El Pais

  • El arqueólogo subacuático Frank Goddio instala 500 de sus piezas en el Matadero
Frank Goddio en el montaje de la exposición de los Tesoros Sumergidos de Egipto en el antiguo Matadero de Legazpi. / CLAUDIO ÁLVAREZ

Frank Goddio en el montaje de la exposición de los Tesoros Sumergidos de Egipto en el antiguo Matadero de Legazpi. / CLAUDIO ÁLVAREZ

Tras el nombre de Frank Goddio (Casablanca, 1947) se esconden miles de años de Historia, enigmas resueltos y por resolver, obras de arte de valor incalculable, civilizaciones enteras… Todo, porque este hombre, afincado en París desde su niñez, tomó una decisión en un momento determinado de su vida.

Una vida en la que se recuerda a sí mismo leyendo libros sobre arqueología desde niño y escuchando las aventuras de un abuelo marinero que amaba el mar y que “construyó el primer catamarán del mundo en 1936”.

Sin embargo, esa misma vida le convirtió a Goddio en consejero de Economía y Finanzas del Ministerio de Exteriores francés en la Naciones Unidas. Hasta que un día de 1984 decidió dejarlo todo, cogerse un año sabático y viajar por el mundo.

Recorrió ciudades y universidades “para ver qué se hacía”, siempre guiado por su pasión arqueológica. Entonces se hizo la pregunta: ¿Y qué hay de lo que quedó bajo el mar? ¿Qué hay de todas esas ciudades que hicieron Historia y quedaron sumergidas después y para siempre? ¿Qué pasa con la Arqueología Subacuática?

La respuesta a esa vasta pregunta es la que nos conduce hasta hoy, a una nave del antiguo matadero de Legazpi, donde se está montando una gigantesca exposición con 500 piezas que han vivido bajo el mar miles de años. Hasta que este egiptólogo decidió emprender la complicada tarea de rescatarlas, de hacer emerger la Historia y, con ello, resolver algunos de los enigmas y cubrir algunas de las lagunas del devenir de la Humanidad.

Las nuevas tecnologías, aparte de su tesón, han sido su mayor aliado en esta empresa. Creó el Instituto Europeo de Arqueología Subacuática (y después el Oxford Centre for Maritime Archeology, OCMA), habló con arqueólogos egipcios, obcecado en la idea de encontrar los puertos antiguos. Y con la colaboración del Centro de Energía Atómica francés, creó su herramienta: una especie de escáner electrónico enorme capaz de captar densidades de cuerpos bajo el agua con una sonda que punza el fondo marino. Y sí, encontró el puerto grande de Alejandría.

Financiado por la Fundación Hilti, Goddio y su equipo de una veintena de personas (arqueólogos, científicos, físicos, historiadores…), empezaron a trabajar en 1992 y a excavar en 1996. Algunas de estas expediciones, que hacen dos veces al año, podrán verse en enormes pantallas en la exposición que abrirá sus puertas en Madrid el próximo 16 de abril y que permanecerá hasta el 28 de septiembre. Después de haber pasado con gran éxito por París, Berlín y Bonn.

Goddio usa símiles médicos para describir su trabajo: “Como hacer una biopsia, una pequeña cirugía del fondo marino”. Y explica: “Una excavación debe ser lo más pequeña posible para no dañar el medio y no perder información que quizá con estos medios no podemos tener, pero quién sabe en unos años…”.

Y con esa técnica fue como descubrió su primera pieza del puerto grande de la Antigua Alejandría, la ciudad de Alejandro Magno primero y de Cleopatra después. “Quitando arena, apareció una forma, una masa informe en la pantalla”. Bucearon para ver qué era: “Era un bloque de granito rosa de una tonelada y quitando algas apareció una inscripción, un jeroglífico: ‘Vivirás para la eternidad’, decía”.

A aquel hallazgo le siguieron muchos otros que se podrán ver: la estatua del dios Serapis o una estela rosa del templo de Amon en Heraclión. Hasta 500 piezas de las últimas dinastías faraónicas, de la llegada de Alejandro Magno, de la dinastía Tolomeica, de la colonización romana, cristiana, bizantina e islámica. Miles de años de Historia en vivo en una nave del número 10 del paseo de la Chopera.

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