La verdad sobre la famosa frase de Armstrong al pisar la luna


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  • No fue espontánea. Su hermano revela ahora que el astronauta escribió «un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad» antes de partir a Cabo Cañaveral
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Reuters/ El astronauta Neil Armstrong dejó escrita su famosa frase antes de viajar a la luna

Desde el «Roma no paga a traidores» que selló la vida de los entregadores del líder lusitano Viriato hasta el «volveré y seré millones» atribuido falsamente a Eva Perón, la historia (y la ficción) están llenas de frases célebres y apócrifas repetidas hasta el hartazgo, aunque su supuesto artífice jamás las haya pronunciado.

El caso del primer hombre que pisó la luna, Neil Armstrong, es una variante un poco más complicada de estas atribuciones míticas. Durante décadas se discutió si Armstrong había puesto o no un artículo indefinido en su famosa frase «a small step for (a) man, a giant leap for mankind» Un programa que emite la BBC este domingo parace tener una respuesta definitiva al enigma.

En inglés la ausencia del artículo indeterminado «a» hace pensar que Armstrong se refería a la humanidad en su conjunto (man) mientras que su presencia indicaba que él (a man) estaba dando un pequeño paso físico para pisar la luna pero que ese paso significaba un gran salto para la humanidad. Armstrong, que murió hace tres meses a los 83 años, siempre sostuvo que él había incluído el bendito artículo indeterminado, aunque llegó a admitir en 1999 que no lo podía escuchar en la grabación, algo que atribuyó a un problema de estática.

Para el mundo las cosas se dividían entre los que pensaban que, llegado el histórico momento aquel 21 de julio de 1969, Armstrong se había puesto nervioso y no había podido pronunciar bien su frase célebre y los que buscaban un sentido oculto en esa «a» ausente que apuntaba a la naturaleza fabulosa del evento. Una segunda rama del debate era si Armstrong tenía la frase preparada o si le surgió espontáneamente, casi regalada por el carácter extraordinario de lo que estaba viviendo, como él mismo había declarado.

Lo escribió antes de ir a Cabo Cañaveral

El programa de la BBC, que se basa en una serie de entrevistas nuevas y otras poco conocidas con la familia de Armstrong, deja claro que el astronauta tenía preparado lo que iba a decir y que su frase incluía el bendito artículo indeterminado. Dean Armstrong cuenta en el programa que su hermano Neil le había entregado un papel en el que estaba escrita la famosa frase una noche poco antes de que la tripulación del Apollo 11 partiera a Cabo Cañaveral para los meses de entrenamiento preparatorio.

Curiosamente, según Dean en el papel no estaba escrito el artículo indeterminado, pero cuando él lo leyó en voz alta, Neil lo corrigió poniendo la bendita partícula en su lugar. Según el doctor Christopher Riley, catedrático de ciencia y medios en la Universidad de Lincol, director del programa, la frase podía tener un origen familiar. «Neil siempre jugaba al juego “Mother may I” (Madre puedo yo… ) y él siempre le agregaba a ese comienzo de frase “take one small step” (…dar un pequeño paso)», explica Riley.

En el programa la familia revela que después de dar aquel atribulado «pequeño paso», Armstrong se vio dominado por la ansiedad y una sensación de que todo lo que podía hacer en la vida ya le había sucedido. Su hijo, Mark, sugiere que su obsesión con el trabajo, que le costó su primer matrimonio, tenía que ver con ese «paso». «Era una ambición imposible. ¿Cómo iba a poder competir con el primer hombre que había pisado otro planeta?», explicó Mark.

Jorge Juan, espía y científico que pudo dar la victoria a España en Trafalgar


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  • El sabio español importó en secreto el sistema de construcción naval inglés, mejorándolo, y fue diplomático y agente para tres Monarcas. Pero cayó en desgracia por las intrigas
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Pintura de Clarkson Frederick Stanfield sobre la batalla de Trafalgar

Cada vez que uno piensa en Jorge Juan y Santacilia (1713-1773) no sabe si debe preferir a uno de los grandes militares de nuestra historia, que hizo posible el milagro naval español con los primeros Borbones. Su poderoso proyecto de flota habría evitado seguramente la derrota de España en Trafalgar, si él no hubiera caído en desgracia por intrigas cortesanas. O puede uno decantarse por admirar al “sabio español” -tal y como se le conocía en toda Europa por ser uno de los científicos más reputados del siglo de las Luces- sin cuyas observaciones el sistema métrico decimal no sería como lo conocemos hoy ni tendríamos el exacto conocimiento de la forma de la tierra.

Como James Bond

¿Cuántas vidas caben dentro de una vida? Porque también resulta apasionante reconocer en Jorge Juan a un James Bond al servicio de Su Majestad Española, un hombre capaz de revelar importantes secretos del enemigo, espiar y minar sus astilleros provocando una fuga de cerebros y manos expertas y, por supuesto, un caballero que supo enaltecer -mezcladas, no agitadas- las armas y las letras de su Rey en las mejores Academias de Ciencias de Europa, la francesa, la Royal Society británica o la Academia berlinesa.Todos ellos, y algunos más, son el verdadero Jorge Juan, un ilustrado que mañana, 5 de enero, cumpliría 300 años. El Museo Naval -donde se conservan su cuadrante y maquetas de sus construcciones- ha realizado estos días talleres infantiles sobre su figura con gran éxito. Jorge Juan nació en Novelda de la unión de dos familias ilustres: la de su padre, Bernardo Juan, que descendía de los condes de Peñalba, y la de su madre, Violante Santacilia, procedente de una hacendada familia ilicitana. Ambos se habían casado tras enviudar, en segundas nupcias.

A los 3 años, Jorge queda huérfano de padre, estudia con los jesuitas alicantinos y luego en Zaragoza. A los 12 años se le somete al meticuloso estudio de limpieza de sangre necesario para ingresar en la Orden de Malta, apoyado por su tío paterno Cipriano, caballero de esa orden. Profesa en Malta y recibe con 14 años su primer título: Comendador de Aliaga en Aragón. En Malta también debió “correr carabanas”, persiguiendo a los cárabos o galeotes moros, lo cual pudo ser el inicio de su vocación marinera. A los 16 regresa y pide el ingreso en la Real Compañía de Guardias Marinas.

Reserva de conocimiento

Y allí todo cambia. Felipe V había creado en esa escuela gaditana un verdadero centro de conocimiento, una reserva ilustrada donde se enseñaban los más modernos estudios de aquella hirviente época, sin descuidar las bellas artes. Un joven con el talento de Jorge Juan aprendió allí a amar la ciencia, cuando España era aún un país de grandes atrasos que desconfiaba del progreso, con el acecho siempre temible de la Inquisición, agitada por un infame casticismo que atacaba cualquier avance procedente del extranjero.Jorge Juan se asomó al universo a través del novedoso prisma de Newton y las explicaciones científicas de la mecánica celeste. Se graduó con 21 años, después de navegar tres años y participar en las campañas de Orán y en la escuadra que acompañó al futuro Carlos III para asumir el Trono de Nápoles. Entre sus maestros en el arte de navegar tuvo al bravo Blas de Lezo, defensor de Cartagena de Indias en desigual combate contra una gran escuadra inglesa.

Empieza la acción

Entonces, en 1734, Felipe V recibe la solicitud de su primo Luis XV para que se permita a los inquietos académicos franceses viajar a Quito con el fin de medir un arco de Meridiano bajo el Ecuador y así obtener el valor de un grado terrestre. La empresa era vital por aquel entonces, puesto que, dominada la Latitud, fallaban los cálculos de Longitud, lo cual impedía una precisión científica tanto en la derrota de los barcos como en la cartografía. Jorge Juan iba a jugar un papel vital en la solución.

El Rey quería dos oficiales y eligieron dos pimpollos, Ulloa y Juan

Felipe V quiere facilitar la misión científica francesa pero siempre que las luces del siglo iluminasen también a la ciencia española. Por ello ordenó el 20 de agosto que dos de sus más hábiles oficiales acompañasen a los académicos franceses. Quería dos personas “en quienes concurrieran no sólo las condiciones de buena educación, indispensables para conservar amistosa y recíproca correspondencia con los académicos franceses, sino la instrucción necesaria para poder ejecutar todas las observaciones”. El Monarca animaba a competir para que estos enviados realizasen sus propios cálculos “con entera independencia de los que hicieran los extranjeros”.

Dicho y hecho. Pero en lugar de elegir a dos oficiales, la Marina puso al servicio de esta empresa a dos pimpollos, dos guardiamarinas, de 19 (Antonio de Ulloa) y 21 años (Jorge Juan). Ambos protagonizaron aquel viaje que cambiaría sus vidas y les uniría con una amistad indestructible.

Las misiones secretas para Felipe V

No tenían graduación militar así que hubo que ascenderles a tenientes de navío. Jorge Juan se encargaría de la astronomía y la matemática, mientras que Ulloa sería el naturalista. Y además del objetivo científico del Meridiano, Su Majestad les encargó algunas otras misiones (históricas, descriptivas, cartográficas, botánicas y mineralógicas). Sin embargo, los dos cometidos más importantes eran secretos.

Critica la tiranía sobre los indios como Fray Bartolomé de las Casas

Lo que Felipe V quería era conocer de primera mano el estado real de sus pueblos de ultramar, la situación política y social que administraban sus enviados. Por otro lado quería tener bien vigilados a los académicos franceses para impedir que llevasen a París informaciones vitales que no debían caer en manos del Gobierno de París. En ambas cosas, Ulloa y Juan se emplearon a fondo con una liberalidad y madurez sorprendentes.

La dureza de la misión

La misión partió de Cádiz en 1735, y en ella viajaba, además, el marqués de Villagarcía, nuevo virrey del Perú. Les esperaban 9 años durísimos. Viajaron a Quito para realizar triangulaciones kilométricas que extendieron hasta Cuenca, la ciudad situada a casi 400 kilómetros al sur, y cuyos vértices frecuentemente se situaban en la cima de montañas que alcanzan los 5.000 metros.

Soportaron tormenas a 5.000 metros y los ataques del almirante Anson

Es difícil imaginar la complicación que el clima, la orografía y diversas vicisitudes supusieron para aquellos hombres. Divididos en dos grupos y conocidos por “los caballeros del punto fijo”, tuvieron incluso que abandonar sus trabajos en tres ocasiones y desplazarse a Guayaquil para solucionar cuestiones urgentes relativas a la defensa y fortificación de las costas y plazas del virreinato, entonces hostigado de continuo por el almirante inglés Anson.

Héroe contra la Inquisición y la tiranía

Es una maravilla asomarse hoy a los libros que escribieron. En el de Astronomía, Jorge Juan tuvo que enfrentarse al desagrado inquisitorial que desconfiaba de Copérnico y Galileo -no digamos de Newton- a esas alturas. Y lo hace con mucha inteligencia, demostrando que los avances científicos han permitido, entre otras cosas, la navegación y por tanto la evangelización de América, y que en Roma los prelados más cultivados -cita ejemplos con autoridad- han aceptado por entonces lo que la matemática demuestra y los necios inquisidores tildan aún de contrario a las Escrituras.

Hubo más libros, pero el más llamativo es el informe secreto sobre la administración americana. Emparentando con la visión de Bartolomé de las Casas, Jorge Juan constata sin piedad los abusos de encomenderos, corregidores, curas corruptos y gobernantes que hacen la vista gorda: “La tiranía que padecen los Indios nace de la insaciable hambre de riquezas que llevan a las Indias a los que van á gobernarlos”, dice Jorge Juan en una de sus frases más templadas.

El espía competente

¿Cómo logró tanta información? Supo escuchar y presionar a las personas adecuadas con datos, relacionarlos entre sí para extraer conclusiones rápidas y certeras, tanto sobre los abusos como sobre las violaciones de las leyes y el contrabando, aportando vías de solución. Con su informe, el Rey iba a tener buena cuenta de los desmanes en las extensas y lejanas provincias donde apenas llegaba comunicación oficial alguna que permitiera poner coto a los tributos injustos y cumplir la observancia de la ley, mientras las potencias extranjeras pugnaban por romper el monopolio comercial. Tiempo después los espías ingleses publicarán estos escritos en la pérfida Albión (también en español, para la propaganda), no como ejemplo de severa autocrítica sino como confirmación de la leyenda negra que han agitado interesadamente durante toda nuestra historia.

A su regreso ha muerto Felipe V y nadie les hace caso

A su regreso, Jorge Juan constata que, muerto Felipe V, a nadie le interesan sus misiones, mediciones o publicaciones. De hecho, los avispados académicos franceses apenas mencionaron la aportación española que fue vital para la instauración del valor del metro y el sistema métrico, que no podría haber nacido sin la ayuda de esa misión compartida (la “grandeur” se llevó una vez más toda la gloria). Además también aclaró con exactitud cuál era el meridiano que cimentaba el Tratado de Tordesillas que tantos conflictos había traído entre Portugal y España por la imprecisión de los cálculos.

El momento clave de una vida

En el trayecto de vuelta de este viaje se produce tal vez el momento de mayor lucidez de Jorge Juan. El acecho con peligro real de los corsarios a los barcos franceses y el apresamiento de la nave que traía a Ulloa, la “Deliverance”, hizo pensar y mucho al joven marino. Había visto una sociedad en descomposición en América, había reflexionado sobre la necesidad de fortalecer el imperio de la ley. Había visto la debilidad de los buques de factura francesa frente a los ingleses, más maniobrables y veloces. Había sufrido los ataques de Anson en las lejanas costas. Vio claramente que los dominios en América serían insostenibles con una creciente supremacía naval inglesa. ¿Qué hacer?

La experiencia le convenció de que la Armada debía ser la prioridad de España

A su llegada a España -antes le nombraron en París miembro correspondiente de la “Academie”-, la muerte de Felipe V le hundió en un mar de dudas. Pero el destino le tenía guardado el encuentro más relevante de su vida. Con el marqués de la Ensenada, alguien con las mismas preocupaciones y con quien daría un vuelco a la política naval.

Espía a Londres, en misión imposible

No todos los campos de batalla de la Historia de España fueron a cañonazos ni cuerpo a cuerpo. En 1748 una batalla decisiva, quizá la más importante, era de inteligencia. A través del marqués de la Ensenada, Jorge Juan hace llegar sus informes secretos al Rey, y Felipe VI los estudia con interés. Ensenada comprende todas las carencias de los viajes de Juan y Ulloa (que fue liberado con honores, como miembro de la Royal Society, tras demostrar el valor científico de su misión) y decide publicar todas sus obras.

El éxito de su espionaje industrial en Londres fue espectacular

Pero a Jorge Juan le reserva una misión imposible. Le envía a Londres, camuflado con el nombre de Mr. Josues, para importar los avances de construcción naval de los astilleros del Támesis y lograr expertos que quisieran hacer escuela en España. También le pide un montón de informaciones prácticas y tecnológicas que el embajador de entonces, poco hábil en asuntos secretos, llevaba años tratando de recabar. A Jorge Juan le bastó una semana para asomarse a los Astilleros y relatar lo que estaban construyendo. Allí, por cierto, conoce caballerosamente y comparte mesa y mantel con el almirante Anson y el ministro Redford, que poco tiempo después mandará a la policía darle caza por espía.

Sus envíos de información en cartas cifradas fueron tan numerosos, eficientes y enjundiosos que convencieron aún más a Ensenada de la necesidad de cambiar de política y centrar el esfuerzo en construir una flota poderosa y moderna. Jorge Juan intuyó, como él, que tarde o temprano se dirimiría contra la flota inglesa la supremacía de los mares y que sin un cambio en la Armada no habría América. Por ello se centró en recabar la más exacta información sobre la construcción naval, la división moderna de trabajo cualificado de los astilleros, copias pieza a pieza de diseños de barcos, investigaciones sobre el lacre, las primeras aplicaciones de máquinas de vapor para limpiar puertos y otros usos preindustriales. También informó de planes concretos de los ingleses para atacar América.

A punto de ser atrapado

Ensenada y Juan sabían que el sistema de construcción de los barcos españoles, el de Gaztañeta, estaba obsoleto. El gasto de madera era enorme, contra el eficiente sistema inglés y la calidad y resistencia de jarcias, velas y otros componentes no resistía comparación. Jorge Juan realizaría sus propias mejoras al sistema. Pero lo realmente novelesco fue su accidentada salida de la ciudad del Támesis, pues estuvo a punto de ser atrapado.

La policía, mandada por el ministro Bedford, le pisaba los talones

La policía pisaba los talones a los “espías españoles”, y alguno de sus contactos allí fue detenido. La operación la dirigía el propio ministro Bedford. Antes de escapar aún tuvo que vivir mil peripecias y planificar el viaje de decenas de importantes ingenieros navales y obreros cualificados a España con sus familias para trabajar para la Corona. Les convenció de que aquello no iba a poner en peligro la floreciente industria naval británica.

Los astilleros cambian

En junio de 1750 logra cruzar el Canal de incógnito en un barco, el Santa Ana de Santoña, y llega a París. A su vuelta, comprueba que en España trabajan ya cuatro de los mejores constructores ingleses, medio centenar de técnicos y decenas de obreros cualificados. Ensenada pone sobre sus hombros una montaña de responsabilidades para cambiar los Astilleros españoles y ganar por la mano a los ingleses. A todas les da cumplimiento con brillantez y audacia. Su carrera es imparable. Pero tantos honores levantaron las envidias de la corte y no faltó quien criticó esta política.

A su regreso los astilleros cambian: es un milagro naval

En 1752, el Rey le nombra director de la Academia de Guardias Marinas de Cádiz. Allí terminará de experimentar todas sus teorías sobre la construcción naval sustentadas matemáticamente. Los resultados incluso impresionaron a los ingleses. Inspeccionaba desde la tala de árboles hasta la modernización de arsenales y astilleros, empezando por Cartagena.

Las intrigas triunfaron en el verano de 1754 y provocaron la caída y destierro del marques de la Ensenada, gracias al empeño del sagaz embajador británico en Madrid, Benjamin Keene, que tenía claro que debía hacer lo posible por acabar con el responsable de una política que solo podía perjudicar a su país. Lo triste es que lo lograra. El resto es conocido y desemboca en la creciente subordinación al francés, la Armada combinada y la derrota en Trafalgar, cuya convulsa consecuencia en América no tardariá en llegar.

Si su sistema hubiera seguido la Armada sería poderosa

Con el tiempo, sus ideas, y las de Jorge Juan, fueron desechadas. Se optó por el tipo de construcción naval francesa, sus ingenieros y sus sistemas, mucho más atrasados, pero defendidos con denuedo por los nuevos ministros y sobre todo por Julián de Arriaga, secretario de Marina.

Embajador y espía en Marruecos

Es imposible resumir todas las vertientes de una biografía como la de Jorge Juan. Su prestigio sobrevivió a su salida de la primera línea de la vida pública. Y de hecho Carlos III, el Rey que vino de Nápoles y tanto tuvo que ver con el florecimiento de las artes en España, le encargó una de las misiones más difíciles de su vida. La embajada a Marruecos, en plena madurez, que sentaría las bases de una relación complicada entre los dos reinos, gracias a que logró firmar un primer tratado de 19 artículos que no ignoraba ninguna de las ambiciones importantes de la Corona. Allí también recabó información secreta y relevante para el Monarca. Fue la última aventura de Jorge Juan, un hombre imprescindible durante aquellos tres reinados.

Última Carta al Rey

Tan solo unos días antes de morir, Jorge Juan realizó uno de los servicios más difíciles a su Rey. Sometido a la agonía a la que le llevaron sus cólicos biliares, escribió a Carlos III una carta sorprendente, cuyo original se conserva en la Real Academia de la Historia. En ella, llegado el punto de rendir su vida, advierte al Monarca de las grandes desgracias que acechan en el horizonte, sobre todo por distraer los esfuerzos debidos a la Armada, sin la cual, lo que era España en aquel momento estaba condenado a cambiar, a sus ojos.
Venció el metodo de Gautier que vino a sustituir al suyo. Y si Jorge Juan detestaba la obra del francés, se dice que Gautier, de la mano de Julián de Arriaga, hizo todo lo que pudo para destruir la obra del sabio español. El perfeccionamiento de las naves a fines del XVIII vendría gracias a Romero y Fernandez de Landa y Retamosa. Sea como fuere se perdió un tiempo precioso y además de la técnica, faltó la visión política del marqués de la Ensenada sobre lo vital que una gran Armada iba a resultar en un futuro inmediato.

El primer meteorito procedente de la corteza del planeta rojo


El Mundo

Meteorito NWA 7034 encontrado en Marruecos en 2011. | Carl Agee

Meteorito NWA 7034 encontrado en Marruecos en 2011. | Carl Agee

En toda la historia de la Astronomía se han encontrado en la Tierra 113 meteoritos provenientes de Marte. Y, desde que se encontró el primero a principios del siglo XIX, todos ellos han sido estudiados en profundidad por la ciencia. Pero nadie ha logrado demostrar de qué parte del planeta rojo proviene ni uno solo de ellos. De hecho, los últimos datos tomados por los rovers que surcan la superficie marciana, como el recién enviado ‘Curiosity’, y por los orbitadores sugieren una discordancia entre los análisis geoquímicos de los bólidos encontrados en la Tierra y los de la superficie de Marte.

Han tenido que pasar casi 200 años para que se presente el primer meteorito marciano cuya procedencia confirmada es la corteza del planeta rojo, la capa geológica más externa. El hallazgo, que acaba de ser publicado en la revista ‘Science’, corresponde a una roca basáltica de 320 gramos encontrada en Marruecos en 2011. Pero no es un meteorito más. Se trata del primero ligado con la corteza del planeta rojo, el más rico desde el punto de vista geoquímico y que compone en sí mismo una nueva clase de estas rocas cósmicas.

“Este nuevo tipo de meteorito marciano -denominado de forma técnica NWA 7034, por haber sido encontrado en el noreste de África- se asemeja de forma muy precisa a la composición de las rocas de la superficie analizados por el rover Spirit de la NASA”, explica a ELMUNDO.es Carl Agee, investigador del Instituto de Meteorítica de la Universidad de Nuevo México (EEUU) y autor principal del trabajo. “Otros meteoritos marcianos, en cambio, encajan muy pobremente con los que los rovers y orbitadores están viendo sobre la superficie marciana”, asegura el experto.

Meteorito rico en agua extraterrestre

Además, hasta la fecha, se trata del único bólido marciano datado en más de 2.000 millones de años, lo que corresponde con el inicio de la época geológica más reciente de Marte, la denominada era Amazónica que llega hasta la actualidad.

El contenido de agua que encontraron los investigadores en el meteorito deja la cantidad que alberga el resto de bólidos marcianos en niveles casi ridículos. “La química es consistente con un origen superficial y con la interacción con la atmósfera marciana”, dice Agee. La abundancia de agua, de unas 6.000 partes por millón, indica, según los autores, que el meteorito estuvo en contacto con la superficie marciana hace unos 2.100 millones de años.

“Quizá lo más apasionante es que el alto contenido de agua puede significar que hubo una interacción de las rocas con el agua de la superficie marciana o de fluidos de cometas que impactaron con el planeta rojo en aquella época”, asegura Andrew Steele, científico del Laboratorio de Geofísica de la Institución Carnegie de EEUU y autor del estudio geoquímico del nuevo meteorito.

El NWA 7034, encontrado por el rastreador y comerciante de meteoritos Jay Piatek en Aziz Habibi (Marruecos), no tiene nada que ver con ninguno de sus predecesores. “La textura del meteorito NWA 7034 no se parece en nada a ninguno de los anteriores. Está formado de fragmentos de basalto cementados, un tipo de roca que se forma tras en enfriamiento rápido de la lava volcánica”, asegura Steele.

Por ese motivo, y basándose en los estudios realizados por los vehículos enviados a la superficie de Marte y por los orbitadores que estudian el planeta rojo desde el exterior, los investigadores creen que este tipo de rocas basálticas encajan a la perfección con un origen de las capas más superficiales del planeta rojo, ya sea de la corteza o de la capa más externa del manto interno.