Un fósil hallado en Namibia retrasa la fecha del inicio de la vida animal


La Vanguardia

Unos científicos descubren esponjas de 760 millones de años y creen que son los primeros seres vivos de la tierra

Un equipo de investigadores ha descubierto en Namibia fósiles de una esponja que consideran la primera evidencia de vida animal en la tierra, desplazando en decenas de millones de años la fecha estimada de inicio de esta forma de vida.

Los fósiles fueron encontrados, básicamente, en el Parque Nacional de Etosha en el corazón de rocas que, las más antiguas, datan de 760 millones de años, según un equipo internacional de diez investigadores que publican sus resultados en el South African Journal of Science.

Hasta ahora, la comunidad científica creía que la vida animal apareció en la Tierra entre 600 y 650 millones de años antes de nuestra era. Este descubrimiento por lo tanto, retrasa entre 100 a 150 millones de años esta fecha.

Esto indica que estos seres esféricos diminutos son nuestros antepasados más lejanos, asegura Prave Tony, uno de los co-autores del estudio, de la Universidad de St Andrews (Escocia).

La aurora boreal y el norte de Estados Unidos captados desde la ISS


La Vanguardia

La NASA ha elaborado el video con el montaje de una secuencia de fotografías tomadas desde la Estación Espacial Internacional el pasado 30 de enero

La expedición 30 de la Estación Espacial Internacional (ISS) ha elaborado un video que recoge uno de los últimos vuelos nocturnos del módulo espacial sobre el norte de Estados Unidos y Canadá y en el que, además, se recoge a tiempo real el fenómeno de la aurora boreal.

Según ha explicado la NASA, el video se ha realizado tras el montaje de una secuencia de fotografías tomadas desde la ISS el pasado 30 de enero alrededor de las 07.00 horas (hora española).

La estación hace un recorrido desde el norte de México y entre las ciudades más iluminadas destacan San Antonio, Houston, el área de Dallas, Oklahoma, Kansas City o St. Louis.

El video continúa por la península de Michigan, con Chicago en el borde sur del Lago Michigan y, a medida que la ISS continúa al noreste, se puede ver la aurora boreal en Canadá.

Una aurora boreal se produce cuando una eyección de masa solar choca con los polos norte y sur de la magnetosfera terrestre. Como consecuencia surge una luz difusa proyectada en la ionosfera terrestre, compuesta de partículas protónicas que difunden el color.

Es visible de octubre a marzo, aunque en ciertas ocasiones hace su aparición durante el transcurso de otros meses, siempre y cuando la temperatura atmosférica sea lo suficientemente baja.

Las auroras tienen estructuras y colores muy diversos dependiendo de la especie atómica o molecular que las partículas del viento solar excitan y del nivel de energía que esos átomos o moléculas alcanzan.

Así, el oxígeno es responsable de los verdes y amarillos, mientras el nitrógeno produce una luz azulada.

El cambio climático no causó la desaparición de selvas tropicales en África


La Razon

El cambio climático no fue, a pesar de lo que se creía, el único causante de la desaparición, hace 3.000 años, de algunas selvas tropicales de África Central que fueron reemplazadas por sabanas, según un estudio divulgado hoy que apunta a la acción de las tribus bantú como segundo factor.

El estudio, que aparece publicado en el número del 10 de febrero de la revista Science, sugiere que el cambio climático por sí mismo no podría haber producido un cambio tan drástico y que los humanos deben también haber jugado un papel en la transición.

El profesor Germain Bayon, geólogo y geoquímico del Instituto Francés de Investigaciones para Exploraciones Marinas (IFREMER), y su equipo analizó un núcleo de sedimento marino de la boca del río Congo y descubrieron que, hace alrededor de 3.000 años, el sedimento ahí había estado bajo la influencia de fuerte erosión química.

Esta mayor descomposición, basada en la química de las rocas y minerales en el área, coincidió con la llegada de campesinos bantúes provenientes de la región que ahora es parte de Camerún y Nigeria.

Las tribus bantúes trajeron con ellos tecnologías agrícola y de fundición de hierro a la región, por lo que el estudio sugiere que la presencia de estos granjeros primitivos probablemente también tuvo un impacto en las selvas tropicales centro-africanas.

Según los investigadores, en ese periodo los Bantú intensificaron el uso de la tierra y facilitaron el proceso de la erosión, ya que talaron árboles para crear tierra que pudieran arar para la agricultura y fundiciones de hierro primitivas.

Dichas acciones, junto con el cambio climático, probablemente provocaron el declive de las selvas tropicales en esa región, pero no sólo fue el cambio climático, como se había creído hasta ahora.

Colgados de Lewis Hine


La Razon

La Fundación Mapfre dedica una retrospectiva de 170 imágenes que recorre la trayectoria de uno de los fotógrafos que crearon la base estética del documentalismo social.

Cuándo:  hasta el 29 de abril. Dónde: Fundación Mapfre, Paseo de Recoletos, 23.
Entrada gratuita

Para enunciar una estética   antes hay que deshacerse de las otras precedentes porque sólo  matando al padre intelectual puede surgir lo nuevo. Lewis Hine es uno de esos creadores que nacen en la infancia.  A los 16 años abandonó los estudios para empezar a trabajar y ayudar a su madre, que había enviudado. Puede que ya de esta experiencia procediera su primera concienciación con los desfavorecidos y las personas que habían sido orilladas de la vida por la falta de oportunidades.

La cámara, para Lewis Hine, no era una herramienta artística, sino un filtro de la realidad. Sus encuadres, color, enfoque y trepidaciones no obedecen a un criterio o corriente estética. Sólo responden ante  el compromiso con la justicia y los miserables. De esta manera es como fue forjando las bases del documentalismo social, aunque, probablemente, no reparara en ello ni se diera cuenta de su importancia hasta años después. La Fundación Mapfre le dedica ahora  una retrospectiva de 170 instantáneas. Una galería de temas que reconstruyen la carrera de este fotógrafo y vislumbran cuáles eran sus inquietudes y motivaciones. Hine, que fue profesor, empezó a tomar instantáneas para documentar algunas actividades escolares que sirvieran a sus alumnos. Poco después, con una cámara de fuelle de 13×18 que apoyaba en un trípode y con un flash de magnesio, abandonó las aulas y se marchó a Ellis Island, en Nueva York, para retratar a los inmigrantes que llegaban a Estados Unidos procedentes de todas partes del mundo.

La cara de la inmigración
Los rostros de esas personas quedaron en la retina de su cámara y de su memoria. Son caras de personas que han encomendado su pasado a los recuerdos que les aguardan en el futuro, sin que todavía supieran concretar  cuál es ese futuro. Llegan a los muelles en familias, o solos, pero todos con el fardo enigmático de sus equipajes.  Miran al objetivo fijamente. Es una época todavía en que no se sabe la repercusión que tiene la fotografía. Quizá por eso posan sin disimular la tristeza, el cansancio, la desilusión o la esperanza. Heine no tardó en bajar de los barcos y alejarse de la frontera para entrar en los extrarradios que alojaban a estos nuevos ciudadanos.

En esta nueva serie de imágenes  es donde reposa toda la fuerza atractiva y seductora que siempre ha ejercido la pobreza sobre nuestros sentidos estéticos: ventanas retranqueadas con maderas, aceras dominadas por bandas de chavales –que en ocasiones recuerdan algunos fotogramas de «Érase una vez América», de Sergio Leone–, azoteas hacinadas, largas cuerdas con ropa blanca extendida, habitaciones sórdidas, vagabundos durmiendo en la entradas de  las tiendas. En este instante, Hine comienza a preocuparse por los niños y por el trabajo infantil. Un tema que reflejaría en varios trabajos. En estos años aparecen entidades públicas preocupadas por la educación y el trato que reciben los niños. Él no dudaría en retratar con crudez estas infancias destruidas, llenas de expresiones desoladas y cuerpos mutilados. La implicación social de Hine le conduciría a Europa. A finales de la Primera Guerra Mundial recorrería varios países con la intención de captar las consecuencias y secuelas que había dejado sobre la población este conflicto.  Después regresaría. Pero, para entonces, los tiempos, como cantaría décadas más tarde Bob Dylan, habían cambiado. Y Hine, que había consagrado a los demás todos sus esfuerzos, moriría en la pobreza,  casi desasistido y sin apenas trabajo.

En el techo de Nueva York
La obra de Lewis Hine se ha hecho muy famosa por sus instantáneas del Empire State Building. Se contrató al fotógrafo para que documentara el proceso de construcción del que sería el edificio más alto de la Gran Manzana. Por debajo quedaría el emblemático Chrysler Building. Hine registró el trabajo de los obreros y operarios con un aliento épico, no exento de armonía, casi en un canto a la modernidad. En sus instantáneas, los materiales pesados, como las vigas, y la altura se convierten en protagonistas esenciales que realzan el valor de esos hombres que, para cumplir con el proyecto, paseaban a docenas de metros por cornisas o colgándose de cuerdas y cables.
El detalle
De Dickens a Chaplin

Hine posee una contradicción. Por un lado registra la pobreza, la miseria de los niños que venden periódicos en la calle (imagen superior) y, por otro, proyecta una imagen épica de la modernidad, del hombre enfrentado a la máquina (dcha), del obrero como una tuerca más en el engranaje fabril. A veces no se sabe si es una exaltación de la tecnología o una denuncia social en la línea de Dickens o Chaplin.

Hollywood… ¿Qué tal unas clases de Historia?


Terra.es

Llega a nuestras pantallas lo último de Steven Spielberg, War Horse (Caballo de batalla), un entrañable relato de amistad entre un chico y un animal, con la Primera Guerra Mundial -o Gran Guerra- como telón de fondo. Esta circunstancia nos recuerda que la industria americana, y el amigo Spielberg en particular, han pasado olímpicamente en más de una ocasión de los libros de Historia, suponemos que con el único objetivo de hacer el producto más entretenido o acorde a la audiencia. En definitiva, más comercial.

Sí, ya sabemos que puede ser irrelevante en un producto que sólo aspira -parece ser- a entretener. Pero, teniendo en cuenta la repercusión que este negocio tiene en la conciencia colectiva de las masas (tendemos a dar por cierto lo que vemos en pantalla), quizá productores, directores y guionistas debieran ser conscientes del papel educativo que juegan en la sociedad actual.

Lo cierto es que el rigor histórico nunca ha sido la mayor preocupación de Hollywood. Fábrica de sueños y fantasía, sofisticada factoría de nuevos mitos y leyendas, la meca del cine no ha tenido miramientos a la hora de apropiarse de la historia para exaltar su sentido del entretenimiento. De hecho, ¿qué hubiese sido del Espartaco(1960) de Stanley Kubrick y Kirk Douglas sin la épica muerte de su protagonista en la cruz (cuando en realidad el personaje histórico murió en el campo de batalla)? ¿O cómo hubiese lucido el Gladiator (2000) de Ridley Scout y Russell Crowe sin la Roma idealizada por los pintores románticos ingleses y franceses, además de por el arquitecto nazi Albert Speer? O, rebuscando en el cine más reciente, ¿sería lo mismo 10.000 (2008) de Roland Emmerich sin las pirámides egipcias (construidas 7500 años después)?

La cuestión de la fidelidad histórica sigue de plena actualidad, ya que el cine nunca cesa de rebuscar en la historia de la civilización en busca de grandes relatos. La épica cotiza al alza y no hay límites a la hora de exacerbarla. Un buen ejemplo lo encontramos en la película 300 (2006), deZach Snyder, donde los espartanos son idealizados como virtuosos guerreros mientras los persas son retratados como seres monstruosos. Por no hablar de filmes como Las hermanas Bolena (2008) oElizabeth: La edad dorada (2007), donde la historia se convierte en pasto de relatos telenovelescos. Otros casos memorables son los de Braveheart (1995) –en la época los escoceses no llevaban falda- o, en general, las películas centradas en la edad media, de El rey Arturo (2004) a El reino de los cielos (2005), ambas plagadas de elementos anacrónicos e importantes modificaciones históricas. De hecho, Ridley Scott, director de esta última, se ha convertido en un asiduo a la tergiversación histórica a favor del espectáculo. Disculpamos su última película estrenada, Robin Hood, porque el mismo personaje no es histórico, sino una leyenda.

Otro de los casos más populares en lo que se refiere a manipulación histórica es la saga de Indiana Jones. En la confección de las aventuras del gran arqueólogo y aventurero, George Lucas y Steven Spielberg se pasaron por el forro la fidelidad a los acontecimientos. Los ejemplos son innumerables: edificaciones todavía no construidas (el puente deGolden Gate), armas todavía no inventadas (el bazuca), medios de comunicación clausurados (el Zeppelin), cócteles históricos para la confección de templos mágicos y cultos salvajes… En fin, otra demostración del poco cuidado que ha tenido la meca del cine a la hora de dar consistencia histórica a sus filmes. No les iría mal recibir unas cuantas clases de historia. ¿Y a vosotros qué os parece todo esto? ¿Valoráis el hecho de que una película sea fiel a la historia u os parece un tema secundario cuando hay entretenimiento y espectáculo en juego?

Los glaciares del planeta pierden 148.000 millones de toneladas de hielo al año


El Pais

El nivel de los océanos está subiendo 1,5 milímetros al año, desde 2003, según un estudio global realizado con datos de satélites

Los glaciares y cubiertas heladas del planeta están perdiendo cada año unos 148.000 millones de toneladas de hielo (162 kilómetros cúbicos), sin contar los bordes de la Antártida y de Groenlandia, que pierden otras 80.000 millones de toneladas. En total este hielo perdido está provocando un aumento del nivel oceánico de 1,5 milímetros anuales. Se trata de datos de la evolución de los glaciares a escala global, desde 2003 hasta 2010, obtenidos con los satélites Grace. “La Tierra está perdiendo una cantidad increíble de hielo cada año que va a parar al mar y este nuevo estudio nos ayudará a responder a importantes interrogantes acerca de la subida del nivel y de como las regiones más frías del planeta están respondiendo al cambio global”, afirma John Wahr, uno de los autores del estudio. La cantidad de total de hielo fundido en el planeta entre 2003 y 2010 cubriría todo el territorio de Estados Unidos con casi medio metro de agua, añade el investigador.

Pero la cantidad de hielo perdido es aproximadamente un 30% inferior a las estimaciones que se venían haciendo. Y en las elevadas cordilleras asiáticas los nuevos datos desvelan una pérdida mucho menor (hasta 10 veces) de lo que se había calculado a partir de registros parciales.

La subida del nivel se debe a dos factores fundamentalmente: la llamada expansión térmica del agua al aumentar la temperatura con el cambio climático (como un cuerpo que se dilata con el calor) y el aumento de la cantidad del agua procedente de los glaciares y cubiertas heladas. El milímetro y medio de subida anual ahora calculado corresponde sólo al segundo factor, al hielo fundido de los glaciares.

Existen en la Tierra unos 160.000 glaciares y cubiertas heladas y, hasta ahora, se tiene datos directos de su balance de hielo (la suma anual de fusión y formación) de menos de 120. De solo 37 de ellos hay registros de más de 30 años. Las estimaciones globales se venían haciendo extrapolando los datos de esas mediciones directas al resto, con un alto grado de incertidumbre porque influyen mucho factores en la dinámica de cada glaciar, desde su tamaño hasta la topografía local, la altitud o el microclima, explica el experto Jonathan Bamber (Universidad de Bristol, Reino Unido), en la revista Nature, donde se presenta el nuevo estudio global de hielos. Añade que los glaciales son un icono, un símbolo, del cambio climático y que se ha venido asumiendo su retroceso notable en el planeta en las últimas décadas, siempre basándose en esos datos parciales. De ahí la importancia de la investigación de Wahr (Universidad de Colorado en Boulder, EE UU) y sus colegas, liderados por Thomas Jacob, que ofrece datos globales.

La misión Grace, una colaboración de EE UU y Alemania, esta formada por dos satélites que miden las minúsculas variaciones del campo gravitatorio terrestre debidas a los cambios de masa (capas heladas, océanos, acuíferos y agua acumulada en el suelo) que se producen en las regiones que van sobrevolando. Con estos satélites se habían medido ya los glaciares periféricos de Groenlandia y la Antártida, pero no se había hecho un estudio global.

Las grandes cordilleras asiáticas (Himalaya, Pamir, Tibet, Karakorum y Tianshan, merecen mención aparte en este estudio, porque los resultados del equipo de Jacob muestran que la pérdida de hielo allí es muy inferior de lo que se había calculado. Esto puede ser debido, según explican, a que las estimaciones se hacían con datos tomados en las partes bajas y accesibles de los glaciares de esas cordilleras y extrapolando los registros a todas las alturas. Así el cálculo previo de casi 50.000 millones de hielo perdido al año se reduce, con los nuevos datos de Grace, a unos 4.000 millones de toneladas. “A diferencia de los glaciares bajos, muchos de los de gran altura estarían todavía demasiado fríos para perder masa incluso a pesar del calentamiento de la atmósfera”, apunta Wahr en un comunicado de la Universidad de Colorado en Boulder. La respuesta de los hielos de las cordilleras asiáticas al calentamiento global es de la máxima importancia a escala regional porque, como recuerda Bamber, aproximadamente 1.400 millones de personas dependen de lo ríos que fluyen desde el Himalaya y el Tibet.

Los resultados del nuevo estudio tendrán implicaciones importantes en las proyecciones climáticas futuras, pero los científicos todavía no pueden anticipar cuáles serán las tasas de pérdida de hielo de los glaciares en los años venideros, es decir cómo de rápido se van a ir reduciendo.

En la Tierra y en la Luna

La estrategia de la misión Grace para medir las variaciones en el campo gravitatorio terrestre que ha permitido a Jacob y sus colegas estimar la pérdida de hielo de los glaciares de la Tierra es la misma que utiliza ahora otra pareja de satélites para hacer lo mismo, pero en la Luna. Es la misión Grail, cuyos satélites se pusieron en órbita lunar a principios de enero y que empezarán a tomar datos dentro de poco.

En ambos casos son dos satélites volando en tándem uno detrás de otro en órbita relativamente baja. Los Grace, lanzados en 2002, dan 16 vueltas a la Tierra cada día a unos 500 kilómetros de altura a una distancia entre ellos de 200 kilómetros. Unos dispositivos miden esa distancia de uno a otro con una precisión de una micra (la centésima parte del grosor de un cabello humano). Al sobrevolar, por ejemplo, una zona donde aumenta el campo magnético el satélite que va delante se acelera ligerísimamente, aumentando la distancia con el que va detrás. A partir de este dato los científicos pueden calcular las variaciones de masa que sobrevuelan los artefactos.

Pero son cálculos muy complicados porque la resolución de las observaciones es demasiado grande (unos pocos centenares de metros) para apreciar la diferencia de la señal entre un glaciar pequeño y otro. Gracias a los datos de grandes concentraciones de masas predefinidas, en combinación con información regional de humedad atmosférica, hidrología y datos de modelos, Jacob y sus colegas han podido desvelar la evolución de los glaciares de la Tierra desde 2003 y 2010.