El “símbolo” de los Juegos Olímpicos de RIO 2016


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Las próximas Olimpiadas, a celebrarse en Río de Janeiro, podrían contar con un gigantesco generador de energía sustentable, un rascacielos que también sería una cascada, capaz de producir energía durante el día y la noche. El diseño corre a cargo de RAFAA Architecture & Design, un multipremiado estudio con base en Zúrich. La Solar City Tower, además de funcionar como un símbolo de los Juegos Olímpicos, se propone sentar las bases para un movimiento de conciencia ambiental.

Solar City Tower, Isla Cotunduba

La Solar City Tower, una cascada generadora de energía que se encuentra todavía en fase de proyección, tiene el objetivo de generar energía renovable para el uso de la Villa Olímpica y la ciudad de Río. Durante el día, la energía se produce en una planta solar. El excedente es usado para empujar agua de mar hacia un tanque de almacenamiento en el interior de la torre. Por la noche, el agua es utilizada para generar energía eléctrica para la ciudad. Si la ocasión lo amerita, el agua almacenada puede ser lanzada por los bordes del edificio, convirtiéndolo en una cascada gigantesca que, de acuerdo con RAFAA, sería “símbolo de las fuerzas de la naturaleza”. Y, para que el proyecto sea tan ecológico y sustentable como lo pintan, esto de que la torre se convierta en cascada tendría que suceder verdaderamente en ocasiones especiales. De lo contrario, la energía producida sería, digamos, desperdiciada, y la inversión no habría cumplico con el cometido que el estudio de diseño dice haberse planteado.

Solar City Tower, fuego olímpico

El acceso a la torre, que de convertirse en realidad representará un importante atractivo turístico, será a través de una explanada a 60 metros sobre el nivel del mar. Si en ella habrá restaurantes, bares o algo parecido, no lo sabemos, pero sería un desperdicio que no los hubiera. Por otra parte, el espacio podría servir para dar unos fiestones locos, sustentables, rodeados de agua. El lado que da hacia el mar contaría con una cafetería y una tienda que seguramente estará infestada de souvenirs olímpicos. Obviamente, hará falta un elevador para subir a los pisos superiores. En el más alto de ellos, habrá un mirador-observatorio para contemplar 360 viestas de la ciudad y del océano. Hasta un bungee quieren ponerle a la torre, vaya.

Cuando leemos la descripción del proyecto que ofrece RAFAA, encontramos un discurso que parece muy comprometido con el medio ambiente. El estudio habla de aprovechar los Juegos Olímpicos para lanzar un mensaje de alcances internacionales en torno al uso consciente de la energía. Y luego, cuando seguimos leyendo y encontramos lo del bungee y la tiendita de souvenirs, pensamos: lo de la conciencia ambiental es un pretexto para el negocio redondo, como suele suceder. Lo cual no niega que, de materializarse, la Solar City Tower sería imponente, emblemática y más o menos sustentable.

Solar City Tower, rascacielos generador de energía

Solar City Tower, planos

Solar City Tower, cascada-rascacielos

Solar City Tower, vista desde Copacabana

Fotos: Architizer

El queso más antiguo


El Mundo

Recipiente en el que se fabricaba el queso. | M. Salque

Recipiente en el que se fabricaba el queso. | M. Salque

 

Los seres humanos ya eran amantes del queso hace 7.500 años. Así lo ha demostrado un equipo científico liderado por la Universidad de Bristol (Reino Unido) que ha hallado evidencias inequívocas de la fabricación del primer queso en un yacimiento arqueológico de Polonia.

Los investigadores llegaron a estos resultados tras analizar los ácidos grasos incrustados en una especie de ‘filtros’ fabricados en cuencos de cerámica. La Unidad de Geoquímica Orgánica de la Universidad de Bristol junto a investigadores de la Universidad de Princeton (EEUU) detectó productos lácteos en estos agujeros, muy parecidos a los modernos coladores de queso. Una evidencia clara, según los científicos, de que era usado para fabricar quesos.

“La presencia de residuos de leche en filtros constituye la primera evidencia directa de fabricación de queso. Hasta ahora, las evidencias eran solamente iconográficas, a través de murales que mostraban el procesamiento de la leche”, explica Melanie Salque, una de las autoras del paper, publicado en ‘Science’.

Hasta el momento, se habían descubierto restos de leche en recipientes en Libia, hace también 7.000 años, y aún más antiguos en Anatolia (8.000 años). Sin embargo, fue imposible detectar que esta leche fuera procesada para hacer queso.

Sofisticadas tecnologías de procesamiento de alimentos

Este descubrimiento muestra una profunda sofisticación a la hora de procesar alimentos. “Es realmente notable la profundidad de conocimientos en la dieta humana antigua y las tecnologías de procesamiento de alimentos que estas cerámicas nos han mostrado”, explica el profesor Richard Evershed, el líder del equipo de Bristol.

Además, los análisis de otras muestras evidencian una especialización a la hora de fabricar los diferentes productos. En otros recipientes de cerámica, utilizados como botellas u ollas no se detectaron restos de leche procesada. Sí se toparon con restos de grasas de rumiante en las ollas, que revelaban su uso como recipiente para cocinar carne o cera de abeja en las botellas que sugerían un sellado para almacenar agua. Las cerámicas, por tanto, se moldeaban de distintas maneras según el uso que le quisieran dar.

El procesamiento de la leche y en particular, la producción de queso, supuso un acontecimiento crítico en las primeras sociedades agrícolas ya que les permitió preservar la leche de un modo no perecedero y de fácil transporte, así como hizo de la leche un producto más digerible para los primeros agricultores.

Peter Bogucki, coautor del estudio, va más allá en el análisis de estos resultados: “Muestran la evidencia del consumo de productos lácteos bajos en lactosa. La fabricación de queso permitía reducir la lactosa contenida en la leche. Fue una manera eficiente de explotar los beneficios nutricionales de la leche para aquellos que no toleraban la lactosa“.

Preocupación de los paleontólogos Fósiles de ballena y delfines, destruidos en el Dakar


El Mundo

  • El esqueleto de una ballena de 20 millones de años sufrió el desguace de sus vértebras para ser usadas como bancos por los espectadores
  • Su paso por Chile también dejó decenas de toneladas de basura
  • Preocupación porque el rally pasará por el desierto de Atacama, La Serena y Copiapó “donde hay grandes fósiles de vertebrados”
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Fósil de ballena destrozado por los espectadores. (EFE/Museo Paleontológico Meyer Hönninger, Klaus Hönninger)

El rally Dakar que atravesó este año el desierto del sur de Perú y culminó en Lima dejó toneladas de basura y fósiles de ballena y delfines destruidos por la presencia de espectadores durante la ruta, denunció el director de la Asociación Museo Paleontológico Meyer Hönninger, Klaus Hönninger. Por primera vez, Perú fue parte de la popular carrera automovilística y el próximo 5 de enero será escenario de la salida de su trigésima cuarta edición, según anunciaron en Lima los organizadores y representantes del Gobierno peruano.

El desierto de Ica, por donde correrán nuevamente los participante, está considerado como uno de los yacimientos de fósiles más grandes del mundo, pues tiene más de mil esqueletos repartidos en él, explicó Hönninger. Sin embargo, a pesar de que planteó a los organizadores y a las autoridades del ministerio de Cultura una serie de recomendaciones para evitar daños en ese escenario, el rally causó “daños enormes, de los que nadie se hace responsable”, indicó.

El experto dijo que, en primer lugar, los perjuicios fueron ecológicos por las “toneladas de basura” regadas en el desierto de la región Ica, compuestas por “llantas (neumáticos) viejas de los coches que corrieron y piezas de motor”. Asimismo, el hecho de que los espectadores hayan tenido acceso a distintos puntos de la ruta en una zona de desierto, donde hay restos arqueológicos y paleontológicos sin resguardo ni impedimento de acceso, es otro de los motivos de protesta de Hönninger.

Los fósiles de una ballena, usados como asientos

El investigador denunció que el esqueleto de una ballena de unos 20 millones de años de antigüedad sufrió el retiro de sus vértebras para ser usadas como bancos por los espectadores para ver sentados el paso de los automóviles y motos. “Ese es un daño irreparable, han revuelto fósiles, o han pasado por encima” con camionetas todo-terreno, señaló. De igual forma, el estudioso registró la destrucción de fósiles de delfín y de otros restos de ballena hallados en las zonas de terreno sedimentario.

“El Ministerio de Cultura sabe de los daños, pero se quieren quedar callados porque saben que tienen una responsabilidad”, se quejó. Hönninger dijo que los paleontólogos de Chile tienen la misma preocupación porque el rally pasará por el desierto de Atacama, La Serena y Copiapó, “donde tienen grandes (fósiles) vertebrados” pero que, a diferencia de Perú, sí tienen zonas intangibles.

En opinión del experto, “no se puede evitar el Dakar porque hay muchos intereses económicos, pero lo que estoy exigiendo es que el Estado diga qué institución es la responsable por los daños”. En la edición del Dakar que empezará el 5 de enero, Lima será el punto de partida y las otras regiones peruanas que atravesarán los competidores son Ica, Arequipa, Moquegua y Tacna, para después adentrarse en el desierto de Atacama en Chile, cruzar la cordillera hacia territorio argentino y culminar en Santiago.

De los 459 vehículos en competencia, 158 serán coches, 187 motos, 39 cuadriciclos y 75 camiones. El ministro de Comercio Exterior y Turismo, José Luis Silva, señaló ayer que se espera la llegada de 50.000 turistas internacionales al Perú y que más de un millón de peruanos se movilicen para apreciar la competición, valuada en más de 6 millones de dólares en su organización.