El Mundo

Aún hay rincones en la Amazonía, esa inmensa mancha verde del planeta que se va encogiendo año a año, en los que se siente su inmensa riqueza y la belleza de lo inmutable, pero ¿es un espejismo? Han pasado casi 500 años desde que Francisco de Orellana, nacido en 1511 en Trujillo (Cáceres), diera nombre al gran río, tras navegarlo cuando exploraba el terreno por encargo de Pizarro. Hoy, sus seis millones de kilómetros cuadrados de selva continúan siendo expoliados mientras aquellos indios que se encontró el explorador extremeño son culturas en extinción, pueblos primitivos que serán devorados por el progreso, lo quieran o no.

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Quema de terrenos para acondicionarlos para el cultivo desoja cerca de Santarem, en Brasil | Foto: Asociación Trijillo 2011

Hacer un repaso de lo que está pasando en el pulmón de la Tierra ha sido el objetivo de unas jornadas organizadas por la asociación cultural Trujillo 2011, la primera de las actividades encuadradas dentro del proyecto V Centenario del nacimiento de Orellana puesto en marcha en Extremadura.

Durante este encuentro fueron muchos los que destacaron que Orellana, que embarcó con apenas 16 años hacia las Indias, no fue un conquistador de “perfil negro”, es decir, un saqueador ni un asesino. En 1541, tardó ocho meses en recorrer 4.800 de los 6.800 kilómetros del mayor río del mundo a través de nueve países. La presión colonizadora comenzó a finales del siglo XIX, con la explotación de los árboles del caucho, que continuó en paralelo a la expansión de la industria del automóvil.

Extracción de madera ilegal

Pronto siguió la necesidad de deforestar para aumentar los terrenos destinados a la explotación agrícola y, a la vez, aprovecharse del negocio de vender maderas preciosas muy demandadas en el mercado internacional.

Hoy, de la frontera entre Ecuador y Perú, cada año se sacan 30.000 metros cúbicos de madera, el 95% de extracción ilegal. Se calcula que cada dos horas desaparece una hectárea de bosque tropical primario, un estadio de fútbol. Los encargados de la tarea son empleados en régimen de semiesclavitud que cobran tres euros al día y viven en condiciones lamentables.

“Brasil es el cuarto emisor de CO2 y lo es por los incendios para deforestar. Con los satélites se pueden ver los inmensos fuegos que se prenden para ganar tierras para la soja (utilizada en piensos) y el ganado. En Brasil ya hay 200 millones de vacas que se comen los bosques”, denunciaba en Trujillo Miguel Ángel Soto, de Greenpeace.

Gustavo Duch, fundador de Veterinarios Sin Fronteras, añadía la destrucción social, que se suma a la ambiental. “La agricultura industrial supone el desplazamiento de los indígenas, la desaparición de sus huertos y, por tanto, genera inseguridad alimentaria, mientras la agroindustria es cada vez más poderosa”.

Vertidos de petróleo

A este tesoro amazónico -la exuberancia de la tierra, los ríos, los árboles- que vió Orellana mientras navegaba con sólo 56 hombres, se ha sumado otro, entonces oculto a su vista, que tiñe su futuro de negro: el petróleo. En un documental presentado en Trujillo, se muestran los muchos vertidos descontrolados que contaminan los ríos que el explorador del siglo XVI conoció impolutos; y también la lucha de los indios y los colonos contra las petroleras, una batalla en la que los primeros suelen salir perdiendo, a veces hasta la vida.

Así lo ha verificado la ONG Médicos Mundi en la cuenca del río Napo (Ecuador), donde comprobó que existe un elevado porcentaje de incidencia del cáncer entre las personas expuestas a esta contaminación. Además, abudan las enfermedades de la piel y las respiratorias y hay muchos abortos espontáneos. Se calcula que 30.000 personas resultaron afectadas, de una u otra forma, por vertidos de una petrolera americana. “Echaron 18.000 galones de agua tóxica a los ríos, 30 veces más que el Exxon Valdez en Alaska. Los afectados pusieron una demanda contra ella por 27.000 millones de dólares de indemnización y aún están esperando”, afirma Raúl Aguado, de Médicos Mundi.

Pero, además de dañar su salud, el petróleo les expulsa de la selva, como los agroindustriales y los madereros. “Muchos países reconocen los derechos de los indígenas y no los respetan. Ellos se están organizando, pero lo importante es cuestionarse este modelo de desarrollo que acaba con todo”, aseguró Miguel Ángel del Ser, de Survival. El espíritu explorador de Orellana se ha reencarnado en Terminator.

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