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La cronología de la antigua ciudad de México-Tenochtitlán, la hermosa metrópoli azteca a la que llegó Hernán Cortés en 1521 confundido con un dios, podría tener muy pronto los días contados. Hasta ahora se creía que la urbe había sido fundada por los pueblos aztecas o mexicas en 1325, pero el asentamiento podría ser posterior en edad al de Tlatelolco, cercano al primero, y que llegó a ser un importante centro comercial hasta sucumbir ante la llegada de los españoles.

Eso se desprende de una investigación realizada por el arqueólogo Salvador Guilliem y de otros especialistas en Tlatelolco, una zona absorbida por la capital mexicana y conocida como la Plaza de las Tres Culturas. En 1992 Guilliem y otros expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (Inah) comenzaron a trabajar en desenredar los misterios que encerraban las pirámides aztecas de Tlatelolco, pero un año más tarde un seísmo les obligó a abandonar aquella labor. Estas pirámides son construcciones que se asemejan a las «matruskas»: sus etapas más nuevas se erigían cada cierto número de años sobre las estructuras más antiguas, que quedaban enterradas por las posteriores.

Un túnel de siete metros

En 2007 el equipo de arqueólogos del Inah dirigido por Guilliem retomó los trabajos y, gracias a un túnel de siete metros que logró realizar, han hallado ofrendas y cinco cráneos humanos. Los restos arqueológicos encontrados mediante estas nuevas calas de prospección representarían una octava etapa constructiva desconocida hasta ahora que podrían anteceder a 1325, el año en que supuestamente se erigió el Templo Mayor de Tenochtitlán.

«El objetivo de esta investigación es llegar al centro del inmueble (en Tlatelolco), y registrar todas las pirámides que hay en el interior con la intención de confirmar la hipótesis sobre la posible existencia de una ofrenda depositada intencionalmente en la construcción de la etapa dos y la mayor antigüedad de la ciudad», ha dicho Guilliem.

Nuevos estudios

En 2008 los estudios van a continuar en busca de una supuesta ofrenda dedicada a Tezcatlipoca Negro, el «Dios de los comerciantes», y para analizar las cerámicas, huesos de animales, semillas de calabaza y otros restos encontrados.

La antigüedad de los vestigios «podría modificar no sólo la cronología de esa metrópolis sino de su ciudad gemela, Tenochtitlán», señaló el Inah. Los trabajos de estos últimos meses han permitido, además, elaborar con la ayuda de un georradar un mapa de posibles zonas arqueológicas en el subsuelo de la megalópolis de Ciudad de México.

«El mapa ha permitido, a través de anomalías que reporta el subsuelo, identificar los lugares donde existen vestigios arqueológicos que hasta la fecha no se han descubierto», indicó el Inah en un comunicado reciente. Como sucedió con Tenochtitlán, la zona de Tlatelolco feneció tras la llegada de los españoles al Valle de México en la primera mitad del siglo XVI.

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