Las mariposas toman de nuevo el Museo de Historia Natural de Nueva York


Domingo 07/10/07 22:21 CET – El Mundo

  • SE PUEDE VER CÓMO NACEN Y VUELAN POR PRIMERA VEZ 
  • La reunión anual de mariposas recrea un gran bosque tropical por el que se puede pasear
  • Sonidos típicos de animales de estas zonas ambientan el invernadero neoyorquino
  • Medio millar de crisálidas renuevan cada semana la exposición
Una niña observa una de las mariposas de la muestra. (Foto: EFE)

Una niña observa una de las mariposas de la muestra. (Foto: EFE)

NUEVA YORK .- Un paraíso de flores exóticas y una exhuberante vegetación por donde revolotean casi medio millón de mariposas tropicales espera a los visitantes del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York.

Por décimo año consecutivo, el gran museo —ocupa varias manzanas de Manhattan— ha organizado su reunión anual de mariposas , que se prolongará hasta el próximo 26 de mayo y se ha convertido ya en una cita habitual para combatir el frío invierno neoyorquino.

En un invernadero de unos 110 metros cuadrados , el museo crea un reducto paradisíaco, a 27 grados centígrados, donde los multicolores animalillos revolotean alrededor de los visitantes e incluso se posan sobre sus cabezas y hombros , lo que entusiasma a niños y adultos.

“Ésta es una de nuestras exhibiciones de más éxito , porque es alegre, mágica y educativa, tanto para niños como para mayores y consigue sacar a nuestros visitantes de sus vidas diarias y llevarlos a un escenario mágico y abrumador”, asegura la presidenta del museo, Ellen Futter.

Como si de un viaje a un mundo mágico se tratara, el espectador deambula por un frondoso bosque tropical repleto de mariposas procedentes de Florida, Costa Rica, Kenia, Tailandia y Malasia , entre ellas algunas tan llamativas como la mariposa azul morfo y tan sorprendentes como la escarlata cola de golondrina, así como las siempre curiosas mariposas búho.

Para disfrutar de sus colores, se ha iluminado el invernadero con potentes lámparas de haluro que, desde el techo, imitan la luz solar y potencian los tonos. Y es que no sólo merece la pena observar los colores de las mariposas, sino también los de las numerosas flores tropicales que abigarran el invernadero, entre ellas ixoras (cruz de Malta) o pentas.

Constante renovación

La recreación del ambiente de un verdadero bosque pluvial se completa con la reproducción de sonidos típicos de monos aulladores, periquitos, quetzales y otros animales tropicales.

“Es una oportunidad única para observar la diversidad de la naturaleza”, asegura la responsable del museo .

Sus organizadores explican que mantener la exposición en plena ebullición de color es una tarea complicada, ya que la vida media de uno de estos insectos, de la rama de los lepidópteros (‘ala escamosa’), es de dos o tres semanas .

Por ello, cerca de medio millar de crisálidas serán enviadas semanalmente al museo mientras dure la exposición, para que, una vez que hayan nacido las mariposas, éstas puedan ser soltadas en el invernadero.

Ese momento mágico en que el animal —originalmente una simple larva— abandona el estado de crisálida para convertirse en mariposa adulta y, tan sólo unas horas después, echa a volar también puede ser observado en vivo por el visitante.

Los organizadores han habilitado algunas pequeñas cajas donde se depositarán ciertas crisálidas, aunque, quienes no tengan la suerte o la paciencia de ver la metamorfosis en directo, pueden observarla en una pantalla de vídeo desplegada en el exterior .

También fuera del invernadero se han instalado paneles en los que se explica el ciclo de la vida de las mariposas, se informa de los esfuerzos que se llevan a cabo en todo el mundo para proteger sus múltiples hábitats y se detallan las especies que existen en Nueva York.

“Estamos orgullosos de traer al público desde hace ya una década esta exhibición, que ofrece una experiencia interactiva e instructiva y supone una oportunidad única para observar la diversidad de la naturaleza “, asegura la responsable del centro.

El primer Cádiz


Domingo 07/10/07 20:46 El País

  • Los arqueólogos creen haber encontrado vestigios de la ciudad más antigua de la Península

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Arqueólogos de tres yacimientos gaditanos rastrean entre las piedras la que creen que es la ciudad más antigua de Península, la Gadir fenicia. Pero, ¿dónde, exactamente? La respuesta definitiva todavía sigue oculta bajo el subsuelo. Una gran mayoría de investigadores sostiene que ese asentamiento está bajo el casco antiguo de la capital gaditana.

Los sondeos mostraron en 2002 muros de lo que podría ser una ciudad del siglo VIII antes de Cristo

Algún experto lo ha situado en El Puerto de Santa María y recientes hallazgos apuntan hacia Chiclana. Los trabajos arqueológicos afrontan estos días una etapa decisiva. Cada golpe de pico en la piedra es un reto desafiante a la Historia.

Hace 12 años que José María Gener y otros colegas arqueólogos presentaron un proyecto para excavar en el solar que dejaba el Teatro Cómico de Cádiz. “Era un lugar estratégico porque se encuentra en la zona más alta de la ciudad, sobre un promontorio y cerca de la costa”. Hasta entonces habían aparecido piezas de diversa importancia, las más valiosas de corte funerario, pero ninguna podía demostrar la existencia de un asentamiento urbano consolidado. En 2002 se dio el primer paso, un paso de siete metros de profundidad en ese solar. Los sondeos descubrieron muros, tapias de lo que podría ser una ciudad levantada en el siglo VIII antes de Cristo. “Fue una puerta a la esperanza que se abría”, recuerda Gener.

Sólo fue el principio de una investigación que estos días continúa, con hallazgos de gran relevancia. Acaba de salir a la luz otro muro datado en el mismo siglo. “Necesitamos hacer una excavación más extensa para saber hacia dónde van a esos muros. No sabemos si son viviendas de un asentamiento o almacenes de una industria”, explica el actual director de los trabajos, Juan Miguel Pajuelo. La aparición de objetos cotidianos, como vasijas, platos y cuencos, les animan a pensar que son casas pero, de momento, no pueden certificarlo.

En El Puerto de Santa María sí que ha aparecido claramente una ciudad. Desde los años setenta, las investigaciones encabezadas por Diego Ruiz Mata permitieron saber mucho más sobre la civilización fenicia, entonces apenas conocida. En el poblado de Doña Blanca aparecieron restos de casas, murallas de fortificaciones, un puerto y ánforas, que demostraban las relaciones comerciales establecidas. Piezas también del siglo VIII antes de Cristo. Durante mucho tiempo, Ruiz Mata defendió este yacimiento como prueba fundamental para situar Gadir. Ahora aboga por restar importancia al topónimo. “Los griegos hablaron de las islas de Gadir. Es mejor hablar de un concepto plural, donde Cádiz podía tener su importancia y el Puerto también”.

A este debate se ha unido Chiclana, un municipio que festejó en 2003 los 700 años de su fundación. El hallazgo de un yacimiento fenicio en el Cerro del Castillo con estructuras murales ha puesto en evidencia aquella celebración porque el origen de la ciudad podría remontarse a casi 3.000 años. El modelo fenicio también se cumple. Cerca de la costa, sobre un promontorio y, además, a la vera del río Iro. Uno de los arqueólogos responsables, Juan Cerpa, se aferra a los libros históricos para mantener la teoría de que Chiclana puede acoger el asentamiento más antiguo. La civilización recaló en Sancti Petri, un islote próximo a Chiclana, donde se cree que los fenicios pudieron levantar el templo de Melkart. “Si algo de verdad tienen los textos, nos encontramos con el primer poblamiento fenicio en cuanto a la fundación de Gadir. Es absurdo que, si tienes un santuario y has fundado un templo, te lleves la ciudad a 40 o 50 kilómetros”, que es la distancia a la que se encuentran Cádiz y El Puerto de Santa María.

Los arqueólogos José María Gener y Juan Miguel Pajuelo no creen en esta teoría. “En Chiclana todavía hay mucho trabajo que hacer. Todavía tienen que diferenciar si es una ciudad fenicia o un poblado indígena previo”, sostiene Gener. El actual responsable del yacimiento de Doña Blanca, Francisco Alarcón, cree que los hallazgos de Chiclana son sólo “complementarios” a la labor desarrollada en Cádiz y El Puerto. Su antecesor en este cargo, Diego Ruiz Mata, califica de “temeridad” identificar los restos chiclaneros con Gadir. “Es una contienda innecesaria. Es mejor hablar de estado fenicio que tuvo en la bahía de Cádiz una importancia mayúscula. Es historia universal, porque estamos hablando del que puede ser el asentamiento más antiguo de Occidente”, dice.

Un broche con muchas pistas

En el solar del antiguo Teatro Cómico de Cádiz un pequeño objeto se ha convertido en gran protagonista. Entre vasijas, cuencos y platos ha llamado la atención una fíbula. Es un broche de bronce que solía usarse de ornamento para los vestidos en época fenicia. Su estupenda conservación ha movido a los arqueólogos responsables de estos trabajos a solicitar información a una de las mayores expertas en orfebrería antigua del país, Alicia Perea, que trabaja como investigadora en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

De momento, Perea ha visto la fíbula sólo por una fotografía. Esta imagen le ha permitido realizar una primera aproximación a la pieza. “Por la tipología podemos situarla en el siglo VII antes de Cristo, en un contexto de ambiente fenicio”, detalla. El broche puede dar muchas más pistas. “Tiene un significado social. Es un elemento del vestido que no usa todo el mundo porque es un objeto de lujo y caro. No todos tienen acceso a él y menos a este tipo concreto por su decoración y por su calidad”, sostiene la experta. Esa alta calidad se demuestra, según mantiene, en el perfecto estado de conservación en el que ha aparecido.

Los arqueólogos del Cómico creen que la investigación de este objeto puede ofrecer datos interesantes, aunque no determinantes, para demostrar que en ese solar se levantó una ciudad fenicia. “Siempre se le pudo caer a alguien”, sostiene José María Gener. Para Alicia Perea, por encima de todo, el broche de bronce es un paso firme para el yacimiento. “Encontrar una pieza que te feche este periodo concreto es complicado”. Los responsables deberán ahora decidir si la fíbula se queda en Cádiz, donde se le podría hacer un análisis químico elemental, o se envía a Madrid o Sevilla, ciudades que cuentan con aceleradores de partículas para examinar los elementos traza que permitirán concretar su origen más a fondo.

Cien años en la Gran Vía


Domingo 07 /10/07 20:23 El País

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En 1907 se publicaba el proyecto de una gran avenida que convirtiese a Madrid en una capital europea. En 1910, el rey Alfonso XIII, armado con una piqueta de oro, daba el primer golpe para la demolición de aquel barrio pobre y canalla y la simultánea construcción de una “calle para el siglo XX”. Unos años antes, la zarzuela La Gran Vía, de Chueca y Valverde, recogía la oposición del pueblo de Madrid a las ínfulas urbanísticas de la oligarquía. Cien años más tarde, la Gran Vía de Madrid vuelve a aglutinar todas las formas de la canallesca y el comercio popular. Se cierra el círculo.

Con ocasión de la celebración de este centenario se estrena hoy en el cine Capitol, situado en el emblemático edificio de la plaza del Callao, en sesión única de matinée, un documental trepidante que narra lo que ha ido ocurriendo en esa gran calle, con infinidad de imágenes de archivo, muchas de ellas inéditas, montadas a partir de la mirada personal, crítica e irónica del guionista y realizador Rafael Zarza Ballugera, conocedor ilustrado de la Gran Vía. El documental se emitirá en la cadena autonómica madrileña. Su título, Scenario Gran Vía. Abierto todos los días, parte de un guiño de Ramón Gómez de la Serna, quien dijo de la calle que sólo era comparable a Broadway de Nueva York. “Así es como planteo la existencia de la Gran Vía”, explica Zarza, “como un escenario donde se representa la historia junto a la idiosincrasia del propio escenario, capaz de hacer confluir los movimientos más modernos y vanguardistas con lo más castizo de Madrid. Es un relato de acontecimientos históricos a los que se superponen las anécdotas, la historia real frente a la historia oficial”.

En la película, la historia marca la cronología, mientras que las anécdotas sociales y antropológicas la rodean de magia. Los 100 años de la Gran Vía están divididos en cinco épocas: Madriyork (1907-1930), Madrigrado (1931-1939), Madriles (1940- 1959), Madriwood (1960-1975) y Madrivice (1976-2007). “Son etapas históricas en un decorado único”, explica Zarza, “generadas por la visualización de los cambios de hábitos y modas proyectados en él no sólo desde Madrid, sino desde todo el país”.

En 1907 se aprobó la Ley de Exenciones para todo aquel que quisiera construir la Gran Vía. Por primera vez, la ciudad se abrió al capital privado, nacional y extranjero, y empezaron las obras. Se demolieron 14 calles y otras 14 fueron mutiladas, y, como un río feroz, la avenida del siglo XX fue abriéndose paso sobre el Madrid del XIX. Se construyó en tres tramos a lo largo de 21 años, durante los cuales adquirió su aspecto neoyorquino. Es Madriyork. Un antiguo decorador, Héctor Maravini, encarna la memoria viva de la Gran Vía; con más de noventa años, recuerda vívidamente sus frecuentes visitas a los almacenes Madrid-París, posteriormente almacenes Sepu y actualmente sede del Grupo Prisa: “Los trajo una compañía de París, con su gran escalera doble, una bóveda; departamentos de señora, de caballero?”. En los años veinte entró en España el capital norteamericano. Se construyó el rascacielos de la Telefónica, una compañía nacional creada con el capital de la estadounidense ITT. Manuel Muiño, entonces dirigente del Sindicato de la Construcción de la UGT, fue quien se subió a la cima para colocar el pararrayos. “No sólo por el honor de la institución, sino también por demostrar a los americanos que no todos los españoles eran unos caguetas”, según cuenta Manuel Fernández Montesinos, ex presidente de la Fundación García Lorca.

La arquitectura manda. La calle se va llenando de clubes privados, como la Gran Peña y el Casino Militar; de hoteles, como el Gran Vía; de cines, como el Avenida y el Palacio de la Prensa; de joyerías; de estudios de fotógrafos, y hasta una primera agencia de publicidad que se publicita con grandes carteles. Junto a los clubes surgen los primeros bares y cafeterías modernos, los american bar, como Zahara y Miami… El ocio se democratiza a la americana, y define una nueva arquitectura. El cosmopolitismo entra como un huracán en el viejo pueblo mesetario, y aparecen los espectáculos más internacionales. Josephine Baker actúa en Madrid, el zepelín y el autogiro la sobrevuelan, y los automóviles americanos la recorren de punta a punta. Se abre también la primera línea del metro: la de Sol-Cuatro Caminos, con parada en la Gran Vía.

Titular de prensa: “Delenda est monarchia”. La proclamación de la República provoca grandes manifestaciones frente al edificio de la Telefónica, y del hotel Alfonso XIII desaparecen, de la noche a la mañana, los tubos luminosos de los números romanos de su nombre, dejando el letrero en un simple “hotel Alfonso”.

Madriyork ya es Madrigrado, aunque en la Gran Vía conviven sin más señoritos y pueblo llano. Pedro Chicote abre su bar “de diseño” y lanza la moda del cocktail. Más tarde, durante la guerra, su trastienda iba a servir de oficina de pasaportes falsos y pases diplomáticos. Y sigue el avance de los modelos a la americana. Enrique Carrión, marqués de Nelín, plantea un edificio moderno que albergue un hotel, cines, restaurantes, cafetería y apartamentos: el Capitol, en Callao. “Permite también que los arquitectos diseñen el mobiliario”, puntualiza como novedad Ignacio Feduchi, hijo del arquitecto Luis Feduchi, coautor del proyecto del emblemático edificio. Se construyen siete palacios cinematográficos y florecen los escaparates modernos, y delante de los espléndidos cristales se apretujan los vendedores callejeros de corbatas de a peseta.

El primer embajador soviético recorre la vía, llamada en 1936 avenida de Rusia, con una escolta solemne. Al poco estalla la Guerra Civil. El metro se convierte en domicilio de muchos madrileños mientras los obuses de la aviación atacante caen sin piedad sobre la Gran Vía, que los inmutablemente irónicos granviarios empezaron a llamar “avenida de los Obuses”. Mientras los sacos terreros van cubriendo las fachadas de los locales, las Brigadas Internacionales desfilan por la calle bajo los vítores de “¡Viva Rusia!”, emitidos por un pueblo aterrado. El hotel Florida se convierte en base de operaciones de los corresponsales extranjeros: Hemingway, Dos Passos, Malraux, Saint-Exupéry, Ehrenburg?, que bajan a los bares y restaurantes pegados a los muros, pasando por delante de las tiendas, que, sorprendentemente, permanecen abiertas. “Uno abre una puerta de cristal y se encuentra con el frente, y del otro lado, más allá del Manzanares, con una magnífica visión del campo enemigo”, escribe John Dos Passos. Pasionaria lanza su proclama “¡No pasarán!” desde Unión Radio. Finalmente, pasan. Las tropas nacionales acceden a la Gran Vía, desde la Casa de Campo, a la reconquista del casticismo patriótico.

Otro cambio de nombre para la calle, el de avenida de José Antonio. Se abre la era de los Madriles, comienza la posguerra, y en la sufrida Gran Vía se escenifica la pompa del nuevo régimen por la vía de grandes desfiles de personalidades afines a él: el embajador de la Alemania nazi, flanqueado por la guardia mora portando estandartes con la cruz gamada; Eva Perón; el sha de Persia; Mohammed V; el rey de Irak… Los socavones de la calzada permanecen como cicatrices en un Madrid de color gris. Pese a todo, la vida sigue en la Gran Vía. El torero Antoñete celebra su éxito en 1952 comprándose un coche ostentoso para pasear a sus padres ante la mirada de los viandantes. Se empiezan a construir nuevos edificios, de un estilo híbrido que los arquitectos definen como de tipo inmobiliario en la revista de arquitectura Cortijos y Rascacielos.

Pero hay un mundo paralelo, el de la aristocracia que se mezcla con la gente del espectáculo en fiestas privadas organizadas en clubes, tablaos flamencos y cabarés, estos últimos rebautizados como salas de fiestas. El cóctel es sustituido por el combinado, y las putas, por chicas de alterne. De Chicote salen contratos inmobiliarios, estraperlo de lujo, penicilina e inversores para varias películas de producción norteamericana. Ava Gardner hace de este bar su segundo hogar. El director y compositor de la orquesta del club Pasapoga, Tito Moya, convierte el club en la mayor atracción nocturna de Madrid. Inventa el “verdiales-mambo”, fusión de música andaluza y caribeña en rigurosa primicia histórica.

“Para llegar a algo en Madrid hay que empezar en la Gran Vía”. Esta cita de Francisco Umbral inaugura el periodo titulado Madriwood. La Torre de Madrid, con sus 32 plantas, es el edificio más alto de Europa. Sobre su fachada, de arriba abajo, una pancarta que reza “Ike” da la bienvenida al general Eisenhower. Por esta calle se abre España al desarrollo de los años sesenta.

También pasan por ella el astronauta Neil Armstrong y Martin Luther King. El Che Guevara, en una parada técnica en el aeropuerto de Madrid, se escapa a la Gran Vía a comprar en Galerías Preciados y tomar un bocado en la cafetería California, vestido con su uniforme y boina. “La gente se le quedaba mirando, la mayoría no le conocía… Sólo la camarera sabía quién era y pidió hacerse una foto con él”, cuenta César Lucas, el fotógrafo que acompañó al Che Guevara en su fugaz visita.

De repente, de la mano de un visionario productor de cine, Samuel Bronston, que instala sus oficinas en la Torre de Madrid -donde también reside Luis Buñuel-, la Gran Vía, Madrid y sus alrededores se transforman en platós del cine más hollywoodiense. A sólo 20 kilómetros están Moscú (Doctor Zhivago), China (55 días en Pekín) y las tierras del Cid. La calle adquiere cierto aire cosmopolita, sobre todo por la noche, cuando se llenan los bares, cafeterías y clubes con estrellas locales e internacionales. El Chicote, el Biombo Chino, el Pasapoga y el Morocco cierran cada vez más tarde. Jorge Berlanga recuerda que “la censura le prohibió a mi padre rodar en la Gran Vía por miedo a que sacara a dos obispos saliendo del Pasapoga-, y es que mi padre siempre decía que la censura era absolutamente creativa, que superaba en imaginación a cualquier guionista”. Las terrazas de los cafés que se despliegan por las aceras albergan a centenares de curiosos que acuden a diario a contemplar a la gente que sale de los cines y teatros bajo sus inmensos carteles pintados: Palacio de la Música, Capitol, Avenida, Palacio de la Prensa, Lope de Vega, Gran Vía, Pompeya y Coliseum. La Gran Vía es el lugar donde está permitido evadirse del miedo, la caspa y la precariedad cotidianos merendando un sandwich, un habanero o un bikini, y yendo a curiosear a los grandes almacenes abiertos al estilo norteamericano (Galerías Preciados, primero, y El Corte Inglés, después). A nivel de calle, limpiabotas y vendedores ambulantes procuran hacer su agosto.

En 1968, Massiel, “la tanqueta de Leganitos”, vecina de la Gran Vía, gana el concurso de Eurovisión. “Unos años antes casi me detuvieron por llevar minifalda, y a la vuelta del festival me hicieron desfilar desde Barajas hasta Prado del Rey en un coche descapotado, en loor de multitudes, como cuando lo de Eisenhower…”, comenta la cantante.

Madrivice creció con la movida madrileña, que rompió todas las barreras sociales, estéticas y económicas que hasta la fecha habían impedido la entrada en la Gran Vía, al menos a cara descubierta, de los punkis, los carteristas, las prostitutas y sus macarras, y los mendigos. Entre ellos, familias enteras que se pasean en el fin de semana, turistas e inmigrantes. Las fachadas años cincuenta o art déco anuncian templos de comida basura, sex shops y, un poco más adelante, enormes tiendas de moda de bajo coste. El tráfico y la contaminación se han ido cebando en la Gran Vía hasta convertirla en la calle más dura de Madrid. Contemplada hacia el cielo conserva su esplendor, pero sus suelos cobijan el malaje de la modernidad, como si fuese una venganza del Madrid oculto y cutre de hace cien años.

“La degradación de la Gran Vía ha sido inevitable, siempre puede más la gente que el urbanismo”, explica Rafael Zarza del final de su documental. “Y con las actuales previsiones urbanísticas, la calle será, o ya es, un parque temático comercial de ocio y tiendas baratas en los lugares que han sido hasta ahora palacios del cine. La Gran Vía ha sido siempre la calle de la ilusión, la calle del cine, y sin él se acabó la magia. Estamos viviendo el final de una época, y qué mejor que la Gran Vía como escenario universal para representarlo”. Y añade una cita esperanzadora de Ignacio Gómez de Liaño: “La memoria es la imaginación que se vuelve al pasado, y la imaginación es la memoria que se asoma al futuro”.

Un equipo científico encuentra en Asturias el maxilar de Neandertal más completo de España


Domingo 07/10/07 10:46 EFE – ADN

El maxilar, unido a otros restos óseos hallados en el yacimiento asturiano de la cueva del Sidrón, permite reconstruir casi al completo la cara de los habitantes de hace 43.000 años

actualidad-071007.jpgLos investigadores del yacimiento de la cueva del Sidrón, en el municipio asturiano de Piloña, han cerrado este año la campaña de excavaciones con el hallazgo del maxilar de Neandertal más completo de la Península Ibérica y uno de los pocos localizados en Europa.

Los integrantes del equipo de investigación, los arqueólogos Javier Fortea (director) y Marco de la Rasilla y el geólogo Enrique Martínez, presentaron ayer los resultados de la campaña de 2007 con el director general de Patrimonio Cultural del Principado, Adolfo Rodríguez Asensio y el sedimentólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Sergio Sánchez del Moral.

Unido a otros restos óseos hallados en Sidrón, el maxilar permite reconstruir casi al completo -con la excepción de los pómulos- el rostro de la población que habitó en la zona hace unos 43.000 años.

Nueve individuos

Las excavaciones han sacado a la luz fragmentos de huesos de nueve individuos y el hallazgo del maxilar refuerza la consideración de que esta cueva, situada a 45 kilómetros de Oviedo, es el yacimiento del periodo Neandertal más completo de España.

En la rueda de prensa, los expertos mostraron la pieza hallada, que conserva toda la dentadura superior -excepto tres incisivos que fueron localizados en los sedimentos contiguos- el paladar, la parte inferior de la fosa nasal y los senos maxilares, “enormemente desarrollados”, según Fortea.

El estado de los dientes permite a los expertos suponer que pertenecía a un adulto joven, ya que tiene desarrolladas las muelas del juicio pero la dentición no está muy gastada.

Aunque aún no se ha estudiado la pieza en profundidad, las evidencias apuntan a que el maxilar pertenece a uno de los nueve individuos localizados, y es posible que complete alguna de las mandíbulas desenterradas, con lo que se podría reconstruir toda la parte inferior de la cabeza del Neandertal.

Más de una década de hallazgos

“Los antropólogos sacarán gran partido a esta pieza”, aventuró Fortea, que explicó que cerca del maxilar se localizó un hueso pequeño, “probablemente” el etmoides, que es “crucial” en la arquitectura del cráneo”, y que la bóveda palatina unida a un hioides desenterrado en una campaña anterior será “realmente importante” para investigar la fonación.

Las excavaciones de este año en el interior de la cueva, realizadas fundamentalmente en la galería del osario -de un kilómetro de longitud- permitieron desenterrar un total de 55 fragmentos óseos, cinco de ellos no humanos.

Estos hallazgos se suman a los 1.400 restos óseos localizados en las sucesivas excavaciones de la cueva del Sidrón desde que un grupo de espeleólogos encontró los primeros restos -dos mandíbulas- en 1994, fundamentales para el proyecto de reconstrucción del genoma de los neandertales que se inició en Alemania.

Entre las piezas localizadas hay otros fragmentos importantes para el estudio de la población asentada en la zona, como un sacro, un húmero de adulto y la epífisis de un fémur de adolescente. De los fósiles animales encontrados, destaca la mandíbula de un gran herbívoro, posiblemente un bisonte, y restos de otro pequeño.

En cuanto a la industria lítica (el tipo de técnica usada por sus habitantes para tallar las piedras que se usaban como herramienta), los arqueólogos han encontrado tres piezas típicas de la especie, dos puntas Levallois y una de Tayac, junto a una docena de lascas de retoque, realizadas en un sílex “de muy mala calidad” como el localizado en las inmediaciones de la cueva.