CET – El Mundo

  • HALLADO EN UN YACIMIENTO MEXICANO
  • La protuberancia de la cabeza podría haber servido para comunicarse
Dibujo figurado del nuevo dinosaurio (Foto: 'Journal of Vertebrate Paleontology'

Dibujo figurado del nuevo dinosaurio (Foto: ‘Journal of Vertebrate Paleontology’

MADRID.- Un gigantesco dinosaurio, con una curiosa cresta ósea en la cabeza, está abriendo un nuevo panorama en la historia de estos gigantes del Jurásico americano. Se trata del ‘Velafrons coahuilensis’ y fue hallado en el yacimiento mexicano de Coahuila, uno de los más ricos del continente.

La criatura, cuya descripción completa ha llevado varios años, vivió hace unos 72 millones de años, justamente cuando buena parte de América se encontraba sumergida bajo las aguas debido a una inundación que habría dejado el continente dividido en dos partes y creado un enorme mar interior que iba desde Alaska al Golfo de México.

El ‘V. coahuilensis’ habría medido de adulto entre nueve y 10 metros de altura y era un tremendo devorador de plantas. «Este tipo de dinosaurios con pico de pato y cresta son un ejemplo extraordinario de la evolución vertebrada a la que llegaron», ha señalado Terry Gates, paleontólogo del Museo Nacional de Historia Natural de Utah (EEUU) que ha participado en las excavaciones y es uno de los firmantes del trabajo, publicado en la revista ‘Journal of Vertebrate Paleontology’.

Lo más llamativo, sin embargo, es la curiosa cresta de su cabeza, diferente a la que se ha encontrado en otros ejemplares de ‘Hadrosaurios lambeosaurinos’, también con similar protuberancia. Por su configuración en la cabeza, con dos orificios o huecos, se sabe por ahí pasaba el aire que aspiraban antes de llegar a la faringe. Lo que no está tan claro es su función.

Comunicación o adorno

“Una de las hipótesis es que podría servir para que se comunicaran, porque el aire al pasar por la cresta emite sonidos. Se sabe que eran diferentes según la especie y según la edad, y este podría ser un nuevo ejemplo”, argumenta José Luis Sanz, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid y experto en el estudio de estos prehistóricos saurios.

Otra de las teorías, añade Sanz, es que la cresta sólo fuera un llamativo adorno para atraer a las hembras más fecundas.

El esqueleto fue descubierto en los años 90, no muy lejos de la ciudad de Saltillo. Durante varias temporadas, investigadores mexicanos excavaron en el yacimiento, hasta que el equipo de Utah se hizo con el control para terminar el trabajo, junto con los colegas mexicanos y de Canadá. Después, tardaron otros dos años en preparar el cráneo para su análisis definitivo.

Durante las expediciones a Coahuila, dirigidas por el profesor Scott Sampson, se descubrió que el ‘Velafrons’ no era la única sorpresa que encerraban los sedimentos. Enseguida encontraron otro dinosaurio hadrosaurio o pico de pato, así como un ejemplar con cornamenta, también herbívoro.

Como su famoso primo, el triceratops, este último ejemplar tiene un cuerno sobre cada uno de sus ojos y otro que se proyecta hacia atrás. Son los únicos detalles que aportan sobre su hallazgo, dado que aún falta su estudio definitivo y su publicación.

También han encontrado restos de un tiranosaurio, de un pequeño velocirraptor y otros muchos huesos fosilizados que podrían ser nuevas especies y aportar más piezas al rompecabezas de aquel mundo Jurásico. «Estoy sorprendido de lo prolífica que es esta región», ha señalado un entusiasmado Gates.

Su sorpresa es mayor porque, hasta ahora, había pocos fósiles de origen mexicano en el continente y pocos también de esa última época del Cretáceo. Hace 72 millones de años aquella zona era un estuario húmedo en el que se mezclaban agua salada y dulce. Sampson argumenta que tormentas devastadoras destruían el litoral con relativa frecuencia, matando a manadas enteras de dinosaurios, que ahora aparecen bajo la piqueta.

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