La mujer por fuerza, de Tirso de Molina, dirigida por José Maya


A los de Guindalera les van los retos. Y la marcha. Eso es obvio. José Maya (que no Mota) se dispuso a adaptar La mujer por fuerza, una de las obras clásicas del teatro español, escrita por Tirso de Molina y que se mantenía en un estado lamentable en cuanto a conservación. Nadie se atrevía a representarla hasta que Guindalera y Maya cogieron el relevo e hicieron de una obra de enredos clásica una maravilla del teatro independiente español. Poco más de una hora para contar una historia de amor y dependencia con tono cómico y un reparto cuidadosamente seleccionado.

 
Este año, el Teatro Guindalera vuelve a recuperar, como hiciera hace un par de años, la exitosa representación para gusto y deleite de quienes la hemos visto (para repetir) y de quienes se quedaron con las ganas antaño pero, ahora, con parte del reparto renovado (por aquello de aportar nuevos matices y tal). La obra permanecerá representándose de jueves a domingo hasta finales de julio, pero como en Notodo y en Guindalera no nos gustaría que te perdieses la representación, sorteamos 25 invitaciones dobles para que disfrutes de La mujer por fuerza el próximo viernes 29 de junio a las 21h. Para participar, contesta la pregunta que aquí te hacemos. Tienes tiempo para participar hasta el miércoles 27 de junio. ¡Date prisa!

Los africanos prehistóricos también tomaban leche


El Mundo

Hasta ahora la comunidad científica había aceptado de forma amplia que el pastoreo de ganado en África surgió bastante tiempo antes que el dominio de la agricultura, a diferencia con lo que sucedió en Oriente Próximo. En el continente africano, durante el Holoceno temprano (hace alrededor de 10.000 años), las comunidades sedentarias de pastores, cazadores y pescadores se convirtieron en pastores nómadas para adaptarse mejor y explotar mejor diferentes ambientes y recursos.

Los expertos ya sospechaban que el consumo de leche debió surgir en el actual desierto del Sáhara en esta época. Ahora, un equipo internacional de científicos acaba de publicar en la revista ‘Nature’ la primera evidencia inequívoca de que los seres humanos en la África subsahariana prehistórica ya utilizaban el ganado para obtener la leche hace 7.000 años.

Otras investigaciones ya habían demostrado la aparición de estas prácticas en fechas anteriores: en Anatolia, hace 9.000 años y en el este de Europa, hace 8.000 años. Sin embargo, ningún trabajo había datado hasta la fecha la aparición de la actividad lechera en el continente africano.

Primera evidencia en la África verde

Los investigadores, liderados por investigadores de la Universidad de Bristol (Reino Unido), analizaron los ácidos grasos extraídos de algunas piezas de cerámica sin esmaltar que habían sido extraídas de un yacimiento arqueológico de Libia. Gracias a su estudio el equipo ha podido demostrar que las grasas procedentes de la leche habían sido procesadas en esos recipientes en el quinto milenio antes de Cristo. El trabajo supone la primera prueba de la producción lechera en el continente africano, según aseguran los investigadores en el artículo científico.

En la actualidad, parece imposible pensar que el ganado pudiera sobrevivir en un ambiente tan hostil como el desierto del Sáhara. Pero durante el Holoceno este territorio tuvo unas condiciones climáticas mucho más favorables, lo que permitía el ramoneo del ganado en las sabanas que ocupaban lo que hoy es uno de los lugares más áridos de la Tierra.

Después, hace entre 7.000 y 5.000 años la región se volvió más árido y la gente adoptó una forma de vida más nómada, como sugieren la presencia de huesos de vacuno en los depósitos de las cavernas y los campamentos junto a los ríos.

Julie Dunne, estudiante de doctorado en la Escuela de Bristol de Química y autor principal del estudio, aseguraba en una nota remitida por Eurekalert: “Ya sabemos lo importante que eran en la Europa neolítica los productos lácteos como la leche, el queso, el yogur y la mantequilla, que puede ser producidos varias veces durante la vida de un animal, pero lo que resulta emocionante para nosotros es encontrar una prueba de que también fueron significativos en las vidas de los hombres prehistóricos de África”.

La utopía es posible


mailcultura

ICSID. Eivissa, 1971

21 junio 2012 – 20 enero 2013

Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA)
Plaça dels Àngels, 1
http://www.macba.cat

Del 14 al 16 de octubre de 1971 tuvo lugar en Ibiza el VII Congreso del International Council of Societies of Industrial Design (ICSID), organizado por la Agrupació de Disseny Industrial del Foment de les Arts Decoratives (ADI/FAD). Lo que podía haber sido un encuentro profesional convencional se convirtió en un acontecimiento sin precedentes en España. En tres días, no solo se hizo un congreso abierto que potenciaba el intercambio y las discusiones entre profesionales y estudiantes; el ICSID de Ibiza se concibió como un punto de confluencia entre el diseño y las formas más experimentales del arte y la arquitectura de la época en nuestro país. La exposición pretende rememorar lo que fue aquel acontecimiento y las ideas que pueden resultar útiles hoy: sostenibilidad, participación, solidaridad, nuevas relaciones industria-sociedad y el papel liberador de la experiencia del arte. La exposición se compone de material documental, fotografías y películas, procedentes de diversos archivos y de fondos del MACBA.

El ICSID de 1971 se celebró en la cala de Sant Miquel, fuera de sus habituales sedes urbanas. El congreso quería evitar por principio cualquier programación. Se estructuró en salas de reuniones (en los dos hoteles de la cala), en las que se llevaban a cabo presentaciones y debates sobre temas de diseño, urbanismo, arte, nuevas tecnologías y pensamiento.

Paralelamente se organizaron una serie de eventos que vinculaban el diseño a otros lenguajes. Uno de los más singulares fue la Instant City, un proyecto creado para facilitar alojamiento a los estudiantes que asistían al congreso: una ciudad de plástico, efímera, basada en un sistema constructivo simple de figuras geométricas sencillas. Muntadas y Gonzalo Mezza crearon el Vacuflex-3, una escultura móvil hecha con un tubo de plástico de más de 150 metros de longitud que permitía modelar espontáneamente formas diversas: el arte podía ser un juego. Josep Ponsatí construyó una gran escultura móvil hinchable, realizada con globos de plástico blanco, que llegó a tener unos cuarenta metros de longitud. Las formas orgánicas eran variables, ya que estaban en constante movimiento. Era otra manera de hacer arte.

El ICSID de Ibiza fue una experiencia de socialización, un ejemplo de cómo la energía del trabajo en común, la vitalidad, la reflexión intelectual y el ocio pueden ponerse al servicio de proyectos de diálogo capaces de generar propuestas imaginativas que estructuren nuevos modelos de comportamiento. Tal como afirmó José Miguel de Prada Poole a propósito de la Instant City, el congreso de 1971 fue la constatación de que «la utopía es posible».

Actividades

Jueves 21 de junio, 19.30 h
Mesa redonda
La utopía es posible. ICSID. Eivissa, 1971
Con José Díaz Cuyás, Daniel Giralt-Miracle y Teresa Grandas
Auditorio MACBA. Entrada gratuita. Aforo limitado

Lunes 16 de julio, 19.30 h
Visita comentada
A cargo de Daniel Giralt-Miracle y Teresa Grandas
(exclusiva para los Amigos del MACBA)
Salas del Museo. Plazas limitadas

Otoño 2012
Taller y acción con estudiantes de arquitectura para la construcción de un fragmento de la Instant City
Espacios del Museo

Visitas guiadas diarias
(incluidas en la entrada)

Exposición organizada por el MACBA y comisariada por Daniel Giralt-Miracle y Teresa Grandas

Más información en www.macba.cat y twitter.com/MACBA_Barcelona

Horarios
Laborables, de 11 a 19.30 h
(del 25 de junio al 24 de septiembre, de 11 a 20 h)
Sábados, de 10 a 20 h
Domingos y festivos, de 10 a 15 h
Martes no festivos, cerrado
Lunes, abierto


El planeta se la juega


La Razón

El planeta se la juega

Madrid- «No hay acuerdo. Todo sigue igual». Son las palabras de decepción de Milko Schvartzman, uno de los portavoces de Greenpeace que participan en las negociaciones de la Conferencia de la ONU sobre Desarrollo Sostenible Río+20, que arranca mañana, aunque «el texto final ya esté definido y sin ningún compromiso vinculante», sostiene el activista.

Hace 20 años, en la misma sede, los gobiernos que conforman las Naciones Unidas mostraron su empatía con los problemas climáticos. «Desde entonces, las convenciones sobre el cambio climático, la biodiversidad y la desertización han estado operando. Sin embargo, los acuerdos alcanzados no han sido efectivos para detener el deterioro del planeta. Por tanto, básicamente, los problemas de entonces siguen siendo los de ahora», explica el catedrático de Ecología de la Universidad de Castilla La Mancha José Manuel Moreno.

Desde el mes de febrero, para preparar esta cumbre, los países participantes se han reunido con asiduidad en Nueva York para concretar el texto que los jefes de Estado firmarán. Las 200 páginas de partida se han reducido en 56. En ninguna de ellas se introduce la palabra «compromiso» y esto es lo que más desmotiva a los participantes: «Es un texto que no va a solucionar la pobreza, los problemas a los que se enfrentan las sociedades en desarrollo ni las peocupaciones ambientales», insisten. Amalio de Marichalar, presidente del Foro Soria 21, también participa en los debates de Río de Janeiro y su visión es algo más optimista: «Esperamos que el acuerdo de mínimos no sea tan reducido y que, por lo menos, consigamos acuerdos globales en temas de gobernanza. Apostamos por una agencia internacional del agua y otra de medio ambiente, entre otras propuestas».

En lo que se refiere a los términos de sotenibilidad y economía verde, las cosas tampoco han cambiado. Persiste la ambigüedad. «Para que la capacidad de transformación del hombre  no termine con los recursos, deben cambiar muchas cosas, entre ellas los indicadores que manejamos, como el PIB», afirma Moreno. Este cambio es el que se busca introducir en el texto final: el «PIB verde», o Índice de Riqueza Inclusiva (IWI), con el que se quieren introducir variables como la educación, las materias primas o los bienes e inversiones con los que cuenta un país.

Proteger los océanos
Uno de los párrafos en los que confían los participantes es el compromiso de los 130 jefes de estado en materia de protección de aguas internacionales. «Venezuela, Estados Unidos, Japón, Rusia y Canadá se oponen», explican desde Greenpeace, pero un acuerdo en esta materia protegería la biodiversidad del 64% de los océanos.

La ciencia empieza en los conceptos


El Pais

  • Miguel Artola y José Manuel Sánchez Ron publican ‘Los pilares de la ciencia’,
  • Es un volumen abarcador que se separa de la tradicional narración cronológica

En sus múltiples ramificaciones, la ciencia también puede ser abordada desde diversos puntos de vista. En un intento por proporcionar una mirada diferente a la tradicional narración basada en la línea temporal, el historiador Miguel Artola y el físico, historiador de la ciencia y académico de la lengua José Manuel Sánchez Ron han concebido Los Pilares de la ciencia (Espasa), que concentra en alrededor de 800 páginas un repaso de vocación integral por las matemáticas, la física, la química, la biología, la medicina, la geología, la astronomía y la cosmología, presentadas a través de los conceptos fundamentales que las definen desde sus orígenes a la actualidad.

“Se trata de un planteamiento distinto, donde lo que se cuenta son dos cuestiones: por un lado, las metodológicas, y por el otro un índice de temas singulares, cada uno tratado de principio a fin”, explica Artola. “El objetivo no es construir una historia de la ciencia siguiendo una pauta cronológica”, agrega Sánchez Ron, “sino que nos hemos centrado en buscar las bases, los pilares de la ciencia”.

Partiendo de una introducción que sitúa al lector en el comienzo del viaje del descubrimiento científico humano, surgido de la observación, la exposición se mueve hacia la chispa que prendió la especulación, que llevó a la verificación y la subsiguiente comunicación de los hechos científicos, todo ello derivado en la demolición de los sistemas especulativos y finalmente la revolución científica. “No solo nos ocupamos de las ideas, sino también de elementos de índole social o socioeconómica, que también son esenciales para la construcción de la ciencia”, señala el académico de la lengua.

A partir de ahí, el libro da paso a la presentación en capítulos individuales de los puntales que sustentan el edificio de la ciencia, como son la fuerza, el cálculo, la composición de la materia o la cuántica, entre otros cuantos. Aunque expuestas conceptualmente separadas las unas de las otras, en el mundo físico esas ideas están inextricablemente relacionadas, lo que ha supuesto una dificultad a la hora de presentarlas, según explica Sánchez Ron. La solución: cada capítulo presenta referencias cruzadas; nombres, fechas y datos que se repiten.

Para llegar a esos números primos de la ciencia, los académicos han invertido alrededor de dos años de aportaciones en común. “Primero nos pusimos de acuerdo en qué clase de libro queríamos hacer, y decidimos que no queríamos hacer nada exclusivamente cronológico o por países”, indica Artola. “Luego acordamos el índice y realizamos un borrador, que Sánchez Ron redactó”.

Para acercar el texto a todos los públicos, el lenguaje utilizado es claro y conciso, sin abusar de los tecnicismo ni los términos científicos. “Aunque no hay concesiones con el rigor, el objetivo es que lo pueda entender cualquier persona”, apunta Sánchez Ron. Como garantía, aduce, está el hecho de que uno de los dos autores, Artola, no es científico de formación: “Esto es beneficioso, porque así nos aseguramos de que no hay ideas que se dan por sentadas”.

Además de comprensible, el libro, aseguran, es también abarcador. “No se ha quedado nada fuera”, dice Artola convencido. “Es un libro ambicioso, no se trata de una mera introducción, y también es autocontenido, es decir, que el lector no necesita de otras herramientas para entenderlo”, añade Sánchez Ron.”Es un texto que no es simple divulgación, sino que plantea cómo explicar la ciencia, que también se puede explicar aislando los problemas fundamentales. Las soluciones pueden ser muy complicadas, pero si uno comprende cuál es la cuestión planteada, comprende lo que está pasando con la ciencia”.

Bucardos gigantes vivieron al sur de los Pirineos tras la Edad de Hielo


El Mundo

Reconstrucción de un bucardo de hace 7.000 años (i) y de otro moderno, extinto en 2000 (d).| SINC / J.A.Peñas

Reconstrucción de un bucardo de hace 7.000 años (i) y de otro moderno, extinto en 2000 (d).| SINC / J.A.Peñas

La subespecie de la cabra montés ibérica ‘Capra pyrenaica pyrenaica’ se extinguió en 2000, antes de que se pudieran analizar en profundidad sus características biológicas y filogenéticas. Ahora un nuevo estudio arroja luz sobre su tamaño, origen y condiciones ambientales posglaciales al describir tres cráneos fósiles de entre 4.000 y 7.000 años de antigüedad hallados en el suroeste de los Pirineos.

En los años 1984 y 1994, los grupos espeleológicos de Estella (Navarra) y Pedraforca (Barcelona) encontraron, durante prospecciones rutinarias, los restos óseos de dos machos y una hembra de bucardo en simas y pozos cársticos que actuaron a modo de trampas, en Larra (Navarra) y Millaris (Huesca), a 2.390 y 2.500 metros de altitud. Hasta ahora, pocos fósiles de esta especie (‘Capra pyrenaica pyrenaica’) se habían descubierto en esas zonas.

Ricardo García-González, investigador en el Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), ha sido el encargado de analizar los cráneos ycomparar las características craneométricas con poblaciones de cabras monteses vecinas, fósiles y modernas.

Los resultados, publicados en la revista ‘Comptes Rendus Palevol’, sugieren que el tamaño de estas cabras salvajes era un 50% superior al de los bucardos modernos que vivieron en la Península Ibérica y que se extinguieron en los Pirineos en el año 2000.

“Los cráneos de los machos eran extraordinariamente grandes en comparación con otros restos de cabras del Pleistoceno superior (hace entre 120.000 y 11.000 años) del suroeste europeo”, apunta a SINC García-González.

Según el único autor del trabajo, el aumento de talla de los machos podría atribuirse al incremento de la disponibilidad de recursos tróficos durante el Holoceno (desde hace 11.000 años hasta la actualidad), lo que encajaría con la teoría dispersiva de la evolución de los ungulados, propuesta por el científico V. Geist en 1987, en la que hace referencia a los ‘gigantes de la Edad de Hielo’.

Machos de enormes cuernos

Algunos de estos ‘gigantes’, como el ciervo Megaceros, portaban ‘órganos de exhibición’ de gran tamaño, cuya función era disuadir a los competidores y reducir la luchas, en una época en la que las especies encontraron nuevas oportunidades y más alimentos en ambientes periglaciales.

“Como consecuencia, los machos con grandes cuernos tenían más éxito reproductivo. Las hembras invirtieron su energía en la supervivencia de las crías, por lo que no necesitaron aumentar el tamaño de sus órganos de exhibición”, subraya García-González.

Además del tamaño, la elevada altitud a la que se hallaron los restos es también inusual. La presencia de estos animales se explica porque hace unos 7.000 años el deshielo ya había empezado a producirse en Millaris (Parque Nacional de Ordesa en los Pirineos) a 2.500 metros de altitud, donde todavía perduran ahora restos de los últimos glaciares pirenaicos.

El investigador comenta que “a esa altitud se habrían desarrollado ya los nutritivos pastos alpinos por encima del límite del bosque, de los que los bucardos se aprovecharían en verano a través de migraciones estacionales, como lo hacen sus congéneres en la actualidad”.

El origen de la subespecie, en duda

En cuanto al origen de la subespecie, el análisis de los cráneos fósiles de estas cabras salvajes de los Pirineos coincide con los estudios de genética molecular y sugiere un mayor parentesco con el íbice de los Alpes (Capra ibex).

Sin embargo, hasta ahora la comunidad científica pensaba que las cabras monteses ibéricas procedían de un antepasado común con las cabras del Cáucaso (Capra caucasica) que migró hacia el Macizo Central francés hace unos 80.000 años.

“Son necesarios más hallazgos y más estudios de los fósiles para confirmar el origen y la diferenciación de esta subespecie”, concluye García-González.