Madrid aquel 18 de julio de 1936


El Pais

Aquel 18 de julio era sábado. El Sol se abatía sobre Madrid con un sofocante abrazo. Las frescas penumbras que proyectaban las casas, que los patios ocultaban como codiciados tesoros, apenas mitigaban el rigor del estío. El calendario zaragozano informaba de que la Luna se hallaba a dos noches del plenilunio. Anunciaba también la festividad de san Camilo. El alcalde republicano de Madrid se llamaba Pedro Rico. Los barrios de Moratalaz, Chamartín y del Niño Jesús no existían. Tampoco la Torre de Madrid, ni el edificio España, ni el estadio Bernabéu.

La ciudad terminaba por el norte en un hipódromo situado donde hoy se alzan los Nuevos Ministerios. Junto al Retiro, confín entonces de la ciudad por el este, pequeños trenecillos yeseros circulaban en dirección a Arganda. Luis Gutiérrez Soto comenzaba su edificio de la calle de Miguel Ángel, con sus atrevidas ventanas poligonales, bow windows. Al sur, Vallecas era un municipio aparte, como los de Vicálvaro, Fuencarral, Chamartín, los Villaverdes, los Carabancheles y El Pardo.

“La ciudad era un Valladolid algo más grande”, dice José Luis Rodríguez, de 90 años, hoy vecino de Bretón de los Herreros. Por muchas calles del centro de la ciudad apenas cruzaba un automóvil al día. Mozalbetes de chaleco de rombos y pantalón corto jugaban a la pelota en la vía pública hasta que se acercaba uno. Entonces, alguno se volvía hacia los demás y gritaba “¡Coche!”. Paraba el juego, cruzaba el auto y las carreras proseguían en pos de la pelota de goma.

Las chicas bajaban mucho menos a la calle. Muñecas de trapo, peponas de trenzas largas, dominaban sus juegos. Cacharritos de aluminio decoraban las cocinas de sus casitas imaginarias. Desde bien pequeñas, sobre ellas recaían muchas de las faenas del hogar.

“Recuerdo que hacía mucho calor aquel 18 de julio. Desde pocos días antes, habían corrido de boca en boca rumores de malestar militar, pero yo estaba entonces a otras cosas propias de mi edad, aunque en casa nunca imaginó nadie que aquel levantamiento castrense escondía la hidra de la Guerra Civil”, asegura Francisco Lucas Sansón, hoy nonagenario: “En la Gran Vía, por donde paseaban buena parte de los madrileños en días festivos, se escuchó aquella mañana a un joven vendedor de periódicos vocear el titular de Ahora, el periódico que vendía por 25 céntimos: ¡Se subleva el ejército de Marruecos!”.

“Los tiros no empezaron hasta el 21 de julio, en torno al cuartel de la Montaña, donde hoy está el templo de Debod”, recuerda Francisco Lucas, que posteriormente se hizo camillero de Cruz Roja y fue condecorado. Tenía entonces 15 años. Era hijo único de un ama de casa y de un fontanero, cuyo salario era de siete pesetas, unos cuatro céntimos de euro. Vivían en la calle de Conde Duque. Él estudiaba cuarto de Bachillerato en el instituto Cardenal Cisneros. “Aquellos días habían sido tranquilos. Yo estaba de vacaciones y jugaba en la calle con mis amigos. Tomábamos chucherías como palulú,pipas de girasol y chochos, una especie de chufas muy ricas. Entre los refrescos, la gaseosa tenía mucha demanda. Comíamos en nuestras casas a las tres de la tarde. Con un duro, es decir, cinco pesetas, se alimentaba una familia de cuatro personas. Al pan más blandito le llamábamos ‘de Viena’. Costaba entre 5 y 15 céntimos de peseta. Se vendía en una tahona del barrio de Pozas -hoy desaparecido-, cerca de mi casa”. La leche se adquiría en vaquerías que mantenían media docena de vacas, allí mismo ordeñadas.

“El cocido era el menú más frecuente en la mayoría de los hogares. Los ricos frecuentaban comedores lujosos, como Botín y L’hardy, pero el pueblo llano desconocía los restaurantes”, cuenta Feli Plaza, hoy de 93 años, que aquel día tenía tan solo 19. Aprendiz en un taller de costura de la calle de Bárbara de Braganza, Feli pertenecía desde cuatro años antes a las Juventudes Socialistas. “Nos reuníamos en un descampado donde hoy se encuentra El Corte Inglés de Princesa”, comenta.

Por las tardes, niños y adolescentes merendaban pan y chocolate. “La onza costaba 10 céntimos y la barrita de pan, siete. Cuando teníamos un poco más de dinero, íbamos al cine”, explica. Cada barrio tenía dos o más salas cinematográficas. “Echaban películas de sesión continua y salíamos del cine con el pecho inflamado de aventuras”.

También Feli Plaza recuerda el cine al aire libre del paseo del Prado. “Disfrutábamos de lo lindo. Las chicas íbamos con nuestros padres”. Los desplazamientos se hacían en tranvía o en metro. El billete costaba 10 céntimos de peseta. Para ahorrase esos céntimos y poder jugar al billar en el bar Sainz, de Carabanchel, Melquisedech Rodríguez caminaba a diario desde su casa hasta su taller de metalurgia en la calle de Echegaray. Melqui, como le llamaban sus compañeros, pertenecía a las Juventudes Socialistas Unificadas, hegemonizadas por los comunistas. “Aquel 18 de julio, por orden de nuestro comité de radio, vigilábamos discretamente los accesos de cuarteles de Campamento, porque el rumor de una inminente sublevación militar sonaba con mucha fuerza”, recuerda.

La sede de la Casa del Pueblo del Partido Socialista y la UGT se encontraba en la calle de Piamonte, cerca de la de Augusto Figueroa, donde el teniente Castillo acababa de ser asesinado a principios del mes de julio a manos de pistoleros fascistas.

En la calle de Espalter, junto al Retiro, vivían entonces el político de izquierda Julio Álvarez del Vayo, que moriría en el exilio, y el pensador de extrema derecha Ramiro de Maeztu, fusilado cuatro meses después en Paracuellos de Jarama. Cerca de allí, en sendas cervecerías de la calle de Antonio Maura y de la plaza de Cibeles, un oficial del espionaje nazi, Juan Hinz, bajo la cobertura de comerciante de granos y precisamente en aquellas horas del 18 de julio de 1936, ultimaba con militares franquistas detalles de la entrega de armas de Hitler a los conspiradores contra el Gobierno legítimo de la Segunda República.

Pero la población madrileña ignoraba inocentemente aquellos oscuros manejos: las mujeres mostraban sus peinados “de ondas” y vestían trajes siempre por debajo de la rodilla, a veces faldas ajustadas con forma de tubo. Muchas de ellas, sobre todo modistillas, paseaban cantando en alto. “Recuerdo que la canción más escuchada entonces era Mi jaca, cuya letra el pueblo de Madrid había cambiado en clave humorística, para así parodiar un enorme cartel electoral que en la Puerta del Sol colocaron los seguidores de Gil Robles, de la CEDA, Confederación Española de las Derechas Autónomas, y que decía ‘A por los 300’, en referencia al número de diputados que aspiraban conseguir en unas elecciones”. “Por ello, las chicas cantaban entonces: ‘Mi jaca / galopa y corta el viento / cuando va por los 300 / caminí… to del poder”, cuenta Francisco Lucas Sansón.

Otras mujeres adultas vestían hábitos, uniformes de un color liso, morado o negro, que ceñían con un cíngulo de cordón trenzado anudado al cuello. De esa forma cumplían sus “promesas”, ejercicios punitivos que se autoimponían para así expiar supuestos pecados y culpas. “Templos como Los Jerónimos o San José congregaban los domingos a niños y niñas de barrios obreros que allí eran catequizados. Damas de la aristocracia y la alta burguesía les distribuían ropas y, en ocasiones, golosinas. Entre las niñas solían reclutar a las fámulas que luego les servirían como criadas en sus mansiones. Los colegios religiosos, separados por sexos, tenían dos accesos, para las alumnas de pago y las gratuitas, respectivamente. Otros colegios languidecían en pisos umbríos”.

“Por las tardes”, prosigue Francisco Lucas Sansón, “solíamos escuchar Unión Radio, cuya emisora se encontraba en la Gran Vía. La hoy plaza de España no tenía la hondura que posee ahora, porque la calle de Leganitos conectaba en línea recta con la plaza de Cristino Martos, sin apenas desniveles”, explica.

“Madrileños y madrileñas también frecuentaban la Castellana, donde el general golpista Francisco Franco tenía un piso en su esquina con la calle del Marqués de Villamejor. Los bulevares se veían aún surcados por andenes de arena para desplazamientos a caballo”. “Estaban flanqueados por un centenar de palacetes, a cada cual más bonito”, cuenta Feli Plaza. “En los merenderos de la Castellana, mi padre vendía marisco que llevaba en una cesta de mimbre, para redondear su salario”, añade.

Al caer la noche, las gentes sacaban a los portales de sus casas sillas de anea y conversaban. Pero aquel Madrid provinciano e incauto se esfumó para siempre apenas unas horas después. El tranquilo discurrir dio paso a las sirenas, las bombas incendiarias y las muertes. Los escombros sepultaron la ciudad bajo su peso inerte. La historia de Madrid inauguraba, aquella noche, cuatro décadas de tristeza, furia y resistencia.

Así empezó la Guerra Civil


El Periodico

Cuando se cumplen 75 años del inicio de la guerra civil, los argumentos de los historiadores franquistas han sido desempaquetados de nuevo: el conflicto empezó en el 34, el Alzamiento impidió una revolución socialcomunista, el asesinato de Calvo Sotelo lo desencadenó… Volvamos la vista atrás para redescubrir lo evidente: una conspiración militar, jaleada por la derecha, decidida desde el mismo momento en que no se aceptó la derrota electoral y se optó por las armas.

Soldados que han abandonado las filas rebeldes desfilan puño en alto por la plaza de Sant Jaume de Barcelona, el 20 de julio.

Soldados que han abandonado las filas rebeldes desfilan puño en alto por la plaza de Sant Jaume de Barcelona, el 20 de julio.

Diario del golpe

El 17 a las 17. El 17 de julio de 1936, a las cinco de la tarde, debía empezar la rebelión militar en Marruecos, para extenderse a España paulatinamente entre el 18 y el 21 de julio. Este es un diario de una conspiración militar que desde el primer día proyectó una carnicería.

Domingo 16 de febrero
CONTRA LAS URNAS
El Frente Popular vence de forma apurada en las elecciones a las Cortes, con 4,6 millones de votos, 151.000 más que la unión de las derechas. El programa frentepopulista propugna reemprender las reformas sociales prometidas con el advenimiento de la República. El general Francisco Franco, jefe del Estado Mayor, y el líder derechista José MaríaGil-Robles proponen anular las elecciones y una acción militar inmediata, que el director de la Guardia Civil y el ministro de la Guerra rechazan. El desprecio a la vía democrática no será consecuencia de la gestión del Gobierno de izquierdas, sino la reacción que militares y derechas se plantean de entrada ante la derrota electoral.

Viernes 21 de febrero
MEDIDAS PREVENTIVAS
El nuevo Gobierno de Azaña, un gabinete republicano moderado, sin ministros socialistas, destina a plazas periféricas a los militares más peligrosos: Franco a Canarias, Goded a Baleares y Mola a Pamplona. Irónicamente, esta decisión dibuja cuál será el mapa del alzamiento militar.

Domingo 8 de marzo
LA PRIMERA REUNIÓN
Primera reunión en Madrid «para acordar unalzamiento que restableciera el orden», horas antes de la marcha de Franco. Acuden Mola, Franco, Rodríguez del Barrio, Fanjul, Varela, Orgaz, Saliquet y Kindelán. Se reconoce al exiliado Sanjurjo como jefe. Franco insiste en esperar a que la situación se agrave.

Viernes 14 de marzo
BRAVATAS FALANGISTAS
José Antonio Primo de Rivera 
es detenido después de que pistoleros falangistas tirotearan al socialista Luis Jiménez de Asúa. Desde la cárcel llamará a una «gran tarea de reconstrucción nacional» que llegará después de una «santa cruzada de violencia».

Miércoles 25 de marzo
LA PRESIÓN DEL CAMPO
Presión campesina para que el Gobierno vaya más allá de la reforma agraria de 1932. En Badajoz, 60.000 campesinos movilizados por los socialistas ocupan 3.000 fincas. Durante esos meses se distribuyen 555.000 hectáreas, poniendo en pie de guerra a los terratenientes. La embajada británica alarma a su Gobierno informando de que las condiciones «son muy similares a aquellas de la Rusia anterior a la revolución bolchevique».

Miércoles 15 de abril
LA DERECHA HABLA
Las Cortes destituyen a Niceto Alcalá Zamora como presidente. Gil-Robles responde amenazante en las Cortes, una semana después: «La mitad de la nación no se resigna implacablemente a morir. Si no puede defenderse por un camino, se defenderá por otro (…) cuando la guerra civil estalle en España, que se sepa que las armas las ha cargado la incuria de un Gobierno».

Jueves 23 de abril
RETÓRICA REVOLUCIONARIA
Durante la primavera se desarrollan concentraciones públicas de las milicias socialistas y comunistas. El 23 de abril desfilan 35.000 personas por la plaza de toros de la Maestranza de Sevilla.

Sábado 25 de abril
LA VIOLENCIA DE MOLA
Primera instrucción reservada de Mola. Que la represión será encarnizada, con ejecuciones sumarias de los militares que no se sumen al golpe, de las autoridades republicanas y de los militantes de izquierdas es una decisión clara desde el primer momento: «Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo».

Lunes 11 de mayo
LARGO, IRRESPONSABLE
Azaña accede a la presidencia de la República. El sector radical del PSOE, dirigido por Largo Caballero, impide que los socialistas entren en el Gobierno con Prieto, cabeza de la sección moderada. El republicano Casares Quiroga, que demostrará su incapacidad para atajar la conspiración a pesar de las numerosas pruebas, quedará al frente del Gobierno, mientras el ala izquierda del PSOE sigue desestabilizándolo. Mientras, la CNT descarta en Zaragoza la vía insurreccional.

Lunes 18 de mayo
LA INICIATIVA MILITAR
Mola establece que se formen juntas militares en cada división orgánica y provincia a cargo de oficiales de la Unión Militar Española, de quienes dependerán los sectores civiles implicados. El 18 de mayo queda constituida la Junta Militar de Defensa Militar de Catalunya, presidida por el teniente coronel Francisco Isarre.

Martes 19 de mayo
DISCURSO TREMENDISTA
Calvo Sotelo insinúa que el Ejército debe actuar. La derecha describe un panorama de desorden generalizado. La violencia política durante el periodo se cobra 444 muertes: entre ellas, más de izquierdas que de derechas, y ningún sacerdote o religioso. Casares Quiroga presenta un programa en el que se declara beligerante ante el «fascismo que quiere una guerra civil» pero advierte a las izquierdas de que tampoco tolerará «actos de violencia». Todos lo desbordarán.

Lunes 25 de mayo
PRIMER PLAN DE REBELIÓN
Primera instrucción de Mola en la que fija planes militares.Deben caer sobre la capital columnas de tres divisiones orgánicas: la 7ª (Valladolid), la 5ª (Zaragoza) y la 6ª (Burgos). La 8ª (La Coruña) y 4ª (Barcelona) deben limitarse a «mantener a raya a las masas proletarias». La 3ª (Valencia) debe amenazar a Madrid o apoyar a Barcelona si esta peligra. Mola no cuenta con ganar Madrid y Sevilla, y ordena que Marruecos, Canarias y Baleares queden «en actitud pasiva» como reserva.

Viernes 5 de junio
EL OBJETIVO
Mola establece los objetivos políticos iniciales de los sublevados. Deberá constituirse un Directorio Militar que creará un «Estado fuerte y disciplinado» y que durante su periodo de gestión se comprometerá a «no cambiar el régimen republicano». El restablecimiento de Alfonso XIII (que rechazarían falangistas, carlistas y parte de los generales) no está en el orden del día.

Viernes 12 de junio
UN GOBIERNO CÁNDIDO
Casares Quiroga propone al sospechoso Yagüe dejar su mando en Ceuta. El coronel, al frente de los preparativos en Marruecos, se niega. Casares cree en su «palabra de honor» de no rebelarse y lo mantiene en este destino clave.

Miércoles 17 de junio
UN PÍCNIC EN CANARIAS
Franco se reúne con jefes y oficiales de Tenerife en los pinares de la Esperanza. «Nos juramentamos a seguir ciegamente y con fe inquebrantable, dándole así la confianza plena en estas guarniciones», explica uno de los presentes.

Sábado 20 de junio
ÁFRICA ENTRA EN JUEGO
Quinta instrucción reservada de Mola, que modifica el plan militar del golpe. Incorpora a la marcha sobre Madrid a dos columnas del Ejército de Marruecos que deben cruzar el Estrecho y marchar hacia la Meseta por Despeñaperros. Franco y Yagüe dejan de tener un un papel secundario en el dispositivo militar. «Ha de advertirse a los tímidos y vacilantes que aquel que no esté con nosotros está contra nosotros», anuncia Mola. En todas las guarniciones, los sublevados ajustan sus turnos de vacaciones para estar en sus puestos a finales de julio.

Martes, 23 de junio
EL SIBILINO FRANCO
Carta de Franco a Casares Quiroga. Le sugiere que el Ejército será leal si se le trata con propiedad. ¿Aún duda de sumarse al golpe, temeroso de un fracaso (una actitud que irritaba al resto de sublevados, que llegan a apodarle Miss Canarias 1936) o se trata de un engaño? «Franco no hará nada que le comprometa: estará siempre en la sombra, porque es un cuco», comenta Sanjurjo.

Sábado 27 de junio
UN SECRETO A VOCES
El Estado Mayor Central alerta de un «inmediato movimiento militar» que «partirá de provincias o tal vez de África» y argumentará que quiere prevenir un golpe «violento de izquierdas» del que «no hay noticias algunas que permitan creer de su realización».

Domingo 5 de julio
UN AVIÓN PARA FRANCO
Juan Ignacio Luca de Tena, propietario del ABC, encarga a su corresponsal en Londres, Luis A. Bolín, que alquile un avión para trasladar a Franco de Canarias a Ceuta, para ponerse al frente del Ejército de Marruecos.

Sábado 11 de julio
QUEIPO SE PREPARA
Queipo de Llano, responsable de los carabineros, llega a Sevilla para asegurar el éxito del golpe ante la resistencia de los oficiales de máxima graduación de la capital andaluza. A menudo se olvida que solo 5 de los 11 comandantes de las divisiones orgánicas y comandancias y 4 de los 21 generales de división se rebelarán.

Domingo 12 de julio
FRANCO, ESPECULANDO
Franco envía un mensaje en clave que irrita a Mola («geografía poco extensa»), en el que indica que aún no está dispuesto a pronunciarse. En cambio Yagüe, tras las maniobras del Ejército de África en el Llano Amarillo, escribe a Mola para asegurarle que todas las fuerzas estarán en sus bases, esperando órdenes, el 16 de julio. «Tengo todo preparado; los bandos de guerra hechos. No dudo un momento en el triunfo». Mola se plantea seguir sin Franco y pedir a Sanjurjo que se ocupe de Marruecos.

Lunes 13 de julio
EN EL PEOR MOMENTO
Miembros de la Guardia de Asalto vengan el asesinato del teniente Castillo por un grupo de falangistas, la noche anterior, matando al diputado monárquico José Calvo Sotelo. El mecanismo del golpe ya estaba en marcha antes, pero el asesinato acaba de decidir a algún indeciso. Es el caso, de creer en sus palabras, de Franco.

Miércoles 15 de julio
TODOS EN SUS PUESTOS
Los carlistas se suman al movimiento. Hasta ese momento, su dirigente, Fal Conde, había puesto como condición que se liquidara la República de forma inmediata para proclamar al pretendiente Javier de Borbón regente. Entre el 15 y el 17 de julio llegan a los líderes sublevados mensajes en clave que indican que el golpe empezará en Melilla, «el 17 a las 17». A partir de ese momento, se debe producir una serie de levantamientos en cadena. Mola renuncia a una acción simultánea para evitar una salida en falso si se lanza una contraorden y esta no llega a todos. Esta opción, en cambio, ofrecerá posibilidades de reacción al Gobierno. Se constituye el Comité Nacional de Defensa Confederal de la CNT-FAI-AIT ante un golpe que «no puede ni debe ser una sorpresa».

Jueves 16 de julio
UNA MUERTE OPORTUNA
El comandante de Las Palmas, Amadeo Balmes, muere de un tiro al probar una pistola. Eso permitirá a Franco abandonar Tenerife para asistir al entierro en Gran Canaria, donde sospechosamente ya le estaba esperando el Dragon Rapide. «A todas luces da la impresión de ser un asesinato bien planeado», opina el historiador Ángel Viñas.

Viernes 17 de julio
LA CARNICERÍA EMPIEZA
El general Batet se entrevista en Irache por la mañana con el general Mola para disuadirlo. Este le da su palabra de honor de que no se sublevará. A las 5 de la tarde los rebeldes salen a la calle en Melilla. Al anochecer suenan las cornetas y tambores y se lee un bando firmado por Franco: «Hago saber: una vez más, el Ejército, unido a las demás fuerzas de la nación, se ha visto obligado a recoger el anhelo de la gran mayoría de españoles (…) se trata de restablecer el imperio del orden dentro de la República, no solamente en sus apariencias o signos exteriores sino en su misma esencia». En todo el protectorado se aplican las normas de ejecución previstas por Mola, que se repetirán en toda España: destitución de los jefes militares fieles, declaración del estado de guerra, ocupación de los centros de poder civil y servicios públicos, detención de los militantes de izquierdas y ejecuciones sumarias. En la noche del 17 al 18 de julio hay solo en Marruecos 225 fusilados.

Sábado 18 de julio
EL DÍA DE FRANCO
A las 5.15 horas, Radio Las Palmas difunde el bando de Franco que acaba con una proclama: «fraternidad, igualdad y libertad». A las 8.30 horas, el Gobierno de la República radía un comunicado. «Se ha frustrado un nuevo intento criminal contra la República. (¿) el Gobierno declara que el movimiento está circunscrito a determinadas ciudades del Protectorado y que nadie, absolutamente nadie, se ha sumado en la Península». Lo peor no es que las autoridades republicanas se engañen, sino que apenas toman medidas preventivas. A las 10 horas, el coronel Sáez de Buruaga envía un telegrama a Franco comunicando que son «dueños absolutos de todas las plazas de Marruecos» y que puede aterrizar en Tetuán o Larache para que fuerzas de Marruecos se pongan «a sus órdenes». A las 14 horas despega el Dragon Rapide de Gando. Hace escala en Casablanca, con Franco de civil y con el bigote afeitado, y no llegará a Tetuán hasta el día siguiente. Aunque el 18 de julio sea la fecha que pasa a la historia (a pesar de que Franco en ese momento solo aspiraba a obtener el Alto Comisariado de Marruecos), ese día solo sale a la calle el Ejército en Canarias, Sevilla, Córdoba y (sin éxito) en Málaga.

Domingo 19 de julio
EL DÍA DE LA VERDAD
El 19 de julio, a las horas fijadas, se desarrolla el grueso de la revuelta. Alzamientos exitosos en Ávila, Burgos, Cáceres, Cádiz, Huesca, Logroño, Oviedo, Palencia, Mallorca, Pamplona, Salamanca, Segovia, Soria, Teruel, Valladolid, Vitoria, Zamora y Zaragoza, y finalmente derrotados en Ciudad Real, Barcelona, Girona, Madrid, Lleida y Albacete. Resistencia desigual de milicias obreras y fuerzas de seguridad.

Lunes 20 de julio
EL JEFE SE ESTRELLA
Se estrella la avioneta que debía trasladar a Sanjurjo a Burgos para tomar el mando. En Madrid, asalto al cuartel de la Montaña, donde se habían encerrado los insurrectos. Goded se rinde en Barcelona. Siguen los pronunciamientos en La Coruña, Granada, León, Lugo, Orense y Pontevedra,

Martes 21 de julio
EL ÚLTIMO DÍA DEL GOLPE
Últimos movimientos, todos ellos frustrados, en Toledo, San Sebastián, Guadalajara y Almería. El golpe es derrotado donde las fuerzas de seguridad y los militantes de izquierda resisten conjuntamente (Barcelona, Madrid, Málaga, Gijón, San Sebastián) y ni siquiera llega a producirse en lugares donde los rebeldes son débiles o han sido desactivados (Alicante, Valencia, Badajoz, Bilbao, Castellón, Cuenca, Huelva, Jaén, Murcia, Santander y Tarragona). En bastiones obreros donde los sindicatos no tienen a su lado a la Guardia Civil y la Guardia de Asalto (Sevilla, Zaragoza) el golpe triunfa. Y no encuentra resistencia donde cuenta con una base social amplia y armada (Navarra y parte de Castilla la Vieja).

Jueves 23 de julio
VIOLENCIA INSTITUCIONAL
Queipo de Llano: «Nuestros valientes legionarios y regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombre de verdad. Y, a la vez, a sus mujeres. Esto es totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen». La represión bate récords de salvajismo en Andalucía: 47.400 ejecutados.

Viernes 24 de julio
AÚN SON CUATRO
Se forma la Junta de Defensa Nacional, presidida por el general Miguel Cabanellas, el general con más antigüedad. Mola, Queipo de Llano y Franco reciben el mando de los ejércitos del Norte, del Sur y de África. Franco aún deberá maniobrar para obtener el mando supremo.

Sábado 25 de julio
EL CONFLICTO
Dos empresarios alemanes enviados por Franco se entrevistan con Hitler, que decide ofrecer apoyo aéreo a los rebeldes para trasladar sus tropas a la Península. El 28 de julio empieza a llegar material ofrecido por Mussolini.

Martes 28 de julio
EMPIEZA LA GUERRA
El Foreign Office califica por primera vez en un informe la revuelta como «Spanish Civil War». Ese mismo día el Gobierno de la República autoriza al Ministerio de la Guerra a declarar «zona de guerra» las áreas en las que se desarrollen operaciones militares y la Junta de Defensa Nacional del Ejército rebelde emite un bando que extiende el estado de guerra a todo el territorio. Han fracasado tanto el golpe de Estado tal y como se había planificado en los últimos meses como los intentos de la República de sofocar la sublevación. Empiezan tres años de contienda fratricida.

El “nuevo” Da Vinci sale a la luz


ABC.es

  • «Salvator Mundi», una obra perdida del pintor renacentista, se expondrá en Londres a finales de este año
AFP | El cuadro «Salvator Mundi», de Leonardo da Vinci

AFP | El cuadro «Salvator Mundi», de Leonardo da Vinci

El óleo «Salvator Mundi» («Salvador del Mundo»), de Leonardo Da Vinci, descubierto recientemente en Nueva York, se expondrá en la National Gallery de Londres el próximo mes de noviembre, según informaron ayer fuentes de esta pinacoteca. El cuadro, convertido en las últimas décadas en un mito dentro del catálogo del artista renacentista, fue adquirido hace seis años por el consorcio privado neoyorquino RW Chandler. La pintura, de 60 centímetros, se registró por vez primera dentro de la colección del Rey Carlos I de Inglaterra, y recorrió un largo camino de herencias, ventas y pérdidas hasta la adquisición por parte del grupo estadounidense. Las dudas sobre la autenticidad del óleo hicieron que se encargara a Robert Simon, doctor en Historia del Arte en la Universidad de Columbia, en el mismo Nueva York, un estudio de la obra que permitiera certificar su autoría.

Después de cinco años de investigación, Simon aseguró que el cuadro fue pintado por Da Vinci. «Tras un amplio tratamiento para su conservación, el cuadro fue analizado por una serie de expertos internacionales y todos llegaron a la conclusión de que Salvator mundi es el original pintado por Leonardo da Vinci», dijo.

Idas y venidas

La peripecia del cuadro ha sido larga. La obra estaba perdida desde el siglo XVII hasta que en 1958 se adquirió por 45 libras; en aquel momento se pensaba que el autor de la obra era del discípulo deGiovanni Boltraffio. Hace unos siete años, la obra entró a subasta por 200 millones de dólares, precio récord para una obra de Da Vinci, pero como la autoría no estaba clara, la venta no se realizó. «Hoy esa cifra es pura especulación. El valor es incalculable y tampoco está a la venta», dijo Robert Simon.

Leonardo da Vinci habría pintado «Salvator mundi» entre 1490 y 1500, y su composición fue documentada varias veces a través de dos dibujos preparatorios hechos por el propio Da Vinci y más de 20 copias pintadas por sus discípulos, así como un grabado de 1650 realizado por el artista Wenceslao Hollar.

La National Gallery londinense ha confirmado ya la presencia del lienzo en la exposición que dedicará a Leonardo da Vinci como pintor en la Corte de Milán, en noviembre de este año: «Nos parece muy interesante incluir este descubrimiento en la exposición. Será la prueba de fuego para la obra, ya que se podrá comparar directamente con otros trabajos de Da Vinci universalmente conocidos», afirmó el comisario de la muestr, Luke Syson.

Hasta hace unos meses, la gran protagonista de la muestra era «La Virgen de las rocas»(1491-1508), cuadro que sería otra vez expuesto luego de pasar dieciocho meses en proceso de restauración en la National Gallery. Sin duda, el óleo será destronado por la obra recién hallada, donde se retrata a Cristo de medio cuerpo, con el brazo derecho levantado en señal de bendición, mientras la mano izquierda sostiene una esfera de cristal.

El mirador de Lindaraja de la Alhambra luce su techo restaurado


La Vanguardia

La intervención, que ha tenido un presupuesto de 74.424 euros, ha servido para subsanar varias patologías que presentaba

Granada. (Europa Press).- El Patronato de la Alhambra y Generalife ha presentado este viernes el proyecto de restauración de la armadura de madera con vidrios de colores del mirador de Lindaraja, una pequeña estancia situada en el norte de la sala de Dos Hermanas y perteneciente al palacio de los Leones, construido por Muhammad V entre 1370 a 1380. El servicio de restauración de maderas del patronato de la Alhambra ha sido el encargado de intervenir en este techo, pieza única de estas características que se conserva en el monumento, que, a modo de linterna cenital, está realizado a base de cristales de colores ensamblados en una estructura abovedada de madera.

La intervención, que ha tenido un presupuesto de 74.424 euros, ha servido para detectar varias patologías que presentaba el techo como la abundante suciedad superficial depositada sobre la armadura, por la entrada de polvo y material orgánico procedente del exterior. También tenía deformaciones, grietas, roturas y pérdidas del soporte de madera como consecuencia de ataques biológicos como la humedad y la lluvia, lo que también ha motivado la oxidación de elementos metálicos, vidrios fragmentados y pérdidas de policromía. Asimismo, además de la consolidación material y estructural del techo, construido en madera de pino, de planta rectangular y con forma de artesa invertida, la restauración ha dado como resultado la datación de peinazos y arguete. También la reconstrucción de la historia material del mirador a través de pruebas documentales escritas y gráficas; la descripción de las fases constructivas y de montaje del techo. La determinación de la técnica de fabricación de los vidrios originales, composición y tipo de coloración mediante su comparación con vidrios originales del Museo de la Alhambra, ha sido otra de las principales líneas de investigación de esta intervención, ya que es la primera vez que se han analizado cualitativa y cuantitativamente vidrios de estas características, demostrando, a través del hallazgo de pequeños fragmentos de vidrio, que los colores empleados fueron el incoloro, violeta, melado, azul y verde.

Asimismo, los materiales empleados en la restauración, como el uso de fibra de vidrio, ha reforzado las uniones de la madera y ha añadido un mínimo peso a la estructura; mientras que el sistema reversible de pinza para la sujeción de los vidrios ha permitido la fijación de éstos sin necesidad de adherirlos al soporte de manera que permite el movimiento libre de los vidrios. Considerado por los expertos como una pieza “imprescindible” para recordar cómo serían los cierres, las celosías de la mayoría de las ventanas de los espacios palatinos de la Alhambra, el techo del Mirador de Lindaraja ha sido intervenido en varias ocasiones, debido a la gran complejidad y calidad técnica de su estructura, tanto para reforzar los peinazos como para reponer vidrios perdidos o rotos. Por este motivo, la intervención en la armadura de madera, que ha tenido una duración de doce meses, ha estado enfocada en facilitar el mantenimiento posterior del techo. Para ello, se han colocado unas plataformas auxiliares abatibles con líneas de vida para la sujeción de los restauradores y unas ventanas de vidrio practicables desde el exterior que facilitan la entrada a la torre para las operaciones de conservación. Además, se ha dotado a este espacio de una iluminación especial de última tecnología led para percibir la riqueza y el cromatismo de la bóveda tras su restauración.

Via Crucis en el Prado


ABC.es

  • «El Descendimiento», de Caravaggio, obra maestra de los Museos Vaticanos, se exhibe en Madrid desde el 22 de julio

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Siempre es un acontecimiento de primer orden la visita a España de una obra maestra absoluta de la Historia del Arte. Aún más, si es por partida doble. Tras la esperadísima llegada de la maravillosa «Dama del armiño», de Leonardo da Vinci, al Palacio Real, se suma ahora la presencia en el Prado del majestuoso «Descendimiento», de Caravaggio, préstamo de los Museos Vaticanos —es una de sus joyas más preciadas—, que ha sido posible gracias a la visita a Madrid del Papa el próximo mes de agosto con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, y al patrocinio de la Fundación Amigos del Museo del Prado. Este impresionante óleo sobre lienzo de grandes dimensiones (306 x 214 centímetros) ya está en Madrid y será el protagonista este verano del programa expositivo «La obra invitada». Se exhibirá, del 22 de julio al 18 de septiembre, en la sala 4 de la pinacoteca.

No se hallará solo tan insigne huésped. Todo lo contrario: estará en muy buena compañía. En agosto formará parte del recorrido de un peculiar Vía Crucis pictórico, en el que, junto al «Descendimiento», de Caravaggio, estarán presentes trece obras religiosas del Prado, bajo el título «La Palabra hecha imagen. Pinturas de Cristo en el Museo del Prado». El itinerario es el siguiente: «La Anunciación», de Fra Angelico; «El Descendimiento de la Cruz», de Van der Weyden; «La Última Cena», de Juan de Juanes; «El Pantocrátor sostenido por cuatro ángeles», anónimo; «Descenso de Cristo a los Infiernos», de Sebastiano del Piombo; «La Adoración de los Reyes Magos», de Rubens; «El Buen Pastor», de Murillo; «La disputa con los doctores en el Templo», de Veronés; «El lavatorio», de Tintoretto; «Cristo crucificado», de Velázquez; «El Descendimiento», de Caravaggio; «Agnus Dei», de Zurbarán; «La Trinidad», de Ribera; y «La Resurrección», de El Greco.

La visita podrá hacerse tanto de forma independiente (ayudados por guías de mano o audioguías) como dirigida por un monitor del Área de Educación del Museo. El horario, de martes a viernes, a las 11.30 y a las 16.30 horas. Durante la semana de celebración de la Jornada Mundial de la Juventud (16-21 de agosto), habrá tres visitas diarias: 10.00, 12.00 y 16.30 horas.

Toda la producción de Caravaggio es impresionante, pero este «Descendimiento» o «Entierro de Cristo» (la escena recrea justo el momento entre uno y otro), pintado en plena madurez del maestro (1602-1604), es un prodigio. Para buena parte de los especialistas, es una de sus mejores obras, de las más logradas. El Caravaggio más dramático hace su presencia con una espectacular puesta en escena, en la que las seis figuras del lienzo (tres masculinas y tres femeninas) se agrupan formando una línea diagonal imaginaria mediante la posición escalonada de sus cuerpos. Parece un ballet coreografiado por Caravaggio. Una intensa luz cae sobre el cuerpo yacente de Cristo, que resalta sobre el fondo negro de la escena. Las únicas concesiones al color son el rojo del manto de San Juan Evangelista y el blanco del sudario de Cristo. Los geniales claroscuros de las figuras potencian aún más el dramatismo de la escena. También un prodigio, la composición de los cuerpos. Nicodemo, encorvado por el peso de Cristo, nos mira inquisitivamente. Contrasta con el éxtasis de María de Cleofás, que alza su mirada y sus brazos al cielo, y con los rostros contenidos de dolor de la Virgen, San Juan Bautista y María Magdalena, que seca sus lágrimas con un pañuelo. El brazo derecho de Cristo —sus venas son un prodigio— y parte del sudario caen sobre la fría losa de mármol del sepulcro.

Esta obra formó parte de la gran exposición que le dedicó la Galería del Quirinale de Roma a Caravaggio en 2010, con motivo del 400 aniversario de su muerte. Aún son muchos los misterios sin desvelar en torno a este genio, tan temido como admirado, cuya vida y obra estuvieron siempre marcadas por las luces y las sombras.

Extinción, ¿antes o después del meteorito?


La Razon

El hallazgo del cuerno de un miembro de la familia de los Triceratops abre de nuevo el debate entre los expertos sobre cuándo y por qué desapareció esta especie de la faz de la Tierra

Un equipo de científicos ha descubierto los restos más «jóvenes» que se conservan tras el catastrófico impacto del meteorito que provocó su extinción hace 65 millones de años. Este hallazgo sugiere que esta especie no se extinguió antes del impacto y proporciona algunas evidencias más en cuanto a si el trágico suceso fue en realidad la causa de su extinción.

Los investigadores de la Universidad de Yale descubrieron el fósil de un cuerno ceratopsian, una de las últimas especies que desapareció tras la colisión. Probablemente este resto pertenecía a un Triceratops, de cuya familia se han encontrado otros en la zona montañosa de Hell Creek en Montana (Kentucky, EE UU). Hallaron el fósil enterrado a sólo cinco centímetros por debajo del límite KT, la capa geológica que marca la transición desde el período Cretácico de la era terciaria en el momento de la extinción.

Dado que la hipótesis del impacto de la desaparición de los dinosaurios fue propuesta por primera vez hace más de 30 años, muchos científicos han llegado a creer que el meteorito causó la extinción en masa y acabó con esta especie, pero un punto de fricción ha sido la aparente falta de fósiles enterrados dentro de los 10 metros de roca debajo de la KT límite. La aparente anomalía ha llegado a ser conocida como los «tres metros de distancia». Hasta ahora, esta brecha ha llevado a preguntarse si los dinosaurios no aviares de la época (como el Tyrannosaurus rex, o Triceratops) se extinguieron en algún momento previo al impacto.

Qué sabía y qué hizo la República el 18 de julio


El Pais

POR SANTOS JULIÁ

Consejo de Ministros del 12 de mayo de 1936, el último presidido por Manuel Azaña al ser nombrado jefe del Estado. Sentados, de izquierda a derecha: José Giral, Carlos Masquelet, Augusto Barcia, Azaña, Antonio de Lara, Gabriel Franco, Santiago Casares y Marcelino Domingo. De pie, de izquierda a derecha: Manuel Blasco, Enrique Ramos, Mariano Ruiz Funes y Plácido Álvarez. Foto: Efe

Consejo de Ministros del 12 de mayo de 1936, el último presidido por Manuel Azaña al ser nombrado jefe del Estado. Sentados, de izquierda a derecha: José Giral, Carlos Masquelet, Augusto Barcia, Azaña, Antonio de Lara, Gabriel Franco, Santiago Casares y Marcelino Domingo. De pie, de izquierda a derecha: Manuel Blasco, Enrique Ramos, Mariano Ruiz Funes y Plácido Álvarez.        Foto: Efe

 

Todo el mundo hablaba de ella, pero, al final, la rebelión militar de julio de 1936 constituyó para todos, incluso para quienes habían conspirado o trabajado por ella, un acontecimiento asombroso en su magnitud, incierto en su desarrollo. Todo el mundo la esperaba, pero nadie había previsto que la rebelión se convirtiera, por no triunfar pero también por no ser aplastada, en pórtico de una revolución y comienzo de una guerra. Que la rebelión militar no triunfara se debió, en sustancia, a la incompetencia de los conspiradores, a sus improvisaciones, divisiones y vacilaciones; pero que no fuera aplastada se debió, en primer lugar, a la incompetencia del Gobierno y a la política de esperar y ver seguida, hasta el día de su estallido, por las fuerzas que lo apoyaban.

1. La espera

El Gobierno de la República, presidido por Santiago Casares Quiroga, celebró su acostumbrada reunión el viernes, 10 de julio de 1936. El ministro de Comunicaciones y Marina Mercante, Bernardo Giner de los Ríos, entregó al presidente unas notas con abundante documentación sobre las conversaciones captadas por la policía entre los militares que conspiraban contra la República. La sublevación militar, dijo el presidente a los reunidos, puede ser inmediata, quizás mañana o pasado. Se quedaron todos perplejos ante la noticia, más aún cuando Casares les informó de las largas horas de meditación que el presidente de la República, Manuel Azaña, y él mismo habían dedicado al seguimiento de la conspiración. Azaña y Casares decidieron, ante esos informes, que solo existían dos opciones: abortar el movimiento ordenando la detención inmediata de todos los implicados o esperar que la conspiración estallase para yugularla y destrozar de una vez la amenaza constante que desde su nacimiento venía pesando sobre la República. Optaron por la segunda.

Esperar que la sublevación se produjera para yugularla fue lo que en agosto de 1932 habían decidido también Manuel Azaña, como presidente del Gobierno y ministro de la Guerra, y Santiago Casares, como ministro de la Gobernación, ante los informes policiales sobre una inminente rebelión encabezada por el general Sanjurjo. Esa era su experiencia en rebeliones militares y esa fue su invariable posición desde que, a raíz del triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, corrieron rumores y circularon noticias sobre una nueva, y más amplia, conspiración militar. Mejor, esperar a que diera la cara. Ellos la conocían y habían tomado medidas preventivas que consideraron suficientes para desarticularla: algunas detenciones, varios cambios de destino, ascensos, nombramientos al frente de la Guardia Civil y de la sección de Asalto de la Policía Gubernativa; ellos dejaron que los implicados más notorios siguieran adelante con sus planes; ellos creían tener en mano los resortes de poder suficientes para sofocar la rebelión, cuya máxima dirección se atribuía otra vez a Sanjurjo, inmediatamente que se produjera.

Esta línea estratégica era compartida por los partidos del Frente Popular, ha recordado Manuel Tagüeña (comunista y destacado estratega militar durante la Guerra Civil); como lo era también por los anarquistas y sindicalistas de la FAI y la CNT, que esperaban la sublevación militar para “salir a la calle a combatirla por las armas”. La reiterada negativa de Francisco Largo Caballero a incorporar al PSOE a un gobierno de coalición bajo presidencia socialista se basaba en la obcecada seguridad de que cuando los republicanos fracasaran y se vieran obligados a dimitir, todo el poder vendría a sus manos. El guion de la llegada en solitario de los socialistas al Gobierno contemplaba, como fase intermedia, un movimiento de la derecha para conquistar violentamente el poder. Y si Casares, ante las noticias que le llegaban, había optado por esperar, Largo Caballero, ante los informes de inminente rebelión respondía: si los militares “se quieren proporcionar el gusto de dar un golpe de Estado por sorpresa, que lo den”. Que lo den, porque a la clase obrera unida nadie la vence

De esta manera, republicanos, socialistas y anarcosindicalistas se mantuvieron desde principios de junio en una agotadora espera de la rebelión, los primeros repitiéndose que era necesario que el grano estallase para así extirparlo mejor; los segundos, convencidos de que la iniciativa de los militares abriría a la clase obrera las puertas del poder cabalgando sobre una huelga general; los terceros, decididos a responder en la calle con las armas. Las voces de alerta que llegaban de gentes más cautas cayeron en oídos sordos. No había más que esperar.

2. La resistencia

Una semana después, el viernes, 17 de julio, Santiago Casares informó al Consejo de Ministros de que la rebelión, tan esperada por todos, había triunfado en Melilla y que era de temer su triunfo en el resto de las plazas de África. Había terminado la espera, los rebeldes habían salido a la calle y se habían hecho rápidamente con el control de la situación, pero el Gobierno, sin saber qué hacer, se limitó a publicar en la mañana del 18 un comunicado en el que daba ya la sedición por sofocada. Por la tarde, Casares convocó a consulta en consejillo a los ministros, al presidente de las Cortes, Diego Martínez Barrio, y a los dirigentes de las dos facciones en las que había quedado dividido y bloqueado el partido socialista, Francisco Largo Caballero e Indalecio Prieto. La rebelión, mientras tanto, se había extendido por la península, sin que los comunicados sobre su control ni el decreto licenciando a las tropas de las guarniciones sublevadas hubieran servido más que para confundir en unos casos y paralizar en otros a los gobernadores civiles, que trataban de contenerla por medio de las escasas fuerzas de orden público y de militares leales bajo sus órdenes.

De manera que lo que el Gobierno tenía a la vista en la tarde del sábado, día 18, excedía con mucho lo esperado; más aún, lo que ocurría en África y lo que se había extendido a la península daba la medida de la estrategia suicida seguida por el Ejecutivo y los partidos y sindicatos que le servían de apoyo al haber confiado todo a la acción de las fuerzas de policía y Guardia Civil o a los efectos taumatúrgicos de una huelga general. Los rebeldes, que tal vez creyeron en un primer momento que bastaría con un pronunciamiento al viejo estilo, comenzaron a matar a mansalva cuando tropezaron con los primeros obstáculos: decenas de militares fueron asesinados por sus compañeros de armas en las primeras horas de la rebelión. Y cuando se comienza matando a los compañeros de acuartelamiento o asesinando a los superiores en el mando, no hay marcha atrás: al salir de los cuarteles a la calle, se sigue matando o se muere en el empeño.

Ante la evidencia de que aquella rebelión nada tenía que ver con un pronunciamiento al estilo de Primo de Rivera o de Sanjurjo, el presidente del Gobierno no supo qué camino tomar, salvo el de la dimisión. Militantes de sindicatos, partidos, juventudes y milicias habían comenzado a echar mano a pistolas y fusiles y a salir ellos también a la calle para resistir en grupos informales a la acción subversiva de los militares. Exigían armas aunque nadie en el Ejecutivo estaba dispuesto a entregarlas. Más aún: Manuel Azaña, ante la dimisión de Santiago Casares, trató de formar un Gobierno de “unidad nacional”, desde Miguel Maura por la derecha a Indalecio Prieto por la izquierda, presidido por Martínez Barrio, con suficiente autoridad para negociar con los cabecillas de la rebelión. Maura rechazó la oferta y Prieto consultó con su partido, que le volvió a negar su autorización. Martínez Barrio siguió adelante, solo para recibir de los rebeldes la respuesta de que era tarde, muy tarde, y ser acusado de traición por los leales en una multitudinaria manifestación que exigía su dimisión en la mañana del domingo 19. Dimitió pues, a las seis horas de formar su Gobierno, dejando en manos de Manuel Azaña la dramática decisión de distribuir armas a grupos ya armados o renunciar a la máxima magistratura de la República.

3. La revolución

Azaña optó esta vez por lo primero. Habló por teléfono con Lluis Companys y recibió una respuesta tranquilizadora: la rebelión está vencida en Barcelona, le dijo el presidente de la Generalitat; sólo quedaba un núcleo de resistencia en la antigua Capitanía General. Sin tiempo ni razón para abrir las reglamentarias consultas, el presidente de la República convocó al Palacio Nacional a los dirigentes de los partidos y de los sindicatos obreros con objeto de resolver la crisis de manera que todos se sintieran comprometidos en la fórmula que se adoptase. La respuesta fue desalentadora: no habrá Gobierno de unidad. De la reunión saldrá su correligionario y amigo José Giral investido como presidente de un Ejecutivo similar a los anteriores en su composición exclusivamente republicana. Largo Caballero, que también había acudido a la cita, rechazó por tercera vez la participación socialista y sólo prometió su apoyo a Giral bajo la condición de que procediera a repartir armas a los sindicatos.

Paradójicamente —es Manuel Tagüeña quien habla de nuevo— la sublevación militar había desencadenado la revolución que pretendía impedir, y el poder efectivo pasó a manos de los grupos armados, anarquistas, socialistas y comunistas, que engrosaron rápidamente sus filas. El Gobierno republicano se mantuvo en pie, pero la República se eclipsó, huérfana de poder. En el exterior, el nuevo Gobierno, que envió emisarios a Francia para gestionar la compra de armas, tropezó de inmediato con la farsa de la no intervención. En el interior, el poder del Estado se desvaneció ante la patrulla que, en cada localidad, controlaba la salida y entrada de forasteros o que en las calles de la ciudad detenía a los transeúntes y les exigía la documentación, cumpliendo funciones de policía, de juez y de verdugo sin control superior alguno. Era un nuevo poder, fragmentado, atomizado, cuyo alcance terminaba en las afueras de cada pueblo o en las calles de cada ciudad. Un poder que fue capaz de aplastar la sublevación allí donde pudo contar con la colaboración de miembros de las fuerzas armadas y de orden público, como había ocurrido en Barcelona, Madrid o Valencia, pero incapaz de hacer frente a los rebeldes allí donde los guardias civiles y los policías tomaron también el camino de la rebelión.

Constituiría, sin embargo, un error atribuir al reparto de armas el origen de esta revolución, sobrada de fuerza para destruir, carente de unidad, de dirección y de propósito para construir un firme poder político y militar sobre lo destruido. Ante todo, porque desde la tarde del mismo día 18, automóviles y camionetas “erizados de fusiles” habían comenzado a circular por las calles de Madrid y Barcelona. De hecho, en Cataluña, la CNT y la FAI festejaron el 18 de julio como el día de la revolución más hermosa que habían contemplado todos los tiempos. No fue el reparto de armas, fue la rebelión militar que, como escribió Vicente Rojo [jefe del Estado Mayor republicano], pulverizó en sus fundamentos jurídicos y morales la autoridad del Estado, lo que abrió ancho campo a una revolución movida en las primeras semanas por el propósito de liquidar físicamente al enemigo de clase, comprendiendo en esta denominación al ejército, la iglesia, los terratenientes, los propietarios, las derechas o el fascismo; una revolución que soñaba edificar un mundo nuevo sobre las humeantes cenizas del antiguo.

El daño para la República fue que esa revolución, en manos de grupos armados con pistolas, fusiles y algunas ametralladoras, era por su propia naturaleza impotente para oponer una defensa eficaz del territorio allí donde los rebeldes disponían de tropas para pasar a la ofensiva. Los militares lo entendieron enseguida y buscaron en la Italia fascista y la Alemania nazi los recursos necesarios para convertir su rebelión, que no fracasaba del todo pero que tampoco acababa de triunfar, en una guerra civil. A los partidos, sindicatos y organizaciones juveniles que resistieron la rebelión les costó más tiempo, y no pocas luchas internas, convencerse de que la revolución sucumbiría si el resultado de la guerra era la derrota. Para cuando lo entendieron y se incorporaron al Gobierno con el propósito de iniciar una política de reconstrucción del ejército y del Estado, la República, abandonada por las potencias democráticas, había perdido ya más de la mitad de su territorio.