Los Moais de la Isla de Pascua se movieron sin ruedas ni carros


National Geographic

  • Durante siglos, la incógnita de cómo se movieron las estatuas de la Isla de Pascua asoló a los estudiosos. Ahora tenemos una nueva teoría.

10057.600x450

Las enormes moles fueron desplazadas aproximadamente 11 millas (18 kilómetros) desde la cantera sin utilizar la ayuda de ruedas, grúas o tracción de grandes animales.

Los científicos probaron con diversas hipótesis en el pasado, imaginando que los isleños utilizarían combinaciones de trineos, ruedas u cuerdas, pero ahora un grupo de arqueólogos han desarrollado una nueva teoría: Los Moais (así llaman a las estatuas) se movieron exclusivamente gracias a cuerdas y tracción humana.

Terry Hunt, de la Universidad de Hawai y Carl Lipo, de la californiana Universidad Estatal de Long Beach han trabajado juntos y con el arqueólogo Sergio Rapu, que pertenece a la etnia de los Rapanui han desarrollado una nueva teoría sobre el movimiento de los Moai, basado en una base en forma de arco y el uso de cuerdas de una forma concreta.

El año pasado, en investigaciones de mano de National Geografic Society, Hunt y Lipo demostraron que con 18 personas con tres cuerdas y un poco de práctica podían mover un Moai de 5 toneladas varios metros.

En 1986, el ingeniero checo Pavel Pavel trabajó con el explorador/aventurero Thor Heyerdahl y, con la ayuda de 17 personas más consiguieron mover 4 metros un Moai de nueve toneladas, pero tuvieron que detenerse cuando la base de la estatua comenzó a estropearse.

Un año después el arqueólogo estadounidense Charles Love y un equipo de 25 personas, levantaron un modelo de nueve toneladas con una cuerda y consiguieron desplazarla sobre ruedas avanzando 148 pies (48 metros) en dos minutos.

Mientras, muchos de los indígenas Rapanui siguen manteniendo firme una teoría, y afirman que ellos saben la verdad respecto al dilema: Las estatuas caminaban.

Contactaremos con extraterrestres en dos décadas


ABC.es

  • Decenas de especialistas han analizado en California las posibilidades de encontrar, en un futuro próximo, vida fuera de la Tierra
Contactaremos con extraterrestres en dos décadas

Tenemos mejores condiciones que nunca para detectar vida fuera de la Tierra. Y también para captar señales de una posible inteligencia extraterrestre, algo que probablemente sucederá a lo largo de laspróximas dos décadas. Estas son algunas de las conclusiones de la conferencia SETICon 2, celebrada en Santa Clara, California, durante el pasado fin de semana.

Durante dos días, decenas de especialistas se han reunido en Santa Clara para compartir ideas y analizar las posibilidades de encontrar, en un futuro próximo, vida fuera de la Tierra. Algo que, según la opinión general de los participantes, podría estar a punto de suceder.

La conferencia SETICon 2 se centró en esta ocasión en los recientes hallazgos del telescopio espacial Kepler, de la NASA, dedicado en exclusiva a buscar planetas parecidos al nuestro y que lleva desde 2009 “peinando” sistemáticamente miles de estrellas a nuestro alrededor y queha descubierto ya 2.300 exoplanetas (muchos de ellos a la espera aún de confirmación) en los que no se descarta la posibilidad de que haya surgido alguna forma de vida.

Tal y como dijeron muchos de los oradores, la misión Kepler ha permitido a los “cazaplanetas” encontrar mundos situados lejos de sus estrellas, y no pegados a ellas como sucede con la mayor parte de los descubrimientos anteriores. Y lo que es más, los nuevos telescopios son capaces, también, de encontrar planetas pequeños, del tamaño del nuestro y de composición similar, lo que aumenta las posibilidades de que por lo menos algunos de ellos sean aptos para la vida tal y como nosotros la conocemos.

«¿Solo la Tierra? ¡Qué atrevido!»

Algunos de los participantes fueron incluso más allá y aseguraron queconfían en que se produzca el primer contacto con seres inteligentes en el plazo de dos décadas. Kepler, dicen los defensores de esta idea, está permitiendo analizar un gran número de planetas en los que ya se dan algunas de las condiciones necesarias para la vida. A partir de ahí, los equipos de SETI podrán enfocar sus sofisticados equipos de escucha en objetivos mucho más concretos y probables.

“Hay unos 500.000 millones de planetas ahí fuera -dijo Seth Shostak, un astrónomo del proyecto SETI- y pensamos que hay otros 100.000 millones de galaxias. Pensar que la Tierra es el único lugar donde ha sucedido algo interesante es un punto de vista, como mínimo, atrevido”.

Quién da más por la Historia de España


ABC.es

La casa de subastas Jesús Vico celebra hoy una puja abierta de mil monedas acuñadas en la Península Ibérica procedentes de la antigua colección de la Hispanic Society of America

Quién da más por la Historia de España

Quiso Archer M. Huntington que la sociedad norteamericana conociese a fondo la historia de España y su imperio a través de sus pinturas, sus joyas, sus artes decorativas… y sus monedas. El coleccionista y filántropo de finales de siglo XIX reunió 38.000 monedas que hasta hace unos meses pertenecieron a la Hispanic Society of America, institución que él mismo fundó en 1904.

La búsqueda de fondos para la conservación y adquisición de nuevas obras de arte español –la HSA posee una de las galerías más famosas de cuadros de Sorolla del mundo– se tradujo en una subasta histórica: la Hispanic renunciaba a la colección y abría la puerta a la dispersión de las piezas.

Sotheby’s adjudicó el tesoro a un comprador anónimo por una cantidad que oscila entre los 25 y los 35 millones de dólares (la cifra exacta es un misterio). El cliente resultó ser un consorcio de profesionales europeos que aunaron fuerzas (y capitales) para hacerse con el lote. Entre ellos se encontraba Jesús Vico, propietario de una de las casas de subastas más importantes de nuestro país.

Subasta en Madrid

Diez mil monedas han sido cedidas temporalmente por un donante desconocido a la Sociedad Numismática Americana, organización que, antes de la venta de Sotheby’s, se encargaba del estudio y la catalogación de las piezas. Otras mil(mil cuatro, en realidad) serán subastadas hoy en el Hotel Wellington de Madrid (calle Velázquez, 8) a partir de las cuatro de la tarde. Jesús Vico prevé que la subasta durará unas cinco horas: «Se adjudicarán unas 200 monedas cada hora, probablemente».

El lote está compuesto exclusivamente por monedas acuñadas en la Península Ibérica. La primera pieza data del siglo IV a.C. (una dracma que acuñaron los griegos en Rosas, Gerona) y la más moderna pertenece el reinado de Alfonso XIII. Entre una y otra hay piezas de Hispania Antigua, los reinos de Castilla y León, la Corona de Aragón, el Reino de Navarra, los Reyes Católicos, todas las coronas posteriores hasta Isabel II y las primeras pesetas (acuñadas a partir de 1868 y empleadas durante el gobierno provisional y la I República).

La puja está dirigida a todo tipo de públicos, tanto coleccionistas privados como instituciones públicas, y se podrá realizar en persona, por teléfono e internet. La moneda más «económica» tiene un precio de salida de 20 euros; la más valiosa, un 10 excelentes de los Reyes Católicos, 450.000 euros. «Ya hay siete u ocho personas interesadas, pero tenemos la esperanza de que se quede en España», reconocía Jesús Vico hace unas semanas. La casa celebrará otras dos subastas en octubre y noviembre. Tres ocasiones únicas para hacerse con un pedazo de la Historia de España. Hagan sus ofertas.

¿Qué esconde Londres bajo tierra?


La Razón

El novelista y ensayista Peter Akroyd publica un libro sobre lo que podemos encontrar, entre la realidad y la leyenda, en la región subterránea de Londres

Estampas históricas.  El suburbano londinense se ha mitificado en diversas épocas como demuestran estas imágenes

He aquí el mundo subterráneo, el material y el simbólico, de la mano del máximo especialista en la ciudad de Londres, el británico Peter Ackroyd, que hace diez años publicó una impresionante biografía de la capital inglesa que ya integraba un breve capítulo titulado «Bajo tierra». Este se abría con la reproducción de un retrato de «un rastreador de cloacas» que busca objetos para venderlos después; en el pie de la ilustración se podía leer que se trataba de «una profesión peligrosa y menospreciada», la cual sin embargo podía dar réditos económicos en la sociedad miserable del siglo XIX. No en vano, para buscarse la vida cualquier camino era bueno, aunque para ello fuera necesario viajar a las profundidades en plena oscuridad e insalubridad.

Paisajes mitológicos
Así, en dicho capítulo, el experto en Shakespeare y tantos otros autores anglosajones hablaba de un universo compuesto por cámaras, túneles, criptas y catacumbas en los edificios importantes de su ciudad. Pues bien, ahora puede leerse ampliado, en «Londres bajo tierra» (Edhasa, traducción de Gregorio Cantera), aquello que Ackroyd esbozó en su biografía londinense; una investigación donde «el miedo a las entrañas» se pone de manifiesto a lo largo de los siglos, dado que el descenso evoca lo mitológico: paisajes como el río Estigia, que comunicaba el mundo de los vivos con el de los muertos, o animales monstruosos, como el Minotauro, Cerbero y Anubis, que en la Antigüedad estaban emparentados con «el mundo inferior»; en suma, un «lugar de sueños y alucinaciones», «un lugar imaginario donde se han trastocado las circunstancias normales en que se desarrolla nuestra vida diaria».

No en balde, en el siglo XIX se pensaba que el subsuelo acogía a todo tipo de maleantes y viciosos, individuos que salían de noche para perpetrar sus crímenes. Hoy, los peatones que pisan Londres muy probablemente desconocen que «deambulamos por encima de lo que fuera la ciudad en el pasado, allí donde, bajo ocho metros de tierra amontonada y prieta, se guarda toda su historia, desde los tiempos prehistóricos hasta nuestros días», dice al inicio Ackroyd, insinuando que el subsuelo es el reverso de lo visible y de un lejano tiempo pretérito. Antaño, trabajaban allí «fregadores» o «barredores» que despejaban los desagües y destaponaban obstrucciones, o los rastreadores de alcantarillas, de los que existen numoerosas fantásticas, como aquellas que afirman que muchos murieron al respirar el aire nauseabundo de las cloacas o que fueron asesinados por ratas gigantes.

Un viajero alemán del siglo XVIII dijo que «un tercio de los habitantes de Londres viven bajo tierra», en referencia a unos sótanos o «viviendas de bodega» –ocultos porque había que cerrarlos con una trampilla– que se alquilaban a la gente muy pobre y a los que se llegaba bajando por unas escaleras. Nathaniel Hawthorne, durante su empleo como cónsul en Liverpool durante los años cincuenta decimonónicos, escribió sobre las profundidades de Londres tras ver a mujeres que salían de agujeros para pedir limosna; y Dickens, en «La ciudad del ausente» (1861), mencionó los «sótanos solitarios donde los banqueros guardan los dineros, y donde, a buen recaudo, esconden la vajilla de plata y las joyas, ¡regiones subterráneas dignas de la Lámpara Maravillosa!».

Y es que estamos también ante un lugar propicio para el ocultamiento de la riqueza o el hallazgo de seguridad. Como detalla Ackroyd, en las cámaras del Banco de Inglaterra, «en lingotes de oro, se guarda el segundo mayor tesoro del mundo»; y bajo las sedes de organismos oficiales, hay «túneles, búnqueres, despachos y centros de mando», que se prepararon en la Segunda Guerra Mundial o con vistas a defenderse de la amenaza atómica de la Unión Soviética. Asimismo, el Covent Garden y Trafalgar Square están conectados por unos pasadizos que configuran «una ciudad en miniatura bajo la superficie»; y «por debajo de Piccadilly Circus, se extiende una plaza abandonada y solitaria de enormes dimensiones, y surcada por miles de pasajes».

Así, viviendo como topos, entre la humedad y lo lóbrego, durante la Primera Guerra Mundial, sobrevivieron o malvivieron más de trescientos mil londinenses, que se refugiaron en las estaciones del metro, hasta el punto de convertir su vida terrestre en subterránea, lo que hizo temer a las autoridades que transformaran los andenes en una residencia permanente. El escultor Henry Moore, en la Segunda Guerra, tomó notas para sus dibujos después de ver esa existencia enterrada: «Dramático, pésima luz, montones de figuras inclinadas que se desvanecen», y la comparó con un «barco de esclavos» que no se dirigían a ningún sitio. Ackroyd dirige al lector por pasadizos secretos, prohibidos para el ciudadano de a pie, por los túneles del Támesis, e ilumina una vida bajo tierra plena aún de misterios, peligros y sorpresas.
Un biógrafo excelso
El inglés Peter Ackroyd (1949) se ha especializado en el género biográfico con un éxito enorme; prueba de ellos son sus volúmenes consagrados a las vidas de grandes autores de las letras británicas como T. S. Eliot, Charles Dickens (en las imágenes adjuntas), Tomas Moro y William Shakespeare. Además, ha novelado la vida de escritores de todas las épocas en «El último testamento de Oscar Wilde», «Chatterton», «Milton en América», «El diario de Platón», «Los Lamb de Londres» y «El diario de Víctor Frankenstein». Y, por si fuera poco, también es autor de «Londres: una biografía» (como el resto de libros, también en la editorial Edhasa), en el que investiga la historia de la vida cotidiana de la capital inglesa, desde el mismo siglo I, cuando el Imperio Romano conquistó Britania y fundaron Londinium, hasta el siglo XX, a lo largo de mil páginas acompañadas de todo tipo de imágenes.
El detalle
LIBROS SUBTERRÁNEOS

Hay una nutrida bibliografía sobre las entrañas de Londres, como «Underground London» (1862), de John Hollingshead. Más tarde, Walter George Bell, dice en «Unknown London» (1919): «He bajado más escaleras para explorar la ciudad enterrada de las que me he esforzado por subir en la City». Richard Trench y Ellis Hillman publicaron en 1993 «Londres bajo Londres. Una guía subterránea», en la que hablaban de la construcción de los túneles del Támesis, que llevó a la muerte a muchos trabajadores. Michael Moorcock, en «Mother London» (1988), hace que el protagonista se refugie en el metro en plena guerra y habla de ese mundo subterráneo.
«Londres bajo tierra»
Peter Ackroyd
Edhasa
214 páginas. 14 euros

Hallan huellas fósiles de aves de la Antártica de hace 48 millones de años


La Razón

Un grupo de investigación chileno halló sesenta huellas fósiles correspondientes a aves que hace más de 48 millones de años habitaron en la Antártica, cuando ese territorio estaba unido al continente, informó hoy el Instituto Antártico Chileno (INACH).

Hallan huellas fósiles de aves de la Antártica de hace 48 millones de años

La investigación, publicada este mes en la revista Antarctic Science, entrega relevantes antecedentes que, según los científicos, permiten reconstruir el entorno antártico antes que se separara hace 23 millones de años de la plataforma continental, donde actualmente se encuentra la Patagonia.

Se tratan de huellas de aves similares a zorzales, caranchos (halcones) y patos que se encontraron en la isla Rey Jorge, la mayor de las islas Shetland del Sur en la Antártida, confirmó INACH.

El descubrimiento, realizado por el científico chileno Héctor Mansilla, revela información sobre las características de una zona que hace millones de años se asemejaba a los pantanos costeros de Magallanes, en la Patagonia chilena.

De hecho, la investigación estima que el lugar donde se encontraron los fósiles podría corresponder a la orilla de un lago que se situaba dentro de un valle montañoso con sucesivas ondulaciones.

“Tenemos restos de tallos de plantas que viven en estos ambientes, y tenemos también ondulaciones dejadas por el agua en el sedimento y gotas de lluvia o paleogotas”, explicó Mansilla.

Entre las huellas halladas destaca el primer registro en la Antártica de Avipeda, una especie similar al carancho, que se caracterizaba por tener el dedo hacia atrás y garras.

La Antártica se separó del continente americano hace unos 23 millones años tras la formación de el mar Drake y, según los científicos, es probable que hace 3 millones de años pudieran encontrarse árboles en zonas libres de hielo.

El análisis de estas muestras se hicieron en los laboratorios de la INACH y contó con la colaboración de investigadores extranjeros como la experta en huellas de aves de la Universidad Nacional de Río Negro (Argentina), Silvina de Valais, y el geólogo alemán Wolfgang Stinnesbeck, de la Universidad de Heidelberg.

El CERN dispara los rumores sobre el hallazgo de la ‘partícula de Dios’


El Mundo

1340640944_0.jpg

El director general de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), Rolf Heuer, ha señalado que ya podría haber datos “suficientes” para hallar el bosón de Higgs. El próximo 4 de julio se celebra la Conferencia Internacional de Física de Altas Energías (ICHEP 2012) en donde se presentarán los últimos resultados obtenidos en los experimentos ATLAS y CMS del Gran Colisionador de Hadrones (LHC) yla comunidad científica ya especula con que, en ese encuentro, el CERN realizará el anuncio de un descubrimiento.

En un artículo en ‘The Bulletin’, Heuer ha indicado que “hallar el bosón de Higgs es una posibilidad real y que, a menos de dos semanas para que se celebre la conferencia ICHEP, la noticias de los experimentos son esperadas con ansiedad”. Sin embargo, ha pedido a la comunidad científica que tenga “un poco más de paciencia”.

El bosón de Higgs, conocido también popularmente como la ‘partícula de Dios’, es la última partícula del Modelo Estándar de la Física que todavía no ha sido descubierta, la que da sentido a la Física tal y como la conocemos. Es por el momento, la única explicación disponible sobre una cuestión tan fundamental como el origen de la materia en las partículas del Universo. No es posible detectar el bosón de Higgs de forma directa. Lo que buscan los detectores del LHC son las huellas que dejaría al desintegrarse.

Expectación ante el 4 de julio

La toma de datos para la ICHEP 2012 concluyó el lunes 18 de junio después de un “exitoso primer periodo” de funcionamiento del LHC durante este año, según ha explicado del CERN. Precisamente, Heuer ha señalado que es el “impresionante trabajo” que ha tenido el LHC en 2012 lo que “ha elevado las expectativas de cara a un descubrimiento”.

El equipo de expertos que trabaja para la organización en Ginebra ha diseñado la actividad del LHC para el primer periodo de 2012 de manera que obtuviera la máxima cantidad de datos posibles antes de que se celebrara el ICHEP. De hecho, se han obtenido más datos entre abril y junio de este año que en todo 2011. “La estrategia ha sido un éxito”, ha indicado el director general del CERN.

Además, ha recordado que aunque ATLAS o CMS muestren datos el próximo 4 de julio que supongan el descubrimiento de la partícula,“siempre se necesita tiempo para saber si es el bosón de Higgsbuscado durante mucho tiempo -el último ingrediente que falta en el Modelo Estándar de física de partículas- o si se trata de una forma más exótica de esta partícula de que podría abrir la puerta a una nueva física”.

Por otra parte, Heuer se ha mostrado “feliz” porque el Consejo ha aprobado los presupuestos del CERN para el año 2013. Además, la organización ha recibido la notificación de Rusia acerca de su futura asociación al CERN.

A principios de 2012 los responsables del CERN aseguraron que este año se tendrían resultados concluyentes sobre la existencia o no del bosón de Higgs, de la que los científicos de este organismo creen haber visto “señales” durante las mediciones y análisis de datos realizados durante 2011.

El LHC, un anillo de 27 kilómetros de circunferencia localizado a entre 50 y 150 metros bajo tierra, cuenta con cuatro detectores. De ellos, dos -ATLAS Y CMS- están dedicados a buscar de manera paralela, pero independiente, nuevas partículas, incluida la de Higgs.

La Gran Bretaña ‘perdida’ y vista desde el cielo


El Mundo

  • FOTOGRAFÍA | 10.000 imágenes tomadas entre 1919 y 1953
  • El archivo Britain from above permite realizar un fascinante viaje en el tiempo
El estadio de Wembley, durante la final de la F A Cup en 1935. | © English Heritage

El autogiro de Juan de la Cierva sobrevuela el primer estadio de Wembley, en 1935, cuando el Sheffield se impone sobre el West Bronwich Albion por 4-2 en la final de la Copa FA. El ingenio aéreo vuela por gentileza de Scotland Yard, en uno de los pimeros experimentos de ·observación aérea para el control de masas·…

La foto legendaria, con las gradas del viejo Wembley echando fuego, figura entre las 15.000 imágenes de la Gran Bretaña ‘perdida’ y vista desde el cielo. Britain from above, que así se llama el proyecto, permite desde este lunes el libre acceso ‘on line’ al inmenso archivo de la Aerofilm Collection, una de las compañías pioneras en el arte de la fotografía aérea.

El fascinante viaje en el tiempo arranca en 1919, con las primeras imágenes aéreas de la cúpula de la catedral de St. Paul surgiendo entre el ‘smog’ londinense. Las instantáneas aéreas inéditas nos permiten acercanos mejor que nunca al Londres entre guerras, antes de los estragos de los bombardeos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial que la dejaron casi irreconocible.

La catedral de St. Paul y la City de Londres, en abril de 1921. | © English HeritageLa botadura del Queen Mary en 1936, las inundaciones del río Támesis en 1947 o la coronación de Isabel II hace 60 años son otras de las instantáneas históricas, tomadas en su día por pilotos de guerra volando a muy baja altura. Otras imágenes de gran valor histórico y artístico sin duda las de los viejos muelles de Brighton, o las de la legendaria Torre de Blackpool y los Jardines de Invierno, fechada en julio de 1920. De la misma época datan las fotos de la pista central donde se disputó el primer torneo de Wimbledon.

El fondo original de un millón de negativos pertenecía a la compañía Aerofilms Collection, creada en 1919 por dos veteranos de la Primera Guerra Mundial y pioneros de la fotografía aérea, Fancis Lewis Wills y Calude Grahame-White. Las imágenes fueron adquiridas por el estado británico en el 2007 para evitar su deterioro.

Más de 10.000 fotos han sido ya digitalizadas y puestas ‘on line’, aunquela idea es llegar a las 95.000 en cuatro años. Algunas de las imágenes de la Gran Bretaña ‘perdida’ son difícilmente reconocibles, de ahí el interés en crear un archivo interactivo que permita a los británicos aportar información sobre lo que podía verse hace casi un siglo desde el cielo.