La Vanguardia

  • Alemania se gastará más de 600 millones de euros en el “Humboldt-Forum”, una obra políticamente revanchista y arquitectónicamente conservadora

35837834.jpgEl recién fallado concurso para erigir el “Humboldt-Forum” de Berlín, ha venido rodeado de polémica. No podía ser de otra manera, tratándose de un proyecto tan grande y emblemático que va a presidir el mismo corazón de la ciudad. El “Humboldt-Forum”, que deberá estar listo para el 2014, será el “Centro Pompidou” de Berlín: un espacio de 40.000 metros cuadrados en la isla del Spree, dedicado a la cultura, la investigación y a las manifestaciones formativas de la ciudadanía. El objetivo es hacer de él, “un lugar de información, encuentro y esparcimiento”, explican sus planificadores.

El concurso lo ha ganado un desconocido arquitecto italiano llamado Franco Stella, un hombre de 65 años sin pedigrí, que no sale en las revistas y comidillas del ramo. “Die Zeit” describe esta semana su proyecto como, “monumento a la timidez” y “residencia de la frialdad”, lo compara elegantemente con el racionalismo italiano que luego influyó en la arquitectura mussoliniana. El proyecto, dice, “tiene algo de totalitario”, no hay en él, “ninguna búsqueda, ninguna duda, sólo eternidad…”.

El pobre Stella no tiene la culpa: los treinta proyectos que competían con él adolecen de la misma sosez y falta de chispa, pero es que el asunto venía ya atado de pies y manos desde el principio, cuando el Bundestag lanzó, en junio de 2002, su directiva de que al emprender el plan de la isla central del Spree, se respetara “el aspecto histórico de la ciudad”. Aun más, el “Humboldt-Forum” se levantará donde en su día estuvo el “Palacio de Berlín”, antigua residencia de los príncipes de Brandenburg, posteriormente reyes de Prusia y Kaisers del Imperio Alemán.

La cámara parlamentaria dictaminó expresamente que el proyecto se orientase “en las proporciones y planta” del antiguo Palacio, e incluso que se mantuvieran las fachadas originales a sur, norte y Oeste. Los arquitectos concursantes sólo podían explayarse en la organización de espacios internos y en la fachada Este, que da al río Spree y a la enorme y mineral Alexanderplatz, un espacio por lo visto irrecuperable para cualquier escala humana.

Los treinta proyectos que participaron en el concurso del “Humboldt-Forum”, con sus maquetas, planos y explicaciones, se exponen desde el miércoles en el “Kronprinzenpalais”, el Palacio del “delfín” prusiano, en el número tres de la Avenida Unter den Linden. La exposición conoce un considerable flujo de visitantes que ilustra el interés con el que estas cosas se siguen aquí.

UN PALACIO SUCEDE A OTRO
A apenas trescientos metros de la exposición del “Kronprinzenpalais”, se encuentra el emplazamiento del futuro “Humboldt-Forum”. Es un enorme descampado en el que un palacio sucedió a otro, el primero prusiano, y ya referido, el segundo un palacio del socialismo real, el “Palacio de la República”, recién demolido, y que constituye la segunda parte de la polémica vinculada a este proyecto.

Lo que la guerra dejó del “Palacio de Berlín” fue demolido por el gobierno de la Alemania del Este (RDA), en diciembre de 1950. El palacio se consideraba una “muestra del absolutismo prusiano”. Veintitrés años después, en los setenta, se inició en el lugar la construcción del “Palacio de la República”, un edificio de acero mármol y cristal, cuyo principal mérito estético era el reflejo de la enorme Alexanderplatz y la Catedral de Berlín en su fachada de opacos cristales marrones. Era un edificio bastante feo, pero muy sólido, y, sobre todo, emblemático del estado socialista alemán. Su uso era polivalente, estaba inspirado en los ateneos obreros del XIX y prestaba servicios comparables a los que el “Humboldt-Forum” quiere ahora contribuir.

El “palacio socialista” incluía un restaurante, una bolera, un teatro y la fea “flor de cristal” de su gran recibidor era popular punto de encuentro para la juventud. Al mismo tiempo, el lugar era la sede del parlamento de la RDA, la Volkskammer, en ella se realizaban los congresos del Partido Comunista (SED), que gobernaba aquella dictadura. Su condición de símbolo del otro estado alemán ha sido decisiva -mucho más que el dañino amianto encontrado en el edificio- para la decisión política de su demolición, que ignoró también más de 80.000 firmas ciudadanas que se recogieron para impedirla. El CDU-SPD tenía que demoler aquel “símbolo de la RDA” por razones muy parecidas a las que el SED esgrimió para dinamitar en su día los restos del palacio prusiano.

La demolición, concluida el 2 de diciembre, ha llevado dos años. El edificio representaba, “un peligro para la ciudadanía”, explicaba la agencia DPA, refiriéndose, claro, al amianto y no a las nostalgias que suscitan algunos aspectos de la RDA en muchos ciudadanos. Muchos medios redujeron la masiva oposición al derrumbe a “nostalgia de la Alemania del Este”, pero el hecho es que en Berlín hay muchos edificios enfermos de amianto, entre ellos el monstruoso y paquídermico centro de congresos ICC, en Berlin Occidental, también construido en los setenta y en el que se gastaron millones para contrarrestar el defecto. La demolición del “palacio socialista” ha costado 100 millones. Su polémico sucesor costará otros 550. Un caro capricho revanchista que habrá que ver si contribuye a rellenar los tremendos agujeros de la guerra y la división, aun visibles en esta ciudad.

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