CET – El Mundo

  • ESTUDIO PUBLICADO EN ‘SCIENCE’
  • El asentamiento de Monte Verde es anterior a los primeros norteamericanos
  • Sus pobladores obtenían alimentos y medicinas del océano hace 14.000 años

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Imagen del yacimientode Costa Verde, en Chile. (Foto: Science)

WASHINGTON.- Un equipo científico ha determinado que los habitantes de Monte Verde, un asentamiento humano en el sur de Chile de hace más de 14.000 años, obtenían alimentos y medicinas de la costa oceánica, según un estudio que publica la revista ‘Science’ y que ha confirmado que los primeros americanos conocidos vivieron en esta región.

 

“Lo más importante de este hallazgo es que confirma el vínculo entre los habitantes de ese asentamiento y la costa oceánica“, explica el geólogo Mario Pino, del Instituto de Geociencias en la Universidad Austral de Chile.

Mario Pino y Daniela Pino Navarro colaboraron en la investigación con Tom Dillehay del Departamento de Antropología en la Universidad Vanderbilt de Tennessee.

En Monte Verde se han hallado los restos del asentamiento humano más antiguo localizado hasta ahora en las Américas.

Los científicos analizaron restos de algas marinas halladas en el sitio arqueológico, unos 15 kilómetros al este de Puerto Montt, y distante a unos 55 kilómetros de lo que era la costa oceánica hace 13.000 años. La línea costera se encuentra ahora a unos 15 kilómetros de Monte Verde.

Los restos tienen entre 13.980 y 14.220 años y confirman la antigüedad que la parte superior del asentamiento, identificado como Monte Verde II.

Monte Verde, a 760 kilómetros al sur de Santiago, fue descubierto en 1976. Las ruinas del lugar revelan que fue ocupado por entre 20 y 30 personas que construyeron chozas junto a un arroyo.

Los antropólogos hallaron en el lugar varios tipos de alimentos, incluidos los restos de una especie extinta de llama y de un animal similar a un elefante, así como semillas, conchas de moluscos y vegetales comestibles.

“Algunas algas tenían uso como alimento y otras como medicamentos”, dijo Dillehay quien agregó que aún hoy los indígenas de la región emplean algunas de esas algas para el tratamiento de la tos y otros problemas de salud.

Pino también destacó esa persistencia de la tradición medicinal “que ahora sabemos que se remonta a los primeros habitantes de la región”.

En 1976 el anuncio de que el asentamiento humano databa de unos 14.000 años de antigüedad causó controversia en el mundo científico debido a que parecía entrar en conflicto con la de otros asentamientos humanos de Norteamérica.

Hasta ese momento se creía que la colonización del continente comenzó hace 13.000 años cuando cazadores que formaban parte de la llamada cultura Clovis entraron desde Siberia a través del estrecho de Bering y Alaska y se propagaron por el continente.

Controversia resuelta

Debido a que los objetos encontrados de la cultura Clovis no tenían más de 13.000 años fue difícil aceptar que hubiese un asentamiento mucho más antiguo y, sobre todo, tan al sur del continente.

Sin embargo, la controversia se resolvió en 1997 cuando un grupo de arqueólogos confirmó, con medición por carbono 14, que el cálculo de 14.000 años de antigüedad para Monte Verde había sido exacto.

Así los científicos determinaron que la colonización había comenzado 2.000 años antes de lo que se creía y que se llevó a cabo principalmente a lo largo de las costas donde los primeros seres humanos tuvieron un acceso rápido a alimentos del mar.

Según Dillehay, los hallazgos en Monte Verde son una prueba más de la migración costera, pero al mismo tiempo plantean la posibilidad de que el proceso haya sido mucho más lento de lo que se creía.

Plantas marinas

Cuando estuvo habitado, hace unos 14.000 años, Monte Verde se encontraba en las riberas del tributario de un gran río.

En el lugar los científicos encontraron nueve diferentes especies de plantas marinas y algas que los habitantes de Monte Verde seguramente trajeron desde el mar, según los científicos.

Los investigadores también hallaron piedrecillas marinas, restos de plantas acuáticas, así como materiales procedentes de un estuario.

“Encontrar (restos de) plantas marinas no fue una sorpresa, pero hallar cinco nuevas especies y con tanta abundancia sí fue una sorpresa”, ha explicado Dillehay.

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