Alejandro Malaspina, el ilustrado explorador que acabó desterrado por «revolucionario»


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  • Ésta es la historia del oficial de la armada que en tiempos de Carlos III dirigió la primera gran expedición científica global

Alejandro Malaspina, el ilustrado explorador que acabó desterrado por «revolucionario»

Alejandro Malaspina (1754-1810)

Con la ambición de revivir la aventura ilustrada de Alejandro Malaspina (1754-1810), los científicos del CSIC presentaron el miércoles los resultados de la expedición Malaspina 2010. Un recorrido en barco alrededor del mundo, que sirvió para celebrar el 200 aniversario de la muerte del explorador y oficial de la armada española que, en tiempos de Carlos III, dirigió la primera expedición científica de ámbito global de su época.

Natural de la localidad italiana de Mulazzo, provenía de familia de nobles. Sirvió en la armada española y participó en la defensa de Melilla frente a los marroquíes. En 1780 se sumó al asedio a Gibraltar. Durante el combate, los ingleses capturaron su navío. Aprovechando la fuerte tempestad, el teniente Malaspina sublevó a la tropa y recuperó el control de la nave. Se corrió la voz y desde la bahía gaditana celebraron la hazaña. Dos años después regresó al mismo teatro de operaciones en el cabo Espartel, durante el largo bloqueo que mantuvieron las escuadras hispano-francesas sobre la colonia británica, mereciendo el ascenso a capitán de fragata por su valor en los combates.

Primera expedición científica

Tras dos viajes a las islas Filipinas, proyectó su singladura más ambiciosa. Fiel al espíritu ilustrado del siglo XVIII, planeó un viaje alrededor del mundo, con el fin de descubrir nuevas especies, elaborar mapas más precisos y redactar un informe para el monarca Carlos III sobre las minas de oro y plata de la Corona en las Américas. En menos de un año, las embarcaciones estaban preparadas, la tripulación y los naturalistas reclutados. Tardaron cincuenta y un días en avistar tierra y llegar a Montevideo. Tras reconocer la costa de la Patagonia, bordearon el cabo de Hornos y en aguas del Pacífico visitaron las minas de metales preciosos. Buscaban el paso entre los océanos descrito en el viaje de Ferrer Maldonado en 1588, pero el paso no existía.

De regreso a Cádiz, les acompañó una fragata de guerra para evitar el asalto de la armada francesa. Tras cinco años de travesía, las corbetas regresaron a Cádiz. No dieron la vuelta al mundo, pero exploraron «in situ» las costas de América y los mares Atlántico y Pacífico. En su diario se lee que se siente cansado, a la vez que satisfecho por los resultados del viaje.

Conspiración de Godoy

Sería en tierra, con el nuevo soberano Carlos IV, donde Godoy le acusó de instigador y revolucionario. Había decidido meterse en política, pero el tiempo pasado lejos de la Corte y la falta de la confianza del nuevo monarca —unido a que la memoria del viaje de exploración no tuvo a su llegada el éxito esperado—, darían al traste con sus ambiciones. La noche del 23 de noviembre de 1795 fue arrestado en su casa de Buenavista, en Madrid. La noticia corrió de boca en boca por la ciudad y el gobernador temía tumultos, dada la gran popularidad del marino. No se conocen los motivos del arresto y algunos especulan con la venta de una isla descubierta por él en el Pacífico.

Lo que las temibles tormentas tropicales no habían conseguido, lo lograría la enemistad y la envidia de su oponente Godoy. Malaspina fue juzgado y condenado a diez años de cárcel, en el castillo coruñés de San Antón. En 1803, la pena le fue conmutada por el destierro a Italia, trasladándose a Génova. Un injusto proceso político que tiró por la borda los esfuerzos de su vida de oficial e ilustrado explorador.

El fotógrafo que consiguió inmortalizar al auténtico Don Corleone


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  • En 1959, un desconocido fotógrafo chileno logró que el mafioso Guiseppe Russo posara para él, después de ganarse la confianza de su familia
El fotógrafo que consiguió inmortalizar al auténtico Don Corleone

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Un desconocido fotógrafo chileno fotografió al mafioso Guiseppe Russo

La prestigiosa agencia de fotografía Magnum siempre ha presumido de tener solo a los mejores profesionales en su plantilla. Por eso, en 1959, Sergio Larraín, un joven y desconocido fotógrafo chileno que deseaba ingresar en esta agencia no dudó en aceptar la descabellada propuesta de uno de sus fundadores, Henri Cartier-Bresson.

La prueba que tenía que superar Larraín para ingresar en Magnum, tal y como relata el blog «Miradas cómplices» consistía en fotografiar al temido mafioso siciliano Giuseppe Genco Russo, una hazaña que hasta entonces nadie había conseguido.

Larraín se trasladó a Sicilia y durante tres meses recorrió la isla, capturando todo tipo de escenas en sus pueblos. Sin embargo, fue incapaz de averiguar el paradero del jefe de la Cosa Nostra. Nadie se atrevió a decirle donde vive Russo y, cando ya todo parecía perdido, en una conversación en un bar, un lugareño le contó que Russo vive en un poblado llamado Caltanissetta.

El fotógrafo se traslada al pueblo y alquila una habitación justo en frente de la casa del mafioso. Parapetado tras la ventana, toma cientos de fotografías, pero ninguna le convence. Quiere sacar un retrato de Russo, así que decide cambiar de estrategia.

Haciéndose pasar por un turista interesado en las ruinas romanas de la zona, Larraín se gana la confianza del abogado de Russo, quien lo introduce en casa de Russo y no tarda en tener también simpatías de toda la familia del «padrino».

En una de sus frecuentes visitas, tras un auténtico banquete, el fotógrafo saca su cámara y comienza a fotografiar distintos objetos de la vivienda y Russo se retira a dormir una siesta. Larraín, que ya tiene el billete de tren en su bolsillo para volver a Roma al día siguiente, lo sigue hasta la habitación y comienza a sacarle fotos, mientras el mafioso descansa sentado en un diván.

Sin embargo, es sorprendido in fraganti por los guardaespaldas de Russo que, sorprendido por la extraña actitud de su invitado, solo acierta a preguntarle por qué tomaba tantas fotografías. Haciendo gala de una enorme sangre fría, el chileno le respondió que lo hacía porque solo así podría seleccionar la mejor para incluirla en su álbum de recuerdos.

Satisfecho por la respuesta de Larraín, el capo mafioso decide ponerse un traje y un sombrero y posar bajo un retrato para la siguiente foto que, semanas después se convirtió en la portada de numerosas revistas de todo el mundo y le valió al fotógrafo chileno su entrada en Magnum por la puerta grande.