El último mameluco de Napoleón


El Pais

  • El sirio Moisés Zumero, miembro de de la caballería oriental de Bonaparte, participó en todas sus campañas y acabó como empleado de Correos

El cuadro de Goya ‘La carga de los mamelucos en la Puerta del Sol’.

Los mamelucos no gozan de buena fama entre nosotros, básicamente a causa de Goya, que los inmortalizó como despiadados represores ataviados con sus desconcertantes ropajes orientales en la sucia lucha en las calles de Madrid el 2 de mayo. Pero esos exóticos jinetes ataviados con turbantes adornados con pluma de garza y rojos pantalones anchos —era fama que en cada pernera cabía un hombre entero— y armados con cimitarras, carabinas y pistolas, tienen una apasionante y aventurera historia.

Se trajo unos cuantos Bonaparte de la campaña de Egipto (donde eran los amos), tras vencerlos, como un souvenir de su gran sueño oriental y los incorporó a la élite de su caballería inmortalizándolos junto a sus húsares, coraceros, dragones, cazadores y lanceros en los más famosos campos de batalla de Europa. Su apariencia era magnífica y su valor y ferocidad legendarios. Los había egipcios, sirios, georgianos, árabes y sudaneses negros, y con el tiempo también se incorporaron al contingente franceses. Crearon moda en Francia. Los pintaron Gerard y Gros (además de Goya) y hasta inspiraron obras literarias, dramas y vodeviles.

Hoy la palabra mameluco tiene, qué le vamos a hacer, cierta carga peyorativa —sobre todo en boca del capitán Haddock—, pero a los más románticos nos evoca una fascinante combinación de coraje y seda, un galopar de colores deslumbrantes coronado por el relámpago de plata de una hoja de Damasco blandida sobre la cabeza como una media luna mortal. No fueron muchos los de Bonaparte, unos centenares, apenas unos escuadrones, que tras su organización fueron encuadrados en el regimiento de Chasseurs à cheval de la Garde, la crème de la caballería napoleónica. Pero disfrutaban de una belle réputation, fama de fiables, intrépidos y valientes y desde luego eran muy visibles, incluso entre los exuberantes atavíos de la Grande Armée.

Napoleón tenía debilidad por ellos y gustaba de hacerlos desfilar en todas sus ceremonias, como su coronación. Les concedió un águila por el valor demostrado en la célebre carga de la caballería de la Guardia en Austerlitz —“nous allons avoir une affaire de cavalerie”, dijo el mariscal Bessières—, en la que fueron codo a codo con los chasseurs de Morland y los grenadiers montados de Ordener y en la que como un huracán desbarataron a los coraceros y húsares rusos, a los granaderos de Semenowski y todo lo que se les puso por delante.

Entre los mamelucos célebres de Napoleón está el pillastre de Roustam, que tomó a su servicio personal Bonaparte y que aparte de dormir en el suelo ante su puerta realizaba trabajillos para su amo. Se le acusó de estrangular a Pichegru y de asesinar al almirante Villeneuve (que en realidad se suicidó), así como de ser a la vez amante de Josefina y del corso… habladurías. Pero Roustam era más un criado que un soldado —aparte de un cantamañanas, véase sus Souvenirs (1911), llenos de autobombo y quejas por las faltas de pago—, y, cobardica, dejó en la estacada a Napoleón cuando lo enviaron a Elba.

Los mamelucos que nos interesan aquí son otros, personajes valientes como Elias Masaad, sabre redoutable, ascendido a capitán tras cargar como un bravo en Eylau y que sumaba 17 heridas y tres costillas perdidas a causa de la metralla; Chahin, que capturó un cañón en Austerlitz, salvó al Chef d’escadron Daumesnil del populacho madrileño el 2 de mayo y acabó su carrera con 40 heridas y habiendo visto morir cinco caballos bajo él; o el irascible Ibrahim, que mató enfurecido a varios parisinos que se reían en la calle de su aspecto extravagante, y que luego cayó prisionero mientras luchaba contra jinetes cosacos al desenrollársele el turbante y cegarle, no sin antes haber dado cuenta de seis enemigos.

El mameluco que nos ocupa hoy, Moisés Zumero (1791-1873), fue uno de esos bravos tipos, participó en 14 campañas, llegó a brigadier, y es tenido por el último de los que sirvieron en el ejército de Napoleón. Así lo acredita la lápida de su tumba en Lavaur, en el Tarn (“le dernier des mamelouks”, un título digno de una novela de Victor Hugo) y la somera biografía que le ha dedicado Thérèse Blondel-Avron —Moïse Zumero, dernier mamelouk de la Garde Impériale (Editions Cabédita, 2009)—.

Ser el último de algo tiene pedigrí. Serlo de esa despampanante caballería de los mamelucos confiere un aura especial a Zumero, de la estirpe de los valientes. Nacido en San Juan de Acre, Moussa Zumero Al’Coussa era miembro de una familia siria de ortodoxos griegos que servían a los pachás otomanos y que se vio involucrada en las guerras de Bonaparte en Oriente. La madre, una hermana y dos hermanos de Moisés murieron durante la sangrienta toma de Jaffa por las tropas francesas en 1799. No obstante el chico, sediento de aventura, se enroló como trompeta en los mamelucos del entonces primer cónsul. Contaba solo ocho años. Al regresar Bonaparte a Francia, Zumero fue uno de los mamelucos que partieron con él. En primera instancia, al reorganizarlos el general Rapp, el chico no encontró cabida por demasiado joven. Pero logró incorporarse, sirvió en España de 1808 a 1812 con una interrupción en 1809 para combatir en Wagram. Fue de los mamelucos que arroparon a Napoleón en la famosa y ardua travesía del Guadarrama en medio de la ventisca y resultó herido de un sablazo en Benavente. Le encontramos luego helado en Rusia —él, hijo de las ardientes arenas sirias— y defendiendo el paso del ejército derrotado en el Berézina. Zumero perdió la mayoría de los dedos de los pies, congelados, pero no la fe en el emperador. Recibió una citación por su bravura al rescatar a su teniente de tres húsares prusianos, matando a uno e hiriendo a los otros. Se batió en Waterloo y sobrevivió para afrontar, como uno de los orphelins de Napoleón, la represión y el terror blanco.

Mientras muchos viejos mamelucos pedían limosna, tuvo la suerte nuestro sirio de casarse en 1816 con una chica encantadora y de posibles, que además era pariente de Charlotte Corday y biznieta de Corneille. Zumero consiguió entrar en la Administración y hacerse empleado de Correos. Un mameluco en Correos parece ya el título de una película de Louis de Funès. Llegó a director. Reclutó a los carteros entre los viejos soldados del imperio, disciplinados y capaces de hacer largas marchas. Hizo bien su trabajo como antes había bien luchado. Sus heridas —perdió el uso de los pies— y la inquina contra los antiguos bonapartistas le condujeron al retiro.

Murió a los 82 años, caballero de la Legión de Honor, burgués respetado. Pero si te acercas en silencio a su tumba en un rincón del sur de Francia, a 40 kilómetros de Toulouse, y prestas atención puedes percibir aún un remoto galopar de caballos, gritos y disparos. Sientes como un soplo la ola de gloria y de coraje y, al cerrar los ojos, avizoras el espectáculo terrible y magnífico de la carga de los audaces jinetes de Oriente, mientras escuchas, atónito y maravillado, la risa salvaje del último de los mamelucos.

Destinos con misterio incluido


El Pais

El mundo está lleno de misterios que nunca comprenderemos pero que son irresistibles. Desde los gigantes de piedra de Isla de Pascua al territorio del misterioso Yeti o a las líneas de Nazca, este es un viaje por algunos de los lugares más indescifrables del planeta, entre posibles extraterrestres y enigmáticas civilizaciones del pasado.

01 Las huellas del Yeti

HIMALAYA, NEPAL

Rolwaling, en la cordillera del Himalaya. / Corbis

A lo largo de la historia ha recibido muchos nombres pero en cualquier parte del mundo podemos encontrar historias sobre una criatura parecida a un gran simio humano. Concretamente la leyenda del Yeti procede del Himalaya y llegó a Occidente a principios del siglo XX. El máximo interés se despertó en la década de 1950, a medida que se conquistaban las montañas del Himalaya. Las fotografías de unas supuestas huellas tomadas por Eric Shipton en 1951 avivaron el interés, y Edmund Hillary y Tenzing Norgay también aseguraron haber encontrado unas huellas de gran tamaño en su ascensión al Everest en 1953.

La región de Rolwaling parece ser el corazón de las apariciones, seguida de cerca por la de Khumbu. Relatos de primera mano cuentan que el Yeti tiene la piel rojiza, cabeza cónica, un aullido agudo y un extraño olor a ajo, pero un letrero en el monasterio de Khumjung esboza los distintos tipos de yeti: el dre-ma y el tel-ma, parecidos al mono, son mensajeros de la calamidad, mientrás que el chu-ti anda a cuatro patas y caza cabras, ovejas y yaks. El peor de todos es el mi-te, devorador de hombres y con muy mal genio. El viajero está avisado.

02 Los guardianes gigantes del Pacífico

ISLA DE PASCUA, CHILE

Hilera de 15 moáis en Ahu Tongariki (isla de Pascua, Chile). / Corbis

Para ser un islote (o casi) situado en medio de un gran océano, la isla de Pascua ha causado una gran impresión en la psicología viajera. Las imágenes de sus moáis de piedra son famosas en todo el mundo, pero lo que aún no se sabe es cómo y por qué se alzan en su costa. Si la tarea de transportar estas cabezas de 85 toneladas (cada una) desde la cantera de Rano Raraku, en el interior de la isla, donde se tallaron, intimida incluso hoy, podemos imaginar lo que suponía en siglos anteriores. La pregunta es siempre la misma: ¿Cómo se las arreglaron los habitantes de una de las comunidades más aisladas del mundo para levantar semejantes moles de piedra? Sigue siendo un misterio.

Para ver una buena hilera de estatuas, iremos a Ahu Tongariki, con 15 moáis. Cuando el sol se asoma en el horizonte, las estatuas adquieren un profundo e impresionante resplandor dorado. Sin embargo, el “semillero” está en Rano Raraku, un volcán extinto que era la cantera de roca volcánica donde se tallaban los moáis. Se puede paser entre estatuas inacabadas en distintas fases de elaboración, en la ladera sur del volcán.

  • Lan Airlines vuela a la isla de Pascua desde Santiago (Chile) y Papeete (Tahití).

03 ¿Campesinos extraterrestes?

LOS CÍRCULOS DE AVEBURY, REINO UNIDO

“Crop circle” en Avebury (Wiltshire, Reino Unido). / Jean du Boisberranger

Los llamados “crop circles” o círculos en las cosechas son uno de los fenómenos más extraños del planeta. Hayan sido creados por lugareños, por fenómenos climáticos o por extraterrestres de mentes geométricas, estos círculos resultan intrigantes desde que comenzaron a aparecer a finales de la década de 1970. Estos “patrones” tienen su hogar espiritual en la población de Avebury (Wiltshire), que casualmente también es famosa por sus círculos de piedras de más de 5000 años de antigüedad, declarados Patrimonio de la Humanidad e igualmente misteriosos, que se atribuyen a los druidas. Por su enorme tamaño, se cree que era el lugar sagrado más importante de toda gran Bretaña o tal vez de todo el continente.

Para experimentar encuentros “extraterrestres” en medio de la cebada, varias empresas ofrecen circuitos. También se puede conocer a los “croppies” (cosechadores) en su taberna preferida, la Barge Inn, en la población de Honeystreet.

  • Avebury está 130 kilómetros al oeste de Londres; hay autobuses a Avebury desde las poblaciones cercanas de Salisbury, Swindon y Devizes. Honeystreet está 10 kilómetros al sur de Avebury.

04 La Atlántida japonesa

YONAGUNI-JIMA, JAPÓN

Ruinas submarinas en Yonaguni (Japón) / Yusuke Okada

La isla habitada más occidental de Japón entró en el mapa de los misterios a mediados de la década de 1980, cuando unos buceadores descubrieron una especie de ruinas submarinas, con rocas que mostraban superficies lisas, líneas y ángulos rectos. La conclusión fue que eran obra del ser humano: la Atlántida japonesa. Hoy, el debate continúa sobre si las rocas forman parte de una estructura humana antigua o se trata de una formación natural “tipo Lego”. Sea como fuere, Yonaguni se ha convertido en uno de los mejores destinos submarinistas de Japón.

  • Hay vuelos a Yonaguni-jima desde Naha, además de dos ferries por semana desde la isla de Ishigaki.

05 Misterios solo a vista de pájaro

LÍNEAS DE NAZCA, PERÚ

Petroglifo de un colibrí en Nazca (Perú). / Tom Till

Es la clase de yacimiento arqueológico que nadie podría inventar. Colibríes, monos, arañas y otras figuras gigantes, todo grabado hace 2000 años en el desierto peruano. Pero lo más misterioso es que no pueden verse desde el suelo. ¿Obra de extraterrestres? ¿Trazos de aeronautas prehistóricos? ¿Un inmenso mapa astronómico? Ninguna explicación sobre estos gigantescos petroglifos del sur de Perú coincide. Su misterio ha atraído a visitantes desde la década de 1940, cuando la arqueóloga alemana María Reiche comenzó a estudiarlas. Dedicó a ello la mitad de su vida, pero ni Reiche ni ningún arqueólogo posterior ha conseguido descifrar este conjunto de 800 geoglifos, formas, líneas rectas y dibujos en la llanura.

A nivel del suelo, la zona tiene el aspecto de un tramo anodino de tierra rojiza. Pero, cuando una avioneta alza el vuelo, las enormes figuras de una ballena, un cóndor y un pelícano se despliegan ante los ojos de los pasajeros. Hay varios museos en Nazca que intentan ofrecer alguna luz sobre el tema (Museo María Reiche, Planetario María Reiche y Museo Didáctico Antonini).

  • Las líneas están en el desierto, 20 kilómetro al norte de Nazca y hay que verlas desde el aire (aunque hay un mirador en la Carretera Panamericana Sur que ofrece una vista oblicua de algunas figuras). Los vuelos sobre las Líneas de Nazca despegan desde Nazca. Para llegar a Nazca hay muchos circuitos organizados, pero también hay autobuses a dicha población desde Lima y Arequipa.

06 Ceremonias y sacrificios entre monolitos

STONEHENGE, REINO UNIDO

Stonehenge, Gran Bretaña. / David Nunuk

Es sin duda uno de los yacimientos prehistóricos más relevantes. El venerable anillo de piedras monolíticas de Stonhenge lleva 5000 años atrayendo a peregrinos, poetas y filósofos. Se trata de un lugar místico y etéreo, un evocador eco del pasado olvidado de Gran Bretaña, recordatorio de una civilización perdida que recorrió las numerosas avenidas ceremoniales que surcaban la llanura de Salisbury. Aunque son innumerables las teorías sobre su función (desde centro de sacrificio a reloj celestial), la verdad es que nadie sabe a ciencia cierta qué llevó a aquellas gentes a emplear tanto tiempo y esfuerzo en su construcción.

  • Stonehenge está a 17 km de la ciudad de Salisbury; el autobús número 3 lleva hasta él desde la estación de autobuses de Salisbury.

 07 El misterio del solsticio de invierno

NEWGRANGE, IRLANDA

Yacimiento prehistórico de Newgrange, Irlanda. / Michelle McMahon

Desde la superficie, Newgrange es solo un túmulo aplastado de unos 80 metros de diámetro y 13 metros de alto. Pero dentro alberga uno de los yacimientos prehistóricos más extraordinarios de Europa, de hacia el 3200 a.C. (unos seis siglos anterior a las pirámides egipcias) la mayor tumba de corredor de la Edad de Piedra en Irlanda. Está en el Condado de Meath, el llamado “Reino Medio”, al norte de Dublín. El propósito del túmulo de Newgrange sigue siendo desconocido. Hay quien apunta que podría ser un cementerio de reyes o un lugar para celebrar rituales, pero el alineamiento con el sol durante el solsticio de invierno sugiere una función de calendario. A las 8:20 en punto del solsticio de invierno (19-23 de diciembre), los rayos del sol naciente iluminan la hendidura que hay sobre la entrada, avanzan lentamente a través del largo pasillo e inundan de luz la cámara funeraria durante 17 minutos.

  • Con cada grupo que visita el montículo se simula un amanecer. Para visitar Newgrange durante el solsticio de invierno hay que participar en un sorteo que se celebra el 30 de septiembre. Más detalles en www.newgrange.com/solstice-lottery.htm.

08 La guarida de los extraterrestres

ROSWELL, NUEVO MÉXICO, EE UU

Extraterrestres en el Museo del OVNI de Roswell. / Robin Loznak

En 1947, en un rancho cercano a la población de Roswell, algo chocó contra la tierra. Nadie le habría dado mayor importancia si los militares no hubieran puesto tanto empeño en silenciar el hecho, lo que, para algunos, dejaba claro el asunto: los extraterrestres habían llegado.

Desde entonces, la curiosidad internacional y la ingenuidad local han transformado Roswell en una guarida de extraterrestres. Unas bulbosas cabezas blancas brillan sobre las farolas del centro, y en julio se celebra un festival UFO con un desfile de disfraces de extraterrestres, discursos de invitados y conciertos. También está el International UFO Museum y el Research Center, de visita obligada para crédulos y coleccionistas de lo kitsch.

  • Para saber más, puede visitarse el centro de visitantes donde además de recoger información, nos podemos sacar una foto con un extraterrestre.

09 Nessie, un monstruo muy familiar

LAGO NESS, ESCOCIA

Barco turístico en el Lago Ness. / Dung Vo Trung

En principio es solo un lago grande cerca de la cabecera de las Highlands escocesas, pero, en cuanto a historias y leyendas, podría tratarse de un océano. Como es bien sabido, se cuenta que el Loch Ness es el hogar de un “monstruo”, conocido cariñosamente como Nessie, una criatura con aspecto de dinosaurio que aparece estelarmente de tarde en tarde. Las historias de una criatura del lago llevaban siglos circulando, pero en 1934 la fotografía de un largo cuello y una cabeza renovó el interés por Nessie. Desde entonces ya no ha decaído, y el lago no deja de atraer a los visitantes de todo el mundo. Loch Ness se extiende entre Inverness y Fort Augustus y el circuito completo alrededor del lago abarca unos 112 kilómetros.

La ciudad de Inverness, situada al norte del lago, es la mejor base para visitar al monstruo. Drumnadrochit es la población cercana al lago, donde la locura por el monstruo invade todas sus calles en forma de tiendas de regalos repletas de peluches de Nessie, y dos centros de exposición sobre el tema.

  • Hay cruceros de una hora para buscar al monstruo, con sónar y cámaras subacuáticas, que zarpan de Drumnadrochit cada hora, todos los días de 9 a 18 horas. Para mantenerse informado de sus apariciones, www.nessie.co.uk.

10 De turismo con los alienígenas

ÁREA 51, NEVADA, EE UU

Imán para los extraterrestres y sus cazadores, se supone que esta base militar, parte de la Nellis Air Force Base, fue desde los cincuenta una zona de confinamiento para los ovnis capturados, incluidos los alienígenas de Roswell. Tan extendida estaba esta creencia que la carretera de acceso, la Highway 375 se conoce como la Extraterrestrial Highway. Sin embargo, a mediados de julio de 2013, la CIA, que siempre había negado su existencia, reconoció que la Área 51 no solo existe, sino que se creó en plena Guerra Fría para desarrollar aviones espía. Sin embargo, la desclasificación de los documentos secretos de la central de inteligencia no han hecho desistir a los amantes del misterio.
  • Terrícolas y extraterrestres pueden pernoctar en el Little A’Le’Inn, en el pequeño pueblo de Rachel, y adquirir muchos recuerdos alienígenas.

Estas experiencias y otras 990 están recogidas en el libro “1000 experiencias únicas” de Lonely Planet (GeoPlaneta). Más información en www.lonelyplanet.es.

Egipto fuera de Egipto


El Pais

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Mastaba (tumba en forma de pirámide truncada) de Mereruka (hacia 2300 antes de Cristo), visir del faraón Teti (VI Dinastía). / ISIDORO MERINO

Las cosas se han puesto feas en Egipto, un país maravilloso y fascinante al que recomiendo viajar en cuanto las aguas se calmen. Entre tanto, habrá que conformarse con los tesoros del arte faraónico (algunos, fruto del expolio sistemático de templos y tumbas por aventureros como Giambattista Belzoni) que se exhiben en museos de Europa y Estados Unidos.

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Museo egipcio de Turín (Italia)

En 2006, el escenógrafo Dante Ferretti, colaborador de Fellini y Pasolini, recreó la penumbra de una tumba faraónica para transformar la colección de esculturas del Museo Egipcio de Turín, una de las más importantes del mundo, en un espacio solemne y misterioso donde destaca una figura  sedente de Ramsés II, la joya del museo, fundado en 1824 por el rey Carlo Felice de Saboya con las estatuas, papiros, cerámicas, amuletos, muebles, momias, joyas, objetos domésticos y ajuares funerarios reunidos por Bernardino Drovetti (1776-1852) durante su estancia como cónsul francés en Egipto. Drovetti aprovechó su amistad con el virrey Mohamed Ali para sacar del país  más de 5.000 piezas que vendió por una fortuna.  Excavaciones posteriores, como las que realizaron Ernesto Schiaparelli y Giulio Farina entre 1903 y 1937, contribuyeron a enriquecer los fondos de la colección, que hoy cuenta con más de 26.500 piezas, de las que sólo unas 6.500 pueden ser expuestas.  EL PAÍS / EFE

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Museo Gregoriano Egipcio en los museos Vaticanos. Roma (Italia)

Creado por el papa Gregorio XVI en 1839, buena parte de sus fondos proceden de excavaciones en Roma y   Villa Adriana (Tívoli), lo que demuestra la importancia que alcanzó el culto a Isis, importado de Egipto, durante la época imperial.  Nicho de la Piña, con varias estatuas de la diosa Sejmet. / I. M.

 

Busto de Nefertiti en el Neues Museum

Neues Museum. Berlín (Alemania)

Hace 100 años que la bella Nefertiti,  “señora de la dulzura”, esposa del faraón Akenatón (1353-1336 a. C), llegó a Berlín. Su célebre busto, convertido en canon de belleza, fue  hallado entre las ruinas del taller del escultor Tutmose en el curso de las excavaciones en Tell el-Amarna que dirigía el egiptólogo alemán Ludwig Borchardt; hoy reina altiva desde su pedestal en las salas de arte egipcio del Neues Museum, remodelado por el arquitecto británico David Chipperfield. /ACHIM KLEUKER / STAATLICHE MUSEEN ZU BERLIN

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Metropolitan Museum. Nueva York (Estados Unidos)

Cerca de 26.000 objetos, de un período que abarca desde el paleolítico a la era romana (300,000 a.C.–siglo IV d. C) constituyen las colecciones egipcias del Metropolitan, fruto de las misiones arqueológicas iniciadas por el museo en 1906. La estrella del museo es el templo de Dendur (siglo I a. C.), gemelo del madrileño de Debod y al igual que este, un regalo del Gobierno egipcio por la ayuda en el salvamento de los monumentos de Nubia tras la construcción de la presa de Asuán. Templo de Dendur / WIKIMEDIA

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British Museum. Londres (Reino Unido)

Junto a  tesoros como los mármoles del Partenón (reclamados por Grecia), el estandarte de Ur o las esculturas del mausoleo de Halicarnaso, el edificio neoclásico del British Museum, en el barrio londinense de Bloomsbury, alberga uno de los mayores conjuntos de sarcófagos, papiros y esculturas faraónicas. En él también se exhibe la piedra de Rosetta, que permitió a Champollion descifrar los jeroglíficos. Foto: Juicio de Hu-Nefer. Papiro tebano de la 19ª dinastía. / BRITISH MUSEUM

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Museo del Louvre. París (Francia)

El primer conservador del departamento de antigüedades egipcias del museo del Louvre fue Jean-François Champollion, padre de la egiptología moderna. En sus salas se pueden contemplar maravillas como El escriba sentado, una de las obras maestras del Imperio Antiguo, hallada en la necrópolis de Saqqara, cerca de Menfis (en la foto). / MUSÉE DU LOUVRE

Los europeos usaban especias para condimentar la comida hace más de 6.000 años


El Mundo

  • Usaban plantas para mejorar el sabor y no sólo por su valor nutricional
Las semillas son parecidas a las de la aliaria o hierba del ajo ('Alliaria petiolata').

Las semillas son parecidas a las de la aliaria o hierba del ajo (‘Alliaria petiolata’).

Añadir especias a la comida para preparar platos más apetitosos es una costumbre habitual entre las poblaciones humanas desde hace muchos siglos. Sin embargo, lo que no se sabía es que ya se utilizaban en una época tan temprana como ha mostrado el análisis realizado a vasijas de cerámica encontradas en tres yacimientos de Alemania y Dinamarca.

Los resultados demuestran que hace ya 6.100 años los europeos empleaban plantas para mejorar el sabor de su comida. Así que las apreciadas especias, cuya búsqueda propició expediciones históricas como el viaje de Cristóbal Colón a América o el de Vasco da Gama a África y a la India hace 500 años, ya eran apreciadas por nuestros antepasados prehistóricos.

Los científicos lograron rescatar restos carbonizados de varios recipientes de cerámica que se utilizaban para cocinar. Según detallan esta semana en la revista ‘PLOS ONE’, encontraron trazas de semillas de una planta que debía ser muy parecida a la actual aliaria o hierba del ajo (Alliaria petiolata).

Un toque picante

Se trata de una especie vegetal que se encuentra en Europa, Asia Central, el norte de India y el oeste de China. Alcanza el metro de altura y se utiliza para aromatizar platos por su sabor picante que, como su nombre indica, recuerda al del ajo.

Y es que, según explica a ELMUNDO.es el italiano Marco Madella, coautor del estudio, la aliaria es una planta sin valor nutricional, lo que demuestra que se utilizó para mejorar el sabor de los alimentos que cocinaban y no por su valor nutricional, como se pensaba que se hacía en aquella época.

Además, las trazas de este condimento aparecieron junto a restos de animales, tanto terrestres como marinos, y de otras plantas, lo que respalda la hipótesis de que se utilizaban para condimentar estos alimentos: “Estamos hablando de poblaciones muy tempranas, de las que siempre se discute cómo aprovechaban los recursos. Se creía que utilizaban las plantas por su valor nutricional más que por su sabor”, añade Madella en conversación telefónica desde Barcelona, donde desde hace ocho años investiga en la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados.

El nacimiento de la gastronomía

Anteriormente se habían encontrado otros restos que evidenciaban el uso de especias en Europa para condimentar alimentos, pero no tan antiguos. Por ejemplo, recuerda Madella, en el Mediterráneo se utilizaban hierbas como la amapola, aunque los restos tienen una antigüedad de unos 5.000 años. Las semillas de aliaria utilizadas hace 6.100 años serían las más antiguas encontradas en el continente europeo hasta la fecha.

Para identificar de qué planta se trataba, la compararon con 120 especies europeas y asiáticas. No fue fácil averiguar qué tipo de hierbas usaban nuestros antepasados, pues las muestras estaban carbonizadas y se trata de un material que no suele conservarse: “Tenemos pocas pruebas del uso de plantas porque la materia vegetal, al ser cocinada, tiende a desaparecer. No obstante, en este caso hemos sido capaces de recuperar estos restos microbotánicos, los denominados fitolitos, que provienen de las semillas”, señala el investigador.

Nuestros antepasados añadían a las ollas de cerámica las semillas maduras de la aliaria para darle un toque picante, sentando las bases de la gastronomía en Europa.

La escuela de gladiadores de Turquía cierra sus puertas por falta de visitantes


ABC.es

  • La academia Aspendos, en la región de Antalya, ofrecía espectáculos de lucha y venta de esclavos imitando los de la Roma clásica
La escuela de gladiadores de Turquía cierra sus puertas por falta de visitantes

abc | El actor Russell Crowe en la película «Gladiador»

Luchas con espada y tridente, exhibiciones a caballo, ventas de esclavos… Eso era lo que, hasta ahora, ofrecía la Escuela de Gladiadores Aspendos, la única de este tipo en Turquía y una de las pocas del mundo después de la de Roma. Situada en la localidad costera de Serik, en la provincia de Antalya, una de las más turísticas de Turquía, la academia entrenaba a luchadores en las desaparecidas artes bélicas de los gladiadores, y posteriormente mostraba las enseñanzas en espectáculos en los que participaban hasta sesenta figurantes.

«Por supuesto, tenemos preocupaciones comerciales, pero nuestra principal motivación es nuestro amor e interés por la historia», declaraba Ali Akay, gerente de la academia, poco antes de su inauguración. Para ello, se empleó a asesores como el historiador Mehmet Bicioglu, que aconsejó sobre qué aspecto tenía que tener la vestimenta de los gladiadores –hecha a mano expresamente para estos espectáculos-, las armas utilizadas y otros aspectos clásicos.

«Revivimos la tradición romana»

El espectáculo –que se ofrecía los martes y los sábados por la noche- incluía no sólo combates en los que luchaban hasta una docena de gladiadores, sino también un mercado romano en la arena, en el que los visitantes podían comprar souvenirs clásicos. El recinto, con capacidad para ochocientos espectadores, está construido imitando un anfiteatro romano auténtico. «Estamos reviviendo la tradición romana en tierras anatolias», aseguraba Bicioglu.

La iniciativa, sin embargo, no ha tenido un final feliz. El verano pasado, el número de visitantes fue muy inferior al esperado por los organizadores. Este año, las protestas antigubernamentales del pasado junio han provocado un marcado descenso del turismo, lo que ha supuesto la puntilla para esta aventura. Se desconoce la cifra de pérdidas, pero se suponen bastante elevadas: ya antes de la apertura en mayo de 2010, la inversión había superado las 300.000 liras turcas (unos 115.000 euros).

Nadie sabe muy bien por qué la academia no ha logrado despertar el interés de los (a pesar de todo) abundantes turistas. Tal vez el lugar se encuentra demasiado alejado y mal comunicado con los complejos turísticos de Antalya, o será que el tiempo de los gladiadores ha pasado y son pocas las personas interesadas en presenciar un espectáculo semejante. En todo caso, ahora, los antiguos gladiadores, en su mayoría provenientes de las localidades de los alrededores, sobreviven realizando trabajos estacionales durante la temporada turística en Antalya y otras ciudades, según informa el diario «Hürriyet Daily News».