El misterio de los Ovnis construidos por los nazis


ABC.es

  • Algunos documentos de guerra afirman que los alemanes crearon aviones con forma de platillo volante e, incluso, unas esferas voladoras incandescentes para desconcertar a los pilotos aliados

m.p.v/abc
Fueron decenas los pilotos aliados que afirmaron haber visto los «Foo Fightrs»

La capacidad tecnológica de la Alemania nazi es algo que nunca se ha puesto en duda. Sin embargo, no sólo disponían de carros de combate de última generación, sino que, según cuentan algunos documentos de guerra, los ingenieros de Hitler llegaron incluso a construir aviones con forma de platillo volante y unas extrañas «bolas luminosas» que tenían la capacidad de volar y seguir a los cazas aliados para desconcentrarlos durante el vuelo

A pesar de lo extraño que pueda parecer, no es raro pensar que se pudieran haber llevado a cabo pruebas para dar forma a unos objetos voladores no identificados en Alemania. Y es que Hitler, como demuestra su búsqueda de la lanza con la que atravesaron a Cristo en la cruz o la del Santo Grial, estaba obsesionado con obtener cualquier poder paranormal que pudiera usar en contra de sus enemigos.

En este caso, la fuerza radicaría en usar estos objetos volantes nunca antes vistos para sembrar el pánico entre las tropas aliadas basándose en viejos miedos que aflorarían nada más ver sus curiosas creaciones. Al parecer, Hitler no iba desencaminado, pues el terror ante la posible aparición de extraterrestres es algo que aún hoy quita el sueño a la sociedad.

«Foo fighters», las misteriosas esferas voladoras

Una de las historias que avalan la creación de Ovnis por Hitler ha sido la de los «Foo Fighter», unas pequeñas esferas incandescentes que, según relataron varios pilotos aliados, les seguían durante el vuelo a pesar de no tener tripulantes. Estos extraños objetos han hecho correr ríos de tinta por su misterio y el miedo que desencadenaban entre los aviadores contrarios al régimen nazi, siempre acongojados durante los vuelos de bombardeo en territorio alemán.

«De los mitos que nacieron durante la Segunda Guerra Mundial, uno de los más difíciles de desmontar ha sido el de los conocidos como Foo Fitghters», afirma el periodista e historiador Jesús Hernándezen su libro «Enigmas y misterios de la Segunda Guerra Mundial» (el cual presenta en su blog).

«Los Foo Fighters eran objetos esféricos que emitían brillo»

«Los Foo Fighters eran objetos, normalmente esféricos, de diversos tamaños, que podían ir desde unos centímetros de diámetro a tener el aspecto de un gran globo, y emitían un brillo extraordinario. Su color también variaba; podía ser rojo, naranja o azul, aunque solía ser blanco o plateado», determina el experto.

Al parecer, y según relataron algunos miembros de las tripulaciones aliadas, estas esferas aparecían súbitamente en el cielo durante las misiones de bombardeo que se llevaban a cabo en la Alemania nazi. En cuanto fueron vistas en unas pocas ocasiones, los soldados decidieron ponerles este nombre en recuerdo de una serie de entretenimiento de la época.

«El curioso nombre de Foo Fighters tiene su origen en un personaje de una popular tira cómica de la época, llamado Smokey Stover, cuyo vehículo se llamaba precisamente Foo Fighter y que además solía decir la frase: ‘Where thereŽs foo, thereŽs fire’ (donde hay humo, hay fuego). Por lo tanto, la expresión Foo Fighters podría traducirse libremente como ‘combatientes de humo’», explica el historiador.

«Estos objetos se comportaban de un modo imprevisible y desconcertante. Se colocaban al lado de los aviones aliados y les acompañaban durante un tramo. Si el aparato conseguía burlarles, en segundos la bola luminosa volvería a seguirlo de cerca, ejecutando maniobras imposibles para la tecnología de la época», sentencia Hernández.

Supuestos avistamientos

La primera referencia a los «Foo Figthers» se remonta al 13 de febrero de 1944. Ese día, y según el historiador: «El Cuartel General Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada (SHAEF) en París envió a los medios de comunicación una nota de prensa que hacía referencia a la aparición de ‘una nueva arma alemana en el frente aéreo occidental’».

En términos de ese comunicado, los aviadores norteamericanos habían hallado durante una acción de bombardeo unas «esferas de color plateado en el espacio aéreo alemán, parecidas a las bolas que adornan los árboles de Navidad», como explica el periodista en su libro.

«Siempre según la nota del Cuartel General de los Aliados, qué sería publicada por el New York Times, el nuevo artefacto parecía ser ‘un arma de defensa antiaérea, aunque no hay información de cómo se sostiene, que hay en su interior o para qué sirve en realidad’», explica Hernández.

Las esferas no explotaban ni atacaban, sólo seguían a los aviones

Desde ese comunicado, los avistamientos de estas misteriosas esferas decayeron hasta el 2 de enero de 1945, día en que el diario norteamericano «Herald Tribune» publicó un texto explicando los diferentes tipos de «Foo Fighters» que los aviadores habían visto hasta ese momento.

«Según una entrevista realizada al teniente Donald Meiers, podían consistir en una bola roja que volaba al lado del avión, una hilera de tres bolas de fuego volando enfrente del aparato o, por último, un grupo de una quincena de luces produciendo destellos intermitentes», determina el historiador. El oficial concluía su alegato afirmando: «No explotan ni nos atacan, solamente parecen seguirnos como fuegos fatuos».

A su vez, algunos pilotos incluso atribuyeron más capacidades a estas esferas. «En una ocasión, incluso una ellas llegó a atravesar limpiamente el fuselaje como si se tratase de un fantasma, entró dentro de la cabina y rebotó por las paredes del avión, marchándose tal como había llegado», determina Hernández.

Las esferas, un arma nazi

En ese momento, y debido a la victoria aliada, el interés por este fenómeno remitió. Sin embargo, en diciembre de ese mismo año, el investigador Jo Chamberlin volvió a sacar a colación el tema al escribir un artículo titulado «El misterio de los ‘Foo Fighters’», publicado en la revista American Legion Magazine.

Los investigadores determinaron que eran armas ideadas por Hitler

«Chamberlin había recopilado las descripciones de varios pilotos que decían haber sido testigos de aquellos artefactos. Para este autor, ninguna razón convencional podía explicar las inverosímiles evoluciones de aquellas luces, ni tan siquiera el que se tratase de un dispositivo para desorientar a los radares», afirma el experto.

Su conclusión fue tajante: estos objetos eran realmente armas nazis. Para ello se basó en la idea de que las luces voladoras «desaparecieron cuando las fuerzas de tierra aliadas capturaron el área al este del Rin. Ésta era conocida por ser la localización de muchos centros de experimentación alemanes».

«Según Chamberlin, los militares aliados no estaban dispuestos a hacer públicas las informaciones con que contaban sobre el origen de estas avanzadas armas, por lo que se atrevió a asegurar que ‘permanecerán ocultas durante tiempo, posiblemente para siempre’», determina Hernández.

Platillos volantes alemanes

Otra de las leyendas, incluso más conocida que la anterior, es la creación de unos extraños aviones por los nazis a partir de 1940. Según los datos, dichos artefactos tendrían una forma ovalada y alcanzarían una velocidad de nada menos que 2092 kilómetros por hora en sólo tres minutos a través de la propulsión de unos motores anti gravitatorios.

Otra versión más realista sobre estos aeroplanos afirma que consistían en unos pequeños aviones propulsados a motor que podrían tener la finalidad de crear el miedo en los pilotos aliados. En todo caso, estas rocambolescas teorías determinan también que los nazis habrían abandonado el proyecto una vez que sus enemigos tomaron Praga.

Estas suposiciones se atreven incluso a afirmar que los científicos encargados de estos proyectos viajaron tras la contienda a Estados Unidos para utilizar allí la misma tecnología, lo que explicaría la masificación en los avistamientos de Ovnis tras la II Guerra Mundial.

Desmitificando los Ovnis nazis

A pesar de los datos, Jesús Hernández se declara escéptico en cuanto a las dos teorías. En referencia a los supuestos avistamientos de «Foo Fighters», su posición es clara. «La explicación oficial habló en su momento de alucinaciones provocadas por el cansancio, relámpagos esféricos o el fuego de SanTelmo. Lo más probable es que estas razones expliquen la casi totalidad de avistamientos de los ‘Foo Fighters’. No hay que olvidar que en los bombardeos sobre Alemania participaron miles de aviones con sus respectivas tripulaciones», determina.

A su vez, achaca la visión de estas extrañas esferas al posible agotamiento de los pilotos. «Entra dentro de la lógica que en un número tan enormemente alto de misiones se produjeran todo tipo de hechos sorprendentes. Cualquier reflejo o chispa producida por la electricidad estática del aparato, sumado al cansancio acumulado tras horas de navegación aérea con el temor a la aparición repentina de un caza alemán y, no lo olvidemos, todo ello sucediendo de noche, podía dar como resultado la visión de un fenómeno tan singular como un ‘Foo Fighter’», dictamina el experto.

A su vez, otorga una explicación lógica a uno de los hechos más utilizados por los que apoyan la teoría de que las esferas eran armas dispuestas para el combate: la posibilidad de que uno de esos artefactos voladores atravesara el fuselaje de un aeroplano casi por arte de magia.

«Probablemente, la supuesta capacidad de los Foo Fighters para atravesar los fuselajes tiene su origen en una confusión lingüística. Algunos pilotos aliados intentaron huir de las extrañas luces ejecutando una maniobra consistente en forzar el motor del avión para que alcanzase su máxima velocidad, perdiendo así de vista a su perseguidor», explica el historiador.

Hernández se muestra escéptico a las teorías que hablan de Ovnis nazis

«Debido a lo arriesgado de llevar al aparato a unas condiciones tan extremas que podían implicar la parada, o incluso la explosión del motor, los pilotos solían emplear la expresión ‘through the gate’ (atravesar la puerta) para referirse a ello. Es posible que algún investigador poco meticuloso interpretase la frase como mejor convenía a sus intereses y, de repente, en el testimonio de algún aviador el ‘Foo Fighter’ ya hubiera atravesado la puerta del avión», sentencia Hernández.

Además, el periodista explica que la mayoría de investigadores que han estudiado este fenómeno se suelen «olvidar» de que estas supuestas esferas no sólo se vieron en los cielos alemanes. Los pilotos que llevaron a cabo misiones nocturnas en otras zonas de Europa, como Francia, Noruega o Sicilia también observaron fenómenos similares. La visión de ‘Foo Fighters’ también se daría en regiones tan alejadas como las costas de Túnez, Birmania, China y algunas islas del Pacífico. Es difícil creer que las avanzadas armas alemanas pudieran estar presentes en todos estos escenarios», afirma el periodista.

A su vez, el experto también cree que, al no haber derribado ningún avión, es difícil demostrar que estas luces fueran reales. «Ninguna de estas bolas luminosas dañó o derribó un avión aliado, lo que dificultaría mucho definirlas como armas», asevera.

Finalmente, y con respecto a la posibilidad de que los alemanes construyeran platillos volantes como arma disuasoria, Hernández ha determinado a ABC.es que, según considera, «es un mito sin ningún tipo de base, apenas un testimonio de un supuesto ‘vuelo de pruebas’». En todo caso, si alzan la vista al cielo y observan un Ovni fíjense bien… quizás lleve una esvástica dibujada en su fuselaje.

General Álava: la increíble historia del vasco que batalló por España en Trafalgar y Waterloo


ABC.es

  • Este vitoriano combatió junto al duque Wellington en la contienda que acabaría con las ideas expansionistas de Napoleón

Batalla de Vitoria (1813). Cuadro de Ferrer-Dalmau que muestra al General Álava junto al 15º de Húsares del Ejército británico junto al puente de Trespuentes

Un español, vitoriano vasco, tuvo el alto honor en la Historia Militar de batallar como oficial en las dos contiendas que marcarían el devenir de la Europa del siglo XIX: Trafalgar (1805) y Waterloo (1815). De las atlánticas aguas frente a las costas gaditanas, al «plateau» de Mont St. Jean de la Brabante valona. En medio, su liderazgo en plazas como Ciudad Rodrigo o Vitoria en la Guerra de Independencia que la nación española protagonizó contra el bonapartismo. En su haber, la profunda amistad que trabó con Sir Arthur Wellesley, Duque de Wellington.

Fue él. General Álava. Ni napoleones ni wellingtons: ni soldado alguno de sus huestes. Fue él, Miguel Ricardo de Álava y Esquivel (Vitoria, 1772-Barèges, Francia, 1843): capitán de corbeta y segundo comandante del tres puentes «Príncipe de Asturias» en Trafalgar (la batalla que ahogó el poder marítimo a la Francia napoleónica, «aliada» de España) y «mano derecha» del Duque de Wellington en la batalla que daría definitivamente con los huesos del «pequeño corso» en la lejana isla de Santa Elena.

El General Álava procedía de una familia noble y militar de toda la vida. Su tío era el insigne Ignacio María de Álava, segundo al mando de la Marina española en la batalla de Trafalgar donde comandó el «Santa Ana» y a la postre Capitán General de la Armada.

«Desde los seis años y durante once más recibió una educación no ya primorosa, sino inusitada para los tiempos que corrían, en el Real Seminario Bascongado de Vitoria; gracias a eso hablaba con gran corrección inglés y francés, así como dominaba las matemáticas y la física, todo lo cual le sería muy necesario para su prevista carrera de marino de guerra», explica el escritor Ildefonso Arenas con quien recorremos la figura de este militar y diplomático español. Arenas esboza su desconocida figura en «Álava en Waterloo» (Ed. Edhasa), novela histórica que será publicada a finales de este mes.

A los nueve años Miguel Ricardo de Álava ingresó como cadete en el regimiento de Infantería de Sevilla, el cual lo mandaba otro de sus tíos, José. Tras su paso por el Ejército, el entonces subteniente Álava, de 17 años, ingresó en la Marinaa la cual serviría (como sus tíos Luis e Ignacio) recibiendo su primer grado naval, el de guardiamarina.

Múltiples fueron las escaramuzas y batallas en las que participó el joven Álava contra Francia e Inglaterra, países que acosaban en el último tercio del siglo XVIII al viejo Imperio español. Ceuta, el sitio de Toulon e Italia fueron algunos de los escenarios donde sus navíos batallaron. Durante el lustro 1795-1800 se embarcaría junto a su querido tío Ignacio en una vuelta al mundo con Iberoamérica como principal punto de escalas, siendo apresado y posteriormente liberado por los ingleses en su rumbo de vuelta a España.

En 1805, el ya capitán de corbeta acudiría a la batalla de Trafalgar bajo las órdenes del mando de la flota española, Federico Gravina y Napoli. Eran momentos decisivos en una Europa que militarmente hablaba francés. «Su actuación durante la batalla fue sumamente distinguida, tanto que cabe atribuirle una parte significativa del mérito de salvar el buque de 112 cañones “Príncipe de Asturias” (pese a las 150 bajas registradas) y de que no fuera capturado por la fuerza de Sir Cuthbert Collingwood (el verdadero vencedor de Trafalgar). Esto se le reconoció como se reconocen los grandes méritos: dos semanas después fue ascendido a Capitán de Fragata; para los 33 años que tenía, todo un carrerón», recalca el escritor Ildefonso Arenas.

 

General Álava: la increíble historia del vasco que batalló por España en Trafalgar y Waterloo

Mapa inglés de la batalla de Trafalgar, 21 de octubre de 1805

Con la flota franco-española derrotada y el inglés victorioso, España se ve sumida tres años más tarde en una guerra de guerrillas contra el bonapartismo encarnado en la figura del hermano del Sire, José I Bonaparte. Es la Guerra de la Independencia, la Guerra del Francés, precisamente aquella contienda a la que muchos historiadores atribuyen como el origen de la nación española entendida hasta nuestros días en su denominación más popular. ¡Viva la Pepa!

Es en ese momento cuando este vasco alavés, ya retirado del servicio militar y aposentado en sus fincas de la provincia de Álava con el recuerdo del azul y sangre de Trafalgar en su mirada (era diputado «del Común» por su provincia, lo que hoy equivaldría a «defensor del pueblo»), regresa a la llamada del deber patrio… aunque en un principio parece aceptar a José I Bonaparte, llegando a ser incluso representante de la Marina de Guerra en la Junta que elaboró la Constitución de Bayona y que otorgó la Corona de España al hermano de Napoleón. Tampoco se opuso a la derogación de los históricos fueros vascos.

Parecía que las Juntas Generales de Álava aceptaban así a José I, pero finalmente no fue así. Es en este punto cuando Miguel de Álava parte clandestinamente hacia Madrid pare unirse al bando patriota. Calatayud, Tudela o Medellín fueron algunos de los escenarios que tuvieron a Álava en buena lid, bajos las órdenes del general Castaños y del Duque de Alburquerque.

Álava entró a las órdenes del Duque de Wellington… como traductor

A mediados de 1809, en esta guerra de guerrillas alguien pretende poner orden y concierto: el Duque de Wellington quien se halla en Portugal. Ahí es donde Álava cobra protagonismo para trasladarle las necesidades militares de los junteros. ¿El motivo? Muy simple: el idioma.

«Wellington vivía desesperado, porque no se entendía ni con la Junta de Extremadura, ni con la de Andalucía, ni con la Central, ni con las Cortes de Cádiz, ni con los comandantes de las divisiones españolas, ni con las innumerables partidas de guerrilleros. La principal razón de no entenderse era el idioma. Contaba como intérprete con un oficial irlandés de los Reales Ejércitos, O’Lawlor, que hablaba un castellano académico, pero con eso no bastaba para entenderse no ya con los abruptos acentos de sus nada cultos contrapartes, sino con la peculiar idiosincrasia de sus aliados españoles, los cuales, fieles a la filosofía nacional, iban cada uno a su bola», explica Ildefonso Arenas…Y en esto apareció Álava. Ya coronel.

Encuentro con Wellington

«A los dos días, como quien dice, Wellington apreció, asombrado, que allá donde participaba Álava cesaban los malentendidos, las grescas y las broncas, de modo que se quedó con él. Como además de hablar un exquisito inglés pertenecía a una clase social parecida a la suya (aristócratas de provincias no muy adinerados; sus modales y su educación, en consecuencia, eran similares), no tardaron en congeniar, de modo que no mucho después, hacia 1811, eran los mejores amigos del mundo. Una amistad que nunca se enfrió, pese a que Álava fue toda su vida un liberal convencido, mientras Wellington era un ultraconservador», destaca el autor de «Álava en Waterloo».

El Duque de Wellington eligió a Álava como su hombre de confianza para el sitio de Ciudad Rodrigo (1811). Más tarde proclamaría la Constitución de 1812 en Madrid. Herido en Dueñas, fue elegido diputado general de Álava. Participó en su tierra, Vitoria, en la batalla del 21 de junio de 1813 contra un José I que huía como alma que lleva el diablo .

El entonces mariscal Álava entró triunfante en su ciudad (en la plaza de la Virgen Blanca se recuerda su figura) evitando saqueos y desmanes para más tarde, siempre junto a Wellington, perseguir a los franceses más allá de los Pirineos. Fernando VII volvía a reinar en una nación que a partir de entonces empezaría a engendrar el mal llamado de «las dos Españas». Nada sería igual.

«Álava era un liberal convencido, pero no un exaltado defensor de la Pepa. De hecho, cuando en 1820 se rehabilitó la constitución Álava figuraba en el bando de los doceañistas (partidarios de aplicarla con sensatez y moderación), contrario a los veinteañistas (a cuyo lado los jacobinos de Robespierre habrían pasado por hermanitas de los pobres). Álava, que llegó a presidir las Cortes, jamás varió su postura en favor de la serenidad y la prudencia, lo cual le costó un par de exilios (además del principal, el de 1823 a 1833)».

Batalla de Waterloo

Pero volvamos al tablero de ajedrez que se había convertido la Europa de 1815. Napoléon había vuelto de su primer exilio en la isla de Elba y se propone restablecer la «grandeur» de Francia. Wellington requeriría de los servicios de Álava para la cita de Waterloo.

«A mediados de mayo de 1815 el Rey Fernando VII, a requerimiento de Wellington, ordenó a Álava, por entonces embajador en los Países Bajos con residencia en Bruselas, un par de cosas: (1), que le representase ante su exiliada majestad Luis XVIII, refugiado en Gante, y (2) que actuara como su comisionado (hoy se diría «agregado») en el Ejército del duque de Ciudad Rodrigo (Fernando VII siempre se refirió a Wellington como «duque de Ciudad Rodrigo»), cuyo nombre oficial era «Army of the Low Countries» y cuyo cuartel general también estaba en Bruselas. Álava, de hecho, llevaba haciendo eso mismo desde hace un mes, aunque por su cuenta y especulando con que Fernando VII acabaría por conceder lo que Wellington le pedía una y otra vez por medio del embajador en Madrid (su hermano Henry). Con eso Álava pasó a incorporarse de un modo oficial al reducido Estado Mayor de Wellington».

Aquí es de señalar que el ejército de Wellington difería bastante de los restantes ejércitos europeos, donde bajo el comandante supremo había un jefe de estado mayor y un intendente general. Wellington sólo tenía un intendente general («Quartermaster General»), que hasta el 1 de junio fue Sir Hudson Lowe (pasó a la historia como carcelero de Napoleón en Santa Elena) y desde ahí Sir William Howe de Lancey. «Ahora, si bien oficialmente no tenía un “jefe de estado mayor”, extraoficialmente sí que lo tenía: Don Miguel de Álava», aclara el escritor Ildefonso Arenas.

Álava fue el Nº 2 del ejército de Wellington

Hay multitud de documentación, en su mayoría británica, que señala la presencia de Álava junto a Wellington ya en la noche previa a la batalla (la del 17 al 18 de junio de 1815), así como durante la misma y, cuando todo acabó, cenando solos en la posada Jean de Nivelles, Waterloo.

«Álava estuvo todo el tiempo junto a Wellington (y junto a Álava el capitán español Nicolás de Miniussir, su “aide-de-camp”; pese a que llegó a ser Mariscal de Campo de los Reales Ejércitos es otro gran desconocido de la historia), actuando como lo que de veras era hasta más o menos las cinco de la tarde; a esa hora De Lancey fue alcanzado por una bala de cañón y dejó de actuar como intendente general, pasando a ser sustituido por Álava. Aquí se debe tener en cuenta, por si alguien piensa que esto es una “licencia literaria”, que Wellington inició la batalla con un “staff”‘ compuesto de un intendente general (De Lancey), un secretario militar (Lord FitzRoy Somerset), ocho “aides-de-camp” (Gordon, Canning, Lord March, Percy, Fremantle, Hill, Cathcart y el Prinz Nassau-Usingen) y cuatro “agregados” (Álava por España, Müffling por Prusia, Pozzo di Borgo por Rusia y Vincent por Austria); al acabar sólo quedaban él, Álava, Müffling y dos aides-de-camp, Percy y Fremantle».

«Álava no sólo hizo de intendente general accidental por ser el de mayor capacidad y experiencia, sino porque no quedaba en el “staff” de Wellington ningún oficial de suficiente “seniority” para poder desempeñar la función (Álava era todo un teniente general de los Reales Ejércitos; su graduación era equivalente a la de un “full general” inglés, y en la línea de Wellington sólo había uno de ese rango, Sir Rowland Hill, el cual, tras caer el Prins van Oranje, mandaba los Army Corps I y II; de ningún modo habría podido actuar de Quartermaster General», detalla con toda la minuciosidad posible nuestro experto en Don Miguel de Álava.

Así pues, «durante la segunda mitad de la batalla Álava fue el Nº 2 del ejército de Wellington. Nadie discutió su autoridad. Todo el mundo le sabía muy vinculado a Wellington y, por otra parte, allí, en el plateau de Mont St Jean, no hizo nada que no hubiera hecho dos años antes, el día de Vitoria».

Distinguido en el Reino Unido

Posteriormete Miguel de Álava fue embajador en Francia (1815, 1835), diputado por Álava (1821), presidente de las Cortes (1822), embajador en el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda (1834, 1838), senador (prócer) (1834, 1836), ministro de Marina (1835) y presidente del Consejo de Ministros (1835).

Entre sus múltiples condecoraciones y honores, Álava tuvo siempre a gala la de Caballero Comendador extraordinario de la Orden del Baño (10 de octubre de 1815), para premiar «mis servicios bajo las órdenes del Duque de Wellington durante la Guerra de España y también a mi conducta distinguida en la batalla de Waterloo». Aquella «Guerra de España» -la de Independencia, 1808-1814- en la que por una vez la nación llamada España se unió en una sola dirección.

4 preguntas para Ildefonso Arenas, autor de la novela «Álava en Waterloo»

E. VILLAREJO/M. P. VILLATORO
– La otra gran faceta del general Álava fue la de diplomático…
– Fue un maestro de la profesión. Embajador en el Reino de los Países Bajos, en Francia (dos veces) y en Inglaterra (dos veces). Siempre sin medios y sin dinero, y a pesar de todo consiguiendo resultados espectaculares para España sin más recursos que su inteligencia, su oficio y su fenomenal talento para las relaciones humanas. Si un solo ejemplo puede ilustrar su asombrosa profesionalidad fue el cierre del II Tratado de París (20-11-1815). En ese tratado se repartieron los 700 millones de francos que Francia pagaría como indemnización a la Séptima Coalición. Una coalición en la que España sólo aportó dos soldados, Álava y Miniussir (se alinearon 600.000). Pese a ello, y pese a que la representación española en la negociación del tratado estaba confiada al tristemente célebre Marqués de Labrador, el que tan lamentable papel desempeñó en el Congreso de Viena, Álava, a través de Wellington, consiguió levantar para España la octava suma por orden de importancia, 12,5 millones de francos (por delante de Baden y de Württemberg, que habían aportado 45.000 hombres entre las dos). Toda su vida fue un maestro inigualable en el divino arte de ir sin nada y llevarse la mano.
– ¿Qué importancia tiene el general Álava en la Historia de España?
– Hasta 1936 podría decirse que la tuvo, pero su fama de liberal ilustrado sospechoso de masón (nunca se demostró que lo fuera) le hizo quedar en la parte negra de la historia según ésta se interpretó durante la dictadura, y ahí sigue, para nuestra vergüenza.
– ¿Qué cualidades destacaría de su persona?
– Militar competente, valeroso y heroico, diplomático inigualable, parlamentario brillante, político honesto y de irreprochable rectitud personal, así como buen marido y aún mejor amigo. Además, y por si todo eso fuera poco, poseía un exquisito sentido del humor.
– Era vitoriano… ¿lo estudian hoy día en las ikastolas?
– Eso sí que no lo sé. Durante un tiempo de su vida fue Diputado General de Álava, y en su ciudad, Vitoria, se le venera por muy buenas razones (gracias a él los ingleses no la saquearon el 21 de junio de 1813, como pocas semanas después harían con San Sebastián), al punto que las dos únicas estatuas que le conozco están allí, en Vitoria, pero no estoy seguro de que todo eso sea mérito suficiente para ser estudiado en una ikastola. Quién sabe. Con suerte, podría ser que sí.

Retrato de la Tierra con polvo, humo y contaminantes


El Pais

  • La NASA simula la meteorología del planeta y los aerosoles en la atmósfera

Simulación de la Tierra con los aerosoles en suspensión en la atmósfera. / WILLIAM PUTMAN, NASA/GODDARD

La simulación climática en ordenador del clima de la Tierra con la que trabajan los expertos de la NASA permite hacer un retrato del planeta en el que destacan los llamados aerosoles, es decir, las partículas en suspensión del polvo que se levanta de la superficie, la sal marina que gira dentro de los ciclones, el humo que se eleva de los fuegos y las partículas de sulfatos procedentes de los volcanes y de la quema de combustibles fósiles.

La simulación, global y en alta resolución, es un modelo computerizado dinámico con el que se trabaja en el Centro de Vuelo Espaciales Goddard, informa la NASA, y supone una herramienta esencial para estudiar el papel de la meteorología en el sistema climático terrestre. El modelo, denominado GEOS-5 es capaz de simular la meteorología de todo el mundo con resoluciones que van desde 3,5 a 10 kilómetros.

En el retrato del planeta, los diferentes códigos de colores permiten identificar el polvo (en rojo), la sal (azul), el humo (verde) y las partículas de sulfatos (blanco).

 

Abell 30: la estrella moribunda que volvió a nacer


El Mundo

La nebulosa planetaria Abell 30. | NASA/ESA

A veces, en el Cosmos, algunas estrellas moribundas vuelven a nacer. Esto es lo que acaba de comprobar un equipo internacional de astrónomos, dirigido por Martín A. Guerrero Roncel, del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), al observar la insólita evolución de la nebulosa planetaria Abell 30.

Las nebulosas planetarias constituyen una de las etapas finales en la vida de estrellas de masa intermedia, como el Sol, y están formadas por una estrella central muy densa y caliente y una envoltura gaseosa fluorescente. “En un periodo de unos 20-30.000 años, la nebulosa se disipa y el brillo de la estrella central se va extinguiendo“, señala Martín Guerrero. “Sin embargo, hay unos pocos casos, en torno a uno de cada 1.000, en los que la estrella revive gracias a un estallido termonuclear tardío de su capa de helio, lo que vuelve a generar una nueva nebulosa planetaria”.

Este es el caso de la nebulosa Abell 30, que muestra en sus regiones centrales una serie de grumos de material pobre en hidrógeno y una estructura con forma de hoja de trébol en torno a la estrella central. Gracias a imágenes de diversas épocas obtenidas con el telescopio espacial Hubble y a observaciones recientes con los satélites XMM-Newton (ESA) y Chandra (NASA) se ha establecido que, hace 850 años, la nebulosa revivió.

Gigante roja

Las estrellas obtienen su energía de las reacciones termonucleares que convierten el hidrógeno del núcleo en helio. Al agotarse el hidrógeno, el núcleo de la estrella comienza a hundirse bajo su propio peso, proceso que calienta las capas externas, que se dilatan y expanden. La estrella aumenta su radio casi 100 veces y se convierte en una gigante roja.

En el caso de estrellas de masa intermedia las reacciones nucleares prosiguen y el helio da lugar a carbono y oxígeno, pero la dilatación de la envoltura continúa hasta que la estrella pierde el control sobre ella y se expande libre en el espacio. El núcleo, muy caliente, produce radiación ultravioleta que, al ionizar el material de la envoltura, hace que emita luz.

Así se formó, hace unos 12.000 años, Abell 30, una nebulosa planetaria que presenta un cascarón brillante prácticamente esférico y una estrella central (una enana blanca con un núcleo de carbono y oxígeno, una capa de helio y otra, más superficial, de hidrógeno).

Pero, con el tiempo, las reacciones termonucleares en la capa de hidrógeno superficial alimentaron la capa inferior hasta que, hace 850 años, se inició la fusión de helio. Esto produjo la eyección de parte del material de dichas capas y una dilatación tal que la estrella retomó las características de una gigante roja (entre ellas, la emisión de un viento estelar de baja velocidad).

El futuro del Sistema Solar

Tras esta segunda fase de gigante roja, que duró entre cinco y 20 años, la estrella volvió a contraerse y comenzó a emitir un viento estelar muy veloz, compuesto por partículas que podían alcanzar los 4.000 kilómetros por segundo. “El material eyectado durante el estallido es ahora barrido por el viento de la estrella e ionizado por su radiación ultravioleta para formar estructuras que recuerdan a los cometas del Sistema Solar, sólo que sus colas son miles de veces mayores y emiten copiosamente en rayos X”, añade Martín Guerrero.

Abell 30 constituye un objeto de gran interés porque es una de las cuatro nebulosas planetarias renacidas que se conocen, y porque se trata de un sistema único que presenta tres tipos de viento estelar, lo que la convierte en el objeto idóneo para estudiar la interacción de vientos.

Además, objetos como Abell 30 permiten anticipar el futuro del Sol, que previsiblemente formará una nebulosa planetaria. “Abell 30 nos permite vislumbrar el futuro del Sistema Solar, cuando el Sol se convierta en enana blanca y los planetas que aún sobrevivan sufran condiciones extremas”, apunta Martín Guerrero.

El pariente más antiguo del panda gigante chino vivió en la Península


El Mundo

  • Paleontólogos españoles describen un nuevo género de úrsido, ‘Kretzoiarctos’
  • Encontraron una mandíbula y un diente carnicero de 11,6 millones de años
  • El hallazgo se produjo en el vertedero de Can Mata, en Barcelona
  • En Zaragoza se hallaron anteriormente fósiles de estos osos

Restos fósiles de ‘Kretzoiarctos’ hallados en Barcelona y Zaragoza. | Juan Abella/ MNCN.

El pariente más antiguo del oso panda gigante chino (‘Ailuropoda melanoleuca’) vivió en la Península Ibérica. Los paleontólogos hallaron una mandíbula y una pieza dental de hace 11,6 millones de años durante las obras de excavación de un vertedero en Barcelona. Su tamaño, no obstante, debió ser bastante más pequeño que el de los pandas gigantes que en la actualidad viven en China. El origen del linaje de este popular animal sigue siendo objeto de debate entre paleontólogos y biólogos.

A partir del descubrimiento de estos fósiles, un equipo de investigadores españoles, liderados por Juan Abella, han descrito un nuevo género de úrsido, ‘Kretzoiarctos’. Sus características se publican esta semana en ‘PLOS ONE’ en un artículo firmado por investigadores ligados al Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), al Institut Català de Paleontologia (ICP) y a la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Las obras que desde hace más de diez años se llevan a cabo en el Abocador de Can Mata (Hostalets de Pierola, Barcelona) están sacando a luz numerosos fósiles. Hace un año, el investigador Juan Abella tuvo la ocasión de examinar algunas de estas piezas durante una visita a Barcelona, según cuenta a ELMUNDO.es en conversación telefónica. “Estaba a punto de publicar un artículo en la revista ‘Estudios Geológicos’ sobre una nueva especie de úrsido primitivo, ‘Agriarctos beatrix’, de la que se habían encontrado fósiles en el yacimiento de Nombrevilla 2 (en Daroca, Zaragoza)”, recuerda.

Parientes europeos del panda

Estos fósiles formaban parte desde hace años de la colección del MNCN. El problema es que sólo contaban con algunas piezas dentales superiores y no dentición inferior, lo que dificultaba la comparación de este animal con otros fósiles del Mioceno superior hallados en Hatvan (Hungría). Las piezas disponibles eran insuficientes para describir un nuevo género, aunque sí se pudo determinar una nueva especie, ‘Agriarctos Beatrix’.

Toparse con los fósiles de Can Mata, una mandíbula y un fragmento de una carnicera superior, les permitió ampliar la investigación, realizar un estudio filogenético y describir un nuevo género de úrsido. Y es que al comparar los fósiles catalanes con los restos de Hungría concluyeron que las diferencias eran suficientemente significativas como para describir un nuevo género extinto de panda gigante. ‘Kretzoiarctos’ se convierte, por tanto, en el pariente más antiguo del actual panda gigante.

Hasta hace poco, los fósiles del Mioceno superior chino (hace entre 7 y 8 millones de años) eran los más antiguos del grupo ‘Ailuropodinae’, que incluye a los pandas actuales y a las formas extintas de los pandas gigantes. En los últimos años se habían desenterrado en Europa restos fósiles de este grupo más antiguos pero los registros eran escasos.

Parecido al oso malayo

Abella calcula que este animal que vivía en la Península podría haber pesado unos 60 kilogramos y su aspecto debía recordar al del actual oso malayo (‘Helarctos malayanus’). No obstante, aclara que disponer sólo de piezas dentales imposibilita hacer una recreación realista del aspecto de ‘Agriarctos Beatrix’. “La reconstrucción que se hizo a partir de los fósiles hallados en Zaragoza está basada en suposiciones, pues las fórmulas que se usan para calcular la masa corporal no dan resultados reales con los dientes. Para hacerla bien, convendría tener los huesos largos del animal, como el húmero y el fémur, que estiman bein la masa corporal”.

El nuevo género de úrsido ha sido bautizado como ‘Kretzoiarctos’ en homenaje al paleontólogo griego Miklós Kretzoi, que durante años lideró las excavaciones en los yacimientos de Rudabánya (Hungría).

El panda gigante, una especie amenazada

Casi todas las especies de osos son omnívoros ya que, a pesar de su potente dentadura, no sólo comen carne sino también frutas, raíces o insectos. El panda gigante, sin embargo, es completamente herbívoro.

El panda gigante, nativo de algunos partes de China, es el único miembro de los ‘Ailuropodinae’ que no se ha extinguido, aunque es una especie amenazada. Según datos de la organización conservacionista WWF, que tiene a oso como emblema, en la actualidad quedan unos 1.600 ejemplares en libertad.

Suelen medir alrededor de un metro y medio, y los adultos pesan hasta 150 kilogramos. Este oso de pelaje blanco y negro vive en bosques templados de hoja ancha y mixtos al sudoeste de China, donde encuentra en abundancia el bambú del que se alimenta. Un panda gigante consume nada menos que entre 12 y 38 kilogramos de esta planta. Y es que, a pesar de que tiene un sistema digestivo similar al de un carnívoro, su organismo se ha adaptado a la dieta vegetariana. Sin embargo, la destrucción de su hábitat y la caza furtiva son las principales amenazas del panda gigante, un animal tranquilo y de aspecto bonachón.

Descubiertas en Sudáfrica las lanzas de piedra más antiguas


El Mundo

Las piedras descubiertas en el yacimiento de Kathu Pan en Sudáfrica. | Jayne Wilkins

Hace medio millón de años, nuestros antepasados ya cazaban con afiladas lanzas de piedra. Esto es lo que acaba de comprobar un equipo de científicos liderado por Jayne Wilkins, de la Universidad de Toronto, al descubrir que estas armas prehistóricas se usaban 200.000 años antes de lo que se pensaba hasta ahora.

Wilkins, la firmante principal de estudio recién publicado en ‘Science’, junto con investigadores de la Universidad de Arizona y de Ciudad del Cabo, han llegado a esta conclusión tras analizar piedras del yacimiento de Kathu Pan en Sudáfrica. Las rocas fueron recogidas durante las excavaciones realizadas por el arqueólogo Peter Beaumont entre 1979 y 1982.

El equipo corroboró la función de lanza de estas piedras comparando su desgaste con el deterioro en armas más modernas utilizadas para cazar gacelas.

“Esto cambia el modo en que pensábamos acerca del surgimiento de capacidades humanas antes del origen de nuestra propia especie”, explica Jayne Wilkins. “Aunque tanto los neandertales como los humanos usaban lanzas con punta de piedra, ésta es la primera evidencia de que esta tecnología se originó antes de la divergencia entre las dos especies”, explica Wilkins.

Estas armas eran comunes en la Edad de Piedra, hace unos 300.000 años. Sin embargo, este nuevo hallazgo muestra por primera vez que fueron usadas en el Pleistoceno Medio, un periodo asociado con el Homo ‘Heidelbergensis’, el ancestro común de los neandertales y los humanos modernos. “Hasta el momento era discutida la sofisticación cultural del ‘Homo Heidelbergensis’ que nosotros habíamos descubierto en la Sima de los Huesos. Este hallazgo termina de confirmar esa complejidad”, asegura Jose María Bermúdez de Castro, codirector de Atapuerca, a ELMUNDO.es

Este descubrimiento hace que “algunas de las características que asociamos con los humanos modernos y nuestros parientes más cercanos se remontan más atrás en nuestro linaje“, comenta Wilkins.

La fabricación de estas puntas de lanza de piedra (conocidas como enmangamiento) fueron un avance importante en los métodos de caza los primeros humanos. Esto requería un mayor esfuerzo y mayor habilidad y a su vez incrementaba las posibilidades de matar a las presas.

El hallazgo, por tanto, “corrobora que la complejidad tecnológica no es sólo propia de los neandertales”, dice Bermúdez de Castro. Cada vez son más comunes las descubrimientos “sobre herramientas complejas progresivamente más antiguas”.