ADN

  • Los últimos avances científicos en la exploración del cielo han provocado una explosión de descubrimientos de planetas más allá del sol. Lo difícil ya no es encontrarlos, sino averiguar si puede existir la vida en ellos

20140418-122704Hoy se ha anunciado el descubrimiento de otro planeta más fuera de nuestro sistema solar. Se llama 55 Cancri f, y con él son ya 264 los exoplanetas registrados. La multiplicación de nuevos métodos de observación -especialmente los indirectos- y la inmensidad del universo, harán sin embargo que en los próximos años este número se multiplique por varias veces.

Claro que la mayor parte de ellos no será habitable, pero se espera que una inmensa minoría sí albergue las condiciones necesarias para contener vida.

Los científicos calculan desde hace años que fuera de nuestro sistema, y girando en torno a estrellas de todo tipo, hay una cifra casi incalculable de los llamados exoplanetas. Sólo en nuestra galaxia, Vía Láctea, hay 400.000 millones de estrellas y se estima que, entre las que son similares al sol, una de cada diez debería contener al menos uno de estos astros girando alrededor de ella.

Lo que faltaba, sin embargo, es que los científicos aprendiesen cómo buscarlos. El primer descubrimiento de exoplanetas se produjo en 1989, y desde entonces no han dejado de confirmarse nuevas detecciones, especialmente en los dos últimos años.

Casi toda la culpa de esta explosión de conocimiento la tiene el método que mide los cambios en la longitud de onda de la luz de una estrella que provocan los cambios en su velocidad radial (RV), y que deduce a partir de esos cambios la presencia de quien los provoca: los planetas. De los 264 conocidos hasta hoy, 251 se han encontrado gracias a esta medición.

Decenas de ‘nuevos’ planetas

Durante este año la progresión ha seguido la tendencia. Si en enero los exoplanetas eran 209, en septiembre superaban los 215. Y desde entonces se han descubierto otros 30. Además, el número de estrellas en las que se han detectado dos o más planetas supera ya la veintena, conforme a los datos del catálogo de exoplanet.eu, mantenido por Jean Schneider, del Observatorio de París.

Es el caso del sistema 55 Cancri, que con el descubrimiento anunciado hoy se ha convertido en el único sistema conocido con, al menos, cinco planetas (además del nuestro, claro). Situado a 41 años luz, 55 Cancri cuenta oficialmente con cinco planetas (denominados de forma alfabética por orden de descubrimiento, a excepción de la letra a), ahora que sabemos que 55 Cancri f existe.

Dos candidatos para albergar vida

La pregunta inevitable -“¿se dan las condiciones para la vida?”-, ha sido respondida por los autores del hallazgo con un sí-pero-no. 55 Cancri f tiene una masa que es un poco mayor que la de nuestro sol (unas 45 veces la de la Tierra), y es un gigante gaseoso. Así las cosas, la vida en su superficie se considera improbable, aunque podría existir en sus satélites -si existen- ya que “efe” tiene una notable peculiaridad respecto a otros planetas observados hasta ahora: toda su órbita se mantiene en la banda conocida como “zona habitable”.

Muchas más papeletas tiene otro de los candidatos más recientes para la vida, Gliese 581 d. Situado a 20,5 años luz de distancia de nosotros, ha recibido la atención de numerosos grupos de investigación por su situación. Está a la distancia justa de su sol (una estrella de las denominadas enana roja) como para que, según las estimaciones, la temperatura en su superficie sea de entre 0º y 40ºC. Claro que la temperatura por sí sola no basta.

Manual de un planeta tipo-Tierra

Para saber si un planeta del tipo-Tierra es habitable hace falta además saber si tiene atmósfera. Eso es lo que tratan de determinar dos estudios científicos publicados recientemente, y que llegaban a la misma conclusión, aunque por caminos distintos. El primero, obra de un grupo de la Universidad de Lyon, recuerda que la posición de Gliese 581 d es la correcta para tener una atmósfera: está situado a 0,25 AU -unidades astronómicas- de Gliese 581 o lo que es lo mismo: en la banda “de vida” que para ese sistema está entre las 0.075-0.105 AU y las 0.2-0.3 AU.

El segundo, del Instituto para la Investigación sobre el Impacto del Clima (Potsdam, Alemania), ha utilizado un modelo matemático que calcula la cantidad de Dióxido de Carbono que emiten los volcanes, algo que depende de la temperatura de su manto y de la edad del planeta.

También influye cómo actúa la geología del astro, en un proceso conocido como meteorización, para sacar ese CO2 de la atmósfera y atraparlo en minerales, algo que depende de la temperatura del planeta y de su distancia al sol: más cerca, y el planeta “absorbe” demasiado CO2. Más lejos, y hace demasiado frío como para que se produzca la fotosíntesis (el proceso por el que las plantas procesan y producen energía).

Pese a la conclusión de ambos estudios, lo cierto es que no basta con saber si un planeta tiene atmósfera: además hay que conocer su composición, algo que por el momento es posible analizando el espectro de la luz que emiten el planeta y la estrella de forma combinada, cuando se encuentran alineados respecto a la Tierra y éste se antepone a aquélla, y restando después el que se registra en la situación inversa: el de la luz que emite la estrella cuando ésta eclipsa al planeta.

Esta técnica se ha usado ya con éxito en varios exoplanetas, y de hecho el telescopio espacial Spitzer tiene entre sus objetivos actuales el análisis de los gases en varios exoplanetas. Conforme el número de descubrimientos crezca, misiones como las de Spitzer se harán mucho más numerosas. Tanto, como para tener ocupados a los astrónomos durante siglos.

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