Sonar 2012


NOTODO.COM

Avanzar el futuro desde la pérfida mirada nostálgica hasta lo mejor y recuperarla en principios y postulados actuales es hacer el bien. O al menos en lo que a música se refiere. El Sónar, más allá de las ínfulas e influencias de sus programados, no necesita retro-visitar ninguna experiencia anterior: sino mirar al futuro. Y eso es lo que hace. De eso es lo que va la música avanzada y eso es lo que hacen en esta, su décimo novena (preparad guirnaldas, antorchas y festejos) edición: comandar un año más los entes festivaleros estatales horadándose como la cita más versátil y global (sus sedes en Cape Town, Tokyo o Sao Pablo de este año, sumadas a las visitas que años anteriores han hecho a Estados Unidos o nuestra provincia de A Coruña, atestiguan el hecho) y, por encima, uno de los carteles más potentes, cósmicos, bailables, festivos, indies y masivos que haya parido padre. Del museo a la feria y tiro porque me toca. Nos toca.

Los ’80 de ayer. Los ’80 de hoy
El retro es el nuevo pop. Y el nuevo pop es el nuevo retro-visitante. Casi como replicantes, nos vemos enmudecidos ante la re-inmersión de ejercicios sepultados que vuelven a cobrar vida o la simulación de la chavalada veinteañera en ejercicios que parecen editados en 1983. Pues no. Porque tanto el regreso de New Order, tras más de una década en el hoyo, a los escenarios con una multitudinaria (y millonaria, a buen seguro) gira como el tonel de nuevos (o no tan nuevos) grupos que militan en una estética tanto físico como creativa que pertenece a hace cerca de treinta años cede testigos y pone en órbita por dónde van los tiros. Normal: desde el synth-pop brutote de Trust hasta el mariconismo kitsch, bailongo, neo-disco-funk de ItalMagic Touch o LA Vampires, el disco-house deDiscodromo, la recreación en formato sensiblero de Azari & III o el vocoder armónico de Thundercat son algunas de las razones que los ’80 vistos desde el siglo XXI nos dan para poder utilizar chándal Kappa, pelo cardado y la camiseta-souvenir que utilizabas con Naranjito como logotipo.

Dame pista y llámame tonto
Si lo que quieres es pasar de recreaciones retro e irte de fiesta, aparecer en la Fira de Barcelona a las 02.00 a.m. embutido en unos pitillos que cortan la sangre y bailar hasta que la llamada de los churros con chocolate diga presente, lo que quieres tú es pista. Dancefloor, que le gusta llamarla a Madonna o los Arctic Monkeys. Y en esa materia, este año el Sónar se licencia: no sólo porque recurre a infalibles nombres que son cromos repetidos de muchos festivales pero que siempre funcionan como Richie Hawtin o Laurent Garnier, sino porque se abren al house de masas de Fatboy Slim, al electro-rock matemático de Simian Mobile Disco, a la reinvención de James Murphy como colocador de beats detrás de una mesa de mezclas, el progressive house menos maquinero y más subidonero (what?!) de deadmau5, la batalla de beats para un formato de club underground que el Sónar intentará recrear en su museístico entorno gracias al showcase de Club Cheval con su híper-acción coronaria con coros deCanblasterMydPanteros 666 & Sam Tiba o el bailoteo tropical de artistas como Chico UnicornioDago,Keys N Krates o los tremendísimos (mucha atención a ellos) Nguzunguzu. La etnia a examen. El pistero, a la pista. Cuestión de hábitat.

Vamos a contar mentiras
El rock y el pop, a veces, nos mienten. En el Sónar Barcelona intentarán mentirnos y nos vamos a dejar. Porque ver a una banda de pop o de rock subida encima de un escenario que acaba por generar más bailoteo, saltos, energía y dinamismo que el pinchadiscos más rabioso tiene cojones. Y de eso irán, a grandes rasgos, directos de indie moderno (con toques baleáricos como el de) Metronomy o (con toques africanistas como el de) Friendly Fires, pero también recreando en una suerte de orquesta hip-hopero como The Roots (la gran actuación del festival, con permiso de New Order), el post-soul con reflujo de jazz versátil de Jesse Boykins III, el experimento de orquesta neoclásica con coqueteos del j-pop que Cornelius y la angelical Salyu se han marcado, la experiencia de rock experimental también japonés de Masaki Batoh, la colaboración en formato incidente experimental de John Paul Jones (bajista de Led Zeppelin) con Supersilent o el soul divino, nostálgico y romanticón de When Saints Go Machine. Bastantes roadies, al final.

Futurible zapatilla

Este año la zapatilla va tanto desde el beat más pistero (el que os comentábamos dos párrafos más arriba) como de la ruptura del beat clásico a una deconstrucción y posterior reconstrucción de la electrónica moderna desde postulados post-pista. Y eso es lo que es, al fin y al cabo, la música avanzada: el post-dubstep, el ñu urban hip hop, la electrónica maquinera experimental, etc. Y en esos terrenos hay varias nuevas y viejas glorias que han sabido darse el gusto de no flojear casi nunca. Probablemente uno de los shows más potentes será el que darán Diamond Version + Atsuhiro Ito, proyecto de Alva Noto y Byetone junto al nipón Ito en un arranque de zapatilla posmoderno digna tanto de museo como del Monegros. Otros puretas del caos de espejos que han sabido adecuarse a este método deconstructivo tan versátil como robóticamente bailable han sido, por un lado,Squarepusher, por otro, Amon Tobin, y por otro, Mouse On Mars: los tres aprovecharán para demostrar que están vivitos y coleando y listos para presentar nueva materia (aunque el último LP de Squarepusher esté a puntito de cumplir dos años). Daedelus, por su parte, continúa reinventándose y en esta ocasión se ocupará de presentar su nuevo show, un experimento todoterreno que mezcla música de club con orquestaciones de sinfonía beat y bizarrismo audiovisual en su Daedelus Archimedes Show. De entre los nuevos, los que más manteca repartirán serán, probablemente, los glitcheros extremos surafricanos Die Antwoord y la new house beat de Flying Lotus, mientras que Modeselektor estarán listos, preparados y con el cuchillo entre los dientes para arremeter al personal a tiro piedra de beat roto.

A las sensualidad de las divas y a los cósmicos narcóticos

Por un lado, las divas. Lana del Rey (¿la nueva Amy Winehouse para adolescentes que quieran hacerse adictas al bótox?) dará uno de los shows más esperados en nuestro país y procurará reivindicar su lugar en el nuevo mercado de pop fino y retro. Austra se ocupará de dar uno de los directos más sensuales, oscuros, embrujados y sensuales de esta edición. Maria Minerva, con sus casi dos metros de altura, mostrará tanto piernas kilométricas como re-flujo synth-pop y caos espectral desde sus maquinitas y su mesa estrellada. Nina Kraviz pondrá a bailotear a todo el personal mientras acude a un simposio de sensualidad excesiva, a medio camino entre la fiesta en un cuarto oscuro y el bombo para hacer parkineo en Lituania. Annie Mac, por su parte, otorgará al respetable una buena sesión vía BBC 1 que mezcle dubstep, drum’n’bass y disco a partes iguales.

De lo cósmico, lo más variado: desde el regreso de Nicolas Jaar a un formato nocturno tras la militancia deDarkstar en otras ediciones hasta la acuosidad sinuosa de Lapalux, las atmósferas graves y minimalistas del brasileño Ricardo Donoso, la síntesis de radiocasete de Peaking Lights, la lucha virtual de Kode9 contra (su propio y) el mundo o la psicodelia sesentera con reflujo del techno de Detroit de los italianos Esperanza son algunas de las excusas más cósmicas y versátiles.

Beat del estado

Si bien este año no es el que más artistas nacionales poblarán las pistas, varias promesas y consagrados del underground poblarán los escenarios. Entre las promesas ubicamos a una revelación que por fin publicó álbum (John Talabot), el hype de esta temporada (el dúo Pegasvs), la consagración atmosférica de Santiago Latorre, el fiesteo electro-rock de The Suicide of Western Culture, los coqueteos darkwave de Stand Up Against Heart Crime, la reivindicación de un experimentalismo analógico por parte de Esperit! o el gusto por el beat desde la atmósfera de Arbol.

El beat a la orden tanto del desorden como de la tragedia cósmica, la visita retro o la actualidad más rupturista.

Fechas: 14, 15 y 16 de junio
Sedes: MACBA y Fira Gran Via. Barcelona
Entradas: entre 39 y 195 €
Venta de entradasaquí

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