Hallan un cementerio de hace 3.000 años dentro de un templo faraónico en Luxor


ABC.es

  • El descubrimiento se produjo durante los trabajos de limpieza y excavaciones llevados a cabo por arqueólogos italianos
Hallan un cementerio de hace 3.000 años dentro de un templo faraónico en Luxor

EFE / Un experto trabaja en el interior de una de las tumbas halladas en el templo del faraón Amenhotep II con un vaso canopo en sus manos usado por los antiguos egipcios para guardar las vísceras del fallecido embalsamadas

Un cementerio con tumbas excavadas en la roca, que datan de entre 664 y 1075 a. C., ha sido descubierto en el interior de un templo del faraón Amenhotep II (1291-1550 a.C.) en la ciudad monumental de Luxor, a unos 700 kilómetros al sur de El Cairo.

El Ministerio de Estado para las Antigüedades ha anunciado en un comunicado que el descubrimiento se produjo durante los trabajos de limpieza y excavaciones llevados a cabo por arqueólogos italianos en el templo funerario de Amenhotep II, en la orilla occidental del Nilo.

Cada tumba contiene un pozo que conduce a una habitación, donde se enterraba el difunto y donde fueron encontrados restos de ataúdes de madera con inscripciones y dibujos en rojo y negro. Además, los arqueólogos descubrieron en las tumbas varios esqueletos y unos doce vasos canopos, que los antiguos egipcios utilizaban para guardar las vísceras del fallecido embalsamadas.

Los vasos tienen tapas con la forma de cada uno de los cuatro hijos del dios Horus, responsables de proteger los órganos del muerto.

El temido asteroide ‘Apophis’ se aproxima a la Tierra


El Mundo

Recreación artística del asteroide '99942 Apophis'. | El Mundo

Recreación artística del asteroide ‘99942 Apophis’. | El Mundo

En la mitología egipcia, ‘Apophis’ era un dios que encarnaba las fuerzas del mal y suponía una amenaza para el orden. Representado como una gran serpiente que vivía en las aguas del Nilo, los egipcios pensaban que los eclipses eran obra suya. ‘Apophis’ es también el nombre con el que fue bautizado un asteroide de más de 300 metros de diámetro que los científicos estudian con gran interés porque, según sus cálculos, existe el riesgo, aunque remoto, de que choque contra la Tierra en las próximas décadas. Más probable es que cause daños a los satélites de comunicaciones que orbitan a 36.000 kilómetros de distancia.

En las últimas horas, el asteroide se está acercando a la Tierra a una distancia que está permitiendo a los astrónomos recabar nuevos datos para estudiarlo mejor y calcular su trayectoria con el objetivo de averiguar hasta qué punto representa una amenaza para nuestro planeta. El momento de mayor aproximación, a unos 14,5 millones de kilómetros, se producirá durante la noche del miércoles al jueves, sin que suponga ningún peligro para la Tierra. (A modo de comparación, la Luna se encuentra a unos 385.000 kilómetros de distancia de nuestro planeta).

Visitas en 2029 y 2036

Según los cálculos de los científicos, ‘99942 Apophis’, que fue descubierto en 2004 y que antes se conocía con el nombre ‘2004 MN4’, rozará nuestro planeta el 13 de abril de 2029, situándose a unos 30.000 kilómetros de distancia, aunque descartan que pueda producirse un choque con la Tierra en esa fecha. Sin embargo, sí supondrá un peligro real para los satélites geoestacionarios, que orbitan a esa distancia.

Más preocupante parece la aproximación a nuestro planeta que el asteroide hará en 2036. Todavía es pronto para saber cuál será su trayectoria ese año y, de momento, sólo pueden dar probabilidades. Las posibilidades de que se produzca un impacto con la Tierra son muy bajas, aunque todavía no pueden descartar un choque.

En 2004, cuando se descubrió el asteroide, se calculó que había un 2,7% de posibilidades de un choque con la Tierra en 2029. Sin embargo, las mediciones que se llevaron a cabo posteriormente descartaron que pudiera producirse un impacto.

Cómo proteger la Tierra

Durante su aproximación a la Tierra, el pasado fin de semana, el telescopio Herschel de la Agencia Espacial Europea (ESA) captó durante dos horas nuevas imágenes de ‘Apophis’, que han revelado que este cuerpo celeste es más grande de lo que se había calculado. Hasta ahora se pensaba que tenía 270 metros de diámetro . Según la ESA, tiene 325 metros, es decir, un 20% más.

Si un asteroide de ese tamaño impactara contra la Tierra, los daños que provocaría serían equivalentes a la explosión de 25.000 bombas atómicas como la de Hiroshima.

Afortunadamente, el impacto de objetos celestes de gran tamaño sobre la Tierra es un fenómeno muy poco frecuente, aunque representa una amenaza real para nuestro planeta. Lo saben bien los dinosaurios, que se extinguieron hace 65 millones de años debido a la caída de un gran meteorito.

Por ello, las agencias espaciales monitorizan de manera permanente el cosmos para localizar y hacer un seguimiento de los asteroides que podrían suponer un peligro para nuestro planeta.

‘Apophis’ se considera en la actualidad uno de los objetos más preocupantes a medio plazo, pues en 2029 y 2036 se producirán las siguientes aproximaciones a la Tierra. Aunque no chocara con la Tierra, podría provocar pérdidas económicas importantes si destruye los satélites que orbitan a miles de kilómetros de la Tierra.

Rusia es uno de los países más activos a la hora de preparar un plan ante la posible amenaza de ‘Apophis’. En los próximos años planea enviar un satélite a este asteroide para realizar un seguimiento más preciso de su trayectoria y también se ha planteado un aterrizaje en su superficie.

Por otro lado, la misión ‘Don Quijote’ de la ESA se centró en el estudio de ‘Apophis’ para desarrollar soluciones que permitieran desviar la trayectoria de un asteroide y evitar tanto un impacto contra la Tierra como daños a los satélites de comunicaciones.

La aproximación a la Tierra que ‘Apophis’ hará este miércoles será una buena ocasión para que los astrónomos evalúen mejor el riesgo que este objeto celeste supondrá en el futuro para nuestro planeta.

El próximo 15 de febrero, los astrónomos tendrán la ocasión de observar mucho más de cerca a otro asteroide. Se trata de ‘2012 D414’, un objeto celeste de 57 metros de diámetro que, según los cálculos de los científicos, se situará a tan sólo 34.500 kilómetros de distancia de nuestro planeta.

La NASA encuentra 461 candidatos a planetas fuera del Sistema Solar


El Pais

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Ilustración de los candidatos a planeta de la NASA. / NASA

La misión Kepler de la NASA ha anunciado hoy el descubrimiento de 461 candidatos a planetas nuevos. Según la agencia espacial estadounidense, cuatro de ellos tendrían una dimensión algo inferior a dos veces el tamaño de la Tierra y podrían orbitar en la “zona habitable” de sus planetas, aquella donde el agua líquida podría existir en la superficie de un planeta.

Estos datos se han obtenido a través del satélite Kepler desde mayo de 2009 hasta marzo de 2011, según ha informado la NASA. Los resultados muestran un aumento constante en el número de candidatos a planetas de pequeño tamaño y en el número de estrellas con más de un planeta que orbita a su alrededor.

Los expertos tienen opiniones dispares sobre el descubrimiento. El exdirector de programas de la NASA en España, Luis Ruiz de Gopegui, resta importancia al hallazgo. Según la opinión de este experto, desde hace 30 años los científicos están buscando planetas con el objetivo, asegura, de alzarse con el premio Nobel. “Cada 15 días aparece uno nuevo. Se ha convertido en una moda”, afirma Ruiz de Gopegui. “Si hay vida, no vamos a ir hasta allí ni vamos a mandar ningún mensaje”, se lamenta.

Sin embargo, para Valeriano Claros se trata de un importante avance. El antiguo responsable de la estación de seguimiento de satélites de Villafranca de Castillo, en Madrid, cree que la novedad de este nuevo hallazgo está en el sistema utilizado, que permite estudiar la composición del posible planeta: por un lado, una suerte de fotómetro que mide la luminosidad del disco solar y, por otro, un espectógrafo que detecta una absorción de la radiación de la estrella. O más concretamente, si en ese planeta hay o no atmósfera, como sucede en Marte.

A principios de 2012, 33 candidatos habían sido confirmados

El director de la misión Kepler, Christopher Burke, señala que el telescopio de la NASA ha incrementado un 20% sus hallazgos, que suman ya un total de 2.740 planetas potenciales y 2.036 estrellas desde el inicio de la misión. Burke apunta además que los cuerpos con el mismo tamaño de la Tierra son los más numerosos entre estos hallazgos, así como las supertierras —más del doble de su tamaño—.

También se ha constatado que el 43% de los candidatos a planetas de Kepler tienen vecinos. Para identificarlos, el telescopio espacial mide el cambio en el brillo de más de 150.000 estrellas cuando los supuestos planetas pasan por delante. Se conoce como la técnica del tránsito, explica la NASA, aunque para determinar que existe un planeta orbitando la estrella se necesitan, por lo menos, tres tránsitos verificados.

De momento, la agencia espacial seguirá realizando observaciones para verificar que, efectivamente, se trata de nuevos planetas. A principios de 2012, 33 candidatos habían sido confirmados. Hoy hay 105.

El príncipe de Urgavo


El Pais

  • El Museo de Jaén acoge una exposición sobre las cráteras griegas descubiertas en Arjona

Una visitante observa dos de las cráteras griegas expuestas. / J. M. Pedrosa

En las sociedades íberas poseer cráteras griegas era un símbolo de gran prestigio y su uso podía ir desde depositar el aceite para la ofrenda a los dioses hasta guardar las cenizas de un difunto. Hace dos años, con motivo de una riada que afectó a la población, quedaron al descubierto varias de estas cráteras que estaban en la necrópolis de Arjona (Jaén) y que los arqueólogos atribuyen al ajuar del príncipe de Urgavo, del siglo I.a.C.

La excavación llevada a cabo por el Centro Andaluz de Arqueología Ibérica, con sede en la Universidad de Jaén, permitió localizar hasta ocho de estas cráteras en la cámara íbera de Piquía, cuatro de las cuales han sido restauradas antes de su llegada al Museo Provincial de Jaén, donde se exponen bajo el lema La memoria de los príncipes de Urgavo.

El origen de estas vasijas se sitúa entre los siglos IV y III a.C., lo que hace pensar al arqueólogo Arturo Ruiz que fueron conservadas por los antepasados del príncipe íbero y “demuestra el valor que le daban a estas piezas en la sociedad íbera”. Ruiz, que es el director del hoy bautizado como Instituto Universitario de Arqueología Ibérica, sostiene que, probablemente, el ajuar de la cámara principesca fue expoliado en el marco de alguna guerra de la época, quizás la de César y Pompeyo que se desarrolló por esa zona. No obstante, se piensa que, no mucho después, sus allegados sellaron la cámara con un acto piadoso con el sacrificio de una vaca, un cerdo y un cordero.

Se piensa que el ajuar de la cámara fue expoliado en el marco de alguna guerra de la época

La excavación ha permitido descubrir un rico ajuar compuesto por un carro; materiales de cerámica ibérica; una tapadera de plomo con el nombre del personaje; la denominada caja de los guerreros, una urna de piedra con bajorrelieves en sus caras laterales que escenifican luchas entre guerreros; vidrio romano, ánforas y armas, entre otros. Además, el príncipe fue enterrado como un romano, con un gladium (una espada) y con cota de malla. Una de las ánforas está dedicada a la mujer, con temas tan femeninos como el aseo o el arreglo de la novia. Otra con las hazañas del héroe, que era una forma de narrar algunos de los hechos cotidianos.

Los arqueólogos esperan ahora excavar otra veintena de tumbas de la necrópolis de Arjona, donde esperan ampliar los conocimientos sobre la sociedad ibera. Solo en la provincia de Jaén hay inventariados 500 yacimientos iberos. Los más representativos forman parte del Viaje al Tiempo de los Iberos, un itinerario turístico-cultural impulsado por la Diputación jiennense.

¿Por qué se arrugan los dedos en el agua?


El Pais

  • Los surcos en la piel se deben a una respuesta del sistema nervioso
  • El estudio demuestra que las arrugas permite coger mejor objetos húmedos o bajo el agua

Si usted cree que las arrugas que se forman en sus dedos debajo del agua es una consecuencia sin utilidad ninguna de pasar mucho tiempo en ella, está equivocado. Un grupo de investigadores de la Universidad de Newscastle en Reino Unido explica que se trata de una respuesta del sistema nervioso simpático sanguíneo que contrae los vasos sanguíneos cuando los dedos entran en contacto con el líquido. Pero no solo eso. El estudio también revela que los surcos que se forman tienen una función específica y una ventaja natural: permiten agarrar mejor los objetos mojados o que se encuentran bajo el agua.

Los voluntarios que participaron en el estudio tenían que coger con una mano piedras de vidrio que estaban metidas en un recipiente con agua y luego las tenían que pasar a través de un orificio pequeño para ponerlas en otro contenedor. Los participantes con los dedos arrugados completaron la tarea de manera más rápida que aquellos que los tenían lisos y secos. Asimismo, se observó que no había ninguna ventaja a la hora de mover objetos secos con dedos arrugados.

“Si el sistema nervioso está controlando activamente esta conducta en unas circunstancias y no otras, es obvio que existe una función específica que el sistema evolutivo ha seleccionado”, explica Tom Smulders, responsable de la investigación. El estudio también señala que estas arrugas pueden haber beneficiado a nuestros ancestros, pues les ayudaban a recolectar alimentos de vegetación húmeda o en arroyos. “Y observando nuestras plantas de los pies, llegamos a la conclusión de que su arrugamiento nos permitía correr mejor bajo la lluvia”, añade Smulders.

El estudio desmonta también la vieja creencia de que este efecto en los dedos es el resultado del paso del agua a la capa exterior de la piel, lo que provocaría que se hincharan y arrugaran. Los investigadores demuestran que se trata de un proceso activo en el que los vasos sanguíneos se contraen como una respuesta natural del sistema nervioso.

Una de las preguntas que quedan, sin embargo, sin contestar es la de por qué no tenemos los dedos arrugados todo el tiempo, incluso cuando no se encuentran en el agua. “Nuestras primeras teorías apuntan a que esto podría disminuir la sensibilidad en las yemas de nuestros dedos o incluso aumentar el riesgo de daño al coger objetos”, comenta Smulder.