El instrumento musical más antiguo del mundo


El Mundo

Descubren una flauta fabricada en el Paleolítico Superior hace 35.000 años

Desde hace más de un siglo, y especialmente en las últimas décadas, los arqueólogos se han lanzado a una ávida carrera por hallar las evidencias más antiguas de esa delicadeza que se presupone a quienes fueron capaces de hacer arte en la prehistoria. Una vez más, las cuevas alemanas de Hohle Fels, que constituyen una mina arqueológica sin parangón de la cultura auriñaciense (Paleolítico Superior), han aportado nuevas evidencias de que la música era ya una práctica común hace 35.000 años, poco después de que los humanos modernos procedentes de África colonizaran Europa.

Tras unas fructíferas excavaciones llevadas a cabo en 2008 en las cuevas del suroeste de Alemania, Nicholas J. Conard, de la Universidad de Tubinga, y colegas se están enfrentando a la detallada descripción e identificación de grandes tesoros artísticos del Auriñaciense. Tan sólo unas semanas después de describir en Nature la figura femenina tallada en marfil más antigua hasta ahora conocida, salida de Hohle Fels, hoy publican, en la misma revista británica, los hallazgos de varias flautas en las mismas cuevas que se suman a la cada vez más amplia colección de instrumentos musicales, estatuillas y herramientas que han dado estos yacimientos. Las flautas aparecidas en esta región alemana son, de hecho, las evidencias convincentes más antiguas (anteriores a hace 30.000 años) de prácticas musicales humanas.

Funciones sociales

La cantidad de fragmentos y pequeñas piezas de instrumentos encontradas en la zona junto con restos de animales y herramientas dan cuenta de lo extendida que estaba la práctica musical en el Auriñaciense y de que la música cumplía funciones sociales diversas.

Al tratarse de una tradición ya arraigada hace 35.000 años, los arqueólogos concluyen que la música, como parte de otras expresiones artísticas y simbólicas de la época, contribuyó «al mantenimiento de redes sociales más grandes (…) y por lo tanto a la expansión territorial y demográfica de los humanos modernos en relación con las poblaciones de Neandertales, culturalmente más conservadores y demográficamente más aisladas», dice el artículo.

Las flautas son una reliquia típica de ese periodo, pero lo que distingue al reciente descubrimiento de los anteriores es que una de ellas, hecha con el radio de un buitre leonado, ha sido reconstruida casi al completo a partir de 12 fragmentos. Es, hasta ahora, la reconstrucción más completa de las flautas halladas en estas cuevas, cuyas piezas suelen estar sueltas y sin conexión con otras.

La flauta reconstruida mide 21,8 centímetros de largo y unos 8 milímetros de diámetro. En ella se identifican cinco orificios para colocar los dedos sobre ellos, así como dos hendiduras en forma de «V» en el extremo superior del tubo, por donde los músicos probablemente soplaban. La otra punta de la flauta, el extremo inferior, permanece rota por la mitad del quinto agujero.

Huesos de ave

A falta de una réplica con la que estudiar mejor sus cualidades musicales, los investigadores han comparado esta flauta con otra hallada anteriormente en las proximidades (en Geissenklösterle), ésta de tres orificios, que produce cuatro notas, más otras tres adicionales según cómo se sople. «Dado que la flauta de tres agujeros produce un rango de notas comparable a muchos tipos de flauta modernos, creemos que la de Hohle Fels ofrece un rango de notas y posibilidades musicales comparables o incluso mayores», escriben en su artículo.

Además de lograr la reconstrucción de la flauta de hueso, los arqueólogos han rescatado de su alijo de Hohle Fels pequeños fragmentos de lo que muy probablemente sean dos flautas de marfil, y una tercera pieza del yacimiento de Vogelherd. Aunque representan sólo piezas aisladas, el marfil aporta siempre más interés a los hallazgos debido a que requiere mucha mayor habilidad por parte del artesano.

A diferencia de los instrumentos con hueso de ave, para fabricar una flauta de marfil es necesario tallar en línea recta una pieza que es por naturaleza corva (como es el colmillo de un mamút). Pero además, para hacer el tubo hueco de la flauta, es necesario hacer un cuidadoso corte vertical de modo que la pieza quede cercenada simétricamente en dos, perforar el marfil para hacer los orificios, cavar el hueco en cada mitad y sellar las dos partes sin dejar aire atrapado ni fisuras.

Las flautas pertenecen a un yacimiento arqueológico muy estudiado de los albores del Paleolítico Superior, y los controles de termoluminiscencia y otros métodos indican que son anteriores a hace 35.000 años. Por su parte, la estratigrafía sugiere que podrían tener, incluso, 40.000 años de edad. Una edad nada desdeñable para la música humana.

La contaminación lumínica ya impide al 99% de los europeos ver la Vía Láctea


EFE – El Mundo

Varios científicos españoles, entre ellos el investigador de la Estación Biológica de Doñana (CSIC) Juan José Negro, han presentado en Sevilla la iniciativa Starlight contra la contaminación lumínica, un problema que ya impide al 99% de los europeos poder ver la vía láctea desde sus domicilios.

Esta iniciativa, impulsada desde el Instituto Astrofísico de Canarias, se ha expuesto en la trigésimo tercera reunión que el Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO celebra en la capital andaluza.

Esta organización promocionará la iniciativa Starlight a nivel internacional, en especial en espacios naturales protegidos, a los que expedirá certificaciones que avalen que están libres de esta contaminación.

Negro ha explicado que este programa actúa contra la contaminación lumínica porque varios estudios científicos confirman “el impacto negativo” de la polución luminosa no sólo para la actividad científica, en especial la astronomía, sino también para la biodiversidad.

Negro ha subrayado que la lucha “para poder volver a contemplar el cielo” se basa en razones científicas, de defensa de la biodiversidad y culturales.

Entre las primeras, subraya la necesidad de defender “espacios para la astronomía”, porque “se están perdiendo cielos muy valiosos para la ciencia por culpa de la contaminación lumínica y quedan muy pocos sitios aptos para observación astronómica“.

Impacto en la biodiversidad

Un ejemplo sería Sierra Nevada, un espacio natural con los máximos niveles de protección medioambiental, pero en el que la labor científica de los observatorios del Instituto Andaluz de Astrofísica se ve dificultada por la creciente contaminación lumínica.

En el polo opuesto se situaría la isla de La Palma, que cuenta con una de las normativas de iluminación más restrictivas para propiciar la actividad de los radiotelescopios ubicados en ella.

En opinión de Negro, el daño de la contaminación lumínica en la biodiversidad es incuestionable, como demuestran estudios sobre aves migratorias o especies nocturnas.

“El impacto de la contaminación lumínica puede llegar a ser muy importante en aves migratorias como los petreles o los albatros, que vuelan por la noche y se desorientan con la iluminación nocturna artificial”, ha añadido.

La polución luminosa también afecta a las tortugas marinas o a especies de murciélagos, cuyos hábitos nocturnos, en especial la alimentación, se alteran por la iluminación artificial.

Esta contaminación daña espacios protegidos emblemáticos, como Doñana, pues el halo lumínico nocturno de ciudades como Sevilla es perceptible a 200 kilómetros de distancia. “Doñana es, seguramente, un espacio natural contaminado lumínicamente por el halo nocturno de las ciudades de su entorno”, según Negro.

Valor cultural

En su opinión, la defensa de cielos limpios también es una cuestión cultural, pues la observación de la bóveda celeste “ha sido una fuente ancestral de inspiración, de cultura y de ciencia, ya que los astrónomos fueron los primeros científicos de la humanidad y la astronomía ha guiado durante siglos actividades humanas como la navegación”.

Starlight aboga también por un uso racional de la energía con una mayor eficiencia de los sistemas de iluminación artificial y la lucha contra el “despilfarro lumínico”.

Esta iniciativa será presentada en la noche del miércoles por su coordinador, Cipriano Marín, en el Foro de la Biodiversidad que la Estación Biológica de Doñana (CSIC) y la Fundación Biodiversidad promueven en la capital hispalense.

Negro evoca el artículo publicado en ‘Nature’ por el investigador estadounidense Malcolm Smith, titulado ‘Es tiempo de apagar la luz’, y en la que sostiene: “Los humanos tenemos un miedo innato a la oscuridad y las sociedades modernas confían en la luz como una medida de seguridad, pero no hay ninguna evidencia de que el aumento de la iluminación siquiera reduzca el crimen”.

Hallan fósiles del ancestro más antiguo del elefante


El Mundo

PALEONTOLOGÍA | Molares de hace 60 millones de años

Los paleontólogos tienen la fina habilidad de identificar, aunque sea de una forma aproximada, especies animales a través de sus dientes. Es lo que ha ocurrido con unos nuevos molares hallados en Marruecos, que su descubridor, Emmanuel Gheerbrant, un asiduo ya en esos yacimientos (Sidi Chennane), ha descrito con soltura en el último número del ‘PNAS’ como los de un proboscídeo, grupo del que actualmente sólo queda un superviviente: el elefante, con sus tres especies.

Sin embargo, el registro fósil muestra que los proboscídeos fueron en su día un orden rico y muy diverso, cuyos ancestros más antiguos, los ‘Phosphaterium’, fueron datados en hace 55 millones de años. Ahora, el nuevo hallazgo de ‘Eritherium azzouzorum’, como ha sido bautizado el espécimen, suma cinco millones de años más a las raíces ancestrales del elefante.

Así, pues, se trata del proboscídeo más antiguo de los que se conocen, y también el más pequeño. Se cree que los mamíferos, en el origen de su radiación (hace 65-60 millones de años), tenían unos tamaños más bien pequeños.

La aparición de estos molares, junto con fragmentos de mandíbula y cráneo, obliga a recolocar en el mapa de la evolución -‘atrasándolo’ en cinco millones de años- el punto en el que se diversifican los ungulados, un superorden taxonómico que une evolutivamente a animales tan distintos como ballenas, manatíes, jirafas y caballos. Según explica a elmundo.es Pablo Páez, investigador científico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), el hallazgo también permite a Gheerbrant, del Museo Nacional de Historia Natural de París (Francia), reforzar la teoría de que la separación y diversificación de los animales placentarios fue explosiva, es decir, ocurrida en muy poco tiempo. Dicha teoría sitúa tanto la separación entre los principales órdenes como la diversificación dentro de ellos en el evento K-T (Cretácico-Terciario, o más exactamente, Cretácico-Paleógeno), hace 65 millones de años.

Distintas teorías (como la de la ‘mecha larga’, que sitúa la separación entre órdenes de mamíferos en el mismo Cretácico, para diversificarse dentro de cada orden en el Cretácico-Paleógeno) coinciden en que la radiación de los mamíferos tuvo lugar a partir la extinción de los dinosaurios, los cuales, al desaparecer, dejaron nichos ecológicos vacíos que fueron rápidamente ocupados por los mamíferos, hasta entonces minoritarios.

Los dinosaurios no eran tan grandes después de todo


El Mundo

 

  • Hasta ahora se utilizaron escalas lineales, en vez de no lineales
  • El sesgo tiende a sobreestimar considerablemente el peso del animal

La ciencia vive y avanza con el debate, y es común que, a medida que aumenta el conocimiento, se pongan en duda hasta las teorías más extendidas si éstas se basaron en métodos que se consideran anticuados. Cuando parece que la ciencia ha conquistado la realidad, viene la duda y la vuelve a convertir en una posibilidad poco probable.

Es lo que acaba de ocurrir con uno de los datos científicos más mitificados por el imaginario colectivo: el tamaño de los dinosaurios. Cierto es que los hubo de todos los tamaños y comportamientos, pero la imaginería fantástica ha tomado como predilectos aquellos reptiles casi monstruosos, de dimensiones descomunales e indiscriminada carnivoría.

Un modesto estudio publicado hoy en la revista británica ‘Journal of Zoology’ ha venido a romper el encanto. Según explica uno de sus autores, Gary Packard, de la Universidad Estatal de Colorado (EEUU), hay un sesgo en el modelo estadístico que los paleontólogos han utilizado en los últimos 25 años para medir el peso de animales gigantes extinguidos.

El resultado es que, en realidad, según las nuevas estimaciones de Packard y colegas, los grandes dinosaurios pesaban la mitad de lo que hasta ahora se ha considerado.

Es el caso del ‘Apatosaurus’ -cuyo alias efímero y técnicamente descartado, ‘Brontosaurus’, ha calado más que su nombre oficial-, el dinosaurio gigante pero manso y herbívoro, considerado torpe y tonto hasta que se demostró que no lo era tanto. Hasta ahora, nadie había puesto en duda su enorme tamaño, que apabulla a los visitantes del Gran Hall del Museo Peabody de Yale. Pero, según las nuevas estimaciones de Packard y colegas, su peso real sería de 18 toneladas en lugar de las 35 que se le atribuían.

Reconstrucción a partir de un fémur

¿Cómo se mide el tamaño y el peso de unos animales que desaparecieron, como tarde, hace 65 millones de años, y cuyos rastros están fragmentados? A excepción de ejemplares como el citado ‘brontosaurio’ (oficialmente apatosaurio) del Museo Peabody, uno de los esqueletos de saurópodos más completos de la paleontología, lo habitual es que se reconstruyan los animales a partir de fragmentos aislados de su cuerpo, como el fémur, el húmero, las vértebras o la pelvis.

Hasta ahora, la técnica más empleada para medir el peso de grandes animales era la escala. Tomemos como ejemplo un edificio construido sobre cuatro columnas. Éstas están fabricadas siempre con el mismo material. Si el edificio es pequeño, entonces pesa poco y las columnas son, probablemente, delgadas. El tamaño de cada pilar está relacionado con el tamaño del edificio. Es decir, el tamaño de los pilares se puede dibujar como una función matemática del tamaño del edificio.

Si el edificio es destruido pero permanecen las columnas, se puede medir el tamaño de estas últimas y estimar el peso de todo el edificio. Así es como se ha medido hasta ahora la masa de los dinosaurios. Los grandes huesos que soportan el peso, como son el fémur y el húmero, representan esas “columnas” que sostienen el cuerpo de estos gigantes reptiles. Los huesos son siempre del mismo material y tienen todos casi la misma forma, por lo que la escala de proporción utilizada ha sido la de la anatomía de los grandes mamíferos actuales.

Sin embargo, sólo con los ordenadores actuales ha sido posible detectar el sesgo. “El problema con la técnica empleada hasta para desarrollar una ecuación predictiva es que tiene un sesgo. Tiene que ver con la técnica (transformación logarítimica de datos) utilizada para establecer una relación lineal”, expica a elmundo.es Geoffrey F. Birchard, del Departmento de Ciencias Ambientales de la Universidad George Mason (Virginia, EEUU), y uno de los autores del estudio.

Según Birchard, la técnica tradicional fue concebida en un momento en el que los ordenadores no tenían la potencia suficiente para enfrentarse a datos no lineales. “La transformación logarítmica altera profundamente la relación entre las variables de predicción y de respuesta”, escriben los autores en su estudio. La ecuación, pues, había sido demasiado simplificada hasta ahora, al ser lineal. Este sesgo tiende a sobreestimar significativamente el peso de los grandes mamíferos estudiados. El error se amplifica cuanto mayor es el tamaño en juego. Por lo tanto, es fácilmente deducible, dicen los investigadores, que los grandes reptiles no eran tan grandes, después de todo.

Con todo, algunas especies de dinosaurios siguen siendo los animales terrestres más grandes que haya conocido el planeta. En el mar tenemos actualmente a la ballena azul, el animal más grande de todos los tiempos, con unas 180 toneladas de peso.

La Tierra podría chocar con Mercurio, Martes o Venus en los próximos 5.000 millones de años


EP – Cadena Ser

Al parecer la naturaleza caótica del Sistema Solar conduce a cambios en las órbitas planetarias que pueden conducir a una colisión de la Tierra

La Tierra podría chocar con Mercurio, Martes o Venus en los próximos 5.000 millones de años, según un estudio del Observatorio de París en Francia que se publica en la revista ‘Nature’.

Los investigadores explican que la naturaleza caótica del Sistema Solar conduce a cambios en las órbitas planetarias y ha influido en el pasado en la arquitectura del Sistema Solar que observamos en la actualidad.

Según un nuevo estudio numérico, estas desviaciones pueden literalmente ser más importantes y conducir a una colisión de la Tierra con Mercurio, Marte o Venus. Aunque si una colisión de este tipo se produjera, además de que las posibilidades son relativamente pequeñas, no sería hasta dentro de miles de millones de años.

Los estudios sobre las órbitas planetarias que se han realizado con anterioridad estaban basados en simulaciones estadísticas que utilizaban ecuaciones de promedio para el movimiento de los planetas. Sin embargo, estas ecuaciones se vuelven deficientes cuando se tiene en cuenta a planetas que podrían colisionar.

Escenarios

En el presente estudio, el equipo de Jacques Laskar y Mickael Gastineau utiliza un modelo no promediado del movimiento planetario que considera al Sistema Solar al completo en los próximos 5.000 millones de años y que tiene en cuenta la relatividad general.

La simulación examinó 2.501 escenarios en los que alrededor de 25, o un 1%, conducía a una alteración de la órbita de Mercurio y uno a una colisión con la Tierra. Otro escenario en alrededor de 3.000 millones de años estimaba que las órbitas de Marte y la Tierra se encontraban a 794 kilómetros entre sí. Los resultados también mostraron cinco casos en los próximos 5.000 millones de años en los que Marte podría ser expulsado del Sistema Solar.

Hallado en la isla de Java el esqueleto de un elefante gigante de hace 200.000 años


EFE – El Pais

La osamenta es la más completa encontrada hasta ahora en Indonesia.- Sólo el fémur mide 1,2 metros

El esqueleto de un elefante gigante de hace 200.000 años, el más completo encontrado hasta ahora en Indonesia, ha sido hallado en la isla de Java, según anunciaron hoy investigadores australianos. Se trata “de una especie ya extinta y es enorme, mucho más grande que los actuales elefantes asiáticos. “Sólo el fémur mide 1,2 metros”, indicó la universidad australiana de Wollongong a través de un comunicado.

Algunos huesos del paquidermo quedaron al descubierto el año pasado al derrumbarse una cantera de arena, lo que causó la muerte de dos trabajadores. De la tarea desenterrar la osamenta completa, trabajo que se prolongó durante cuatro semanas, se encargaron un equipo de investigadores de la Universidad de Wollongong y expertos del Instituto de Investigación Geológica de Indonesia.

Los huesos, revestidos en yeso para su protección, fueron enviados al Museo de Geología de Bandung, en Java Occidental. Se cree que el elefante murió en la orilla del río Solo y la arena debió cubrirle rápidamente protegiéndole de ser devorado por otros animales, según la hipótesis del paleontólogo de Wollongong, Gert Van Den Bergh.

Egipto presentará en agosto a la familia de Tutankamón


La Razon

Egipto presentará en agosto a la familia del faraón Tutankamón (1361-1352 a.C), desconocida hasta ahora, gracias a las pruebas de ADN que se efectuarán en un laboratorio, inaugurado hoy y que permitirán identificar a sus parientes, informa Efe. Tras un año y medio de estudios de la genealogía de los familiares de Tutankamón, el secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, Zahi Hawas, anunció que los resultados de las investigaciones se darán a conocer el próximo agosto. Hawas hizo el anuncio durante la inauguración de un laboratorio de análisis del ADN en la facultad de Medicina de la Universidad cairota de Qasr el Eini, el segundo en el mundo después del existente en el Museo de El Cairo, especializado en pruebas del código genético de las momias egipcias milenarias.

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Tumba intacta

«No sabemos si Akenatón o Amenhotep III fueron el padre de Tutankamón. Tampoco sabemos si la reina Nefertiti fue su madre, o si la reina Ti fue su madre o su abuela, y por eso, estamos estudiando su familia», explicó el experto egipcio. Tutankamón, que murió con sólo 19 años, ha pasado a la historia no por los logros de su reinado, sino por ser el único faraón cuya tumba, descubierta en 1922 por el arqueólogo británico Howard Carter, se encontró intacta.

“La arqueología no es lo que sale en las películas”


El Pais

  • Entrevista a Myriam Seco, sevillana de 41 años,  al mando de 12 arqueólogos y un centenar de obreros en medio del desierto, en Luxor (Egipto), para desvelar los secretos que guarda el templo funerario de Tutmosis III.
Myriam Seco se ha hecho buceadora para bajar a los pecios. / A. RUESGA

Myriam Seco se ha hecho buceadora para bajar a los pecios. / A. RUESGA

Se crió en el popular barrio sevillano de la Macarena, en la calle Fernández de Guadalupe. Por eso, a la hora de elegir restaurante no tiene dudas: Yebra, porque está a la vuelta de su casa y lo conoce “desde que era niña”. La prueba es que todos la saludan por su nombre. Myriam Seco, sevillana de 41 años, es tan resolutiva como lo debe ser alguien que está al mando de 12 arqueólogos y un centenar de obreros en medio del desierto, en Luxor (Egipto), para desvelar los secretos que guarda el templo funerario de Tutmosis III. Llega a la cita móvil en mano y, se disculpa: no lo soltará durante toda la comida porque espera varias llamadas importantes.

Seco acepta la sugerencia del camarero sobre la tapa de mezcla imposible, panceta y cigala, para abrir boca. “En Egipto se come muy bien, pero esto no lo hay allí”, corrobora ante la humeante fuente de arroz con carabineros elegida como plato principal. Y se pregunta qué fue antes, su pasión por la arqueología o por los viajes. De lo que no hay duda es de que esta mujer, guapa, simpática y de aspecto tranquilo, es capaz de enfrentarse a cualquier reto con tal de conseguir su objetivo.

La sevillana dirige dos excavaciones, una en Luxor y otra en un pecio en Líbano

Myriam es todoterreno, como lo demuestra otro proyecto que dirige en un medio totalmente distinto, en las aguas de Tiro (Líbano). Ella, que habla inglés, francés, alemán y “chapurrea” árabe, hizo un curso de buceo en 1998 para poder participar en el equipo del Instituto Náutico de Arqueología de la Universidad de Tejas. “Era un pecio del siglo XVIII con un cargamento de porcelanas chinas. Ahora que soy buceador profesional, cuando pienso que bajé 37 metros sin experiencia reconozco que fue una locura absoluta”, confiesa.

En Tiro, Myriam se encarga de rescatar los cientos de estatuas votivas de terracota que se hundieron en el siglo V antes de Cristo y que están sumergidas a 35 metros. Esas diosas de la fertilidad, sacerdotes y guerreros que han salido del pecio fenicio podrán verse en una exposición que la arqueóloga está preparando para finales de este año en Sevilla.

Precisamente, en la última campaña en Tiro, donde trabaja desde 2006, se llevó la más grata sorpresa de su carrera: “Encontré tres estatuas completas de terracota de unos 40 centímetros. Estábamos buceando a 34 metros y fue al final de la inmersión, cuando casi nos quedábamos sin aire”, recuerda con cara de felicidad, mientras comprueba que las llamadas “ineludibles” a su móvil y el recuento de su azarosa peripecia han hecho que parte del suculento arroz se quede frío.

“La semana próxima vuelvo a El Cairo”, donde reside desde hace cinco años, “a desmontar la exposición de los 120 años de arqueología española en el Museo Egipcio”. Asegura que cuando, en 1995, leyó la tesis quería quedarse en la Universidad de Sevilla, pero le “cerraron las puertas”.

“Ahora me alegro. En 1998 decidí dejar Sevilla. Han sido unos años muy intensos y un camino duro. La arqueología no es lo que sale en las películas, pero todo el mundo tiene que hacer lo que le apetece en la vida para ser feliz. Yo lo soy, de momento”, reflexiona. Ella sabe que todo tiene un precio y el suyo, con tanto viaje, es que no puede tener compromisos personales. “Hasta ahora, no me pesa. Estoy haciendo algo que me apasiona”.

Descubierto en Barcelona un antepasado de los homínidos


El Mundo

  • Los fósiles hallados son de un primate de hace 12 millones de años
  • Prueban que los primeros homínidos evolucionaron en el área del Mediterráneo
Restos fósiles de 'Lluc', el primitivo homínido encontrado en Barcelona. / PNAS

Restos fósiles de ‘Lluc’, el primitivo homínido encontrado en Barcelona. / PNAS

Lluc, un primate que vivió hace 12 millones de años en Barcelona, acaba de arrojar nueva luz sobre el origen en el área del Mediterráneo de la familia de los homínidos, a la que pertenecen los chimpancés, los gorilas, los orangutanes y los humanos. Se trata de un nuevo homínido, cuyo nombre científico es ‘Anoiapithecus brevirostris’, en alusión a la comarca donde fue encontrado (l’Anoia) y a que su rostro tiene una morfología facial muy plana, similar a la de nuestra especie.

Los restos fósiles de su mandíbula y parte de la cara fueron encontrados en 2004 en el municipio barcelonés de Els Hostalets, donde también se localizó a Pau (‘Pierolapithecus catalaunicus’), otro primate muy primitivo que sería de una rama hermana a la de Lluc y que había dejado muchas incógnitas abiertas.

Los responsables son investigadores del Instituto Catalán de Paleontología, dirigidos por el investigador Salvador Moyà Solà, para quien el nuevo primate “representa un avance fundamental en el origen de nuestra familia con un buen candidato a ancestro, ya que su morfología facial es una transición entre la de los primates primitivos y la familia de los hominidae“, explica el experto.

Moyà-Solà se refiere al hecho de que el nuevo primate tiene un hocico muy reducido, con un aspecto muy parecido al que presenta el género Homo. “Eso no quiere decir que tenga una relación directa con nosotros, sino que podría ser un caso de convergencia evolutiva”, argumenta.

Lo relevante, señalan los autores, es que ayuda a resolver cuestiones claves sobre la familia homínida. Para entenderlo hay que retroceder en el árbol evolutivo algunos millones de años. “Hace 15 millones de años hubo una migración desde África de hominoides primitivos que provenían de los afropitecinos. Eran los ‘Keniapitecinos’ y los ‘Griophopithecus’, que colonizaron el Mediterráneo, donde se cambió su morfología. Es decir, se diversificaron.

Fue como una explosión de formas que se fue extendiendo como una balsa de aceite por una zona que era bosque tropical y en la que no había grandes simios. Enseguida ocuparon ese nicho”.

El estudio detallado de los fósiles de Lluc demuestra que es una especie en transición: tiene una apertura nasal ancha, el rostro plano y el paladar profundo típicos de los grandes homínidos, pero también posee rasgos muy primitivos, como el esmalte dental grueso o la mandíbula robusta, propios de los Afropithecus. A ello se añaden otras características que sólo comparte con los Keniapithecus. Por ejemplo, tenían la columna más vertical, lo que les permitía trepar a los árboles de otro modo.

Por todo ello, los autores concluyen, en el trabajo que han publicado en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS)’, que se los fósiles encontrados en Els Hostalets prueban la hipótesis de que este género y los Griphopithecus son dos posibles antepasados de los homínidos.

“Pero estos géneros no son todavía miembros de esa familia, luego lo obvio es que el origen de la mima es un fenómeno que tuvo lugar en el área mediterránea hace entre 14 y 13 millones de años, donde comenzaron a diversificarse y algunos se extendieron hacia Europa y otros hacia Asia, dando lugar a los orangutanes”, argumenta el paleontólogo.

Puesto que está claro que tres de los cuatro grandes homínidos evolucionaron en África, el equipo de Salvador Moyà-Sòla apuesta por la hipótesis de que aquello primitivos homínidos euroasiáticos acabaron por volver a África, donde continuaron evolucionando hasta dar lugar a las formas que hoy conocemos (gorilas, chimpancés, orangutanes y humanos) y las muchas que se perdieron en ese largo proceso de selección natural.

Evolución en dos continentes

La otra posibilidad, que también plantean en su trabajo, es que los orangutanes y sus parientes y los antropomorfos africanos (entre los que nos encontramos) evolucionaran por separado en Eurasia y África.

Desde el año 2004, los hallazgos se han sucedido en el vertedero de Els Hostalets, a raíz de unas obras para su ampliación. “Es un área muy arcillosa y enseguida se encontraron fósiles fantástico de vertebrados del Mioceno. Ahora hay más de 15 yacimientos diferentes con restos de primates y en la mitad de ellos también hay de hominoides. En seis años, hemos sacado unos 40.000 fósiles“, explica, eufórico, Salvador Moyà-Solà.

El anterior gran hallazgo, Pau, es también un primate de hace 11,8 millones de años, que se presentó como el último antepasado común de todos los grandes primates, incluidos los humanos. Fue publicado en ‘Science’ en 2004.