La Pepa llega al puerto de Cádiz con motivo de los actos del bicentenario


Cadizbook.es

LA PEPA LLEGA AL PUERTO DE CÁDIZ CON MOTIVO DE LOS ACTOS DEL BICENTENARIO

El Galeón La Pepa arribará al puerto de Cádiz el 15 de marzo como embajador del II Centenario de la Constitución de 1812

El Galeón La Pepa lleva al puerto de Cádiz este jueves con motivo de los actos de celebración del Bicentenario de la Constitución de Cádiz de 1812.

Esta escala forma parte de la ruta que el navío está realizando porlos puertos españoles, como vehículo difusor de los hechos históricos que se conmemoran en 2012. El objetivo de esta ruta del Galeón La Pepa, es acercar el conocimiento de estos hechos históricos a aquellas personas que visiten la nave, convertida para ello en centro de interpretación, así como invitarles a la programación de actos de La Pepa 2012.

Desde su puesta en marcha en la capital gaditana el pasado mes de junio el galeón La Pepa ha abierto sus cubiertas en Bilbao, Santander, La Coruña, Huelva y Sevilla, puertos en los que ha recibido a 129.661 personas. Estos visitantes que han recorrido el interior del navío, han recibido información sobre cómo era Cádiz a principios del siglo XIX y los hechos históricos relacionados con la promulgación de la Constitución de 1812, así como los principales artículos del texto constitucional.

El ‘banquete’ de las galaxias adolescentes


El Mundo

Las galaxias nacen, crecen y mueren… como los seres vivos. Y a lo largo de su vida necesitan alimentarse. Ahora, observaciones realizadas con el Very Large Telescope que el Observatorio Austral Europeo (ESO) tiene en Chile ha descubierto que durante su adolescencia cambiaron su dieta, en un periodo que va de los 3.000 a los 5.000 millones de años después del Big Bang.

Según los astrónomos, al inicio de esta fase las galaxias preferían un aperitivo compuesto de flujos de gas tenue, pero más tarde ese alimento se les quedaba corto y comenzaron a ‘canibalizar’ a galaxias más pequeñas, lo que hizo que crecieran a un ritmo mayor.

Los investigadores del Cosmos siempre han querido saber cómo estos grupos de millones de estrellas habían ido aumentando su tamaño, hasta formar las impresionantes galaxias elípticas y espirales que hoy vemos en el firmamento. Por ello, seleccionaron un grupo que aún estaban en sus años ‘adolescentes’, es decir, que estaban en el periodo que va entre esos 3.000 y 5.000 millones de años.

Empleando los instrumentos del VLT, y tras más de 100 horas de observación, un equipo de ESO descubrió a dos tipos de galaxias en ese periodo de crecimiento: unas experimentan violentas fusiones en las que las más grandes ‘devoran’ a las más pequeñas y otras prefieren ‘crecer’ por el suave flujo continuo de gas que cae sobre ellas. En ambos casos, como explica el francés Thierry Contini, el resultado es que se forman nuevas estrellas.

Para comprender cómo crecieron y evolucionaron las galaxias Contini y su grupo han utilizado el instrumento SINFONI, una de las herramientas más potentes del mundo para analizar galaxias jóvenes y distantes. “Juega el mismo papel que un microscopio para un biólogo”, ha señalado el astrónomo.

Gracias a SINFONI, las galaxias más distantes, como las elegidas en este trabajo, se ven como diminutas y tenues burbujas en el cielo de las que se pueden hacer mapas para ver cómo se mueven, e incluso saber de qué están compuestas diferentes partes de las galaxias. “Para mí, la mayor sorpresa fue descubrir que en muchas de estas galaxias el gas no estaba rotando. Son galaxias que no se ven en el Universo cercano, pero ninguna de las teorías actuales predice estos objetos”, asegura su colega Benoît Epinat.

Venus, Júpiter y Marte, de un vistazo en el cielo


El Mundo

Conjunción de planetas el próximo 27 de marzo. | Pedro Arranz y César González

Júpiter y Venus brillarán en el cielo hasta el próximo sábado y podrán ser observados, mirando hacia el oeste, siempre que las condiciones meteorológicas lo permitan, desde cualquier punto del planeta. La noche del martes, ambos planetas eran visibles, muy cerca uno de otro, desde cualquier punto de la geografía española sin nubes, incluso en el centro de las grandes ciudades. A la espalda, también será fácil distinguir al rojizo Marte.

Este espectáculo astronómico, para el que no se necesita tener un telescopio a mano (aunque con este instrumento aún es más atractivo), tiene lugar cuando Venus y Júpiter se acercan hasta situarse a tres grados de distancia y a su vez no están lejos de nuestro planeta. De hecho, estos días son los dos objetos más brillantes del cielo nocturno después de la Luna, de manera que la conjunción que formarán los tres cuerpos son perfectamente visibles.

El mejor día para disfrutar de este fenómeno será el próximo 25 de marzo, cuando la Luna se encuentre en su fase creciente y se sitúe cerca de ambos planetas en el cielo nocturno, según adelanta a ELMUNDO.es Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional.

Pero, ¿cómo saber cuál es cuál? Bachiller recuerda que Venus se encuentra mucho más cerca de la Tierra y del Sol (nos separa un 70% de la distancia que hay desde nosotros a la estrella), mientras que Júpiter está cinco veces más lejos, por lo que su brillo es mucho menor, aún siendo mucho mayor su tamaño.

Por otro lado, mirando hacia el este, estos días también es fácil distinguir a Marte, el planeta rojo. “La diferencia entre los planetas y las estrellas es que las segundas titilan, mientras que los planetas son puntos fijos en el firmamento“, explica el astrónomo.

Y para aquellos que tengan prismáticos a mano, y un cielo limpio de nubes y de contaminación, hay un ‘extra’: también es visible, cerca de la Osa Mayor, un cometa con dos colas, una de gas y otra de polvo, bautizado como el cometa Garradd. También es posible observar Mercurio, al atardecer y al amanecer, aunque para ello es mejor contar con un mapa del cielo.

Desde el punto de vista científico, estas conjunciones son interesantes para el lanzamiento de misiones espaciales: se lanzan calculando la máxima cercanía de los planetas para que lleguen cuando están más cerca, lo que supone un gran ahorro de tiempo y, sobre todo, de combustible.

Este acontecimiento no volverá a producirse hasta junio de 2015, ya que en los próximos años, la coincidencia entre Júpiter y Venus tendrá lugar durante el día.

El misterioso ‘sapiens’ primitivo que vivió en China


El Mundo

Unos seres humanos modernos, pero con rasgos muy primitivos, habitaron hace entre 14.500 y 11.000 años en el suroeste de China, compartiendo espacio y tiempo con nuestra propia especie. Son la ‘gente ciervo rojo’ (red-deer, en inglés), de la que hasta ahora no se tenía noticia y cuyos fósiles, aún rodeados de muchos misterios, han sido presentados en la publicación científica PLoS ONE.

Recreación artística del nuevo humano. |PLoS ONE

Recreación artística del nuevo humano. |PLoS ONE

Los restos, según explican sus descubridores, son fragmentos del esqueleto de cuatro individuos diferentes y fueron encontrados en dos yacimientos distintos: en Longlin (provincia de Guangzi) y en Maludong (provincia de Yunna), ambos en la misma zona del sur del país.

Hasta ahora, nada similar se había encontrado en Asia, recuerdan los investigadores chinos y australianos que, bajo la dirección de Darren Curnoe (de la Universidad de Nueva Gales del Sur). Los humanos más parecidos a éstos son, como publican en su artículo, los que se han encontrado en Nigeria o Sudáfrica, pero de una antigüedad mucho mayor, más de 100.000 años.

¿Qué hacían entonces en China estos humanos ‘ciervo rojo’ (nombre que deben a la Cueva en la que se hallaron y a la cantidad de restos de este animal que se encontraron)? “Existe dos opciones: la primera, que sean un linaje evolutivo nuevo, quizás diferente de los ‘Homo sapiens’; y la segunda que sean los representantes de una muy temprana, y desconocida hasta ahora, salida de África de los humanos modernos, una población que pudo no contribuir genéticamente a la gente que vive hoy”, explica Curnoe a ELMUNDO.es.

Nueva salida de África

Si la segunda hipótesis fuera acertada, significaría, según el investigador australiano, que había una gran diversidad de poblaciones humanas en África antes de su dispersión por Eurasia, hace unos 80.000 años. “Este grupo pudo interactuar de una forma muy limitada, sin dejar huella”, añade.

De momento, los investigadores, aunque lo han intentado, no han podido extraer ADN de los huesos para poder probar sus parentescos. Hasta que no lo consigan, y siguen en ello, reconocen que no podrán saber si estos humanos tuvieron alguna relación con los denosivanos, una especie encontrada en Siberia de la que sólo se tiene el ADN, o con otras especies.

Poco se sabe de cómo era el comportamiento de estos arcaicos ‘sapiens’ asiáticos. Se sabe que vivieron al final de la Edad de Hielo ysobrevivieron al Último Máximo Glaciar, uno de los periodos climáticos más fríos, hace entre 15.000 y 11.000 años, un periodo de transición del Pleistoceno al Holoceno, con cambios en el clima que propiciaron en las comunidades.

“Fue entonces cuando desapareció la mega-fauna de muchos lugares, incluso los ciervos rojos gigantes que explotaban estos humanos de la Red Deer Cave. Sabemos que les gustaba el sabor del venado, porque hay evidencias de que lo cocinaban”, comenta Curnoe.

Al mismo tiempo, los ‘Homo sapiens’ modernos empezaban ya a fabricar las primeras cerámicas para almacenar alimentos y a cultivar arroz salvaje, los primeros pasos hacia la agricultura y la ganadería que inició el Neolítico. Por ahora, no se sabe si ambos grupos llegaron a interactuar o a competir por los recursos.

Restos en cajas

Los fósiles de la cueva de Longlin fueron descubiertos por vez primera en 1979 por el geólogo de una compañía petrolífera. Encontró parte de una mandíbula y fragmentos de costillas. Los restos del esqueleto estaba incrustado en una roca de la que no se pudo sacar, por lo que se guardó en unas cajas en la ciudad de Kunming.

Allí han estado 30 años, hasta que en 2009 el arqueólogo chino Ji Xueping, cofirmante del hallazgo, los encontró y se los enseñó a Curnoe y decidieron reconstruir el esqueleto. Entre los huesos encontraron trozos de carbón que les permitió saber, por radiocarbono, que tenía 11.500 años. “Que fuera tan reciente fue una gran sorpresa”, reconoce el australiano.

En la cueva de Maludong, que era una cantera, los primeros fósiles se encontraron en 1989, pero los arqueólogos locales no fueron descritos con detalle y también acabaron olvidados, durante dos décadas, en un cajón. Hasta que en 2008, Curnoe y su equipo iniciaron en el lugar una nueva campaña de excavación en Maludong y encontraron nuevos fósiles.

Estos restos, según las dataciones, tenían 14.500 años y tras compararlos con los de Longlin encontraron que tenían muchas características en común. “Cráneos y dientes son muy similares y muestran una extraña fusión de rasgos anatómicos arcaicos y modernos, así como algunas características no vistas previamente”, apuntan los paleontólogos en el artículo.

China se abre al mundo

José María Bermúdez de Castro, director del Centro Nacional de Investigación en Evolución Humana (CENIEH) apunta que hasta ahora las poblaciones asiáticas del Pleistoceno han estado al margen de la Paleontología oficial, pero que ahora China y otros países del entorno comienzan a abrirse al mundo.

Recuerda que la clasificación de fósiles encontrados en este país y en el sudeste asiático han sido objeto de una clasificación controvertida, algo que atribuye a “su lejanía de la fuente madre”. “El aislamiento en islas o regiones aisladas no preserva únicametne caracteres ancestrales de la población madre original, sino que, debido a cuellos de botella, sólo conservan parte de la variabilidad genética de esa especie original”, apunta.

En su opinión, “las hipótesis alternativas que proponen los autores están muy bien pensadas y dan testimonio de su prudencia al escribir sus conclusiones”.

La interpretación de Jordi Agustí, paleontólogo del ICREA, es que se trata de restos de ‘Homo sapiens’ modernos, pero algo más primitivos que nosotros, que “pueden corresponderse con la salida de África que hace unos 60.000 años llegó a Australia y pudieron dejar poblaciones por el camino”. “Lo que significa, en el fondo, es que la expansión del ‘Homo sapiens’ fue muy compleja. Puede que los que llegaran a algunas zonas del planeta no fueran los mismos que los que llegaron a otras”, señala el investigador.

Antonio Rosas, investigador en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, destaca que este hallazgo pone de manifiesto “la diversidad que tuvo la especie humana moderna en sus orígenes, que luego se ha perdido”. Para este investigador, los ‘sapiens’ chinos son “el equivalente a los cromañones europeos”, grupos poblacionales que demuestran que no hubo diferentes especies conviviendo (o compartiendo) el territorio.

‘El Padrino’ cumple 40 años. Ésta es su historia.


El Mundo

Al hilo la entrada anterior queremos recordar el 40 aniversario de unas de las películas que ha marcado mi vida y El Mundo ha realizado un reportaje que te acerca a la saga de forma fiel y concisa, os invito a visitar el enlace.

El mayor ‘fracaso’ de la Historia del cine

La película totémica de Francis Ford Coppola funcionó como el programa de contrarreforma y acabó con el incipiente furor revolucionario de los años 70

 

por LUIS MARTÍNEZ

 

El adjetivo fascista está tan gastado y se usa de forma tan arbitraria que, antes que cualquier otra reacción, sólo provoca pereza. Llamar a alguien fascista resulta tan violento como llamarle papanatas (caso de que este término todavía figure en la RAE). Y pese a ello, es difícil resistirse a la evidencia: hay pocas películas tan evidentemente fascistas como ‘El Padrino’. Suena violento, quizá provocador, y, en realidad, y a poco que se mire de cerca, es tan natural como tildar de nazi ‘El triunfo de la voluntad’, de Leni Riefenstahl; de reaccionario cualquier ‘western’ exceptuando ‘El hombre que mató a Liberty Valance’ (que tampoco está libre de culpa), y de sexista a todo cuento infantil desde que Cenicienta se dejó besar por una rana-príncipe vestido de azul (o al revés). Es así, lo diga Aído, la RAE o un papanatas cualquiera.

Toda obra que define el signo y el carácter de su tiempo está condenada a soportar tantas lecturas como lectores. El éxito incontestable de ‘El Padrino’ en sus 40 años de vida en gran parte descansa en que cada espectador vio en ella el perfecto resumen de sí mismo. Cuando el 15 de marzo de 1972 se estrenó la película de Coppola, los hubo que vieron en ella el retrato perfecto de una forma de hacer política moribunda. Ante la incompetencia del Estado (llamémosle liberal-democrático) sólo queda el sentido de la justicia de ‘la familia’ convertida en brazo ejecutor de un subestado corporativista. Mussolini, por no movernos de Italia, no lo hubiera expresado mejor. Ni Andreotti, tampoco.

Ya desde la primera, genial y memorable secuencia en que la cabeza de Don Vito surge entre las sombras ante los sollozos de un pobre hombre que reclama venganza por la violación de su hija, anuncia el ‘pathos’ de todo lo que vendrá después. La lucha interna de Michael, el heredero, por evitar el destino sangriento de su saga no es más que la de la Historia entera de la Humanidad por vivir entre reglas más allá de, precisamente, las no-reglas de la sangre. Hablamos, para entendernos, de disyuntiva excluyente entre la civilización o la mafia.

principios de los 70, con Hollywood entero enfermo del mismo malestar que la sociedad global (no sólo americana), la película cayó como una iluminación. El mensaje que transmitía, y de ahí su éxito, no fue otro que el de denunciar a una clase política incapaz de hacerse cargo de cuitas tan evidentes como la del pobre Bonasera, dueño de una funeraria (el de la hija violada). No olvidemos que la cinta se estrenó pocos días antes del escándalo Watergate. El propio Coppola en unas accidentadas y confusas declaraciones no dudó en comparar a Don Vito con Nixon para que quedara claro quién era, pese a su crepuscular encanto, el villano de la historia.

Pero, y se mire como se mire, el mensaje (sí, el mensaje, por muy antiguo que parezca el término) de ‘El Padrino’ deja muy poco espacio para la duda: cuando el Estado, producto de la razón, no funciona, sólo un Estado dentro del Estado con sus propias reglas más allá de la simple razón (la atracción de la sangre, dios o la familia, llámese a la mistificación de la voluntad de poder como se quiera) puede garantizar la razón. La sinrazón como garante último de la razón. Perdón por el galimatías. Si se lee despacio, se podrá leer la palabra fascismo exactamente con las mismas letras con las que es convocada por determinados nacionalistas, determinados terroristas o determinados legionarios de Dios o Alá.

Surge la pregunta: ¿pero es que nadie se había dado cuenta? En realidad, todos fueron conscientes de esta lectura. Quizá la única posible. Pero se dejó pasar. El cataclismo que produjo el estreno de ‘El Padrino’ fue tan grande y la energía liberadora desprendida tan cegadora que no se quiso reparar en un asunto tan (poco) banal. Hollywood vislumbró a través de esta cinta su propia destrucción tal y como había sido hasta entonces, y, y aquí lo importante, su salvación.

Hasta 1972, se aceptó de mala gana que gente como John Schlesinger en 1969 de la mano de ‘Cowboy de medianoche’ o Willian Friedkin con ‘The French Connection’ en 1971 se alzaran con los Oscar a la mejor película. Cintas así daban carta de validez a una revolución en marcha y echaban sal a la herida de unos grandes estudios condenados a muerte; unas enormes corporaciones que tenían que abandonar sus grandes sueños monopolistas. Cuando, en 1965, ‘Sonrisas y lágrimas’ se codeaba con ‘Doctor Zhivago’ en el último fulgor de ese viejo Hollywood, los nombres de directores como Fred Zinneman o Mike Nichols anunciaban la llegada de un tiempo oscuro e indefinido donde mandaba el talento del director, no el poder del productor, como había sido siempre.

Para los jóvenes Friedkin, Bogdanovich, Coppola o Scorsese se abría un nuevo mundo en el que el cine en su eterno dualismo cartesiano se acercaba al arte y se alejaba de la industria. Pues bien, en esto llegó ‘El Padrino’ como la perfecta conjunción de las dos tendencias: se podía hacer cine marcadamente de autor que se reconociera en las nuevas audiencias y, a la vez, mantener a flote la gran maquinaria industrial del cinematógrafo. Contemplado desde las mansiones de Beverly Hills, Coppola fue su salvador; desde el colectivo de cineastas, también. Gracias a ‘El Padrino’, los primeros podrían seguir siendo ricos y los segundos abandonarían las trincheras para convertirse en cineastas de prestigio.

Desde el punto abstracto del arte (sea este cuál sea), alguno hubo que vivió ‘El Padrino’ como una gran pérdida, como la mayor de todas ellas. Adiós a los sueños de convertir Hollywood en la mayor y más poderosa fábrica de arte (sea esto lo que sea) pensada e ideada jamás por la Humanidad. Ganó el dinero, podría haber pensado alguien. Y uno de ellos fue, precisamente, el propio Coppola que vivió el éxito arrebatador de su obra como, quién lo diría, el primer paso de su propia derrota.

El problema de desear algo con demasiada fuerza es que se puede tener la mala suerte de ver los deseos cumplidos. Antes del 15 de marzo de 1972, Francis Ford Coppola no era ni siquiera un director prometedor. Sus cuatro películas anteriores al estreno de ‘El Padrino’ sólo le habían servido para ganarse una cierta reputación entre sus amigos. Nadie como él era capaz de explicar tan claramente el final inexcusable de ese arte antiguo llamado cine. Para eso, y para poco más.

Cuando Robert Evans, el jefe de producción de Paramount, pensó en él para dirigir una historia de gánsteres, en realidad lo que buscaba era un director maleable con suficiente sangre italiana en sus venas para no repetir el fracaso de ‘Mafia’, la película protagonizada por Kirk Douglas en 1968. Al joven Coppola, además de sus películas ‘artísticas’ (‘Ya eres un gran chico’, ‘El valle del arcoiris’ y ‘Llueve sobre mi corazón’), le avalaba su trabajo como guionista en cintas como ‘Reflejos en un ojo dorado’, ‘¿Arde París?’ y, sobre todo, ‘Patton’, por la que se llevó un Oscar al mejor libreto.

Desde el principio, Coppola se tomó el encargo de ‘El Padrino’ como un mal necesarioAhogado por las deudas (le había producido a su pupilo George Lucas ‘THX’) y, por ello, necesitado de trabajo como el respirar, aceptó la muy incómoda labor de convertir una novela «popular y obscena» (según sus palabras) en una película lo suficientemente «popular y obscena» para que tuviera éxito. Pero su aspiración y el sentido de todas sus reflexiones era otro. Él, como Godard, aspiraba a llevar el cine a la calle y, de paso, a revolucionar la política de unos estudios en proceso de desmontaje desde, ya lo hemos dicho, el funesto triunfo de ‘Sonrisas y lágrimas’.

Cuando la película estaba lista, pocos daban un duro por ella. Sus tres horas de duración ponían algo nerviosos de los distribuidores que se veían obligados a ofrecer menos pases y, por ello, vender menos entradas. Pero, sobre todo, el problema es que, literalmente, no se veía. La también revolucionaria fotografía de Gordon Willis condenaba la casi totalidad de la película a una semioscuridad pastosa. Cuenta Peter Biskind que Talia Shire, actriz y hermana de Coppola, cuando contempló las primeras pruebas no pudo por menos que exclamar: «Eran escenas oscuras que parecían mierda». Evans, enfrentado a muerte con Coppola desde el primer minuto, desde la primera reunión para decidir el cásting, no podía estar más de acuerdo.

Ahora nadie duda de que lo que hizo Willis estuvo al nivel de la propia revolución de todo el proyecto. Acostumbrados a la luminosidad del cine de los 50, él simplemente redefinió la sensación de entrar en una sala de proyección para, directamente, palpar las texturas terrosas y cremosas de un ambiente tan cálido como amenazante. Pero, de entrada, aquello era simplemente tan oscuro como el sobaco de un grillo.

El reparto tampoco era anuncio de nada nuevo. Coppola se había empeñado en Marlon Brando con una insistencia ciega en contra de cualquier opinión, que, básicamente, eran todas las demás. Brando estaba acabado, reventaba los rodajes y no se le entendía cuando hablaba con un extraño acento supuestamente de Sicilia. Al Pacino tampoco parecía convencer a nadie. Tímido, retraído y, sobre todo, tan bajito (le llamaban «el enano»), ofrecía la contraimagen perfecta de lo que debía ser una estrella de Hollywood. En definitiva, todo a contrapelo. Incluido un rodaje de auténtica pesadilla (donde se saltaron todos los plazos fijados) y en el que el inexperto Coppola y el fajado Willis no dejaron un segundo de insultarse. En público.

Y, sin embargo, y pese a todo, lo que se veía en pantalla traspasaba los huesos de la retina. Seis meses después del estreno se convirtió en la película más taquillera de la Historia superando el récord de ‘Lo que el viento se llevó’, una marca intacta desde hacía 33 años. El hecho de que ‘El Padrino’ cambiara las reglas de la distribución ayudó a ello. Hasta entonces, las películas se exhibían por un complicado modelo de rondas y cuotas. Mandaban los cines. A partir de entonces, el conjunto del sistema cambió de forma radical. Ahora era la película la que primaba y las salas tenían que adelantar el dinero para poder proyectar ‘El Padrino’. Acaba de nacer la filosofía que determinó el cine de los 80 hasta ahora: el‘blockbuster’. Coppola enseñaba el camino a su amigo Lucas y a Spielberg.

‘El Padrino’, en definitiva, lo transformó todo. El Nuevo Hollywood veía su primer éxito global más allá de sus triunfos de prestigio y todos, no sólo los ‘outsiders’, se veían reflejados en él. Hollywood entero entendió ‘El Padrino’ y su éxito como suyo. Al contrario que los trabajos de Hopper, Cassavetes, Altman o Rafelson, Coppola no proponía una reformulación de las reglas del género; no pretendía romper nada. Al contrario, la película recomponía las piezas rotas de una forma antigua de ver cine. De hecho, la cinta conserva intacta la nostalgia por las grandes producciones y rinde pleitesía al género, a esa manera casi operística de componer el rostro de los personajes. Con ‘El Padrino’, el género de gánsteres vive el momento cumbre de su dócil y brillantísimo aburguesamiento.

Al final, queda la constancia y defensa de los valores tradicionales por encima de cualquier forma de progreso. La familia por delante de cualquier Estado. Y de aquí, precisamente, el perfecto magnetismo de una película que se ofreció como el programa más acabado de Contrarreforma. ‘El Padrino’ pasó como una apisonadora por todo el movimiento en marcha empeñado en transformar la mayor maquinaria de arte (eso es Hollywood) del planeta. Cuando en 1976, en la gala de los Oscar, la convencional ‘Rocky’ se impuso a películas como ‘Taxi Driver’, ‘Network’ o ‘Todos los hombres del presidente’ quedaba claro que la furia de principios de década estaba a punto de fenecer. Faltaba esperar a ‘La puerta del cielo’, de Cimino, para asistir al funeral. Pero, la muerte, qué cosas, empezó con la, con perdón, ‘fascista’ ‘El Padrino’.

De viaje con la mafia


El Mundo

Restaurantes donde se han cerrado los negocios más sangrientos, habitaciones de hotel que han oído secretos inconfesables, calles donde han cosido a tiros a miembros de clanes enfrentados… La guía El Nueva York del Padrino y otras películas de la mafia (Lunwerg) recorre estos escenarios oscuros en la ciudad que más veces ha caído rendida ante el magnetismo del hampa. Cinematográficamente hablando, claro. Si quiere, puede conseguir un ejemplar…