban ese momento para contraatacar desde la orilla. El oro, naturalmente, iba a parar al río. Aun hoy los arqueólogos encuentran con relativa frecuencia muestras de estos históricos saqueos.

Posiblemente ése fuera el origen de la leyenda. Ni dragones, ni gigantes. Tan sólo un violento choque cultural y el impulso de la codicia. Pero eso no ha impedido que generaciones de alemanes soñaran y sueñen todavía con el fastuoso tesoro. Sobre todo a partir de 1755, cuando «El cantar de los nibelungos» fue redescubierto y convertido en epopeya nacional.

En una época en que Alemania era todavía una nación sin estado, fragmentada en cientos de territorios independientes, el tesoro del Rin se convirtió en un símbolo de la ansiada unificación que permanecía bajo las aguas en espera de un Sigfrido capaz de aniquilar al dragón que lo protegía. Pero la inevitable vinculación del oro con la codicia, defecto vinculado con el prejuicio antisemita, mancillaba este glorioso sentido simbólico. Richard Wagner, que le dedicó una ópera entera («El oro del Rin»), resolvió la paradoja haciendo que para su ingenuo héroe Sigfrido el tesoro solo significara «la voz de la naturaleza». Su enemigo Alberich, en cambio, lo deseaba para «apoderarse del mundo».

El nazismo terminaría afianzando esta perspectiva: el dragón que protege el tesoro no sería otro que Ahasvero, el judío errante. Podemos imaginarnos quién era, a sus ojos, el nuevo Sigfrido llamado a derrotarlo.