Un grupo de paleontólogos aficionados descubre valiosos fósiles del Pleistoceno


CET – El Mundo

EN UNA PROVINCIA DE BUENOS AIRES

actualidad080903pa.jpgARGENTINA.- El suelo tiembla bajo las pisadas de los gigantescos perezosos que, sedientos, se acercan a la orilla del río. Las bestias abrevan plácidamente, cuando una feroz jauría de ‘Theriodictis plantesis’ -una especie arcaica emparentada con los lobos de hoy- emerge del bosque de espinillos. En el frenético intento de ganar la orilla opuesta, algunos especímenes se hunden pesadamente en las aguas turbias del cauce.

Quinientos mil años más tarde, un grupo de amigos, aficionados a la paleontología, se acerca a observar las obras de extracción de tosca en una cantera, con el pálpito de que allí pueden encontrar algo de valor. El instinto no les traicionó: la pala de un tractor dejó al descubierto el lecho del río prehistórico, en el que sucumbieron 12 miembros de aquella manada de lestodontes. La noticia saltó de inmediato a los titulares de los periódicos.

Era la primera vez que se descubrían los fósiles de toda una comunidad de esos herbívoros del Pleistoceno, en un mismo lugar. Para mayor asombro de los científicos, entre las costillas de uno de los especímenes se encontró un pequeño embrión, lo que permitiría, finalmente, establecer las diferencias entre las hembras y los machos de la especie.

El Grupo Conservacionista de Fósiles está formado por vecinos de San Pedro, una bella ciudad turística y frutícola, situada a 165 kilómetros al norte de Buenos Aires. Julio Simonini es ginecólogo, Fernando Chiodini, un jubilado, y Julián Blanco cursa estudios secundarios. El bichito de la paleontología los picó en diciembre de 1998, cuando José Luis Aguilar, técnico químico, descubrió mientras paseaba por un humedal, el fémur de un armadillo gigante.

En abril del 2003 los aficionados consiguieron que la municipalidad les cediera un viejo caserón de siglo 19, donde fundaron, con más esfuerzo que dinero, el Museo Paleontológico de Fray Manuel de Torres, donde han recreado con proverbial exactitud, el habitat de la megafauna que poblaba este rincón de Argentina.

Un cementerio de fósiles

El museo recibe los sábados y domingos, la visita de numerosos investigadores y de legos que acuden atraídos por el esqueleto de un perezoso que afila sus garras en el tronco de un árbol o los grandes caparazones de los armadillos. La mayoría de las especies provienen de los terrenos que la empresa Spósito S.A., cedió al infatigable grupo de aficionados, en la zona del Bajo Tala, a unos siete kilómetros del río Paraná.

Al poco tiempo de comenzar las excavaciones, Aguilar y sus amigos descubrieron en la franja gris-verdosa de la cantera, un verdadero cementerio de fósiles. Allí, bajo una costra de limo, aparecieron los restos de un hippidion, un ancestro del caballo actual.

“Se creía que los primeros representantes del género de los ‘Equus’, originarios de Norteamérica, llegaron a nuestra región hace unos 100.000 años, tras la formación del istmo de Panamá. El espécimen que hallamos data de 500.000 años atrás. Queda por saber si se trata de una variedad desconocida del caballo arcaico o si debemos diseñar un nuevo calendario para el arribo de ciertos animales a la llanura pampeana”, dice Aguilar.

Las incógnitas que rodean al yacimiento del Bajo Tala, despertaron el interés de la española María Teresa Alberdi, investigadora del Museo de Ciencias Naturales de Madrid. En julio de este año, la paleontóloga recogió una muestra del suelo para determinar su edad mediante la técnica de la termoluminiscencia.

“La cantera nos ha deparado ya tantas sorpresas que estamos impacientes por conocer los resultados de las pruebas que María Teresa está realizando en Europa”, afirma José Ignacio Verdón, el jugador de rugby que está a cargo del museo.

Otro de los hallazgos que enorgullecen al equipo de San Pedro, es el de un perezoso del género ‘Glyptodon Munizi’ del cual se recuperó el 90% del esqueleto, durante la campaña del 2003. Anteriormente, sólo se habían obtenido algunas piezas dispersas.

Al examinarlo en el laboratorio, se descubrió que el armadillo de una tonelada de peso y tres metros de largo, poseía unas placas óseas que le protegían el vientre, así como una gran cantidad de huesecillos llamado osteodermos, incrustados en las mejillas para evitar que los depredadores le rasgaran la piel.

“Hasta hoy sólo hemos relevado el 5% del cementerio de fósiles. Quién sabe cuantos tesoros aún quedan por descubrir”, concluye José Luis Aguilar.

Documentan por primera vez la presencia de neandertales en el noroeste de la península Ibérica


EFE – ADN

Los arqueólogos han encontrado utensilios que se asocian a esta especie de Homo en la Cova Eirós, así como restos de fauna, aunque no así de individuos

Arqueólogos de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) han documentado por primera vez la presencia de neandertales en la zona que hoy ocupa Galicia, según ha informado la institución académica.

Miembros del Grupo de Estudios para la Prehistoria del Noroeste realizaron este trabajo en la denominada Cova Eirós, en el municipio lucense de Triacastela, donde descubrieron restos con más de 35.000 años de antigüedad, del Paleolítico Medio.

Restos de ocupación, pero no humanos

Además de utensilios, los investigadores localizaron también numerosos restos de fauna (cérvidos, bóvidos, osos y varias especies de carnívoros), carbones y polen, que darán una información muy valiosa sobre el entorno ambiental y la vida de estos humanos primitivos.

La USC resalta que esta información nos aproximará a los modos de vida cotidiana de estas comunidades, el clima, sus estrategias de caza y consumo.

Esta intervención se desarrolló dentro del proyecto de investigación del Ministerio de Educación y Ciencia “Ocupaciones humanas durante el pleistoceno de la cuenca media del Miño”.

La Antártida tuvo un clima entre templado y frío durante gran parte de su historia


EFE – ADN

Hace 33 millones de años las cosas comenzaron a cambiar

actualidad080903.jpgLa Antártida tuvo un clima entre templado y frío durante gran parte de la historia, lo que permitió la existencia de bosques semejantes a los que aún perviven en las zonas más australes de Chile y Argentina, dijo hoy a Efe el científico chileno Marcelo Lepe.

Lepe es el coordinador general del IV Simposio Latinoamericano sobre Investigaciones Antárticas y la VII Reunión Chilena de Investigación, que se celebrarán del 3 al 5 de septiembre en Valparaíso, a unos 125 kilómetros al noroeste de Santiago.

Organizado por el Instituto Antártico Chileno (INACH) y la Universidad Católica de Valparaíso, el simposio reunirá a 280 especialistas de Argentina, Australia, Brasil, Chile, Ecuador, España, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Malasia, Perú y Uruguay.

Según Lepe, una de las cuatro temáticas del encuentro será la conexión biológica y geológica entre Sudamérica y la Antártida, ya que “la mayor parte de la flora y fauna actual del sur de Chile y Argentina es heredera de la que existió en el continente blanco hace unos 28 millones de años”.

En aquella época, la vinculación entre ambos continentes se rompió y su “biota” (conjunto de especies de plantas, animales y otros organismos que ocupan un área dada) adoptó caminos diferentes que llevaron a la progresiva desaparición de la flora cuando la Antártida comenzó a congelarse, un proceso que se desarrolló a lo largo de 33 millones de años hasta hace cinco.

En el encuentro también se estudiarán las adaptaciones de los organismos al medio antártico, como su tolerancia al frío, a la escasez de luz o a las radiaciones ultravioleta, investigaciones que después se pueden aplicar en la fabricación de cremas protectoras y de compuestos anticongelantes de pescado.