Hallan la cabeza del rey Ricardo III de Inglaterra


El Mundo

La Universidad de Leicester, junto a la cadena Channel 4, ha presentado la primera fotografía de los restos humanos hallados en una iglesia que, según se ha confirmado este lunes, corresponden al rey Ricardo III de Inglaterra. La imagen ha sido publicada como anticipo del anuncio de la Universidad de Leicester, que ha detallado los resultados de sus investigaciones sobre la identidad del esqueleto.

La imagen muestra la forma del cráneo del esqueleto hallado (Frailes Grises). La Universidad ha investigado el cráneo en busca de signos de daño en la parte posterior de la cabeza, potencialmente causado por lesiones sufridas en batalla.

La Universidad ha publicado la imagen tras meses de análisis del esqueleto a cargo de la doctora Jo Appleby, profesora de Bioarqueología Humana en la Escuela Universitaria de Arqueología e Historia Antigua, quien dirigió la exhumación de los restos en septiembre de 2012.

La doctora Appleby ha dicho: “El cráneo estaba en buenas condiciones, aunque en estado frágil, y fue capaz de darnos información detallada acerca de este individuo. Con el fin de determinar si esta persona es Ricardo III hemos construido un perfil biológico de sus características. Asimismo, hemos examinado cuidadosamente el esqueleto buscando rastros de una muerte violenta”.

Los restos fueron encontrados en el lugar donde se cree que Ricardo III fue enterrado después de su muerte en la batalla de Bosworth en 1485. El esqueleto muestra evidencias de lo que se cree escoliosis y signos de traumatismos sufridos en batalla trauma signos que sugieren que podrían ser los restos del monarca medieval.

La impresora 3D puede ser clave para colonizar otros mundos


El Confidencial

Las colonias humanas en la Luna o Marte podrían hacerse realidad antes de lo esperado gracias a la impresora 3D, un dispositivo que, aunque surgió en silencio, está llamado a encabezar la próxima revolución industrial. Crear un hábitat en otro planeta es la principal ambición de las agencias espaciales de EEUU y Europa desde hace décadas. Sin embargo, para llevar a cabo la que sería la mayor obra de la historia de la Humanidad aún quedan varios obstáculos.

Entre todos, el mayor es la incapacidad de producir materiales sobre el terreno. Y es que todo, desde una tuerca hasta el abono para cultivar, tendría que ser transportado desde la Tierra, con las limitaciones coyunturales, de tiempo y, sobre todo, económicas que ello conllevaría.

La impresora tridimensional es hija conceptual de su antecesora. Nació una tarde de primavera de 1995 cuando dos estudiantes del MIT decidieron sustituir la tinta líquida de su impresora por un polvo plástico. El polvo, al aplicarse varias veces sobre una misma zona, creaba un relieve que con el tiempo llegaba a compactarse. No sería hasta 2009 cuando los costes de producción alcanzasen una cota razonable para el gran público. Hoy toda una industria florece a su alrededor. Hay quien hace pistolas de un solo uso, quien vende reproducciones de fetos a los papás e incluso alguno se atreve a intimar con sus creaciones.
En el ámbito científico sus aplicaciones destacan en el campo de la biomedicina. Numerosas líneas de investigación ahondan en la posibilidad de producir órganos personalizados con esta tecnología. Suena a ciencia ficción, pero lo cierto es que los expertos señalan un plazo máximo de 8 a 10 años para ver latiendo un corazón trasplantado hecho con una impresora 3D.
La industria aeroespacial también le ha encontrado la gracia. Los científicos de la NASA y la ESA han visto en la impresora 3D la gran esperanza blanca de la carrera espacial, y lo consideran un elemento clave para la penúltima fase: establecer vida humana en otros planetas. La agencia norteamericana ya la está empleando para crear prototipos de las piezas que conformarán los futuros cohetes espaciales. A medio plazo el reto gira en torno a conseguir unidades eficaces y ligeras que acompañen a los astronautas en su viaje.

Un edificio en una semana

El ahorro sería de tal magnitud que daría un vuelco a los actuales presupuestos aeroespaciales. “La impresión en 3D ofrece medios potenciales para facilitar el asentamiento lunar con una logística reducida desde la Tierra”, apunta Scott Hovland, miembro del equipo de la ESA de vuelos tripulados. Nuestras impresoras actuales tienen un ritmo medio de 2 metros por hora, mientras que la siguiente generación alcanzará los 3,5 metros a la hora, lo que permitiría completar un edificio entero en una semana.
En un entorno tan hostil como las llanuras de la Luna la impresora multiplica su utilidad. Sería, por ejemplo, capaz de recrear la pieza dañada de un vehículo, una cuchara o las miles de láminas aislantes necesarias para fabricar una biosfera. Y con un coste moderado, de tener éxito investigaciones como la de la Universidad de Washington, dedicada a encontrar las ventajas y los inconvenientes del regolito lunar como material de construcción. Compuesto por una combinación de óxidos de silicio, aluminio, calcio, hierro y magnesio, cubre toda la superficie lunar.
De revelarse como un material apto, podrían construirse ciudades en suelo lunar con el único gasto energético de la impresión. Por el momento han conseguido estructuras con una rigidez semejante a la del vidrio. “No son gran cosa, pero se pueden emplear para algo. En un tiempo será posible fabricar estructuras fiables, pese a que suene a ciencia ficción. Es realmente posible”, explica el doctor Amit Bandyopadhyay, principal autor del estudio.

Última estación: las bellas artes


El Pais

  • Un recorrido histórico y literario por la icónica Grand Central Terminal de Nueva York
  • La estación fue construida hace cien años por la adinerada familia Vanderbilt

hal morey (getty)

Le llamaban el comodoro porque había construido su imperio con los barcos de vapor, pero la visión empresarial del titán Cornelius Vanderbilt no se detuvo en las orillas. Apostó con decisión por el ferrocarril y no hizo caso de quienes consideraban que la calle 42 de la isla de Manhattan era “el fin del mundo” y una estación allá arriba, un plan descabellado. Si acaso sus previsiones fueron cortas ya que aquella Grand Central Depot pronto se desbordó. Así que sería William, heredero del emporio, quien, forzado por un accidente en 1902, pondría en marcha el plan de construir una moderna y grandiosa terminal, que este año celebra su centenario.

Grand Central Terminal abrió sus puertas en la medianoche del 1 de febrero de 1913 y fue saludada desde los periódicos como “una gloria para la metrópolis”, símbolo de modernidad y lujo, con vías a dos alturas, suelos de mármol, impresionantes cristaleras y una cúpula central con la constelación del zodiaco pintada al revés por error. El edificio —tres bloques de la calle 42 a la 45 en el centro de la isla— fue diseñado por los estudios de arquitectura: Warren & Wetmore y Reed & Stem.

La crítica de arte Dore Ashton escribe acerca del delirio de grandiosidad romana imperial que surgió en esa Norteamérica de fin de siglo que bullía con el comercio y las finanzas y señala Grand Central y la demolida Pennsylvania Station como dos ejemplos. “Originalmente construida como símbolo de la fama y fortuna de los Vanderbilt, el edificio rápidamente pasó simbólica y literalmente de sus manos a las de los millones de personas que transitaban diariamente por ella”, asegura el arquitecto John Belle, encargado de su restauración en los noventa y autor del libro Grand Central. Gateway to Million Lives.

A finales de los treinta el número de personas que pasaban por esta terminal en un año se aproximaba a la población de EE UU. Grand Central siempre tuvo vocación comercial y de punto de encuentro, sus pasillos permitían un atajo para cruzar varias calles y fue desde el principio un buen lugar para buscar refugio de las inclemencias del tiempo, hacer compras, comer algo o incluso tener un breve encuentro amoroso en hoteles como el Biltmore (ya desaparecido) que conectaba directamente con la estación, como señala la guía WPA del Writer’s Association Project.

Ese mismo hotel era epítome del jazz age para Scott Fitzgerald, que lo menciona en su cuento May Day. El Biltmore también era donde J D Salinger se encontraba con el director de la revista The New Yorker William Shawn. En la sala de espera de la estación es donde el protagonista de El guardián entre el centeno, Holden Caufield, decide pasar la noche en su escapada por Nueva York.

Grand Central se convirtió en territorio de ficción antes incluso de que la nueva terminal fuese construida. Edith Wharton sitúa la primera escena de La casa de la alegría en el vestíbulo. Thomas Wolfe, señalado por Faulkner como uno de los grandes de su generación, también se detuvo en sus pasillos en You can’t go home again. Tan fértil, complicada y variada como la propia ciudad la presencia literaria de la bella terminal, recoge su atribulada historia, a veces tan cruel y dura como la de Lee Stringer, el escritor vagabundo y adicto al crack que escribió los cuentos de Grand Central Winter. También la canadiense Elizabeth Smart lleva la estación al título de su novela En Grand Central Station me senté y lloré.

En el cine, Hitchcock ha sido uno de los directores más fascinados con la estación, que aparece en Encadenados y Con la muerte en los talones. Lo cierto es que los cameos de Grand Central en la gran pantalla abarcan desde la cueva del malvado Lex Luthor en el primer Superman hasta Cotton Club, Argameddon, Carlito’s way o la película animada Madagascar. El glamour fue una constante durante varias décadas en la terminal cuando cada día se desplegaba una alfombra roja en el inmenso vestíbulo, la llamada Twentieth Century Fox, para que pasajeros, entre los que se encontraban Marlene Dietrich o Mae West, subieran al tren de Chicago. En los treinta tuvo su propio cine en las plantas subterráneas, donde se proyectaban noticieros, y cuando la televisión llegó CBS instaló en una planta los estudios desde los que Edward Murrow cargó contra la caza de brujas de McCarthy.El laberíntico plano de Grand Central, que cuenta con cinco plantas bajo el nivel de la calle, está plagado de secretos. La leyenda cuenta que Andy Warhol hizo una de sus míticas underground parties en uno de los pasadizos que comunica con el hotel Waldorf, y que originalmente fue usado por el presidente Roosevelt. El funambulista Philippe Petit cruzó el atrio principal de la estación en los ochenta y el coreógrafo Merce Cunningham la usó como escenario. Grand Central contó en sus primeros años con una galería de arte donde se vendían cuadros de John Singer Sargeant entre otros, y en 1924 también albergó una escuela de Bellas Artes.La revuelta de 1968 cuando la policía cargó contra cerca de 6.000 personas congregadas en un Yippie Festival marcó el principio de una oscura decadencia que amenazó con reducir a cimientos el bello edificio. Un grupo de defensores del patrimonio de la ciudad, entre los que fue especialmente activa Jackie Onassis, batallaron durante décadas para salvar Grand Central y lograron que fuese restaurada. En este año de su centenario, para conmemorar el final feliz, habrá lecturas poéticas en abril, una exposición organizada por el Transit Museum de Nueva York e instalaciones artísticas en el atrio. También se ha convocado un concurso de arquitectura en el que han participado Norman Foster y los estudios SOM y WXY para rediseñar los aledaños de una de las joyas más valoradas de esta ciudad.

 

Descubren 34 especies fósiles con 3 millones de años de antigüedad


El Confidencial

Tres millones de años después de quedar atrapadas en un pozo de asfalto, los fósiles de 34 especies de animales rescatados y analizados, entre ellos, tigres dientes de león y de cimitarra, y una nueva especie de caimán, han quedado al descubierto y pueden ser apreciados en una exhibición en Caracas.

Un pozo de asfalto de más de 18.000 metros cuadrados ubicado en la zona llamada El Breal de Orocual en el oriental estado Monagas de Venezuela fue la trampa que el pleistoceno tendió a un buen grupo de animales que dejaron además testimonio novedoso de la peregrinación de algunas especies muy lejos de lo que hasta ahora se conocía. A ese sitio fue a dar, infieren los científicos, un primer mamífero, tal vez un caballo, que un tigre quiso atrapar, pero ambos quedaron pegados en el viscoso lago con superficie de agua.

Poco a poco quedaron atascadas además, aves carroñeras, insectos, y así todo un ecosistema que ha sido analizado por expertos desde 2006 cuando se realizó el primer hallazgo y que seis años después, aún ofrece revelaciones como la detección de una nueva especie de reptil, bautizado Caiman venezuelensis, a fines de 2012. El hallazgo de los fósiles sucedió cuando la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) realizaba obras para construir un oleoducto pero las excavaciones fueron paralizadas repentinamente cuando los trabajadores divisaron lo que parecían ser unos huesos.

El análisis de los restos pasó entonces a manos de paleontólogos del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) que hasta hoy han descrito 34 especies entre las que se cuentan caballos, llamas, armadillos gigantes, osos hormigueros tres veces más grandes de los que existen en la actualidad, además de reptiles, culebras, tortugas y aves.

El pozo y sus inquilinos revelan no solo que estos animales poblaron la zona entre 2,5 y 4 millones de años atrás, sino que muestran además, según dijo a Efe el paleontólogo del IVIC Ascanio Rincón, el recorrido de algunas de estas especies por cuatro de los cinco continentes en ese entonces.

Ese es el caso del “hipercarnívoro” tigre dientes de cimitarra. Los restos de este “gato” son los primeros que se han conseguido en Suramérica, por ello fue identificado como Homotherium venezuelensis y su hallazgo lleva a los científicos a concluir que este felino “le dio la vuelta al mundo”. Los tigres dientes de cimitarra se originaron en África hace cuatro millones de años, el siguiente registro en tiempo geológico se ubica en Europa, después en Asia y el rastro terminaba en Estados Unidos hasta que fue encontrado en Venezuela.

El lugar, “en el que también han quedado atrapados los paleontólogos”, bromea Rincón, “documenta el momento en el que Suramérica y Norteamérica se conectaron hace aproximadamente unos tres millones de años” cuando se elevó el istmo de Panamá abriendo un puente para el flujo de fauna y flora de un territorio a otro. En Argentina se han encontrado algunas de las especies halladas en el Breal y que hasta ahora nunca se habían ubicado tan cerca al lugar de unión entre los dos subcontinentes americanos.

La mayor parte de los esqueletos del pleistoceno rescatados de El Breal de Orocual se encuentran ahora majestuosamente exhibidos en el centro de exposiciones del Centro de Arte La Estancia que pertenece a PDVSA en el este de Caracas.